|
INDICE
|
|
En la tradición oral detentada por el abuelo muinane Noé
Rodríguez (Chuumu Güio), residente en la raudalera de Guaimaraya
-quien tuvo preceptores uitotos y ha dado informes en esta lengua-
figura la Historia de
|Añïraima. En ella tiene lugar un
episodio muy significativo en relación al asunto que nos ocupa.
Resumo los apartes pertinentes de este muy largo mito:
La primera parte se centra en los avatares de la transmisión del
Saber y del Poder. La Madre Primordial le entrega al Padre las
Palabras y el Poder para que éste, a su turno, las entregue al
Hijo. Estas Palabras tienen una materialización: el Banco. La
relación Saber-Palabra-Banco es clara: en el Banco los Sabedores se
sientan a hablar. Vienen los malentendidos. El Hijo antes de
recibir el Poder usurpa el Banco -y por tanto las Palabras- y
alardea con ellas. Perece. La Madre reconviene al Padre por
mezquinar un Poder que sólo ha recibido en depósito. La Madre
procede a resucitar al Hijo. Finalmente éste, con las Palabras y
el Poder bien recepcionados, procede a efectuar la Creación.
(...)
Salidos los hombres del
|hueco-del-origen (un útero
cósmico),arrojan sus cordones umbilicales en la laguna primordial,
donde, entrelazándose dan origen a la
A
|naconda-dueña-de-los-nombres. Los primordiales se van,
creyéndose completos, pero han de regresar a capturar la Boa, pues
se han ido sin nombre. Una vez que la agarran con la ayuda del
Gavilán, la reparten y a medida que obtienen su respectiva porción
reciben las correspondientes nominaciones como pueblos y clanes. Se
dispersan de nuevo hacia los cuatro puntos cardinales sintiéndose
completos. Pero sólo poseen Palabras-aire, sin la concreción de la
Obra (materialización). Por tanto, han de regresar por el Banco
(ícono de las Palabras -mitos,
|palabras-de-abundancia,
oraciones, conjuros, palabras de consejo y corrección), por la yuca
(comida cultivada para alimentarse como gente y no como animal) y
por la coca y el tabaco (las plantas rituales básicas que han de
permitir el nexo con los Demiurgos). Sólo cuando obtienen todo,
ellos se afirman como verdaderos hombres.
Traigo a cuento otro relato, más ligero. Pertenece a una
colección que hemos llamado con Vilma Gómez
|cuentos de
chagra, ejemplo de literatura infantil indígena con que los
mayores, sobre todo las abuelas, entretienen a la prole menuda
cuando se encuentran en el huerto dedicados a las tareas
cotidianas. En él se verifica de una manera muy sencilla el nexo
entre la Palabra y el Banco. Se lo oí a doña Filomena Tejada, en El
Encanto (río Caraparaná), una mañana en que la acompañé al huerto
con el objeto de reseñar sus tareas. Así fue el diálogo con su
nieta:
-Abuela: ayer, cuando regresábamos remando de la otra chagra,
vimos unas tortugas sobre un tronco en la orilla del río y las
mariposas revoloteaban encima y se les paraban en la cabeza. ¿Por
qué hacen eso, abuela?
-Yo no sé por qué hacen eso con las tortugas pero sí sé la
historia del caimán que tenía un banco en la cabeza y en él se
paraban (posaban) las mariposas.
-¡Cuéntalo, abuela!
