Reseñas
Las nuevas
construcciones simbólicas en América Latina
Entre lo local y lo global
CARLOS ERNESTO PINZON CASTAÑO y
GLORIA GARAY
Santafé de Bogotá, Equipo de Cultura y Salud-ECSA, 1997, 188P
A finales del siglo XX y ya en los umbrales del XXI, casi todos
nuestros intelectuales contemplan abismados la galopante marcha del
capitalismo en todo el globo y el papel que en ella desempeñan los
medios de comunicación, y les parece estar frente a una situación
económico-social y cultural nueva por completo, que los apabulla al
tiempo que los deslumbra. Han acuñado el término de posmodernidad
para denominada, a la vez que consideran que ninguna de las teorías
existentes son suficientes para dar cuenta de lo que ocurre;
mientras tanto, tocan clarines de muerte, no sólo para la historia,
sino también para las categorías trascendentes, las ideologías y
aquellos que nombran como metarrelatos o grandes narrativas,
queriendo sepultados e inventar concepciones novedosas por
completo.
Las condiciones de hoy, en las que las fuerzas materiales les
semejan cataclismos devastadores que todo lo aplastan, los
avasallan y se confiesan incapaces para controladas, refugiándose
en los vastos campos del pensamiento, en los que denominan
universos simbólicos y, a veces, mundos posibles. La cultura cobra
un peso y una importancia cada día mayores en sus consideraciones,
y forjan nuevos conceptos para seguir sus huellas y tratar de
comprender sus caminos.
Aún así, sus mentes parecen obnubiladas y ante sus ojos todas
las cosas tienen la apariencia de haberse confundido,
interpenetrado, borrándose las especificidades y diferencias que
permitían establecer los límites entre ellas. Así ocurre con las
clases, las idelogías y las culturas. Los campos que antes parecían
distintamente nítidos, ahora se les antojan mezclados en una
confusión indescriptible que pareciera conducir a la completa
homogenización a través de los caminos de la globalización, la
mundialización y la transnacionalización.
En la noche de oscuridad y silencio que ha caído sobre ellos,
las únicas luces que parecen alumbrados no se encienden en el mundo
exterior, sino que estallan aquí y allá dentro de sí mismos, en sus
cerebros agobiados, fugaces, pasajeras. Por ello persisten en
refugiar su vivir en los mundos imaginados e imaginarios que crean
en sus delirios empavorecidos, en las construcciones de nuevos
sentidos, posmodernidad avestruciana que hoy reina por doquier. No
importa, para ellos, que todavía retumben -aunque un tanto
asordinadas- las voces que hace siglo y medio reconocieron y
todavía hacen reconocibles, comprendieron y todavía hacen
comprensibles las condiciones del mundo de hoy, substancialmente el
mismo que vieron y previeron desde entonces.
En este marco y desde la introducción misma se ubica este texto
de Carlos Pinzón y Gloria Garay. En ella, el caos se entroniza ya
en las primeras letras; en él, todo lo que era conocido y asible se
derrumba y muere o se hace intangible por completo: dios y el
socialismo, la familia y el desarrollo occidental, la primacía de
la conciencia y las propias Ciencias del Hombre, el país y la
nación, el tiempo y el espacio, la política y el estado. Todas las
identidades se diluyen y marchan hacia la total ambigüedad. En
medio de este indescriptible apocalipsis, antes de perecer en él,
un último instante de lucidez nos permite comprender que todo esto
sólo ocurre en el campo de las categorías, del pensamiento, cosa
que nos depara el poder continuar viviendo en el mundo y, con
nuestra existencia asegurada, avanzar en la lectura del texto que
"reclama un nuevo pensamiento que dé cuenta de las
transformaciones del pensamiento, de los actores y sus
dramas" (p. 13).
En esta orientación, los autores plantean explorar las
construcciones de teoría mediante las cuales distintos enfoques han
ido pensando la acción de la creatividad popular en América Latina
frente a la dominación mundial que le impide
"autopensarse, autogestionarse, autoconocerse",
en la ruta de vislumbrar "vías de escape o vías de
futuro", capaces de "generar paradigmas de
desarrollo" y de "reinventar América"
(p. 15). Aunque en su examen, las teorías son los ejes que
construyen nuevas realidades, nuevas identidades, y no la praxis de
los pueblos. Esta idea será pivote recurrente durante todo el
texto, pues constituye una de las concepciones centrales de los
autores; de ahí el énfasis en el mundo de las ideas, de los
imaginarios.
El texto avanza sobre tres recorridos: una visión generalizante
sobre los procesos de la globalización y "sus puntos
ciegos" en Europa, Japón y los Estados Unidos de América,
a la vez que reconoce sus carencias sobre China; un mosaico de
"instantáneas" que busca ir constituyendo un
cuadro sobre la constitución de lo popular latinoamericano y del
pensamiento acerca del mismo; se acerca a través de fuentes
secundarias al problema de "la construcción de la memoria
y el examen de algunas de las salidas propuestas".
Sinembargo, su punto de apoyo, su cimiento, es el de toda la
posmodernidad: la modernidad, con su proyecto de historia y cultura
universales, hizo crisis sin lograr sus propósitos, dejando paso a
un nuevo orden: el de la cultura transnacional.
El rápido pero denso análisis de los fracasos de la modernidad
se reduce, en el texto, a un inventario de logros no alcanzados en
lo ecológico y lo estético, el bienestar y la paz, la
desmilitarización y la salud, el desencantamiento y el
fundamentalismo, pero sin que se aventure por el camino que conduce
a desentrañar las contradicciones insolubles que la desgarran -a la
vez que cohesionan en su interior mismo, las cuales explicarían con
certeza el porqué de tales fallas, pero, sobre todo, mostrarían que
no hay tal nuevo orden, sino que se trata del mismo orden a otro
nivel de desarrollo y, por tanto, con similares imposibilidades
estructurales para alcanzar las metas esperadas.
Los primeros pasos de análisis traen ante nuestros ojos la
estructura básica en la cual se mueve hoy el capital, que no ha
hecho otra cosa que acercarse cada vez más al marco mundial hacia
el cual avanzaba ya desde sus orígenes a través de otras formas de
globalización, de las cuales el colonialismo fue sólo la primera de
ellas. En su marcha, las autonomías y soberanías de los estados y
países van quedando difuminadas y sobrepasadas, en un proceso que
prefiguraron desde antes los gobiernos títeres, aquellos que la
antropología política denominó (ocultando su verdadera cara)
"indirect rule" o administración indirecta,
mientras que el poder se hace cada vez más directamente el de los
grandes grupos económicos, el de las empresas transnacionales,
centros que controlan el capital y sus flujos, a los que la
tecnología comunicativa de hoy permite disponer de toda la
información necesaria para determinar los lugares y momentos que
permiten la máxima rentabilidad y hacia los cuales fluye el capital
con velocidades que crecen hasta el vértigo, y con ciclos de
realización cada vez más cortos y enmarañados que permiten la
ilusión de que se trata de una sociedad de
"consumo", cuando lo es cada vez más de
"producción", como lo habían entrevisto los
creadores del marxismo ya desde mediados del siglo XIX.
