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INDICE
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La deformación craneana como
marcador de diferenciación social
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ANA MARÍA BOADA RIVAS
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Vista del valle de Samacá .Las fotografías son de la
autora.
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|Abstract: A sample of ninc skulls with intentional
deformation found on a cemetery with 43 burials from the 13th
century in the Samacá Valley, Boyacá, arc analyzed under three
hypothesis: the deformation was an indicator of horizontal social
differentiation; was a marker of hierarchy or pointed ethnic
filiation. The first and the second hypothesis seem more likely
according with the current data.
La deformación craneana ha sido una práctica ampliamente usada
en las poblaciones humanas de todos los continentes y efectuada con
muy diversos propósitos. Algunas de las ideas más generalizadas son
que la deformación craneana constituye un rasgo estético (Brain
1979), un indicador de posición social (
|status) entre las
sociedades (Cassells 1972) o un marcador de pertenencia a un grupo
social (Munizaga 1987: 113). En Beaverdam (Georgia) la deformación
craneana fue practicada solamente en la población femenina
aparentemente con propósitos cosméticos (Blakely y Mathews 1975).
En el sito King (Georgia) todos los cráneos enterrados en el sector
público tenían deformación craneana y estaban asociados a
artefactos de guerra; esta evidencia sugirió que el estatus de
guerrero parece haber sido adscrito y realzado con la modificación
del cráneo (Garret 1988). La deformación craneana reportada en
Oruro parece haber tenido el propósito de diferenciar castas: la
forma tabular erecta correspondía a las «castas superiores», la
deformación tabular oblicua fue practicada a «grupos de determinada
jerarquía» y la deformación anular oblicua y erecta al común de la
población dado que era la más extendida (López 1956). En Colombia,
como en muchas otras partes del mundo, la mayoría de las veces
estas propuestas no han podido ser verificadas. Existen referencias
sobre dichas prácticas en diferentes grupos étnicos, pero la
carencia de contextos arqueológicos apropiados no ha permitido
contemplar este rasgo dentro de cada sociedad.
El propósito de este artículo es analizar el contexto donde
aparecen los esqueletos con deformación craneana en un asentamiento
del Valle de Samacá, Departamento de Boyacá (Colombia) y proponer
tres posibles explicaciones. La deformación artificial 1) actúa
como un marcador de diferenciación social horizontal; 2) constituyó
un indicador de diferenciación social vertical; 3) los individuos
que aparecen con deformación pertenecían a otro grupo étnico. Cada
una de estas hipótesis será evaluada mediante el análisis de datos
procedentes de 43 tumbas excavadas en este el asentamiento
arqueológico de Marín (Valle de Samacá). Para corroborar la primera
hipótesis se debe esperar que los individuos con modificación del
cráneo presenten una inversión de energía en el enterramiento y
tratamiento funerario equivalente a la del resto de la población.
Aunque cabe esperar cierta variabilidad en el tratamiento
funerario, éste debe estar asociado a las dimensiones de edad, sexo
y logro a través de la vida, según el argumento de Peebles y Kus
(1977). Para la segunda hipótesis, cabría esperar una
correspondencia entre una mayor inversión de energía y mayor número
de objetos funerarios y un grupo reducido de individuos. Para la
tercera alternativa, se esperaría un tratamiento funerario
diferente al observado para los individuos locales y una ubicación
segregada de los individuos dentro del asentamiento.
Si se parte del supuesto de que la deformación craneana es un
marcador de prestigio, ésta sería de personajes con posición social
adscrita, pues es una modificación que debe ser efectuada desde muy
temprana edad. A diferencia de otro tipo de modificaciones del
cuerpo, como cicatrices, mutilaciones, ligamento de extremidades,
pintura u otras formas de «ornamentación» corporal o aún, el uso de
accesorios, no es un rasgo o privilegio que el individuo pueda
adquirir con el tiempo, según sus méritos, sino que se nace con el
derecho a tenerlo. Sin embargo, la presencia de una característica
como ésta no es evidencia suficiente para concluir que las
modificaciones del cuerpo, en particular las del cráneo,
constituyen un indicador de estatus. Es necesario conocer otros
aspectos con los que este rasgo interactúa para tratar de entender
mejor cómo opera.
