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Información
paleoarnbiental
En la tierras bajas de América del Sur y en las regiones
costeras de Guyana y Surinam, los estudios paleoambientales
muestran durante el Pleistoceno cambios eustáticos del nivel del
mar así como del clima y la vegetación. En Colombia, una amplia
secuencia de diagramas de polen de lagunas altas de la Cordillera
Oriental muestra los cambios climáticos y de vegetación del
Pleistoceno así como las fluctuaciones del Holoceno (ver Van der
Hammen, 1961, 1974, 1986; Van der Hammen y González, 1963;
Livingstone y Van der Hammen, 1974; Wyjmstra y Van der Hammen,
1966).
Al interior de la costa caribe, se han emprendido estudios
paleoambientales en las partes bajas de los ríos Magdalena, Cauca y
San Jorge. Estos muestran fluctuaciones en las precipitaciones y
cambios de vegetación y de clima relacionados durante el Holoceno
(ver Van der Hammen, l986b; Plazas et aL, 1988).
En las tierras costeras el único estudio detallado es el de la
Ciénaga Grande de Santa Marta (Van der Hammen y Noldus, 1986;
Weidemann, 1 973). Existen referencias aisladas sobre playas
levantadas y evidencia de cambios en el nivel del mar cerca de las
ciudades de Cartagena y Santa Marta (Burel y Vernette, 1981;
Richards y Broecker, 1963; Oyuela y Rodríguez, 1990).
La falta de una mayor cantidad de datos paleoambientales
dificulta su correlación con la información arqueológica. Aquí se
considerarán las evidencias sobre las cordilleras y las tierras
bajas puesto que es probable que cambios ambientales en las
primeras hayan influido en las segundas.
Los fenómenos paleoecológicos que pudieron haber afectado la
región estudiada pueden agruparse en dos clases: cambios
ambientales globales y cambios locales. Los primeros incluyen
fluctuaciones de temperatura y humedad. Para el Pleistoceno estos
cambios se relacionan con períodos glaciales e interglaciales.
Diagramas de polen de la sabana de Bogotá, que fue un lago durante
el Pleistoceno, muestran una secuencia de bosque andino alternado
con vegetación tipo páramo. La vegetación de bosque apareció
durante los períodos interglaciales y la flora paramuna la
reemplazó en tiempos glaciales, cuando el límite altitudinal del
bosque, actualmente en 3.000 msnm aproximadamente, descendió a
menos de 2.000 m. El descenso de la temperatura pudo haber sido de
6° a 7°C (Van der Hammen, 1974; Livingstone y Van der Hammen,
1978).
El último período glacial registrado en los diagramas de polen
de vanos lagos de la cordillera oriental (ver Figura 2a), ocurrió
hace 14.000- 13.000 años y terminó aproximadamente hace unos 10.000
años. Al comienzo del Holoceno el clima era más cálido que el
actual y la temperatura era superior a la existente en 2°C. Hace
unos 3.000 años la temperatura descendió a los niveles modernos
(ldíd).
Diagramas de polen tomados en las planicies costeras de Guayana
y Surinam, muestran las fluctuaciones eustàticas del nivel del mar
durante las èpocas glaciales e interglaciales y los tipos de
vegetación dominantes (ver figura 2b).
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Figura 2. Diagrama de polen del
ultimo glacial y holoceno. (a) Laguna de Pedro Palo, cordillera
oriental colombiana. (b) Ogle Brdge, Georgetown, Guyana. Tomado de
Van der Hammen, 1974
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Durante el último interglacial (hace 45.000 años), la vegetación
dominante era de manglar (representada por Avicennia y Rhizophora).
En Georgetown, Guyana, la secuencia está seguida por una extensión
de elementos de sabana y señales de formación de suelo; parece que
el sitio estaba muy por encima del nivel del mar. Al comienzo del
Holoceno el mar inundó gradualmente el área y nuevamente los
elementos de manglar dominaron. Estos cambios se pueden explicar
por variaciones en la precipitación efectiva (ver Figura 2b). En
varios sitios de las tierras bajas costeras de Guyana y Surinam se
observa la misma secuencia, y en todos los casos la vegetación de
sabana dominó durante una parte de cada pe nodo glacial cuando el
nivel del mar era bajo.
Con base en el estudio de sedimentos marinos profundos se
calculó una disminución de 2°o 3°C en la temperatura de las aguas
superficiales del Mar Caribe durante las épocas glaciales. Puesto
que en general la temperatura del agua superficial del mar
corresponde aproximadamente a la temperatura anual promedio, se
puede calcular un descenso de 3°C en tiempos glaciales para las
tierras bajas sudamericanas del norte (Van der Hammen, 1974;
Schubert, l986).
