Avances de investigación
Tertulias sobre el mundo
chibcha
ANA MARÍA FALCHETTI
Desde finales de 1997 se reúne mensualmente en Bogotá un grupo
de estudio informal conformado con el fin de estimular y divulgar
investigaciones interdisciplinarias en curso que tratan diversos
temas relativos a grupos pertenecientes a la familia lingüística
chibcha.
En Colombia existe en este momento un buen número de
profesionales investigando estos temas desde la arqueología, la
etnohistoria, la etnología, la lingüística, la etnozoología, etc.
Muchos de estos trabajos se encuentran inéditos, de manera que el
avance de la ciencia se ve con frecuencia retrasado por una mala
comunicación. Creemos por ello que la conformación de este grupo de
estudio donde el intercambio de información es inmediato y se
generan estimulantes discusiones se constituirá además
necesariamente en un canal para la divulgación más amplia de
avances de investigación.
Desde el comienzo, enviaremos nuestros comunicados a colegas de
otros países que investigan temas relacionados, con el fin de
iniciar una aproximación que en el futuro podría redundar en un
estimulante intercambio. Asimismo nos interesa recibir avances y
artículos recientes.
En el curso de las reuniones se pretende cubrir los siguientes
aspectos:
Exposición breve y discusión sobre investigaciones en curso de
las personas integrantes del grupo.
Discusiones sobre trabajos enviados por otros investigadores
para este fin.
Envío de los resúmenes de las reuniones a los participantes e
interesados.
Publicación periódica de avances de investigación.
Integrantes
actuales:
Marianne Cardale de Schrimpff
Arqueóloga. Investigadora independiente. Bogotá. «El arte textil
entre muiscas, uwas y guanes».
Clara Inés Casilimas
Etnohistoriadora, lingüista. CCELA. Universidad de los Andes.
Bogotá.
François Correa
Antropólogo. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de
Colombia, Bogotá.
«Fundamentos sociales entre los Muiscas»
Ana María Falchetti
Arqueóloga. Pensionada, Museo del Oro, Bogotá. Investigadora
independiente.
«El simbolismo del oro entre los Uwa y otros grupos de habla
chibcha».
Oscar Fonseca
Arqueólogo. Departamento de Antropología. Universidad de Costa
Rica. San José.
María Stella González
Lingüista. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá.
«La lengua como base para el estudio de múltiples aspectos
culturales: el caso muisca».
Ana María Groot
Arqueóloga. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de
Colombia. Bogotá.
«Los Pueblos de la Sal en la Sabana de Bogotá. 1537-1640».
Leonor Herrera
Investigadora independiente. Bogotá.
«Arquitectura lítica en la Sierra Nevada de Santa Marta».
Eugenia Ibarra
Etnohistoriadora. CIHAC. Universidad de Costa Rica. San José. «El
intercambio indígena en el sur de América Central. Siglo XVI».
Anne Legast
Arqueozoóloga. Investigadora independiente. Bogotá. «La fauna en el
material arqueológico muisca».
Eduardo Londoño
Etnohistoriador. Museo del Oro. Bogotá. «Organización social de los
muiscas».
Roberto Lleras
Arqueólogo. Museo del Oro. Bogotá.
«Metalurgia prehispánica y ofrendas va ti vas en la Cordillera
Oriental colombiana».
Helena Pradilla
Antropóloga. Universidad Pedágogica y Tecnólogica de Colombia.
Tunja, Boyacá.
«Prácticas funerarias en el Cercado Grande de los Santuarios,
Tunja, Boyacá: estructura social muisca».
Margarita Silva
Arqueóloga. Museo Arqueológico. Sogamoso, Boyacá.
Monika Therrien
Arqueóloga. Departamento de Antropología. Universidad de los Andes.
Bogotá.
Germán Villate
Historiador. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia.
Tunja, Boyacá.
«La agricultura muisca vista desde Tunja».
La lista de integrantes del grupo será ampliada a medida que
otros investigadores expresen su interés por participar.
Informes y
correspondencia:
A.M. Falchetti
e-mail: c-saenz@uniandes.edu.co
Tel/fax: 6144319
Dirección: Calle 131A No. 13-80 (503-1). Bogotá.
M. Cardale de Schrimpff
e-mail: rschrimp@impsat.net.co
Fax: 2185876
Dirección: Cra. 15 No. 101-20. Bogotá.
Los jutes, una forma de
conservación de alimentos que puede ser precolombina
GERMÁN VILLATE SANTANDER
PROFESOR DE LA FACULTAD DE ECONOMÍA
UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA Y TECNOLÓGICA DE COLOMBIA
En la literatura de difusión y en los textos escolares es ya un
lugar común hablar de los muisca como un pueblo agricultor, y más
de un especialista considera el agro como base de la economía de
esa cultura. No obstante, las limitaciones climáticas del altiplano
y el desarrollo de otras ramas de la producción, han invitado a
serios estudiosos (Reichel Dolmatoff, Camilo Domínguez, entre
otros) a replantear tal idea y hoyes punto de discusión la
importancia del agro como rama de la producción entre los muisca.
De ahí que el Museo Arqueológico de Tunja haya considerado el tema
como punto de investigación.
