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INDICE
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Homosexualismo
prehispánico en Colombia:
reflexiones
alrededor de la evidencia
etnohistórica y
arqueológica
HUGO A. SOTOMAYOR TIUBIN
M. D.
Las sociedades indígenas del ayer y del presente son una fuente
de enorme valor para estudiar diversos aspectos de la sociedad
occidental actual. De su estudio, enmarcado en un verdadero
humanismo, se pueden encontrar no pocas respuestas a viejos y
nuevos interrogantes.
Hoy en día, cuando las neurociencias con su explosión de
conocimientos sobre neurotransmisores, citoarquitectura cerebral y
embriogénesis, buscan y explican el porqué de las conductas
homosexuales, es necesario no perder de vista los múltiples
ejemplos que a lo largo de la historia proveen las diversas
sociedades, extintas o supervivientes.
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|Fotos 1 y 2. Fragmento de
figurina antropomorfa hallada en superficie en el sitio Chilví,
Tumaco. Representación masculina pene, testículos y ano
dilatado, en posición de ofrecimiento. Antigüedad aproximada
de 2.000 años, fase Inguapí. Dimensiones: 13 cm de alto, 6,5 cm de
ancho y 8 cm de grueso (Diógenes Patiño).
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Por el mismo desarrollo actual de las libertades individuales
existentes en las diferentes naciones que conforman lo que se
considera el mundo occidental moderno, la inmensa mayoría de las
personas con conductas homosexuales son hoy el producto del azar
biológico o social y no de una deliberada intención de criarlos
como tales. Antes de los tiempos actuales, cuando la ética
dominante establece como uno de sus pilares el respeto a la
libertad y a la dignidad del individuo, muchas sociedades y
culturas antiguas y extrañas al mundo occidental, estructuradas con
otras éticas, criaron deliberadamente a varoncitos como niñas. Y lo
hicieron así no por haber tomado ex profeso la opción de coartar
las libertades individuales, sino porque sus sistemas de creencias
mágicas y religiosas así se lo dictaban. Estas no fueron decisiones
seculares antilibertarias sino actos realizados bajo una
perspectiva sagrada y/o mágico religiosa, donde el concepto de la
libertad individual no tenía la consideración y el alto valor
otorgado a la sobrevivencia del grupo o de la sociedad.
En todas las sociedades humanas la dualidad hombre-mujer ha mar
cado muchísimos aspectos de la vida productiva, cultural,
religiosa, mágica y ritual. Esto fue muy importante á decir
de Lévy-Strauss en las sociedades en las que la aproximación
al mundo cotidiano se basó en el pensamiento
científico-concreto
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1
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Para muchas sociedades donde predominó el pensamiento mágico y
religioso, la mujer con su sangrado menstrual y su menor fuerza
física no pocas veces fue evitada en vísperas de combates y
cacerías para que esas características no inficionaran y le
hicieran daño al guerrero y al cazador, siguiendo así un típico
razonamiento del pensamiento analógico y/o mágico. La mujer, vista
como una fuente de pecado, pensada como una tentación carnal, como
una causa de la pérdida de la inocencia del varón, se encuentra
entre otras leyendas en la judeocristiana de Eva y en las creencias
Muiscas alrededor del valor sagrado que perdían los muchachos
escogidos para ser sacrificados en sus ritos mágico-religiosos,
como lo informó Lucas Fernández de Piedrahita:
«Pero si acaso el Moja (al tiempo que estaba encerrado) se
hubiere mezclado con alguna mujer de las que había dedicadas al
servicio de dicho santuario, o con otra cualquiera de las de
afuera, y lo referido llegaba a noticia de los sacerdotes, el Moja
quedaba incapaz de ser sacrificado, no teniendo su sangre acepta al
sol, como sangre pecadora y no inocente, y lanza bánlo luego del
templo como a un infame, pero al fin quedaba libre de muerte por
entonces.»
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2
.
