Ficha bibliográfica
Titulo:
Servicios Educativos. El pectoral antropozoomorfo tolima se quiere despectoral-­antropozoomorfo-tolimizar
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Banco de la República




INDICE




El pectoral antropozoomorfo tolima se quiere despectoral-­antropozoomorfo-tolimizar
 

 ¿QUIÉNES SOMOS? ¿Tenemos los colombianos un pasado que nos identifique, que respalde nues­tro sentimiento nacional? Alrededor de estas preguntas se organiza la actividad nacional e internacional del Museo del Oro, dando a co­nocer la magnífica colección de 33.500 piezas arqueológicas de orfebrería y cerca de 25,000 de otros materiales reunida por el Ban­co de la República desde 1939.

Visitar las salas de exhibición en Bogotá es recorrer Colombia región por región; dejarse sorprender por su riqueza cultural, comparar los climas, los modos de vida y las tradiciones que en muchos casos se prolongan hasta hoy. La magia de un guión y una museología ubica­dos por los expertos entre los mejores del mun­do transporta al visitante 3.000, 2.000 o 500 años atrás en el tiempo, para conocer la vida y las obras de quienes nos precedieron en el co­nocimiento y la utilización del territorio. El Museo es por excelencia un material didáctico que permite, tanto la lectura rápida de una vi­sita guiada, como el análisis detallado de quien se detiene a observar un objeto y a buscar las numerosas relaciones sugeridas por el guión entre unos temas y otros.

Doscientos cincuenta escolares visitan dia­riamente el Museo del Oro de Bogotá. La visi­ta escolar logra que casi todos los bogotanos, de todos los estratos, hayan visto alguna vez en su vida «en persona" la balsa muisca, el poporo quimbaya y el Salón Dorado. Es una ocasión que se recuerda por la salida del aula, por la imponencia del edificio y de su seguri­dad, por la luz dorada de las vitrinas enfrenta­da a la penumbra de las salas, que invita a cu­chichear, Pero hay demasiada información y demasiadas distracciones y atractivos para que un muchacho que no ha sido previamente pre­parado pueda asimilar el contenido. La visita escolar sólo puede ser el resultado de un traba­jo conjunto desde el salón de clase, donde se dan lineamientos generales, conceptos claves, una idea de lo que va a suceder y una misión: una pregunta concreta o un tema parcial que el estudiante pueda observar y asimilar1.

Para esto hay que preparar al maestro. Las tareas que deben resolver las guías a algunos estudiantes que llegan desgranados el fin de semana dan la dimensión de la desorientación de sus maestros: les piden «investigar" el nombre del director, averiguar cuántos empleados tiene el Museo -o peor, cuántos vigilantes-, cuándo se fundó y cuándo abrió sus puertas la sede actual. Tareas por llenar papeles. Otros deben copiar el guión completo, vitrina por vitrina, o llevar la boleta y un plegable como constancia de la visita. Los que llegan tarde piden con desesperación comprar una boleta, aunque no puedan entrar.

El Museo dicta entonces cursos gratuitos para los maestros, invitándolos a que conozcan el contenido de las salas y puedan preparar a sus pupilos antes, y aprovechar la experiencia después de una visita2. No puede haber mejor guía del Museo del Oro que el propio maestro. El o ella conoce a sus alumnos, puede vincular cada nueva idea con lo ya aprendido, y al regresar del Museo puede capitalizar las nuevas sensaciones y conocimientos en cursos de historia, sociales, geografía y -no menos importante- de arte y literatura.

También se presentan en los cursos los demás servicios gratuitos dirigidos a entidades educativas y culturales, como el préstamo de Maletas Didácticas, de videos de tema antropológico y arqueológico, y de exposiciones gráficas que pueden usarse para eventos como semanas culturales. El maestro puede, por ejemplo, mostrar a sus pupilos uno o dos videos antes de la visita y aprovechar una maleta didáctica después.

Pero aparte del método, la responsabilidad de acercar a los jóvenes al pasado precolombino implica para el Museo tanto como para el maestro un gran esfuerzo de creatividad. ¿ Qué es lo que vale la pena enseñar? El objetivo es dotar al muchacho de un bagaje que le sirva! en su vida diaria, durante toda su vida. Por eso sería triste quedarse, por ejemplo, en las clásicas palabrejas que sólo ejercitaban la memoria: el pectoral antropozoomorfo tolima se debe despectoral-antropozoomorfo-tolimizar.. Tenemos la sospecha, en el Museo, de que el pénsum oficial salió muy fácilmente del problema al presentar a los indígenas clasificándolos como Caribes (gentes que comían carne humana) Arawak (son los indios guajiros) y Chibchas (fueron los «civilizados» y centra. listas Muiscas). Mejor sería, por ejemplo} mirar hacia la antropología y tomar del Museo conceptos básicos, como que hay y ha habido culturas diferentes a la nuestra y que sin embargo por ser distintas no son menos respetables, que podemos aprender de otras gentes, admirar sus obras y enriquecernos con las soluciones que ellos han descubierto por diferentes caminos. Que nuestro pasado se compone de quimbayas, taironas y muiscas tanto como de griegos y romanos, y que un pasado tan rico nos brinda oportunidades de desarrollo futuro.

anterior | índice | siguiente