El trabajo se ha abordado no solamente a través de la
información arqueológica y documental, sino que se ha procurado
complementarla mediante el aprovechamiento de los estudios sobre
lingüística chibcha y buscando una aproximación a la etnografía y a
las costumbres vivas de los campesinos del altiplano, con el ánimo
de reconocer posibles permanencias.
El breve artículo que ahora se presenta sobre una técnica de
conservación de alimentos es parte de la investigación general
sobre el agro y apunta hacia plantear la posibilidad de hallar en
ella una costumbre precolombina que aún permanece.
No es mucho lo que se ha escrito sobre la conservación de
alimentos por parte de los muisca. Conocemos acerca de los
depósitos de alimentos reseñados por los cronistas, pero no
contamos con descripciones amplias que enriquezcan el estudio.
Sobre el maíz sabemos que se conservaba mejor en los climas fríos
que en los climas templados donde fácilmente era objeto de plagas
como el gorgojo, más abundante en esos climas que en los fríos y
que fue mencionado incluso por cronistas tardíos como Basilio
Vicente de Oviedo (1930: 49). Respecto a la agricultura de
tubérculos es poco lo que conocemos. Más de un estudioso hace
referencia a la ausencia de sistemas de conservación como el
«chunllo» de los peruanos; sin embargo, merece reseñarse una
costumbre de conservación aún viva reconocida como
|jute,
|hute o
|fute, según la región, y que tradicionalmente
se ha entendido como una costumbre precolombina. Sobre ella
conocemos, entre otras, la referencia hecha por el doctor Manuel
Mesa Bernal en 1952 (Mesa Bernal, 1990: 91 y siguientes) quien
encuentra los «jutes» en Pueblo Viejo, actual municipio de
Aquitania, en el departamento de Boyacá. Dice el autor que las
voces «jute» y «fute» sirven en los departamentos de Cundinamarca y
Boyacá para indicar algún cuerpo en vía o en estado de
descomposición, y considera la palabra como originada en una voz
indígena chibcha: Afutynsuca, que significa podrirse las papas.
Basa su aserto en la autoridad de don Rufino de J. Cuervo, y en la
obra sobre colombianismos del padre Julio Tobón Betancourt, quien
dice que el vocablo «fute» significa papa podrida o dañada por el
agua (Mesa Bernal, 1990: 91). Por nuestra parte hemos consultado el
trabajo de María Stella González y encontramos que se le concede el
mismo significado: «podrirse las Turmas» (
|Afutinsuca en
González de Pérez, 1987: 299).
Subraya el autor que la preparación del «jute» aparentemente no
era muy frecuente en la época de la investigación (1952) y la
reduce al municipio de Aquitania. A partir de la información del
Dr. Mesa Bernal se re investigó el lugar con el propósito de
establecer si la costumbre perduraba actualmente (1991-1997) y pudo
comprobarse que aún perdura, no solamente en la vereda reseñada en
1952 sino que es corriente en varias veredas de diferentes
climas.
El trabajo de campo pudo confirmar que, además de la vereda de
«El Medio de Guasca» señalada por Mesa Bernal, en las de Hato
Viejo, Cuarto Medio Uribes, Mombita, Maravilla y Sisvaca y aún en
el Centro son más o menos conocidos los «jutes», con ligeras
variaciones. Pero no solamente son conocidos y utilizados en el
municipio de Aquitania, sino que pueden encontrarse en otros
municipios como Duitama, Ciénega, San Eduardo, Mongua, Tasco,
Chivatá, Siachoque, Oicatá, Motavita, Sora, etc., y aún es posible
mandados preparar en la vereda tunjana de Runta, famosa por su
culinaria.
Debemos aclarar que la investigación aún continúa y que la lista
de municipios que se aporta dista mucho de ser exhaustiva, de
manera que es posible pensar que la costumbre es más conocida o más
generalizada de lo que pudiera pensarse, aun cuando en todos los
lugares investigados se considera como una costumbre antigua que va
cayendo en desuso.
El autor que venimos siguiendo estimaba la preparación de los
«jutes» como solución a dos problemas fundamentales, a saber: de
una parte el de la conservación de alimentos por largo tiempo,
supuesto que su preparación requería un proceso cuya duración
oscilaba entre los dos y los cuatro meses al cabo de los cuales
podían ser consumidos; y de otra liberar a los alimentos de cierto
sabor amargo y de algunos elementos tóxicos, pues según los
testimonios que había recogido de sus entrevistados
|«las papas
en la preparación del «jute» son las llamadas bravas, amargas, o
antiguas, que en la región del medio de Guascas denominan chavas, y
en otros sitios las designan con los nombres de quire, isabela,
contenta, paduana, etc. Son variedades semicultivadas, pero algunos
campesinos han informado que se encuentran silvestres» (Mesa
Bernal: 93).
Desde entonces, seguramente la difusión y la homogenización de
las semillas han hecho que la técnica se desplace también a las
variedades que actualmente se cultivan en el departamento y hoy no
se señala ninguna en especial para la preparación de los «jutes».
