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INDICE
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Organización económica y religiosa
de las cofradías
En este aparte se trata, en primer término, de dar razón de la
forma como las cofraternidades adquirían sus riquezas, sus
implicaciones y determinantes ideológicos; en segundo término, el
papel del doctrinero como defensor de sus propios intereses y a la
vez como ente aglutinador y mediador entre dos culturas diferentes.
Las cofradías adquirían su patrimonio de las siguientes fuentes:
los donativos que daban los fundadores (ovejas, ganado, estancias,
etc.); las limosnas periódicas a que estaban obligados los cofrades
y la ayuda de los alféreces para la fiesta anual.
Los primeros donativos para fundar una cofradía eran dados por
caciques, capitanes, personas pudientes y los mismos curas
doctrineros; estos se constituían como regla generalizada, en los
mayordomos de la asociación, exceptuando el caso de los curas
donantes, quienes delegaban este cargo (véase aparte anterior:
Creación de cofradías en pueblos de indios.)
Estas tres fuentes no pueden verse a un mismo nivel, sus lógicas
difieren dependiendo del marco cultural de donde procedía el
donante. Los regalos o primeros donativos, necesarios para la
fundación de una cofradía, eran los de mayor importancia, tanto por
el monto económico que representaban, como por el hecho social y
religioso que involucraban.
Los indígenas fundadores de cofraternidades, que por lo general
se constituían en mayordomos de las mismas, donaban las primeras
materias primas a determinada asociación, con un sentido no solo
religioso sino económico y político. Estos regalos debían
reproducirse y multiplicarse, con el objeto de revertidos a los
cofrades en misas y fiestas religiosas. Se dejaban unas reservas
que permitieran reproducir los ciclos y eventualmente acumular unos
excedentes. Si se lograban estos objetivos el mayordomo adquiría
autoridad y legitimidad ante sus miembros.
Según documentos de archivo, las fiestas religiosas no estaban
desvinculadas de las «paganas»; sin embargo, los recursos para
estas fiestas no salían de las asociaciones, por lo menos
legalmente, pues en ningún momento aparecen estos gastos. Sólo se
habla de toros de lidia que eventualmente se vendían para la fiesta
pagana. Se esperaba que toda la comunidad aportase alimentos,
bebidas y dineros para que el mayordomo coordinara y revirtiera en
fiesta estos donativos, pues para los nativos esta diferenciación
entre lo sagrado y lo profano no debió ser tan clara ni
rotunda.
La lógica de este tipo de donativos, tanto de los indios
fundadores de la asociación, como de la comunidad nativa parece
asemejarse a una economía de cambio-don analizada por Marcel Mauss.
Los donativos tenían un sentido de don (en el aspecto social de
regalo, presente, dote, redistribución, revertir con creces) e
involucraban un sentimiento de obligación implícita, este don debía
ser multiplicado y recreado en el tiempo lo cual se traducía en
relaciones de autoridad. Este hecho tiene, por otra parte, una
connotación ideológica de trasfondo tradicional y, por otra parte,
fue una manera de adaptar esta institución española a las
circunstancias no sólo ideológicas sino también económicas de los
indígenas, sumidos cada vez más en la pobreza y a quienes les era
muy difícil cumplir con obligaciones económicas periódicas para
cubrir los costos de los rituales.
El análisis que al respecto del don elaboró Marcel Mauss
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involucra conceptos como
dar-recibir-devolver. Quien regala (dar) tiene aparentemente toda
la libertad de hacerlo; sin embargo factores que incluyen intereses
personales y la misma presión social lo obligarán a dar. Quien
recibe, supuestamente tiene la libertad de aceptar, pero si no lo
hace se le verá como el mezquino, tacaño, inferior, etc. porque
recibir implica devolver con creces para mantener su rango
superior, su prestigio, la persona digna a quien se le hacen
regalos porque a la vez es generosa con su pueblo. De esta forma se
adquiere un contrato moral que enmarca conceptos religiosos,
económicos, políticos y jurídicos.
Los donativos de los indígenas eran dados «oficialmente» al
santo patrono, pero quien los recibía, no como representante del
santo sino como autoridad cívico-religiosa de un grupo, era el
mayordomo.
La responsabilidad del mayordomo indígena era ante todo defender
su prestigio, base de su autoridad; para ello debía lograr varias
cosas: demostrar su capacidad de multiplicar esos donativos a
través de una buena administración, por cuanto de esto dependía no
solo el futuro de la cofradía sino la forma de reproducir en el
tiempo de esos primeros regalos; devolverlos con creces a la
comunidad en forma de eventos reliornamentos y en general de
riquezas para la misma asociación y, probablemente, asegurar que se
realizase a cabo la fiesta profana que seguía a la religiosa en los
aniversarios de cada santo.
Estos primeros donativos (ovejas, estancias, ganado, etc.),
debían rendir un excedente según lo define Gudeman
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. Un excedente es la diferencia
entre el objeto producido y los costos que se requieren para
producirlo (semilla, equipo, manutención del trabajador mientras
está enganchado al proceso de producción).