En los sitios arqueológicos hay varias maneras de identificar la
presencia y grado de diferenciación social. Binford (1972) propone
que las diferencias sociales existentes en una comunidad se
expresan también en las ceremonias fúnebres y el tratamiento de los
muertos. Entre más importante un personaje, mayor es la inversión
de energía en su enterramiento. Spencer (1982) siguiendo este
planteamiento, propone que se esperaría encontrar mayor cantidad de
objetos, particularmente foráneos, asociados a los miembros de la
élite. Peebles y Rus (1977) introducen dos conceptos que permiten
identificar la naturaleza de la diferenciación social al establecer
dos dimensiones en la «persona social»: una superior (o vertical)
en la cual las diferencias se basan en el estatus adscrito en donde
el individuo nace con ciertas prerrogativas que se manifiestan en
símbolos, mayor cantidad de objetos, etc., y una dimensión
subordinada (u horizontal) en la cual la diferencia social se basa
en las variables de edad y sexo. Por lo general, un individuo de
más edad tiene mayores opciones de lograr un mayor prestigio.
Tainter (1977) introduce dos términos relacionados con las dos
dimensiones de Peebles y Rus (1977) pero su definición complementa
con mayor exactitud el término de diferenciación social,
particularmente en referencia a la dimensión subordinada:
La dimensión vertical se refiere a la estructura de rango
gradual en una sociedad. La dimensión horizontal, por otra parte,
abarca componentes estructurales que son equivalentes en niveles
jerárquicos idénticos y entre los cuales no hay mayores diferencias
institucionalizadas en rango. Ejemplos de tales componentes
diferenciados horizontalmente pueden incluir las mitades, unidades
individuales de descendencia de sistemas de descendencia
segmentarios, grupos de trabajo, bandas territoriales, etc.
(Tainter, 1977: 331 en O'Shea, 1984: 16. Traducido por la
autora).
Contexto general del asentamiento
arqueológico
El material de análisis proviene del asentamiento arqueológico
denominado Marín (o el Santuario) ubicado a los 5° 5» 73° 50` en
el Valle de Samacá, departamento de Boyacá, Colombia (Boada, 1987a,
1987b) localizado a los 2.600 msnm, con una temperatura promedio de
12° C y una baja pluviosidad (500 - 1000 mm anuales) (IGAC
1977:120-127).
Para el siglo XIII d. C., el asentamiento arqueológico de Marín
formaba parte de una serie de aldeas ubicadas en el valle de
Samacá. Desde el siglo XI d.C., las comunidades desplazaban los
asentamientos cada de terminado tiempo a una distancia de uno o dos
km del sitio original dentro de un radio relativamente estable,
pero siempre conservando una distancia promedio entre aldea y aldea
de unos tres kilómetros. Esto permitía una rotación en el uso de
áreas de captación inmediata (Boada, 1991: 42). Para el valle en
general, se reconocen cuatro tipos de asentamientos: una aldea
central permanente bastante más grande que el resto (16 ha), aldeas
entre 2.5 a cinco hectáreas, caseríos con extensiones de una a 2.5
hectáreas y viviendas aisladas con áreas menores de una hectárea.
Marín mismo fue una aldea de cinco hectáreas de extensión que ocupó
el segundo nivel en la jerarquía local según el tamaño de los
asentamientos. La existencia de al menos dos niveles en la
jerarquía administrativa (Wright, 1977: 381) parece muy
probable.
Dentro de una escala espacial más amplia, la cronología, las
características del material cerámico, las prácticas funerarias y
los rasgos de los asentamientos del valle de Samacá relacionan a
estas comunidades con los grupos que habitaron una región mucho más
amplia, que hasta el momento se han identificado en las zonas de
Tunja, Samacá, Sáchica, Villa de Leiva y Sutamarchán, desde el
siglo XI d.C. (Castillo, 1984; Falchetti 1975 Boada Mora y Therrien
1988) y probablemente desde una Leiva antes del siglo VIII d.C.