Respecto a los cambios locales, durante el Pleistoceno y el
Holoceno son importantes los movimientos eustáticos del nivel del
mar durante épocas glaciales e interglaciales porque se relacionan
con transgresiones o regresiones marinas que pudieron haber
afectado los asentamientos humanos en el área. Desafortunadamente
no hay suficiente información sobre estos fenómenos durante el
Cuaternario para el área de estudio. Los datos de otras áreas bajas
costeras del norte de América del Sur tales como los de las Guyanas
y de Surinam pueden tomarse como una tendencia general, pero se
debe tener en cuenta que otros fenómenos tales como levantamientos
tectónicos pudieron haber afectado la región.
Teniendo en cuenta evidencias de cambio global, para el momento
de máxima extensión del hielo durante el último glacial (18.000?
AP.) parece que el nivel del mar descendió aproximadamente 100 m
por debajo de los niveles actuales. El nivel del mar subió de nuevo
cuando la temperatura global aumentó y los casquetes de hielo
empezaron a derretirse. Este proceso ocurrió rápidamente hasta
6.000 A.P. y desde entonces ha sido continuo y más lento
(Fairbanks, 1989; Van Andel, 1989; Oyuela y Rodriguez, l990).
Los movimientos de las líneas costeras causados por cambios en
el nivel del mar pueden haber influido si en los patrones de
ocupación. Oyuela y Rodríguez (1990) tratan el impacto del
desplazamiento de la línea costera en la formación de ambientes
estuarinos durante las trangresiones del nivel del mar en las
tierras bajas del Caribe. Los autores relaeionan la existencia de
concheros con la formación de estuarios.
Los pocos estudios realizados en el área acerca de cambios en el
nivel del mar durante el Holoceno se han hecho en las regiones
adyacentes a las ciudades de Cartagena y Santa Marta. En la zona de
Cartagena se observaron formaciones marinas de bahía (depósitos de
corales y de conchas) 3 m por encima del actual nivel del mar y
fueron fechadas por radiocarbono en unos 2.700 años A.P.
aproximadamente. Es posible que esta terraza marina se haya formado
durante el último aumento del nivel del mar. Durante el Holoceno es
posible que el tectonismo no haya afectado la zona de Cartagena
puesto que esta terraza marina es casi horizontal. Sin embargo,
durante el Mio-Plioceno y el Pleistoceno se presentaron movimientos
tectónicos (Burel y Vernette, 1981, 9). En el área del Rodadero,
cerca de Santa Marta, se han reportado terrazas marinas a 1.25 m
sobre el actual nivel del mar, cuya edad se calculó en 1 .430 ±40
AP. (Oyuela y Rodríguez, 1990, 9).
Estudios detallados de la Ciénaga Grande de Santa Marta
describen la historia del área durante el Holoceno. El río
Magdalena corría por la región antes del 7.000 A.P. y el borde de
la costa estaba ubicado al menos l0 m por debajo del nivel actual.
Los diagramas de polen muestran evidencia de vegetación de
manglares entre 6.600 y 5.400 A.P., sugiriendo una posible
influencia marina. Los elementos de manglares desaparecen entre
3.400 y 1 .900 A.P., posiblemente debido a una transgresión marina
de 2 m. Sin embargo, otros factores tales como movimientos
tectónicos o períodos climáticos secos pudieron influir en la
desaparición del bosque de manglar. La incursión marina permitió la
formación de la isla de Salamanca y de la moderna ciénaga después
de 1.900 A.P. (Van der Hammen y Noldus, 1986; Cohen y Wiedemann,
1973; Oyuela y Rodríguez, 1990).
Otros cambios ambientales locales que pudieron haber afectado la
zona de estudio son: cambios en los cursos de los ríos o en los
regímenes de inundación, la formación de lagos y ciénagas
estacionales o aumentos en los niveles de agua de los lagos
permanentes, en respuesta a fluctuaciones climáticas. Estos cambios
pudieron producir una concentración de recursos comestibles en
algunas áreas y pudieron haber influido en los patrones de
movimientos de población. La región costera estuvo afectada no sólo
por transgresiones y/o regresiones marinas, sino también por
cambios ambientales ocurridos en el interior. No se pueden
interpretar los cambios ambientales de las tierras bajas sin
considerar los fenómenos ocurridos tierra adentro tales como los
aumentos en las precipitaciones, inundaciones de los principales
ríos y otros más (ver Bray, l987).
El análisis de polen de muestras tomadas en las áreas cenagosas
cercanas a las partes bajas de los ríos Magdalena y Cauca ha
mostrado alternancia entre fases secas y húmedas durante el último
glacial y el Holoceno. Para los períodos secos se registra un
aumento en el polen de vegetación herbácea y una disminución en el
polen de vegetación arbórea. Los cambios de vegetación parecen
indicar una extensión de las sabanas hacia las áreas abiertas antes
con pantanos y a lo largo de ríos, probablemente causada por
cambios cíclicos de precipitaciones en las áreas de captura de los
ríos (es decir en las cordilleras).
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