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INDICE
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Bancos de chamanes y caciques en
las selvas tropicales
En las sociédades indígenas suramericanas contemporáneas se
destaca, por otra parte, la estrecha relación entre el chamán y el
banco esculpido generalmente con figuras zoomorfas. Otto Zerries
(el autor que quizás ha prestado mayor atención a este problema)
encuentra dicha asociación de forma recurrente desde la Guyana
hasta el sur del continente. En los kaliña o galibi, grupo caribe
de la costa venezolana, los chamanes llevan a cabo su actividad
sentados en bancos cuyas extremidades representan diversas figuras
de animales, tales como el yacaré, la tortuga, el papagayo, el
jaguar, el urubú, etc. De acuerdo con Zerries, los espíritus de
estos animales se cuentan entre los principales auxiliares del
chamán, en sesiones curativas o en otras actividades de su
competencia. El «banco-yacaré», por ejemplo, se conecta
directamente con un gran caimán que controla o gobierna los seres
acuáticos:
|«O banco-jacaré dos Kaliña está diretamente ligado ao'avó do
jacaré', o senhor de todos os seres aquaticos (...), identificado
como tiritiri, o grande jacaré nunca avistado que serve de banco a
Okoyumo, o espíritu aquatico feminino» (Zerries, 1981, 350)
Entre los makiritare y ye'cuana del Alto Orinoco -grupos también
de filiación lingüística caribe- los butacos tienen en sus
extremidades figuras que representan el jaguar. En este caso, el
símbolo jaguarino alude al proceso reiterativo de metamorfosis del
chamán en jaguar, tema ampliamente difundido en la América
precolombina y amerindia contemporánea (Ibíd., 350).
La decoración zoomorfa de los bancos se encuentra, también, en
diversas sociedades pertenecientes a otras familias lingüísticas.
El mismo Zerries ya había notado esto en un trabajo seminal y
pionero sobre el banco, titulado Bancos zoomorfos y asientos de los
espíritus en la América del Sur (1970). Los grupos de filiación
arawak, por ejemplo, presentan una significativa distribución de
este tipo de asientos. Para los palikur, de Guyana, el banco
recibía los espíritus de los muertos, particularmente ciertos
brujos de renombre, y algunos otros seres que lo acompañaban:
|«En el momento culminante de la ceremonia, el espíritu del
viejo brujo Wayapi descendía a través del poste ceremonial festivo
al lugar de la danza y tomaba asiento en el banco con forma de ave
Tukusmaka, hacia el lado Este. Estaba éste acompañado de otro
demonio con figura de serpiente, para el cual estaba dispuesto un
madero largo, cuadrado, con una cabeza de sierpe y pintura azul,
hacia el lado del Oeste, en el cual el brujo le dejaba ingresar.
Pero como el madero hacía las veces de asiento para los bailarines,
el brujo le ataba las fauces como medida de seguridad. Durante la
fiesta de la danza de las mujeres, llamada Kweyú, la viga de 6,2m.
de largo que servía de asiento exhibía la cabeza de un cocodrilo
(...). En el transcurso de la fiesta, también los espíritus
animales latentes en los bancos zoomorfos, en especial el demonio
serpiente y el espíritu de la banqueta en forma de ave, recibían su
parte de Kashiri que se prepara para esta ocasión. Esto se
realizaba en la forma siguiente: primeramente se le sostenía la
calabaza cargada debajo de la cabeza y luego inclinándose la cabeza
del animal, se bebía e! contenido en lugar de aquel. El propio
brujo, sentado sobre el banco en forma de ave, era el que bebía en
nombre del viejo brujo Wayapi (...). Al final se desanimaban
nuevamente los objetos del culto; se desataban las fauces al banco
en forma de sierpe, y el espíritu del brujo Wayapi ascendía
nuevamente por sobre el extremo del mástil». (Zerries, 1970,
294).
La cita anterior resalta la existencia de otro tipo de banco
colectivo -una banca- asociado también al mundo animal, pero
utilizado ya sea por mujeres u hombres, en un contexto ceremonial,
aunque probablemente tenga también un uso cotidiano.
Con frecuencia un mismo banco posee en sus dos extremidades
diferentes representaciones iconográficas. A menudo en una
extremidad está esculpida la figura de un jaguar, mientras que la
otra representa un caimán.
