Ficha bibliográfica
Titulo:
La deformación craneana como marcador de diferenciación social
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Ana María Boada Rivas




INDICE




La deformación craneana como marcador de diferenciación social | 1

ANA MARÍA BOADA RIVAS

Vista del valle de Samacá .Las fotografías son de la autora.

|Abstract: A sample of ninc skulls with intentional deformation found on a cemetery with 43 burials from the 13th century in the Samacá Valley, Boyacá, arc analyzed under three hypothesis: the deformation was an indicator of horizontal social differentiation; was a marker of hierarchy or pointed ethnic filiation. The first and the second hypothesis seem more likely according with the current data.

La deformación craneana ha sido una práctica ampliamente usada en las poblaciones humanas de todos los continentes y efectuada con muy diversos propósitos. Algunas de las ideas más generalizadas son que la deformación craneana constituye un rasgo estético (Brain 1979), un indicador de posición social ( |status) entre las sociedades (Cassells 1972) o un marcador de pertenencia a un grupo social (Munizaga 1987: 113). En Beaverdam (Georgia) la deformación craneana fue practicada solamente en la población femenina aparentemente con propósitos cosméticos (Blakely y Mathews 1975). En el sito King (Georgia) todos los cráneos enterrados en el sector público tenían deformación craneana y estaban asociados a artefactos de guerra; esta evidencia sugirió que el estatus de guerrero parece haber sido adscrito y realzado con la modificación del cráneo (Garret 1988). La deformación craneana reportada en Oruro parece haber tenido el propósito de diferenciar castas: la forma tabular erecta correspondía a las «castas superiores», la deformación tabular oblicua fue practicada a «grupos de determinada jerarquía» y la deformación anular oblicua y erecta al común de la población dado que era la más extendida (López 1956). En Colombia, como en muchas otras partes del mundo, la mayoría de las veces estas propuestas no han podido ser verificadas. Existen referencias sobre dichas prácticas en diferentes grupos étnicos, pero la carencia de contextos arqueológicos apropiados no ha permitido contemplar este rasgo dentro de cada sociedad.

El propósito de este artículo es analizar el contexto donde aparecen los esqueletos con deformación craneana en un asentamiento del Valle de Samacá, Departamento de Boyacá (Colombia) y proponer tres posibles explicaciones. La deformación artificial 1) actúa como un marcador de diferenciación social horizontal; 2) constituyó un indicador de diferenciación social vertical; 3) los individuos que aparecen con deformación pertenecían a otro grupo étnico. Cada una de estas hipótesis será evaluada mediante el análisis de datos procedentes de 43 tumbas excavadas en este el asentamiento arqueológico de Marín (Valle de Samacá). Para corroborar la primera hipótesis se debe esperar que los individuos con modificación del cráneo presenten una inversión de energía en el enterramiento y tratamiento funerario equivalente a la del resto de la población. Aunque cabe esperar cierta variabilidad en el tratamiento funerario, éste debe estar asociado a las dimensiones de edad, sexo y logro a través de la vida, según el argumento de Peebles y Kus (1977). Para la segunda hipótesis, cabría esperar una correspondencia entre una mayor inversión de energía y mayor número de objetos funerarios y un grupo reducido de individuos. Para la tercera alternativa, se esperaría un tratamiento funerario diferente al observado para los individuos locales y una ubicación segregada de los individuos dentro del asentamiento.

Si se parte del supuesto de que la deformación craneana es un marcador de prestigio, ésta sería de personajes con posición social adscrita, pues es una modificación que debe ser efectuada desde muy temprana edad. A diferencia de otro tipo de modificaciones del cuerpo, como cicatrices, mutilaciones, ligamento de extremidades, pintura u otras formas de «ornamentación» corporal o aún, el uso de accesorios, no es un rasgo o privilegio que el individuo pueda adquirir con el tiempo, según sus méritos, sino que se nace con el derecho a tenerlo. Sin embargo, la presencia de una característica como ésta no es evidencia suficiente para concluir que las modificaciones del cuerpo, en particular las del cráneo, constituyen un indicador de estatus. Es necesario conocer otros aspectos con los que este rasgo interactúa para tratar de entender mejor cómo opera.

