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INDICE
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El bezote: símbolo de poder entre
los antiguos Mixtecas
MARTHA CARMONA MACIAS
SUBDIRECCION DE ARQUEOLOGIA
MUSEO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA
INSTITUTO NACIONAL DE ANTROPOLOGIA E
HISTORIA
MEXICO
|Abstract: Manufacture elements of «bezotes» from the
Mexican National Museum of Anthropology collections are analysed.
Raw material was an important element as well as the use of this
kind of ornament within power sectors of the society. In this
paper, emphasis is made on gold «bezotes».
Diferentes sociedades, a lo largo de su desarrollo histórico,
han visto surgir, como rasgo cultural, la diferenciación social.
Durante este proceso de estratificación surgen también elementos
que harán notoria la pertenencia de un individuo a un determinado
nivel económico o político.
Dentro de estas sociedades estratificadas, el prestigio y el
poder se manifestaban a través de objetos-emblemas exclusivos de
los grupos dominantes y la aristocracia.
En el México prehispánico, al igual que en otras sociedades, las
altas clases ejercieron un monopolio sobre ciertos objetos de valor
a los cuales se accedía sólo por pertenencia a la clase aristócrata
o al rango especifico dentro de la jerarquía militar. En este
último caso, se encuentra el objeto-emblema al que designamos
bezote, que en lengua mixteca se llama
|yavuiindi dzaa, cuya
traducción al castellano es por demás significativa: 'labio
horadado'. Llamado
|tenteti en náhuati, que corresponde a
'piedra de labio', este singular emblema aparece durante el periodo
posclásico, siendo de uso exclusivo dentro de la clase militar de
alto rango. Su uso está documentado en casi toda el área
mesoamericana, salvo en la región maya.
Para el área oaxaqueña, el período posclásico, en cuanto a
cronología, abarca de 850 a 1521 d. C., y culturalmente está
representado por rasgos tales como el florecimiento de las
ciudades-estado, como Mitla, Zaachila, Tilaltongo, Yagul y otras
más. Así mismo, aparecen la cerámica policroma, los códices, la
arquitectura, con el uso profuso de la greca, y el trabajo de los
metales. Los mixtecas fueron un grupo que corresponde al prototipo
de los pueblos militaristas que durante este período ejercían el
poder económico, político y social dentro de su región.
El elemento-insignia del bezote surge seguramente durante el
período posclásico tardío (1300-1521), cuando cristaliza finalmente
el poder militar en las urbes. Los bezotes son un adorno-emblema
que seguramente causaba gran impacto a los espectadores, ya que
amalgamaba el alto rango militar con una profunda simbología, sobre
todo cuando la pieza hacía referencia simbólica a alguna deidad.
Así, al manifestar lo sagrado, se convertía en la imagen del dios
mismo y expresaba que su portador estaba en comunicación con las
deidades.
El profundo significado de poder asociado a los dioses se
manifestaba por medio de las distintas materias primas que se
preferían para elaborar los bezotes. Así estos emblemas fueron
trabajados en cristal de roca, ámbar jade y oro.
Llama poderosamente la atención el trabajo del cristal de roca,
ya que es una de las piedras más duras y difíciles de tallar: tiene
una dureza de 8 en la escala de Mohs. El cristal de roca, por su
transparencia, es símbolo de pureza. Su nombre en mixteca es
|yuu
u yuhu. Son realmente pocos los ejemplos de objetos
arqueológicos tallados en este material. Para nuestro estudio,
destaca el bezote de cristál de roca y oro que se encuentra en las
colecciones del Museo de Historia de la ciudad de Viena (Austria).
Esta delicada pieza está realizada en tres secciones, de los cuales
las aletas y el remate en forma de faisan-ave que identifica al
dios Xochipilli-Macuilxochitl fueron fundidas por medio de la cera
perdida, y la cazoleta o cilindro que forma el cuerpo de la joya
fue el que se talló en cristal de roca. Al parecer, esta y otras
joyas de las colecciones del museo llegaron a éste por el acopio
que se realizó en el castillo de Ambras y que formó parte de las
colecciones reales de los Habsburgo.
