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INDICE
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|Los sacerdotes muiscas y la
paleontología lingüística *
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Pectoral muisca con tocado radial y dos aves en la cintura.
16.7 x 12.4 cm (MO 16.585 ). Fotografía de lean Claude Kanny.
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MARÍA STELLA GONZÁLEZ DE PÉREZ
INSTITUTO CARO y CUERVO
|Abstract: Linguistic paleontology states that practices
and ways of living of ancient peoples may be deduced trough
linguistic analysis of their language, provided the confrontation
of the results with other type of documents. In the linguistic and
religious texts (catechism, confessing treaties) of the anonymous
«Diccionario y Gramática chibcha» the terms referring to 16th
century Muisca priests were isolated, then phonologically
systematized and morphologically analyzed to determine their
intrinsic semantics. Besides the general term for priest (chyquy),
there are other alluding to a diversity of religious dignitaries.
Colonial Spanish functionaries used to translate them as «demon»,
«sorcerer», «witch», «old»but the linguistic analysis reveals
connotations of older man-bird (shaman), older man-bird's ministry,
bat-man, healer or «deer raw-hide», which are confronted with
anthropological studies.
Desde hace algunos años he venido manejando algunos documentos
coloniales sobre la lengua muisca, y he encontrado con sorpresa que
en dicha lengua existían diferentes denominaciones para designar
aquel personaje religioso que los escritores coloniales llamaron
indistintamente, jeque, mohán, ministro del demonio, brujo,
hechicero, etc., sinónimos españoles que parecían designar a un
posible chamán o sacerdote muisca.
La variedad de nombres muiscas encontrados creó en mí gran
inquietud, pues parecía mostrar que cada nombre designara un
referente distinto, y que en la sociedad muisca existieran tal vez
diferentes dignatarios religiosos. Algunos de estos nombres nos
mostraban significados algo desconcertantes y se imponía, por lo
tanto, un análisis morfológico más preciso y, sobre todo, una
confrontación con documentos extralingüísticos.
La lectura del artículo «Buscando sacerdotes y encontrando
chuques: de la organización religiosa muisca» (Langebaek, 1990)
avivó mi interés, pues, en líneas generales, el autor plantea allí
como hipótesis una gran diversidad de especialistas religiosos con
una organización jerárquica. Por lo tanto, me propuse sistematizar
mis datos lingüísticos ya que se constituirían en un complemento
perfecto para las posibilidades planteadas por el autor y, a su
vez, mi estudio se vería respaldado por los datos
etnohistóricos.
La lectura de la monografía de grado Etnohistoria muisca: de los
jeques a los doctrineros (Casilimas y López, 1982) -en particular
la parte dedicada a la clasificación de los templos muiscas- fue
también un incentivo para mi inquietud, pues era apenas lógico
pensar que a una variedad de templos debía corresponder una
variedad de sacerdotes.
A pesar de haber elaborado el análisis morfológico de cada
nombre desde hace varios años, sólo hasta hoy presento en forma
organizada el resultado de este pequeño estudio, con el fin de
contribuir en algo al conocimiento de la vida espiritual de los
muiscas y, en especial, de sus dignatarios religiosos.
|Fuentes
Los términos muiscas que analizo aparecen en varios documentos
coloniales, especialmente en aquellos dedicados al estudio de esa
lengua.
Como se sabe, los estudios lingüísticos que se produjeron en la
Colonia tenían como fin último la catequización de los indígenas,
pues durante un largo período se intentó adoctrinarlos en su propia
lengua. Es por esto que las gramáticas normativas sobre el muisca,
además de ser textos de estudio para quienes necesitaron aprender
la lengua de los indígenas, fueron verdaderas guías para la
evangelización y, por esta razón, venían acompañadas de los
mandamientos, de un catecismo, de un confesionario y de algunas
oraciones en versión bilingüe (español-muisca), buscando facilitar
al doctrinero su labor religiosa.
