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Las figurinas
femeninas de barro
En los ajuares funerarios de los túmulos ubicados en la región
de Montelíbano, se hallan con frecuencia figuras humanas en
cerámica, con predominio de formas femeninas. Sus atuendo s
representan, principalmente, adornos de oro y de textil. Una
primera descripción de estas figurinas la realizó Ana María
Falchetti en 1979, basándose en 57 piezas pertenecientes al Museo
del Oro de Bogotá. Ninguna de ellas tenía una procedencia exacta,
pero en el curso de las investigaciones arqueológicas efectuadas en
la zona de Montelíbano se habían hallado fragmentos de tres
ejemplares procedentes de túmulo s funerarios. Por sus
características de pasta y por estar asociadas al resto del
material funerario de los túmulo s, se las clasificó desde un
principio dentro del complejo Montelibano Crema Friable. Falchetti
identificó en ese momento tres tipos de figuras según su función y
las características específicas de su forma: figurinas huecas,
recipientes y adornos de tapa de recipiente.
Actualmente, se ha tenido la oportunidad de conocer dos
colecciones particulares, en su mayoría conformadas por figurinas
humanas con características similares a las estudiadas por
Falchetti. Ninguna de ellas tiene procedencia exacta pero una de
las colecciones pertenece a un profesor del colegio de la empresa
Cerromatoso en Montelíbano, Córdoba. Las dos colecciones suman en
total 119 figuras, las cuales forman entre ellas un conjunto
homogéneo aunque cada una es muy particular por sus rasgos físicos,
atuendos y posiciones. Adicionalmente se estudiaron cuatro figuras
más correspondientes a compras recientes del Museo del Oro en
Bogotá.
Entre estos 119 ejemplares se distinguieron figurinas huecas que
en su mayoría representan mujeres, recipientes pequeños, tapas de
recipientes (en esta ocasión sólo hubo figuras femeninas, Falchetti
reporta dos tapas adornadas con figuras masculinas), colgantes,
sonajeros y un remate.
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Lamina 3. Mujeres sentadas en
banquito
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Todas las figuras fueron modeladas a base de rollos, su tronco y
cabeza son huecos y usualmente con un orificio en la cabeza o en el
abdomen, seguramente para permitir la correcta circulación del aire
durante la cocción y así evitar rajaduras y rompimientos. Los
brazos y las piernas están formados por rollos aplicados al tronco,
adornados generalmente con bandas modeladas y aplicadas que forman
brazaletes o ligaduras.
Tanto las facciones de la cara como los adornos que llevan
puestos fueron con frecuencia modelados y aplicados, algunos
formados por modelado directo sobre el mismo cuerpo del personaje y
otros representados gracias a la incisión. La preferencia por las
representaciones femeninas es enorme: de las 119 figuras sólo 4
fueron hombres, y en las mujeres se puso gran énfasis en resaltar
la parte púbica por medio de líneas y puntos incisos (láminas 1 a
11).
Figurinas
huecas
Son las más comunes y de ellas se estudiaron 99 ejemplares, de
los cuales 95 son mujeres. Su tamaño fluctúa entre 6 y 25 cm de
alto, con un promedio de 15 cm. La posición más recurrente es
sentadas sobre los talones con las manos sobre las rodillas; otras
están sentadas en un banquito, una está parada, una arrodillada
(láminas 1, 2, 3 y 5c). Los brazos pueden ir pegados al cuerpo con
las manos sobre las rodillas o en el pecho. También aparecen con
los brazos abiertos.
Todas las figurinas tienen una pasta habana muy friable; por sus
características físicas y por los adornos que llcvan pucstos,
forman un grupo homogéneo, claborado por un mismo grupo social. Una
mujcrcita del mismo estilo, recientemcnte adquirida por el Museo
del Oro (MO CS 12.767), tiene la peculiaridad de tener el cuerpo
decorado con incisiones.