En el alto río Xingú aparecen de manera reiterada diversos
bancos aviforrnes, con tallas de águila y buitres reales. En esta
región, los bancos-águila arpía son de uso exclusivo de los jefes,
y es frecuente que el asientico sea ofrecido a los visitantes como
señal de deferencia especial hacia los mismos (Zerries, 1981,
349).
Forma y función de los asientos en
las tierras bajas
De acuerdo con Otto Zerries, la primera descripción de un butaco
amazónico se debe a la pluma del padre Cristóbal de Acuña, quien,
en su conocido libro Nuevo descubrimiento del río de las Amazonas,
fruto de su viaje por el gran río de las Amazonas, en 1641,
consignó:
|«Por el de las Amazonas abaxo, á la vanda del Sur, corren los
Caripuna y Zurinas, gente la más curiosa que hay en todo él, en
labrar de manos sin más herramientas que las que arriba dixe, hacen
bancos forjados en forma de animales, con tanto primor, y tan
acomodados para tener el cuerpo con descanso, que ni la comodidad
ni el ingenio, los pudiera fingir mejores» (citado por Zerries,
1970, 289).
Su forma de fabricación puede variar, de acuerdo al área, la
cultura y su función social y simbólica. Agunos de ellos forman
simplemente un bloque de madera rectangular sostenido en cuatro
pequeños pies. Otro tipo de banco tiene forma cóncava, adecuada
para sentarse y está sobre una figura esculpida de animales (tal y
como se ha mencionado). El primero es por lo general utilizado por
los hombres corrientes de una localidad, mientras que el segundo es
de uso de ciertos especialistas -los chamanes.
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Dibujos tomados de Berta Ribeiro, 1988,
|Diccionario do
artsanato indígena, Biblioteca Luis Ángel Arango.
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Sin embargo, la variabilidad de los bancos es mucho más amplia.
De acuerdo con Berta Riheiro, autora del libro
|Diccionario do
Artesanato Idígena (1988), debemos distinguir diversos tipos de
bancos según su forma y función, y presencia o ausencia de
escultura o pintura figurativa:
a. Banco circular: es una pieza generalmente de un solo bloque
de madera, conformada por un plano superior circular, con una de
Presión excavada para el asiento y dos soportes compactos (Ribeiro,
1988, 255).
b. Banco concavolíneo: se trata, también, de un solo bloque cuyo
asiento oblongo y curvado tiene las extremidades cóncavas sobre dos
soportes relativamente prolongados (Ibid., 256). Por lo común, está
decorado profusamente, con motivos iconográficos, Este es, por otra
parte, el tipico asiento tucano.
c. Banco cóncavo es un instrumento construido de un solo bloque
de madera con su plano superior también ovalado, pero con una
«mayor o menor depresión en el asiento y dos soportes compactos»,
Los indigenas Asuriní y Watwai poseen este tipo de asiento (Ibid.,
256).
d. Banco cupular: consiste, igualmente, de un solo bloque con
forma de caja colocada boca abajo.
e. Banco ictiomorfo: por lo general está asimismo construido de
un solo bloque, con un plano superior ovalado, y sostenido sobre
dos bases, con (prolongamiento como los trineos» (Ibíd., 256). En
los extremos del asiento se han esculpido varias figuras de pescado
o animales relacionados.
f. Banco ornitomorfo: consiste en un asiento de un solobloque,
con su superficie plana que forma la figurade un ave: de manera
habitual se encuentra en una de sus extremidades una cabeza de ave
(ara, urubú, etc.) y en la otra, la cola del mismo. En algunos
casos -como en el Xingú- las dos extremidades llevan
representaciones de la cabeza del ave, sostenida sobre dos soportes
(Ibíd., 157).
g. Banco de animales «cuadrupedos»: se distinguen por
representar animales cuadrúpedos (sapo, caimán, tortuga, armadillo,
etc.), cuya cabeza se talla con cierto detalle. Se sostiene sobre
cuatro «patas», cuya construcción puede tener algunas variaciones
estilísticas (Ibíd., 257).
h. Banco rectangular: como su nombre lo indica, es de un solo
bloque con forma rectangular, el cual está sostenido sobre dos
soportes laterales.
i. Banco trípode: con este nombre se designa a un asiento de un
sólo bloque tallado en madera, sostenido sobre tres soportes.
En las páginas siguientes esperamos analizar algunos de los
aspectosmás relevantes en torno al contenido simbólico del banquito
y a sus principales funciones sociales.