(Castillo, 1984; Holden, 1989).
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Por el momento la falta de un reconocimiento regional
sistematico no deja evaluar si el valle constituyó una unidad
geográfica y política autónoma o si existió un nivel jerárquico
superior localizado por fuera de él. Aunque se presume que Tunja
pudo haber desempeñado este papel y de hecho para el siglo XVI así
fue (Simón, 1981, Falchetti y Plazas, 1973; Londoño, 1984), por
ahora no ha sido establecido desde cuándo operó como un centro
regional. Con los datos disponibles hasta el momento, el patrón de
asentamiento de Samacá muestra la existencia de jerarquía de tamaño
de sitios, pero la naturaleza de la base de la jerarquía política
aún está por estudiarse. El asentamiento de mayor tamaño es El
Venado, donde se registra una amplia variabilidad de material
procedente de otras áreas geográficas, mayor extensión del área
habitada y una ocupación prolongada del sitio. Por su parte, Marín,
que como se dijo pertenece al segundo tipo más grande de los sitios
identificados, presenta menor variabilidad en el material foráneo y
una ocupación más corta, al igual que el resto de los sitios del
valle ubicados hasta ahora (Boada, 1991).
En casi toda el área de Marín se observan terrazas artificiales
con abundante material cultural en superficie debido al alto grado
de erosión al que está sujeta la zona. Este proceso de deterioro
del sitio junto con la actual adecuación progresiva de las tierras
para labores agrícolas ha destruido gran parte del piso cultural,
de manera que el énfasis de las investigaciones ha sido puesto en
la recuperación de los rasgos ubicados en las zonas de mayor
impacto. Tales rasgos son restos de huellas de poste y pisos de
plantas de bohíos, canales de desagüe y depósitos subterráneos.
Diversas estructuras, particularmente tumbas ubicadas en estas
terrazas y en el interior de los bohíos, han sido excavadas durante
varias etapas de campo. El sitio cuenta con dos fechas absolutas de
radiocarbón, procedentes de muestras de carbón vegetal halladas
dentro de recipientes colocados como ajuar funerario en dos tumbas:
700 ± 80 AP (Beta 22667) y 600 ± 100 AP (Beta 22669, en Boada,
1988: 137).
Aparecen tres formas de tumbas: oval, cilíndrica pozo con nicho.
El esqueleto se encuentra invariablemente en posición fetal de
decúbito o sentado, salvo contados casos en que fue perturbado y
los huesos están desarticulados. La mayoría de los cuerpos fueron
envueltos en mantas y luego cubiertos con una masilla hecha de
ceniza y arcilla mezclada con agua formando una capa de 6 mm de
espesor. Posteriormente fue en u toen mantas y atado con cuerdas.
En algunos casos el envoltorio cubria todo el cuerpo, en otros sólo
la parte de la cadera y los pies y en los restantes se encontraba
ausente. Dos niños fueron enterrados dentro de ollas domesticas
(Boada, 198 7b).
La muestra considerada para este artículo es de 43 tumbas con
entierros individuales, de los cuales 9 casos, o sea el 1 .55% ( 2
infantes, 3 hombres y 4 mujeres, presentan deformación craneana del
tabular oblicuo según la clasificación de Demho e Imbelloni
(1938:262-263). La apariencia de estos cráneos es cúbica debido al
aplanamiento del frontal, el occipital y la región lámbdica por
presiones ejercidas en esas zonas desde temprana edad.
Otros tipos de deformación fueron practicados en este sitio y
corresponden a 3 casos de la descrita anteriormente pero donde la
modificación del cráneo fue tan leve que existen serias dudas de
una abierta intención de deformarlo. Otros casos corresponden a
surcos en el frontal y detrás de la satura coronal. Estas
modificaciones aparecen también en los cráneos con deformación
tabular marcada y ligera por lo cual se deduce que fueron
consecuencias de la costumbre generalizada dentro de esta
.población de fajar la cabeza de los niños desde muy temprana edad
(Boada 1988).
