Ficha bibliográfica
Titulo:
El hombre sentado
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Fernando Urbina




INDICE




En la tradición oral detentada por el abuelo muinane Noé Rodríguez (Chuumu Güio), residente en la raudalera de Guaimaraya -quien tuvo preceptores uitotos y ha dado informes en esta lengua- figura la Historia de |Añïraima. En ella tiene lugar un episodio muy significativo en relación al asunto que nos ocupa. Resumo los apartes pertinentes de este muy largo mito:

La primera parte se centra en los avatares de la transmisión del Saber y del Poder. La Madre Primordial le entrega al Padre las Palabras y el Poder para que éste, a su turno, las entregue al Hijo. Estas Palabras tienen una materialización: el Banco. La relación Saber-Palabra-Banco es clara: en el Banco los Sabedores se sientan a hablar. Vienen los malentendidos. El Hijo antes de recibir el Poder usurpa el Banco -y por tanto las Palabras- y alardea con ellas. Perece. La Madre reconviene al Padre por mezquinar un Poder que sólo ha recibido en depósito. La Madre procede  a resucitar al Hijo. Finalmente éste, con las Palabras y el Poder bien recepcionados, procede a efectuar la Creación.

(...)

 

Salidos los hombres del |hueco-del-origen (un útero cósmico),arrojan sus cordones umbilicales en la laguna primordial, donde, entrelazándose dan origen a la A |naconda-dueña-de-los-nombres. Los primordiales se van, creyéndose completos, pero han de regresar a capturar la Boa, pues se han ido sin nombre. Una vez que la agarran con la ayuda del Gavilán, la reparten y a medida que obtienen su respectiva porción reciben las correspondientes nominaciones como pueblos y clanes. Se dispersan de nuevo hacia los cuatro puntos cardinales sintiéndose completos. Pero sólo poseen Palabras-aire, sin la concreción de la Obra (materialización). Por tanto, han de regresar por el Banco (ícono de las Palabras -mitos, |palabras-de-abundancia, oraciones, conjuros, palabras de consejo y corrección), por la yuca (comida cultivada para alimentarse como gente y no como animal) y por la coca y el tabaco (las plantas rituales básicas que han de permitir el nexo con los Demiurgos). Sólo cuando obtienen todo, ellos se afirman como verdaderos hombres.

Traigo a cuento otro relato, más ligero. Pertenece a una colección que hemos llamado con Vilma Gómez |cuentos de chagra, ejemplo de literatura infantil indígena con que los mayores, sobre todo las abuelas, entretienen a la prole menuda cuando se encuentran en el huerto dedicados a las tareas cotidianas. En él se verifica de una manera muy sencilla el nexo entre la Palabra y el Banco. Se lo oí a doña Filomena Tejada, en El Encanto (río Caraparaná), una mañana en que la acompañé al huerto con el objeto de reseñar sus tareas. Así fue el diálogo con su nieta:

-Abuela: ayer, cuando regresábamos remando de la otra chagra, vimos unas tortugas sobre un tronco en la orilla del río y las mariposas revoloteaban encima y se les paraban en la cabeza. ¿Por qué hacen eso, abuela?

-Yo no sé por qué hacen eso con las tortugas pero sí sé la historia del caimán que tenía un banco en la cabeza y en él se paraban (posaban) las mariposas.

-¡Cuéntalo, abuela!