Solamente se observa una cierta preferencia por las papas pequeñas
que los entrevistados no minan aún en lengua chibcha como «riche»
(
|riche: papas más pequeñas de la cosecha. Acosta Ortegón,
1937 ). Al indagar por las variedades antiguas presentadas por Mesa
Bernal, nos hemos encontrado con que aún se conocen dos especies
semicultivadas, que reciben los nombres de Raizuda Blanca y Raizuda
Negra, sobre las cuales solamente se anota que tienen un gusto
diferente a las variedades corrientes. Tales especies habitualmente
se consumen con la misma preparación que cualquier otra variedad y
solamente ocasionalmente se hace «jute» de ellas, de manera que no
habría motivos para pensar que el proceso de la preparación de
«jutes» tienda a mejorar el sabor o a eliminar elementos tóxicos,
aunque desde luego cabe la posibilidad de que las especies
reseñadas en este trabajo no correspondan a las que conociera el
Dr. Mesa Bernl!
Pero habría un argumento más: los «jutes» no solamente se
preparan de papa sino que también se hacen de maíz, en cuyo caso no
habría que pensar en la necesidad de eliminar presumibles elementos
tóxicos, de manera que es posible inclinarse por la idea de que su
fin es únicamente la conservación de los alimentos.
Pero ya va siendo hora de que tratemos de saber en qué consiste
la técnica de conservación. Para aproximarnos a ella
transcribiremos a continuación la descripción del proceso que
recogió Meza Bernal en 1952 y la recogida por nosotros 40 años
después, lo cual nos permitirá apreciar las variaciones del
proceso.
Descripción recogida por Meza Bemol
en 1952
«Para preparar el «jute», los
campesinos hacen en el suelo hoyos de formas diversas; se pudieron
apreciar rectangulares, casi cuadrados, redondeados etc.
Generalmente eran muy grandes. Los de forma rectangular tenian 70
cm de largo por 35 de ancho y 40 de profundidad; estas dimensiones
son muy aproximadas pues varian notoriamente de forma y tamaño. Por
lo regular una pequeña acequia conduce el agua que llena el hoyo,
la cual se continúa por el lado opuesto, de modo que el agua está
renovándose constantemente. Por dicha razón prefieren que la
acequia pase por el centro del hoyo o que uno de sus lados quede
sobre ella.
«Tan pronto se han hecho los huecos,
depositan la cantidad de papas necesarias para llenarlos y los
cubren con un tejido de paja, junco o helecho; colocan algunas
piedras sobre el tamo, para impedir que los tubérculos floten.
«Una vez que están en estas
condiciones quedan listas para «jutiarse». Según información de
algunos entrevistados, deben permanecer así por espacio de dos o
tres meses; otros comunicaron que durante unos cuatro meses».
Descripción recogida para este
trabajo
Para la elaboración de los «jutes» se deben seguir los
siguientes pasos:
1. Selección de papa chiquita llamada «riche», que esté
sana.
2. Se abre un hueco de aproximadamente 1 metro o más según la
cantidad que se vaya a depositar.
3. En el fondo y alrededor del hueco se echa paja o junco y
enseguida la papa que hemos seleccionado, luego se llena de agua
teniendo en cuenta que cubra la papa. Por último se cubre con más
junco o paja y se prensa el conjunto con piedras encima para que
las papas queden mejor «jutiadas».
4. Esta papa dura es depositada en el hueco de 2 a 4 meses o
más, teniendo en cuenta que no les falte el agua para que queden de
mejor sabor.
5. Por último se quita una piedra para sacar la muestra, si está
blandita es seña de que ya están para el aperitivo.
6. Para consumir los hutes se los prepara cocinados, fritos o en
sopa o con leche o queso.
7. Principalmente son buenos para el hambre, o para cuando un
niño o un adulto tiene diarrea o frío de estómago.
Observamos que básicamente el procedimiento continúa siendo
idéntico: se trata de una forma de descomposición controlada a
través de agua fría que se renueva. La mayoría de los entrevistados
consideró importante la utilización de agua corriente, pero una
buena parte de ellos no lo consideró esencial, limitándose a decir
«que no les falte», «que siempre estén cubiertas las papas» e
incluso un testimonio recomienda hacer el hueco en un sitio
pantanoso, renovando el agua.
El recubrimiento del pozo con material vegetal se consideró
indispensable: más de un testimonio declara que si las papas tocan
la tierra corren el riesgo de «macollar», esto es, de echar raíces;
otros testimonios se limitan a considerar que se «entierran» y
toman mal sabor. El material vegetal de vestir el pozo es variable,
se utiliza indistintamente paja, junco o helecho de envolver carne,
prefiriéndose este último pues se entiende que les mejora el
gusto.
Aun cuando se da un tiempo de duración del proceso se le
considera aproximado y se atiende a otras señales como la aparición
de una nata sobre el agua; en algunos casos se insistió en la
necesidad de hacer la prueba. Quizá, alrededor de los «jutes» de
papa, la única variación importante que hallamos con relación al
estudio de 1952 es que actualmente se aplica a cualquier especie de
papa y que se prefieren las «riche» de cualquier variedad.
Pero nos encontramos además con que el procedimiento no
solamente se aplica a la papa, sino que también al maíz, caso en el
cual reciben el nombre de «jutes de maíz» o el alternativo de
«mazorcas de agua» (pero aún en este caso, para referirse al
procedimiento se dice «jutiar mazorcas»). La manera de preparación
es análoga, con variación en el tiempo que se considera debe ser de
unos dos meses para los climas fríos y un poco menor para los
climas templados.