Adornos de tapas
de recipiente
Quince adornos de este tipo fueron reseñados en colecciones
privadas, todos ellos representaciones femeninas. Su tamaño fluctúa
entre 7 y 10 cm de alto. Diez de las mujeres están sentadas sobre
los talones y cinco sobre un banquito, ubicadas sobre una
plataforma circular o tapa, segurarnente perteneciente a las
«canastas cuyo peso, forma compleja y dificultad para remover la
tapa, sugieren un uso esporadico y/o ritual funerario. En el curso
de las investigaciones arqueológicas en los túmulos funerarios de
Montelíbano, Córdoba, se hallaron dos fragmentos de tapas similares
a las estudiadas actualmente
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(lámina 4).
Colgantes
Se estudiaron dos ejemplares, ambas figuras femeninas, sentadas
sobre los talones. Sobre su cabeza tienen una franja protuberante
longitudinal, a manera de penacho. En una de ellas el penacho es
modelado como una placa aplicada a la cabeza con un orificio en su
parte superior; la otra tiene el penacho representado por un cordón
grueso y curvo aplicado en sus extremos a la cabeza de la figura,
de manera que se observa un espacio vacío por donde pudo haber
pasado un hilo o cordón (lámina 5a, b).
Aunque no se han encontrado representaciones humanas de cerámica
ni de orfebrería que lleven colgantes antropomorfos al cuello, ni
tampoco descripciones escritas de los cronistas donde se hable de
este tipo de adornos, el tamaño de estas figuritas y el orificio en
el penacho longitudinal que atraviesa la cabeza, parece sugerir que
pudieran haber sido usadas como colgantes.
En la orfebrería del Gran Zenú
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existen, sin embargo, colgantes
antropomorfos fundidos en oro o tumbaga alta con alturas que
oscilan entre los 3,8 y los 11,6 cm, algunos de los cuales
representan mujeres. La forma y atributos físicos de estos
colgantes no tienen nada en común con las mujercitas de cerámica,
pero lo cierto es que se usaron colgantes antropomorfos metálicos
como parte de los atuendos.
Recipientes
Se reseñó sólo un ejemplar, muy distinto a los estudiados por
Falchetti en 1979, los cuales tenían 20 cm de alto en promedio. «NO
se puede distinguir sexo de estas figuras. Tienen bases que se
parecen a las otras formas de vasijas de la región... Son huecas y
bien terminadas por dentro, lo cual sugiere que pudieron ser
empleadas para contener algo en su interior»
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Nuestra pequeña vasija mide 8 cm de alto. Su pasta es muy
friable y su manufactura muy tosca. Se trata de un recipiente
semiglobular con cuatro soportes y el cuerpo es la representación
de una cara humana con similares características físicas que las
figurinas huecas y los adornos de tapa de recipiente. Aunque su
sexo no se puede determinar, en las mejillas tiene dos
protuberancias cónicas aplicadas que podrían representar tetillas o
pezones (lámina 6a).
Sonajero
Se trata de un único ejemplar de 5,5 cm de alto, de cuerpo
globular con los brazos modelados y las manos sobre el abdomen. Los
rasgos de la cara y los adornos que lleva puestos son similares a
los de las figurinas. Su pasta es habana muy friable y en su
interior debe tener semillas o pepitas de cerámica (lámina a).
Una característica de la cerámica del Gomplejo Montelíbano Crema
Friable es la existencia de miniceramica que reproduce las formas
de las vasijas mayores, como ollas globulares, vasijas con cuello,
copas con tapa O vasijas de boca amplia. Posiblemente fueron usadas
como juguetes
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según lo sugieren su tamaño y su funcion sonora.
Por otra parte, cabe la posibilidad de su utilización ritual. En
la orfebrería relacionada a la Zenú, existen varias
representaciones de instrumentos musicales entre los que se
encuentran maracas con formas similares a las de cerámica del
Complejo Montelíbano Crema Friable, cascabeles, campanas, silbatos,
trompetas y sonajeros cónicos o en forma de carrete con alambre,
así como remates de bastón adornados con figuras humanas que están
tocando trompetas y maracas
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Remate
Se trata de una figurina hueca cilíndrica, sólo representada de
la cintura hacia arriba, que debió servir para engastar en un palo.
Su base es perfec tamente circular con el borde pulido. Mide 6 cm
de alto, y 2,5 cm de diámetro en su base (lámina 5d).
