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INDICE
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|Destrucción de templos indígenas
en la Sierra Nevada de Santa Marta: siglo XVII
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CARLOS ALBERTO URIBE T.
DEPARTAMENTO DE ANTROPOLOGÍA, UNIVERSIDAD DE LOS ANDES
DEPARTAMENTO DE PSIQUIATRÍA, UNIVERSIDAD NACIONAL DE
COLOMBIA
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Ilustración imaginada por Theodor de
Bry acerca de los sucesos de Ojeda y Nicuesa en el Darién
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|Abstract: Study of a colonial document recently
discovered in the Archivo de Indias of Seville (AGI. Santafé 59.
Destrucción de Cansa-marías de los indios Aruacos, Santa Marta),
relating the visit of the Peruvian Agustinian missionary Fray
Francisco Romero to the Sierra Nevada de Santa Martha (Colombia) in
1691, the destruction of many Indian temples and forfeit of their
«idols devoted to the demon». This information adds to that
published by the same triar in his book Llanto sagrado de la
América Meridional (1693), showing the lasting efforts made by the
Church and colonial authorities to eradicate Indian religions and
extend evangelization to any limit of the Gobernación de Santa
Martha.
|De nuevo dijo Elias al pueblo: He quedado yo solo de los
profetas del Señor; cuando los profetas de Baal son en número de
cuatrocientos y cincuenta personas. Con todo, dénsenos dos bueyes;
de los cuales escojan ellos uno, y haciéndolo pedazos, pónganlo
sobre la leña, sin aplicar le fuego; que yo sacrificaré el otro
buey, lo pondré sobre la leña, y tampoco le aplicaré fuego. Invocad
vosotros el nombre de vuestros dioses, y yo invocaré el nombre de
mi Señor; y aquel Dios que mostrare oír, enviando el fuego, ése sea
tenido por el verdadero Dios. Respondió todo el pueblo diciendo a
una voz: Excelente proposición. Antiguo Testamento: Libro nI de
los Reyes, 18,22-24
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En el año de 1693 apareció publicado en Milán un libro cuyo
título es tan barroco como lo es el período de las culturas europea
y americana en el que vio la luz. Se trata del
|«Llanto sagrado
de la América meridional, que busca alivio en los Reales ojos de
nuestro Católico, y siempre gran Monarca Señor Don Carlos Segundo,
Rey de las Españas, y Emperador de las Indias; para mayor
incremento de la militante Iglesia, restablecimiento de la
Monarquía, y nueva dilatación del Imperio Indiano». Su autor
era un fraile nativo del Perú, religioso de la Orden Calzada de
Nuestro Padre San Agustín, el Padre Fray Francisco Romero. ¿Quién
era este Fray Francisco? ¿De qué trata este Llanto sagrado
presentando por él en forma de memorial ante nadie menos que el
abúlico y enfermizo Carlos II, apodado el Hechizado, el último de
los Austrias en gobernar sobre las Españas?
La respuesta a la primera pregunta la provee Gabriel Giralda
Jaramillo en su estudio «El Padre Francisco Romero y su obra», que
escribiera con ocasión de la publicación en 1955 del Llanto sagrado
conforme a la edición milanesa de 1693 (Giralda Jaramillo, 1955).
Según este historiador colombiano, el Padre Romero debió nacer
hacia el año de 1659. Muy joven entró al Convento de los Agustinos
de Lima, en donde fue ordenado sacerdote. Luego, en 1689, se
convierte en misionero y se dirige al Obispado de Quito, ciudad en
la que recibió la orden de viajar a Europa. El Padre Romero inició
así un largo peregrinaje que lo llevaría primero a la población de
Timaná, en el Obispado de Popayán, adonde se empeñó en organizar la
conquista y catequización de los indígenas tama del Caguán -empeño
en el que fracasó en su primer intento de 1690-. De Timaná, nuestro
fraile siguió hacia Santafé para tratar de rescatar sin éxito sus
planes del Caguán, razón por la cual continuó por el río Magdalena
abajo, hasta alcanzar a mediados de 1691 la ciudad de los Reyes del
Valle de Upar. Mientras se hallaba allí de paso, el Padre Romero se
encontró con don Juan Cuadrado de Lara, visitador del Obispado de
Santa Marta, quien le encomendó adentrarse en lo más encumbrado y
escondido de las «sierras nevadas» en pos de la destrucción de unos
templos
|«donde los indios de nación aruacos (sic) hacían
víctimas al demonio» (Romero, 1955: 79).
Terminado que hubo el fraile esta empresa misionera, de la que
después trataremos con detalle, prosiguió su viaje adentrándose por
la península de la Guajira, para pasar de allí a la isla de Cuba y
luego navegar a Europa a fines de 1692. En el Viejo Mundo, el Padre
Romero anduvo por Madrid y luego por Roma, siempre en procura de
lograr las autorizaciones correspondientes para desarrollar su
misión entre los tama. Tanto celo apostólico no fue óbice para que
el misionero indiano se ocupara también de los asuntos de la pluma.
En efecto, en 1693 el fraile entregó a la imprenta de Marcos
Antonio Pandulfo Malatesta, Impresor Regio y Camaral del ducado de
Milán, el manuscrito de su libro redactado cuando se encontraba en
alta mar. O como el mismo Fray Francisco anota en su dedicatoria al
confesor del rey:
|«del mar donde, navegando de Indias para
Europa, fue formado el memorial que presento, por tener a vista los
riesgos de morir más afianzadas sus cláusulas» (Romero, 1955:
50).
Además de su Llanto sagrado, el fraile publicó por el tiempo de
su permanencia europea otras dos obras de carácter misional:
«Escuela de la mejor ciencia para la enseñanza de los infieles» y
«Del Missionario instruido en su ministerio». Además, tradujo al
español la «Doctrina Cristiana» de San Carlos Borromeo,
producciones todas hoy poco conocidas (Giralda Jaramillo, 1955:
26-27).
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Ponencia presentada en el Simposio ..La religión entre los
grupos chibchas prehispánicos, coloniales y actuales del continente
americano.. organizado por el Museo del Oro y el Departamento de
Antropología de la Universidad Nacional en el marco del Vi Congreso
Latinoamericano de Religión y Etnicidad, Santa Fe de Bogotá, junio
de 1996
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Agradezco a Jon Landaburu quien llamó mi atención sobre este
trozo del Libro III de los Reyes.
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