La mayoría de los testimonios sobre «jutes de maíz» provienen de
climas templados: veredas de Mombita, Maravilla y Sisvaca en el
municipio de Aquitania, y municipios de Ciénega, Boyacá, Pachavita,
San Eduardo, etc. Sin embargo, en Siachoque, un municipio de tierra
fría a 2.900 m.s.n.m., cuyo principal producto agrícola es
precisamente la papa, encontramos como más corrientes los «jutes»
de maíz.
Un buen ejemplo de preparación de «jutes de maíz» es este
testimonio de Rosa María Torres de Bohórquez, recogido en la vereda
Centro del municipio de San Eduardo:
|«Se hace un hueco de unos 50 cm de hondo y de grande como la
cantidad de maíz que se vaya a «jutiar», ojalá en un sitio bajo y
si hay agua corriente mejor.
«Se escoge maíz bien seco, que ojalá sea de harina y no de pollos.
Se recubre el hueco con helecho de monte, del de envolver carne, y
se depositan las mazorcas enteras de maíz duro, que esté sanito; se
le pone agua que lo cubra todo y se tapa con helecho. Cuando se va
a «jutiar» bastante se separa por capas: capa de maíz, capa de
helechos, y por último se le ponen lajas encima para que le pesen y
10 mantengan «resumido», y se dejan ahí por 60 días más o menos,
cuidando que no les falte el agua porque se dañan. Cuando le salga
la «nata», una como natica blanca, como espesita, debe ser que ya
están. Entonces se empieza a probar: se toca una mazorca, sin
sacarla del agua porque se pasma, y si los granos están blanditos
como de mazorca tierna es que ya sirven para el asado. Entonces se
sacan y se lavan divinamente. Después se pueden preparar asados,
cocinados, en piquete o desgranado frito. Cuando se pasan de punto
sólo sirven para masa y para hacer sopa. Ellos cuando ya están y
cuando se lavan y cuando se preparan tienen un olor fuerte, por eso
el que no los sabe comer no los come, pero saben muy bien y son
mucho alimento.
«Siempre se preparan para el tiempo
fria y suplen mucho el trabajo de alimentar, pero también a veces
se preparan por gusto».
Sobre la época de preparación los testimonios son unánimes: no
es un plato ligado a celebraciones especiales o a un calendario de
fiestas. Se hacen por necesidad en el tiempo «frío», cuando no hay
cosechas. Escuchamos el testimonio de jóvenes en Siachoque que
declaran que los han comido y que los comen, pero que no es un
plato bueno sino para cuando no hay más. En al algunos lugares
vimos colocar sobre los «jutes» ramas de espino para que los
animales y los ladrones no los escarben.
Entre los indígenas u'wa de la Sierra Nevada del Cocuy son
corrientes los «jutes» y existe de ellos una mayor variedad: se
preparan de papa y de maíz en la parte alta, en las comunidades de
Bókota y Bachira; y de plátano, de yuca y de maíz en Cobaría,
Tegría y las demás comunidades de clima templado. Se conocen con el
nombre de «rora» y su tiempo de preparación puede llegar a ser más
largo, en general entre los dos y los seis meses. No están ligados
a la ritualidad, aun cuando, como todos los alimentos, deben ser
rezados. Se preparan precisamente para la época en que no hay
cosechas y se consideran simplemente como un alimento sustituto¡ es
común la expresión «Ror Kuna «wiwa», «Coma Rora» para referirse a
la escasez (informaciones de Berito Cobaría y de Siracubo
Tegría).
Nuestra observación general es que esta costumbre de preparar
alimentos aún está viva en Boyacá, pero hay por parte de los
mayores un más alto aprecio hacia ellos que por parte de los
jóvenes, especialmente los de los centros urbanos, en donde en
tiempos en que no hay cosechas se dan otras alternativas de
alimento que de alguna manera significan holgura económica. En
líneas generales hoy son más corrientes los «jutes» de maíz que los
de papa, y la técnica como tal aplicada a cualquiera de los dos
vegetales es más usual en el centro y en la vertiente oriental de
la cordillera. Podríamos pensar que el futuro de los «jutes» es
incierto en la medida en que las comunidades campesinas se integren
más a la economía de mercado, caso en el cual solamente podrían
conservarse como especialidad culinaria.
Al indagar sobre el origen de la costumbre, todos los testimonios
de todos los lugares investigados coinciden en considerada propia
de la región y muy antigua. «Han existido desde siempre» y «los de
antes eran mejores que ahora» son expresiones constantes. No
conocemos ningún antecedente español de esta técnica de
conservación aplicado a vegetales, como sí podríamos pensar de los
«taques» que son otra forma existente en la región de conservación
de alimentos vegetales en vinagre, fruto de su propia fermentación,
y más usuales en la vertiente occidental de la cordillera. Por
último, su uso más difundido entre los únicos indígenas del
departamento, los u'wa de la Sierra Nevada del Cocuy, sugiere que
es posible que se trate de una permanencia cultural precolombina
que se ha mantenido en la medida en que aún constituye una solución
eficiente a un problema presente de conservación de alimentos.
Bibliografía
Acosta Ortegón Joaquín. 1937.
|Diccionario Cundinamarqués
- Español. Bogotá.