Los términos seleccionados aparecen en la versión muisca de esos
confesionarios y catecismos y algunas veces en los propios
diccionarios. Me he limitado a examinar, preferencialmente, los
nombres que aparecen en el manuscrito
|«Diccionario y gramática
chibcha»
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3
|. Manuscrito anónimo de la Biblioteca
Nacional de Colombia. Transcripción y estudio histórico-analítico
por María Stella González de Pérez. (Biblioteca «Ezequiel
Uricoechea», núm. 1). Bogotá: Imprenta Patriótica del Instituto
Caro y Cuervo, 1987.
Como referencias lingüísticas secundarias, he consultado la obra
de Fray Bernardo de Lugo, Gramática de la lengua general del Nuevo
Reino, llamada mosca (Madrid: Bernardino de Guzmán, 1619); el
manuscrito anónimo Vocabulario mosca, 1612 (Manuscrito 2923 de la
Biblioteca del Palacio Real de Madrid), y el manuscrito anónimo
Gramática, confesionario, oraciones, catecismo y vocabulario de la
lengua mosca o chibcha (Manuscrito 2922 de la Biblioteca del
Palacio Real de Madrid)!.
|Marco teórico
Muchas veces se han analizado las posibilidades que brinda el
testimonio de la lengua en antropología y en etnohistoria, y se ha
discutido una, hoy olvidada, rama de la lingüística a la que me he
acogido en este corto estudio. Se trata de la paleontologia
lingüística, ciencia aparecida a mediados del siglo pasado y tenida
muy en cuenta por algunos estudiosos del indoeuropeo.
La paleontología lingüística postula -en esencia-, que a través
del análisis de la lengua se pueden deducir prácticas, modos de
vida, etc. de los pueblos que la hablaron; hechos de vocabulario,
por ejemplo, permitirían reconstruir cualquier aspecto cultural,
constituyendo así a las lenguas en fuentes de documentación sobre
los grupos y su historia. Ferdinand de Saussure pone en duda los
alcances de esta rama de la lingüística y los califica como «una
ilusión». «No parece que se pueda pedir a una lengua enseñanzas de
este género» nos dice Saussure (1945: 355), y argumenta para ello
la incertidumbre de las etimologías, la evolución de los
significados y la posibilidad de los préstamos, entre otras causas.
No obstante, acepta que sólo algunas veces se pueden «sacar ciertos
rasgos generales y hasta ciertos datos precisos» (Saussure, 1945:
356).
Las apreciaciones de Saussure son acertadas si nos atenemos
únicamente a los datos lingüísticos, olvidando la confrontación con
otro tipo de documentos, ya que si aislamos los informes
lingüísticos de los extralingüísticos el análisis de un léxico
conllevará errores.
Evidente que si en nuestro caso muisca examinamos sin un
contexto histórico un vocabulario de los que hoy se conservan,
nuestras deducciones serían verdaderamente lamentables, pero si nos
ayudamos con otro tipo de documentos, el valor del léxico y de los
datos de carácter extralingüístico interactúa, permitiendo lanzar
hipótesis con mejor fundameno
|
1
.
Metodología
La lectura detenida de los textos religiosos y lingüísticos del
«Diccionario y Gramática chibcha» me permitió aislar los términos
que claramente designan al posible sacerdote muisca
|
3
. Tras la búsqueda y comparación de
esos términos en las obras que mencioné arriba como referencia
secundaria, logré reconocer la escritura ortográfica más apropiada
con base en el análisis fonológico correspondiente
|
4
. Una vez aquí, procedí al análisis
morfológico que determinaría el semantismo intrínseco del
nombre.
He tratado de confrontar los resultados de mi análisis
lingüístico con datos extralingüísticos, que permitan encontrar
alguna explicación al significado encontrado, y ha sido
verdaderamente sorprendente la relación establecida en algunos
casos. Pero, en realidad, es a los etnohistoriadores y antropólogos
especialistas en la cultura muisca a quienes corresponde concluir
hasta qué punto es sustentable el aporte de los hechos del lenguaje
con los datos de sus disciplinas.