Dicha tecnología potencia además el papel de la cultura, de la
expansión de las ideologías bajo su nuevo nombre de imaginarios en
los procesos económicos de globalización y transnacionalización, lo
cual permite a los autores retomar el concepto de capital
simbólico, pues no sólo la totalidad de los bienes sino también de
los saberes y del mundo de las ideas son convertidos en mercancías.
"La cultura internacional, en últimas, no es sino la
desnudez de la primacía del capital sobre cualquier otra forma de
existencia. No en vano se ha denominado capitalismo
salvaje" (p. 28), nos dicen Pinzón y Garay. Así se desnuda
el derrumbe de las ilusiones que esperaban del estado capitalista
el bienestar de la "sociedad civil", y de la
ciencia, el arte, la justicia, etc. la neutralidad frente a la
explotación y la opresión.
De cara a ello, la posmodernidad abarca el amplio espectro de la
construcción de sujetos adecuados a la situación del mercado:
"los movimientos, tendencias, filosofías que se reclaman
posmodernos son, inevitablemente, espacios de reacomodación, de
ajuste, de invención experimentación de los saberes a las
condiciones del mercado" (p. 29).
Pero el texto no menciona que la estrategia posmoderna es doble.
Al tiempo que avanza en la globalización, enfatiza las diferencias,
aun las crea, pregonando a plena voz su respeto y reconocimiento so
capa de construir un nuevo proyecto democrático en el cual la
negociación y la concertación sean componentes esenciales. La
lucha, la confrontación también se declaran muertas, como la
historia, porque, ¿cuáles serían los bandos en pugna si las
fronteras se están derrumbando, si las identidades -de clase, pero
también las demás- se van desdibujando? Este énfasis en la
diversidad busca cumplir su cometido fragmentando la unidad de
quienes podrían enfrentar al capitalismo transnacional,
desmovilizándolos. El individualismo está de moda, reina; ahora
cada quien vive la ilusión de morar en el propio mundo que se ha
contruído por sí mismo, ¡en su cabeza, por supuesto!, mientras el
capital lo engancha en el reino material de la mercancía,
haciéndolo una más entre ellas.
En el texto, la visión sobrevaloradora del papel del consumo, y
de la electrónica como el mecanismo de la circulación, conduce a
pensar que "la hegemonía se traslada a la lucha por el
control de los medios electrónicos [...] en construir las redes y
los medios para la cada vez más veloz circulación de las
mercancías" (p. 33), sin percibir que ésta no es la base
del sistema, pues el consumo solamente permite realizar el
beneficio del capital, y que lo que realmente ,circula tras las
mercancías es el trabajo humano, cuyo consumo productivo es el
objetivo cierto del capitalismo.
Los autores se extienden en el estudio de los
"corazones" del capitalismo en los Estados Unidos
de América y en Japón y, en mucho menor medida, en la Europa de la
Unión. Pero su enfoque siendo siendo el del énfasis desmesurado en
lo ideal, en los imaginarios, en los discursos que se forjan para
sustentar la mundialización real, aunque bajo el presupuesto de que
se trata de un proyecto en movimiento, de algo que se está forjando
sin ser acabado todavía. Aquí hacen hincapié precisamente en las
necesidades de manejo del "capital humano", que
señalan hacia la creación de un gobierno internacional, y en los
avatares de un hipotético desarrollo sostenible que podría alejar
la catástrofe ecológica que se presume muy cercana. Aun así, cabe
señalar que sus consideraciones arriban a un punto muy interesante,
la vigencia de lo local, lugar en donde "se enfrentan y
concretan las tensiones político espaciales que buscan ordenar el
mundo" (p. 54).
La segunda parte del texto se enfoca hacia los procesos de
constitución de lo popular en América Latina; las teorías que
buscan dar cuenta de la cultura popular se hacen a partir de ahora
el objeto del análisis, tanto del texto mismo como de un
reordenamiento generalizado de las Ciencias Sociales que ha
colocado a sus practicantes en una álgida encrucijada. Así se
quiere llegar a la formulación de una teoría nueva sobre la
formación de la cultura popular" desde los debates del
presente". Es claro, pues, que las teorizaciones
anteriores, que no son pocas, no resultan satisfactorias para los
autores; veamos el porqué.
En un primer momento, la preocupación por lo popular la ubican
en los políticos de la hegemonía en las tres últimas décadas,
cuando los procesos de urbanización lanzan a la población rural
hacia las ciudades y les es preciso ocuparse de ella; la búsqueda
de la homogeneidad es el norte y la cultura popular se hace
patrimonio y folclor, ocupando un lugar en los nacionalismos.
Luego, otras reflexiones sobre lo popular derivan de las
concepciones marxistas y las posiciones de la izquierda que se
inquietan por delinearlo, dado que el pueblo está llamado a
desempeñar un papel substancial en los procesos de transformación
radical de nuestras sociedades. Por supuesto, sobre todo al inicio,
no se trata de subrayar principalmente la cultura popular sino su
ubicación clasista y lo que de allí se deriva para los proyectos
políticos de cambio. Gramsci es el modelo que se presenta, con su
teoría de las contradicciones entre la cultura hegemónica y la
popular, con su influencia sobre García Canclini y Brunner, a la
vez que se le critica por su concepción de la sociedad polarizada,
cuando, según los autores, la situación hoy es más compleja y no es
posible establecer tales polarizaciones¡ en él, además,
"lo popular no nace de las entrañas del pueblo"
(p. 61). Con este punto de partida, elaboran una crítica de dos
corrientes que denominan "sociología de la
dependencia" y "sociología romántica".
Según ellos, la primera piensa al pueblo por completo subyugado por
la conciencia hegemónica, mientras la segunda concibe en él un
esencialismo liberador.
Habrá que esperar las décadas de los 60 y 70 para que la cultura
cobre un peso decisivo en estas reflexiones con el surgimiento y
desarrollo de las diversas teorías sobre la educación popular, bien
sea mediante la creación de un arte, un periodismo y unas formas de
concientización revolucionarios, bien desde la teología de la
liberación (campo en el cual incurren en la ligereza de mencionar a
Orlando Fals Borda como creador de una "sociología
protestante"), bien a través de lo que llaman
"revolución cultural", aunque este último
concepto, en la forma como lo describen, se acerca muy poco a lo
que en China se denominó de la misma manera a mediados de los 60s,
pero sí sigue en parte los lineamientos que orientaron en ese país
la confrontación entre tradición y revolución. Infortunadamente el
texto no dedica espacio al estudio de las teorías y prácticas que
durante 10 años hicieron de la cultura el centro de las tormentas
revolucionarias que sacudieron a China y el eje de la confrontación
para la toma del poder por el pueblo revolucionario.
Abriendo el amplio escenario de las voces que en América Latina
claman contra el neocolonialismo, a la vez que se des agarran entre
lo tradicional y lo moderno, hace su aparición el hippismo
latinoamericano, fuerza de una contracultura, desencanto con la
historia pasada y con la razón y que reivindica una nueva
sensibilidad, dirigiendo la atención hacia el chamanismo y sus
plantas de poder, hacia sus redes chamánicas, que trascienden las
sociedades indias y con las cuales va a culminar el recorrido de
Pinzón y Garay en Violencia, cuerpo y persona, el volumen que
seguirá al que estamos reseñando.