González de Pérez, María Stella. 1987.
|Diccionario y
gramática Chibcha. Manuscrito anónimo de la Biblioteca Nacional de
Colombia. Bogotá.
Mesa Bernal, Daniel. El jute, una extraña manera de preparar la
papa. En: Nueva Revista Colombiana de Folclor. Patronato Colombiano
de Ciencias Artes y Letras. Bogotá.
Oviedo, Basilio Vicente de. 1930.
|Cualidades y riquezas del
Nuevo Reino de Granada. Bogotá.
Simposio sobre «culturas
laborales»
JOSÉ ERNESTO RAMÍREZ
Las teorías y métodos de la antropología alimentaron una
reflexión sobre culturas laborales en el simposio del mismo título
del VIII Congreso de Antropología en Colombia (Universidad Nacional
Diciembre 5-8 de 1997). Se presentaron 7 ponencias, escritas por
investigadores con formación de antropólogos o complementados por
esta disciplina -desde la sociología, la administración, o la
economía. La multiculturalidad específica a la organización
productiva; los diversos significados de identidad, cambio,
pertenencia y competitividad; el diálogo entre el progreso
tecnológico y los valores y creencias tradicionales, sobresalen
entre los temas cubiertos por el concepto de «culturas laborales».
Aparte de su pertinencia, constituyen un filón de trabajo
aprovechado muy escasamente, y en el cual se pueden hacer valiosos
aportes desde nuestra disciplina.
Las ponencias al Simposio estuvieron agrupadas en tres grandes
temáticas: las organizaciones, los sujetos laborales en actividades
económicas informales y la relación entre tradición artesanal y
modernización.
En la temática sobre organizaciones se presentaron dos
ponencias. En la primera,
|«Las organizaciones, puntualizaciones
desde la perspectiva antropológica», los autores (Colectivo
APIS-Medellín) revisaron la conceptualización corriente sobre la
organización, destacando el aporte de autores que en diversas
teorías de la administración y las ciencias sociales han estudiado
y propuesto elementos para analizar el mundo organizacional
(Legoff, Nonaka, Pheysey, Schein etc.). Se abordó la relación entre
el discurso administrativo actual, fuertemente influenciado por la
visión del «primer mundo», y la «razón de empresa» como una
realidad principalmente urbana y plural, que actúa como matriz de
encuentro y des encuentro de una diversidad de discursos,
imaginarios e identidades. En tanto fenómenos complejos, son
susceptibles de ser miradas como entidades societarias o «culturas
organizacionales», presentes en el análisis antropológico actual.
Las organizaciones contemporáneas enfrentan dos problemas
simultáneos, que están marcando el rumbo hacia el nuevo milenio: la
mundialización de la economía (o más concretamente la
globalización) y la necesidad de adoptar una posición frente a los
procesos empresariales, que vincule más estrechamente al ser humano
con sus posibilidades de crecimiento y de calidad. A este respecto
la Antropología ha comenzado a hacer sus aportes, contribuyendo en
la redefinición de «lo humano» dentro del discurso empresarial,
donde el pragmatismo y la tecnificación de los procesos ha creado
(muchas veces a su pesar) una imagen instrumental y distante del
ser humano que, paradójicamente, nunca ha dejado de ser el centro
de todo proceso organizacional. La ponencia presenta inicialmente
algunas consideraciones acerca de la manera como en la Antropología
ha sido posible y válido, incluir a las organizaciones dentro de su
objeto de estudio, para continuar con un acercamiento a la manera
como las categorías básicas del análisis antropológico y social, se
han amoldado a los avatares de la renuncia positivista por evitar
el diálogo interdisciplinario, con las consecuentes distorsiones en
la utilización de estas nociones y, finaliza con una reflexión
puntual acerca de la manera como la modernidad en su desarrollo,
fue configurando lo que hoy conocemos como cultura organizacional.
Las principales conclusiones de este trabajo tienen que ver con el
uso indiscriminado y empobrecedor de nociones que han hecho parte
de la reflexión en las ciencias sociales, que por su parte han
tendido a mantenerse al margen de la preocupación por las
organizaciones contemporáneas. A ese respecto los autores sugieren
relocalizar las organizaciones en la antropología, habida cuenta la
actual dinámica de fragmentación del discurso y diversificación del
objeto. Esta perspectiva requeriría 1) entender la empresa tanto
como referente para la acción como singularidad cultural 2)
acercamiento entre el espacio antropológico y el tiempo histórico
3) trasponer en el discurso administrativo sus propuestas
conceptuales y metodológicas inhibidoras de los aportes de la
antropología 4) replantear el uso de la categoría cultura en la
administración y 5) urgir el diálogo necesario entre administración
y antropología.