Posibles clases de dignatarios religiosos
En el análisis que sigue, presento en primer lugar el término
muisca objeto de estudio en la versión ortográfica más apropiada,
seguida de algunas variantes ortográficas comunes. Le sigue la
transcripción fonética y, por último, el significado español que
usaron los doctrineros-gramáticos en la versión española de los
textos muiscas. El orden del análisis de los nombres corresponde a
la frecuencia de aparición en los textos.
1. Cћﻻqﻻ
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5
,
|chyquy, chequy, chiquy:
[ÅŸ†k†], 'sacerdote' (González de Pérez, 1987: 316,
353; Lugo, 1619: 152v, 153r; Ms. 2922: s. p.); 'Padre' (González de
Pérez, 1987: 353).
La cantidad de variantes ortográficas de este nombre se aumenta
considerablemente si tenemos en cuenta las innumerables referencias
bibliográficas de cronistas y fuentes documentales (que creo
innecesario traer aquí, por ser de todos conocidas) en donde
aparece como,
|chiqui, chuque, xeque, jeque y jeque,
designando precisamente al 'sacerdote' o 'mohán' muisca.
Conviene observar cómo el nombre jeque con el cual muchas veces
se designa al sacerdote muisca, es la versión españolizada del
original nombre muisca Cћﻻqﻻ
|
, o chyquy, según las
ortografías más apropiadas, y cuya pronunciación
[ÅŸ†k†] postulo.
No parece muy arriesgado pensar que el signo ortográfico
|ch o cñ se usó para transcribir una fricativa retrofleja
sorda [ÅŸ] que debió de poseer el muisca, pues, además de estar
presente este fono en otras lenguas de familia chibcha, las grafías
usadas y las indicaciones para su pronunciación permiten pensar de
esa manera. Con relación a este sonido, uno de los
gramáticos-doctrineros nos dice que su pronunciación «no se ha de
hazer con toda la lengua sino con la punta no más» (González de
Pérez, 1987: 71). Lugo, por su parte, se limita a decir que es un
sonido que «se usa en esta lengua a cada passo» (Lugo, 1619: 2r.) e
idea para representarlo la grafía cÑ›. Estos hechos nos
muestran claramente que se trataba de un sonido ajeno a los
conocidos del español.
Así, este sonido extraño, de difícil pronunciación para los
hispanohablantes, en una época de cambios fonéticos y ortográficos
del español fue representado de diversas maneras por los distintos
autores, tratando de emparentarlo con sonidos españoles ya
conocidos:
|ch [t∫]
|x, j [∫] > [X] > [h]
|j [h]~[i]
La similitud del sonido muisca con la
|ch española
(africada palatal sorda, [t∫]) y con la x (pronunciada en esa
época como fricativa pala tal sorda, [∫], en oscilación con
fricativa velar sorda [X], sonido que luego cambió en la aspirada
[h])
|
6
hizo que en
los documentos del siglo XVI y XVII apareciera representado por las
grafías
|ch, x,
|j, signos ortográficos usados en
aquellos siglos de revolución fonética del español, para
representar a los sonidos españoles transcritos arriba.
En cuanto a la vocal representada por los signos ortográficos,
Y,
|y, es claro que podía tratarse de la vocal central
deslabializada [┼], tan común en las lenguas indígenas de
América, y sobre cuya pronunciación nos dice un gramático del
muisca: «es vna que ni es de e ni de i, vino vn medio entre las
dos, la qual escriuimos con la y griega» (González de Pérez, 1987:
71). Por no haber en «nuestro A B C» un signo para representarla,
Lugo idea el signo, y lo llama, «ypsilon inuersa» (Lugo, 1619: 1v).
De tal manera que puede describirse el paso del original
Cћﻻqﻻ o
|chyquy a
|jeque
así:
Cћﻻqﻻ - chyquy > chiqui -
cheque - xequi - xeque > jeque
*[ÅŸ†k†] > [t∫iki] - [t∫eke]
- [∫eke] - [xeke] > [heke].
