Ficha bibliográfica
Titulo:
Guerras y fronteras. El dominio de Tunja
Edición original: 2005-05-17
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-17
Creador: Eduardo Londoño




INDICE




Esta observación concuerda con la opinión de Gerardo Reichel-Dolmatoff, quien siempre consideró que «si evaluamos la cultura muisca sólo según la cantidad y calidad de sus vestigios materiales que se han hallado hasta hoy en los yacimientos arqueológicos, difícilmente les atribuiríamos un nivel tan avanzado como aquel que les asigna la literatura histórico-arqueológica, antigua y aún moderna» (1986: 169-170; Broadbent, 1965: 32). De hecho, la arqueología de esta zona está reñida con la etnohistoria: Ana María Boada buscó confirmar la conquista de la Laguna en sus vestigios materiales (1987) encontrando en efecto dos ocupaciones pero probablemente mucho más antiguas que el evento tardío registrado por los documentos escritos; Roberto Lleras halló que en el Alto Valle de Tenza (Turmequé, Boyacá, Ramiriquí) «los vestigios arqueológicos, específicamente la cerámica, ofrecen un panorama que desconcierta. Mientras que los datos etnohistóricos vinculan inequívocamente al área con el norte del territorio muisca (Zacazgo), los tipos cerámicos encontrados pertenecen a tradiciones de la región sur (Zipazgo) » (1989: 106).

 

La arqueología, con su profundidad temporal, podría estar dándonos una lección a los etnohistoriadores, quienes nos ufanamos de manejar una información escrita más rica en detalles y matices. De leer a Jiménez de Quesada ( «guerras muy continuas y muy antiguas») concluimos que el Zipa estaba ampliando su poderío sobre un territorio tradicional del Zaque (en el sentido de antiquísimo). Dicha antigüedad pareció confirmarse al máximo con los cuatro capítulos dedicados por fray Pedro Simón a la historia prehispánica de Tunja | 10 . La humanidad -dice Simón- fue creada por los caciques de Sogamoso y de Ramiriqui-Tunja (  «porque en estos dos pueblos no hubo más de un cacique o señor, y fue el que lo era de toda la provincia» ), quienes luego se convirtieron respectivamente en la luna y el sol. Goranchacha, nacido de un rayo del Sol y de una doncella de Guachetá que lo había de parir «quedando virgen» (Simón, ¡te confundes!), usurpó más tarde el trono de Tunja y trasladó la «corte» de Ramiriquí a la actual Tunja, donde hizo construir un templo con columnas líticas:

|«Vínose luego a Tunja desde Ramiriquí, donde sentó su casa y corte...(:419) ...hizo edificar un templo a su padre el sol... mandó que le trajesen de diversas partes gruesos y valientes mármoles... que no [todos] llegaron al sitio como ni la fábrica a ponerse en ejecución, porque cuando ya estaba en estado de eso, era en tiempo en que ya los españoles estaban poblados en Santa Marta... [el advenimiento de la conquista y desapareció] ...En lugar de Goranchacha eligieron después por cacique, por haberse perdido en la sucesión, a uno que llamaban Munchatocha, a quien hallaron los españoles..». ([1625]: 3: 422. Adiciones por E. L.)

La ocupación de Ramiriquí sería por lo tanto muy antigua y la de Tunja reciente. Sin embargo, los tiestos hallados en Ramiriquí y Turmequé son de estilo sureño a diferencia de los de Tunja y la acumulación de material que registran las excavaciones en la UPTC -observa Lleras- no apoya en nada la cronología reciente propuesta por Simón para la fundación de este núcleo urbano. ¿Estamos leyendo las crónicas sin la crítica adecuada? (Londoño, 1995).

Un expediente del Archivo relata que en Tunja vivían hasta 1539 los cacicazgos que luego se trasladaron como encomiendas españolas al alto Valle de Tenza; estrictamente hablando, el documento describe la ocupación tardía de este valle por los «norteños» que migran expulsados por la fundación de la ciudad española:

Testimonio de un indio ladino y cristiano, natural de Cuqueita de Gregorio Suárez, parece de más de 50 años. Tunja, 22 NOV 1571.

|«Dijo que al dicho Auria conoció este testigo en este pueblo de Tunja antes que hubiese cristianos en él, porque el señor de Tunja estaba poblado aquí y el dicho Auria estaba con Boyacá en su pueblo que estaba poblado en el mercado viejo donde está una iglesia de Santa Lucía, y le tributaba como sujeto suyo...y el dícho Auria es capitán de Boyacá y este testigo está junto a Boyacá en un pueblo del capitán Buisa a quien es sujeto este testigo...» (AGN. CaIn: 22: 371r-v)