La sexualidad y el ciclo menstrual de la mujer se asociaron a
los ritmos cósmicos, naturales y agrícolas en todos los pueblos
antiguos como los prehispánicos. De ello hay suficientes evidencias
etnohistóricas como son, entre otras, las asociaciones de los
cabellos de la mujer púber con las raíces de las plantas
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3
En muchas sociedades indígenas prehispánicas, por su creencia en
que la causa de algunas enfermedades se debía a la apropiación
excesiva y descuidada de los animales y los vegetales para su
alimentación o al derroche de la energía sexual, hubo normas
restrictivas muy estrictas tanto para la cacería y la recolección
como para la vida sexual. La abstinencia, más que la prodigalidad
sexual, fue la norma en el mundo indígena prehispánico. Al temor de
la sexualidad de la mujer alude Simón al referirse a los
infanticidios de uno de los recién nacidos de un parto gemelar
entre los Muiscas:
«... mataban al segundo que nacía, teniendo por grande afrenta
parir dos juntos, porque decían ser aquello demasiada lujuria,
creyendo ser imposible engendrarse dos juntamente sino que había de
ser por fuerza uno después de otro con distintos
ayuntamientos.»
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4
Es similar el informe de fray Pedro de Aguado sobre la
extirpación del clítoris femenino entre algunas sociedades
indígenas, sabedoras del papel tan importante de este órgano en el
placer femenino:
«... les cortan con unas cañas o piedras cierta parte de carne
que en miembro o vaso mujeril tienen, y lo que les cortan lo secan
y hacen polvos, con los cuales después refriegan la herida para que
se consuma y según la otra parte que queda o puede crecer para que
no crezca y quede igual; y el daño es que muchas criaturas mueren
de esas heridas, y así, hay entre ellos muy pocas hembras.»
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5
La asociación de la vida sexual con el mundo de los ciclos
cósmicos y agrícolas fue lo que estableció, en muchas sociedades
andinas, relaciones de analogía entre las relaciones sexuales
invertidas con los momentos de inversión de los ciclos naturales y
con los momentos de duelo social, como lo estableció Anne Marie
Hocquengen en su estudio sobre la iconografía Mochica del Perú al
encontrar en ella muchísimos ejemplos tanto de relaciones
heterosexuales per anun como de relaciones homosexuales
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6
.
Entre los pueblos indígenas prehispánicos, al igual que entre
muchos otros de diferentes continentes y épocas, las relaciones
sexuales tanto heterosexuales como homosexuales fueron teñidas, no
pocas veces, por las relaciones de poder entre los amantes. Esta
relación de poder se ve en las representaciones de la cerámica
Mochica, que muestran reiterativamente cómo un hombre, en actitud
de dominio, penetra por el ano a una mujer, u otro hombre, con
signos de poder, disfruta de la fellatio practicada por una mujer
sin atuendos de poder, arrodillada frente a él, o también
practicada por un hombre sin investidura de poder. En igual sentido
es el informe que dio Gonzalo Fernández de Oviedo sobre el cacique
antillano Goacanagari, en el que se afirma que aquel gustaba que
sus mujeres lo amaran como las víboras lo hacen, es decir, por la
boca
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7
.
Fue la creencia de que muchas enfermedades eran por la pérdida
de equilibrio con el entorno natural, social y sexual; fue el temor
a ciertas características de las mujeres y la relación de analogías
entre el mundo social y sexual con el natural y agrícola, lo que
posibilitó entre algunas sociedades prehispánicas la promoción y
tolerancia de hombres dedica dos a actividades laborales y sexuales
femeninas. Se accedía e ellos cuando, según sus creencias, se
presentaba la inversión cósmica, natural, social y ritual; cuando
la mujer estaba prohibida y/o tenía poder dañino.
La tolerancia y justificación que existió entre algunas
sociedades indígenas alrededor de la práctica del homosexualismo
masculino, se acompañó en general de una gran permisividad sobre la
actividad sexual prematrimonial, del intercambio sexual de parejas
en épocas de fiestas pero no fuera de ellas y a veces
de la existencia de una forma de servicio sexual a manera de una
catarsis para los hombres, por cuenta de unas bellas mujeres, como
dejó escrito el cronista Simón de los Muiscas y de una comunidad
vecina de estos, al occidente de la actual Cundinamarca
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8
De los Muiscas escribió
Simón:
«... no se reparaba mucho en que la novia estuviera doncella;
antes los casamientos con mozas que habían sido públicas, porque de
este trato se usaba mucho, en que se ejercitaban con todas las
doncellas»
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9
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«antes algunos, cuando conocían no haber llegado hombre a ellas,
las tenían por desgraciadas y sin ventura, pues no la habían tenido
en que hombres se les aficionasen, y con este pensamiento las
aborrecían como mujeres desdichadas»
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10
.