Parece que este nombre constituía por sí mismo un lexema cuyo
significado más apropiado en español fue el de 'sacerdote' y por
extensión 'ministro' o 'Padre'. En su «Tabla para la inteligencia
de algunos vocablos» fray Pedro Simón define con toda claridad el
significado del chyquy o jeque:
|«Ieque, es el sacerdote de los Ídolos, el que ayuna, y haze
las ofrendas: es vocablo corrompido por los Españoles, porque en su
propiedad, se llama cheque, es lo mismo que mohán en otras
provincias» (Mantilla, 1986: 70 y 71).
Es curioso encontrar que en los textos doctrinales se reservó el
nombre
|chyquy para designar al sacerdote católico. Aunque
esporádicamente se nombra como Faba 'padre' o
|chyquy Dios
|aquymuy 'ministro de Dios', el uso de
|chyquy como
nombre aislado es exclusivo para designar al sacerdote católico. En
otro tipo de fuentes históricas, por el contrario, se siguió usando
chyquy para designar al sacerdote o chamán indígena.
2. Suetï»»ba,
|suetyba: [suet†Î²a],
'demonio' (González de Pérez, 1987: 350); en Lugo, la pregunta en
muisca dice: '¿Hablaste de noche con
|suetyba [...] mascaste
hayo? ¿Bebiste tabaco? (fl. 145r)
|
7
, pero la versión española que le corresponde
no es fiel a la muisca, pues dice: '¿Has mascado hayo, o tabaco de
noche, maliciosamente? (fl.127v), quedando sin traducción española
por parte de Lugo, el término
|suetyba.
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|Figura 1. El vuelo
chamánico, ícono A de Gerardo Reichel-Dolmatoff, en una pieza de
estilo Cauca. MO 6.414, alto 16.5 cm, procedencia desconocida.
Fotografía de Rudolf.
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Este nombre se compone de los lexemas
|sue 'ave',
'pájaro', y
|tyba 'anciano', 'amarillo'. Su composición nos
permite traducido como 'anciano-ave', pues el segundo elemento es
apósito del primero
|
8
, advirtiendo que el concepto de anciano,
puede estar relacionado con el de amarillo, ya que los dos tienen
la misma raíz, como veremos más adelante
|
9
.
Una vez hecho este análisis era para mí muy difícil encontrarle
sentido al significado del nombre muisca, pero la confrontación con
algunos escritos extralingüísticos me ha mostrado la enorme
significación que encierra. Podría decir que el contenido semántica
de este nombre es la confirmación del estudio iconográfico del
Museo del Oro que hace Reichel-Dolmatotoff en su obra
|Orfebreria y
|chamanismo (1988) y que sus
planteamientos no son otra cosa que el respaldo total al análisis
semántica del
|suetyba muisca.
El mencionado autor encuentra que en la orfebrería precolombina
aparece persistentemente la representación de un pájaro con alas y
cola desplegada, representación básica de lo que él llama icono A,
entre cuyas variantes, aparecen: la representación de pájaros y
figuras humanas, la representación de figuras humanas combinadas
con el patrón básico y la representación de figuras humanas con
máscara de pájaro.
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Figura 2. El vuelo chamánico, ícono
A de Gerardo Reichel-Dolmatoff, en una pieza de estilo Cauca. MO
3.038, 24.0 x 16.5 cm, procedente de Pueblillo, Popayán, Cauca.
Fotografía de Jorge Mario Múnera.
|
Reichel-Dolmatoff sugiere que por ser las aves animales
chamánicos por excelencia, estas representaciones de la orfebrería
precolombina (que se extiende más allá del territorio muisca)
«constituyen un complejo coherente y articulado de arte chamánico,
con el tema de la transformación» (Reichel-Dolmatoff, 1988: 15).