En la orfebrería zenú existen remates de bastón formados por
bases huecas para engastar en algún objeto alargado. Estos objetos,
dice Falchetti, tal vez fueron usados como remates de bastón con
una función emblemática y ritual, tanto en los ajuares funerarios
como en las ofrendas realizadas en los templos o incluso como
adornos de las paredes de los recintos sagrados
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Adornos y
atuendos
Los distintos tipos de figuras estudiados se relacionan por sus
adornos y decoración. La mayoría de los atuendos corresponden a
piezas de oro que conforman atuendos o conjuntos coherentes dentro
de la orfebrería zenú.
Estos indios (del Finzenú), además de ser bien dispuestos,
venían aderezados de muchas joyas de oro fino, así el cuello como
en los brazos, narices labios y orejas... (Simón, tomo y, p.
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Adornos de la
cabeza
Diademas o
coronas
La mayoría llevan adornada la frente con bandas protuberantes
aplana das o redondeadas que se prolongan hacia los lados de la
cabeza sobre las orejas, de manera que la parte posterior de la
cabeza queda al descubierto. Las hay delgadas y anchas y la mayoría
tiene decoración punteada.
Algunas parecerían más bien coronas: las bandas, totalmente
decora das con puntos incisos, se prolongan hacia arriba
ensanchándose, ocultando así el resto de la cabeza del personaje
(lámina 8e). Otra mujercita lleva un cordón tan abultado hacia
adelante que podría ser la representación de una visera o un
sombrero (lámina 8c).
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Lamina 4. Mujeres como adorno de
tapa de recipiente
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Otro caso especial es el de una mujercita que lleva una banda
rectangular plana decorada con puntos incisos en su contorno,
aplicada sobre la frente. De cada uno de sus extremos, a la altura
de las orejas y por encima de éstas, parten dos cordones hacia la
parte posterior de la cabeza (lámina 8b).
Algunos remates de bastón fundidos a la cera perdida en tumbaga,
están adornados con figuras de hombres que llevan diademas,
sombreros o viseras. Gracias a su manufactura se puede distinguir
que estos ador nos fueron fabricados originalmente en tejidos en
fibra vegetal
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En las mujeres de barro, la mayoría de las representaciones de
diademas o coronas parecen haber sido tejidas también en fibras
vegetales, especialmente los cordones. Las coronas altas, debido a
su tamaño y firmeza sobre la frente, pudieron haber sido tejidas en
la fibra de la caña fleche. Esta era comercializada por los
habitantes de la hoya del San Jorge y se consideraba como la
materia prima de mejor calidad para la industria de la cestería y
los sombreros, tradición que aún hoy se conserva entre las
poblaciones del valle medio del río Sinú, cuyo producto más popular
es el sombrero de vueltas o «vueltiao»
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En la orfebrería zenú existen piezas laminares martilladas en
oro de buena ley, de forma rectangular con orificios de amarre en
los extremos, cuyo uso como cinturón o diadema es difícil de
determinar. Falchetti las encuentra decoradas con puntos repujados
en el borde, y con una distribución geográfica que cubre los valles
del río Sinú, del río San Jorge, la región de Planeta Rica, el bajo
Cauca y el bajo Magdalena.
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La diadema descrita arriba (lámina 8b),
decorada en contorno con una banda de puntos incisos y sostenida
con cordones, podría ser la representación de las anotadas por
Falchetti
Penachos
Constituyen una franja protuberante, corta y longitudinal que
cubre la mitad de la cabeza. Están formados generalmente por
cordones lisos aplicados más o menos altos. Uno de los hombres
lleva un penacho decorado con incisiones anchas, que de perfil
adquiere una apariencia dentada. Uno de los colgantes pequeños
descritos arriba trae el penacho decorado con líneas incisas que
tal vez representaban plumas.
Adornos de las
orejas
La mayoría de las figuras presenta orificios en las orejas,
seguramente para colgar orejeras metálicas, aunque ninguna de ellas
las presenta. Unas pocas tienen incluso rotas las orejas, quizá
para extraer la orejera que originalmente tuvo la pieza.
Orejeras
semicirculares
Treinta y una de las figurinas tienen orejeras con esta forma
básica. En cuanto al tamaño de las orejas, estos adornos se
muestran de distintas dimensiones, desde unas muy pequeñitas lisas,
en las cuales sólo se distingue una placa semicircular y
ocasionalmente semilunar alargada, hasta otras con argolla circular
de suspensión, rodeada por la sección semicircular. Las hay con
extremos puntudos y redondeados. Tres ejemplares llevan decoración
incisa a base de puntos (lámina 9a, b, c.).