-Pues se trata nada menos que de Jirayauma, al que los muinanes
llaman Guizirre, el cerbatanero. El mató a la suegra que era un
tigre que se había comido a su hermano. Fue una venganza. La hija,
cuando se dio cuenta de que el marido había matado a la mamá, se
convirtió también en tigre y lo persiguió para también matarlo y
tragárselo. Ella era una
|Dueña-de-animales y entonces les
dio orden de que atajaran a Jirayauma. Pero el hombre siempre
encontraba animales que por algún regalo que les daba lo ayudaban a
escapar. A la panguana (
|Crypturellus variegatus) le regaló
el yerakï (coquillo donde se guarda el ambil-pasta de tabaco); con
él se pita y así quedó su canto. Al caracol le regaló la espiral,
que es la figura con que el Padre pensó la creación, y así quedó su
caparazón. A la culebra le dio la cerbatana que le quedó a lo
largo, estampada en su lomo. A las hormigas les regaló el anzuelo
con el que formaron las tenazas... y así, así, hasta que pudo
llegar a un gran río. Y fue allí donde se presentó el naïma, el
caimán (
|Melanosuchus niger). Con él se puso de acuerdo en
que si lo pasaba al otro lado le daría en pago el banco en el cual
se sentaba su padre a contar historias. y así fue. Jirayauma se lo
puso en la cabeza. Por eso los caimanes tienen la cabeza .un poco
pandeada, igual que un banco.
(Y aquí doña Filomena guardó silencio).
-Pero, ¿qué tiene que ver eso con las mariposas, abuela?
-Estaba esperando que me lo preguntaras. ¿No te das cuenta? Pues
las mariposas se paran en la cabeza de los caimanes siempre en
grupos, siempre son varias, y lo hacen porque se reúnen a contar
historias, igual que tu abuelo Moisés cuando de noche se sienta en
el mambeadero con los hombres a contadas. Es que el banco es
|banco-de-historias
Pero hay algo más asociado a la pose que se adopta en el
coqueadero, lugar de la Palabra; algo que entrevió agudamente
William Torres (: 56): el hombre rodea con sus brazos las rodillas
dando lugar a una imagen que guarda analogía con un canasto; sus
brazos conformarían la boca de dicho utensilio. El hombre como
cuerpo se metaforiza en un recipiente que guardá palabras, es
decir, conocimientos. Se va al coqueadero, lugar de la Palabra,
para recibida de labios del Abuelo Sabedor quien la extrae de su
propio canasto y la entrega a los hombres que lo rodean para que
ellos vayan colmando el suyo. Las metáforas se refuerzan si se
tiene en cuenta que la hoja de coca, la planta sagrada asociada al
pensamiento, al recuerdo y al lenguaje, es una representación de la
lengua (órgano bucal) y, por ende, de la palabra. Consumir coca
equivale a consumir palabras, a guardadas en ese canasto que es
todo hombre. La coca junto con la Palabra del Abuelo es una y la
misma. Cuando la necesidad lo precise, en los avatares de la
existencia, el hombre formado echará mano a su canasto y extraerá
de allí lo que requiera para el buen vivir. Saber es recordar; es
extraer palabras del fondo oscuro del recuerdo.
La labor del Abuelo es muy peligrosa porque se trata de manejar
las poderosas Fuerzas del origen, tan descomunalmente potentes que
fueron capaces de plantar los seres donde sólo reinaba el vacío. Se
requiere convocar estas Fuerzas para que sustenten las acciones
cotidianas, dándole a las obras un pleno sentido. Pero si las
Palabras se invocan y se traen a cuento y no se realizan
concretándose en obras, esas Fuerzas quedarán por ahí, sin control,
y harán daño en forma de enfermedad o malestar social. En cambio,
cuando se hacen obra visible, éstas tendrán un extraordinario poder
pues serán el continente de una Fuerza arquetípica que así quedará
guardada, controlada y dirigida. Si Saber es recordar, el Poder
consistirá en concretar la Obra.
Por otra parte, se ha de tener en cuenta que en antigua se daba
un lenguaje gestual muy formalizado que constelaba las poses
adoptadas por el Sabedor en el coqueadero. El discurso hablado se
complementaba de tal manera que quienes iban. llegando a la sesión
nocturna, por la sola pose del Abuelo, sabían en qué momento del
ritual se encontraba... Variaciones en el adagio del
|hombre-sentado.
Variaciones olvidadas... En Enero de 1996 asistí a la
preparación de un Baile en compañía de la antropóloga Blanca de
Corredor -a quien tuve el privilegio de dirigir su tesis de grado
hace tres lustras-, aprendiz predilecta del Abuelo Enókayï, el más
profundo Sabedor entre los uitotos del Caquetá, muerto en 1994.