Análisis de la deformación
craneana
Dado que este sitio cuenta con extensas excavaciones, existe
gran cantidad de información (ver Boada, 1987b) que por el momento
no puede ser comparada con registros arqueológicos de la misma
magnitud en sitios del valle de Samacá. Por ello, la información
será tratada como puntual en espera de información comparativa.
Mientras esto sucede, varias hipótesis serán formuladas y evaluadas
para explicar cual era el objeto de la deformación craneana.
|Hipótesis 1. La deformación actúa como un marcador de
«diferenciación social horizontal» para la población del
asentamiento de Marín. Es decir, que la deformación craneana es una
característica equivalente a otros marcadores de identificación
social como podría ser el uso de algunos objetos (i.e.
indumentaria, accesorios), el tipo de tratamiento funerario, etc.
En efecto, la distribución espacial de individuos con modificación
del cráneo junto con algunas características del tratamiento
mortuorio sobresalen formando conjuntos distinguibles unos de
otros. Un grupo está conformado por las siguientes variables:
individuos con deformación craneana, forma cilíndrica de la tumba,
envoltorio completo de ceniza, posición sentada del esqueleto en la
tumba, ubicación de este grupo en el centro del asentamiento e
inclusión de muy pocos objetos en los enterramientos. Un segundo
grupo se define por tumbas que presentan artefactos de concha y
oro, esmeraldas (elementos importados) y en general mayor cantidad
de vasijas cerámicas, junto con un tratamiento funerario en donde
los esqueletos se encontraban en tumbas de pozo con nicho, poco
profundas, y los cuerpos tenían envoltorio parcial de ceniza en la
zona de la pelvis y los pies. Ambos grupos están conformados por
individuos de ambos sexos y de todos las cohortes de edad.
La distribución espacial de los entierros parece indicar la
existencia de grupos familiares distribuidos por sectores dentro
del asentamiento. Grupos de entierros se asocian a restos de
estructuras de bohíos conformando unidades domésticas discretas.
Esta distribución espacial sectorizada probablemente está
relacionada con el sistema de parentesco documentado para el siglo
XVI, cuando varios investigadores lo definen como una linca de
descendencia matrilineal con prevalencia de la exogamia, matrimonio
preferencial entre primos cruzados y un patrón de residencia
avunculocal (Villamarín, l972 Viliamarín y Víllamarín, 1981;
Londoño, 1984) Esto implica que los hombres parientes entre sí
permanecían viviendo en la comunidad mientras las mujeres
abandonaban su aldea y se iban a vivir a la aldea del tío materno
del esposo. Observando estas reglas de parentesco y residencia uno
esperaría encontrar que las tumbas de esqueletos masculinos fueran
relativamente similares. Lo curioso es que los entierros de los
hombres no son muy similares aún entre aquellos que pertenecen a
una misma unidad doméstica; por el contrario, hay mucha
variabilidad en todo el asentamiento.
Lo que sí es un patrón notoriamente claro es que los esqueletos
con deformación craneana, además de otras características, están
concentrados espacialmente en el centro del asentamiento. Por otra
parte, los entierros que tienen mayor número de objetos junto con
envoltura parcial de ceniza etc. no están en el centro del
asentamiento sino distribuidos en diversos sectores del sitio.
La diversidad funeraria (tratamiento funerario, posición del
esqueleto, deformación craneana, cantidad y tipo de elementos
asociados a las tumbas, entre otros) podría verse como una
expresión de variabilidad social dentro de un sistema de rangos
sociales equivalentes en la organización social del grupo. Aunque
la diferencia en la inversión de energía y la distribución de
objetos en las tumbas es bastante modesta y no muestra la
existencia de rango, contrasta con otro sector donde el énfasis
está puesto en diferenciarse en su localización dentro del
asentamiento, en modificaciones del cuerpo y en el tipo de
enterramiento. Es decir que el grado de variabilidad mortuoria
estaría indicando predominantemente la existencia de una
diferenciación social horizontal.
