Ficha bibliográfica
Titulo:
Organización económica de las Cofradías
Edición original: 2005-05-25
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-25
Creador: María Lucia Soto Mayor




INDICE




Organización económica y religiosa de las cofradías

En este aparte se trata, en primer término, de dar razón de la forma como las cofraternidades adquirían sus riquezas, sus implicaciones y determinantes ideológicos; en segundo término, el papel del doctrinero como defensor de sus propios intereses y a la vez como ente aglutinador y mediador entre dos culturas diferentes. Las cofradías adquirían su patrimonio de las siguientes fuentes: los donativos que daban los fundadores (ovejas, ganado, estancias, etc.); las limosnas periódicas a que estaban obligados los cofrades y la ayuda de los alféreces para la fiesta anual.

Los primeros donativos para fundar una cofradía eran dados por caciques, capitanes, personas pudientes y los mismos curas doctrineros; estos se constituían como regla generalizada, en los mayordomos de la asociación, exceptuando el caso de los curas donantes, quienes delegaban este cargo (véase aparte anterior: Creación de cofradías en pueblos de indios.)

Estas tres fuentes no pueden verse a un mismo nivel, sus lógicas difieren dependiendo del marco cultural de donde procedía el donante. Los regalos o primeros donativos, necesarios para la fundación de una cofradía, eran los de mayor importancia, tanto por el monto económico que representaban, como por el hecho social y religioso que involucraban.

Los indígenas fundadores de cofraternidades, que por lo general se constituían en mayordomos de las mismas, donaban las primeras materias primas a determinada asociación, con un sentido no solo religioso sino económico y político. Estos regalos debían reproducirse y multiplicarse, con el objeto de revertidos a los cofrades en misas y fiestas religiosas. Se dejaban unas reservas que permitieran reproducir los ciclos y eventualmente acumular unos excedentes. Si se lograban estos objetivos el mayordomo adquiría autoridad y legitimidad ante sus miembros.

Según documentos de archivo, las fiestas religiosas no estaban desvinculadas de las «paganas»; sin embargo, los recursos para estas fiestas no salían de las asociaciones, por lo menos legalmente, pues en ningún momento aparecen estos gastos. Sólo se habla de toros de lidia que eventualmente se vendían para la fiesta pagana. Se esperaba que toda la comunidad aportase alimentos, bebidas y dineros para que el mayordomo coordinara y revirtiera en fiesta estos donativos, pues para los nativos esta diferenciación entre lo sagrado y lo profano no debió ser tan clara ni rotunda.

La lógica de este tipo de donativos, tanto de los indios fundadores de la asociación, como de la comunidad nativa parece asemejarse a una economía de cambio-don analizada por Marcel Mauss. Los donativos tenían un sentido de don (en el aspecto social de regalo, presente, dote, redistribución, revertir con creces) e involucraban un sentimiento de obligación implícita, este don debía ser multiplicado y recreado en el tiempo lo cual se traducía en relaciones de autoridad. Este hecho tiene, por otra parte, una connotación ideológica de trasfondo tradicional y, por otra parte, fue una manera de adaptar esta institución española a las circunstancias no sólo ideológicas sino también económicas de los indígenas, sumidos cada vez más en la pobreza y a quienes les era muy difícil cumplir con obligaciones económicas periódicas para cubrir los costos de los rituales.

El análisis que al respecto del don elaboró Marcel Mauss | 5 involucra conceptos como dar-recibir-devolver. Quien regala (dar) tiene aparentemente toda la libertad de hacerlo; sin embargo factores que incluyen intereses personales y la misma presión social lo obligarán a dar. Quien recibe, supuestamente tiene la libertad de aceptar, pero si no lo hace se le verá como el mezquino, tacaño, inferior, etc. porque recibir implica devolver con creces para mantener su rango superior, su prestigio, la persona digna a quien se le hacen regalos porque a la vez es generosa con su pueblo. De esta forma se adquiere un contrato moral que enmarca conceptos religiosos, económicos, políticos y jurídicos.

 


Los donativos de los indígenas eran dados «oficialmente» al santo patrono, pero quien los recibía, no como representante del santo sino como autoridad cívico-religiosa de un grupo, era el mayordomo.

La responsabilidad del mayordomo indígena era ante todo defender su prestigio, base de su autoridad; para ello debía lograr varias cosas: demostrar su capacidad de multiplicar esos donativos a través de una buena administración, por cuanto de esto dependía no solo el futuro de la cofradía sino la forma de reproducir en el tiempo de esos primeros regalos; devolverlos con creces a la comunidad en forma de eventos reliornamentos y en general de riquezas para la misma asociación y, probablemente, asegurar que se realizase a cabo la fiesta profana que seguía a la religiosa en los aniversarios de cada santo.

Estos primeros donativos (ovejas, estancias, ganado, etc.), debían rendir un excedente según lo define Gudeman | 6 . Un excedente es la diferencia entre el objeto producido y los costos que se requieren para producirlo (semilla, equipo, manutención del trabajador mientras está enganchado al proceso de producción).

