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INDICE
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Los orígenes andinos de la metalurgia del occidente de
México
DOROTHY HOSLER
PROFESORA DE ARQUEOLOGIA Y TECNOLOGIA
ANTIGUA
MASSACHUSETTS INSTITUTE OF
TECHNOLOGY
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|Figura 1: Mapa de Mesoamérica demarcando la zona
metalúrgica del occidente
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Este articulo, y los demás que
conforman este numero de Boletín, fueron presentados como ponencias
en el simposio Metalurgia prehipanoca de América organizado por el
Museo del Oro en el 49 Congreso Iternacional de Americanistas
(Quito, 1997
|Abstract: Metallurgy appeared suddenly in western
Mesoamerica around 600 - 800 years AD, after apogee of great
civilisations from the Classic Period such as Maya in the Southeast
and Teotihuacan in Mexico valley basin. These facts allow to make
out several important questions to the American cultural history as
well as to the study of relations between technology and culture.
This paper deals with these subjects.
La metalurgia se inventó dos o tres veces en la historia de la
humanidad, y una de ellas fue en América. Turquía presenta los
testimonios más antiguos del trabajo en metales. Son fragmentos de
cobre nativo martillados que datan de alrededor de 7.000 años antes
de nuestra era. La espectacular metalurgia de la China surgió
alrededor del 5.000 a. C. La mayoría de los investigadores piensan
que el concepto de metalurgia y ciertos conocimientos técnicos se
difundieron a la China desde el Medio Oriente, aunque su
trayectoria específica se determinó por los recursos minerales que
le eran accesibles, y por los intereses económicos y las
predilecciones religiosas e ideológicas de la época. Africa elaboró
sus propias técnicas metalúrgicas, pero el conocimiento de la
metalurgia también provino del Medio Oriente. En América la
metalurgia comenzó a desarrollarse más de mil años antes de nuestra
era en Sudamérica, más exactamente en los Andes centrales. Allí
culminó en una tecnología multifacética basada en los dos bronces,
de cobre - arsénico y cobre - estaño, en aleaciones de cobre -
arsénico - níquel, de cobre - plata, cobre - plata - oro, y de
cobre - oro y en la elaboración de técnicas sofisticadas de
tratamiento de las superficies mediante el enriquecimiento y el
laminado. El múltiple talento de los artesanos de lo que hoy es
Colombia, donde los objetos más antiguos datan de alrededor del año
1000 a. C se revela en el vaciado de miles de delicados y complejos
objetos, unos a la cera perdida, otros en molde.
La metalurgia mesoamericana representa un caso de especial
interés. Apareció repentinamente en el occidente mesoamericano
entre los años 600 - 800 de nuestra era. Esto se produjo después
del auge de las grandes civilizaciones del periodo clásico
mesoamericano; por ejemplo, de la Maya, en el sudeste y de la
Teotihuacana, en la cuenca del valle de México. Estas
circunstancias nos plantean varias preguntas que son importantes
tanto para la historia cultural de América como para los estudios
de la relación entre la tecnología y la cultura. Estos son los
temas que trato en este artículo.
Una de tales preguntas se relaciona con el origen de la
metalurgia mesoamericana. Varios investigadores (Mountjoy, 1969;
Meighan, 1969) han sostenido que la metalurgia mesoamericana estuvo
vinculada a las metalurgias de Centro y Sudamérica. Hasta hace poco
no había habido los datos metalúrgicos para una investigación del
problema; para ver, por ejemplo, cuáles elementos eran compartidos
por estas regiones y con cuáles de ellas se relacionaba.
Recientemente hemos logrado delinear en términos muy específicos la
relación entre las tecnologías andinas y las que sugirieron más
tarde en Mesoamérica (Hosler 1988, 1994). No sólo entendemos cuáles
eran las técnicas, aleaciones y objetos que tenían en común, sino
que también sabemos algo de los mecanismos de su introducción y
hemos identificado las características que dan a la metalurgia
mesoamericana sus cualidades distintivas.
