Ficha bibliográfica
Titulo:
Avances de investigación
Edición original: 2005-05-25
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-25
Creador: Ana María Falchetti




INDICE




Avances de investigación Tertulias sobre el mundo chibcha

ANA MARÍA FALCHETTI

Desde finales de 1997 se reúne mensualmente en Bogotá un grupo de estudio informal conformado con el fin de estimular y divulgar investigaciones interdisciplinarias en curso que tratan diversos temas relativos a grupos pertenecientes a la familia lingüística chibcha.

En Colombia existe en este momento un buen número de profesionales investigando estos temas desde la arqueología, la etnohistoria, la etnología, la lingüística, la etnozoología, etc. Muchos de estos trabajos se encuentran inéditos, de manera que el avance de la ciencia se ve con frecuencia retrasado por una mala comunicación. Creemos por ello que la conformación de este grupo de estudio donde el intercambio de información es inmediato y se generan estimulantes discusiones se constituirá además necesariamente en un canal para la divulgación más amplia de avances de investigación.

Desde el comienzo, enviaremos nuestros comunicados a colegas de otros países que investigan temas relacionados, con el fin de iniciar una aproximación que en el futuro podría redundar en un estimulante intercambio. Asimismo nos interesa recibir avances y artículos recientes.

  • En el curso de las reuniones se pretende cubrir los siguientes aspectos:

  • Exposición breve y discusión sobre investigaciones en curso de las personas integrantes del grupo.

  • Discusiones sobre trabajos enviados por otros investigadores para este fin.

  • Envío de los resúmenes de las reuniones a los participantes e interesados.

  • Publicación periódica de avances de investigación.

  • Integrantes actuales:

    Marianne Cardale de Schrimpff
    Arqueóloga. Investigadora independiente. Bogotá. «El arte textil entre muiscas, uwas y guanes».

    Clara Inés Casilimas
    Etnohistoriadora, lingüista. CCELA. Universidad de los Andes. Bogotá.

    François Correa
    Antropólogo. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia, Bogotá.
    «Fundamentos sociales entre los Muiscas»

    Ana María Falchetti
    Arqueóloga. Pensionada, Museo del Oro, Bogotá. Investigadora independiente.
    «El simbolismo del oro entre los Uwa y otros grupos de habla chibcha».

    Oscar Fonseca
    Arqueólogo. Departamento de Antropología. Universidad de Costa Rica. San José.

    María Stella González
    Lingüista. Instituto Caro y Cuervo. Bogotá.
    «La lengua como base para el estudio de múltiples aspectos culturales: el caso muisca».

    Ana María Groot
    Arqueóloga. Departamento de Antropología. Universidad Nacional de Colombia. Bogotá.
    «Los Pueblos de la Sal en la Sabana de Bogotá. 1537-1640».

    Leonor Herrera
    Investigadora independiente. Bogotá.
    «Arquitectura lítica en la Sierra Nevada de Santa Marta».

    Eugenia Ibarra
    Etnohistoriadora. CIHAC. Universidad de Costa Rica. San José. «El intercambio indígena en el sur de América Central. Siglo XVI».

    Anne Legast
    Arqueozoóloga. Investigadora independiente. Bogotá. «La fauna en el material arqueológico muisca».

    Eduardo Londoño
    Etnohistoriador. Museo del Oro. Bogotá. «Organización social de los muiscas».

    Roberto Lleras
    Arqueólogo. Museo del Oro. Bogotá.
    «Metalurgia prehispánica y ofrendas va ti vas en la Cordillera Oriental colombiana».

    Helena Pradilla
    Antropóloga. Universidad Pedágogica y Tecnólogica de Colombia. Tunja, Boyacá.
    «Prácticas funerarias en el Cercado Grande de los Santuarios, Tunja, Boyacá: estructura social muisca».

    Margarita Silva
    Arqueóloga. Museo Arqueológico. Sogamoso, Boyacá.

    Monika Therrien
    Arqueóloga. Departamento de Antropología. Universidad de los Andes. Bogotá.

    Germán Villate
    Historiador. Universidad Pedagógica y Tecnológica de Colombia. Tunja, Boyacá.
    «La agricultura muisca vista desde Tunja».

    La lista de integrantes del grupo será ampliada a medida que otros investigadores expresen su interés por participar.

    Informes y correspondencia:

    A.M. Falchetti
    e-mail: c-saenz@uniandes.edu.co
    Tel/fax: 6144319
    Dirección: Calle 131A No. 13-80 (503-1). Bogotá.

    M. Cardale de Schrimpff
    e-mail: rschrimp@impsat.net.co
    Fax: 2185876
    Dirección: Cra. 15 No. 101-20. Bogotá.

     

    Los jutes, una forma de conservación de alimentos que puede ser precolombina

    GERMÁN VILLATE SANTANDER

    PROFESOR DE LA FACULTAD DE ECONOMÍA

    UNIVERSIDAD PEDAGÓGICA Y TECNOLÓGICA DE COLOMBIA

    En la literatura de difusión y en los textos escolares es ya un lugar común hablar de los muisca como un pueblo agricultor, y más de un especialista considera el agro como base de la economía de esa cultura. No obstante, las limitaciones climáticas del altiplano y el desarrollo de otras ramas de la producción, han invitado a serios estudiosos (Reichel Dolmatoff, Camilo Domínguez, entre otros) a replantear tal idea y hoyes punto de discusión la importancia del agro como rama de la producción entre los muisca. De ahí que el Museo Arqueológico de Tunja haya considerado el tema como punto de investigación.