El ámbar es una resma que recibe el nombre mixteca de
|yuu
nduta nuhu, que se traduce como 'piedra sagrada de mar'; su
glifo aparece con este significado en la lámina número 47 del
Códice Mendocino. Sahagún da tres variedades de esta resma fósil:
la de color amarillo, que es la más preciada; la de color amarillo
mezclado con verde claro y la amarilla blanquecina, ésta última
considerada de menor valor; menciona así mismo el cronista que este
material se obtenía en la provincia de Tzinacantan.
El ámbar tiene propiedades magnéticas, simboliza por su color
los rayos del sol, el tono amarillento lo relaciona con el oro y es
el color de la nueva piel de la tierra antes de la temporada de
lluvias. Está vinculado al dios Xipe, llamado en mixteca Iha
Nukuii, por lo que también se pintaba de amarillo a los que serian
sacrificados del fuego.
Tenemos conocimiento de un bezote de ámbar procedente de la
región oaxaqueña - un ejemplar sendio del tipo botón- que no
proviene de excavaciones arqueológicas. En la matrícula del Códice
Mendocino, tomo 1 pág. 83 y tomo III, lámina 49, se asienta que
Tenoxilocan tributaba bezotes de cristal de roca y ámbar montados
en oro. El jade es una piedra con gran tradición dentro de la
simbología y la historia cultural mesoamericana. Se trabajó desde
el año 1.000 a. C., cuando los grupos olmecas de la región del
golfo de México realizaron bellas obras de arte en este delicado
material.
El jade es una piedra verdosa cuyo nombre designa igualmente a
la nefrita y a la jadeíta. La diferencia más significativa entre
ambas es la densidad; la jadeíta es más dura; ambas la nefrita y la
jadeíta, son similares en apariencia y propiedades.
En el México prehispano al jade se le consideraba una piedra
sagrada y con gran valor, asociada a los dioses del agua y la
fecundidad. Su nombre en mixteca es:
|yun
|n duta y
también
|yunn tatna. En las
|Relaciones geográficas de la
diócesis de Oaxaca del siglo XWse menciona a Nejapa (situado en
la región oaxaqueña) como un lugar donde se podía obtener jade.
Destaca por ser pieza unica, el bello bezote de oro y jadeita,
que fue hallado en la excavación de la tumba 7 de Monte Albán. En
él se evidencia el arte del lapidario que talló, en el remate de la
joya, la cabeza estilizada del pájao coxcoxtli, que identifica al
dios Xochipilli Macuilxóchitl. El trabajo del orfebre consistió en
fundir el bezote propiamente dicho y en engastadar el ave, tallada
en jade, al remate del bezote; así la unión de ambos materiales
preciosos evocaba la fecundidad y el calor.
Los antiguos pobladores de México creían que el oro se producía
como una secreción del sol, como una especie de sudoración divina
que, al caer en la tierra, se convertía en las preciosas pepitas
del dorado metal que ellos recogían como oro de placer en los ríos.
Por esta razón, el nombre con el que se le conocía en lengua
nahuatl era teocuitlatl, que significaba literalmente 'excremento
de los dioses'. Los mixtecas, destacados orfebres de Mesoamérica,
llamaron al oro
|dziñuhu cuaa, que se traduciría como 'el
resplandeciente amarillo', relacionándose más con la tonalidad
propia del metal. Esta relación tan estrecha entre el metal
precioso y una de las deidades fundamentales del panteón
mesoamericano, debió ser el motivo para asociar a tan preciado
material con la jerarquía máxima del poder: el Señor o gobernante,
llamado en lengua mixteca
|yeheñuhundi, que se traduce como
'ser tenido por dios'. La parentela de los gobernantes estaba
formada por los linajes reales unidos míticamente a los dioses,
sobre Quetzacátl, creando así un origen divino que servía para la
manipulación ideológica.
Así veremos que la posesión, y en particular el lucimiento, de
oro se reglamentaba en relación directa con el dominio de la clase
privilegiada sobre toda la población en su conjunto.
Realmente, los bezotes de oro son los más espectaculares. En
ellos la carga simbólica es evidente, y es también en estas piezas
donde podemos apreciar tres tipos de bezotes: los de botón; los de
remate, con sus dos variedades: simples y con colgante, y
finalmente, el tercer tipo, compuesto por un cuerpo cilíndrico que
presenta dos subtipos dados por el remate: de botón y con colgante.
En este último caso quizá lo que se añadía eran plumas preciosas,
consideradas también exclusivas de la clase aristócrata.