Los contextos rituales de donde proceden los objetos, ya que todos
han sido hallados en tumbas y lugares de ofrenda, le permiten
relacionados abiertamente con el mundo del chamán:
|«Las aves vuelan, cantan y bailan; llevan plumajes vistosos,
y por eso son animales chamánicos por excelencia. La aguda vista,
sus garras, la diversidad de sus picos, junto con los innumerables
detalles de su comportamiento especifico, las asocian con el mundo
chamánico, más que cualquier otro grupo de animales...»
(Reichel-Dolmatoff, 1988: 66).
Según Reichel-Dolmatoff, el mundo del chamán es un mundo de
transformaciones y las figuras de aves o felinos son los auxiliares
clásicos del chamán:
|«El chamán es siempre un gran transformador y así hay una
relación, un entendimiento entre él y ciertos animales que pasan
por una metamorfosis; los batracios y las mariposas son animales
chamánicos por excelencia, lo mismo que aquellos que cambian de
piel, como las culebras y los cangrejos... ante todo el chamán es
el hombre-pájaro, es el dueño y compañero de todas las aves...»
(Reichel-Dolmatoff, 1988: 26).
Esto lo muestra también Ann Osbom en su artículo «Comer y ser
comido. Los animales en la tradición oral u'wa (tunebo)» entre
quienes el chamán con el poder de los alucinógenos se ve a sí mismo
como un jaguar o un pájaro, según viaje al mundo de abajo a al de
arriba
|
10
.
Revisando el tomo de Pérez de Barradas sobre estilo muisca de la
obra
|Orfebrería prehispánica de Colombia
|
11
, vemos también allí la
frecuente presencia de aves en las piezas muiscas, en especial en
los bastones que llevan en las manos muchas figuras humanas.
Aparece también el mencionado hombre-pájaro descrito por
Reichel-Dolmatoff para piezas de diferentes culturas.
Pero regresemos al concepto de 'amarillo'. Si observamos
nuestros documentos, vemos con claridad que la raíz
|tyba-
encierra los conceptos de 'anciano' y de 'amarillo':
Amarillar.
|Atybansuca.
Amarilla cosa.
|Atyban mague, tybco, tybaguaze.
Platero.
|Tyba. (González de Pérez, 1987: 185).
Viejo. Tybara [o]
|tybacha (González de Pérez, 1987:
333).
Capitán.
|Tybara (González de Pérez, 1987: 356).
Capitán.
|Zibyntyba (González de Pérez, 1987: 209).
Capitán menor.
|Uta [o]
|tybargue (González de
Pérez, 1987: 209).
Sin embargo, no es muy clara la causa. Pensar que se trate de
raíces homónimas tal vez sería demasiado simple, pues estaríamos
mirando el fenómeno, aislados en el análisis de segmentación
morfológica. Que el platero u orfebre se llamara a su vez
|tyba, resulta bastante sugestivo; no obstante, 'oro'
|nyia, no tiene esta raíz.
Retornando la obra mencionada de Reichel-Dolmatoff, encontramos
de nuevo su respuesta a nuestro interrogante:
|«En las religiones el oro es de carácter sacrificante,
ofrendatario [...] El nexo entre el oro, la esfera sobrenatural y
el poder es una constante del pensamiento humano [...] Por estas
mismas razones, en muchas sociedades del pasado y del presente el
orfebre se relaciona con el mago. Ese orfebre, tal como el chamán,
es un transformador pues al labrar el oro y dar1e una forma
culturalmente significante, hace pasar la materia de un estado
profano a lo sagrado...» (Reichel-DolmatoH, 1988: 17).
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Ponencia presentada en el Simposio
«La religión entre los grupos chibchas prehispánicos, coloniales y
actuales del continente americano» organizado por el Museo del Oro
y el Departamento de Antropología de la Universidad Nacional en el
marco del VI Congreso Latinoamericano de Religión y Etnicidad,
Santa Fe de Bogotá, junio de 1996.