En la ponencia sobre «conflictos laborales y cultura en
organizaciones globalizándose» José Ernesto Ramírez (AFETT-Bogotá)
destacó la utilidad de la metodología etnográfica para interpretar
los significados que dan los diversos actores de la organización a
los actuales procesos de transición, obligados en el marco de las
estrategias de competitividad e inserción en la globalización. Las
lecciones y modelos surgidos de la comparación con las «empresas
globalizadas» sugieren la necesidad de priorizar compromisos
básicos de integración de los procesos ambientales en los procesos
comerciales, y de incrementar la innovación mediante el
potenciamiento creativo de todos sus miembros. Efectuando una
revisión documental a los conceptos de cultura y clima
organizacional, la ponencia retorna la distinción en la génesis,
orientación y perspectivas de investigación. Una de las principales
conclusiones apunta a relativizar el alcance y capacidad
explicativa de las corrientes propuestas de tipo psicométrico y/o
de estandarización, que se halló como tendencias usuales de estudio
y gestión de la «cultura organizacional» en las empresas
analizadas. En su lugar se insiste en la necesidad de reforzar las
bases metodológicas cualitativas, particularmente fructíferas con
la observación de los niveles simbólico y psicosocial de la
empresa, para orientar los cambios necesarios en las relaciones
laborales y la reestructuración productiva. De un examen no
superficial de las estructuras simbólicas y sociopsicológicas de
una muestra de empresas líderes en Colombia, se proponen algunos
interrogantes sobre las inconsistencias entre los enunciados de
competitividad y las prácticas laborales corrientes. En efecto,
estas reflejan la contradicción entre el mercado y sus intensiones
homogeneizantes y la subjetividad como espacio para la creatividad
y la individualidad. Los conflictos culturales mas notorios están
asociados con: i) el impacto de la trasculturalización empresarial,
ii) el paso de prácticas que generaban identidad como algo que
sucedía espontáneamente a la generalización de prácticas de
construcción de identidades particulares como interiorización, iii)
las perspectivas y «visiones de la dirección» determinando los
estilos de liderazgo, iv) la tendencia al cambio en la concepción
del tiempo y v) la creciente informatización del control personal.
La definición que aparecería así mas apropiada a la práctica de
gestión de cultura organización sería aquella que propone
entenderla como «un conjunto de valores y presupuestos básicos,
expresados en elementos simbólicos, los cuales en su capacidad de
ordenar, atribuir significados y construir identidad organizacional
obran tanto como elementos de comunicación y consenso, como
ocultando e instrumentalizando las relaciones de dominación».
Dos ponencias exploraron las prácticas y creencias asociadas con
las relatividades regionales de mercados de trabajo. En la ponencia
sobre
|«Vendedores ambulantes en Popayán» Luz María Salazar
Cruz (Universidad del Cauca-Popayán) analizó la consolidación de
esta modalidad de trabajo por cuenta propia, y sus consecuencias
respecto la concentración urbana (44%), el empleo femenino, la
distribución de los ingresos, y las oportunidades económicas para
la población productiva en una capital departamental. La
investigación nuevamente permite apreciar la insuficiencia y
precariedad de las políticas de empleo en una ciudad intermedia con
tasas de desocupación estimadas en el 18% (1990) y participación
elevada (45%) de la informalidad en la estructura laboral. Algunos
hallazgos surgidos de la investigación efectuada posibilitan una
síntesis aproximativa a las características de este prototipo de
empleo por cuenta propia. 1) Los vendedores ambulantes tendrían
tres grandes modalidades: con puesto fijo, o una ubicación sobre la
calle donde la presencia cotidiana y la definición y defensa del
territorio juegan un papel muy importante en el establecimiento del
negocio, del trabajo y de la regularidad de los ingresos. Sin
puesto fijo o de aquellos itinerantes en la ciudad o en un sector
que andan distribuyendo generalmente bienes de consumo inmediato o
perecedero. También se incluyen aquellos que prestan servicios
personales como fotógrafos, trabajadores para quienes lo mas
importante es hacer clientela y mantener una oferta oportuna. Se
movilizan generalmente a pie «con el negocio al hombro» y su
agotadora jornada dura hasta cinco horas continuas. Las vendedoras
ambulantes a domicilio son aquellas que bajo la rúbrica de la
clientela abastecen a domicilio bienes y servicios. Juegan con la
demostración, la venta inmediata y el crédito. Sus jornadas de
trabajo van a depender del tiempo de antigüedad en el negocio, del
comportamiento de la demanda y de la intensidad del capital y de
los tiempos de circulación y restitución del mismo. 2) Dos terceras
partes de los vendedores ambulantes son migrantes, mostrando como
la expansión del comercio informal está impactada
significativamente por la dinámica migratoria. 3) Las mujeres
representan el 45 % de esta población lo cual refleja tanto la
existencia de estrategias de ajuste de los hogares para disminuir
las diferencias existentes entre el precio de la capacidad laboral
y los costos de su manutención, como la cotidiana extensión de la
jornada de trabajo para estas mujeres en la combinación
doméstico-extradoméstico. 4) Para las tres categorías las
remuneraciones mensuales promedio fluctúan entre menos de un s.m.m.
y un s.m.m. reflejando una subestimación del precio de la capacidad
laboral de las mujeres y de sus hogares. En otro de los hallazgos
se identificó la existencia de grupos familiares vinculados al
comercio informal de la ciudad y distribuidos por áreas,
posiblemente conformando redes de parentesco como canales de
inserción y relaciones solidarias estables como estrategias de
adaptación a la vida urbana. Si bien esta ponencia no profundiza en
la discusión de una propuesta de alternativas conceptuales a la
teoría dualista del empleo (formal-informal), ofrece elementos de
método y análisis de la realidad de precarización en los mercados
de trabajo de nuestras ciudades sometidas a procesos de
concentración urbana, desempleo y desplazamientos poblacionales
periféricos.