Destacan las piezas que representan en sus remates aves como el
faisán. Como ejemplos de este tipo podemos apreciar dos que forman
parte de la colección de objetos de oro de la curaduría de Oaxaca
en el Museo Nacional de Antropología. Los describiremos brevemente.
El primero es un ornamento, trabajado por fundición a la cera
perdida, que representa el ave coxcoxtli, identificada por su
cresta formada por cinco protuberancias. Este pájaro sagrado es el
animal insignia del dios Xochipilli-Macuilxóchitl quien siempre se
presenta ataviado con un yelmo formado por la figura de esta
ave.
En el
|Lienzo de Tlaxcala, lámina 7, se plasmó el momento
en que ofrecen a Hernán Cortés una serie de diversos objetos, entre
los que destaca un bezote que representa al ave coxcoxtli, o
faisán. Este objeto guarda una extraordinaria similitud con el que
describimos anteriormente.
El otro ejemplar que mencionamos, perteneciente también a la
colección del Museo Nacional de Antropología, es el llamado bezote
del dios Ehécatl, deidad conocida entre los mixtecas como Koo Sau.
Se identifica a este dios por la media mascara formada por un pico
de ave complementada con otros elementos simbolicos. La pieza fue
fundida a la cera perdida y elaborada en tres etapas. Destaca la
ligereza que transmite el trabajo de la falsa filigrana que
conforma la cresta de plumas. Por medio de soldadura se añadieron
las argollas de las que cuelgan cascabeles.
Otro bello bezote con remate de ave se encuentra en la colección
de Dumbarton Oaks Gallery en Washington. En este ornamento se
representó al ave coxcoxtli, el faisán, con su característica
cresta de cinco protuberancias, las cejas típicas de las serpientes
y los grandes colmillos del ofidio
Un gran ornamento labial es el bezote con cabeza de serpiente
que forma parte de las colecciones del Institute of Arts, de
Detroit. Es una pieza espectacular por ser el mas grande de los
objetos de este tipo que se conserva de la epoca prehispanica tiene
6,6 cm de largo, en contraste con los 3,5 cm de longitud promedio
de los ornamentos de este tipo. El adorno emblema de la mencionada
coleccion tiene como caracteristica el remate en forma de serpiente
Se aprecia no solo la cabeza sino también parte del cuerpo; el
ofidio abre sus fauces y muestra, amenazante, su lengua bífida.
Durante muchos años este espectacular emblema-ornamento estuvo
en calidad de préstamo en el Museo de Historia Natural, formando
parte de la colección Herbert Lucas, hasta que finalmente fue
adquirido por el Instituto de Arte de Detroit. La serpiente fue uno
de los animales más representados y venerados en el México
prehispáníco. Su forma simbólica más conocida corresponde a la
serpiente mítica del dios creador Quetzacóatl, símbolo de fuerza y
poder, aunque también se le reconoce como serpiente de fuego
acompañante del sol y como el arma-emblema de Huitzilipochtli, dios
netamente guerrero. En otras asociaciones vemos a este animal
relacionado con Mixcoatl, Cuatlicue y Cihuacóatl.
Merece especial atención detallar los dos bezotes de oro que
rescató en 1962 el arqueólogo Roberto Gallegos en la ciudad
arqueológica de Zaachila, situada en los valles centrales de
Oaxaca, los cuales son ejemplos únicos en su diseño: el primero
está compuesto por un elegante cuerpo cilíndrico decorado con dos
bandas de meandros, diseño llamado xonecuilli en lengua náhuatl y
asociado al dios Xochipilhi-Macuilxóchitl. Con seguridad, este
ornamento-insignia remataba por el frente con una placa circular
trabajada en algún material precioso que se engastaba a la pieza.
Presenta, en la parte distal del cilindro, dos perforaciones
laterales que bien pudieron tener la función de sujetar el remate,
que pudo haber sido la figura de alguna deidad o un animal sacro, o
bien sostener algún otro elemento, como plumas.
El segundo bezote que llama nuestra atención presenta como
colgante la cabeza de un águila, animal solar, que con su pico
sostiene una placa con forma de mariposa estilizada, en cuya
sección central reconocemos la representación de un chalchihuitl, o
piedra preciosa. Cuatro cabezas de serpiente cuelgan de una barra
que las separa de la figura anterior; estos ofidios representan los
rumbos terrenales y cada uno de ellos sostiene, por medio de una
argolla, un cascabel.