Poco después, las dictaduras militares entronizaron por doquier
el terror como política de estado que, con base en la teoría de la
seguridad nacional con la cual los Estados Unidos de América
pretendían bloquear la expansión del ejemplo cubano, abandonaron la
mirada de "las clases populares como algo que hay que
redimir. Estas serán vistas simultáneamente como caos y como locus
del mal, caos que necesita ser disciplinado, que requiere mano dura
y orientación moral" (p. 74); el comunismo se hace
enfermedad social. Michael Taussig habrá de teorizar esta situación
bajo el concepto de cultura del terror, que también es exitoso para
arrojar luz sobre los procedimientos de la colonización española y
la resistencia de los aborígenes a ella, conflicto que habría
producido un choque de imaginarios que desencadenó el discurso de!
terror.
Nuevamente aquí nuestros autores abandonan los procesos
materiales de la conquista y la colonia, en los cuales el proyecto
español se impuso mediante la violencia, para otear las causas de!
desangre en la diferencia de imaginarios y la incapacidad mutua de
los discursos para comprender los problemas estructurales. A
renglón seguido, y como ya han hecho repetitivo, afirman, que no
demuestran, que "una interpretación basada en las
contradicciones de clase" ha perdido el piso (p.79), por
lo cual aparecen nuevos requerimientos teóricos ante el desplome de
los grandes paradigmas, entre ellos e! marxismo.
Para poder declarar superado e incapaz de dar cuenta de la
globalización al marxismo, Pinzón y Garay se ven obligados a
tergiversado, atribuyéndole aseveraciones que jamás ha hecho. Así
ocurre cuando suscriben las críticas que García Canclini hace a esa
concepción "por el carácter unilateral de su noción de
ideología, al equiparar la ideología de la sociedad con la de las
clases dominantes" (p. 81), pese a que e! marxismo lo que
ha hecho es afirmar que el predominio económico, social y político
de unas clases tiene su necesario correlato en el dominio de las
mismas en e! campo de lo ideológico, pero también que esa lucha de
clases tienen su correspondiente en la lucha ideológica.
Después de declarar superado de esta manera el análisis clasista
de la sociedad presente y sus contradicciones, el texto se encamina
hacia la reseña de un conjunto de perspectivas teóricas
"posibles mundos teóricos", los llama bastante
aisladas y parciales, fragmentadas, en un intento de hiladas y
articuladas en un tejido más amplio, queriendo darles alguna
coherencia en e! intento de explicar la posmodernidad, sus retos y
los contra discursos que la enfrentan en América Latina, a mi
parecer en un insólito proceso de nostalgia por los grandes
metarrelatos, declarados en sepultos tan sólo algunas pocas páginas
atrás.
Néstor García Canclini es e! encargado de aportar la primera
piedra para la erección del nuevo constructo teórico al
caracterizar la cultura en una forma diferente de como lo hicieron
el culturalismo, e! estructuralismo y el relativismo; ahora,
cultura es "la producción de fenómenos que contribuyen,
mediante la representación o reelaboración simbólica de la
estructuras materiales, a comprender, reproducir o transformar el
sistema, es decir todas las prácticas o institucciones dedicadas a
la administración, renovación y reestructuración del
sentido" (p. 82). Definición curiosamente parecida a
aquella que el paradigma marxista hace de la ideología y su papel
en la vida social, con la adición del énfasis en la simbolización,
ésta sí extraña a éste.
La semejanza es mayor cuando se declaran las funciones del poder
cultural, las mismas de la ideología dominante, y se plantea que en
el capitalismo actual el "conflicto socioeconómico y
cultural precede a las políticas de dominación y
resistencia", Así, frente a lo indígena, la contradicción
no se da entre dos elementos externos el uno al otro, como lo
fueron en e! momento de la conquista y la colonización, sino entre
aspectos integrados al interior de un sistema, lo que hace que
interaccionen, modificándose ambos, pero sobre todo lo indio -lo
que la antropología denominó aculturación-, y no en un plano de
igualdad, sino en una dirección y en unas formas que sirven para
que e! capitalismo pueda enganchar lo indio para su explotación,
rompiendo lo comunitario. Pero, contra lo que plantean García
Canclini y nuestros autores, esta interpenetración no borra, no lo
ha hecho hasta ahora, las delimitaciones, ni impide saber quién es
quien, a menos que el indio sea asimilado por completo. Aun así, lo
popular resultante tampoco es indiferenciado a pesar de
"los múltiples cruces entre hegemonía y 10
subalterno" (p. 85).
¿En dónde se encuentra, entonces, la especificidad de las ideas
de García Canclini? Al parecer en sus afirmaciones sobre la cultura
moderna como l/un espacio autónomo dentro de la estructura
social"; aunque e! texto se preocupa por aseguramos que no
se trata de que García quiera defender la tesis de la autonomía del
campo cultural, sino, al contrario, mostrar como ésta se erosiona
ante los embates del capital transnacional. O en el desarrollo de
un área de conceptualización que calca formalmente las ideas de
Marx, pero con un sentido que las despoja de sus contenidos
fundamentales, como los conceptos de capital cultural y su
apropiación desigual en el seno de la vida social y con el de
mercado simbólico.
Para Brunner, quien se basa en su experiencia en Chile, la
dilución de identidades es total, hasta el punto de que nuestra
cultura es "un espejo trizado"; desarraigada de
su pasado; fincada sólo en el presente: "sólo somos, en el
presente, lo que llegamos a ser"; sin identidad, pues ésta
revolotea de interpretación en interpretación, en manos de los
agentes-máquinas productores de realidades simbólicas. En fin,
"ya no importa si se es hombre o mujer, travesti, niño,
abuelo. Tampoco importa a qué etnia se pertenece o en qué lugar se
está, si se es individuo o colectividad [....] no expresa un orden
-ni de nación, ni de clase, ni religioso, ni estatal, ni de
carisma, ni tradicional, ni de ningún otro tipo" (p. 87).
En la medida en que el capital fluye con velocidades cada vez
mayores, hasta la locura, todo lo sólido se desvanece; de ahí que
la posibilidad de lo popular sea escasa.
En su análisis de las ideas de Martín Barbero sobre los medios
de comunicación, los autores resaltan la importancia de la
separación conceptual entre educación y cultura y de la
interpretación de éstas por dichos medios. De creerles, de esta
conceptualización "surge una nueva dimensión, tanto de la
modernidad como de las culturas populares" (p. 94); es
decir, otra vez la aparición de nuevas ideas en la cabeza de algún
iluminado aparece como creadora o como transformadora. Asimismo,
resaltan el concepto de "mediación", que apunta a
ir desdibujando la idea de la hegemonía ideológica de las clases
dominantes en la sociedad, para señalar que las clases dominadas
responden con mecanismos de resemantización y apropiación de los
mensajes que les llegan, conformándose como sujetos activos lo que
siempre han sido-, omitiendo que esto no elimina el papel de dichos
mensajes, ni de los medios de comunicación que los producen y
conducen, en mantener, consolidar y desarrollar la hegemonía de los
dominantes en lo popular y sobre el pueblo.
