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Esta observación concuerda con la opinión de Gerardo
Reichel-Dolmatoff, quien siempre consideró que «si evaluamos la
cultura muisca sólo según la cantidad y calidad de sus vestigios
materiales que se han hallado hasta hoy en los yacimientos
arqueológicos, difícilmente les atribuiríamos un nivel tan avanzado
como aquel que les asigna la literatura histórico-arqueológica,
antigua y aún moderna» (1986: 169-170; Broadbent, 1965: 32). De
hecho, la arqueología de esta zona está reñida con la etnohistoria:
Ana María Boada buscó confirmar la conquista de la Laguna en sus
vestigios materiales (1987) encontrando en efecto dos ocupaciones
pero probablemente mucho más antiguas que el evento tardío
registrado por los documentos escritos; Roberto Lleras halló que en
el Alto Valle de Tenza (Turmequé, Boyacá, Ramiriquí) «los vestigios
arqueológicos, específicamente la cerámica, ofrecen un panorama que
desconcierta. Mientras que los datos etnohistóricos vinculan
inequívocamente al área con el norte del territorio muisca
(Zacazgo), los tipos cerámicos encontrados pertenecen a tradiciones
de la región sur (Zipazgo) » (1989: 106).
La arqueología, con su profundidad temporal, podría estar
dándonos una lección a los etnohistoriadores, quienes nos ufanamos
de manejar una información escrita más rica en detalles y matices.
De leer a Jiménez de Quesada ( «guerras muy continuas y muy
antiguas») concluimos que el Zipa estaba ampliando su poderío sobre
un territorio tradicional del Zaque (en el sentido de antiquísimo).
Dicha antigüedad pareció confirmarse al máximo con los cuatro
capítulos dedicados por fray Pedro Simón a la historia prehispánica
de Tunja
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. La
humanidad -dice Simón- fue creada por los caciques de Sogamoso y de
Ramiriqui-Tunja ( «porque en estos dos pueblos no hubo más de un
cacique o señor, y fue el que lo era de toda la provincia» ),
quienes luego se convirtieron respectivamente en la luna y el sol.
Goranchacha, nacido de un rayo del Sol y de una doncella de
Guachetá que lo había de parir «quedando virgen» (Simón, ¡te
confundes!), usurpó más tarde el trono de Tunja y trasladó la
«corte» de Ramiriquí a la actual Tunja, donde hizo construir un
templo con columnas líticas:
|«Vínose luego a Tunja desde Ramiriquí, donde sentó su casa y
corte...(:419) ...hizo edificar un templo a su padre el sol...
mandó que le trajesen de diversas partes gruesos y valientes
mármoles... que no [todos] llegaron al sitio como ni la fábrica a
ponerse en ejecución, porque cuando ya estaba en estado de eso, era
en tiempo en que ya los españoles estaban poblados en Santa
Marta... [el advenimiento de la conquista y desapareció] ...En
lugar de Goranchacha eligieron después por cacique, por haberse
perdido en la sucesión, a uno que llamaban Munchatocha, a quien
hallaron los españoles..». ([1625]: 3: 422. Adiciones por E.
L.)
La ocupación de Ramiriquí sería por lo tanto muy antigua y la de
Tunja reciente. Sin embargo, los tiestos hallados en Ramiriquí y
Turmequé son de estilo sureño a diferencia de los de Tunja y la
acumulación de material que registran las excavaciones en la UPTC
-observa Lleras- no apoya en nada la cronología reciente propuesta
por Simón para la fundación de este núcleo urbano. ¿Estamos leyendo
las crónicas sin la crítica adecuada? (Londoño, 1995).
Un expediente del Archivo relata que en Tunja vivían hasta 1539
los cacicazgos que luego se trasladaron como encomiendas españolas
al alto Valle de Tenza; estrictamente hablando, el documento
describe la ocupación tardía de este valle por los «norteños» que
migran expulsados por la fundación de la ciudad española:
Testimonio de un indio ladino y cristiano, natural de Cuqueita
de Gregorio Suárez, parece de más de 50 años. Tunja, 22 NOV
1571.
|«Dijo que al dicho Auria conoció este testigo en este pueblo
de Tunja antes que hubiese cristianos en él, porque el señor de
Tunja estaba poblado aquí y el dicho Auria estaba con Boyacá en su
pueblo que estaba poblado en el mercado viejo donde está una
iglesia de Santa Lucía, y le tributaba como sujeto suyo...y el
dícho Auria es capitán de Boyacá y este testigo está junto a Boyacá
en un pueblo del capitán Buisa a quien es sujeto este
testigo...» (AGN. CaIn: 22: 371r-v)
Testimonio de un indio chontal que dijo llamarse Siabun, y que
es capitán de Buyssa sujeto al cacique de Cuqueita. Parece de más
de 40 años.
|«...al dicho Auria lo conoció en el pueblo de Boyacá que
estaba donde está la ermita de Santa Lucía antes que entrasen los
cristianos a esta tierra, y a los demás [indios sobre los que se le
pregunta] conoció en Boyacá después que vinieron los cristianos, y
allí tienen sus labranzas y sementeras y bohíos y al presente las
tienen alli...» (AGN. CaIn: 22: 370v. Otros en Londoño,
1985)
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.
