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Ciudad Perdida, fotografías de Agusto Oyuela Caycedo.
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Ciudad Perdida, fotografías de Agusto Oyuela Caycedo.
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La comparación de estos dos gráficos permite concluir que el
alto Buritaca estaba más integrado que la parte baja de Gaira.
Ambas regiones presentan baja centralización desde la perspectiva
del patrón de asentamiento.
Discusión
Los gráficos no confirman que los cacicazgos de la Sierra Nevada
fuesen organizaciones centralizadas. Es posible que estos
resultados estén afectados por el reducido tamaño de la muestra.
Los casos aquí considerados pueden estar sesgados por efectos de
atracción generados por asentamientos de mayor tamaño que
eventualmente quedaron por fuera de las regiones estudiadas, por
mezclas de sistemas autónomos o porque se dejó por fuera al centro
primario de la región. Sin embargo, las dos muestras nos permiten
vislumbrar el problema de la centralización en la Sierra Nevada de
Santa Marta y avanzar en este sentido. Sólo con el desarrollo de
proyectos regionales de mayor envergadura se podrá avanzar con
mayor evidencia en contra o a favor de la interpretación hecha.
La forma convexa no es el resultado de una caída en la tasa de
crecimiento sistemático del sistema. La evidencia de la Sierra
Nevada muestra crecimiento y colonización continua. La existencia
de múltiples centros de alto orden es muy clara en el caso de
Gaira, pero en el de Buritaca es un poco diferente. Ciudad Perdida
presenta mayores indicios de centralización que Gaira y se
manifiesta más próximo de ser el centro integrador de una región y
de manejo más equitativo que el generado por un sistema totalmente
centralizado. Esto nos lleva a la pregunta de si estas
distribuciones están mostrando el paso de fisión a fusión social.
Infortunadamente no hay suficiente evidencia para responder esta
pregunta, pero sí nos permite plantear la hipótesis de que
probablemente el alto Buritaca se encontraba en un estado de
transición de fisión (segmentación) a fusión (aglomeración).
Se puede plantear como hipótesis que la centralización alrededor
de un cacique es tan inestable que a largo plazo no genera efectos
perceptibles en el patrón de asentamiento, de ahí que se produzcan
distribuciones convexas. Estas fluctuaciones de poder dentro y
entre asentamientos son un rasgo común en sociedades segmentarias
sujetas a procesos de fisión (como ejemplo véase Kelly, 1985,
Drennan et al. 1991). Si consideramos de manera comparativa los
casos etnográficos de Nueva Guinea, se observa allí la existencia
de centros múltiples en la misma escala del presente análisis
(regiones pequeñas) que son resultado de la autonomía relativa de
los asentamientos en sus decisiones económicas y políticas o, en
otras palabras, la relativa independencia de las partes del sistema
(véase Forge, 1972; Waddel, 1972; Seaglion, 1976; Strathern, 1984;
Pataki Sehweizer, 1980; Feil, 1987). Para Gaira esto parece ser más
válido que para el alto Buritaca. Probablemente este planteamiento
se puede extender para el litoral de la Sierra Nevada de Santa
Marta. Esta parte de la tesis parece corroborarse con los datos
etnohistóricos. Por ejemplo, no hubo una respuesta homogénea; unas
poblaciones recibían bien a los es pañoles mientras que otras, en
algunos casos vecinas, los combatieron. La fragilidad de las
alianzas es mayor en las tierras bajas que en las tierras altas
(véase Bisehof, 1971).
Los resultados de las distribuciones de Gaira y el alto
Buritaca, permiten vislumbrar algunos de los procesos que
probablemente se estaban dando entre los diversos cacicazgos que
habitaron la Sierra Nevada de Santa Marta y avanzar sobre los
problemas que la centralización tiene en la formación del cacicazgo
y el estado. Si comparamos las formas convexas de los dos casos de
la Sierra con los del Formativo en Oaxaca (México) y el valle de
Santa (Perú), se observan algunas diferencias interesantes. En el
caso del valle de Oaxaca, durante el Formativo Temprano (Fases
Tierras Largas, San José y Rosario), hay un aumento rápido en el
tamaño de un asentamiento con respecto a los otros. Desde el
comienzo, el tamaño de San José Mogote es el de un centro primario,
generando una distribución cóncava (Blanton et al., 1981: 50-63;
Wright, 1986: 344-345; Kowalewski, Blanton, Feinman y Finsten,
1983: 48-49). Más tarde, durante la Fase San José, las diferencias
en crecimiento son todavía más pronunciadas. San José Mogote cubre
por lo menos 20 ha, mientras los otros sitios mantienen tamaños de
dos y una hectárea (Kowalewski, Fish y Flannery, 1983: 51; Drennan
y Flannery, 1983; Flannery y Mareus, 1983). En contraste con esta
situación, el caso del valle de Santa es diferente. De acuerdo con
Wilson (1983, 1988, 1990), la región se caracterizaba por un largo
período de cacicazgos complejos hasta la expansión del estado Moche
en esta región. El gráfico de rango y tamaño para las fases
tempranas de Cayhamarca y más tarde las Suchimancillo, se
caracteriza por ser convexo (Wright, 1986: 353-357), similar a los
casos de Gaira y Buritaca.
Estas diferencias en trayectorias llevan a considerar que los
cacicazgos que se desarrollaron en estados como Oaxaca tienen un
proceso temprano de centralización que no se expresa en la
secuencia del valle de Santa, donde el estado se desarrolló más
tarde, como resultado de la expansión Moche. En el caso de la
región de la Sierra Nevada de Santa Marta, las dos pequeñas
regiones consideradas que son una muestra poco significativa
por su tamaño, no muestran evidencias de manifiesta
centralización. En las fases tempranas de Gaira no hay evidencia de
un centro primario que indique cierto grado de centralización. En
el caso del alto Buritaca, la región fue colonizada de manera
tardía y sólo en tiempos de la conquista se observa más integración
del sistema pero no una ostensible centralización. Tal vez, la
competencia entre diferentes aldeas era la regla y el continuo
proceso de fisión en los asentamientos posiblemente frenó el
surgimiento de centros primarios como los que derivaron en un
estado en Oaxaca (c.f. Carneiro, 1970). Aparentemente, una
centralización más fuerte existió en algunos cacicazgos más que en
otros y esto es observable en el patrón de asentamiento. Por
ejemplo, en los llanos de Venezuela, los estudios conducidos por
Charles Spencer y Elsa Redmond han permitido establecer la
existencia de un cacicazgo con un centro de primer orden que mide
33 ha (Speneer, 1991). Una gráfica de rango-tamaño para dicha
región tendría una forma cóncava similar a la observada en Oaxaca
(Spencer, comunicación personal 1990).
Es probable que esta variación en el grado de centralización de
un rasgo sea clave para entender la diversidad de trayectorias que
los cacicazgos pudieron tomar. Entendiendo la dinámica de los
asentamientos y los procesos de fisión y fusión, quizás se pueda
responder por qué algunos cacicazgos continuaron siendo cacicazgos
durante cientos de años, mientras que otros cambiaron a un nivel de
organización estatal. Abordando problemas como éste, es como los
cacicazgos de habla chibcha pueden contribuir al conocimiento de
los procesos de centralización de poder.
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