«Sobre las fiestas... duraba esto hasta que caían embriagadas y
tan incitadas a la lujuria con el calor del vino, que cada mujer y
hombre se juntaban con el primero o primera que se encontraba,
porque para esto había general licencia en estas fiestas, aún con
las mujeres de los caciques y nobles.»
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11
.
De los vecinos de los Muiscas escribió:
«... su vestido era el que les dio la naturaleza sin cubrir aún
la parte de la honestidad... y esto era común en hombres y mujeres,
fuera de las que tenían por trato la deshonestidad, como las había
en estas dos provincias; porque estas andaban vestidas con una
manta que les cogía desde los pechos hasta la espinilla y cubierta
con otra, bien peinado el cabello y enrizado con muchas sartas de
cuentas de huesos de muchos colores, de que también traían
adornados a tercios, pantorrillas y gargantas de las piernas, con
que parecían muy bien. Demás de ser ellas de buen rostro sobre las
demás mujeres que no tenían ese trato; si bien todas las de estas
provincias en común son de buen parecer... llamábanles en su
lenguas cocopinas, que es lo mismo que mono, porque decían imitaban
a esos animales en la lujuria. Nunca éstas se casaban, pero
teníanles tanto respeto, que ellas eran las que componían las
disensiones que se ofrecían en los pueblos. Había muchas de éstas
en cada uno, con que se evitaba el peca do nefando que nunca se
sintió entre ellos»
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12
Hechas estas observaciones generales, presentamos a continuación
varios de los mejores testimonios que dieron los cronistas
españoles sobre los casos de homosexualismo de que tuvieron noticia
en varios lugares de América en general y de Colombia en
particular, para exponer luego una evidencia arqueológica de
aproximadamente 2.000 años de antigüedad, perteneciente a la
sociedad que hoy se denomina Tumaco La Tolita.
Evidencia
etnohistórica
Si comenzamos recorriendo de norte a sur el continente,
encontramos el informe que dio Alvar Núñez Cabeza de Vaca en su
obra los Naufragios, de la práctica homosexual entre unos indígenas
del actual estado norte americano de Luisiana:
«En el tiempo que así estaba, entre éstos vi una diablura, y es
que vi un hombre casado con otro, y éstos son unos hombres
amarionados, impotentes, y andan tapados como mujeres y hacen
oficio de mujeres, y tiran y llevan muy gran carga. Entre estos
vimos muchos de ellos así amarionados, como digo, y son más
membrudos que los otros hombres y más altos; sufren muy grandes
cargas.»
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13
.
Bernal Díaz del Castillo al final de su obra referente a la
conquista de México, escribió:
«.. eran los más dellos sométicos, en especial los que vivían en
las costas y tierra caliente, en tanta manera, que andaban vestidos
en hábito de mujeres muchachos a ganar en aquel diabólico y
abominable oficio.»
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14
.
Sobre la inexistencia de esa costumbre entre los Mayas escribió
Diego de Landa en su Relación de las cosas de Yucatán,
«Y dado que he oído que en otras partes de las Indias usaban en
tales casas del nefando pecado, en esta tierra no he entendido que
hiciesen tal ni creo lo hacían, porque los llagados de esta
pestilencial miseria dicen que no son amigos de mujeres como eran
éstos, que a esos lugares llevaban a las malas mujeres públicas yen
ellos usaban de ellas...»
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15
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Al comentar acciones de armas y costumbres de los habitantes del
Darién escribió Francisco López de Gomara en su Historia General de
las Indias:
«En esta batalla se tomó preso a un hermano de Torecha en hábito
real de mujer, que no solamente en el traje, pero en todo, salvo en
parir, era hembra. Entró Balboa en Cuareca... Aperreó Balboa
cincuenta putos que halló allí, y luego quemólos, informado primero
de su abominable y sucio pecado. Sabida por la comarca esta
victoria y justicia, le traían muchos hombres de sodomía que los
matase. Y según dicen los señores y cortesanos usan aquel vicio y
no el común
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16
.
Tienen mancebías públicas de mujeres y aún de hombres en
muchos cabos, que visten y sirven como hembras sin les ser afrenta,
antes se excusan por ello, queriendo, de ir a la guerra.
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17
.