Tal vez todo esto sirva para advertirnos sobre lo que sería un
grave error de etnohistoriador: aceptar los conceptos europeos como
si fueran lógicos dentro del esquema cultural de los muiscas.
En este artículo hemos hablado voluntariamente de fronteras y
guerras, pero no se puede concluir sin criticar esos términos
llenos de connotaciones estatales, así como los básicos de poder y
política. Si abandonamos el método y la mentalidad de Quesada,
habría que notar que Tunja le pareció poderoso
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no por lo militar sino por los
tesoros acumulados en los cercados y santuarios. El botín tomado en
Tunja en una tarde fue más de dieciséis veces lo recogido hasta
entonces por los conquistadores, y el 65% del producido final de
esta conquista.
Los caciques eran sagrados y llenos de tabúes: en la región de
Tunja no se los enterraba sino que se clausuraba su cercado
encerrando en él su momia (Epítome, [1547]; Oviedo, [1548]:3: 118;
Rojas, 1965). De hecho, Tunja se caracterizaba por tener numerosos
cercados clausurados que le darían un aire fantasmagórico, como
bien lo describe el artículo sobre «el Cercado grande de los
Santuarios» en este Boletín. Tunja, nombre del Zaque y del
cacicazgo (que no tanto el territorio, Rojas, l965a), se decía
|Chunsa que quiere decir tunjo, ídolo:
«Salió de Tunja, Chunsan uaca
iane.
¿Desde La Palma a Tunga cuánto ai?,
¿Parman anyquys Chunsa chunguaz chue fiua?
|Ydolo. Chunso, chunsua, chunsuguaia». (Anónimo, [a.f.]:
227, 235, 334)
Estas momias
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que como los malquis peruanos trazaban la genealogía de los
caciques, seguían participando con sus poderes en la vida de la
comunidad e inclusive -de nuevo- en sus guerras (Langebaek, 1992).
Eran un punto de contacto con el más allá, el mundo subterráneo de
los muertos a cuyas fuerzas se accedía también a través de las
lagunas. Dobladas en posición fetal, vinculaban al ahora con el
origen, dentro de una concepción cíclica del tiempo. Para un
muisca, debían ser el epítome de lo sagrado y de lo tabú
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, y hacían de Tunja un
sitio de poder, aunque no tuviera ni «territorio» ni «sujetos».
De ahí que un testigo de Súnuba (ver mapa 1) pudiera declarar en
1572 que:
|«Antes que los cristianos entrasen en la tierra, los indios
deste repartimiento estaban sujetos a Sogamoso y le reconocían por
señor, aunque más reconocimiento tenían al cacique de Tunja y al
de Guatavita, a los cuales iban a hacerles sus labranzas y bohíos y
les llevaban mantas y algún oro cobre...» (AGN. VisCund: 11:
800r; en Tovar, 1980: 93)
Colofón
Para terminar, ya que cabe la conversión
Tunja-Chunsa-Hunza-Funza, se podría volver a llamar la atención
sobre Bogotá, cuya «corte» que daba en Funza (Broadbent, 1974). Y
si el río de Bogotá se llamaba Funsa o Bunza (Velandia, 1983: 23,
41, 45), una coincidencia dualista hace que al río Chulo que baja
de Tunja a Tuta, lo llamen Funsi en documentos de 1636:
|«...desde este dicho mojón y término ha de ir corriendo el
dicho resguardo por el dicho río abajo que llaman Funsi hasta la
parte en donde se junta el dicho camino real que va de Tunja a
Pamplona y con el que va al pueblo de Sotaquirá...» (Mojica
Silva :193; 12 Jul. 1636, AGN. VisBoy: 4: 658r»
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Aunque en ellos trata más de Sogamoso; [1625]: 3: 409ss.
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Nuestra interpretación en 1985, uniendo este documento con las
crónicas, era de un Tunja «urbano» pero ante todo ritual -como
Nabusímake en la Sierra Nevada de Santa Marta- y los cultivos y
viviendas de los comuneros en el Alto Valle de Tenza (Londoño,
1985: 195). Bien pudo ser así en 1536, pero no desde «el origen»
antiguo de los muiscas, puesto que la arqueología no lo sustenta.
Tampoco parece sustentable con estos datos aislados que la
ocupación tunjana de Ramiriquí ocurriera apenas en 1539.
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«Cada uno destos dos señores son poderosísimos de grandes
señores y caciques que les son sujetos...» Epítome, [1547]: 127. Al
contrario, Quesada, que veía poderoso en armas al Zipa, le exigió
un tesoro acorde con sus expectativas hasta matado en el tormento,
por no poder entregarlo.
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Las momias y fardos más que los santillos de oro eran lo que se
denominaba «tunjo» (Londoño, 1989: 108-109).
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El libro de Ann Osborn, «Las cuatro estaciones» (1951), es un
apoyo fundamental para un acercamiento a los muiscas desde la
cosmogonía de los U'wa o Tunebos.
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