 

-Pues se trata nada menos que de Jirayauma, al que los muinanes llaman Guizirre, el cerbatanero. El mató a la suegra que era un tigre que se había comido a su hermano. Fue una venganza. La hija, cuando se dio cuenta de que el marido había matado a la mamá, se convirtió también en tigre y lo persiguió para también matarlo y tragárselo. Ella era una |Dueña-de-animales y entonces les dio orden de que atajaran a Jirayauma. Pero el hombre siempre encontraba animales que por algún regalo que les daba lo ayudaban a escapar. A la panguana ( |Crypturellus variegatus) le regaló el yerakï (coquillo donde se guarda el ambil-pasta de tabaco); con él se pita y así quedó su canto. Al caracol le regaló la espiral, que es la figura con que el Padre pensó la creación, y así quedó su caparazón. A la culebra le dio la cerbatana que le quedó a lo largo, estampada en su lomo. A las hormigas les regaló el anzuelo con el que formaron las tenazas... y así, así, hasta que pudo llegar a un gran río. Y fue allí donde se presentó el naïma, el caimán ( |Melanosuchus niger). Con él se puso de acuerdo en que si lo pasaba al otro lado le daría en pago el banco en el cual se sentaba su padre a contar historias. y así fue. Jirayauma se lo puso en la cabeza. Por eso los caimanes tienen la cabeza .un poco pandeada, igual que un banco.

(Y aquí doña Filomena guardó silencio).

-Pero, ¿qué tiene que ver eso con las mariposas, abuela?

-Estaba esperando que me lo preguntaras. ¿No te das cuenta? Pues las mariposas se paran en la cabeza de los caimanes siempre en grupos, siempre son varias, y lo hacen porque se reúnen a contar historias, igual que tu abuelo Moisés cuando de noche se sienta en el mambeadero con los hombres a contadas. Es que el banco es |banco-de-historias

Pero hay algo más asociado a la pose que se adopta en el coqueadero, lugar de la Palabra; algo que entrevió agudamente William Torres (: 56): el hombre rodea con sus brazos las rodillas dando lugar a una imagen que guarda analogía con un canasto; sus brazos conformarían la boca de dicho utensilio. El hombre como cuerpo se metaforiza en un recipiente que guardá palabras, es decir, conocimientos. Se va al coqueadero, lugar de la Palabra, para recibida de labios del Abuelo Sabedor quien la extrae de su propio canasto y la entrega a los hombres que lo rodean para que ellos vayan colmando el suyo. Las metáforas se refuerzan si se tiene en cuenta que la hoja de coca, la planta sagrada asociada al pensamiento, al recuerdo y al lenguaje, es una representación de la lengua (órgano bucal) y, por ende, de la palabra. Consumir coca equivale a consumir palabras, a guardadas en ese canasto que es todo hombre. La coca junto con la Palabra del Abuelo es una y la misma. Cuando la necesidad lo precise, en los avatares de la existencia, el hombre formado echará mano a su canasto y extraerá de allí lo que requiera para el buen vivir. Saber es recordar; es extraer palabras del fondo oscuro del recuerdo.

 

La labor del Abuelo es muy peligrosa porque se trata de manejar las poderosas Fuerzas del origen, tan descomunalmente potentes que fueron capaces de plantar los seres donde sólo reinaba el vacío. Se requiere convocar estas Fuerzas para que sustenten las acciones cotidianas, dándole a las obras un pleno sentido. Pero si las Palabras se invocan y se traen a cuento y no se realizan concretándose en obras, esas Fuerzas quedarán por ahí, sin control, y harán daño en forma de enfermedad o malestar social. En cambio, cuando se hacen obra visible, éstas tendrán un extraordinario poder pues serán el continente de una Fuerza arquetípica que así quedará guardada, controlada y dirigida. Si Saber es recordar, el Poder consistirá en concretar la Obra.

Por otra parte, se ha de tener en cuenta que en antigua se daba un lenguaje gestual muy formalizado que constelaba las poses adoptadas por el Sabedor en el coqueadero. El discurso hablado se complementaba de tal manera que quienes iban. llegando a la sesión nocturna, por la sola pose del Abuelo, sabían en qué momento del ritual se encontraba... Variaciones en el adagio del |hombre-sentado.