En la ponencia
|«se necesita externa.... no importa el
color» de Jeanny Posso (Instituto de Estudios del Pacífico -
Universidad del Valle - Cali ), se detalla de manera clara la
triple discriminación, étnica, económica y de género sufrida por
las empleadas del servicio doméstico en el área metropolitana de
ingresos medianos y altos de la ciudad de Cali. Este fenómeno se
inscribe en la tendencia al rezagamiento de las mujeres negras
dentro del mercado laboral en las sociedades multiétnicas, y a la
comprobación de una fuerte especialización del empleo femenino en
esta actividad (37% en las cinco principales ciudades). La
investigadora analizó las prácticas culturales que rodean esta
actividad. La vinculación a ella se extiende principalmente a
mujeres negras de la costa pacífica y del norte del Cauca. Llegan a
ella a través de un proceso gradual que arranca de emplearse en su
ciudad de origen, y luego es mediado por redes familiares entre
ciudades como Buenaventura y Tumaco hacia Cali. El proceso se apoya
también en una cadena de recomendaciones por amistades y en la
concentración de la oferta-demanda por medio de agencias ubicadas
en zonas estratégicas ( terminal terrestre, parque panamericana y
centro histórico ). El auge de las agencias se vivió a mediados de
la década explicable en el auge del narcotráfico, que también
«infló» esta actividad laboral. La discriminación se evidencia en
prejuicios acerca de la relación entre el color de piel y la
categoría del servicio buscado. En la investigación se reproducen
expresiones del imaginario negativo respecto estas mujeres: ...«
las niñeras nunca son negras...», «solo se contratan como
cocineras...», «preferiblemente blanca..» «se acepta negra...pero
limpia y recomendada...» siendo factores subjetivos diferenciados
según el estrato social de los empleadores. Entre los hallazgos a
través del método cualitativo-etnográfico utilizado están i) las
trabajadoras del servicio doméstico han retornado a él de la
máquila, ii) esta actividad no ha perdido importancia, iii) la
empleada doméstica se convierte en el colchón de la contradicción
de género existente en cada hogar, iv) mas que un mercado perfecto
se trata de un mercado prejuiciado, v) es notorio el
desconocimiento de las protecciones sociales (contratación,
prestaciones etc.) aún entre las agencias que cobran comisiones
variadas según las categorías de vinculación ( interna, externa por
días, externa a destajo etc.). La investigación propone entonces su
definición como un servicio personal subjetivamente evaluado por
tratarse de un producto no medible (en esencia es la venta de
tiempo) a través de una negociación personal. Las perspectivas del
ciclo de vida de las domésticas de raza negra apuntan al cambio de
ocupación en la segunda generación, revelando una ética de ascenso
social por la vía de la educación. Es así como hay una gran demanda
de educación en las comunidades negras en especial en Cali, o en
sus epicentros de origen como Tumaco.
En la ponencia sobre
|«La producción artes anal de los pueblos
Tawahka y Miskito de la Mosquitia de Honduras» presentada por
Agueda Gómez (Universidad de Antioquia) se destaca el impacto de la
tercerización de la producción de artesanías por parte de
comunidades tradicionales expuestas a la penetración de modas y
atractivos de consumo entre habitantes del país y del exterior.
Estas dos comunidades constituyen asentamientos originados en
pueblos precolombinos, que enfrentan problemas de comercialización
de las artesanías, productos que respondiendo a dinámicas
económicas diferentes han pasado de hacerse para el autoconsumo,
para insertarse en una relación asalariada. La ponencia presenta
una reseña histórica de la producción artes anal, destacando como
esta refleja básicamente el simbolismo, y recuperando y manteniendo
un importante contenido de historia oral. Esta producción incluye
cestería, fibras para hamacas y bolsas, papelería de diversos
árboles tradicionales, convertida en pergaminos coloreados con
collages, e instrumentos musicales autóctonos. La investigación
describe el impacto de un programa institucional del Estado
hondureño, dirigido a cualificar en nuevos diseños a los artesanos
miskitos-tawahacas, pero que también supone cambios en el contenido
de la tradición fabril y los saberes asociados a ella. A partir de
esta dinámica, las comunidades afrontan el sometimiento a una
comercialización que refleja el paso de valor de uso a valor de
cambio en los artículos que elaboran, y que los obliga a asumir una
forma organizativa hasta ahora inexistente. La investigación
destacó algunos de los rasgos adaptativos en la confrontación de la
producción tradicional: i) Los productos artes anales consiguen
replicar la búsqueda de autenticidad que aparece en el mercado, ii)
Se evidencian cambios en el tiempo de trabajo de los artesanos,
iii) Las mujeres de las comunidades acceden a un mayor
empoderamiento, pero también emergen formas de ucacicazgo
económico» por parte de las mujeres cualificadas iv) las imágenes
de identidad pierden todo su sentido tradicional e histórico y se
ven deformadas por el impacto de la capitalización. Esta
investigación constituye sin duda un ejemplo de temáticas novedosas
y necesarias en la agenda de los estudios del trabajo en nuestro
país. De singular importancia en el contexto de la urgente
discusión de los mecanismos de preservación de las formas de
producción y desarrollo armónico en los espacios vitales de las
comunidades indígenas de Colombia.
