Avances de
investigación
La Comisión
Corográfica y el reconocimiento del «territorio del Caquetá»
AUGUSTO J. GÓMEZ L.
PROFESOR ASISTENTE
INSTITUTO AMAZÓNICO DE
INVESTIGACIONES - IMANI
UNIVERSIDAD NACIONAL DE COLOMBIA
La Comisión Corográfica, dirigida por Agustín Codazzi, fue el
primer intento sistemático de realizar una Geografía General de
Colombia. Un pequeño grupo de ingenieros y autodidactas recorrió
todo el país para dado a conocer, camino por camino y pueblo por
pueblo, en una verdadera epopeya de resistencia y valor. Nunca
antes ni después se ha realizado algo semejante en Colombia. Ni
siquiera el fantástico viaje de Humboldt y Bonpland dejó un tesoro
tan invaluable de conocimientos para nuestra nacionalidad.
No obstante el enorme valor que tuvieron y siguen teniendo los
trabajos de la Comisión Corográfica, ellos no han sido publicados
en su totalidad. Por el contrario, la obra se ha fragmentado en
ediciones que no respetan el proyecto originalmente concebido por
el General de Ingenieros Agustín Codazzi. Comenzando por la
|Geografìa física y Política de la Nueva Granada de Felipe
Pérez, quien le puso su nombre a la mayor parte de los estudios de
la Comisión, pasando por los Atlas de Manuel Ponce de León y Manuel
María Paz, que también firmaron a su nombre los mapas, hasta llegar
a las numerosas ediciones de las láminas fuera de su contexto
original, todos estos trabajos han desgarrado una obra que nació
para presentarse en forma unificada.
Surgió entonces el proyecto de reconstruir el conjunto de la
obra de la Comisión, respetando el plan originario trazado y
escrito por los miembros de la misma, que se conserva. Camilo A.
Domínguez y Augusto J. Gómez por la Universidad Nacional de
Colombia, y Guido Barona Becerra, de la Universidad del Valle,
contamos con el apoyo financiero de COAMA-Unión Europea, el Fondo
FEN-Colombia y el Instituto Geográfico
«Agustín Codazzi» para la preparación de un volumen inicial bajo
el título Viaje de la Comisión Corográfica por el territorio del
Caquetá, 1857.
La publicación se ha concebido con el propósito de darle al
lector un conjunto de elementos descriptivos y analíticos para una
mejor comprensión de lo que era la geografía de cada una de las
regiones neogranadinas. Las descripciones corográficas están
relacionadas con las láminas, pues ellas complementan el escrito,
al igual que los itinerarios militares de viaje y los mapas de
tamaño pequeño. Los mapas de gran tamaño constituyen la síntesis
corográfica de la obra.
De manera específica, el texto descriptivo del Territorio del
Caquetá había permanecido inédito debido a que se encontraba en la
Biblioteca de Torino, Italia, de donde fue felizmente rescatado por
Giorgio Antei, y mediante los oficios del Archivo General de la
Nación, en Santafé de Bogotá.
Debido a la importancia que dentro del estudio del Territorio
del Caquetá tienen los asuntos referentes a la formación del
territorio nacional, se ha puesto especial énfasis en los problemas
referentes al Estado y la nación, referidos a la obra. Se busca
rescatar no sólo la información que concierne directamente al área
estudiada sino también las cartas y documentos referentes al
cotidiano que enmarcó esta expedición considerada por el mismo
Codazzi como la más difícil por él realizada dentro de la Nueva
Granada. No se trata sólo de mostrar un producto acabado sino,
además, las dificultades que se debieron sortear para llegar a él.
Igualmente se incluyen bocetos de viaje realizados durante las
duras marchas, para que el investigador pueda comprender la forma
como trabajó el científico y la secuencia de pasos que fueron
necesarios para llegar a la Carta definitiva.
Algunos escritos hechos por misioneros, administradores y
exploradores, quienes le sirvieron a Codazzi como referentes sobre
problemas etnográficos, botánicos y cartográficos, sirven para
desmitificar al héroe. La obra de la Comisión no es toda de
Codazzi. Detrás de él hubo seres que aún permanecen en el
anonimato, pero que fueron fundamentales para el desarrollo de sus
trabajos: las extraordinarias expediciones de los hermanos
Mosquera, cruzando diagonalmente la Amazonia; las pacientes notas
del Padre Albis sobre la vida y costumbres de los andaquíes; las
observaciones cuidadosas de José M. Quintero sobre el Territorio
del Alto Caquetá y la colaboración de numerosas personas de la
región que hicieron posible ese trabajo.
Al organizar toda esta documentación dispersa y darle coherencia
con miras a presentarla en forma integrada al lector, se realiza
una lectura sobre el siglo XIX desde la mirada del siglo XX, que
pone en evidencia la persistencia de problemas regionales aún no
resueltos.
Los aportes de la comisión corográfica
al conocimiento del Territorio del Caquetá
«En Pasto no se conocía de la región que queda al oriente sino
hasta Mocoa y de allí en adelante el vulgo, ignorante de la
geografía, creía que quedaba Portugal; confundían este país con el
de Brasil. Poblaban esas selvas de monstruos y de terribles fieras,
algo así como en lo desconocido y fantástico como debió ser para la
humanidad los mares y las regiones que Colón descubrió»
(Rafael Reyes, Memorias. 1850-1855, Fondo Cultural del Banco
Cafetero; Bogotá, 1986, p.109).
Las concepciones que históricamente habían surgido acerca de la
Amazonia, de su extensión, de sus límites, de sus habitantes, de su
fauna, de su flora, permitieron dibujar mapas fantásticos, y con la
misma imaginación con que había sido construida esa geografía
amazónica, se bosquejaron los mapas del Territorio del Caquetá.
