Ficha bibliográfica
Titulo:
El hombre sentado
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Fernando Urbina




INDICE




De este mito echan mano los uitotos para explicar la presencia de las tierras negras. Es que la gigantesca quema de la que escapó Feréukudo produjo mucha ceniza, la cual dio origen a los antrosoles presentes en Araracuara. Es la versión que dan numerosos Sabedores entre los que he recogido un buen número de versiones de este relato. Por otra parte, el cañón es asimilado a una descomunal trampa de pesca; la razón no es otra que la relativa gran facilidad con la que se capturan los peces en ese sitio, sobre todo en las épocas de subienda.

Los lotes de tierras negras y pardas se van escalonando a lo largo del río desde Araracuara hacia el oriente, hasta llegar a la isla de Marajó, en la desembocadura del Amazonas (Andrade: 23). La gradación de las fechas -en líneas generales de mayor a menor antigüedad-, sugiere, por ahora, que la posible invención y/o consolidación de tan eficiente práctica agrícola prehistórica en la Amazonia se originó en la región de Araracuara, difundiéndose desde allí. Se tiene noticia (de oídas) acerca de la presencia de antrosoles en el río Putumayo cerca del piedemonte, pero estos datos se encuentran sin confirmar. También se debe al grupo Erigaie (Mora |et al.: 12) el establecimiento de la fecha más antigua para la presencia del cultivo del maíz en la Amazonia: 2700 a.C.

 

En cuanto a las evidencias cerámicas tenemos dos tradiciones: la Camani y la Nofurei (Herrera, L., 1981). Andrade (: 56, 57), retornando esta clasificación, muestra que la primera data de hace cerca de 3 milenios y la Nofurei del 1200 a.p. Esta última se asocia a la tradición policroma del Amazonas. Aquí también el grupo Erigaie propone una corrección al planteamiento anterior; considera que el criterio de clasificación diferencial basado en la presencia o no de decoración (sí en Nofurei, no en Camani) es insuficiente (Mora |et al.: 8). En definitiva, otras evidencias mostrarían que la ocupación del lugar fue continua y que, si bien hay cambios, no se da ruptura en la tradición cerámica.

El arte rupestre

En relación al arte rupestre presente en diversos afloramientos rocosos del río Caquetá, algunos de ellos pertenecientes a restos de las formaciones del gran macizo montañoso precámbrico, científicos y viajeros han denunciado su existencia desde hace casi dos siglos (Spix & Martius: v. II, 351). Ya en esa época el gran desgaste de muchos de los grabados rupestres | 8 los hacía tener como muy antiguos. Los mismos indígenas, con quienes establecieron contacto los primeros estudiosos occidentales, ubicaban la hechura de esas obras en el tiempo sin riberas de los mitos. No se ha podido garantizar las fechas de su ejecución ni en el caso de los grabados, ni en el de las ocho pinturas | 9 que encontré en 1985 arriba de Araracuara, en el Cañón de Angosturas, las únicas halladas hasta ahora en las vecindades del gran río. Contrasta este corto número de pictografías con la impresionante profusión de grabados: hasta ahora, sólo ateniéndose a los pedregales ribereños y penetrando mínimamente por unos pocos de los afluentes, se han podido inventariar no menos de 5.000 petroglifos y ya se tiene pistas de muchos otros.

 

Un poco más de la mitad de estas insculturas fueron objeto de levantamiento riguroso por obra de la arqueóloga y etnógrafa Elizabeth Reichel (von Hildebrand, en la bibliografía), entre La Pedrera y Araracuara. En 1978 descubrí cerca de 1.500 grabados, especialmente en la región de Guaimaraya, unos 80 km arriba de Araracuara. Estos hallazgos fueron complementados en exploraciones posteriores, elevándose la suma a cerca de 2.500. Los últimos fueron encontrados durante la reciente campaña de enero de 1996 en el Pedregal de Moisés, en la región de Monochoa, arriba del cañón de Araracuara, y en el cañón de Angosturas, abajo de Guaimaraya.

El aporte fundamental de los inventarias hechos desde 1978, aparte del gran número de glifos, se da en dos frentes (Urbina, 1993). El primero, por el hecho de haber dado con representaciones en las cuales se hace gala de gran naturalismo -hasta el punto de poder identificar con entera facilidad especies zoológicas-, captación de movimiento y ejecución de figuras volumétricas. El segundo, por haberse logrado establecer una relación entre algunos petroglifos y algunos mitos pan-amazónicos -e incluso pan-amerindios- que cuentan con versiones narradas por etnias aún presentes en la región. Las imágenes evocadas en algunos de estos relatos coinciden puntualmente con temas desarrollados en los grafismos rupestres y en las actuales ejecuciones artísticas y 'artesanales', elaboradas por grupos indígenas sobre telas de corteza, en madera y en la cestería.