La equivalencia de rangos sociales mostrada a través de símbolos
tiene como objeto, en algunas sociedades, comunicar la pertenencia
a cierto grupo social y por lo tanto el tipo de relaciones que
establece cada individuo con el resto de los miembros de la
sociedad correspondiente al mismo o a diferente grupo familiar. Un
caso etnográfico que ejemplifica este tipo de interacción es el de
los Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. Las
mochilas de algodón son tejidas por mujeres con diseños que
identifican con ciertos clanes a los hombres que las usan. Estos
marcadores sociales permiten determinar el tipo de relaciones que
se establecen entre los diferentes miembros del grupo
(Reichel-Dolmatoff, 1985). La existencia de un mayor número de
objetos y la práctica de la deformación craneana son dos aspectos
que típicamente marcan diferencias de estatus en otras sociedades.
Generalmente se apoyan el uno al otro y por eso es difícil de
entender que en el sitio de Marín estén operando separadamente
dentro del mismo contexto social. Desde esta perspectiva, esto
apoyaría el planteamiento de que grupos familiares de estatus
equivalente se encuentran utilizando diversos marcadores de
identificación social dentro de un sistema de diferenciación social
horizontal. Sin embargo, existen otras líneas de evidencia que se
discutirán en seguida y que ponen en duda este argumento.
|Hipótesis 2. Esta segunda hipótesis, expuesta con
anterioridad (Boada, 1988), propone que la deformación craneana fue
un indicador de diferenciación social vertical. Es decir que esos
individuos pertenecieron a un grupo de prestigio o de mayor rango
social.
En general, estudios en diferentes partes del mundo han mostrado
la existencia de otros indicadores de estatus más poderosos como la
cantidad de energía invertida en tumbas monumentales que
requirieron de un esfuerzo laboral comunitario, un ostentoso y
prolongado ritual funerario y enormes riquezas incluidas en las
tumbas (Binford, 1972; Spencer, 1982). En el asentamiento de Marín,
algunos individuos entre los que se incluyen mujeres, hombres y
niños, presentan un mayor número de objetos en el ajuar funerario
lo cual indica cierto grado, muy modesto, de diferenciación social
de carácter adscrito. Sin embargo, ninguno de ellos presenta
deformación craneana. Igualmente, tampoco es evidente en el sitio
una notoria inversión de trabajo en la construcción en las tumbas.
Aunque esto no es determinante, dado que la energía pudo haber sido
invertida en su mayor parte en el rito funerario o en materiales
perecederos (i.e. mantas de algodón, plumas etc.) y pudo por lo
tanto no haber quedado marcada en el registro arqueológico
(Chapman, Kinnes y Randsborg, 1981: 12-13)
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|, puede asumirse de todas maneras que
si realmente existió una marcada diferenciación social se esperaría
que ésta fuera detectada a través de otros elementos.
Alguna evidencia adicional puede ayudar a aclarar el punto. Los
restos de huellas de poste de estructuras de bohíos de diferentes
tamaños podrían ser marcadores de estatus. Una de las estructuras
ubicada en el centro del asentamiento es la más grande de todas y
corresponde al área en donde fueron enterrados los individuos con
deformación craneana. Adicionalmente, un tramo corto de huellas de
poste dispuestas en hilera parece ser resto de un cercado que
rodeó, aisló y protegió a los bohíos centrales. Este tipo de
construcciones han sido ampliamente descritas por los cronistas
como viviendas de caciques para el siglo XVI (Simón, 1981). Si esta
parte del asentamiento perteneció a los personajes principales y si
la deformación craneana era un distintivo adscrito a una familia de
alto rango, significa que la acumulación de bienes y su
ostentación, al menos en tumbas, no fue imperativa para reafirmar
el estatus de este grupo social.
|Hipótesis 3. Una tercera alternativa es que los
individuos con deformación craneana pertenecieran a un grupo
diferente. Si esto es cierto, el tratamiento funerario, aunque
tiene rasgos que los agrupa, no es excluyente para otros sectores
de la población y contiene en general los mismos elementos que los
demás entierros practicados en el sitio, tanto en el tratamiento y
la posición del cuerpo como en las características estructurales de
la tumba. Es decir, que las prácticas funerarias locales fueron
extendidas a este grupo y se podría inferir que, si estos
individuos fueron tratados en el contexto funerario como el resto
de la población, en vida también estuvieron integrados a la
sociedad. Si no lo estuvieran se esperaría encontrar notorias
diferencias en los enterramientos que indicaran esta diferenciación
social y probablemente étnica. Parece muy poco probable que gente
ajena a la comunidad tuviera un tratamiento privilegiado en
términos de tratamiento funerario, una vivienda mayor y un espacio
central dentro del asentamiento. En mi opinión, esta hipótesis
tiene muy poco peso y puede ser descartada.
