Las
clasificaciones de relaciones probables y la postulación de
relaciones remotas de las lenguas chibchenses
Max Uhle, en 1888, agrupó una serie de lenguas de Colombia, Panamá
y Costa Rica dentro de la familia chibcha propuesta por él
entonces. La mayor parte de quienes han trabajado posteriormente en
el campo inaugurado por él, han centrado su atención en proponer
nuevas relaciones, principalmente del tipo denominado relaciones
remotas, sin preocuparse por consolidar primero las ya planteadas.
Las lenguas que en las clasificaciones resultantes de estos
trabajos, se consideran pertenecientes al mismo filo en que se
sitúa la familia chibcha pueden denominarse presuntas lenguas
macrochibchenses, para reservar el término lenguas chibchenses para
aquellas cuyas relaciones con el muisca o chibcha se hayan
demostrado.
En otros escritos (Constenla Umaña 1983, 1985b, 1993) he
inventariado y evaluado casi la totalidad de las clasificaciones de
las lenguas depresuntas afinidades chibchas propuestas hasta 1987.
Por esta razón, considero oportuno referirme a ellas de manera más
bien breve, resumiendo la exposición hecha en 1993.
Las más amplias de las clasificaciones desarrolladas en el período
de 1890-1970 son las de Rivet (1912, 1924), Schuller (1919/20),
Lehmann (1920), Jijón y Caamaño (1943), Loukotka (1944, 1968),
Rivet y Loukotka (1952), Greenberg (1956, 1987) y Swadesh (1967).
En ellas, aunque a veces haciéndoles modificaciones menores o
procurando conciliarlas, se han basado las propuestas hechas en
publicaciones de carácter divulgativo, como son esencialmente las
de Brinton (1891), de la Grasserie (1904), Schmidt (1926), Mason
(1950), McQuown (1954), Tovar (1961), Tax (1960), Voegelin y
Voegelin (1965) y Key (1979), para citar algunas de las más
conocidas.
Como he demostrado previamente (Constenla Umaña 1983), ninguna
de las clasificaciones mencionadas puede considerarse que supere,
para la mayor parte de sus hipótesis, la condición de clasificación
de relaciones probables.
En primer lugar, las de Lehmann, Schuller, Swadesh y Greenberg fue
ron muy inexplícitas por lo que atañe al aporte de indicios en
favor desus propuestas.
En el caso de Lehmann y de Schuller, lo habitual fue el dar listas
conjuntas de las lenguas cuyo parentesco se postulaba sin señalar
cuáles elementos se consideraban como cognados, si bien Schuller a
veces da todos los términos de diversas lenguas que considera
procedentes de un mismo étimo y Lehmann, ocasionalmente también, da
listas cortas de palabras de dos o más lenguas que indica
explícitamente que son cognadas en su opinión.
Swadesh, en materia de indicios a favor de su clasificación de
las lenguas chibchenses, no publicó las listas empleadas sino
únicamente los porcentajes de cognados obtenidos. En lo que atañe a
las relaciones con otras familias, además de porcentajes ofreció
alguna lista brevísima de presuntos conjuntos de cognados.
Greenberg hasta 1987 no había publicado nada en absoluto en apoyo
de toda su clasificación de las lenguas de Centroamérica y
Sudamérica.
Esto les valió a los dos últimos autores que Hymes (1959: 52-3) los
pusiera como ejemplos de las clasificaciones de relaciones
probables y manifestara su preocupación del siguiente modo: «Si,
como científicos, tomamos los indicios públicos como criterio,
resulta notable cuánto se ha pasado la clasificación genealógica
sin ellos.»
Por otra parte, todas, incluyendo la de Greenberg (una vez éste
publicó sus indicios en 1987) resultaron establecidas más que nada
con baseen procedimientos de identificación del material
emparentado reñidos con el método comparativo y la buena etimología
(Constenla Umaña 1993). Baste señalar que, con la excepción del
trabajo de Dennis Holt al que aludiré luego, el concepto de
correspondencia fonética no se toma en cuenta para nada -fuera de
algún caso excepcional como el estudio de Rivet (1924) sobre el
tunebo en que se establece una indiscutible corres pondencia- o se
malentiende por completo, como en la obra de Jijón y Caamaño
(1943).
Por lo que respecta a los criterios de subagrupación, éstos parecen
haber sido completamente subjetivos, fuera -quizás- del caso de
Swadesh, que se basó en la lexicoestadística, sin apoyo -eso sí- en
el método comparativo y sin la aplicación de ningún criterio que
determinara el carácter significativo o no significativo de las
diferencias observadas en los porcentajes de cognados.
No es de extrañar que, con tales procedimientos y criterios,
estas clasificaciones hayan hecho propuestas contrarias incluso a
una simple inspección cuidadosa, como es el caso de la planteada
por Beuchat y Rivet (1910)-y durante mucho tiempo generalmente
aceptada- según la cual las lenguas barbacoas estarían más
estrechamente emparentadas con las lenguas chibchenses de Costa
Rica que éstas con el muisca, el tunebo y las lenguas aruacas y
que, en consecuencia, habría un grupo(( talamanca -barbacoa)).
frente a otro ((chibcha-arhuaco)). Este hecho se aprecia clara
mente en la siguiente pequeña lista comparativa de 15 palabras en
muisca y cogui (lenguas «chibcha-arhuacas»), bribri, guatuso,
colorado, cayapa (presuntas lenguas ((talamanca-barbacoas))). En el
caso del muisca se emplea la ortografía de las fuentes coloniales,
en el de las demás lenguas, el alfabeto fonético internacional.
Como puede verse, a pesar de que se trata de rubros de vocabulario
bien básico, no surgen cognados entre las lenguas barbacoas y las
demás, en tanto que las lenguas de Costa Rica (guatuso y bribri) y
las de Colombia (muisca y cogui) comparten varios. La
clasificación, en este caso, es obvia: por un lado, lenguas
chibchenses (los cognados en estas se han escrito sobre fondo gris)
y, por otro, barbacoas, en vez de lenguas chibcha aruacas frente a
((talamanca-barbacoas)).
Otro ejemplo de la arbitrariedad de las clasificaciones
establecidas al margen del método comparativo es el caso de la
clasificación del guambiano como más cercano al páez que a las
lenguas barbacoas, idea en la que ha habido general coincidencia a
partir de Rivet y hasta Greenberg, a pesar de que la simple
observación cuidadosa permite ver que no es este el caso, como se
observa en el siguiente ejemplo (se han omitido los diacríticos que
indican suprasegmentales).
De todos los intentos de relacionar las lenguas propiamente
chibchenses con otras familias, el único caso en que se ha tratado
de usar el método comparativo fue el de Holt (1986), quien se
propuso demostrar la existencia de un filo
utoazteca-chibcha-pano-tacana. Como he demostrado (1993), el
intento no se logró, pues no se definieron con precisión los
entornos de los reflejos de los protofonemas propuestos; la
segmentación fue en general arbitraria y las malas identificaciones
de elementos fueron demasiado frecuentes.