Sobre estas bases, los autores regresan a García Canclini para
seguir su análisis sobre el arte en América Latina a partir de la
confrontación entre lo tradicional y lo culto refinado y el proceso
de industrialización de la cultura, que alcanza aun al campo de lo
político con la creación y venta de imágenes en las campañas
presidenciales. Pero también lo que llaman la
"teatralización de lo moderno".
Es importante su análisis sobre los museos, en los cuales las
clases dominantes organizan el patrimonio cultural para contar su
visión de la historia, la historia oficial. En este movimiento del
poder, el pueblo -en especial el indio- aparece como substancia
fundante de la nacionalidad, pero sólo en el pasado, al tiempo que
su vida presente se oculta o desconoce, y sólo en sus objetos, al
tiempo que no está presente como productor de los mismos. Otra
forma de incluirlo mientras se lo despoja es la estetización de los
objetos, admitidos en tanto que bellos, pero por completo
arrancados de su contexto de producción, utilidad y sentido en la
vida de la gente.
En la misma dirección se desarrolla en la escuela la
teatralización del saber de la historia, no sólo en la asignatura
del mismo nombre, sino también en la geografía y en la serie de las
conmemoraciones altamente ritualizadas, a lo cual , hay que agregar
la pos modernización de las ciudades.
En consecuencia, la actual cultura latinoamericana se
caracteriza por su carácter híbrido, en el cual se entrecruzan y se
enfrentan sin cesar los más disímiles componentes, de ahí que
"una tragicomedia donde las categorías opuestas
-culto/popular, colonizador/colonizado, centro/ periferia,
etcétera- y las explicaciones aisladas
-efecto de los medios de comunicación, efecto de urbanización-,
no sirven para entender las transformaciones por los cruces entre
las muchas fuerzas de la modernidad" (p. 108).
El espacio público urbano es cada vez más el espacio construido
por los medios electrónicos y lo que en él ocurre es la imagen que
los medios de comunicación presentan. De este modo, las colecciones
de objetos, en especial los monumentos, dan paso a la
"transgresión de las colecciones", y a la pérdida
de la relación entre cultura y territorio geográfico
(desterritorialización), lo que llevaría a la insuficiencia del
tipo de explicaciones que oponen, por ejemplo, imperialismo y
cultura nacional popular. Como conclusión, Pinzón y Caray se
preguntan si puede existir una forma de globalización distinta a la
del neoliberalismo, pues en ésta la democratización lo es sólo para
una elite muy reducida.
La tercera parte del libro se adentra en la exploración de los
caminos que podrían dar una respuesta positiva a su interrogante,
las "vetas de lo popular". y se inicia con una
indagación de México profundo, una civilización negada, el
declarativo libro del mexicano Guillermo Bonfil Batalla, un
verdadero manifiesto. Para éste, existen dos Méxicos, uno profundo,
el del pueblo, la civilización náhuatl, que ha sido negado y
sepultado, pero que se empeña en vivir en lo profundo del país; es
el verdadero México. Por encima, el de los pocos dominantes y sus
seguidores, un México imaginado con base en los modelos extranjeros
y cuyos creadores se empeñan en presentar como el único existente y
válido.
No se trata de un México profundo que quede como un recuerdo
nostálgico, apoyado en el folclor y las artesanías; al contrario,
como afirman Pinzón y Garay, se trata de "sistemas de
información que requieren códigos de interpretación basados en la
vivencia para tener acceso a los significados" (p. 126),
por lo cual no pueden conservarse como supervivencias sino como
formas de ser en la vida, como matrices culturales.
En la comprensión de éstas avanza un conjunto de investigaciones
que los autores ordenan en tres grupos: aquellos que trabajan sobre
sociedades específicas que muestran la continuidad de dichas
matrices desde épocas precolombinas, los que se ocupan de redes de
relaciones entre comunidades y que abarcan desde lo precolombino
hasta hoy, trabajos sobre la construcción de lo popular en el campo
de lo religioso en los últimos cien años o menos.
López Austin se dedica a mostrar la relación cuerposociedad
entre los nahuas, concepción que perdura entre indígenas de México
y que se corresponde con aquella del macrocosmos. Esto se aprecia
de modo especial en los criterios que fundan las distintas
divisiones del cuerpo humano; también, lo que considero más
importante para el hoy pues fundamentan la concepción del tonal y
el nagual, en las tres fuerzas que confluyen en la existencia del
cuerpo del ser humano: el soplo o tanalli, que da vida, crecimiento
y pensamiento; el teyolia, que va al mundo de los muertos tras el
fallecimiento; y el ihiyotl, que rige el vigor, las pasiones y
sentimientos.
Gruzinski estudia los cambios ocurridos en los mecanismos de
reproducción social de los nahuas como resultado de las
transformaciones introducidas por los españoles para encadenarlos
al sistema colonial, eliminando toda la estructura religiosa, y la
social que la sostenía, y colocando como sus agentes de dominio
entre el pueblo nahua (indirect rule) a los pipiltin. Los nahuas
buscaron comprender el mundo español y apoyarse en este
conocimiento para sobrevivir. Así, se apropiaron de la escritura y
la emplearon para conservar su historia; también retornaron muchos
símbolos católicos y los resemantizaron, como ocurrió con vírgenes
y milagros. Fue así como se conformaron las vías de continuidad
histórica que explican los hechos analizados por Bonfil y López
Austin.
La puesta en escena del segundo tipo de trabajos se inicia con
la vasta investigación de J .P. Chaumeil sobre los yaguas
amazónicos. Sus principales aportes están en la refinación del
concepto de "poder chamanístico", inicialmente de
Oberem, para comprender los orígenes del conocimiento en las
plantas fuertes, plantas de poder y saber¡ los circuitos
energéticos convergen en el chamán, quien, más que una persona, es
un lugar de entrecruzamiento de procesos naturales que se están
haciendo sociales y procesos sociales que van hacia 10 natural, en
relación con los cuales se destaca el camino de los enteógenos como
vía para construir lo humano.
Un modelo que cumple propósitos semejantes, pero operando desde
el mundo andino, mundo del maíz, es el de Pachacuti, que analiza
Elizabeth Kreimer. En su base está la contradicción dialéctica
entre los dos principios que conforman el todo: yanatin y tinkuy.
"El primero describe la función de necesaria
complementariedad entre los pares, mientras que la segunda -el
tinkuyalude al carácter violento de la misma unión, en donde los
pares complementarios se encuentran en una competencia y batalla
permanente" (p. 148).
Central en el modelo es también el concepto de pacha, tiempo y
espacio. "Para ellos el pasado, el presente y el futuro
existen no sólo en un sentido figurado, sino, ubicados en espacios
reales que son específicos y contiguos [...] nada desaparece
completamente sino que lo sucedido, lo existido, persiste y vive
ejerciendo una ingerencia en el momento presente" (p.
