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INDICE
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Arqueología de
la comarca de Araracuara
El río Caquetá, que toma el nombre de Yapurá en el Brasil, nace
en los Andes orientales de Colombia y ya en territorio brasilero
desemboca en el Amazonas a medio camino entre Manaos y la frontera
colombiana. Por tratarse de un río cordillerano arrastra espesos
sedimentos que lo han hecho una arteria fluvial de gran riqueza
biótica, tanto en el aspecto ictiológico como en lo relativo a la
fecundidad de sus riberas inundables, razones por las cuales ha
sido desde antaño asiento de numerosas poblaciones atraídas por las
posibilidades que ofrece para la subsistencia. Este río, al igual
que otros nacidos en los Andes y que drenan la planicie aluvial
hacia oriente, constituyó un corredor natural que propició
contactos entre las culturas del piedemonte -y aun las del interior
andino- con las que se gestaron en la selva húmeda tropical más
grande del planeta.
En sus riberas se han encontrado ricas evidencias arqueológicas
que le dan un puesto privilegiado para incidir en la reconstrucción
de las secuencias prehistóricas del noroeste amazonense; además, en
las regiones por donde discurre se escalonan los territorios
ancestrales (aunque no siempre los más antiguos) de numerosas
naciones indígenas actuales, entre las que perviven tradiciones
milenarias, garantes de la continuidad, a gran escala, de la
civilización amazónica, truncada en su desenvolvimiento por la
llegada violenta del conquistador europeo, primero, y criollo,
después.
Los trabajos arqueológicos adelantados por el grupo Erigaie en
la meseta de Araracuara suministraron en 1991 (Mora et al.: 12,42)
dos fechas de radiocarbono que atestiguan la presencia de
cultígenos hace aproximadamente cinco milenios (2645 a.e. y 2300
a.C.). Posteriormente (Cavelier et al.: 27 ss., también de
Erigaie), en la localidad de Peña Roja, 50 km abajo de Araracuara,
dieron con la fecha mejor establecida hasta ahora para garantizar
la ocupación temprana de la Amazonia: 9250 antes del presente.
Trabajos anteriores (Andrade: 23, que a su vez continuaba las
investigaciones de Herrera, L.,1981, y Herrera, L.
|et a1.,
1982) habían permitido establecer que los lotes de antrosoles
(tierras negras y pardas debidas a actividad humana) presentes en
Araracuara, en el curso medio del río Caquetá, son los más antiguos
(2.000 a.p.), profundos y extensos encontrados hasta ahora en la
Amazonia. Estas averiguaciones fueron ampliadas y complementadas
por el grupo Erigaie que logró establecer la existencia en
Araracuara de un gran antrosol de 32 hectáreas continuas y con
espesores hasta de más de un metro (Mora et al.: 80); además,
suministró alguna evidencia -presencia de polen de algas (ib.: 8,
50, Y 78)- para considerar que dichos suelos se formaron, al menos
en algunas de sus fases, mediante una acción intencional para
mejorar su capacidad orgánica y permitir por medio de esta
tecnología una horticultura permanente, y lo fue tanto que los
ocupantes del lugar mantuvieron en forma casi continua sus huertos
y viviendas por casi un milenio (800 años:
|ib.: 42).
La existencia de un asentamiento tan prolongado con base en
cultígenos viene a contrastar la muy difundida tesis en la cual se
afirma que la forma de explotación agrícola por parte de las
sociedades aborígenes amazónicas ha sido la de simple recolección y
la de horticultura de tumba y quema. Práctica que por el rápido
agotamiento de los suelos no permite un establecimiento permanente
y hace necesario itinerar desplazándose a sitios alejados del
asentamiento, una vez que los terrenos cultivables adyacentes -no
todos son aptos- han sido sistemáticamente explotados, agotando sus
posibilidades agrícolas.