En los sitios arqueológicos hay varias maneras de identificar la presencia y grado de diferenciación social. Binford (1972) propone que las diferencias sociales existentes en una comunidad se expresan también en las ceremonias fúnebres y el tratamiento de los muertos. Entre más importante un personaje, mayor es la inversión de energía en su enterramiento. Spencer (1982) siguiendo este planteamiento, propone que se esperaría encontrar mayor cantidad de objetos, particularmente foráneos, asociados a los miembros de la élite. Peebles y Rus (1977) introducen dos conceptos que permiten identificar la naturaleza de la diferenciación social al establecer dos dimensiones en la «persona social»: una superior (o vertical) en la cual las diferencias se basan en el estatus adscrito en donde el individuo nace con ciertas prerrogativas que se manifiestan en símbolos, mayor cantidad de objetos, etc., y una dimensión subordinada (u horizontal) en la cual la diferencia social se basa en las variables de edad y sexo. Por lo general, un individuo de más edad tiene mayores opciones de lograr un mayor prestigio. Tainter (1977) introduce dos términos relacionados con las dos dimensiones de Peebles y Rus (1977) pero su definición complementa con mayor exactitud el término de diferenciación social, particularmente en referencia a la dimensión subordinada:

La dimensión vertical se refiere a la estructura de rango gradual en una sociedad. La dimensión horizontal, por otra parte, abarca componentes estructurales que son equivalentes en niveles jerárquicos idénticos y entre los cuales no hay mayores diferencias institucionalizadas en rango. Ejemplos de tales componentes diferenciados horizontalmente pueden incluir las mitades, unidades individuales de descendencia de sistemas de descendencia segmentarios, grupos de trabajo, bandas territoriales, etc. (Tainter, 1977: 331 en O'Shea, 1984: 16. Traducido por la autora).

Contexto general del asentamiento arqueológico

El material de análisis proviene del asentamiento arqueológico denominado Marín (o el Santuario) ubicado a los 5° 5»  73° 50` en el Valle de Samacá, departamento de Boyacá, Colombia (Boada, 1987a, 1987b) localizado a los 2.600 msnm, con una temperatura promedio de 12° C y una baja pluviosidad (500 - 1000 mm anuales) (IGAC 1977:120-127).

Para el siglo XIII d. C., el asentamiento arqueológico de Marín formaba parte de una serie de aldeas ubicadas en el valle de Samacá. Desde el siglo XI d.C., las comunidades desplazaban los asentamientos cada de terminado tiempo a una distancia de uno o dos km del sitio original dentro de un radio relativamente estable, pero siempre conservando una distancia promedio entre aldea y aldea de unos tres kilómetros. Esto permitía una rotación en el uso de áreas de captación inmediata (Boada, 1991: 42). Para el valle en general, se reconocen cuatro tipos de asentamientos: una aldea central permanente bastante más grande que el resto (16 ha), aldeas entre 2.5 a cinco hectáreas, caseríos con extensiones de una a 2.5 hectáreas y viviendas aisladas con áreas menores de una hectárea. Marín mismo fue una aldea de cinco hectáreas de extensión que ocupó el segundo nivel en la jerarquía local según el tamaño de los asentamientos. La existencia de al menos dos niveles en la jerarquía administrativa (Wright, 1977: 381) parece muy probable.