149). Así, la cultura tradicional no está en el pasado, está aquí y
ahora, es la vida de hoy, del presente; el chamán es el eje de la
hilación del tiempo y el espacio en función de mantener la vida de
la comunidad de cara al cambio.
Pero los chamanes no operan aislados sino a través de vastas
redes que han persistido desde la época precolombina y que permiten
tratar con la Facha en cada comunidad particular sin que ésto
afecte el todo y lo desintegre, al contrario, lo dinamice y
potencie. El entrelazamiento de las fuerzas de los movimientos
particulares engendra, a través de la acción chamánica, los grandes
movimientos del todo.
Estas redes no son exclusivas de las sociedades andinas, se
extienden por doquier y están siendo reconstruídas por etnógrafos,
etnohistoriadores y arqueólogos, entre los que se destaca Frank
Salomon por su minuciosa reconstrucción de la realidad que existía
antes de la conquista en las sociedades andinas de lo que hoy son
Perú, Ecuador y suroccidente de Colombia, pero también por el
seguimiento de sus estrategias de reconstrucción frente a la
invasión española y de resistencia durante la colonia, algunas de
las cuales se prolongan hasta hoy. Se destaca la red que unía
comunidades de muy distintas y distantes localizaciones en una gran
economía de producción microvertical. Sobre los archipiélagos que
permitían esta forma de verticalidad, deificándolos a su modo,
habrían montado los españoles su aparato de control centralizado¡
para ello, inventaron el sistema de visitas, instrumento con el que
Salomon hace su reconstrucción.
Por último, diversos estudios sobre cultos religiosos permiten a
los autores captar formas alternas de la memoria y sus procesos de
construcción, como otros instrumentos más dentro de lo que han
denominado "caja de herramientas".
Uno de ellos es el de Clodomiro Monteiro sobre el Santo Daime
(un preparado a base del yagé) en el Brasil, entre los caboclos
-colonos mestizos afrobrasileros-, culto que creó una forma
particular de sociedad selvática. Sus actores chocan con los
planteamientos de García Canclini sobre lo popular, en la medida en
que tienen conciencia de su confrontación contra la modernidad y de
que sus formas de vida son alternativas a ella. En su culto, los
caminos del yagé guían hacia el contacto con los antepasados a
través de los himnos que les corresponden, recibidos de los
ancestros por los chamanes, e incorporan elementos de
territorialización de la selva elaborados por los indígenas.
Resulta así una matríz triétnica en sus fuentes, anudadas en esta
forma nueva de entrelazar los mundos.
También del Brasil es el culto de xangó, en Recife, que han
reseñado Rita Laura Segato y José
Jorge de Carvalho. El mito de este culto aparenta aceptar la
familia patriarcal, el estado y el orden, pero los subvierte al
variar las características de sus personajes y de su interacción.
Resulta, entonces, una teoría sobre el estado producida por los
grupos excluidos del poder, y el ritual se hace una teoría
dramatizada.
De otra naturaleza es el culto de María Lionza en la montaña
mágica de Sorte, que Taussig analiza en un texto titulado La magia
del estado. En él, lo oficial y lo popular chocan por hacer suyos
los mitos y los ritos. Allí, lo popular ha hecho suyas las imágenes
de la historia oficial venezolana, con sus héroes de la
independencia¡ de ahí que Taussig afirme que la montaña y el culto
que en ella se realiza son "un diorama del
estado" en el cual se entrecruzan imaginarios de lo indio
y lo negro con una lógica que no es la de ninguno de ellos. María
Lionza, blanca, agrupa en sus cortes de espíritus a los tres grupos
étnicos, encabezados por Bolívar y el doctor José Gregario
Hernández, el indio Guaicaipuro y el negro Felipe. Los papeles de
cada uno están alimentados por las imágenes que sobre cada etnia se
han ido conformando desde la conquista y la colonia.
En la montaña, la "hegemonía reconoce al pueblo un
patrimonio vivo y actuante" (p.165); pero también hay que
anotar que este reconocimiento se otorga dentro de los límites de
la montaña y del ritual, es decir, en los campos .en donde no pone
en peligro los cimientos mismos de dicha hegemonía, y es aquí en
donde el culto, pese a ser espacio de tensiones y confrontación, lo
es también de apaciguamiento, de realización meramente ideal y, por
ello, vana, al tiempo que sirve para legitimar al estado mismo. El
pueblo crea su propio capital simbólico, apropiándose para ello de
fuerzas de lo hegemónico¡ pero el estado y sus clases se apoderan,
en cambio, de la fuerza de trabajo del pueblo para convertida en
capital económico, real, dominante, transnacionalizado.
La santería cubana, en el estudio de Morton Marks, aporta otro
fragmento al espejo triza do , y otro elemento para la caja de
herramientas de Pinzón y Garay¡ se trata de "la lucha de
identidades culturales con propuestas ecológicas", pues
Xangó reimplanta en América el polen de las plantas africanas y,
con él, su poder.
El Espiritualismo Trinitaria Mariano, un culto femenino surgido
en México en 1866, subvertía la dominación de la iglesia católica
de entonces. En su actividad, el culto crea una mujer no
subordinada, pues puede llegar a ser sacerdotisa, cosa que, por
supuesto, no cambia su situación de subordinación en la sociedad;
circunstancia que "constituye el espacio personal en un
lugar de violencia simbólica" (p. 169).
En Córdoba, Argentina, un equipo interdisciplinario de salud
logró hacer visibles las redes sociales de apoyo que anteriormente
las instituciones no habían logrado percibir ni, por lo mismo,
aprovechar para su trabajo. Esta experiencia permitió visibilizar
lo popular urbano, que muchos analistas se empeñan en declarar
inexistente. Con ella, se cierra el extenso recorrido.
Al terminar, los autores han reunido un conjunto de pistas que
se hace necesario articular con el fin de "posibilitar una
teoría que dé cuenta de la forma como los actores populares
construyen instrumentalmente sus cajas de herramientas para
fabricar su concepción de la historia, del sistema social, de la
moral que los liga con el pasado y les ayuda a fabricar las
estrategias del presente y las utopías del futuro"
(p.173).
Luis Guillermo Vasco Uribe
Profesor Titular
Universidad Nacional de Colombia
Montículo
funerario del Alto de Betania (Isnos)
Territorialidad y espacio de los muertos en la cultura de San
Agustín
HECTOR LLANOS VARGAS
FlAN,1995
Con fecha de 1995 la Fundación de Investigaciones Arqueológicas
Nacionales publica otro de los trabajos del profesor Héctor Llanos
en el área de San Agustín¡ en este caso en el sitio del Alto de
Betania en jurisdicción del Municipio de Isnos.