    El trabajo se ha abordado no solamente a través de la información arqueológica y documental, sino que se ha procurado complementarla mediante el aprovechamiento de los estudios sobre lingüística chibcha y buscando una aproximación a la etnografía y a las costumbres vivas de los campesinos del altiplano, con el ánimo de reconocer posibles permanencias.

    El breve artículo que ahora se presenta sobre una técnica de conservación de alimentos es parte de la investigación general sobre el agro y apunta hacia plantear la posibilidad de hallar en ella una costumbre precolombina que aún permanece.

    No es mucho lo que se ha escrito sobre la conservación de alimentos por parte de los muisca. Conocemos acerca de los depósitos de alimentos reseñados por los cronistas, pero no contamos con descripciones amplias que enriquezcan el estudio. Sobre el maíz sabemos que se conservaba mejor en los climas fríos que en los climas templados donde fácilmente era objeto de plagas como el gorgojo, más abundante en esos climas que en los fríos y que fue mencionado incluso por cronistas tardíos como Basilio Vicente de Oviedo (1930: 49). Respecto a la agricultura de tubérculos es poco lo que conocemos. Más de un estudioso hace referencia a la ausencia de sistemas de conservación como el «chunllo» de los peruanos; sin embargo, merece reseñarse una costumbre de conservación aún viva reconocida como |jute, |hute o |fute, según la región, y que tradicionalmente se ha entendido como una costumbre precolombina. Sobre ella conocemos, entre otras, la referencia hecha por el doctor Manuel Mesa Bernal en 1952 (Mesa Bernal, 1990: 91 y siguientes) quien encuentra los «jutes» en Pueblo Viejo, actual municipio de Aquitania, en el departamento de Boyacá. Dice el autor que las voces «jute» y «fute» sirven en los departamentos de Cundinamarca y Boyacá para indicar algún cuerpo en vía o en estado de descomposición, y considera la palabra como originada en una voz indígena chibcha: Afutynsuca, que significa podrirse las papas. Basa su aserto en la autoridad de don Rufino de J. Cuervo, y en la obra sobre colombianismos del padre Julio Tobón Betancourt, quien dice que el vocablo «fute» significa papa podrida o dañada por el agua (Mesa Bernal, 1990: 91). Por nuestra parte hemos consultado el trabajo de María Stella González y encontramos que se le concede el mismo significado: «podrirse las Turmas» ( |Afutinsuca en González de Pérez, 1987: 299).

    Subraya el autor que la preparación del «jute» aparentemente no era muy frecuente en la época de la investigación (1952) y la reduce al municipio de Aquitania. A partir de la información del Dr. Mesa Bernal se re investigó el lugar con el propósito de establecer si la costumbre perduraba actualmente (1991-1997) y pudo comprobarse que aún perdura, no solamente en la vereda reseñada en 1952 sino que es corriente en varias veredas de diferentes climas.

    El trabajo de campo pudo confirmar que, además de la vereda de «El Medio de Guasca» señalada por Mesa Bernal, en las de Hato Viejo, Cuarto Medio Uribes, Mombita, Maravilla y Sisvaca y aún en el Centro son más o menos conocidos los «jutes», con ligeras variaciones. Pero no solamente son conocidos y utilizados en el municipio de Aquitania, sino que pueden encontrarse en otros municipios como Duitama, Ciénega, San Eduardo, Mongua, Tasco, Chivatá, Siachoque, Oicatá, Motavita, Sora, etc., y aún es posible mandados preparar en la vereda tunjana de Runta, famosa por su culinaria.

    Debemos aclarar que la investigación aún continúa y que la lista de municipios que se aporta dista mucho de ser exhaustiva, de manera que es posible pensar que la costumbre es más conocida o más generalizada de lo que pudiera pensarse, aun cuando en todos los lugares investigados se considera como una costumbre antigua que va cayendo en desuso.

    El autor que venimos siguiendo estimaba la preparación de los «jutes» como solución a dos problemas fundamentales, a saber: de una parte el de la conservación de alimentos por largo tiempo, supuesto que su preparación requería un proceso cuya duración oscilaba entre los dos y los cuatro meses al cabo de los cuales podían ser consumidos; y de otra liberar a los alimentos de cierto sabor amargo y de algunos elementos tóxicos, pues según los testimonios que había recogido de sus entrevistados |«las papas en la preparación del «jute» son las llamadas bravas, amargas, o antiguas, que en la región del medio de Guascas denominan chavas, y en otros sitios las designan con los nombres de quire, isabela, contenta, paduana, etc. Son variedades semicultivadas, pero algunos campesinos han informado que se encuentran silvestres» (Mesa Bernal: 93).

