Iconografía de patologías en la
colección de orfebrería del Museo del Oro
HUGO SOTOMAYOR TRIBÍN GONZALO CORREAL
URREGO
Este trabajo, primero que se realiza sobre patologías
representadas en la colección de orfebrería prehispánica que reposa
en el Museo del Oro del Banco de la República, fue acometido por
los autores después de haber estudiado por varios años la
iconografía del tema en la cerámica precolombina y estudiar
abundante material óseo (ver Correal, 1985, 1990 y Sotomayor, 1990,
1992), y se realizó gracias al permiso y colaboración de las
directivas del Museo.
Material y
métodos
Después de revisar más de treinta y tres mil piezas de oro,
archivadas en cuarenta y siete álbumes de fotografías, de visitar
las colecciones expuestas en las vitrinas de los museos de Bogotá,
Cali y Cartagena y de preseleccionar cuarenta y cuatro piezas sólo
se escogieron dos al cabo de un examen más detenido de las
fotografías y las piezas expuestas.
La primera, con el registro 30227, expuesta en el museo de
Bogotá, considerada como un remate de bastón de la cultura Zenú, de
4.8 cms. de alto y 7.0 cms. de ancho, representa a un personaje
masculino, sentado en un butaco, con una cifosis angular de la
columna torácica (giba), con un gorro y una nariguera, sostiendo un
instrumento de percusión -una maraca- en su mano derecha y un
grueso instrumento de viento entre su boca y su mano izquierda
(fotografía 1).
La segunda, con el registro 30405, expuesta en el museo de Cali.
pertenece a la fase Yotoco del gran complejo cultural Calima, de
1.4 cms. de ancho, 2.0 cms. de alto y 5.15 grs. de peso, sólo
detallada a través de una lupa puesta en la vitrina, representa a
un hombre con una cifosis dorsal en la que reposa un objeto que
parece hacer continuidad con su gorro cónico. El personaje
enmascarado, que hace recordar una prosbócide de la que cuelga una
enorme nariguera, tiene un largo miembro superior izquierdo
incurvado y en su mano derecha un bastón del tamaño de su propia
altura (fotografía 2)
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1
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Discusión
De la pieza Zenú gibada por cifosis angular torácica se pueden
considerar cuatro posibilidades diagnósticas:
Si bien puede corresponder a una tuberculosis, mal de Pott, ella
es poco probable por no estar la columna y umbar y la de la union
lumbosacra con defectos de curvatura y por ser un adulto y no un
niño el representado.
Aunque puede ser la expresión de un proceso de compromiso de los
cuerpos intervertebrales a manera de una cifosis juvenil o una
cifosis degenerativa por osteoporosis, la angulacion hace poco
probable el diagnóstico.
Puede ser una cifosis secundaria a procesos como asteoporosis,
osteomalcia, enfermedad de Paget, etc.
O, ser ocasionada por un defecto anatomico congenico que se
manifiesta meses después del nacimiento. El oficio de este gibado,
músico, hace poco probable la enfermedad de Pott por ser esta
enfermedad muy debilitante.
El diagnóstico más probable de la pieza Yotoco, si se coincide
en que la representación es la de un hombre adulto y que la
cifosis no es angular entonces es el de una cifosis simple por
compromiso de anillos intervetebrales.
Los significados de estas figurinas son diferentes a los
significantes del diagnostico medico.
Se sabe por los informes que dejaron Hernan Cortés, Bernal Díaz
del Castillo, Bernardino de Sahagún entre otros, de México y Guaman
Poma de Ayala del Perú que entre los Aztecas e Incas a los gibados
otros seres con deformaciones corporales se les asignaron espacios
físicos especiales en sus urbes y se les encargaron tareas rituales
específicas. La arqueología ha mostrado representaciones de gibados
en efigies de urnas, en esculturas lítricas, en figurinas de
cerámica, en pinturas, en relieves en lugares tan diferentes como
el sur de los estados Unidos, México, Guatemala, Nicaragua, Costa
Rica, Venezuela, el Perú costero y andino y la desembocadura del
río Amazonas en el Brasil (Linné, 1943).
En Colombia, al documentar gibados en la ceramica momil y
Tumaco, uno de los autores (H.S.T) consideró hace un par de años,
que esta patología, por ser representada en sujetos sentados en
bancos, pudo ser considerada como un elemento de prestigio y poder
en esas sociedades (Sotomayor, 1993).