Ficha bibliográfica
Titulo:
La tierra del oro y el cobre.: parentesco e intercambio entre comunidades orfebres del norte de Colombia y áreas relacionadas
Edición original: 2005-05-23
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-23
Creador: Ana María Falchetti




INDICE




La tierra del oro y el cobre: parentesco e intercambio entre comunidades orfebres del norte de Colombia y áreas relacionadas

                                                                                                                                           |ANA MARÍA FALCHETTI

Terra firma et Novum Regnum Granatense et Popayan Amstelodami Joannes Sansonius (S.F.)

|Abstract: The development of prehispanic goldwork in the north and center of Colombia is analyzed in the context of the interrelationships between those regions, the Midd American isthmus arid vast areas to the east. From the flrst centuries A. D., similar gold objects were produced and exchanged in several areas, stirnulating the formation, at various times, of different regional styles and important local developments: the Zenu goldwork from the caribban plains, Tairona from the Sierra Nevada de Santa Marta, and Muisca from the high plateaus of the Eastern Cordillera, each une unique and unrnistakable, as associated to a particular social order. Some regional styles, beyond their differences, express the ancient relationships shared by their makers: Muisca and Tairona show linguistic, social, cultural and ideological aspects that coincide, suggesting ancestral links between communities geographically separated and historically differentiated. The metallurgical centers excerted influence on the adjacent areas, iridependently of the cultural and linguistic affiliation, and scattered communities sustained an indirect trade, the symbolism trascending al tipes of borders. Many groups shared the use of tumbaga alliage, a particular technology and objects with similar forms, themes and iconographies; the symbolic meaning of birds with spread wings, almost two thousand years old, is still known to sume indian communities.

|En tempranos tiempos, el hermano menor Taikú elaboraba los utensilios de oro de los mamas. El hizo canutillos de oro, pectorales y aretes, toda clase de adornos para los brazos y las piernas... diademas de oro, gorras doradas, adornos dorados de plumas de arara... El confeccionó todas estas cosas para que se pongan estas joyas de oro en el baile de la casa ceremonial, para consagrar la cosecha, llamar la lluvia e invocar la sequía. Esto contaron los padres... Taikú se fue al otro lado del mar; desde allí prometió regresar alguna vez, y dejó un mensaje en los pensamientos. | 1

Mitología kogui.

La historia prehispánica de la extensa región que comprende el centro y norte de Colombia y la baja Centroamérica, fue una de múltiples interrelaciones a través de los siglos. A medida que la arqueología reconstruye el desarrollo cultural en distintas zonas es posible detectar el continuo intercambio que las caracterizó durante siglos, desde la lejana época precerámica.

Como bien lo ha demostrado W. Bray (1990) en su estudio de estos procesos, existió una modalidad de intercambio gradual e indirecta: las distintas áreas culturales formaban una cadena ininterrumpida, cada una unida a sus vecinas inmediatas e intercambiando principalmente con ellas. Las fronteras eran fluidas, dando así ese aspecto de continuidad que advertimos en ciertos elementos culturales, cuyas similitudes tienden a disminuir con la distancia sin perder el "aire de familia". Entre distintas comunidades dispersas en el área, tam­bién existió un parentesco cultural, lingüístico y genético, además de vínculos ideológicos percibidos en distintas mitologías locales y en la iconografía de materiales arqueológicos relacionados. A la luz de los estudios interdisciplinarios actuales, esta situación se interpreta como expresión de substratos comunes que se remontan a poblaciones muy antiguas | 2 .

Ese parentesco no opaca sin embargo la diversidad cultural producto de largos desarrollos locales, ni cierta variedad lingüística. En el área se sintió con fuerza la influencia de grupos chibcha-parlantes que subsiste aún en ciertas regiones, pero también, de gentes con filiación lingüística diferente | 3 . La fuerza de una familia lingüística puede coincidir con determinados rasgos genéticos y culturales y con sistemas de creencias compartidos. Pero también se percibe la existencia de elementos culturales y simbólicos que trascendieron, a través del tiempo, fronteras geográficas, lingüísticas y sociales.

