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INDICE
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De este mito echan mano los uitotos para explicar la presencia
de las tierras negras. Es que la gigantesca quema de la que escapó
Feréukudo produjo mucha ceniza, la cual dio origen a los antrosoles
presentes en Araracuara. Es la versión que dan numerosos Sabedores
entre los que he recogido un buen número de versiones de este
relato. Por otra parte, el cañón es asimilado a una descomunal
trampa de pesca; la razón no es otra que la relativa gran facilidad
con la que se capturan los peces en ese sitio, sobre todo en las
épocas de subienda.
Los lotes de tierras negras y pardas se van escalonando a lo
largo del río desde Araracuara hacia el oriente, hasta llegar a la
isla de Marajó, en la desembocadura del Amazonas (Andrade: 23). La
gradación de las fechas -en líneas generales de mayor a menor
antigüedad-, sugiere, por ahora, que la posible invención y/o
consolidación de tan eficiente práctica agrícola prehistórica en la
Amazonia se originó en la región de Araracuara, difundiéndose desde
allí. Se tiene noticia (de oídas) acerca de la presencia de
antrosoles en el río Putumayo cerca del piedemonte, pero estos
datos se encuentran sin confirmar. También se debe al grupo Erigaie
(Mora
|et al.: 12) el establecimiento de la fecha más antigua
para la presencia del cultivo del maíz en la Amazonia: 2700
a.C.
En cuanto a las evidencias cerámicas tenemos dos tradiciones: la
Camani y la Nofurei (Herrera, L., 1981). Andrade (: 56, 57),
retornando esta clasificación, muestra que la primera data de hace
cerca de 3 milenios y la Nofurei del 1200 a.p. Esta última se
asocia a la tradición policroma del Amazonas. Aquí también el grupo
Erigaie propone una corrección al planteamiento anterior; considera
que el criterio de clasificación diferencial basado en la presencia
o no de decoración (sí en Nofurei, no en Camani) es insuficiente
(Mora
|et al.: 8). En definitiva, otras evidencias mostrarían
que la ocupación del lugar fue continua y que, si bien hay cambios,
no se da ruptura en la tradición cerámica.
El arte rupestre
En relación al arte rupestre presente en diversos afloramientos
rocosos del río Caquetá, algunos de ellos pertenecientes a restos
de las formaciones del gran macizo montañoso precámbrico,
científicos y viajeros han denunciado su existencia desde hace casi
dos siglos (Spix & Martius: v. II, 351). Ya en esa época el
gran desgaste de muchos de los grabados rupestres
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los hacía tener como muy antiguos.
Los mismos indígenas, con quienes establecieron contacto los
primeros estudiosos occidentales, ubicaban la hechura de esas obras
en el tiempo sin riberas de los mitos. No se ha podido garantizar
las fechas de su ejecución ni en el caso de los grabados, ni en el
de las ocho pinturas
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que encontré en 1985 arriba de Araracuara,
en el Cañón de Angosturas, las únicas halladas hasta ahora en las
vecindades del gran río. Contrasta este corto número de
pictografías con la impresionante profusión de grabados: hasta
ahora, sólo ateniéndose a los pedregales ribereños y penetrando
mínimamente por unos pocos de los afluentes, se han podido
inventariar no menos de 5.000 petroglifos y ya se tiene pistas de
muchos otros.
Un poco más de la mitad de estas insculturas fueron objeto de
levantamiento riguroso por obra de la arqueóloga y etnógrafa
Elizabeth Reichel (von Hildebrand, en la bibliografía), entre La
Pedrera y Araracuara. En 1978 descubrí cerca de 1.500 grabados,
especialmente en la región de Guaimaraya, unos 80 km arriba de
Araracuara. Estos hallazgos fueron complementados en exploraciones
posteriores, elevándose la suma a cerca de 2.500. Los últimos
fueron encontrados durante la reciente campaña de enero de 1996 en
el Pedregal de Moisés, en la región de Monochoa, arriba del cañón
de Araracuara, y en el cañón de Angosturas, abajo de
Guaimaraya.
El aporte fundamental de los inventarias hechos desde 1978,
aparte del gran número de glifos, se da en dos frentes (Urbina,
1993). El primero, por el hecho de haber dado con representaciones
en las cuales se hace gala de gran naturalismo -hasta el punto de
poder identificar con entera facilidad especies zoológicas-,
captación de movimiento y ejecución de figuras volumétricas. El
segundo, por haberse logrado establecer una relación entre algunos
petroglifos y algunos mitos pan-amazónicos -e incluso
pan-amerindios- que cuentan con versiones narradas por etnias aún
presentes en la región. Las imágenes evocadas en algunos de estos
relatos coinciden puntualmente con temas desarrollados en los
grafismos rupestres y en las actuales ejecuciones artísticas y
'artesanales', elaboradas por grupos indígenas sobre telas de
corteza, en madera y en la cestería.