    Desde entonces, seguramente la difusión y la homogenización de las semillas han hecho que la técnica se desplace también a las variedades que actualmente se cultivan en el departamento y hoy no se señala ninguna en especial para la preparación de los «jutes». Solamente se observa una cierta preferencia por las papas pequeñas que los entrevistados no minan aún en lengua chibcha como «riche» ( |riche: papas más pequeñas de la cosecha. Acosta Ortegón, 1937 ). Al indagar por las variedades antiguas presentadas por Mesa Bernal, nos hemos encontrado con que aún se conocen dos especies semicultivadas, que reciben los nombres de Raizuda Blanca y Raizuda Negra, sobre las cuales solamente se anota que tienen un gusto diferente a las variedades corrientes. Tales especies habitualmente se consumen con la misma preparación que cualquier otra variedad y solamente ocasionalmente se hace «jute» de ellas, de manera que no habría motivos para pensar que el proceso de la preparación de «jutes» tienda a mejorar el sabor o a eliminar elementos tóxicos, aunque desde luego cabe la posibilidad de que las especies reseñadas en este trabajo no correspondan a las que conociera el Dr. Mesa Bernl!

    Pero habría un argumento más: los «jutes» no solamente se preparan de papa sino que también se hacen de maíz, en cuyo caso no habría que pensar en la necesidad de eliminar presumibles elementos tóxicos, de manera que es posible inclinarse por la idea de que su fin es únicamente la conservación de los alimentos.

    Pero ya va siendo hora de que tratemos de saber en qué consiste la técnica de conservación. Para aproximarnos a ella transcribiremos a continuación la descripción del proceso que recogió Meza Bernal en 1952 y la recogida por nosotros 40 años después, lo cual nos permitirá apreciar las variaciones del proceso.

    Descripción recogida por Meza Bemol en 1952

    «Para preparar el «jute», los campesinos hacen en el suelo hoyos de formas diversas; se pudieron apreciar rectangulares, casi cuadrados, redondeados etc. Generalmente eran muy grandes. Los de forma rectangular tenian 70 cm de largo por 35 de ancho y 40 de profundidad; estas dimensiones son muy aproximadas pues varian notoriamente de forma y tamaño. Por lo regular una pequeña acequia conduce el agua que llena el hoyo, la cual se continúa por el lado opuesto, de modo que el agua está renovándose constantemente. Por dicha razón prefieren que la acequia pase por el centro del hoyo o que uno de sus lados quede sobre ella.

    «Tan pronto se han hecho los huecos, depositan la cantidad de papas necesarias para llenarlos y los cubren con un tejido de paja, junco o helecho; colocan algunas piedras sobre el tamo, para impedir que los tubérculos floten.

    «Una vez que están en estas condiciones quedan listas para «jutiarse». Según información de algunos entrevistados, deben permanecer así por espacio de dos o tres meses; otros comunicaron que durante unos cuatro meses».

    Descripción recogida para este trabajo

    Para la elaboración de los «jutes» se deben seguir los siguientes pasos:

    1. Selección de papa chiquita llamada «riche», que esté sana.

    2. Se abre un hueco de aproximadamente 1 metro o más según la cantidad que se vaya a depositar.

    3. En el fondo y alrededor del hueco se echa paja o junco y enseguida la papa que hemos seleccionado, luego se llena de agua teniendo en cuenta que cubra la papa. Por último se cubre con más junco o paja y se prensa el conjunto con piedras encima para que las papas queden mejor «jutiadas».

    4. Esta papa dura es depositada en el hueco de 2 a 4 meses o más, teniendo en cuenta que no les falte el agua para que queden de mejor sabor.

    5. Por último se quita una piedra para sacar la muestra, si está blandita es seña de que ya están para el aperitivo.

    6. Para consumir los hutes se los prepara cocinados, fritos o en sopa o con leche o queso.

    7. Principalmente son buenos para el hambre, o para cuando un niño o un adulto tiene diarrea o frío de estómago.

    Observamos que básicamente el procedimiento continúa siendo idéntico: se trata de una forma de descomposición controlada a través de agua fría que se renueva. La mayoría de los entrevistados consideró importante la utilización de agua corriente, pero una buena parte de ellos no lo consideró esencial, limitándose a decir «que no les falte», «que siempre estén cubiertas las papas» e incluso un testimonio recomienda hacer el hueco en un sitio pantanoso, renovando el agua.

    El recubrimiento del pozo con material vegetal se consideró indispensable: más de un testimonio declara que si las papas tocan la tierra corren el riesgo de «macollar», esto es, de echar raíces; otros testimonios se limitan a considerar que se «entierran» y toman mal sabor. El material vegetal de vestir el pozo es variable, se utiliza indistintamente paja, junco o helecho de envolver carne, prefiriéndose este último pues se entiende que les mejora el gusto.

    Aun cuando se da un tiempo de duración del proceso se le considera aproximado y se atiende a otras señales como la aparición de una nata sobre el agua; en algunos casos se insistió en la necesidad de hacer la prueba. Quizá, alrededor de los «jutes» de papa, la única variación importante que hallamos con relación al estudio de 1952 es que actualmente se aplica a cualquier especie de papa y que se prefieren las «riche» de cualquier variedad.