También durante la exploración de Zaachila se recuperaron otros
bellos objetos arqueológicos, así como al rededor de tres bezotes
sencillos del tipo botón, uno de éstos trabajado en azabache; en
los restantes, modelados en arcilla, se añadió chapopote a la
sección del remate.
El control y la utilización del oro fue exclusivo de los
indígenas dirigentes. Durante el posclásico tardío (1300-1521 d.
C.), este metal precioso se consideraba propiedad personal de los
gobernantes, quienes en su carácter de representantes vivos de las
deidades principales y en particular del Sol, ejercían la potestad
sobre los metales preciosos y los objetos de gran valor, como la
turquesa, el jade, las pieles de los jaguares y de otros animales,
así como de las más variadas bellas y delicadas plumas. En vida
lucían frente al pueblo su complicada vestimenta, llamativos
tocados y hermosa joyería como símbolos de su poder. Así, en las
grandes ceremonias públicas o en las recepciones que efectuaban en
sus palacios, se representaban con una parafernalia personal de
intricado simbolismo que los hermanaba con las deidades. De esta
manera, cada uno de sus vestidos o de sus ornamentos tenía un
significado preciso, y en suma, todos ellos se podían leer como
oraciones iconográficas que exaltaban el dominio de los gobernantes
sobre el pueblo, la legitimación de su poder y su comunicación y
representabilidad con el panteón indígena.
Con el oro, obtenido de los placeres de los ríos, martillado o
fundido, se producían, mediante la habilidad de los orfebres,
hermosísimos ornamentos que se utilizaban para ataviar a las
diferentes imágenes de los dioses, cuyas esculturas o figuras se
encontraban en el interior de los templos y a los cuales se les
ofrendaban dichas joyas como testimonio de devoción y homenaje que
les tributaban los señores, los sacerdotes y el pueblo en
general.
Así sabemos que todas las deidades de los templos tenían
elegantes vestimentas elaboradas con algodón multicolor con
entretejido de pelo de conejo y plumas de aves. También llevaban
tocados cuyas formas correspondían al simbolismo que las
identificaba. Se las dotaba de orejeras, narigueras, collares,
brazaletes y otras joyas más elaboradas con oro y plata y en las
que muchas veces se hacían incrustaciones de jade, turquesa y
obsidiana. Sin embargo, ninguna deidad lucía bezote. Este tipo de
emblema era exclusivo de los hombres, que debían demostrar ante su
grupo su calidad de guerreros, para lo cual se celebraba un rito en
el que se les perforaba con una navajilla la zona facial localizada
entre la depresión que forman el labio inferior y el mentón.
Durante esta operación, no debían dar muestra alguna de dolor,
demostrando que poseían las virtudes exigidas a un gran guerrero:
valor, fuerza, control y templanza
Las aletas del bezote presentan una superficie curva que se
ajustaba a la encía, quedando sujeto dentro de la boca en la parte
inferior del labio. Estas aletas se introducían en la horadación
hecha, dejando visible una parte cilíndrica llamada cazoleta y
finalmente un remate que podía ser desde un sencillo botón hasta la
representación simbólica de alguna deidad. Mediante hierbas, se
impedía que la herida cerrase: a partir de este emotivo momento, el
emblema podía ser lucido con orgullo, ya que significaba que se
había ganado el honor, tanto en el campo de batalla como durante la
ceremonia de imposición, de ostentar la alta jerarquía militar que
permitía lucir la insignia del bezote.
En la
|Relación geográfica de Cholula se detalla la
ceremonia de colocación de este adorno-emblema, cuyo ritual se
llevaba a cabo en la ciudad sagrada de Cholula, ante la imagen del
dios Quetzacóatl. En el mismo documento se hace mención de que este
era el acto oficial para confirmar el poder del gobernante de los
señoríos:
-
- Los reyes o caciques en heredando el
reino o señorío venían a esta ciudad a reconocer obediencia al
ídolo dellas, Quetzalcoatl, al cual ofrecían plumas ricas, mantas,
oro y piedras preciosas y otras cosas de valor y habiendo ofrecido,
los metían en una casilla, que para este efecto estaba dedicada, en
la cual los dos sumos sacerdotes los señalaban horadándoles las
orejas, las narices o el labio inferior segun el señorio que
tenian, con lo cual quedaban confirmados en sus señoríos y se
volvían a sus tierras.
