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|Figura 8. Representación en
tumaga de una piel de felino extendida sobre un bastidor. Objeto
votivo muisca proveniente de Fontibón, Cundinamarca. MO 30.631. 5.2
x 2.9 cm. Fotografia de Mario Rivera
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|Figura 9. Venado muisca. MO
33.078. Largo 2.8 cm. Procedente de Carmen de Carupa, Cundinamarca.
Fotografía de Rudolf
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|Figura 10. Pieza votiva muisca. Posiblemente la
representación de una piel de venado en un bastidor,
¿
|Guahaioque? MO 33.2993. 6.1 x 3.1 cm. Procedente de la
vereda Buenos Aires, Suba, D.C. Fotografia de Yutaka Yoshii.
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Como sabemos, el consumo de carne de venado estaba reservado a
ciertas personalidades, pero no es claro para mí establecer algún
tipo de relación. Es también posible que el venado comestible por
algunos, fuera una clase diferente del venado mítico pues el
diccionario presenta dos nombres y cada uno tiene una relación
distinta.
Pero acercándonos a la mitología cogui, encontramos un
paralelismo tan grande, que nos obliga a tenerla muy en cuenta:
|«Los ciervos... eran... hombres divinos (aluna kágabakuei),
pero su fuerza mágica (Viba1ama = canto) se perdió, por lo cual
empezaron a andar en cuatro patas. Hoy en día su carne pertenece a
los aprendices de la casa ceremonial y a los mamas» (Preuss,
1993: 120).
También en los mitos tunebos el venado tiene una significación
que recuerda la pregunta del doctrinero, aunque esta vez los hechos
se inviertan, ya que según la Hermana María Elena Márquez, entre
los tunebos cuando un venado muere, el alma se va al monte y se
convierte en humano (Márquez, 1979: 187).
Por otra parte, en uno de los documentos transcritos por Londoño
en el artículo citado, aparece la descripción del bohío en donde
vivían los jeques, y nuevamente hace parte del contexto el venado y
específicamente su piel:
|«... los bohíos están cerrados por todas partes y por un
agujero les dan la comida y entran los xeques viejos, y la luz que
les entra por los bohíos donde están encerrados es por unos cueros
de venado pelados...» (Londoño, 1990: 246).
En la monografía citada al comienzo, Casilimas y López
transcriben parte de un documento del Archivo Nacional en donde se
describe un templo ubicado en Lenguazaque que, entre otras cosas,
contenía elementos de cuero de venado:
|«... y luego nos llevó a un bohío pequeño que estaba más
adelante de su casa, que tenía un puerta muy baja y dentro del
estaban unas petacas aforradas con cuero de venado y muy bien
puestas] y dentro de las dichas petacas avía mucha plumería, mantas
pequeñas que según dijeron son de santuario». (ANC, Colonia, C
+ I
|, T. XVI, fls. 564v-565r; citado por Casilimas y López,
1982: 83) Por último, Eduardo Londoño en su artículo «Un mensaje
del tiempo de los muiscas» (1986) nos muestra una serie de piezas
de carácter votivo, dentro de las cuales hay una que según nos
dice, es una representación de un cuero de felino extendido sobre
un bastidor.
Aunque no parece posible que se trate de la piel de un venado,
convendría tener en cuenta el nombre
|guahaioque, para el
análisis de otras piezas semejantes que pudieran encontrarse. Tal
vez se pueda ver ahora con ojos diferentes la pieza núm. 33.078 del
Museo del Oro que representa un venado con diseños geométricos en
la piel.
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En algunos casos, el análisis del nombre nos ha mostrado que
posiblemente no esté denominando a una clase de sacerdote, ni han
sido muy claras las relaciones entre el nombre muisca analizado y
los datos extralingüísticos que he hallado, pero las he traído a
colación con el fin de reunir la mayor cantidad de elementos que
nos permita un mejor entendimiento del nombre y su referente
mítico.
Conclusiones generales
Del análisis anterior podríamos entonces deducir las
conclusiones y observaciones siguientes:
1. El sentido intrínseco de algunos nombres muiscas que aparecen
en ciertos documentos lingüísticos y doctrinales del siglo XVII
para designar al personaje que los cronistas llamaron
indistintamente, hechicero, jeque, mohán, viejo, brujo, etc., nos
muestra que en la sociedad muisca debió de existir una diversidad
de dignatarios religiosos, tal vez con diferentes desempeños.
2. Los gramáticos-doctrineros de La Colonia fueron más exactos
que los cronistas y autoridades civiles, en el uso de los términos
empleados para designar a los especialistas religiosos muiscas. Sin
duda, para los doctrineros la precisión de los términos tuvo que
ser imperiosa, pues si no se designaba con exactitud a los hechos y
personajes que se quería combatir, se arriesgaba el resultado de la
acción doctrinal.
3. Para borrar de la mente de los indígenas las funciones y
características del
|chyquy muisca, los
gramáticos-doctrineros idearon un cambio semántica en el nombre,
haciendo exclusivo su uso para designar al nuevo sacerdote
cristiano católico.
4. El análisis de las denominaciones muiscas hace evidente que
las aves, el murciélago y el venado presentes en muchas piezas
arqueológicas, son representación fiel del mundo mítico de los
muiscas.
5. El estudio iconográfico de Reichel-Dolmatoff sobre la
orfebrería precolombina -en especial el postulado del llamado ícono
A- y el análisis lexicológico del
|suetyba muisca, son
planteamientos concatenados y coherentes que conllevan gran fuerza
teórica.
6. Ciertos hechos de vocabulario presentados, dan elementos que
refuerzan la hipótesis de la doble función civil y religiosa de
algunos dignatarios muiscas.
7. El conocimiento de cualquier aspecto cultural de la sociedad
muisca requiere del conocimiento de ese aspecto en los demás grupos
chibchas, pues estos grupos parecen constituir subsistemas que
integrarían un verdadero diasistema cultural chibcha.
8. El estudio de la tradición oral campesina puede contribuir al
conocimiento de las culturas extintas y, a su vez, puede revelar un
porcentaje de elementos de sustrato indígena digno de tenerse en
cuenta.
9. La paleontología lingüística enmarcada en un contexto
extralingüístico sí aporta elementos valiosos para el conocimiento
de una cultura.
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La pieza 33.299 (figura 10)
adquirida recientemente por el Museo del Oro parece corresponder a
la predicción que hace la autora sobre su análisis lingüístico.
Nota del Editor.
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