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NOTICIAS DEL MUSEO DEL ORO
Los tesoros de los señores de
Malagana
El hallazgo de un rico cementerio indígena bajo los cultivos de
caña de azúcar en la suela plana del Valle del Cauca, en el
municipio de Palmira, desencadenó en 1992 una fiebre del oro, con
lamentables consecuencias para el patrimonio arqueológico del país.
En muy difíciles condiciones, el Instituto Colombiano de
Antropología logró enviar un equipo de arqueología de salvamento
(ver avance en Boletín Museo del Oro, No. 31); luego fue posible
realizar en una zona cercana al cementerio saqueado un conjunto
satisfactorio de excavaciones arqueológicas, que contaron con la
dirección de Marianne Cardale, Leonor Herrera y Carlos Armando
Rodríguez y con el apoyo del Instituto Vallecaucano de
Investigaciones Científicas INCIVA, del Instituto Colombiano de
Antropología y de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas
Nacionales del Banco de la República.
Los arqueólogos no hallaron grandes piezas de metal, pero
cumplieron con su propósito de desentrañar un valioso conocimiento
histórico y antropológico que se remonta a más de 2.000 años: la
superposición de los estratos indica que tras unas ocupaciones
semejantes a las de la fase. llama de la vecina región de Calima
vino el período de auge del trabajo orfebre, denominado Malagana
según la hacienda donde ocurrió el hallazgo; luego entraron, como
en el resto del valle del Cauca, grupos de la ocupación sonsoide
que permanecieron hasta la conquista española. Las fechas de
carbono 14 obtenidas para la ocupación Malagana son de 300 a.e. a
140 d. e.
El Banco de la República se preocupó asimismo por salvar para
los colombianos una muestra de cerca de 150 piezas de orfebrería
representativas del estilo Malagana, las cuales entraron a formar
parte de la colección del
Museo del Oro. Su análisis detallado, tanto en aspectos formales
como en lo relativo a sus características tecnológicas, ayudó a
determinar que aunque la gente que pobló este sitio hacia
principios de nuestra era tuvo evidentes nexos culturales y de
intercambio con Calima, Tolima, San Agustín y las demás culturas
contemporáneas del suroccidente, fue claramente un conjunto
cultural distinto de ellas.
En consecuencia, Malagana se presenta como una nueva cultura,
apenas ahora descubierta, de la importancia de Quimbaya, Calima,
Tierradentro, San Agustín o Tolima. Las piezas y la información
científica se reunieron en una magnífica exposición temporal que
bajo el nombre de "Los Tesoros de los Señores de Malagana»
abrió sus puertas en Cali el 15 de abril de 1996 y en Bogotá el 18
de julio siguiente.
Los caciques que fueran enterrados en tumbas de paredes
recubiertas de piedra, con varias máscaras de oro fino sobre su
rostro y pesados collares de cuarzo entre sus piernas, cobraron
vida en la exposición y con sus narigueras de felinos impresionaron
la conciencia del numeroso público asistente. La muestra hizo
particular énfasis en la denuncia del saqueo del patrimonio
arqueológico. Destacó características del arte de Malagana como la
representación de la flora -casi inexistente en otras regiones-, y
la notoria expresión de las figuras: máscaras con gesto irónico en
su boca, en la metalurgia, y en la alfarería, gentes que revisan su
pie como
buscando una espina, personajes enmascarados que bailan al son
del tambor, o mujeres departiendo alrededor de una ofrenda de
cuarzo, colocada sobre una mesa.
El público de la exposición, ampliamente divulgada, agotó en
pocos. meses una primera edición del catálogo, que contiene todos
los textos y fotos más un artículo de análisis de todas las piezas
de orfebrería conocidas por el Museo, clasificadas y anotadas por
la arqueóloga Sonia Archila. Una muestra viajará por las sucursales
del Area Cultural del Banco de la República en el país.