Según fueran los delirios, los sueños, las esperanzas, y aún los
innumerables temores de todos aquellos que desde el siglo XVI
incursionaron, o que sólo pensaron en incursionar en aquellas
tierras, las descripciones se acercaban más a las imágenes bíblicas
del paraíso terrenal o al tránsito dantesco por los círculos del
infierno, tal como los expedicionarios europeos del siglo XVI
dibujaron la extensa región con «Las Amazonas» y «El Dorado». En el
transcurso de las centurias más recientes, la Amazonia fue poblada
de «infieles», «bárbaros», «caníbales» y «demonios». Sólo a partir
del reconocimiento realizado por la Comisión Corográfica se
lograría un «"mapa» menos imaginario de aquella región y,
por supuesto, de sus habitantes.
La acción misionera de los Franciscanos, desde finales del siglo
XVII, había configurado, poco a poco, un territorio que por la
época los mismos miembros de la Orden Seráfica denominaban como
Gran Caquetá, donde, en la década de 1690, habían logrado las
primeras «pacificaciones» de indios. Los religiosos desde ese
tiempo tomaron posesión de las misiones del Gran Caquetá y de
Mocoa, cuya extensión precariamente conocían y difícilmente
administraban. La geografía de lo que por entonces se designó como
Gran Caquetá incluía, además del alto Caquetá (entre los ríos
Orteguaza, Caguán y Caquetá) un vasto territorio que se extendía
hacia el oriente y cuyos pobladores y límites se ignoraban muy a
pesar de los esfuerzos que la corona de España había realizado en
el curso de la segunda mitad del siglo XVIII, cuando Francisco
Requena fuera comisionado para definir los linderos con el
"Reino de Portugal» en la Amazonia.
Hasta mediados del siglo XIX muy poco se conocía, entonces, en
el interior del país acerca del Territorio del Caquetá, de sus
límites, de su población y de sus recursos, a no ser por los
apuntes e impresiones del viaje que el Presbítero Manuel María
Albis realizara en el año de 1854 y que fueran publicados por
primera vez en 1855 en un folleto editado en la imprenta «La
Matricaria» por los señores José María Vergara y Vergara y Evaristo
Delgado. El Presbítero Albis, José M. Quintero, Miguel Mosquera, su
hermano gemelo Pedro Mosquera y Vicente María Cabrera, eran
conocedores de la región y gracias a ellos fue posible allí la
labor coro gráfica de la Comisión en el año de 1857.
Codazzi, informado, guiado y auxiliado por aquellos baquianos,
describió el Territorio del Caquetá como el «más desierto y
salvaje, el menos habitado y conocido de la República",
cuya extensión era incomparable con cualquiera de las provincias en
que estaba dividida la Nueva Granada. Según el censo levantado en
el año de 1857, la población de los seis corregimientos (Mocoa,
Sibundoy, Solano, Putumayo, Aguarico y Mesaya) ascendía a 4.737
almas, entre hombres y mujeres, además de «las tribus que viven en
completa independencia», es decir, unos 50 mil habitantes «entre
reducidos y salvajes» en el conjunto de toda su extensión. El vasto
Territorio del Caquetá tenía como límites el Estado de
Cundinamarca, la República de Venezuela, el Imperio del Brasil y la
República del Ecuador.
La obra de la Comisión constituye una valiosa descripción y
análisis acerca de la ubicación y estructura de los asentamiento s
indígenas regionales, lo mismo que sobre los límites, las
características geográficas físicas, las rutas y caminos, la
hidrografía, la flora y la fauna del territorio que más tarde
designaríamos como «Amazonia colombiana». A partir de dicha obra es
posible afirmar que, hasta mediados del siglo XIX, la región en
referencia no había sido objeto de drásticas transformaciones
socioculturales, muy a pesar de la trata de esclavos indígenas y de
la acción de los misioneros durante los siglos XVII y XVIII. Sería
precisamente desde finales del siglo XIX cuando el desarrollo de
actividades extractivas produciría un profundo impacto sobre la
población nativa y sobre el conjunto de ,dicho territorio.
Finalizando el siglo XIX, la «civilización» de los indios, que
tanto había preocupado desde el período colonial, quedó en manos de
los comerciantes y empresarios, pues en la región «los negocios se
adelantaron al evangelio" cuando la extracción de la quina
y, poco después, la del caucho, propició el ingreso de éstos. Las
descripciones de la época señalan cómo se vivía allí sin «Dios ni
ley», por falta de autoridades, progresando la corrupción, sin
quién hiciera justicia, «...en una palabra, la civilización allí ha
producido más bien daño que provecho, porque sus habitantes no han
aprendido de ella sino la parte que envenena, desmoraliza y mata.
En esa sección la raza blanca desempeña el papel más triste del
mundo. En otras partes es conquistadora y civilizadora, y allí es
corruptora y conquistada". Los esfuerzos de las misiones y
de algunos gobiernos republicanos hasta el siglo XIX no lograron
incorporar el Territorio del Caquetá a ningún proyecto económico y
político-administrativo nacional. Sólo sería en el curso del siglo
XX cuando, como lo pronosticó Codazzi, «....la población creciente
de Pasto, Popayán y Neiva se habrá avanzado ya al otro lado de la
Cordillera Oriental descuajando sus selvas seculares y abriendo
caminos, fundando pueblos y paulatinamente se habrá internado en
las grandes planicies para ponerse en contacto con los puntos
comerciales que se establezcan en la grande hoya del Amazonas».
Esperamos iniciar con esta obra sobre el Territorio del Caquetá
el pago de una deuda científica e histórica que Colombia tiene con
la Comisión Corográfica y especialmente con el General Agustín
Codazzi.