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Lamina 5. a: sonajero b:
colgante
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En la orfebrería zenú las orejeras de filigrana fundida son las
piezas más numerosas y de mayor distribución. Las hay fundidas en
filigrana gruesa con argolla de suspensión hueca o maciza, o con
placa central lisa principalmente en el grupo de la orfebrería zenú
temprana; orejeras semicirculares de filigrana fundida fina (ver
lámina 40 en Falchetti, este volumen), muy variadas en cuanto a
tamaño y rasgos decorativos y técnicos que se combinan; orejeras
semicirculares con prolongaciones de filigrana fina y otras
orejeras (o narigueras) semilunares, con una placa bordeada por
filigrana fundida, que se encuentran igualmente en los gru pos de
Ayapel, San Jorge-Cauca y Serranía de San Jacinto.
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Aunque las representaciones de las orejeras en las figurinas son
muy simplificadas y en ocasiones muy toscas o escasamente visibles,
dependiendo de la habilidad o delicadeza del artesano y de la
friabilidad en la que se encuentren las piezas, algunas son tan
particulares que se pueden identificar bajo formas específicas
descritas por Falchetti. Es así como algunas orejeras que se ven
muy alargadas y sin decoración, podrían corresponder a las orejeras
semicirculares con prolongaciones de filigrana fundida fina, a
pesar de no tener una decoración que pueda indicar el tejido de la
filigrana.
El resto de las orejeras de este tipo corresponden a las forma
semicirculares y semilunares. Dos figuras presentan orejeras
claramente semicirculares con puntos incisos gruesos; en una de
ellas sólo de distingue la sección semicircular y la otra (lámina
9c) muestra claramente una argolla de suspensión gruesa rodeada de
la placa semicircular que recuerda las orejeras semicirculares del
tipo 1 clasificado por Falchetti. Otras formas semilunares lisas,
podrían estar representando orejeras «martilladas en oro de alta
ley extendidas hacia los lados con apertura central con un remate
apianado a cada lado»; que provienen de la hoya del San Jorge y
algunos de la región de Urabá
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c: colgante. d: mujer
arrodillada
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Orejeras circulares o anulares simples
Sólo hay cinco figurinas que llevan orejeras de este tipo.
Falchetti identifica anas narigueras u orejeras circulares macizas,
cuya función es difícil de establecer ya que generalmente aparecen
en grupos numerosos, aunque existen referencias en las crónicas del
siglo XVI, del uso de aros alrededor del circuito de la
oreja
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referencia que se ve reforzada con la representación de éstas como
orejeras en las figurinas de barro (lámina 9d).
Otras orejeras
Una mujer parada con los brazos extendidos, posición atípica
dentro de estas figurinas, muestra unas orejeras que podrían ser
carretes u orejeras bicónicas de filigrana fundida. No tienen
ninguna decoración que pudiera representar el tejido de la
filigrana, sólo se distingue un círculo plano en la parte anterior
inferior del lóbulo de la oreja. En la región de Betancí, al
noroccidente de Montelíbano y separado de éste por las
estribaciones de la serranía de San Jerónimo, existen figurinas
cerámicas clasificadas por Reichel-Dolmatoff dentro del complejo
Betancí Exciso
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que muestran la utilización de piezas similares. Dentro de la
orfebrería zenú, existen orejeras de carrete procedentes de Planeta
Rica, la hoya del San Jorge y en el Nechí
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Doce de los ejemplares no presentan orejas.
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12
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Plazas y Falchctti, 1979.
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13
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Falchetti 1995
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14
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Plazas y Faichctti, I979,p.69.
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15
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Plazas y otros 1993
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16
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Falchetti, 1995 y este volumen.
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17
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Op, Cit
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18
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Falchetti, 1995.
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19
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Plazas y Falchetti, 1981.
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20
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Falchetti, 1995.
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21
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Op. cit.22 Git.
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22
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Op. Cit.
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23
|
Op. Cit.
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24
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Reichel Dolrnatoff, 1957.
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25
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Falchetti, 1995.
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