    Pero nos encontramos además con que el procedimiento no solamente se aplica a la papa, sino que también al maíz, caso en el cual reciben el nombre de «jutes de maíz» o el alternativo de «mazorcas de agua» (pero aún en este caso, para referirse al procedimiento se dice «jutiar mazorcas»). La manera de preparación es análoga, con variación en el tiempo que se considera debe ser de unos dos meses para los climas fríos y un poco menor para los climas templados.

    La mayoría de los testimonios sobre «jutes de maíz» provienen de climas templados: veredas de Mombita, Maravilla y Sisvaca en el municipio de Aquitania, y municipios de Ciénega, Boyacá, Pachavita, San Eduardo, etc. Sin embargo, en Siachoque, un municipio de tierra fría a 2.900 m.s.n.m., cuyo principal producto agrícola es precisamente la papa, encontramos como más corrientes los «jutes» de maíz.

    Un buen ejemplo de preparación de «jutes de maíz» es este testimonio de Rosa María Torres de Bohórquez, recogido en la vereda Centro del municipio de San Eduardo:


    |«Se hace un hueco de unos 50 cm de hondo y de grande como la cantidad de maíz que se vaya a «jutiar», ojalá en un sitio bajo y si hay agua corriente mejor.

    «Se escoge maíz bien seco, que ojalá sea de harina y no de pollos. Se recubre el hueco con helecho de monte, del de envolver carne, y se depositan las mazorcas enteras de maíz duro, que esté sanito; se le pone agua que lo cubra todo y se tapa con helecho. Cuando se va a «jutiar» bastante se separa por capas: capa de maíz, capa de helechos, y por último se le ponen lajas encima para que le pesen y 10 mantengan «resumido», y se dejan ahí por 60 días más o menos, cuidando que no les falte el agua porque se dañan. Cuando le salga la «nata», una como natica blanca, como espesita, debe ser que ya están. Entonces se empieza a probar: se toca una mazorca, sin sacarla del agua porque se pasma, y si los granos están blanditos como de mazorca tierna es que ya sirven para el asado. Entonces se sacan y se lavan divinamente. Después se pueden preparar asados, cocinados, en piquete o desgranado frito. Cuando se pasan de punto sólo sirven para masa y para hacer sopa. Ellos cuando ya están y cuando se lavan y cuando se preparan tienen un olor fuerte, por eso el que no los sabe comer no los come, pero saben muy bien y son mucho alimento.

    «Siempre se preparan para el tiempo fria y suplen mucho el trabajo de alimentar, pero también a veces se preparan por gusto».

    Sobre la época de preparación los testimonios son unánimes: no es un plato ligado a celebraciones especiales o a un calendario de fiestas. Se hacen por necesidad en el tiempo «frío», cuando no hay cosechas. Escuchamos el testimonio de jóvenes en Siachoque que declaran que los han comido y que los comen, pero que no es un plato bueno sino para cuando no hay más. En al algunos lugares vimos colocar sobre los «jutes» ramas de espino para que los animales y los ladrones no los escarben.

    Entre los indígenas u'wa de la Sierra Nevada del Cocuy son corrientes los «jutes» y existe de ellos una mayor variedad: se preparan de papa y de maíz en la parte alta, en las comunidades de Bókota y Bachira; y de plátano, de yuca y de maíz en Cobaría, Tegría y las demás comunidades de clima templado. Se conocen con el nombre de «rora» y su tiempo de preparación puede llegar a ser más largo, en general entre los dos y los seis meses. No están ligados a la ritualidad, aun cuando, como todos los alimentos, deben ser rezados. Se preparan precisamente para la época en que no hay cosechas y se consideran simplemente como un alimento sustituto¡ es común la expresión «Ror Kuna «wiwa», «Coma Rora» para referirse a la escasez (informaciones de Berito Cobaría y de Siracubo Tegría).

    Nuestra observación general es que esta costumbre de preparar alimentos aún está viva en Boyacá, pero hay por parte de los mayores un más alto aprecio hacia ellos que por parte de los jóvenes, especialmente los de los centros urbanos, en donde en tiempos en que no hay cosechas se dan otras alternativas de alimento que de alguna manera significan holgura económica. En líneas generales hoy son más corrientes los «jutes» de maíz que los de papa, y la técnica como tal aplicada a cualquiera de los dos vegetales es más usual en el centro y en la vertiente oriental de la cordillera. Podríamos pensar que el futuro de los «jutes» es incierto en la medida en que las comunidades campesinas se integren más a la economía de mercado, caso en el cual solamente podrían conservarse como especialidad culinaria.

    Al indagar sobre el origen de la costumbre, todos los testimonios de todos los lugares investigados coinciden en considerada propia de la región y muy antigua. «Han existido desde siempre» y «los de antes eran mejores que ahora» son expresiones constantes. No conocemos ningún antecedente español de esta técnica de conservación aplicado a vegetales, como sí podríamos pensar de los «taques» que son otra forma existente en la región de conservación de alimentos vegetales en vinagre, fruto de su propia fermentación, y más usuales en la vertiente occidental de la cordillera. Por último, su uso más difundido entre los únicos indígenas del departamento, los u'wa de la Sierra Nevada del Cocuy, sugiere que es posible que se trate de una permanencia cultural precolombina que se ha mantenido en la medida en que aún constituye una solución eficiente a un problema presente de conservación de alimentos.