Sobre los homosexuales que se vieron entre los habitantes de la
Sierra Nevada de Santa Marta escribieron Juan de Castellanos y
Gonzalo Fernández de Oviedo, respectivamente:
«Son gentes entre sí tan deshonestas que las espaldas andan mal
seguras, y en cualquier lugar claro y oculto se hallan muchos
Príapos mal de bulto.»
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18
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«...en la Tierra Firme, donde muchos des tos indios e indias
eran sodomitas e se sabe que allá lo son muchos dellos, y ved en
qué grado se precian de tal culpa, que, como suelen ponerse otras
gentes algunas joyas de oro y de preciosas piedras del cuello, así,
en algunas partes destas Indias, traían por joyel a un hombre sobre
otro, en aquel diabólico e nefando acto de Sodoma, hechos de oro de
relieve. Yo vi uno destos joyeles del diablo que pesaba veinte
pesos de oro, hueco, vaciado e bien labrado, que se hobo en el
Puerto de Santa Marta, en la costa de Tierra Firme, año de mil
quinientos e catorce, cuando tocó allí la armada de aquel Rey
Católico que envió con Pedrarias Dávila, su capitán general, a
Castilla de Oro (...) Así que ved si quien de tales joyas se
prescia y compone su persona, si usará de tal mal dad en tierra
donde tales arreos traen, o si se debe tener por cosa nueva entre
los indios: antes por cosa muy usada e ordinaria e común a ellos. Y
así, habéis de saber que el dellos es paciente e toma el cargo de
ser mujer en aquel bestial e descomunal acto, le dan luego oficio
de mujer, e trae nagüas como de mujer. »
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19
.
En su Noticia Historial de las Conquistas del Nuevo Reino de
Grana da Lucas Fernández de Piedrahita dejó consignado al referirse
a la comunidad de los Laches:
«Entre los Laches... tenían por ley que si la mujer paría cinco
varones continuados sin parir hembra, a uno de los hijos a las doce
lunas de edad, eso es, en cuanto a criarlo e imponerlo en
costumbres de mujer; y como lo criaban de aquella manera salían tan
perfectas hembras en el talle y ademanes del cuerpo, que cualquiera
que los viese, no los diferencian de las otras mujeres, y a éstos
llaman Cusmos, y ejercitaban los oficios de mujeres con
robusticidad de hombre; por lo cual en llegado a la edad los
casaban como a mujeres, y preferiánles los Laches a las verdaderas,
de que seguía de que la abominación de la sodomía fuere permitida
en esta nación del Reino... Tal era el melindre con el que se
ponían la manta y los que demostraban en los visajes al tiempo de
hablar con otros hombres.»
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20
El padre Rivero refiriéndose a los indígenas Chiricoas y
Guahihos escribió en su Historia de las Misiones de los llanos de
Casanare y los ríos Orinoco y Mcta:
«Acostumbran también tener muchas mujeres, aunque algunos se
quitan de estos ruidos, y no teniendo ninguna, se dan al vicio
nefando que se ha reconocido verdaderamente en esta nación, y se
juzga prudentemente ser ésta la causa de la nativa unión de los
Guagibos y Chiricoas, pues parecen una sola nación, siendo
verosímil que sean dos..»
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21
Parece que el llamado pecado nefando fue por el contrario
condenado entre los vecinos de los Laches, los Muiscas, según se
desprende de lo escrito por Gonzalo Fernández de Oviedo en su
Historia General y Natural de las Indias:
«Son rigurosos en castigar los delictos, en especial los
públicos: que es matar, hurtar y el pecado abominable contra
natura; porque es gente limpia en ese caso, y así, hay muchos
ahorcados como en España yen las otras partes de cristianos donde
hay buena justicia. Otros pecados no tan malos castigan asimesmo
con penas corporales que no son de muertes, así como cortar manos,
narices y orejas, y dar azotes. »
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22
.
Pedro Cieza de León escribió en su Crónica del Perú al referirse
a los indígenas de la gobernación de Popayán y a los que había
conocido en su viaje desde Cartagena hasta las proximidades de
Cali: «El pecado nefando no he oído que éstos ni ninguno de los que
quedan atrás use; antes, si algún indio por consejo del diablo
comete este pecado, es tenido delios en poco y lo llaman
mujer»
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23
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Es el mismo Cieza de León quien con su gran capacidad de
observación escribió sobre los indígenas de zonas del actual
Ecuador:
«En algunos pueblos destos indios.., no embargante que entre
ellos había mujeres muchas, y algunas hermosas, los más delios
usaban (alo que amí me certificaron) pública y descubiertamente el
pecado nefando de la sodomía, del cual dicen que se gloriaban
demasiadamente. Verdad es que los años pasados el capitán Pacheco y
el capitán Olmos, que agora están en España, hicieron castigo sobre
los que cometían el pecado susodicho, amonestándolos cuánto dello
el poderoso Dios se desirve, y los escarmentaron de tal manera, que
ya se usa poco o nada de este pecado...»