Otra pregunta tiene que ver con los factores culturales que
determinaron la trayectoria de esta tecnología. La metalurgia
apareció en Mesoamérica después que las grandes civilizaciones
mesoamericanas habían desarrollado tecnologías complejas en barro,
lítica, hueso, textiles y otros materiales para enfrentar las
necesidades de sociedades complejas, tanto en el orden práctico
como en el simbólico. Esta situación nos permite investigar cómo se
maneja un material completamente nuevo en tales circunstancias,
cuáles eran las propiedades que desarrollaban y para qué fines
utilitarios, religiosos u otros se usaba. También podemos
investigar cómo variaba esto en el tiempo y en el espacio.
Los datos provienen de investigaciones de laboratorio y
analíticos de casi mil quinientos objetos de cobre y sus aleaciones
recuperados en Mesoamérica y Sudamérica (Hosler, 1986, 1988, 1990,
1992, 1994, 1995). La mayoría de estos objetos tienen procedencias
y fechas seguras. Los análisis proporcionan información sobre su
composición química, las técnicas de manufactura, su microdureza y
el uso o función social de tales artefactos. Los resulta dos de los
análisis permitieron establecer cuáles eran los principales metales
y aleaciones que se empleaban y la relación que había entre la
composición química, la técnica de fabricación, y el diseño y el
uso de tales objetos, y los cambios que hubo a lo largo del tiempo.
Otra fuente de información son los datos geológicos, especialmente
en lo que corresponde a la presencia, abundancia y localización de
yacimientos de minerales metálicos. Esta información nos permite
identificar cuáles minerales metálicos podrían haber sido
explotados, y las regiones donde se encuentran. Finalmente hemos
podido establecer la procedencia de un número significativo de
objetos mesoamericanos y distinguirlos de los sudamericanos por
medio de análisis de isótopos de plomo. El plomo aparece en
concentraciones bajas en todos los metales. Cuando se analiza la
proporción de isótopos de plomo en artefactos y luego en minerales
de cobre provenientes de minas conocidas, podemos determinar si el
metal del artefacto provenía de determinadas minas. Aparte de los
datos de laboratorio, las evidencias arqueológicas, históricas y
lingüísticas permiten reconstruir aspectos del contexto histórico
en que surgió y floreció esta tecnología.
Las evidencias más antiguas referentes al metal en Mesoamérica
provienen de sitios en el occidente de México. Fue allí donde
ocurrieron algunos de los avances más complejos en la metalurgia
mesoamericana, en una zona que denominamos la zona metalúrgica del
occidente (figura 1). Esta zona es extremadamente variada en cuanto
a topografía y clima. Hay cambios bruscos de altura entre la
planicie costera y el altiplano central, lo cual crea diferentes
nichos ecológicos que ofrecen una gran variedad de flora y fauna.
El eje neovolcánico atraviesa la zona, cuyas cumbres llegan hasta
más de seis mil metros sobre el nivel del mar. Proporciona la roca
volcánica llamada
|tezont
|l
|e, la cual sirve en
la construcción, y también la obsidiana, que se emplea como
material para la fabricación de utensilios. Las amplias cuencas
lacustres del altiplano que se formaron cuando el vulcanismo
cuaternario bloqueó los ríos, impidiéndoles que desembocaran en el
Pacífico, ofrecían a los antiguos pobladores una gran variedad de
recursos acuáticos y terrestres. Todo esto creó condiciones
especialmente propicias para los asentamientos humanos.
La zona metalúrgica del occidente contiene abundantes, variados
y accesibles yacimientos de minerales metálicos. El cinturón de
cobre mexicano pasa por lo que hoy corresponde al estado de
Michoacán (Véase figura 1). La calcopirita es el mineral de cobre
más común en la zona y en todo México, pero también es abundante en
esta zona la malaquita, la azurita y la bornita. La arsenopirita,
el mineral de arsénico más común en México, también abunda en la
zona. La arsenopirita se fundía para producir los bronces de cobre
- arsénico. Hay también en esta zona yacimientos de plata,
frecuentemente asociados con latón y zinc, de oro y de otros
minerales metálicos. Lo que falta en esta región es el estaño, que
se necesita para elaborar los bronces de cobre - estaño. Existen
yacimientos de estaño, pero se hallan situados al noreste, en lo
que se llama la zona estañífera de Zacatecas. Estos yacimientos son
tan pequeños y dispersos, que no se han explotado comercialmente, y
tampoco los antiguos pobladores de Mesoamérica los
aprovechaban.
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