    Bibliografía

    Acosta Ortegón Joaquín. 1937. |Diccionario Cundinamarqués - Español. Bogotá.

    González de Pérez, María Stella. 1987. |Diccionario y gramática Chibcha. Manuscrito anónimo de la Biblioteca Nacional de Colombia. Bogotá.

    Mesa Bernal, Daniel. El jute, una extraña manera de preparar la papa. En: Nueva Revista Colombiana de Folclor. Patronato Colombiano de Ciencias Artes y Letras. Bogotá.

    Oviedo, Basilio Vicente de. 1930. |Cualidades y riquezas del Nuevo Reino de Granada. Bogotá.

    Simposio sobre «culturas laborales»

    JOSÉ ERNESTO RAMÍREZ

    Las teorías y métodos de la antropología alimentaron una reflexión sobre culturas laborales en el simposio del mismo título del VIII Congreso de Antropología en Colombia (Universidad Nacional Diciembre 5-8 de 1997). Se presentaron 7 ponencias, escritas por investigadores con formación de antropólogos o complementados por esta disciplina -desde la sociología, la administración, o la economía. La multiculturalidad específica a la organización productiva; los diversos significados de identidad, cambio, pertenencia y competitividad; el diálogo entre el progreso tecnológico y los valores y creencias tradicionales, sobresalen entre los temas cubiertos por el concepto de «culturas laborales». Aparte de su pertinencia, constituyen un filón de trabajo aprovechado muy escasamente, y en el cual se pueden hacer valiosos aportes desde nuestra disciplina.

    Las ponencias al Simposio estuvieron agrupadas en tres grandes temáticas: las organizaciones, los sujetos laborales en actividades económicas informales y la relación entre tradición artesanal y modernización.

    En la temática sobre organizaciones se presentaron dos ponencias. En la primera, |«Las organizaciones, puntualizaciones desde la perspectiva antropológica», los autores (Colectivo APIS-Medellín) revisaron la conceptualización corriente sobre la organización, destacando el aporte de autores que en diversas teorías de la administración y las ciencias sociales han estudiado y propuesto elementos para analizar el mundo organizacional (Legoff, Nonaka, Pheysey, Schein etc.). Se abordó la relación entre el discurso administrativo actual, fuertemente influenciado por la visión del «primer mundo», y la «razón de empresa» como una realidad principalmente urbana y plural, que actúa como matriz de encuentro y des encuentro de una diversidad de discursos, imaginarios e identidades. En tanto fenómenos complejos, son susceptibles de ser miradas como entidades societarias o «culturas organizacionales», presentes en el análisis antropológico actual. Las organizaciones contemporáneas enfrentan dos problemas simultáneos, que están marcando el rumbo hacia el nuevo milenio: la mundialización de la economía (o más concretamente la globalización) y la necesidad de adoptar una posición frente a los procesos empresariales, que vincule más estrechamente al ser humano con sus posibilidades de crecimiento y de calidad. A este respecto la Antropología ha comenzado a hacer sus aportes, contribuyendo en la redefinición de «lo humano» dentro del discurso empresarial, donde el pragmatismo y la tecnificación de los procesos ha creado (muchas veces a su pesar) una imagen instrumental y distante del ser humano que, paradójicamente, nunca ha dejado de ser el centro de todo proceso organizacional. La ponencia presenta inicialmente algunas consideraciones acerca de la manera como en la Antropología ha sido posible y válido, incluir a las organizaciones dentro de su objeto de estudio, para continuar con un acercamiento a la manera como las categorías básicas del análisis antropológico y social, se han amoldado a los avatares de la renuncia positivista por evitar el diálogo interdisciplinario, con las consecuentes distorsiones en la utilización de estas nociones y, finaliza con una reflexión puntual acerca de la manera como la modernidad en su desarrollo, fue configurando lo que hoy conocemos como cultura organizacional. Las principales conclusiones de este trabajo tienen que ver con el uso indiscriminado y empobrecedor de nociones que han hecho parte de la reflexión en las ciencias sociales, que por su parte han tendido a mantenerse al margen de la preocupación por las organizaciones contemporáneas. A ese respecto los autores sugieren relocalizar las organizaciones en la antropología, habida cuenta la actual dinámica de fragmentación del discurso y diversificación del objeto. Esta perspectiva requeriría 1) entender la empresa tanto como referente para la acción como singularidad cultural 2) acercamiento entre el espacio antropológico y el tiempo histórico 3) trasponer en el discurso administrativo sus propuestas conceptuales y metodológicas inhibidoras de los aportes de la antropología 4) replantear el uso de la categoría cultura en la administración y 5) urgir el diálogo necesario entre administración y antropología.