Butacos tucanos y uitotos
De acuerdo con nuestra información, Wallace fue uno de los
primeros viajeros que describió, a mediados del siglo pasado, un
banco tucano, e hizo notar que «su tamanho parece variar segundo o
prestigio do usuário» (Murray, 1987, 171).
Posteriormente, los bancos tucanos del Vaupés fueron descritos
por el etnólogo alemán Th. Koch Grünberg, quien recorrió la región
entre 1903-1905; sus características corresponden al banco
«concavolíneo» citado, aunque también menciona un banco «trípode»
tuyuca (ver Koch Grünberg, l967, Vol. II, 139 y 308).
Los bancos tucano están fabricados -como se mencionó- de una
sola pieza de madera; en algunos casos están esculpidos con ciertas
figuras de animales o están pintados con diversos motivos que
presentan cierta regularidad.
El banco recibe diversos nombres en las lenguas tucano. Los
Desano lo designan con el nombre de /serö/, mientras que en la
lengua de la gente tatuyo del Pirá-paraná se llama /kumuno/,
vocablo construido sobre la base del nombre kumu, apelativo tatuyo
para designar el chamán, como si el banco fuese la materialización
del chamán (Bidou, 1983).
Las fotografías tomadas por Koch Grünberg son interesantes
porque nos muestran no solamente los tipos de bancos sino también
las posturas típicas del sentarse de los indios del Vaupés.
Generalmente, los hombres se sientan en forma de cuclillas,
sostenidos sobre el talón del pie, o sobre la punta del pie; en
otros casos, se utiliza un banco como soporte, manteniéndose la
posición general de cuclillas. Con frecuencia, también, los brazos
caen libremente o toman como punto de apoyo las rodillas o los
muslos, doblándose hacia arriba. Esta postura nos recuerda
diferentes técnicas del sentado orientales, en las que el control
de la respiración y la práctica de la meditación son fundamentales
para el ejercicio de las técnicas del éxtasis.
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Fotografía de un
indígena Desana, por Theodor Koch Grünherg.
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Los etnógrafos del área uitoto -más o menos contemporáneos de
Koch Grünberg (me refiero a Whiffen, Preuss, entre otros)- casi no
hacen referencia a los bancos «uitotos»; y la mayor parte de las
fotografías etnográficas -con pocas excepciones- presentan una
perspectiva «parada», en pie, de las actividades culturales, o
refieren, en ciertos casos, a una posición «acostada» en la
hamaca.
El mismo Preuss destaca, por ejemplo, un poco en plan de soma,
que algunos jefes mandaban a la gente, ante todo en la época de
fiesta, a hacer muchos trabajos, «mientras que ellos nunca movían
siquiera un dedo, sino que andaban pavoneándose o se extendían en
las hamacas» (Preuss, 1994, 27). El etnólogo alemán no resalta la
importancia de estar sentado en esta cultura, a pesar de que su
objeto de indagación era precisamente la mitología; esta se narra,
tradicionalmente, en el contexto del mambeadero, un espacio de
gente «sentada».
El banco uitoto consiste, generalmente, en un pedazo de tronco;
antaño era fabricado cuando se hacía el tambor de manguaré, cuando
se construía un yadi o Palo multiplicador (un largo tronco excavado
que se encuentra en el interior de la maloca) o cuando se elaboraba
un estantillo. La parte restante del tronco se utilizaba como
«banco».
El banco puede ser elaborado con la madera del árbol denominado
«amarillo» o de otros árboles, con los cuales se fabrica el
manguaré. En otras ocasiones, cuando alguien tumba una chagra puede
conseguir una astilla apropiada para que el abuelo de su comunidad
se siente sobre ella.
Como se ha presentado, de acuerdo con los datos etnohistóricos y
la información etnográfica, las posturas de sentarse eran
diferentes para los hombres y para las mujeres. No sabemos sí algo
similar haya ocurrido antaño en el área tucano, pero al parecer en
la región «uítoto», las mujeres (y probablemente la gente de bajo
nivel ritual) tampoco tenían asientos. Las mujeres se sentaban
sobre hojas de platanillo, con los pies cruzados, tapando el sexo
(ya que estaban desnudas) aunque con diversas posturas. Se
esperaba, también, que el hombre joven se sentase sobre sus propios
talones, ya que se pensaba que los bancos eran necesarios sobre
todo para mayores ( «viejos») que ya no pueden sostenerse»
físicamente por sí mismos.
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