En la ponencia
|«Saber-hacer artesanal y alta tecnología: un
estudio de caso en la metalmecánica.» Carlos Alberto Mejía S.
(Universidad del Valle-Cali) demostró como la tecnología altera las
formas de producción artesanal dando lugar a culturas laborales
híbridas que combinan saber hacer tradicional y procesos
productivos sofisticados. La metalmecánica presenta oficios
artesanales articulados a tecnología microelectrónica, pues no
siempre ésta torna obsoletos oficios y destrezas. Con base en un
estudio de caso, se presentan formas de combinar saber-hacer
artesanal y alta tecnología. Estas tienen lugar en una fábrica
fundada en 1960 en Cali, con 80 operarios que merced el
entrenamiento llegaron a poseer una gran calificación específica en
el proceso productivo de matricería. Hacia 1975 se inició un
proceso de desmonte del trabajo artesanal de los matriceros,
intentando recoger sus habilidades en una tarjeta de programación y
multiplicar la velocidad de producción mediante dispositivos
microelectrónicos. El objetivo de la reconversión fue fragmentar y
«taylorizar» la labor artes anal y realizar las piezas en centros
de mecanizado. Sin embargo la investigación comprobó cómo, a pesar
de las innovaciones en la base técnica, el oficio artes anal no ha
sido eliminado y ha reaparecido ocupando a operarios encargados de
dar acabado a todas las piezas. El autor se apoya en la tesis de
Piore/Sabel sobre la posibilidad de que el artesano vuelva a cobrar
importancia en la especialización flexible, para confirmar la
existencia de procesos de hibridación en los cuales no solamente
convergen dos sistemas sociotécnicos, sino que se superponen
tecnologías diferenciadas por país de origen o por edad. Estos
procesos muy frecuentes en nuestra realidad no necesariamente
apuntan a la degradación del trabajo, sino que pueden conducir a
procesos de calificación particular. Otra conclusión plantea que se
estaría dando un proceso de elitización como aumento del estatus y
poder entre los operarios de esta tecnología, con la obtención de
espacios de autonomía en la disposición y desarrollo de las labores
realizadas, figura muy próxima a la de polivalencia. Finalmente se
demuestra la conformación de «grupos primarios» espontáneos,
generados a partir de factores como
edad-vecindario-recreación-procesos técnicos, con un prestigio y
poder en la empresa derivado del saber-hacer y que busca reflejarse
en mejores salarios. La discusión a partir de la ponencia penetra
en dos asuntos: cómo se puede aplicar el concepto de artesano a
quien trabaja en sectores de producción de nivel avanzado, teniendo
en cuenta el recorrido empírico del artesano, que difiere de la
combinación entre formación y experiencia en el operario
calificado. La segunda implicación es referida a la tendencia a
sustituir el empleo hereditario (característica de las ocupaciones
artesanales) por formas convencionales y rotativas que impedirían
la consolidación del saber hacer artesanal en sectores de
innovación tecnológica.
Finalmente Jesús Camacho (Universidad de Antioquia) presentó una
versión del estudio «Características antropométricas de la
población laboral colombiana» realizado para el Instituto de
Seguros Sociales, y orientado a discutir las implicaciones de los
cambios introducidos en las relaciones hombre-máquina-medio
ambiente, especialmente el paso de dispositivos de tipo análogo a
tipo digital como característica notable entre las innovaciones en
la base técnica de los sistemas de producción en el país. Entre los
fenómenos que motivaron la realización del estudio se halló el
incremento en la frecuencia de riesgos en salud, y las
consecuencias de los movimientos que hacen parte de la carga física
laboral en el organismo a largo plazo. Estos factores cobran
relevancia cuando paralelamente se evidencia en el levantamiento de
datos, la difusión no adaptativa de maquinaria con paneles y
controles diseñados para personas de promedio 1. 75 m en su
estatura. La población considerada se ubicó en 13 ciudades
agrupadas según un modelo triregional (norte-caribe, centro-oriente
y sur-occidente), laborando en 15 de los 45 sectores industriales
del país, y cuyas edades fluctúan entre los 20 y 59 años. Por ser
el eje conceptual del estudio la evaluación del riesgo profesional,
la información recogida cubrió 69 variables dentro de las cuales la
estatura era la mas relevante, reflejando la tendencia a la
disminución del esfuerzo físico paralela al aumento de la
exposición a los factores de riesgo, principalmente en el caso del
alistamiento. La investigación dio como resultados interesantes i)
la descripción de los cambios que se van dando destacando el hecho
que la productividad no mostró una relación directa con las
características antropométricas y morfológicas, ii) una forma de
evaluar mas ampliamente el acoplamiento hombre-máquina, lo cual
tiene un efecto en la práctica «taylorista» corriente, iii) la
viabilidad de ampliar la noción de ergonomía, y iv) la necesidad de
acometer acciones preventivas sistemáticas, que incluyan factores
como el vestuario que se utiliza por los operarios de maquinarias.
Finalmente se comprobó que Colombia es un país multiétnico, con una
gran dispersión que requeriría hacer una selección de personas mas
adecuada para la utilización de los equipos.