Una vez descrita la ubicación geográfica del sitio y sus
condiciones geomorfológicas, Llanos plantea como objetivo general
de su trabajo el "... proponer una pauta funeraria
inscrita, claro está, en el pensamiento cosmo1ógico de esta cultura
(Llanos, 1995). En este proyecto hacemos énfasis en las
concepciones de la muerte en una dimensión etnohistórica"
(Llanos, 1995: 149). Da a entender entonces que esta
"pauta funeraria haría parte de las llamadas pautas de
asentamiento" definidas por el autor como el conjunto de
respuestas al entorno natural que permitieron a los habitantes
prehipánicos interpretar dicho entorno gracias a la producción de
determinadas "formas de pensamiento mágicas vinculadas a
su organización social y politica y unos procesos de producción
económica" (Llanos, 1988: 9). De esta forma, las
"pautas de asentamiento" le servirán a Llanos
como herramienta teórica y metodológica de trabajo.
El autor pasa luego a revisar los trabajos realizados en el área
por otros investigadores. Retorna aquellos de Luis Duque Gómez y
Julio César Cubillos de 1979 y 1983 en su identificación de
"una pauta cultural en los montículos funerarios"
(:15), como guía de la excavación del sitio de Betania. Igualmente
plantea el identificar los restos cerámicos asociados a los
enterramientos como ofrendas e intentar relacionadas con los sitios
de vivienda. Una vez descritos los resultados de su excavación, el
profesor Llanos explica su metodología, en donde parte de la idea
de que las diferencias entre los tipos de enterramiento
agustinianos corresponden a "cambios históricos de acuerdo
con su pensamiento cosmològico, de ahí que sea necesario
aproximamos a él por medio de analogías con comunidades indígenas
actuales, que al ser heredadas de aquellas, comparten estructuras
culturales" (:48).
Llanos en segunda instancia hace un recuento minucioso del
trabajo de excavación en el Alto de Betania, del cual reseñaremos
solamente sus aspectos mas relevantes en relación con las
conclusiones del trabajo.
Para el corte 1, con dimensiones de 7 x 3.6 metros, que
corresponde al sarcófago 2 se encuentran restos de carbón. A pesar
de que no nos provee de información acerca de la ubicación espacial
de estos restos, los asocia al sarcófago, no obstante habernos
advertido previamente que el montículo está constituido de tierra
revuelta y que ha sido objeto permanente de guaquería.
Para los cortes 2 y 3, nos reporta la presencia de un sarcófago
y de tumbas de cancel, respectivamente. Encuentra también este tipo
de enterramiento en los cortes 4, 5 Y 7. El corte 6 corresponde a
la identificación por parte de los vecinos del lugar de la
ubicación original del sarcófago 1 y que Llanos decide excavar
"con el fin de rescatar su contexto cultural"
(:32). Descubre una columna hexagonal de piedra basáltica, algunos
desechos de talla y un piso más profundo constituido de tierra
amarilla arcillosa, culturalmente estéril y sobre la cual hay
algunos cantos rodados y abundantes desechos de talla. Por esto
postula Llanos la presencia de un fogón y eventualmente la
presencia de un piso de vivienda previo a la construcción del
montículo. Efectivamente la fecha obtenida a partir del carbón es
de 2310 +/- 50 B.P., corresponde al periodo Formativo, y Llanos
extrapola que los sarcófagos y la tumba de cancel son un rasgo
diagnóstico del periodo Clásico Regional (:43). Igualmente, que se
da una relación entre el sitio de Betania y el de el Alto de los
Idolos, pues al comparar los entierros de los dos sitios encuentra
similitudes como el pañete de cinerita, las ofrendas de cerámica,
la presencia de tumbas de cancel, etc.
Es una lástima que a pesar de obtener una fecha, no se hubieran
realizado más intentos por definir con exactitud con qué tipo de
hechos humanos se relacionan los restos de carbón fechados. El no
tener claro qué tipo de actividad se estaba fechando constituye un
gran riesgo, además de subestimar los procesos postdeposicionales.
Esto le resta solidez y trascendencia a la fecha obtenida.
Otro de los rasgos comunes entre los diferentes
"centros funerarios" agustinianos sería su
ubicación en las cimas de los cerros (:56 y 59). No obstante, en
otro estudio sistemático tendiente a establecer patrones comunes a
los sitios de estatuaria monumental con relación al paisaje fue
descartada la variable altitud como variable relevante en la medida
en que la región de San Agustín está caracterizada por una
infinidad de colinas con alturas que fluctúan entre los 1.600 y los
1.800 metros sobre el nivel del mar. Es decir que no hay un sitio
de estatuaria considerablemente más alto que cualquiera de las
otras colinas (ver Patiño, María Isabel: Contexto y Función de la
Estatuaria Agustiniana. Tesis de Grado, Departamento de
Antropología, Universidad de los Andes, 1994:35. Este estudio se
ocupó de algunos de los sitios de estatuaria del Municipio de
Isnos, incluyendo el de Betania).
Llanos enumera los siguientes elementos como característicos de
los "centros funerarios monumentales": tienen
aterrazamientos y rellenos artificiales, están presentes uno o
varios montículos artificiales, en algunos montículos hay templetes
con esculturas, existen otras esculturas además de las anteriores,
"la mayoria de los montículos artificiales tienen una
tumba de gran tamaño en la parte posterior (Duque y Cubillos,
1979), que es un cancelo un sarcófago que se encuentra dentro de
una estructura dolménica {...J. Además de esta tumba posterior, en
algunos casos, existen otras a un lado. Betania es diferente porque
los tres sarcófagos se encuentran en el frente del montículo,
cercanos a otras tumbas de cance]," (:59).
Finalmente, otro hallazgo de su prospección está en un sitio a
unos 100 metros del montículo, con una alta concentración de
tiestos grandes, en buen estado y sin rastros de hollín; lo que
hace pensar al autor que se trata del botadero de un taller
alfarero "que debió estar cercano sobre la cima"
(:39).
Habiendo ubicado las tumbas en el contexto espacial y temporal
en el que fueron construidas, Llanos deja de lado su excavación y
las herramientas puramente arqueológicas. Ahora concibe las tumbas
como "partes articuladas de una arquitectura que
corresponde a una concepción simbólica de la muerte" y
como formas de arte que contienen un pensamiento mitopoético (:46).
De esta manera acude a la iconografía agustiniana ya las
interpretaciones simbólicas de indígenas actuales por fuera de la
arqueología.
Maria Isabel Patiño Arqueóloga
|Culturas precolombinas en la
región de Pavas, Colombia:hallazgos arqueológicos y datos
etnohistóricos.
THERES GAHIWILER
Prakolumbische Kulturen im Pavas-Gebiet,
Kolumbien. Procalima, BasileA, 1996.
Esta monografía es el fruto de 15 años de investigaciones,
iniciadas ene! año 1981, sobre la región de Pavas-La Cumbre
localizada en la Cordillera Occidental, al sur de Calima. Como
Gáhwiler aclara en la introducción, al iniciarse su estudio esta
región se conocía más que todo por la tradición de enterrar a los
muertos en grandes urnas. Estas, de formas distintivas, son una
característica especial de la zona; fuera de ella se encuentran
sólo como ejemplares aislados. Algunas recolecciones superficiales
indicaban, además, que la región había sido ha bitada por gentes
que utilizaban cerámica bastante similar a la del estilo Sonso en
Calima.