Dentro de una escala espacial más amplia, la cronología, las características del material cerámico, las prácticas funerarias y los rasgos de los asentamientos del valle de Samacá relacionan a estas comunidades con los grupos que habitaron una región mucho más amplia, que hasta el momento se han identificado en las zonas de Tunja, Samacá, Sáchica, Villa de Leiva y Sutamarchán, desde el siglo XI d.C. (Castillo, 1984; Falchetti 1975 Boada Mora y Therrien 1988) y probablemente desde una Leiva antes del siglo VIII d.C. (Castillo, 1984; Holden, 1989). | 2

Por el momento la falta de un reconocimiento regional sistematico no deja evaluar si el valle constituyó una unidad geográfica y política autónoma o si existió un nivel jerárquico superior localizado por fuera de él. Aunque se presume que Tunja pudo haber desempeñado este papel y de hecho para el siglo XVI así fue (Simón, 1981, Falchetti y Plazas, 1973; Londoño, 1984), por ahora no ha sido establecido desde cuándo operó como un centro regional. Con los datos disponibles hasta el momento, el patrón de asentamiento de Samacá muestra la existencia de jerarquía de tamaño de sitios, pero la naturaleza de la base de la jerarquía política aún está por estudiarse. El asentamiento de mayor tamaño es El Venado, donde se registra una amplia variabilidad de material procedente de otras áreas geográficas, mayor extensión del área habitada y una ocupación prolongada del sitio. Por su parte, Marín, que como se dijo pertenece al segundo tipo más grande de los sitios identificados, presenta menor variabilidad en el material foráneo y una ocupación más corta, al igual que el resto de los sitios del valle ubicados hasta ahora (Boada, 1991).

 

En casi toda el área de Marín se observan terrazas artificiales con abundante material cultural en superficie debido al alto grado de erosión al que está sujeta la zona. Este proceso de deterioro del sitio junto con la actual adecuación progresiva de las tierras para labores agrícolas ha destruido gran parte del piso cultural, de manera que el énfasis de las investigaciones ha sido puesto en la recuperación de los rasgos ubicados en las zonas de mayor impacto. Tales rasgos son restos de huellas de poste y pisos de plantas de bohíos, canales de desagüe y depósitos subterráneos. Diversas estructuras, particularmente tumbas ubicadas en estas terrazas y en el interior de los bohíos, han sido excavadas durante varias etapas de campo. El sitio cuenta con dos fechas absolutas de radiocarbón, procedentes de muestras de carbón vegetal halladas dentro de recipientes colocados como ajuar funerario en dos tumbas: 700 ± 80 AP (Beta 22667) y 600 ± 100 AP (Beta 22669, en Boada, 1988: 137).

Aparecen tres formas de tumbas: oval, cilíndrica pozo con nicho. El esqueleto se encuentra invariablemente en posición fetal de decúbito o sentado, salvo contados casos en que fue perturbado y los huesos están desarticulados. La mayoría de los cuerpos fueron envueltos en mantas y luego cubiertos con una masilla hecha de ceniza y arcilla mezclada  con agua formando una capa de 6 mm de espesor. Posteriormente fue en u toen mantas y atado con cuerdas. En algunos casos el envoltorio cubria todo el cuerpo, en otros sólo la parte de la cadera y los pies y en los restantes se encontraba ausente. Dos niños fueron enterrados dentro de ollas domesticas (Boada, 198 7b).

 

La muestra considerada para este artículo es de 43 tumbas con entierros  individuales, de los cuales 9 casos, o sea el 1 .55% ( 2 infantes, 3 hombres y 4 mujeres, presentan deformación craneana del tabular oblicuo según la clasificación de Demho e Imbelloni (1938:262-263). La apariencia de estos cráneos es cúbica debido al aplanamiento del frontal, el occipital y la región lámbdica por presiones ejercidas en esas zonas desde temprana edad.

Otros tipos de deformación fueron practicados en este sitio y corresponden a 3 casos de la descrita anteriormente pero donde la modificación del cráneo fue tan leve que existen serias dudas de una abierta intención de deformarlo. Otros casos corresponden a surcos en el frontal y detrás de la satura coronal. Estas modificaciones aparecen también en los cráneos con deformación tabular marcada y ligera por lo cual se deduce que fueron consecuencias de la costumbre generalizada dentro de esta .población de fajar la cabeza de los niños desde muy temprana edad (Boada 1988).