La presencia de esqueletos con un tipo de deformación craneana
similar en Tunja (Castillo, 1984) amplía este comportamiento a
sitios cerca nos al área de estudio. Sin embargo, no hay
documentación disponible sobre el contexto en el cual aparecen
estos individuos.
La falta de documentación de esta práctica para el siglo XVI, a
excepción de una mención en Lenguazaque (Silva, 1968), no permite
ir más lejos en aclarar cómo estaba funcionando realmente la
deformación craneana. Se deduce de las crónicas que no era una
práctica muy extendida y que, o no fue crucial en la definición del
prestigio social, o la práctica en sí o su importancia no fueron
notadas y descritas por los cronistas como muchos otros rasgos sí
lo fueron. Sin embargo, el encontrar los surcos cóncavos en los
cráneos de un gran sector de la población, también presentes en los
cráneos con deformación tabular oblicua, sugiere que los diversos
tipos de modificaciones formaron parte de un programa generalizado
de fajar la cabeza y que la deformación tabular oblicua sólo
estaría dirigida a unos cuantos.
No obstante, cabe mencionar dentro de esta tercera hipótesis que
la deformación fue practicada por varios grupos étnicos que
rodeaban el altiplano Cundiboyacense. Para el caso de Soacha,
ubicado en la Sabana de Bogotá, las excavaciones mostraron la
presencía de individuos con deformación craneana muy similar a la
que hicieron los Panche (J. V. Rodríguez, com. pers. 1987), un
grupo vecino con el que en el siglo XVI se mantenían permanentes
conflictos aunque también relaciones de intercambio (Simón, 1981).
En el caso de Marín, la deformación hecha por los grupos vecinos
del área no se encuentra bien documentada aunque los Guane la
practicaban.
En síntesis, los datos favorecen a la segunda hipótesis. La
alternativa de la deformación craneana como un marcador de
diferenciación horizontal es atractiva en la medida en que su
ocurrencia está desvinculada de una mayor inversión de energía en
las tumbas y de un mayor número de objetos como ajuar. Sin embargo,
la asociación del grupo de individuos con estructuras de vivienda
sustancialmente más grandes que el resto, así como una empalizada
similar a los cercados para caciques descritos en las crónicas y su
ubicación en el centro del asentamiento, sugiere que la deformación
social constituyó un marcador de más alto rango social. Es posible
que la estructura social en aldeas pequeñas no estuviese
marcadamente diferenciada y probablemente un estudio sobre esta
práctica en sitios jerárquicamente más importantes ayude a evaluar
mejor las hipótesis propuestas.
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1
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Una primera versión de este trabajo fue presentada en el II
Congreso Mundial de Arqueología. Venezuela, 1990. Agradezco de
manera muy especial a Agusto Oyuela (Universidad de Pittsburgh) sus
comentarios a este ensayo. Igualmente agradezco las sugerencias
hechas por Ana María Falchetti y Felipe Cárdenas. La información
presentada forma parte de la investigación financiada por la
fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de
la Republica, Bogotá, y por fondos propios.
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2
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La fecha proviene de una momia del Cantón de Leiva del 1100±60
a. P. que se encuentra en el Museo Británico (holden 1989:7). La
práctica de la momificación se continúa en esta zona hasta hasta el
siglo XVI, época en que fue registrada por los cronistas.
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3
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Se puede ver un caso etnográfico de ritual funerario en donde
la complejidad de la ceremonia no queda representada en el registro
arqueológico en Reichel-Domattoff, 1977.
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