Variaciones olvidadas... En Enero de 1996 asistí a la preparación de un Baile en compañía de la antropóloga Blanca de Corredor -a quien tuve el privilegio de dirigir su tesis de grado hace tres lustras-, aprendiz predilecta del Abuelo Enókayï, el más profundo Sabedor entre los uitotos del Caquetá, muerto en 1994. Blanca se permitió insinuarle al Dueño del Baile -quien también se había sentado con el Abuelo Enokayï en años anteriores- que yo empezaría a grabar un parlamento en el momento, muy solemne, en que él adoptara una determinada posición (rodarse un tanto del banco para quedar en cuclillas, y cruzar los brazos de una determinada manera). Él la miró con absoluta extrañeza; había olvidado por completo la prédica del Abuelo preceptor al respecto. Hubo necesidad de adoptar otra convención...

 

El accionar del Abuelo Sabedor tiene que ver con viajes. Desde su banco ritual se hunde en el inframundo, en la fábrica de los mundos, para ascender luego y dominar el conjunto. El viaje a las profundidades tendrá como paradigma la serpiente cavadora de oscuros túneles acuosos; su viaje será un viaje para confundirse, para ser uno con lo primordial, para anular distancias. Su vuelo como águila -ese aire que es el Padre- le permitirá dominar el conjunto, visualizarlo a fuerza de alejarse de él para poder descubrir el problema, ubicarlo y resolverlo a fuerza de contextualizarlo. Así, el Sabedor amazónico repetirá el ideal de todos los verdade­ros hombres: un ideal que entrevieron los griegos posibilitando a los occidentales de hoy captar la profundidad del asunto: sintetizar lo dionisíaco y lo apolíneo... También Nietzsche, el de siempre.

El Occidente privilegió oficialmente lo apolíneo. Pero el lado oscuro y profundo no ha desaparecido; está velado, persiste, y aflora de cuando en cuando en forma arrasadora porque, por tratar de negarlo, se olvidaron los ritos que permiten su manejo (la idea es de Eliade). Lo apolíneo se visualiza en el hombre de pie, el que mira a lo lejos con mirada serena, imperiosa, el que trasciende. Al escribir estas notas llegan otras imágenes: viene la Mujer centauro de Rodin (¿o era de Camille?): ese esfuerzo trágico por trascender la bestia, la naturaleza salvaje, lo fontal, lo indiferenciado, lo caótico, lo real, la condición humana... Ícaro y su vue­lo soberbio, fatal. Intentos fallidos.

El estar sentado proporciona la mejor sustentación sin perder la ven­taja cosmovisional del mirar al frente para crear y otear horizontes. El hombre sentado resultará síntesis del arriba y del abajo; no reniega ni de lo uno ni de lo otro; los acoje: éxtasis que retrotrae el origen; madurez del pensar sereno.

 

Para terminar este ensayo me permito transcribir uno de los textos incluidos en la exposición PALABRA-OBRA: La imagen del Sabedor en |el arte rupestre del rio Caquetá, el que también figura en su catálogo. Está basado en las enseñanzas de mi maestro Chuumu Güio, cacique de Guaimaraya, región donde he adelantado el inventario de la mayor parte de los petroglifos a los que he hecho referencia. Para una plena intelección de este texto he de decir que, en el acto de aprendizaje ritual, el discípulo se sienta frente a su maestro y suele acompañar el discurso del preceptor repitiendo las últimas palabras de la frase. Se torna su eco.

El Padre sentado entre el Silencio, maduraba silencios.

Aún no se inventaba ni el trueno,

ni el murmullo del viento entre las hojas,

ni el rugido del tigre, ni el grito de las águilas,

ni la voz como espina del zancudo.

¿Con quién puede hablar el dios?

Entonces vio su sombra.

Estaba allí, sentada.

Se inventó la palabra y el eco respondió

(el eco que es la sombra del sonido).

-¡Ya tengo compañero!,

exclamó el Padre.

Fue así como los hombres nos formamos.

Por eso nos sentamos frente el padre

y cuando en el ritual la voz eleva

repetimos sus últimas palabras.

El verdadero hombre: concreción de La Fuerza que se sentó para hablar.

 

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