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24
De Cieza también es la siguiente nota sobre los indios del
Perú:
«Verdad es que generalmente entre los serranos y yungas ha el
demonio introducido este vicio debajo de especie de santidad, y es
que cada templo o adoratorio principal tiene un hombre o dos más,
según es el ídolo, los cuales andan vestidos como mujeres dende el
tiempo que eran niños, y hablaban como tales, y en su manera, traje
y todo lo demás remedaban a las mujeres. Con éstos, casi como por
vía de santidad y religión, tienen las fiestas y días principales
su ayuntamiento carnal y torpe, especialmente los señores y
principales. Esto sé porque he castigado a dos: el uno de los
indios de la sierra, que estaba para este efecto en un templo, que
ellos llaman guaca, de la provincia de los Conchucos, término de la
ciudad de Guánuco; el otro era en la provincia de Chincha, indios
de su majestad, a los cuales hablándoles yo sobre esta maldad que
cometían y agravándoles la fealdad del pecado, me respondieron que
ellos no tenían culpa, porque desde el tiempo de su niñez los
habían puesto allí sus caciques para usar con ellos este maldito y
nefando vicio y para ser sacerdotes y guarda de los templos de sus
ídolos. De manera que lo que les saqué de aquí es que estaba el
demonio tan señoreado en esta tierra que, no se contentando con los
hacer caer en pecado tan enorme, les hacía entender que tal vicio
era especie de santidad y religión, para tenerlos más sujetos
Esto me dio de su misma letra fray Domingo, que por todos es
conocido y saben cuán amigo es de verdad. Y aún también me acuerdo
que Diego de Galvez, secretario que agora es de su majestad en la
corte de España, me contó cómo viniendo él y Peralonso Carrasco, un
conquistador antiguo que es vecino de la ciudad del Cuzco, de la
provincia del Collao, vieron uno o dos destos indios que habían
estado puestos en los templos como fray Domingo dice. »
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25
.
Una evidencia
arqueológica
Además de las anteriores informaciones etnohistóricas,
recientemente el equipo de investigación arqueológica dirigido por
el arqueólogo Diógenes Patiño recuperó en la zona Tumaco, en el sur
de la costa pacífica colombiana, una pieza de cerámica de sumo
interés
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26
Para su
estudio iconográfico le fue facilitada al autor de estas notas,
durante el desarrollo del 1er. Seminario sobre Cerámica del Area
Intermedia que se realizó en los primeros días del mes de noviembre
de 1995 en la ciudad de Cali.
La pieza cerámica en cuestión pertenece estilísticamente a la
sociedad arriba mencionada y es un fragmento hueco, alisado y
pintado externamente de rojo, de lo que debió ser una figurina de
mediano tamaño.
Mide 13 cm de alto, 6.5 cm de ancho y 8 cm de profundidad. Tiene
el lado derecho del tronco y toda la parte inferior del cuerpo de
un varón obeso que, arrodillado, muestra, con su mano izquierda
separando la nalga ipsolateral, un ano ampliamente dilatado y dos
estructuras sobre el periné que parecen corresponder, no a una
patología, sino a unos testículos intencionalmente ubicados de
forma excéntrica (Fotos 1 y 2).
El autor, con base en su experiencia sobre la iconografía de
patologías en la cerámica prehispánica de la sociedad Tumaco-La
Tolita -en las que la proporcionalidad del realismo siempre se
mantiene- y de otras sociedades prehispánicas
colombo-ecuatorianas
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27
, piensa que la pieza aquí reseñada
corresponde a la intención del artista de remarcar el gesto de un
hombre dedicado a cumplir funciones sexuales de mujer; un ano de
ese gran tamaño no corresponde a ninguna patología orgánica y el
pene, que muestra, es excesivamente grande, como queriendo con
estas características exageradas en su tamaño, mostrar que
evidentemente es un hombre pero dedicado a funciones sexuales y
rituales femeninas. Descarta, también, con base en su experiencia y
en la de otros autores, un propósito caricaturesco y humorístico
por parte del artista Tumaco-La Tolita
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28
.