El excedente era destinado para garantizar el culto religioso, ornamentos para el santo, arreglo de la iglesia, cera, pólvora, pago de honorarios al cura por ejecutar los rituales, etc. Es decir, el intercambio a nivel de mercado que se hacía con la lana de las ovejas, el trigo, etc. estaba subordinado a este hecho ideológico, lograr un excedente para el buen funcionamiento y «adelantamiento» de la cofradía pero no para el enriquecimiento, acumulación o mayor bienestar de los cófrades o de alguien en especial. Su distribución se hacía dentro del mismo marco conceptual, satisfacer necesidades de tipo espiritual, social, político, etc.

Si se lograba mayor excedente, se aplicaba a engrosar los primeros donativos; lo cual era una forma de recrear (producir de nuevo alguna cosa), a través del tiempo, los presentes o regalos.

Estas organizaciones regidas bajo los planteamientos de tipo cambiodon, involucran problemas sociales, jurídicos, económicos, religiosos, estéticos y morfológicos y ponen en juego la totalidad de la sociedad, constituyéndose en organizaciones de prestaciones totales como bien lo expone Marcel Mauss | 7 .

Si era el mismo cacique y/o indio principal quien daba los primeros donativos para iniciar una asociación, dentro de la lógica cambio-don, puede pensarse como una forma de hacer pública su generosidad y adquirir un compromiso moral de revertir los excedentes a sus miembros, el elemento ideológico de prestigio hace que esta variante se constituya en una estrategia política de los nativos para defenderse como grupo social.

El cargo de mayordomo tenía sentido en la medida en que representase a los cofrades miembros; es decir, no eran seres individualizados, su importancia era medida por recrear valores colectivos.

Al hacer donativos al santo, los indios principales legitimaban su carácter de autoridad con características político-religiosas como sucedía con los caciques en la antigüedad. No en vano los líderes naturales lucharon y consiguieron estos cargos.

El mayordomo exigía al cura cumplir con el compromiso de celebrar los rituales que le habían sido pagados, lo cual tenía un sentido de transacción comercial, el mayordomo compraba los servicios para su comunidad. El cura con frecuencia reclamaba se le respetase como si fuese el representante del santo en la tierra, los indígenas lo veían como un «hacedor de ritos» dentro del contexto de estas asociaciones.

A partir de esta diferente conceptualización entre doctrineros y nativos es que se entienden los innumerables conflictos entre los doctrineros y los mayordomos. Varios documentos de archivo dan cuenta de estas disputa; los doctrineros quejándose de los mayordomos pues éstos hacían lo que querían con el dinero de las cofradías y con la organización de las mismas.

Finalmente, otra característica de una economía de cambio-don | 8 , es la competitividad o rivalidad entre grupos. Es evidente que dentro de estas asociaciones se presentaba el fenómeno y se constituía en un juego social de gran importancia que llegaba a marcar la dinámica social dentro del pueblo. Los mayordomos eran fundamentalmente los indios principales, por tanto, representaban una «parcialidad». Cada una de las territorialidades podía tener mas de una asociación, cuyos mayordomos eran indígenas de menor rango que lograron legitimar su ascenso gracias, entre otras cosas, a demostrar su capacidad de competencia frente a otras asociaciones; la rivalidad y competitividad se daba, entonces, a través de cofradías de parcialidades completas o entre asociaciones dentro de una misma parcialidad. Esto no excluía que bajo la representación de una sola persona hubiese varias cofradías; era quizá una forma de monopolizar poder, autoridad y mayor competitividad.

Para los blancos y curas los donativos tendrían mas el sentido de ofrenda y no de don. Esto quiere decir, en el aspecto religioso, que lo dado era consagrado y por ello se recibían gracias divinas y en lo político los ofrendatarios eran individuos que aspiraban seguramente a tener alguna prebenda o posición de influencia dentro de la comunidad. Sin embargo, rara vez eran mayordomos, se interesaban más por ser alféreces. Los excedentes que se lograban con los primeros donativos, no necesariamente se destinaban a pagar los rituales, las limosnas periódicas eran las que se constituían en obligación e importancia para el pago de misas y fiestas. Como se observa, era un hecho individual no colectivo, no tenía implicaciones políticas y estaba insertado más dentro de connotaciones religiosas y espirituales que sociales.

El concepto de limosna fue la base de la institución cofradal cuando ésta llegó a América enmarcada dentro de una estructura económica y religiosa diferente a la expuesta dentro del contexto cambiodon. Era el reconocimiento dado al cura por un servicio solicitado en forma individual (o familiar) no comunal. Además, la limosna dentro de la ideología hispana tenía un sentido de caridad, lo que implicaba el engrandecimiento del carisma de «humildad» y «pobreza» de los curas cuya misión era «servir» a la humanidad sin pedir a cambio nada mas que limosnas. Este sistema se institucionalizó entre las cofradías legitimadas a través de sumas fijas. Sin embargo son numerosos los documentos que hablan sobre la dificultad de recolectadas en especial dentro de los indígenas quienes definitivamente no entienden la razón de su existencia.

 

5 Marcel Mauss, Ensayo sobre los dones, razón y forma de cambio en las sociedades primitivas. En: Sociología y Antropología. Madrid Editorial Tercer Mundo, 1971. pp.155-263.
6 Steplen Gudeman, The Demise of a Rural Econorny from Subsistence to Capitalism, Boston, 1976.
7 Marcel Mauss, Op. cit.
8 Marcel Mauss, Op. cit

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