Análisis de la deformación craneana

Dado que este sitio cuenta con extensas excavaciones, existe gran cantidad de información (ver Boada, 1987b) que por el momento no puede ser comparada con registros arqueológicos de la misma magnitud en sitios del valle de Samacá. Por ello, la información será tratada como puntual en espera de información comparativa. Mientras esto sucede, varias hipótesis serán formuladas y evaluadas para explicar cual era el objeto de la deformación craneana.

|Hipótesis 1. La deformación actúa como un marcador de «diferenciación social horizontal» para la población del asentamiento de Marín. Es decir, que la deformación craneana es una característica equivalente a otros marcadores de identificación social como podría ser el uso de algunos objetos (i.e. indumentaria, accesorios), el tipo de tratamiento funerario, etc. En efecto, la distribución espacial de individuos con modificación del cráneo junto con algunas características del tratamiento mortuorio sobresalen formando conjuntos distinguibles unos de otros. Un grupo está conformado por las siguientes variables: individuos con deformación craneana, forma cilíndrica de la tumba, envoltorio completo de ceniza, posición sentada del esqueleto en la tumba, ubicación de este grupo en el centro del asentamiento e inclusión de muy pocos objetos en los enterramientos. Un segundo grupo se define por tumbas que presentan artefactos de concha y oro, esmeraldas (elementos importados) y en general mayor cantidad de vasijas cerámicas, junto con un tratamiento funerario en donde los esqueletos se encontraban en tumbas de pozo con nicho, poco profundas, y los cuerpos tenían envoltorio parcial de ceniza en la zona de la pelvis y los pies. Ambos grupos están conformados por individuos de ambos sexos y de todos las cohortes de edad.

La distribución espacial de los entierros parece indicar la existencia de grupos familiares distribuidos por sectores dentro del asentamiento. Grupos de entierros se asocian a restos de estructuras de bohíos conformando unidades domésticas discretas. Esta distribución espacial sectorizada probablemente está relacionada con el sistema de parentesco documentado para el siglo XVI, cuando varios investigadores lo definen como una linca de descendencia matrilineal con prevalencia de la exogamia, matrimonio preferencial entre primos cruzados y un patrón de residencia avunculocal (Villamarín, l972 Viliamarín y Víllamarín, 1981; Londoño, 1984) Esto implica que los hombres parientes entre sí permanecían viviendo en la comunidad mientras las mujeres abandonaban su aldea y se iban a vivir a la aldea del tío materno del esposo. Observando estas reglas de parentesco y residencia uno esperaría encontrar que las tumbas de esqueletos masculinos fueran relativamente similares. Lo curioso es que los entierros de los hombres no son muy similares aún entre aquellos que pertenecen a una misma unidad doméstica; por el contrario, hay mucha variabilidad en todo el asentamiento.

Lo que sí es un patrón notoriamente claro es que los esqueletos con deformación craneana, además de otras características, están concentrados espacialmente en el centro del asentamiento. Por otra parte, los entierros que tienen mayor número de objetos junto con envoltura parcial de ceniza etc. no están en el centro del asentamiento sino distribuidos en diversos sectores del sitio.

La diversidad funeraria (tratamiento funerario, posición del esqueleto, deformación craneana, cantidad y tipo de elementos asociados a las tumbas, entre otros) podría verse como una expresión de variabilidad social dentro de un sistema de rangos sociales equivalentes en la organización social del grupo. Aunque la diferencia en la inversión de energía y la distribución de objetos en las tumbas es bastante modesta y no muestra la existencia de rango, contrasta con otro sector donde el énfasis está puesto en diferenciarse en su localización dentro del asentamiento, en modificaciones del cuerpo y en el tipo de enterramiento. Es decir que el grado de variabilidad mortuoria estaría indicando predominantemente la existencia de una diferenciación social horizontal.