Al analizar el desarrollo de la metalurgia prehispánica bajo esta óptica, podemos, a pesar de los vacíos de información existentes, delinear un proceso de más de 1.000 años, así sea para señalar temas importantes para estudiar en el futuro. Por el parentesco general que une a la metalurgia del norte de Colombia y de la baja Centroamérica, esta área ha sido siempre designada como una misma "provincia metalúrgica", donde se advierte la presencia de formas y temas comunes, y de una tecnología que, aunque variada, enfatiza el uso de aleaciones de oro y cobre (tumbaga), de la fundición a la cera perdida, del dorado por oxidación y de la filigrana fundida como técnica decorativa predominante | 4. Este parentesco, expresado fundamentalmente en énfasis y preferencias, en un conjunto de rasgos intencionalmente seleccionados, confiere un carácter particular a la metalurgia del norte, que podría hablamos de tradiciones compartidas.

Los datos recopilados hasta el momento señalan que, desde por lo menos los comienzos de nuestra era, una transmisión del conocimiento metalúrgico estimularía su rápida adopción en diversas regiones. Piezas de orfebrería relacionadas por sus técnicas, formas e iconografía, con un carácter "internacional" inconfundible, fueron producidas e intercambiadas por distintas comunidades esparcidas en ese extenso territorio. Aquellas piezas fueron parte de un substrato que nutriría la paulatina formación de estilos regionales diferenciados, al tiempo de la consolidación de sociedades con el nivel de desarrollo que hoy se designa con el nombre de cacicazgo. En esas sociedades de rango la metalurgia cobraría fuerza y miles de objetos serían ofrenda religiosa y funeraria, símbolos del poder y el prestigio de las élites, seres privilegiados que dominaban la unión entre lo social y lo sobrenatural y que tenían el derecho de llevar esos objetos sagrados hasta sus tumbas.

La arqueología va reconstruyendo las líneas generales del desarrollo cultural en cada área. Falta llenar aún muchos vacíos para comprenderlos mejor en sus detalles y, en el caso de la metalurgia, es esencial la búsqueda constante de contextos asociados. Sin embargo, con la ayuda de contextos disponibles es posible ir relacionando miles de piezas de colecciones, para analizar cada conjunto de orfebrería en todos los rasgos que lo identifican y diferencian de otros y comenzar a reconstruir su desarrollo a través del tiempo. Así podemos plantear que cada estilo regional se iría definiendo por una serie de componentes únicos, interrelacionados e inseparables, como son una particular adaptación de la tecnología, una serie de formas exclusivas ligadas a funciones sociales específicas y una iconografía con temas propios y recurrentes que expresan un sistema simbólico particular. Cada estilo regional representaría así la expresión visible de un patrón de comportamiento, encerrando códigos compartidos por los miembros de una sociedad.

Los estilos regionales, al igual que las sociedades que los desarrollaron, se vinculan a regiones geográficas más restringidas, aunque no podemos trazar límites estrictos a su área de influencia porque en las «fronteras», zonas de contacto graduales y difusas, suelen encontrarse elementos compartidos como resultado del intercambio constante y de esa especie de «ósmosis cultural entre regiones unidas en cadena.

A través del intercambio indirecto, las áreas citadas también se vieron unidas con otras regiones del norte de Suramérica, como las Antillas y el bajo Orinoco. Allí, numerosas comunidades participa ron en el intenso intercambio de mano en mano que involucraba piezas de oro y tumbaga, y compartieron elementos conceptuales que explicaban la importancia simbólica de la metalurgia y de los objetos mismos.

1 Preuss 1993: Parte II: 32-33.
2 Ver: Constenla 1981; 1991 Barrantes y otros. 1990. Cooke 1985; 1986.
3 Constela 1991. Constela y Margery 1991. Romoli 1987
4 Ver, por ejemplo: Bray 197. Plazas y Falchetti 1979.

índice | siguiente