Discusión
El carácter testimonial que brinda la pieza cerámica y las
anteriores evidencias etnohistóricas sobre las prácticas de
homosexualismo masculino entre varias sociedades prehispánicas.
americanas en general, y colombianas en particular, son un ejemplo
de cómo para considerar ampliamente una conducta humana es
necesario tener una aproximación histórico-antropológica.
Del estudio de las evidencias anteriores sobre el homosexualismo
en tierras americanas y en épocas prehispánicas quedan por 10 menos
dos preguntas. La primera de ellas es ¿a quienes, diferentes al
quinto varón consecutivo de la unión de una pareja Lache, se
escogió entre las otras comunidades indígenas para ser criado como
mujer? ¿Hubo predilección por los hijos de ciertas parejas
dependiendo de su posición al interior de las comunidades
indígenas? la hubo para el sacrificio entre los Muiscas según el
cronista fray Pedro Simón:
«Cuando se hacía de nuevo la casa y cercado del cacique, en los
hoyos que hacían para poner aquellos palos gruesos que usaban en
medio del bohío y a las puertas del cercado, hacían entrar, acabado
el hoyo, una niña bien compuesta en cada uno, hijas de los más
principales del pueblo que éstimaban en mucho se quisiesen servir
de ellos para aquello el cacique, y estando las niñas dentro de los
hoyos, soltaban los palos sobre ellas y las iban macizando con
tierra, porque decían consistía la folta1eza Y buen suceso de la
casa y sus moradores en estar fundada sobre carne y sangre humana.
»
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29
Esta pregunta queda abierta.
La segunda pregunta derivada de las evidencias analizadas es
saber si los hombres criados como mujeres tuvieron alguna ventaja
económicadiferente a las sexuales y rituales para sus
sociedades y/o su líderes. Respuestas a ella se pueden ver con
claridad en el informe de Lucas Fernández de Piedrahita cuando
afirmó que los Laches gustaban de esos hombres-mujer porque estos
desempeñaban los oficios femeninos con robusticidad de hombres; en
el informe que dio Cieza sobre los indios del Perú, donde enfatiza
que quienes disfrutaban más de los favores sexuales y económicos de
aquellos eran los caciques y principales, y por que hay informes
etnológicos sobre algunas comunidades indígenas norteamericanas que
destacan el desprecio-envidia que sentían los vecinos de los
maridos de los invertidos al ver que esta «mujer era tan eficaz en
el cumplimiento de las tareas femeninas
|
30
. Al respecto de lo anterior el autor
conoce en Montería una importante familia que en dos generaciones
ha tenido en su servicio doméstico homosexuales, convencida de que
ellos son excelentes trabajadores porque hacen el oficio de dos y
tres mujeres al costo de un solo trabajador.
De la confrontación de los informes de los cronistas se puede
entrever que la tolerancia y permisividad de la homosexualidad
masculina pudo ser una característica, entre muchas que
diferenciaron a una sociedad indígena de otra. Basta recordar, para
darle cabida a este aserto, que mientras los Laches la permitieron,
sus vecinos Muiscas no lo hicieron.
Una conclusión de las evidencias etnohistóricas y la
arqueológica aquí analizadas es que a los hombres que «usaban»
sexualmente a los hombre-mujer, en las sociedades en que estos se
criaban deliberadamente así, no se les condenaba ni recriminaba
sino que al contrario se les festejaba. Y esta tolerancia y festejo
de los hombres que penetraban a los hombre-mujer es posible que sea
la base sobre la que se fundamenta o fundamentaba la tolerancia que
se tiene o se tenía, en ciertas regiones rurales de la costa
atlántica, de los hombres que cumplen la función activa y la burla
y el desprecio sobre el de función pasiva, del penetrado.
|
1
|
Lévi-Strauss, Claude. 1984. El pensamiento salvaje. Fon do de
Cultura Económica, México. 413 pág.
|
|
2
|
Piedrahita, Lucas Fernández de. Noticia historial de la
conquista del Nuevo Reino de Granada. Instituto Colombiano de
Cultura Hispí.nica - Ministerio de Educa.ción Nacional. Bogotá,
1973. Vol. I L 1o Cap IV p. 67.
|
|
3
|
Tibon, Gutierre. 1982. Los ritos magicos y tragicos de la
pubertad femenina. Diana, México. pp. 245.260.
|
|
4
|
Simón, Fray Pedro. Noticias historiales de las conquistas de
Tierra Firme en las Indias Occidentales. Banco Popular, Bogotá,
1981. Tomo I, p. 399.
|
|
5
|
Aguado, Fray Pedro. citado por Soriano Lleras, Andrés.