La equivalencia de rangos sociales mostrada a través de símbolos tiene como objeto, en algunas sociedades, comunicar la pertenencia a cierto grupo social y por lo tanto el tipo de relaciones que establece cada individuo con el resto de los miembros de la sociedad correspondiente al mismo o a diferente grupo familiar. Un caso etnográfico que ejemplifica este tipo de interacción es el de los Kogui de la Sierra Nevada de Santa Marta, Colombia. Las mochilas de algodón son tejidas por mujeres con diseños que identifican con ciertos clanes a los hombres que las usan. Estos marcadores sociales permiten determinar el tipo de relaciones que se establecen entre los diferentes miembros del grupo (Reichel-Dolmatoff, 1985). La existencia de un mayor número de objetos y la práctica de la deformación craneana son dos aspectos que típicamente marcan diferencias de estatus en otras sociedades. Generalmente se apoyan el uno al otro y por eso es difícil de entender que en el sitio de Marín estén operando separadamente dentro del mismo contexto social. Desde esta perspectiva, esto apoyaría el planteamiento de que grupos familiares de estatus equivalente se encuentran utilizando diversos marcadores de identificación social dentro de un sistema de diferenciación social horizontal. Sin embargo, existen otras líneas de evidencia que se discutirán en seguida y que ponen en duda este argumento.

|Hipótesis 2. Esta segunda hipótesis, expuesta con anterioridad (Boada, 1988), propone que la deformación craneana fue un indicador de diferenciación social vertical. Es decir que esos individuos pertenecieron a un grupo de prestigio o de mayor rango social.

En general, estudios en diferentes partes del mundo han mostrado la existencia de otros indicadores de estatus más poderosos como la cantidad de energía invertida en tumbas monumentales que requirieron de un esfuerzo laboral comunitario, un ostentoso y prolongado ritual funerario y enormes riquezas incluidas en las tumbas (Binford, 1972; Spencer, 1982). En el asentamiento de Marín, algunos individuos entre los que se incluyen mujeres, hombres y niños, presentan un mayor número de objetos en el ajuar funerario lo cual indica cierto grado, muy modesto, de diferenciación social de carácter adscrito. Sin embargo, ninguno de ellos presenta deformación craneana. Igualmente, tampoco es evidente en el sitio una notoria inversión de trabajo en la construcción en las tumbas. Aunque esto no es determinante, dado que la energía pudo haber sido invertida en su mayor parte en el rito funerario o en materiales perecederos (i.e. mantas de algodón, plumas etc.) y pudo por lo tanto no haber quedado marcada en el registro arqueológico (Chapman, Kinnes y Randsborg, 1981: 12-13) | 3 |, puede asumirse de todas maneras que si realmente existió una marcada diferenciación social se esperaría que ésta fuera detectada a través de otros elementos.

 

Alguna evidencia adicional puede ayudar a aclarar el punto. Los restos de huellas de poste de estructuras de bohíos de diferentes tamaños podrían ser marcadores de estatus. Una de las estructuras ubicada en el centro del asentamiento es la más grande de todas y corresponde al área en donde fueron enterrados los individuos con deformación craneana. Adicionalmente, un tramo corto de huellas de poste dispuestas en hilera parece ser resto de un cercado que rodeó, aisló y protegió a los bohíos centrales. Este tipo de construcciones han sido ampliamente descritas por los cronistas como viviendas de caciques para el siglo XVI (Simón, 1981). Si esta parte del asentamiento perteneció a los personajes principales y si la deformación craneana era un distintivo adscrito a una familia de alto rango, significa que la acumulación de bienes y su ostentación, al menos en tumbas, no fue imperativa para reafirmar el estatus de este grupo social.