    En la ponencia sobre «conflictos laborales y cultura en organizaciones globalizándose» José Ernesto Ramírez (AFETT-Bogotá) destacó la utilidad de la metodología etnográfica para interpretar los significados que dan los diversos actores de la organización a los actuales procesos de transición, obligados en el marco de las estrategias de competitividad e inserción en la globalización. Las lecciones y modelos surgidos de la comparación con las «empresas globalizadas» sugieren la necesidad de priorizar compromisos básicos de integración de los procesos ambientales en los procesos comerciales, y de incrementar la innovación mediante el potenciamiento creativo de todos sus miembros. Efectuando una revisión documental a los conceptos de cultura y clima organizacional, la ponencia retorna la distinción en la génesis, orientación y perspectivas de investigación. Una de las principales conclusiones apunta a relativizar el alcance y capacidad explicativa de las corrientes propuestas de tipo psicométrico y/o de estandarización, que se halló como tendencias usuales de estudio y gestión de la «cultura organizacional» en las empresas analizadas. En su lugar se insiste en la necesidad de reforzar las bases metodológicas cualitativas, particularmente fructíferas con la observación de los niveles simbólico y psicosocial de la empresa, para orientar los cambios necesarios en las relaciones laborales y la reestructuración productiva. De un examen no superficial de las estructuras simbólicas y sociopsicológicas de una muestra de empresas líderes en Colombia, se proponen algunos interrogantes sobre las inconsistencias entre los enunciados de competitividad y las prácticas laborales corrientes. En efecto, estas reflejan la contradicción entre el mercado y sus intensiones homogeneizantes y la subjetividad como espacio para la creatividad y la individualidad. Los conflictos culturales mas notorios están asociados con: i) el impacto de la trasculturalización empresarial, ii) el paso de prácticas que generaban identidad como algo que sucedía espontáneamente a la generalización de prácticas de construcción de identidades particulares como interiorización, iii) las perspectivas y «visiones de la dirección» determinando los estilos de liderazgo, iv) la tendencia al cambio en la concepción del tiempo y v) la creciente informatización del control personal. La definición que aparecería así mas apropiada a la práctica de gestión de cultura organización sería aquella que propone entenderla como «un conjunto de valores y presupuestos básicos, expresados en elementos simbólicos, los cuales en su capacidad de ordenar, atribuir significados y construir identidad organizacional obran tanto como elementos de comunicación y consenso, como ocultando e instrumentalizando las relaciones de dominación».

    Dos ponencias exploraron las prácticas y creencias asociadas con las relatividades regionales de mercados de trabajo. En la ponencia sobre |«Vendedores ambulantes en Popayán» Luz María Salazar Cruz (Universidad del Cauca-Popayán) analizó la consolidación de esta modalidad de trabajo por cuenta propia, y sus consecuencias respecto la concentración urbana (44%), el empleo femenino, la distribución de los ingresos, y las oportunidades económicas para la población productiva en una capital departamental. La investigación nuevamente permite apreciar la insuficiencia y precariedad de las políticas de empleo en una ciudad intermedia con tasas de desocupación estimadas en el 18% (1990) y participación elevada (45%) de la informalidad en la estructura laboral. Algunos hallazgos surgidos de la investigación efectuada posibilitan una síntesis aproximativa a las características de este prototipo de empleo por cuenta propia. 1) Los vendedores ambulantes tendrían tres grandes modalidades: con puesto fijo, o una ubicación sobre la calle donde la presencia cotidiana y la definición y defensa del territorio juegan un papel muy importante en el establecimiento del negocio, del trabajo y de la regularidad de los ingresos. Sin puesto fijo o de aquellos itinerantes en la ciudad o en un sector que andan distribuyendo generalmente bienes de consumo inmediato o perecedero. También se incluyen aquellos que prestan servicios personales como fotógrafos, trabajadores para quienes lo mas importante es hacer clientela y mantener una oferta oportuna. Se movilizan generalmente a pie «con el negocio al hombro» y su agotadora jornada dura hasta cinco horas continuas. Las vendedoras ambulantes a domicilio son aquellas que bajo la rúbrica de la clientela abastecen a domicilio bienes y servicios. Juegan con la demostración, la venta inmediata y el crédito. Sus jornadas de trabajo van a depender del tiempo de antigüedad en el negocio, del comportamiento de la demanda y de la intensidad del capital y de los tiempos de circulación y restitución del mismo. 2) Dos terceras partes de los vendedores ambulantes son migrantes, mostrando como la expansión del comercio informal está impactada significativamente por la dinámica migratoria. 3) Las mujeres representan el 45 % de esta población lo cual refleja tanto la existencia de estrategias de ajuste de los hogares para disminuir las diferencias existentes entre el precio de la capacidad laboral y los costos de su manutención, como la cotidiana extensión de la jornada de trabajo para estas mujeres en la combinación doméstico-extradoméstico. 4) Para las tres categorías las remuneraciones mensuales promedio fluctúan entre menos de un s.m.m. y un s.m.m. reflejando una subestimación del precio de la capacidad laboral de las mujeres y de sus hogares. En otro de los hallazgos se identificó la existencia de grupos familiares vinculados al comercio informal de la ciudad y distribuidos por áreas, posiblemente conformando redes de parentesco como canales de inserción y relaciones solidarias estables como estrategias de adaptación a la vida urbana. Si bien esta ponencia no profundiza en la discusión de una propuesta de alternativas conceptuales a la teoría dualista del empleo (formal-informal), ofrece elementos de método y análisis de la realidad de precarización en los mercados de trabajo de nuestras ciudades sometidas a procesos de concentración urbana, desempleo y desplazamientos poblacionales periféricos.