El excedente era destinado para garantizar el culto religioso,
ornamentos para el santo, arreglo de la iglesia, cera, pólvora,
pago de honorarios al cura por ejecutar los rituales, etc. Es
decir, el intercambio a nivel de mercado que se hacía con la lana
de las ovejas, el trigo, etc. estaba subordinado a este hecho
ideológico, lograr un excedente para el buen funcionamiento y
«adelantamiento» de la cofradía pero no para el enriquecimiento,
acumulación o mayor bienestar de los cófrades o de alguien en
especial. Su distribución se hacía dentro del mismo marco
conceptual, satisfacer necesidades de tipo espiritual, social,
político, etc.
Si se lograba mayor excedente, se aplicaba a engrosar los
primeros donativos; lo cual era una forma de recrear (producir de
nuevo alguna cosa), a través del tiempo, los presentes o
regalos.
Estas organizaciones regidas bajo los planteamientos de tipo
cambiodon, involucran problemas sociales, jurídicos, económicos,
religiosos, estéticos y morfológicos y ponen en juego la totalidad
de la sociedad, constituyéndose en organizaciones de prestaciones
totales como bien lo expone Marcel Mauss
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.
Si era el mismo cacique y/o indio principal quien daba los
primeros donativos para iniciar una asociación, dentro de la lógica
cambio-don, puede pensarse como una forma de hacer pública su
generosidad y adquirir un compromiso moral de revertir los
excedentes a sus miembros, el elemento ideológico de prestigio hace
que esta variante se constituya en una estrategia política de los
nativos para defenderse como grupo social.
El cargo de mayordomo tenía sentido en la medida en que
representase a los cofrades miembros; es decir, no eran seres
individualizados, su importancia era medida por recrear valores
colectivos.
Al hacer donativos al santo, los indios principales legitimaban
su carácter de autoridad con características político-religiosas
como sucedía con los caciques en la antigüedad. No en vano los
líderes naturales lucharon y consiguieron estos cargos.
El mayordomo exigía al cura cumplir con el compromiso de
celebrar los rituales que le habían sido pagados, lo cual tenía un
sentido de transacción comercial, el mayordomo compraba los
servicios para su comunidad. El cura con frecuencia reclamaba se le
respetase como si fuese el representante del santo en la tierra,
los indígenas lo veían como un «hacedor de ritos» dentro del
contexto de estas asociaciones.
A partir de esta diferente conceptualización entre doctrineros y
nativos es que se entienden los innumerables conflictos entre los
doctrineros y los mayordomos. Varios documentos de archivo dan
cuenta de estas disputa; los doctrineros quejándose de los
mayordomos pues éstos hacían lo que querían con el dinero de las
cofradías y con la organización de las mismas.
Finalmente, otra característica de una economía de
cambio-don
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, es la
competitividad o rivalidad entre grupos. Es evidente que dentro de
estas asociaciones se presentaba el fenómeno y se constituía en un
juego social de gran importancia que llegaba a marcar la dinámica
social dentro del pueblo. Los mayordomos eran fundamentalmente los
indios principales, por tanto, representaban una «parcialidad».
Cada una de las territorialidades podía tener mas de una
asociación, cuyos mayordomos eran indígenas de menor rango que
lograron legitimar su ascenso gracias, entre otras cosas, a
demostrar su capacidad de competencia frente a otras asociaciones;
la rivalidad y competitividad se daba, entonces, a través de
cofradías de parcialidades completas o entre asociaciones dentro de
una misma parcialidad. Esto no excluía que bajo la representación
de una sola persona hubiese varias cofradías; era quizá una forma
de monopolizar poder, autoridad y mayor competitividad.
Para los blancos y curas los donativos tendrían mas el sentido
de ofrenda y no de don. Esto quiere decir, en el aspecto religioso,
que lo dado era consagrado y por ello se recibían gracias divinas y
en lo político los ofrendatarios eran individuos que aspiraban
seguramente a tener alguna prebenda o posición de influencia dentro
de la comunidad. Sin embargo, rara vez eran mayordomos, se
interesaban más por ser alféreces. Los excedentes que se lograban
con los primeros donativos, no necesariamente se destinaban a pagar
los rituales, las limosnas periódicas eran las que se constituían
en obligación e importancia para el pago de misas y fiestas. Como
se observa, era un hecho individual no colectivo, no tenía
implicaciones políticas y estaba insertado más dentro de
connotaciones religiosas y espirituales que sociales.
El concepto de limosna fue la base de la institución cofradal
cuando ésta llegó a América enmarcada dentro de una estructura
económica y religiosa diferente a la expuesta dentro del contexto
cambiodon. Era el reconocimiento dado al cura por un servicio
solicitado en forma individual (o familiar) no comunal. Además, la
limosna dentro de la ideología hispana tenía un sentido de caridad,
lo que implicaba el engrandecimiento del carisma de «humildad» y
«pobreza» de los curas cuya misión era «servir» a la humanidad sin
pedir a cambio nada mas que limosnas. Este sistema se
institucionalizó entre las cofradías legitimadas a través de sumas
fijas. Sin embargo son numerosos los documentos que hablan sobre la
dificultad de recolectadas en especial dentro de los indígenas
quienes definitivamente no entienden la razón de su existencia.
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Marcel Mauss, Ensayo sobre los dones, razón y forma de cambio
en las sociedades primitivas. En: Sociología y Antropología. Madrid
Editorial Tercer Mundo, 1971. pp.155-263.
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Steplen Gudeman, The Demise of a
Rural Econorny from Subsistence to Capitalism, Boston, 1976.
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Marcel Mauss, Op. cit.
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8
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Marcel Mauss, Op. cit
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