|Hipótesis 3. Una tercera alternativa es que los individuos con deformación craneana pertenecieran a un grupo diferente. Si esto es cierto, el tratamiento funerario, aunque tiene rasgos que los agrupa, no es excluyente para otros sectores de la población y contiene en general los mismos elementos que los demás entierros practicados en el sitio, tanto en el tratamiento y la posición del cuerpo como en las características estructurales de la tumba. Es decir, que las prácticas funerarias locales fueron extendidas a este grupo y se podría inferir que, si estos individuos fueron tratados en el contexto funerario como el resto de la población, en vida también estuvieron integrados a la sociedad. Si no lo estuvieran se esperaría encontrar notorias diferencias en los enterramientos que indicaran esta diferenciación social y probablemente étnica. Parece muy poco probable que gente ajena a la comunidad tuviera un tratamiento privilegiado en términos de tratamiento funerario, una vivienda mayor y un espacio central dentro del asentamiento. En mi opinión, esta hipótesis tiene muy poco peso y puede ser descartada.

La presencia de esqueletos con un tipo de deformación craneana similar en Tunja (Castillo, 1984) amplía este comportamiento a sitios cerca nos al área de estudio. Sin embargo, no hay documentación disponible sobre el contexto en el cual aparecen estos individuos.

La falta de documentación de esta práctica para el siglo XVI, a excepción de una mención en Lenguazaque (Silva, 1968), no permite ir más lejos en aclarar cómo estaba funcionando realmente la deformación craneana. Se deduce de las crónicas que no era una práctica muy extendida y que, o no fue crucial en la definición del prestigio social, o la práctica en sí o su importancia no fueron notadas y descritas por los cronistas como muchos otros rasgos sí lo fueron. Sin embargo, el encontrar los surcos cóncavos en los cráneos de un gran sector de la población, también presentes en los cráneos con deformación tabular oblicua, sugiere que los diversos tipos de modificaciones formaron parte de un programa generalizado de fajar la cabeza y que la deformación tabular oblicua sólo estaría dirigida a unos cuantos.

No obstante, cabe mencionar dentro de esta tercera hipótesis que la deformación fue practicada por varios grupos étnicos que rodeaban el altiplano Cundiboyacense. Para el caso de Soacha, ubicado en la Sabana de Bogotá, las excavaciones mostraron la presencía de individuos con deformación craneana muy similar a la que hicieron los Panche (J. V. Rodríguez, com. pers. 1987), un grupo vecino con el que en el siglo XVI se mantenían permanentes conflictos aunque también relaciones de intercambio (Simón, 1981). En el caso de Marín, la deformación hecha por los grupos vecinos del área no se encuentra bien documentada aunque los Guane la practicaban.

En síntesis, los datos favorecen a la segunda hipótesis. La alternativa de la deformación craneana como un marcador de diferenciación horizontal es atractiva en la medida en que su ocurrencia está desvinculada de una mayor inversión de energía en las tumbas y de un mayor número de objetos como ajuar. Sin embargo, la asociación del grupo de individuos con estructuras de vivienda sustancialmente más grandes que el resto, así como una empalizada similar a los cercados para caciques descritos en las crónicas y su ubicación en el centro del asentamiento, sugiere que la deformación social constituyó un marcador de más alto rango social. Es posible que la estructura social en aldeas pequeñas no estuviese marcadamente diferenciada y probablemente un estudio sobre esta práctica en sitios jerárquicamente más importantes ayude a evaluar mejor las hipótesis propuestas.

1 Una primera versión de este trabajo fue presentada en el II Congreso Mundial de Arqueología. Venezuela, 1990. Agradezco de manera muy especial a Agusto Oyuela (Universidad de Pittsburgh) sus comentarios a este ensayo. Igualmente agradezco las sugerencias hechas por Ana María Falchetti y Felipe Cárdenas. La información presentada forma parte de la investigación financiada por la fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la Republica, Bogotá, y por fondos propios.       
2 La fecha proviene de una momia del Cantón de Leiva del 1100±60 a. P. que se encuentra en el Museo Británico (holden 1989:7). La práctica de la momificación se continúa en esta zona hasta hasta el siglo XVI, época en que fue registrada por los cronistas.   
3 Se puede ver un caso etnográfico de ritual funerario en donde la complejidad de la ceremonia no queda representada en el registro arqueológico en Reichel-Domattoff, 1977.  

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