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INDICE
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Linajes y
circuitos de matrimonio en tres grupos chibcha: uwa, kogui y
muisca
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EDUARDO LONDOÑO L.
MUSEO DEL ORO
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Pectoral alado con múltiples cabezas. Tairona. MO 12.943 Foto
Rudolf.
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|Abstract: Ethnohistoric research on the Muisca people
that inhahited the Colombian central plateaus can benefit from the
ethnographic comparison with two other Chibcha speaking groups:
Uwa (
|Tunebo) and Kogi (
|Kaggaba). Two models of
the filiation and marriage rules of these groups are derived from
ethnographic sources, showing moieties, marriage alliances and
Dravidian kinship terminology. It is suggested that read ing anew
the Spanish chronicles and documents, with these models in mind,
should change the simple matrilineal way in which the Muisca are
currently seen.
La investigación etnohistórica sobre la organización social de
los muiscas de los altiplanos centrales colombianos cobró nueva
vida cuando en 1964 Sylvia M. Broadbent llamó la atención sobre la
riqueza antropológica del material conservado en los archivos
coloniales. Pleitos criminales, conflictos por tierras y «visitas»
de la administración española contienen valiosa información sobre
esta sociedad de lengua chibcha que con sus tributos aseguró buena
parte del éxito y la permanencia de la empresa colonial en el
actual territorio de Colombia. Sobre todo, nos introducen al
estudio del nivel local, despreciado casi siempre por cronistas que
por la escogencia misma de su género literario debían tratar sobre
grandes caciques, brillantes batallas y curiosidades sin par
(Londoño, 1994).
Sin embargo, los documentos de archivo tampoco nos proporcionan
una versión directa y coherente sobre lo que esta sociedad devino
bajo la colonia, ni menos aún sobre lo que pudo ser al momento de
la conquista. En su ambigua información es posible pescar, como en
río revuelto, «pruebas» de cualquier definición:
patri/matrifiliación, endo/exogamia, uxori/ virilocalidad, etc.
No es de esperar que la coherencia provenga de las fuentes
mismas sino de las ciencias sociales que las estudian, y en este
caso, de la teoría y la experiencia acumuladas por la antropología
(Colmenares, 1987). Cada nueva corriente antropológica se ha
acercado a los muiscas aportando los elementos que sus herramientas
teóricas le permiten descubrir. Así, era común decir a mediados de
siglo, por ejemplo, que los cargos políticos se heredaban por línea
femenina, en tanto que la tierra y los bienes personales seguían la
línea masculina (citado por Villamarín y Villamarín, /1975/: 91);
luego los muiscas han sido matrilineales, vistos desde un enfoque
de filiación. Los análisis recientes de la base de la estructura
social señalan la existencia de una unidad por encima de la
familia, la uta (Villamarín y Villamarín, /1975/). Estos serían
grupos corporados de parentesco matrihneal con propiedad comunal
sobre un territorio, que se agrupaban para formar capitanías
mayores o sybyn, varias de las cuales se reunían a su vez bajo el
mando de un cacique (Londoño, 1985). La forma como las utas,
capitanías y cacicazgos se articulaban entre sí está todavía por
estudiar.
Este artículo se propone recoger entre los vecinos
sobrevivientes de los muiscas una experiencia y un material
comparativo que pudiera resultar útil para la investigación
etnohistórica. Examinaremos las agrupaciones locales de dos
importantes grupos chibcha del territorio colombiano: los Uwa
o Tunebos de la Sierra Nevada del Cocuy, vistos a través de los
trabajos de Ann Osborn, y los Kogui (Kággaba) de la Sierra Nevada
de Santa Marta, según los documentó Gerardo Rcichel-Dolmatoff. No
propondremos una simple lectura, sino una interpretación a partir
de los informes de estos dos grandes etnógrafos. La limitación
voluntaria de la bibliografía busca garantizar un mayor grado de
coherencia, pues otras etnografías de las mismas etnias por
distintos autores son contradictorias y difíciles de combinar para
quien no tiene una experiencia etnográfica directa de estos
grupos.
