Ficha bibliográfica
Titulo:
Sobre el estudio diacrónico de las lenguas chibchenses y su contribución al conocimiento del pasado de sus hablantes
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Adolfo Constela Umaña




INDICE




Las clasificaciones de relaciones probables y la postulación de relaciones remotas de las lenguas chibchenses


Max Uhle, en 1888, agrupó una serie de lenguas de Colombia, Panamá y Costa Rica dentro de la familia chibcha propuesta por él entonces. La mayor parte de quienes han trabajado posteriormente en el campo inaugurado por él, han centrado su atención en proponer nuevas relaciones, principalmente del tipo denominado relaciones remotas, sin preocuparse por consolidar primero las ya planteadas. Las lenguas que en las clasificaciones resultantes de estos trabajos, se consideran pertenecientes al mismo filo en que se sitúa la familia chibcha pueden denominarse presuntas lenguas macrochibchenses, para reservar el término lenguas chibchenses para aquellas cuyas relaciones con el muisca o chibcha se hayan demostrado.


En otros escritos (Constenla Umaña 1983, 1985b, 1993) he inventariado y evaluado casi la totalidad de las clasificaciones de las lenguas depresuntas afinidades chibchas propuestas hasta 1987. Por esta razón, considero oportuno referirme a ellas de manera más bien breve, resumiendo la exposición hecha en 1993.


Las más amplias de las clasificaciones desarrolladas en el período de 1890-1970 son las de Rivet (1912, 1924), Schuller (1919/20), Lehmann (1920), Jijón y Caamaño (1943), Loukotka (1944, 1968), Rivet y Loukotka (1952), Greenberg (1956, 1987) y Swadesh (1967). En ellas, aunque a veces haciéndoles modificaciones menores o procurando conciliarlas, se han basado las propuestas hechas en publicaciones de carácter divulgativo, como son esencialmente las de Brinton (1891), de la Grasserie (1904), Schmidt (1926), Mason (1950), McQuown (1954), Tovar (1961), Tax (1960), Voegelin y Voegelin (1965) y Key (1979), para citar algunas de las más conocidas.
 

Como he demostrado previamente (Constenla Umaña 1983), ninguna de las clasificaciones mencionadas puede considerarse que supere, para la mayor parte de sus hipótesis, la condición de clasificación de relaciones probables.


En primer lugar, las de Lehmann, Schuller, Swadesh y Greenberg fue ron muy inexplícitas por lo que atañe al aporte de  indicios en favor desus propuestas.


En el caso de Lehmann y de Schuller, lo habitual fue el dar listas conjuntas de las lenguas cuyo parentesco se postulaba sin señalar cuáles elementos se consideraban como cognados, si bien Schuller a veces da todos los términos de diversas lenguas que considera procedentes de un mismo étimo y Lehmann, ocasionalmente también, da listas cortas de palabras de dos o más lenguas que indica explícitamente que son cognadas en su opinión.
 

Swadesh, en materia de indicios a favor de su clasificación de las lenguas chibchenses, no publicó las listas empleadas sino únicamente los porcentajes de cognados obtenidos. En lo que atañe a las relaciones con otras familias, además de porcentajes ofreció alguna lista brevísima de presuntos conjuntos de cognados. Greenberg hasta 1987 no había publicado nada en absoluto en apoyo de toda su clasificación de las lenguas de Centroamérica y Sudamérica.


Esto les valió a los dos últimos autores que Hymes (1959: 52-3) los pusiera como ejemplos de las clasificaciones de relaciones probables y manifestara su preocupación del siguiente modo: «Si, como científicos, tomamos los indicios públicos como criterio, resulta notable cuánto se ha pasado la clasificación genealógica sin ellos.»
 

Por otra parte, todas, incluyendo la de Greenberg (una vez éste publicó sus indicios en 1987) resultaron establecidas más que nada con baseen procedimientos de identificación del material emparentado reñidos con el método comparativo y la buena etimología (Constenla Umaña 1993). Baste señalar que, con la excepción del trabajo de Dennis Holt al que aludiré luego, el concepto de correspondencia fonética no se toma en cuenta para nada -fuera de algún caso excepcional como el estudio de Rivet (1924) sobre el tunebo en que se establece una indiscutible corres pondencia- o se malentiende por completo, como en la obra de Jijón y Caamaño (1943).


Por lo que respecta a los criterios de subagrupación, éstos parecen haber sido completamente subjetivos, fuera -quizás- del caso de Swadesh, que se basó en la lexicoestadística, sin apoyo -eso sí- en el método comparativo y sin la aplicación de ningún criterio que determinara el carácter significativo o no significativo de las diferencias observadas en los porcentajes de cognados.
 

No es de extrañar que, con tales procedimientos y criterios, estas clasificaciones hayan hecho propuestas contrarias incluso a una simple inspección cuidadosa, como es el caso de la planteada por Beuchat y Rivet (1910)-y durante mucho tiempo generalmente aceptada- según la cual las lenguas barbacoas estarían más estrechamente emparentadas con las lenguas chibchenses de Costa Rica que éstas con el muisca, el tunebo y las lenguas aruacas y que, en consecuencia, habría un grupo(( talamanca -barbacoa)). frente a otro ((chibcha-arhuaco)). Este hecho se aprecia clara mente en la siguiente pequeña lista comparativa de 15 palabras en muisca y cogui (lenguas «chibcha-arhuacas»), bribri, guatuso, colorado, cayapa (presuntas lenguas ((talamanca-barbacoas))). En el caso del muisca se emplea la ortografía de las fuentes coloniales, en el de las demás lenguas, el alfabeto fonético internacional.


Como puede verse, a pesar de que se trata de rubros de vocabulario bien básico, no surgen cognados entre las lenguas barbacoas y las demás, en tanto que las lenguas de Costa Rica (guatuso y bribri) y las de Colombia (muisca y cogui) comparten varios. La clasificación, en este caso, es obvia: por un lado, lenguas chibchenses (los cognados en estas se han escrito sobre fondo gris) y, por otro, barbacoas, en vez de lenguas chibcha aruacas frente a ((talamanca-barbacoas)).

 

 

 

Otro ejemplo de la arbitrariedad de las clasificaciones establecidas al margen del método comparativo es el caso de la clasificación del guambiano como más cercano al páez que a las lenguas barbacoas, idea en la que ha habido general coincidencia a partir de Rivet y hasta Greenberg, a pesar de que la simple observación cuidadosa permite ver que no es este el caso, como se observa en el siguiente ejemplo (se han omitido los diacríticos que indican suprasegmentales).

 

De todos los intentos de relacionar las lenguas propiamente chibchenses con otras familias, el único caso en que se ha tratado de usar el método comparativo fue el de Holt (1986), quien se propuso demostrar la existencia de un filo utoazteca-chibcha-pano-tacana. Como he demostrado (1993), el intento no se logró, pues no se definieron con precisión los entornos de los reflejos de los protofonemas propuestos; la segmentación fue en general arbitraria y las malas identificaciones de elementos fueron demasiado frecuentes.

anterior | índice | siguiente