Se trata, específicamente, de una serie de grabados que comportan el tema de la segmentación de la Serpiente Ancestral, origen de las etnias. El mito contaba con versiones fuertes, en especial entre los grupos tukanos del Vaupés. El estudio de la mitología de los uitotos y muinanes -algunos de cuyos clanes han ocupado y/o influido el segmento de río entre Araracuara y Peñas Negras, región donde se efectuaron los más recientes hallazgos rupestres-, permitió localizar variantes fuertes de este mito | 10

Por ahora el estudio de esta posibilidad interpretativa, que hace de las versiones rníticas vigentes hoy día el ámbito de interlocución con los remotos ejecutores de los grabados, se continúa con la búsqueda en otras regiones de realizaciones gráficas que muestren aspectos del tema de la serpiente y su relación con la figura humana (cuerpo, rostro, mano). Ya se han podido detectar grafismos similares a los del Caquetá en Itacoatiara, abajo de Manaos (Ramos: figs. 64, 600 Y 606, al menos) yen el alto Putumayo -río Vides-, cerca de la piemontina ciudad de Mocoa, capital departamental. En esta última localidad los abuelos kamshá ven algunos diseños de grabados rupestres -idénticos a los de ltacoatiara y Guaimaraya- como la representación gráfica de la tradición del Gusano Ancestral, origen de las etnias, tal como lo pudo establecer Carlos Muriel (: 53) a comienzos de la década del 90. Con la guía de este acucioso y fantasioso personaje | 11 fotografié varios de estos espléndidos grabados en 1993, entre los que se destaca -además de los que comportan el tema de la serpiente y el hombre- una pareja de tigres en posición de cópula (Herrera: 19).

 

 

La dificultad de los grafismos rupestres colombianos se debe a no ir acompañados por una oralidad tradicional que dé razón de su sentido. Y esto se repite en casi todo el orbe. No es el caso, sin embargo, de la afortunada Australia, donde aún se dan numerosos artífices aborígenes que han continuado sin interrupción la antiquísima tradición de grabar y pintar sobre piedra, y entre quienes se cuenta, o se contaba hasta hace poco, antes del |boom comercial de obras actuales de este estilo (Leroi-Gourhan: 74), con sabedores que dan cabal razón de su actividad artística en lo que tiene que ver con la significación inmediata.

Según el testimonio de Koch-Grünberg (1907; 1995: 27,72), válido para la región del Vaupés, había indígenas que añadían trazos a los grabados antiguos, e incluso, ejecutaban nuevas obras. Pero todo esto lo dice dicho investigador de oídas y haciendo suposiciones sobre la menor o mayor antigüedad de algunos surcos en grabados vecinos unos de otros; nunca presenció su hechura. Otro tanto le ocurrió a G. Reichel (1967; 1986: 107) quien afirma que los payés (chamanes) tukanos van (¿iban?) a los cerros donde mora el |Dueño-de-los-animales y pintan o repintan las figuras de las presas requeridas por los cazadores, solicitando así la venia del Dueño para que se dejen abatir fácilmente. El acto del chamán implica una modalidad de reciclaje energético, por cuanto él, a su vez, ofrece al S |eñor-de-las-bestias el alma de sus enemigos personales o de gentes que pertenecen a las tribus enemigas (1986: 161). Pero el hecho es que nadie precisa, con testimonio visual directo, la ocurrencia de esta actividad artística. Los informantes de Reichel bien pudieron estar echando mano de una tradición oral muy antigua, pero ya no vigente. Lo cierto es que en la actualidad la práctica tradicional de grabar y pintar sobre rocas, a la manera arcaica, por supuesto, ya no se acostumbra en Colombia. No hay ningún testimonio directo de ello.

 

Respecto de las posibles fechas de ejecución de las obras rupestres no se cuenta con ningún dato plenamente seguro y esto para todo el territorio nacional. Para el caso de la Amazonia se han adelantado algunas especulaciones indirectas interesantes. Una de las más llamativas ha sido planteada por Meggers (: 58 y otros escritos anteriores), Williams (cit. por E. Reichel: 134) y E. Reichel (: 133 ss). Sus hipótesis tienen como base otra, la de los "refugios pleistocénicos", propuesta hace varias décadas por Haffer y que viene afianzándose | 12 con base en estudios palinológicos adelantados para zonas colombianas especialmente por Van der Hammen. Esta hipótesis plantea cambios climáticos drásticos en la Amazonia en donde se han alternado períodos secos y húmedos. La menor o mayor precipitación lluviosa, durante largos períodos, es la causa para que de bosques muy densos (que proliferan cuando se tiene una precipitación por encima de los 2.500 mm) se pase a sabanas herbáceas (por debajo de 2.000 mm). En los períodos secos los bosques quedaban reducidos sólo a aquellos enclaves en los que se habían producido -durante la etapa húmeda- precipitaciones anuales muy altas (4.000 mm); también la llanura abierta quedaba interrumpida por los bosques de galería propios de las riberas de ríos y quebradones, los cuales perdían mucho caudal en las épocas secas. Basta, pues, un descenso de 500 mm de pluviosidad media para que los bosques que están en el límite básico de pluviosidad pasen a sabana o a bosques de sabana. Estas alternancias incidieron en la mayor especiación biológica y, desde luego, repercutieron de diverso modo sobre los grupos humanos que ocupaban el área, dándose algo paralelo a lo que acontecía con la biota: mayores variaciones, culturales en este caso (Van der Hammen: 118 ss. E. Reichel: 133).

8 Petroglifo: de petra=piedra, y glyfé=grabado.
9 Pictografía: de pictus = pintado, y grafice = delinear.
10  la La tarea de recopilación sistemática de las tradiciones orales de los uitotos y muinanes pretende ser la continuación de la labor adelantada por Preuss a comienzos de siglo.
11 Debo aclarar que no sigo para nada al amable guía en eso de ver en ciertos grabados no referibles a realidades naturales el "testimonio irrefutable de naves extraterrestres", teoría en la que se siente apoyado por varios "científicos" norteamericanos que han visitado la región.
12 Aunque se dan objeciones (Gentry: 3-34).

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