Dos observaciones preliminares
Una propuesta de explicación de la organización social muisca
probable mente no pueda copiarse de la situación más o menos actual
de grupos contemporáneos. No sólo debió haber marcadas diferencias
prehispánicas, sino que los indígenas de hoy son distintos de
quienes vivieron el primer contacto
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Tanto los Uwa como los Kogi optaron por refugiarse en
regiones apartadas para evitar el contacto con la sociedad mayor
que los haría cambiar y probablemente desaparecer. Sin embargo,
para aislarse en sus refugios también modificaron sus instituciones
antiguas. Hoy, ante una nueva arremetida de la colonización, esos
reductos se vuelven accesibles y permeables a influencias que
descomponen sus sistemas cerrados. Unos y otros han perdido tierras
indispensables en su ciclo estacional de tras lados verticales;
comunidades enteras se han aculturado, integrándose como campesinos
pobres a la sociedad nacional, lo que significa la ruptura de
circuitos matrimoniales, el desequilibrio del tejido ceremonial y
el abandono del «saber» que constituía el fin primordial de la
existencia al menos para los hombres en ambas culturas.
Por falta de mujeres en el grupo que les corresponde, muchos
hombres Kogi han contraído matrimonios «incorrectos» que los llenan
de angustia y culpabilidad. Todo ello obliga a hacer nuevas
modificaciones para adaptar la sociedad y mantener cerrados a los
grupos más tradicionales, los cuales optan por endogamias cada vez
más restringidas. Al tiempo que unos grupos se extinguen, otras
relaciones se reacomodan y distintos simbolismos se
reinterpretan.
Los datos que nos provee la obra de Ann Osborn segundo
comentario parecen particularmente movedizos y abiertos a
opiniones divergentes, a constantes reacomodaciones. Aquí no se
trata sólo de una sociedad sujeta al avance de la aculturación;
esta es una estructura social vista desde la mitología, desde el
complejo relativismo que proporciona la mirada del chamán, quien a
la vez que canta antiguos mitos memorizados en verso, construye
nuevas interpretaciones. Muchos de los aportes de informantes no
corresponden, por tanto, a una sincronía estática, sino que son
elementos parciales de las distintas etapas de un modelo en
transformación. Nos será más fácil entrar en materia si observamos
previamente que ciertos principios del pensamiento Uwa
diferentes de nuestra mentalidad occidental gobiernan
estas numerosas transformaciones.
Como se verá, las clasificaciones Uwa se basan en
oposiciones complementarias que pueden ser a la vez, según el
aspecto que en el momento de enunciarlas se destaque, binarias,
tripartitas o cuadripartitas. Esta álgebra donde 2 es fácilmente
igual a 3 (haciendo 1 + (1+1)), 3 se asemeja a 4 (1 + (1+1) + 1) y
4 es otra forma de 2 (y 8 de 16), está presente por ejemplo en la
concepción del universo como esferas de colores (Osborn, 1995:
73ss): al principio, el mundo del medio se componía de un arriba
(blanco) y un abajo (rojo); cuando sobrevino el movimiento estos
mundos separados se mezclaron y surgió el mundo del medio,
compuesto de azul y amarillo.«Azul tiene una proporción mayor de
Rojo, mientras que Amarillo la tiene de Blanco»
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3
Dentro de una lógica aplicable a
muchos campos, los opuestos absolutos son peligrosos puesto que son
del dominio de los inmortales, anteriores a la vida y a la
creación; de ahí la importancia del tercer elemento, mezclado y
dual (1 + (1 + 11 + 1), que intermedia y separa.
|[...]El papel principal de chamán es la interpretación del
mundo, y el mundo alrededor de ellos no es estático[...] El mito en
sí, en su esencia, no cambia. Son las interpretaciones del mito las
que varían según influencias externas. (Osborn, 1985: 442).
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1
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Una versión inicial de este trabajo fue presentada en el
simposio «Los Chibchas en América » del II Congreso Mundial de
Arqueología (Barquisimeto, Venezuela, 1990).
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Por cierto, los muiscas que aparecen en archivos coloniales
también estaban sujetos a una rápida aculturación y
desestructuración de sus sistemas sociales.
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ver Casilimas y López, 1987: 148.
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