«Medicina indígena. En: La Medicina en el Nuevo Reino de
Granada durante la con quista y la colonia. Imprenta Nacional,
Bogotá. 1966 pp 8-9.
|
|
6
|
Hocquenghen, Anne Marie. 1987 Iconografía mochica. Pontificia
Universidad Católica del Perú, Lima. pp. 132-141.
|
|
7
|
Oviedo, Gonzalo Fernández de. Historia general y natural de las
lndias (L.XXX, cap XXXII. En: Cardin, Alberto. 1984. Guerreros,
chamanes y travestis. Tusquets, Barcelona. p. 150.
|
|
8
|
Ver Sotomayor Tribin, Hugo. 1992. Arqueomedicina de Colombia
prehispánica. Comisión Quinto Centenario - Cafam, Santafé de
Bogotá. pp. 25-26.
|
|
9
|
Simón, Op. Cit. tomo V, p59.
|
|
10
|
Obid, tomo III, p. 398.
|
|
11
|
Obid, tomo III, p. 405.
|
|
12
|
Obid, tomo IV, p. 436.
|
|
13
|
Cabeza de Vaca, Alvar Nuñez. Naufragios y comenta nos. Crónicas
de América 3, Historia 16. Madrid, 1984. Cap. XXVI p. 108.
|
|
14
|
Del Castillo, Bernal Díaz. Historia verdadera de la con quista
de la Nueva España. Planeta. España, 1992. ( cap CCVI. p. 898.
|
|
15
|
Landa, Diego de. Relación de las cosas de Yucatan. Crónicas de
América 7, Historia 16. Madrid, 1985. p. 96.
|
|
16
|
Gornara, Francisco López de Historia general de las Indias y
vida de Herniin Cortós. Biblioteca Ayacucho, Caracas. 1979. Cap
LXII, . 93.
|
|
17
|
Obid, Cap LXVIII, p. 104.
|
|
18
|
Castellanos, Juan de. Elegías de varones ilustres de Indias.
Biblioteca de la Presidencia de Colombia, Bogotá. 1955. tomo II, p.
297.
|
|
19
|
Oviedo, Gonzalo Fernández de. Historia general y natural de las
Indias L. y cap III. En: Cardin, Alberto. Op. Cit. p. 150.
|
|
20
|
Piedrahita, Lucas Fernández de. Op. CiL, Vol. 1, p. 56.
|
|
21
|
Rivero, padre loan. Historia de las misiones de los dimos de
Casanare y los ríos Orinoco y Meta. Biblioteca de la Presidencia de
Colombia, Bogotá. 1956. Cap. XIV, p. 152.
|
|
22
|
Oviedo, Gonzalo Fernández de. Op. C Biblioteca de Autores
Españoles. Madrid,
1959. Vol. III, Cap. XXVIII, p. 121.
|
|
23
|
León, Pedro Cieza de. La Crónica del Perú. Crónicas de América
4, Historia 16. Madrid 1984. Cap. XXVIII, p. 152.
|
|
24
|
Ibid., Cap. XLIX, p. 224.
|
|
25
|
Ibíd., Cap. LXIV, pp. 269-270.
|
|
26
|
Patiño, Diógenes, 1993. Investigaciones arqueológicas en la
región de Tumaco. Boletín de Arqueología, 8 (3:3-40.
|
|
27
|
Sotomayor Tribin, Hugo. Op. Cit. 80 pág.; 1990.
"Enfermedades en el arte prehispánico
colombiano". Boletín Museo del Oro, No. 29, pp. 62-73.
Banco de la República, Bogotá; 1991. "Arte indígena
prehispánico colombiano y enfermedades". Pediatria, Vol
26, No. 2, pp. 67- 72. Sociedad Colombiana de Pediatría; 1993.
"Enfermedades y símbolos de poder y trascendencia en
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