    En la ponencia |«se necesita externa.... no importa el color» de Jeanny Posso (Instituto de Estudios del Pacífico - Universidad del Valle - Cali ), se detalla de manera clara la triple discriminación, étnica, económica y de género sufrida por las empleadas del servicio doméstico en el área metropolitana de ingresos medianos y altos de la ciudad de Cali. Este fenómeno se inscribe en la tendencia al rezagamiento de las mujeres negras dentro del mercado laboral en las sociedades multiétnicas, y a la comprobación de una fuerte especialización del empleo femenino en esta actividad (37% en las cinco principales ciudades). La investigadora analizó las prácticas culturales que rodean esta actividad. La vinculación a ella se extiende principalmente a mujeres negras de la costa pacífica y del norte del Cauca. Llegan a ella a través de un proceso gradual que arranca de emplearse en su ciudad de origen, y luego es mediado por redes familiares entre ciudades como Buenaventura y Tumaco hacia Cali. El proceso se apoya también en una cadena de recomendaciones por amistades y en la concentración de la oferta-demanda por medio de agencias ubicadas en zonas estratégicas ( terminal terrestre, parque panamericana y centro histórico ). El auge de las agencias se vivió a mediados de la década explicable en el auge del narcotráfico, que también «infló» esta actividad laboral. La discriminación se evidencia en prejuicios acerca de la relación entre el color de piel y la categoría del servicio buscado. En la investigación se reproducen expresiones del imaginario negativo respecto estas mujeres: ...« las niñeras nunca son negras...», «solo se contratan como cocineras...», «preferiblemente blanca..» «se acepta negra...pero limpia y recomendada...» siendo factores subjetivos diferenciados según el estrato social de los empleadores. Entre los hallazgos a través del método cualitativo-etnográfico utilizado están i) las trabajadoras del servicio doméstico han retornado a él de la máquila, ii) esta actividad no ha perdido importancia, iii) la empleada doméstica se convierte en el colchón de la contradicción de género existente en cada hogar, iv) mas que un mercado perfecto se trata de un mercado prejuiciado, v) es notorio el desconocimiento de las protecciones sociales (contratación, prestaciones etc.) aún entre las agencias que cobran comisiones variadas según las categorías de vinculación ( interna, externa por días, externa a destajo etc.). La investigación propone entonces su definición como un servicio personal subjetivamente evaluado por tratarse de un producto no medible (en esencia es la venta de tiempo) a través de una negociación personal. Las perspectivas del ciclo de vida de las domésticas de raza negra apuntan al cambio de ocupación en la segunda generación, revelando una ética de ascenso social por la vía de la educación. Es así como hay una gran demanda de educación en las comunidades negras en especial en Cali, o en sus epicentros de origen como Tumaco.

    En la ponencia sobre |«La producción artes anal de los pueblos Tawahka y Miskito de la Mosquitia de Honduras» presentada por Agueda Gómez (Universidad de Antioquia) se destaca el impacto de la tercerización de la producción de artesanías por parte de comunidades tradicionales expuestas a la penetración de modas y atractivos de consumo entre habitantes del país y del exterior. Estas dos comunidades constituyen asentamientos originados en pueblos precolombinos, que enfrentan problemas de comercialización de las artesanías, productos que respondiendo a dinámicas económicas diferentes han pasado de hacerse para el autoconsumo, para insertarse en una relación asalariada. La ponencia presenta una reseña histórica de la producción artes anal, destacando como esta refleja básicamente el simbolismo, y recuperando y manteniendo un importante contenido de historia oral. Esta producción incluye cestería, fibras para hamacas y bolsas, papelería de diversos árboles tradicionales, convertida en pergaminos coloreados con collages, e instrumentos musicales autóctonos. La investigación describe el impacto de un programa institucional del Estado hondureño, dirigido a cualificar en nuevos diseños a los artesanos miskitos-tawahacas, pero que también supone cambios en el contenido de la tradición fabril y los saberes asociados a ella. A partir de esta dinámica, las comunidades afrontan el sometimiento a una comercialización que refleja el paso de valor de uso a valor de cambio en los artículos que elaboran, y que los obliga a asumir una forma organizativa hasta ahora inexistente. La investigación destacó algunos de los rasgos adaptativos en la confrontación de la producción tradicional: i) Los productos artes anales consiguen replicar la búsqueda de autenticidad que aparece en el mercado, ii) Se evidencian cambios en el tiempo de trabajo de los artesanos, iii) Las mujeres de las comunidades acceden a un mayor empoderamiento, pero también emergen formas de ucacicazgo económico» por parte de las mujeres cualificadas iv) las imágenes de identidad pierden todo su sentido tradicional e histórico y se ven deformadas por el impacto de la capitalización. Esta investigación constituye sin duda un ejemplo de temáticas novedosas y necesarias en la agenda de los estudios del trabajo en nuestro país. De singular importancia en el contexto de la urgente discusión de los mecanismos de preservación de las formas de producción y desarrollo armónico en los espacios vitales de las comunidades indígenas de Colombia.