Utilizando la observación etnográfica (ya histórica), el lapso
que media entre la ocupación de un nuevo enclave y su posterior
abandono es variable, pero bien puede asimilarse al transcurso de
una generación, como mínimo, y al de dos como máximo. Esto se debe
a que los huertos explotados alrededor de las malocas se van
inutilizando para los cultivos de pancoger por agotamiento de su
capacidad, siendo necesario explotar terrenos cada vez más alejados
de la vivienda, lo que llega a ser no eficiente por el esfuerzo que
implica el desplazamiento y el acarreamiento de los productos. En
caso de ser reutilizados los rastrojos
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, sólo es posible hacerlo al cabo de mucho
tiempo (más de 15 años), cuando ya la tierra agotada por la siembra
haya podido recuperarse un tanto. La formación de antrosoles
posibilita, en cambio, la agricultura permanente o casi permanente
al mejorar -ya sea intencional o accidentalmente- la capacidad
orgánica de los suelos. En el modelo agrícola a que dan lugar los
antrosoles sólo es necesario abandonar las tierras de cultivo por
un tiempo muy breve para que se recuperen (
|íb. 78).
Conviene agregar que, para el caso de Araracuara, el modelo de
agricultura itinerante -en el que obligadamente al agotarse la
capacidad de los suelos es necesario emigrar- entra en
contraposición con la necesidad de conservar un lugar que
representa -y seguramente ha representado por espacio de milenios-
unas ventajas estratégicas de doble orden. Por un lado, la
ocupación del lugar garantiza un control sobre la vía acuática más
importante de una amplísima región, toda vez que la ribera norte
del río Caquetá, en Araracuara, es paso obligado para quienes
traten de ascender o descender este curso de agua, interrumpido por
el gran cañón y raudal -no navegable- que lleva dicho nombre. Pero
lo que quizás más importa es el control que ejerce quien habite en
forma permanente en la comarca de Araracuara en orden al usufructo
de la riqueza ictiológica del lugar, toda vez que la captura de
inumerables peces se facilita cuando éstos tratan de superar las
correntadas en la boca de salida del gran raudal.
La formación de los antrosoles -al menos inicialmente- tiene
como causa la ocupación permanente del lugar pero no por razones de
beneficio hortícola. Todo parece indicar que, posteriormente, se
introdujo un mejoramiento en forma intencional en los lotes
mediante el acarreo de cipa
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dejada por la crecida anual de las aguas
barrosas del río. De esta manera, ya no había necesidad de
abandonar una región que suministraba las ventajas estratégicas
enumeradas
|supra.
Que la región ha sido desde hace milenios objeto de disputas,
puede entreverse en el conflicto que sirve de telón de fondo al
mito de
|Feréukudo o de Nopïniyaikï
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(Urbina: 1988). Éste último personaje es uno
de los Dueños míticos de Araracuara. Veamos un breve resumen:
Nopïniyaikï
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7
-Hombre·de·piedra- tiene a su hija La·mujer·de·balso
(La·mujer·falsa) como una trampa. Los jóvenes que llegan a
solicitada la reciben de manos del viejo, pero al copular con ella
mueren al punto y luego sirven de pitanza al hechicero. Feréukudo
busca a su hermano, una de las víctimas. Como es un Sabedor no se
deja atrapar y termina por copular con la mujer a quien ha hecho
dormir y durante ese momento ha procedido a extraer de su vagina
todos los animales ponzoñosos que ocasionaban la muerte de los
sucesivos esposos. Furioso, al saber arruinada su trampa, el viejo
intenta por muchos medios matar a su yerno. Uno de estos intentos
consiste en solicitade a Feréukudo quemar la tala pero a partir del
centro, en redondo, hacia la periferia, de tal manera que las
llamas lo cerquen. El héroe lo hace así pero escapa por entre las
brasas en forma de iguana. Finalmente muere cuando el viejo, por
medio de la hija, le quita el poder que lo hacía invulnerable a sus
asechanzas; y esto ocurre cuando el hombre se sumerge en el río
para destapar el tapaje del suegro, trampa de pesca que no es otra
cosa que el propio Cañón de Araracuara.
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5 Un tipo de flora que prolifera en
los antiguos sitios de cultivo. A mediano plazo, da origen a un
bosque secundario y sólo al cabo de más de un centenar de años se
consolida nuevamente como bosque pleno, si bien nunca igual al
anterior debido a las modificaciones antrogénicas.
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Barro muy rico en materias orgánicas
dejado en las riberas de los ríos durante sus crecidas; también
cipero, colombianismo (Norte de Santander).
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En el texto se emplea la letra /ï/:
vocal alta o central no labializada (sonido entre /e/e i/).
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