Se trata, específicamente, de una serie de grabados que
comportan el tema de la segmentación de la Serpiente Ancestral,
origen de las etnias. El mito contaba con versiones fuertes, en
especial entre los grupos tukanos del Vaupés. El estudio de la
mitología de los uitotos y muinanes -algunos de cuyos clanes han
ocupado y/o influido el segmento de río entre Araracuara y Peñas
Negras, región donde se efectuaron los más recientes hallazgos
rupestres-, permitió localizar variantes fuertes de este
mito
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Por ahora el estudio de esta posibilidad interpretativa, que
hace de las versiones rníticas vigentes hoy día el ámbito de
interlocución con los remotos ejecutores de los grabados, se
continúa con la búsqueda en otras regiones de realizaciones
gráficas que muestren aspectos del tema de la serpiente y su
relación con la figura humana (cuerpo, rostro, mano). Ya se han
podido detectar grafismos similares a los del Caquetá en
Itacoatiara, abajo de Manaos (Ramos: figs. 64, 600 Y 606, al menos)
yen el alto Putumayo -río Vides-, cerca de la piemontina ciudad de
Mocoa, capital departamental. En esta última localidad los abuelos
kamshá ven algunos diseños de grabados rupestres -idénticos a los
de ltacoatiara y Guaimaraya- como la representación gráfica de la
tradición del Gusano Ancestral, origen de las etnias, tal como lo
pudo establecer Carlos Muriel (: 53) a comienzos de la década del
90. Con la guía de este acucioso y fantasioso personaje
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fotografié varios de
estos espléndidos grabados en 1993, entre los que se destaca
-además de los que comportan el tema de la serpiente y el hombre-
una pareja de tigres en posición de cópula (Herrera: 19).
La dificultad de los grafismos rupestres colombianos se debe a
no ir acompañados por una oralidad tradicional que dé razón de su
sentido. Y esto se repite en casi todo el orbe. No es el caso, sin
embargo, de la afortunada Australia, donde aún se dan numerosos
artífices aborígenes que han continuado sin interrupción la
antiquísima tradición de grabar y pintar sobre piedra, y entre
quienes se cuenta, o se contaba hasta hace poco, antes del
|boom comercial de obras actuales de este estilo
(Leroi-Gourhan: 74), con sabedores que dan cabal razón de su
actividad artística en lo que tiene que ver con la significación
inmediata.
Según el testimonio de Koch-Grünberg (1907; 1995: 27,72), válido
para la región del Vaupés, había indígenas que añadían trazos a los
grabados antiguos, e incluso, ejecutaban nuevas obras. Pero todo
esto lo dice dicho investigador de oídas y haciendo suposiciones
sobre la menor o mayor antigüedad de algunos surcos en grabados
vecinos unos de otros; nunca presenció su hechura. Otro tanto le
ocurrió a G. Reichel (1967; 1986: 107) quien afirma que los payés
(chamanes) tukanos van (¿iban?) a los cerros donde mora el
|Dueño-de-los-animales y pintan o repintan las figuras de las
presas requeridas por los cazadores, solicitando así la venia del
Dueño para que se dejen abatir fácilmente. El acto del chamán
implica una modalidad de reciclaje energético, por cuanto él, a su
vez, ofrece al S
|eñor-de-las-bestias el alma de sus enemigos
personales o de gentes que pertenecen a las tribus enemigas (1986:
161). Pero el hecho es que nadie precisa, con testimonio visual
directo, la ocurrencia de esta actividad artística. Los informantes
de Reichel bien pudieron estar echando mano de una tradición oral
muy antigua, pero ya no vigente. Lo cierto es que en la actualidad
la práctica tradicional de grabar y pintar sobre rocas, a la manera
arcaica, por supuesto, ya no se acostumbra en Colombia. No hay
ningún testimonio directo de ello.
Respecto de las posibles fechas de ejecución de las obras
rupestres no se cuenta con ningún dato plenamente seguro y esto
para todo el territorio nacional. Para el caso de la Amazonia se
han adelantado algunas especulaciones indirectas interesantes. Una
de las más llamativas ha sido planteada por Meggers (: 58 y otros
escritos anteriores), Williams (cit. por E. Reichel: 134) y E.
Reichel (: 133 ss). Sus hipótesis tienen como base otra, la de los
"refugios pleistocénicos", propuesta hace varias
décadas por Haffer y que viene afianzándose
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con base en estudios
palinológicos adelantados para zonas colombianas especialmente por
Van der Hammen. Esta hipótesis plantea cambios climáticos drásticos
en la Amazonia en donde se han alternado períodos secos y húmedos.
La menor o mayor precipitación lluviosa, durante largos períodos,
es la causa para que de bosques muy densos (que proliferan cuando
se tiene una precipitación por encima de los 2.500 mm) se pase a
sabanas herbáceas (por debajo de 2.000 mm). En los períodos secos
los bosques quedaban reducidos sólo a aquellos enclaves en los que
se habían producido -durante la etapa húmeda- precipitaciones
anuales muy altas (4.000 mm); también la llanura abierta quedaba
interrumpida por los bosques de galería propios de las riberas de
ríos y quebradones, los cuales perdían mucho caudal en las épocas
secas. Basta, pues, un descenso de 500 mm de pluviosidad media para
que los bosques que están en el límite básico de pluviosidad pasen
a sabana o a bosques de sabana. Estas alternancias incidieron en la
mayor especiación biológica y, desde luego, repercutieron de
diverso modo sobre los grupos humanos que ocupaban el área, dándose
algo paralelo a lo que acontecía con la biota: mayores variaciones,
culturales en este caso (Van der Hammen: 118 ss. E. Reichel:
133).
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Petroglifo: de petra=piedra, y
glyfé=grabado.
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Pictografía: de pictus = pintado, y
grafice = delinear.
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la La tarea de recopilación
sistemática de las tradiciones orales de los uitotos y muinanes
pretende ser la continuación de la labor adelantada por Preuss a
comienzos de siglo.
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Debo aclarar que no sigo para nada al
amable guía en eso de ver en ciertos grabados no referibles a
realidades naturales el "testimonio irrefutable de naves
extraterrestres", teoría en la que se siente apoyado por
varios "científicos" norteamericanos que han
visitado la región.
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Aunque se dan objeciones (Gentry:
3-34).
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