    En la ponencia |«Saber-hacer artesanal y alta tecnología: un estudio de caso en la metalmecánica.» Carlos Alberto Mejía S. (Universidad del Valle-Cali) demostró como la tecnología altera las formas de producción artesanal dando lugar a culturas laborales híbridas que combinan saber hacer tradicional y procesos productivos sofisticados. La metalmecánica presenta oficios artesanales articulados a tecnología microelectrónica, pues no siempre ésta torna obsoletos oficios y destrezas. Con base en un estudio de caso, se presentan formas de combinar saber-hacer artesanal y alta tecnología. Estas tienen lugar en una fábrica fundada en 1960 en Cali, con 80 operarios que merced el entrenamiento llegaron a poseer una gran calificación específica en el proceso productivo de matricería. Hacia 1975 se inició un proceso de desmonte del trabajo artesanal de los matriceros, intentando recoger sus habilidades en una tarjeta de programación y multiplicar la velocidad de producción mediante dispositivos microelectrónicos. El objetivo de la reconversión fue fragmentar y «taylorizar» la labor artes anal y realizar las piezas en centros de mecanizado. Sin embargo la investigación comprobó cómo, a pesar de las innovaciones en la base técnica, el oficio artes anal no ha sido eliminado y ha reaparecido ocupando a operarios encargados de dar acabado a todas las piezas. El autor se apoya en la tesis de Piore/Sabel sobre la posibilidad de que el artesano vuelva a cobrar importancia en la especialización flexible, para confirmar la existencia de procesos de hibridación en los cuales no solamente convergen dos sistemas sociotécnicos, sino que se superponen tecnologías diferenciadas por país de origen o por edad. Estos procesos muy frecuentes en nuestra realidad no necesariamente apuntan a la degradación del trabajo, sino que pueden conducir a procesos de calificación particular. Otra conclusión plantea que se estaría dando un proceso de elitización como aumento del estatus y poder entre los operarios de esta tecnología, con la obtención de espacios de autonomía en la disposición y desarrollo de las labores realizadas, figura muy próxima a la de polivalencia. Finalmente se demuestra la conformación de «grupos primarios» espontáneos, generados a partir de factores como edad-vecindario-recreación-procesos técnicos, con un prestigio y poder en la empresa derivado del saber-hacer y que busca reflejarse en mejores salarios. La discusión a partir de la ponencia penetra en dos asuntos: cómo se puede aplicar el concepto de artesano a quien trabaja en sectores de producción de nivel avanzado, teniendo en cuenta el recorrido empírico del artesano, que difiere de la combinación entre formación y experiencia en el operario calificado. La segunda implicación es referida a la tendencia a sustituir el empleo hereditario (característica de las ocupaciones artesanales) por formas convencionales y rotativas que impedirían la consolidación del saber hacer artesanal en sectores de innovación tecnológica.

    Finalmente Jesús Camacho (Universidad de Antioquia) presentó una versión del estudio «Características antropométricas de la población laboral colombiana» realizado para el Instituto de Seguros Sociales, y orientado a discutir las implicaciones de los cambios introducidos en las relaciones hombre-máquina-medio ambiente, especialmente el paso de dispositivos de tipo análogo a tipo digital como característica notable entre las innovaciones en la base técnica de los sistemas de producción en el país. Entre los fenómenos que motivaron la realización del estudio se halló el incremento en la frecuencia de riesgos en salud, y las consecuencias de los movimientos que hacen parte de la carga física laboral en el organismo a largo plazo. Estos factores cobran relevancia cuando paralelamente se evidencia en el levantamiento de datos, la difusión no adaptativa de maquinaria con paneles y controles diseñados para personas de promedio 1. 75 m en su estatura. La población considerada se ubicó en 13 ciudades agrupadas según un modelo triregional (norte-caribe, centro-oriente y sur-occidente), laborando en 15 de los 45 sectores industriales del país, y cuyas edades fluctúan entre los 20 y 59 años. Por ser el eje conceptual del estudio la evaluación del riesgo profesional, la información recogida cubrió 69 variables dentro de las cuales la estatura era la mas relevante, reflejando la tendencia a la disminución del esfuerzo físico paralela al aumento de la exposición a los factores de riesgo, principalmente en el caso del alistamiento. La investigación dio como resultados interesantes i) la descripción de los cambios que se van dando destacando el hecho que la productividad no mostró una relación directa con las características antropométricas y morfológicas, ii) una forma de evaluar mas ampliamente el acoplamiento hombre-máquina, lo cual tiene un efecto en la práctica «taylorista» corriente, iii) la viabilidad de ampliar la noción de ergonomía, y iv) la necesidad de acometer acciones preventivas sistemáticas, que incluyan factores como el vestuario que se utiliza por los operarios de maquinarias. Finalmente se comprobó que Colombia es un país multiétnico, con una gran dispersión que requeriría hacer una selección de personas mas adecuada para la utilización de los equipos.

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