Informacion paralela puede consultarse en los Codices
Colombinos, pag XIII, y Bodley; págs. 9- 11. En la
|Relación
geográfica de Cholula, el color azul en el cabello y la capa
del sacerdote perforador se asocia con Quetzalcóatl, tal como se
registra en los Codices Telleriano remensis, pag 22 y Vaticano A
(3738), pag 35.
Por esta significativa cita podemos establecer que existía una
ceremonia privada entre altos funcionanos y sacerdotes mediante la
cual se reconocian el poder y el dominio territorial por medio de
pruebas de valor que manifestaban el significado intrinseco del
poder. Posiblemente aquellos guerreros de rango alto y noble
demostraban públicamente su derecho de pertenencia a la élite al
ostentar ante la comunidad el emblema labial. Este hecho, ademas de
mostrar valentia, acrecentaba un prestigio y lo relacionaba con los
dioses
En las laminas 62 y 63 del Codice Nutall, podemos apreciar a
tres personajes que lucen bezotes sencillos del tipo boton. Debe
decirse que no son frecuentes dentro de los diferentes codices de
tradicion mixteca las representaciones de individuos con este tipo
de adorno-emblema.
Un marco de gran impacto visual debieron ser los adornos
faciales Basta con recrear la imagen que debio transmitir un
sacerdote, un gobernante o un guerrero de alto rango, cuando se
presentaban en las ceremonias con el rostro enmarcado en lujosos
tocados elaborados de sacras plumas de multiples colores, orejeras,
botones nasales, mejilleras y bezote, todos éstos elaborados en
materiales preciosos que representaban a los dioses, completando su
atavío con finos ropajes y otras joyas-emblema que terminaban por
lograr un deslumbrante efecto en los observadores, ya que el código
cultural-religioso hacía de estos personajes la imagen misma de los
dioses; así, eran éstos los que se exhibían al pueblo y le
ordenaban y gobernaban en la persona del noble que les daba vida.
Bien dice Alfonso Caso:
-
- La historia de la nobleza mixteca y de la genealogía de los
príncipes tiene, como frecuentemente sucede, y casi es la regla
general de la humanidad, un origen divino. Siempre ha sido un
argumento, para consolidar el poderi, sostener que quien manda lo
hace por ser hijo de los dioses o por haber recibido de ellos el
mandato de gobernar (Caso, 1984 :45)
Cabe aquí hacer una ultima reflexión sobre el emblema que
conocemos como bezote. Hemos visto que se colocaba este adorno
labial en la ciudad sagrada de Cholula y que su imposicón
legitimaba el poder del gobernante. Los adornos-emblema de este
tipo son siempre materiales preciosos y evocan a una deidad,
generalmente a Xochipilli-Macuilxóchitl, dios ligado a los
gobernantes; se le representa - como a éstos - siempre sentado, y
la asociación del ave coxcoxtti con Xochipilli, evoca al sol,
fuente de poder y vida.
La colocación del bezote en la zona inferior del labio implicaba
que, al hablar, la pieza se moviera armónicamente de acuerdo con la
emotividad con que se articulaban las palabras, dando el efecto
visual - simbólico de que era el dios mismo quien ejercía el poder
y gobernaba; de ahí que con este emblema labial se legitimara el
poder territorial y el don de mando sobre uno o varios
señoríos.
También podemos entender por qué ninguna deidad aparece luciendo
bezote. Sencillamente, porque no lo necesita. Ella es el poder, y
sólo el hombre al que elige debe mostrar la legitimación del mando
que se le otorgó, por lo que éste usa un adorno-emblema que lo
simboliza ante los hombres.
Así llegamos a la conclusión de que el bezote es, efectivamente,
un emblema de poder por medio del cual se reconoce el derecho de
dominio territorial de un gobernante; se complementa la pertenencia
a la élite con la imposición de la nariguera que confirma el rango
de Tecuhtli.
La posesión del Bulto Sagrado de Quetzacóatl y los bastones de
mando de Xipe y Venus, son los elementos que legitiman el poder de
las dinastías y, por ende, el derecho intrínseco de éstas a ejercer
el poder.
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