L'Eta del'Oro
«Nella Gallería Ottavo Pían o, uno spazio che ormaÍ ha
ampliamente dimostrato la sua vocazione ad ospitare mostre dÍ
grande valore artístico e culturale, viene esposta Ínfatti una
selezione di circa 300 oggetti provenienti dal Museo del Oro di
Bogotá, che e sicuramente el museo piu nioto ed Ímportante al mondo
nel suo genere».
Así introduce el catálogo L'Eta dell'Oro Arte dell'AntÍca
Colombia la exposición del Museo del Oro inaugurada con el mismo
título en Milán bajo el auspicio del grupo La Rinascente, ello. de
noviembre de 1996. En la prestigiosa sala de la plaza del Duomo
dedicada al arte aplicado a la cultura material, las piezas de
orfebrería prehispánica, transformadas en «l'arte orafa
precolombiana», incluyeron algunas adquisiciones recientes nunca
antes vistas internacionalmente, así como dos recipientes
antropomorfos del Quimbaya temprano, prestados para esta ocasión
por el Museo Volkerkunde de Berlín.
El catálogo de impecable edición contiene artículos de Ana María
Falchetti, Héctor Llanos y Clemencia Plazas, entre otros, y 163
fotografías de todos los objetos, a cargo de Rudolf Schrimpff. En
conjunto con la información colocada en Internet, es una valiosa
muestra de la imagen de Colombia, en la cual tuvieron especial
participación las embajadas de Colombia en Roma e Italia en Bogotá.
Como curadora participó Stella Herrera de Falcone, además del
equipo técnico del Museo del Oro.
Chibchas de aquí y de allá
Del 9 al 14 de junio de 1996, el Museo del Oro, en colaboración
con el antropólogo François Correa, director del Departamento de
Antropología de la Universidad Nacional, convocó al simposio «La
religión entre los grupos chibchas prehispánicos, coloniales y
actuales del continente americano», en el marco del VI Congreso
Latinoamericano de Religión y Etnicidad organizado por el Instituto
Colombiano de Antropología y la Asociación Latinoamericana de
Estudios de la Religión.
Los salones de eventos de la Biblioteca Luis Angel Arango
acogieron a los antropólogos, arqueólogos y lingüistas
investigadores de los grupos de raigambre chibcha del territorio
colombiano. En un ambiente de especial camaradería, expertos)
estudiantes escucharon con interés creciente las exposiciones.
María Stella González, del Instituto Caro y Cuervo, dedujo de los
diccionarios muiscas una tipología de los sacerdotes o jeques que
se acerca, según se determinó en la discusión, a lo que sugieren
fuentes tan disímiles como el arte orfebre. El antropólogo Roberto
Pineda sorprendió a todos con una revaloración de los estudios del
canónigo José Domingo Duquesne como fuente para conocer a los
muiscas del período colonial, cuando probablemente en forma injusta
todos lo han rechazado por ser muy tardío o demasiado imaginativo.
A través de documentos conservados en el Archivo General de Indias
de Sevilla se asistió a la extirpación de los santuarios taironas
de la Sierra Nevada de Santa Marta y a las últimas celebraciones
públicas masivas, con cantos, trajes y danzas ante los templos, de
la religión muisca del altiplano. Las colecciones de museos
permitieron conocer las ofrendas rescatadas hace un siglo en los
alrededores de la laguna sagrada de Guatavita y descubrir que los
animales figurados en el arte muisca no son tal vez los que se
había pensado.
Estas y otras ponencias de tema religioso se suman a las
reunidas con ocasión de simposios chibchas organizados por el Museo
del Oro en el II Congreso Mundial de Arqueología (Barquisimeto;
septiembre de 1990) y en el VI Congreso de Antropología en Colombia
(Bogotá, julio de 1992). Este material que en su conjunto documenta
y compara los grupos de raigambre chibcha desde Costa Rica hasta
Venezuela será publicado en sucesivos números del Boletín del Museo
del Oro.
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