Blanca se permitió insinuarle al Dueño del Baile -quien también se
había sentado con el Abuelo Enokayï en años anteriores- que yo
empezaría a grabar un parlamento en el momento, muy solemne, en que
él adoptara una determinada posición (rodarse un tanto del banco
para quedar en cuclillas, y cruzar los brazos de una determinada
manera). Él la miró con absoluta extrañeza; había olvidado por
completo la prédica del Abuelo preceptor al respecto. Hubo
necesidad de adoptar otra convención...
El accionar del Abuelo Sabedor tiene que ver con viajes. Desde
su banco ritual se hunde en el inframundo, en la fábrica de los
mundos, para ascender luego y dominar el conjunto. El viaje a las
profundidades tendrá como paradigma la serpiente cavadora de
oscuros túneles acuosos; su viaje será un viaje para confundirse,
para ser uno con lo primordial, para anular distancias. Su vuelo
como águila -ese aire que es el Padre- le permitirá dominar el
conjunto, visualizarlo a fuerza de alejarse de él para poder
descubrir el problema, ubicarlo y resolverlo a fuerza de
contextualizarlo. Así, el Sabedor amazónico repetirá el ideal de
todos los verdaderos hombres: un ideal que entrevieron los griegos
posibilitando a los occidentales de hoy captar la profundidad del
asunto: sintetizar lo dionisíaco y lo apolíneo... También
Nietzsche, el de siempre.
El Occidente privilegió oficialmente lo apolíneo. Pero el lado
oscuro y profundo no ha desaparecido; está velado, persiste, y
aflora de cuando en cuando en forma arrasadora porque, por tratar
de negarlo, se olvidaron los ritos que permiten su manejo (la idea
es de Eliade). Lo apolíneo se visualiza en el hombre de pie, el que
mira a lo lejos con mirada serena, imperiosa, el que trasciende. Al
escribir estas notas llegan otras imágenes: viene la Mujer centauro
de Rodin (¿o era de Camille?): ese esfuerzo trágico por trascender
la bestia, la naturaleza salvaje, lo fontal, lo indiferenciado, lo
caótico, lo real, la condición humana... Ícaro y su vuelo
soberbio, fatal. Intentos fallidos.
El estar sentado proporciona la mejor sustentación sin perder la
ventaja cosmovisional del mirar al frente para crear y otear
horizontes. El hombre sentado resultará síntesis del arriba y del
abajo; no reniega ni de lo uno ni de lo otro; los acoje: éxtasis
que retrotrae el origen; madurez del pensar sereno.
Para terminar este ensayo me permito transcribir uno de los
textos incluidos en la exposición PALABRA-OBRA: La imagen del
Sabedor en
|el arte rupestre del rio Caquetá, el que también
figura en su catálogo. Está basado en las enseñanzas de mi maestro
Chuumu Güio, cacique de Guaimaraya, región donde he adelantado el
inventario de la mayor parte de los petroglifos a los que he hecho
referencia. Para una plena intelección de este texto he de decir
que, en el acto de aprendizaje ritual, el discípulo se sienta
frente a su maestro y suele acompañar el discurso del preceptor
repitiendo las últimas palabras de la frase. Se torna su eco.
El Padre sentado entre el Silencio,
maduraba silencios.
Aún no se inventaba ni el trueno,
ni el murmullo del viento entre las
hojas,
ni el rugido del tigre, ni el grito
de las águilas,
ni la voz como espina del
zancudo.
¿Con quién puede hablar el dios?
Entonces vio su sombra.
Estaba allí, sentada.
Se inventó la palabra y el eco
respondió
(el eco que es la sombra del
sonido).
-¡Ya tengo compañero!,
exclamó el Padre.
Fue así como los hombres nos
formamos.
Por eso nos sentamos frente el
padre
y cuando en el ritual la voz
eleva
repetimos sus últimas palabras.
El verdadero hombre: concreción de La Fuerza que se sentó para
hablar.
|