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1
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Conocí estos últimos manuscritos
gracias a la amabilidad de las señoras Mariana Escribano y Asunción
Velilla, quienes obtuvieron para mi una fotocopia de los originales
que se conservan en Madrid. También agradezco de manera muy
especial a Nicholas Ostler por haberme enviado varios de sus
trabajos inéditos sobre la lengua muisca, en particular, por la
versión invertida del Vocabulario Mosca, 1612 (Ms- 2923), que ha
sido para mi de gran utilidad (véase la bibliografía final).
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2
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Si nos atuviéramos únicamente a los términos registrados,
podríamos deducir que la leche, el queso y las confituras hacían
parte de la dieta muisca, y que usaban calzas y criaban gallinas,
pues los vocabularios nos traen la forma de expresar estos
conceptos en muisca.
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3
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Uso los términos sacerdote y chamán en forma indistinta, pues
no pretendo detenerme a distinguir las funciones específicas de
cada cual.
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4
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Es necesario aclarar que la
escritura utilizada por los doctrineros estudiosos del muisca es
muchas veces cambiante debido a varias razones. En primer lugar,
escribir con el abecedario español una lengua indígena con algunos
sonidos totalmente ajenos a la fonética de las lenguas conocidas
por los doctrineros hizo que éstos usaran los signos conocidos más
aproximados al sonido extraño que escuchaban. Así, unas veces
emparentaban el nuevo sonido con uno conocido y otras con otro
similar, cambiando la grafía algunas veces, pero permitiéndonos a
nosotros deducir el sonido indígena, -además de otras causas y
hechos- según las vacilaciones de escritura. Es el caso del sonido
muisca /A/ fricativa, bilabial, sonora, que aparece como b o como
f.
En segundo lugar, por aquella época
la ortografía del español no estaba establecida con firmeza y
algunas grafías se cambiaban por otras igualmente aceptadas en
español. Así encontramos con frecuencia cambios de z, c, ç.
Finalmente, los manuscritos
originales eran copiados por amanuenses que muchas veces
introducían cambios ortográficos debidos, entre otras causas, a la
inestabilidad de la ortografía de la época. Puede aparecer, por
ejemplo, u, v, b con el mismo valor.
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5
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Esta primera versión ortográfica es
de Fray Bernardo de Lugo, quien, sin duda, fue el gramático que
mejor intentó ser fiel a la fonética del muisca, pues con base en
los alfabetos latino y griego ideó signos que representaran mejor
los sonidos muiscas.
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6
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Véase Lapesa. Rafael. Historía de la lengua española. Séptima
edición. Madrid: 1968, págs. 146:147, 247-248, 300, 348.
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7
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La traducción es mía
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8
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"Quando se juntan dos
nombres sustantivos [...] y el primero tiene dos silabas, con todo
eso no está en jenitibo, es señal que no significa la persona cuya
es la cosa, sino quel segundo nombre se dise apositibe del primero;
como: paba Dios quiere desir Dios Padre, pero si dijera pabu Dios,
entonces significaría Dios del Padre"(Gonzálezde Pérez,
1987: 138).
Nicholas Ostler basado tal vez, en lo dicho por Lugo sobre el
lugar que debe ocupar el adjetivo después del nombre, sugiere la
traducción 'pájaro viejo o amarillo' (1992: 71, pero me atrevo a
disentir con base en las reglas gramaticales citadas y en algunos
nombres en donde el elemento adjetivizador ocupa el primer lugar,
mostrando que no era muy estricto el orden. Ejemplo: tybaiomy
'turma amarilla', gazaiomy 'turma ancha', quyiomy 'turma larga',
funzaiomy 'turma negra', xieiomy 'turma blanca' (González de Pérez,
1987: 331) ('turma', 'papa' = -iomy).
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9
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Podría existir la posibilidad de que sue 'ave' esté relacionado
con sua 'sol', pero no me he adentrado en este estudio.
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Vease Osborn, 1990 : 13-41.
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Vease bibliografia final
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