Se pretendía entonces estudiar los entierros en urnas,
establecer su posición cronológica y examinar la relación entre la
región Pavas- La Cumbre con la de Calima. Por un lado, la obra nos
ofrece un corpus importante de información sobre la historia
precolombina de aquella región y por otro, una reseña actualizada
sobre el pasado de buena parte del actual departamento del Valle
del Cauca, la cual llena un vacío para los lectores de habla
alemana. La presente reseña se ocupa principalmente del primer
aspecto del libro.
La obra se inicia con una descripción del medioambiente seguida
por un análisis detalla do de las investigaciones arqueológicas en
la Cordillera Occidental valluna y las zonas aledañas. La
evaluación sobre la información relevante en las fuentes escritas
sobre la región es minuciosa e incluye algunos autores alemanes
como Bastian y las obras no traducidas de Trimborn que son de
acceso difícil para investigadores en Colombia. Para este sector,
un mapa detallado de la zona estudiada ayudaría al lector a seguir
mejor los argumentos. En el capítulo tercero, encontramos la
descripción de la metodología emplea da en la prospección y en las
excavaciones arqueológicas: el estudio de las fotografías aéreas,
recolecciones superficiales y sondeos con media caña, los cuales
fue preciso hacer a intervalos de sólo 50 cm, para lograr detectar
los pozos de las tumbas.
El capítulo siguiente (cuarto) se inicia con el problema
complejo de la localización y extensión del territorio de los
liles. Aunque la evidencia es, a veces, confusa, cabe poca duda que
los valles de Pavas y del río Bitaco (denominado durante el siglo
dieciséis el Valle de Lile fue ron habitados por este
grupo aunque la extensión total de su territorio sea menos clara.
En el resto del capítulo se reúne la información etnohistórica
disponible en fuentes publicadas sobre los Lile, la cual es
relativamente abundante, especialmente cuando la comparamos, por
ejemplo, con la que existe para la región de Calima.
El capítulo quinto trata de los hallazgos arqueo lógicos. Se
efectuaron excavaciones principal mente en tumbas además de dos
plataformas de vivienda y en 3 pozos. Las plataformas, comunes y
muy visibles sobre las lomas de la región, son similares en
construcción y tamaño a las de Calima y otras zonas de las
cordilleras. Los tres pozos, localizados por casualidad durante la
búsqueda de las tumbas, presentan formas irregulares
(aproximadamente 80 x 60 x 100 cmy 150 x 100 x 30 cm, mientras las
dimensiones del tercero, Montecito, mayores de un metro cuadra do,
no pudieron ser recuperadas en su totalidad). El primer pozo
contenía algunos tiestos y parte de dos vasijas grandes, una de
ellas una característica urna de Pavas; el siguiente
tenía abundantes fragmentos de cerámica y algunos instrumentos que
insinúan un taller de cerámica. El tercer pozo, Montecito, también
relacionado eventualmente con un taller, estaba repleto con grandes
fragmentos de cerámica de un estilo particular al cual se le dió
este nombre. La esperanza de efectuar excavaciones más extensas en
este sitio se vieron frustradas por el saqueo. Se registraron
varios grupos de zanjas que conformaban antiguos campos de cultivo,
similares a los que abundan o abundaban en Calima; se nota que, al
igual que en esta última región, la mayoría de ellos se están
volviendo, año por año, menos visibles y muchos han desaparecido
del todo. También se registraron algunos tramos de caminos de
probable origen precolombino.
Las recolecciones superficiales proporcionaron colecciones de
tiestos que, aunque se enmarcan dentro del período tardío o
Sonsoide, presentan diferencias llamativas. En la región se
encuentran también algunas piedras grandes con petroglifos de las
cuales se registraron siete hallazgos diferentes.
El descubrimiento y la excavación de tumbas fue un aspecto
fundamental del estudio. En vez de restringirse a estudiar uno o
dos cementerios en detalle, se optó por prospectar en toda la
región para lograr una muestra representativa desde el punto de
vista geográfico y temporal. De un total de 20 tumbas, 9 eran de
pozo y cámara lateral con entierro en urnas, 9 (también de pozo y
cámara lateral) con entierros primarios y 2 de una forma que
Gáhwiler denomina, por su parecido a una casita rectangular con
techo de dos aguas, tumbas en forma de choza
(Huttengraber). Esta clase de tumba, caracterizada por la ausencia
habitual de ajuar, se encuentra también en Calima; las fechas en
ambas regiones concuerdan y se remontan a un período entre los
siglos VI a VIII d.C.
Gracias a las investigaciones de Gáhwiler, sabemos ahora que las
tumbas con las conocidas urnas de Pavas y la forma
relacionada, cilíndrica, denominada velero estaban en
uso entre aproximadamente 650 y 1150 después de Cristo (p. 137-8,
dejando a un lado, por el momento, dos fechas aisladas que salen de
este rango). Se pueden encontrar las dos formas de urna en la misma
tumba (La Soía, Bitaco; Abb. 31) aunque los veleros tienden a tener
una distribución un poco diferente a las urnas de
Pavas. Ambas clases, cuando quedaron bien tapadas, ofrecieron
alguna protección para los huesos contra los suelos ácidos a
diferencia de otras clases de tumba en la región en las cuales
estos no se conservan. En los casos donde mejor se conservaron, se
nota que hay urnas que contienen los huesos de un solo individuo
como las hay con varios, de distintos sexos y edades. En algunas
urnas se depositaron los huesos en forma de fardos envueltos en
tela de algodón.
Se conservaron algunos fragmentos minúsculos (de un par de
centímetros cuadrados) de estos textiles que, por fecharse
alrededor de los siglos décimo y onceavo, están entre los más
antiguos conocidos hasta ahora para Colombia. De algodón y con
torsión en sentido Z (Abb. 96-103), se apartan de las tradiciones
textileras tanto de Nariño como de la Cordillera Oriental donde la
torsión es en sentido 5. Las telas de la Cordillera Oriental se
encuentran muy ocasionalmente. Todos los fragmentos son de tejido
liso y tienen pares de hilos en un sentido con hilos sencillos en
el otro (los fragmentos son demasiado pequeños para permitir
determinar cuál es la urdimbre y cuál la trama); predominan los
hilos sencillos sobre los pares (p.ej. 10 a 6 o 14 a 4). Es
interesante comparar estos fragmentos con unos, al parecer del
período Sonso, en el Valle de El Dorado. Pertenecen a las
colecciones del Museo Arqueológico de Darién (INCIVA) y fueron
conservados y estudiados por Charo Rodríguez; los resultados se
publicarán próximamente en Cespedesia. Aquí, como en Pavas, se
empleaban hilos con torsión en sentido Z pero con una diferencia
importante, sin retorcerlos. Al igual que en Pavas, en un sentido
(la trama?) se emplearon en pares, mientras en el otro el uso de
hilos sencillos con algunos en pares sugiere que originalmente las
telas tuvieran algún diseño tejido, seguramente, con hilos de
diferentes colores. Un estudio cuidadoso de dos grupos de
fragmentos pequeñísimos en un estado sumamente frágil, permite
vislumbrar una tradición textilera caracterísitca de esta región
del país. A la vez, dentro de esta tradición se notan importantes
diferencias entre las telas de las urnas de Pavas y las de lo que
parece ser un contexto Sonso "clásico" en la
región de Calima. Es de esperar que los arqueólogos encuentren más
fragmentos de textiles en esta última región, en contextos claros
que permitirán reforzar y ampliar este panorama.
Entre los otros hallazgos se encuentran volantes de huso,
rodillos y varios artefactos en piedra. Aunque la mayoría de estos
son simplemente desbastados sin mayor cuidado, una punta de
proyectil con retoque bifacial se encontró en una tumba en la
Virginia, Santa Inés (p.112 y Abb.105). La fecha de la tumba
(BETA-1501¡610 + 75, d.C.) apoya la teoría de Bray y de otros según
la cual este tipo de punta puede ser relativamente reciente. Además
de hachas, metates, manos y piedras para pulir, se registró una
sola figura tallada (Abb. 105, No. 3). A pesar de estar tan cerca
de Calima, los hallazgos de objetos metálicos son poco comunes y se
restringen a objetos como "patenas" y torzales,
característicos del período tardío o Sonsoide.
En contraste con la región de Calima, prácticamente no ha habido
hallazgos de material llama o Yotoco. Gahwiler considera que el
valle árido del río Grande actuaba como una frontera entre las dos
regiones. Hasta ahora los pocos hallazgos de objetos de los estilos
llama o Yotoco han sido principalmente en el sector occidental de
la región estudiada donde, según propone Gahwiler, los valles de
los ríos Bitaco y Dagua constituyeron rutas que hubieran
proporcionado un acceso fácil a Calima, eventualmente, a
asentamientos de estas dos culturas que habrían existido al
occidente de Calima mismo. Sin embargo, las investigaciones
recientes en el sitio de Malagana (en el valle del río Cauca, cerca
de Palmira) indican la presencia de asentamientos llama hacia el
oriente también, y se esperaría encontrar algunos indicios de su
influencia sobre los márgenes orientales de la región
estudiada.
Sigue siendo curiosa - en una región tan atractiva para el ser
humano - la escasez de información sobre asentamiento s u otros
sitios con fecha anterior al siglo sexto. Si existen, ¿porqué sus
tumbas no han sido detectadas, por lo menos, por los numerosos
guaqueros que han explorado la región?
Gahwiler está de acuerdo con investigadores como Salgada y
Rodríguez quienes ven a Calima como habitada todavía por grupos
Yotoco - o eventualmente con asentamientos Yotoco y Sonso
simultáneos - hasta el siglo décimo mientras las regiones vecinas
como ésta y el Chocó llevaban varios centenares de años como
territorio de grupos sonsoides. La presencia de los que usaban las
urnas de Pavas habría excluído aquí a la población Yotoco durante
la segunda parte de su período de desarrollo. Sin excluír del todo
esta posibilidad, propuse (en un artículo con Bray Herrera, Bol.
Del Museo del Oro No. 24) hace varios años, con base en un análisis
minucioso de las fechas radiocarbónicas relevantes, que la
ocupación Yotoco de Calima también podría haber terminado a
principios de la segunda mitad del primer milenio puesto que las
fechas posteriores a este período vienen de contextos
"abiertos" como campos de cultivo donde
fácilmente hubiera podido ocurrir una mezcla de materiales de
distintos períodos.
En cuanto al último período en su zona de estudio, Gahwiler
afirma que la relación entre éste y el Sonso definido para Calima
"es sumamente complejo y bastante difícil a definir puesto
que todo el repertorio arqueológico de Pavas demuestra nexos
estilística s con éste". Tal vez lo más temprano son las
"tumbas en forma de choza" seguidas por los
entierros en urnas. Estos últimos entierros conforman para Gahwiler
su Pavas I mientras su Pavas II, al parecer posterior, es conocida,
en cuanto a la cerámica, principalmente de recolecciones
superficiales (p. 140). Se caracteriza por los cuencas con base
anular o copas bajas, y con una decoración mucho más abundante que
en Pavas I, basada en aplicaciones plásticas y en pintura negativa
negro sobre rojo; "tiene un carácter diferente" a
la vez que ciertos elementos demuestran continuidad. Entre ellos
están los cuenco s con base anular (encontrados también en las
tumbas con urnas) y los cuencos hemisféricos que parecen haberse
desarrollado de los que se utilizaron para tapar las urnas. Aunque
algunos elementos, sean de patrón de vivienda, del tipo de campo de
cultivo o de decoración o forma de vasija se encuentran con cada
uno de los sitios o estilos conocidos dentro de la tradición
Sonsoide, el grado de similitud varía mucho. Es mayor con el sitio
relativamente cercano de Guavas excavado por Rodríguez, sin que
Giihwiler esté de acuerdo con que Pavas pertenezca a la
"cultura Guabas" como lo propone este último. En
la cerámica se notan los nexos a partir de Pavas I, aumentándose en
forma considerable para Pavas II. Giihwiler enfatiza la diferencia
fundamental entre las costumbres de entierros secundarios en Pavas
en aquella época y primarios en Guabas. Considera que eventualmente
Pavas fue ancestral aGuabas y que éste último debe considerarse un
estilo más que una cultura. Asimismo, retoma la polémica entre
Rodríguez y Bray en cuanto a si Guabas y Buga son la misma cosa.
Giihwiler está de acuerdo con éste último en que las fechas de
carbono 14 disponibles para los dos sitios son demasiado cercanas
(especialmente cuando se consideran las versiones calibradas) para
permitir utilizarlas como evidencia de una secuencia. Por otro
lado, las abundantes similitudes entre la cerámica de Pavas y
Guabas frente a las pocas similitudes entre esta misma región y
Buga le permite proponer que Buga y Guavas no son estilos idénticos
y que sus diferencias son más geográficas que temporales.
Por lo general, este estudio se destaca por ser meticuloso pero
son pocos los libros que no contienen algunos errores y este no es
una excepción. Por ejemplo, en la página 43, la cita sobre cascos
no concuerda y en la p. 78, cuando describe "las cuentas
en forma de barril elaboradas en un material blanco" se
refiere a una publicación de Bray (1982) que no aparece en la
bibliografía. En la p. 143, la punta de proyectil difiere en varios
aspectos importantes del tipo denominado
"Restrepo" mientras que, en la página anterior,
Bray y colegas no encontraron cerámica llama en sus primeras
excavaciones en el valle del río Cauca. Suena un poco rara otra
afirmación de la p. 143 sobre el cultivo de plantas silvestres como
el maíz.
Este libro es de consulta obligatoria para todo investigador que
estudie la tradición Sonsoide. Está muy bien ilustrado y tiene,
además, una serie de gráficas de gran utilidad donde se clasifican
todas las formas de cerámica que la autora conoció en la región,
junto con sus variedades y decoración característica. Es de esperar
que Giihwiler tendrá la oportunidad de seguir efectuando trabajo de
campo en la región, la cual podría ser clave para nuestro
entendimiento del desarrollo de la tradición Sonsoide.
Marianne Cardale Arqueóloga
Arqueóloga