Testimonio de un indio chontal que dijo llamarse Siabun, y que es capitán de Buyssa sujeto al cacique de Cuqueita. Parece de más de 40 años.

|«...al dicho Auria lo conoció en el pueblo de Boyacá que estaba donde está la ermita de Santa Lucía antes que entrasen los cristianos a esta tierra, y a los demás [indios sobre los que se le pregunta] conoció en Boyacá después que vinieron los cristianos, y allí tienen sus labranzas y sementeras y bohíos y al presente las tienen alli...» (AGN. CaIn: 22: 370v. Otros en Londoño, 1985) | 11 .

Tal vez todo esto sirva para advertirnos sobre lo que sería un grave error de etnohistoriador: aceptar los conceptos europeos como si fueran lógicos dentro del esquema cultural de los muiscas.

En este artículo hemos hablado voluntariamente de fronteras y guerras, pero no se puede concluir sin criticar esos términos llenos de connotaciones estatales, así como los básicos de poder y política. Si abandonamos el método y la mentalidad de Quesada, habría que notar que Tunja le pareció poderoso | 12 no por lo militar sino por los tesoros acumulados en los cercados y santuarios. El botín tomado en Tunja en una tarde fue más de dieciséis veces lo recogido hasta entonces por los conquistadores, y el 65% del producido final de esta conquista.

 

Los caciques eran sagrados y llenos de tabúes: en la región de Tunja no se los enterraba sino que se clausuraba su cercado encerrando en él su momia (Epítome, [1547]; Oviedo, [1548]:3: 118; Rojas, 1965). De hecho, Tunja se caracterizaba por tener numerosos cercados clausurados que le darían un aire fantasmagórico, como bien lo describe el artículo sobre «el Cercado grande de los Santuarios» en este Boletín. Tunja, nombre del Zaque y del cacicazgo (que no tanto el territorio, Rojas, l965a), se decía |Chunsa que quiere decir tunjo, ídolo:

«Salió de Tunja, Chunsan uaca iane.

¿Desde La Palma a Tunga cuánto ai?, ¿Parman anyquys Chunsa chunguaz chue fiua?

|Ydolo. Chunso, chunsua, chunsuguaia». (Anónimo, [a.f.]: 227, 235, 334)

Estas momias | 13 que como los malquis peruanos trazaban la genealogía de los caciques, seguían participando con sus poderes en la vida de la comunidad e inclusive -de nuevo- en sus guerras (Langebaek, 1992). Eran un punto de contacto con el más allá, el mundo subterráneo de los muertos a cuyas fuerzas se accedía también a través de las lagunas. Dobladas en posición fetal, vinculaban al ahora con el origen, dentro de una concepción cíclica del tiempo. Para un muisca, debían ser el epítome de lo sagrado y de lo tabú | 14 , y hacían de Tunja un sitio de poder, aunque no tuviera ni «territorio» ni «sujetos».

De ahí que un testigo de Súnuba (ver mapa 1) pudiera declarar en 1572 que:

|«Antes que los cristianos entrasen en la tierra, los indios deste repartimiento estaban sujetos a Sogamoso y le reconocían por señor,  aunque más reconocimiento tenían al cacique de Tunja y al de Guatavita, a los cuales iban a hacerles sus labranzas y bohíos y les llevaban mantas y algún oro cobre...» (AGN. VisCund: 11: 800r; en Tovar, 1980: 93)

Colofón

Para terminar, ya que cabe la conversión Tunja-Chunsa-Hunza-Funza, se podría volver a llamar la atención sobre Bogotá, cuya «corte» que daba en Funza (Broadbent, 1974). Y si el río de Bogotá se llamaba Funsa o Bunza (Velandia, 1983: 23, 41, 45), una coincidencia dualista hace que al río Chulo que baja de Tunja a Tuta, lo llamen Funsi en documentos de 1636:

|«...desde este dicho mojón y término ha de ir corriendo el dicho resguardo por el dicho río abajo que llaman Funsi hasta la parte en donde se junta el dicho camino real que va de Tunja a Pamplona y con el que va al pueblo de Sotaquirá...» (Mojica Silva :193; 12 Jul. 1636, AGN. VisBoy: 4: 658r»

10 Aunque en ellos trata más de Sogamoso; [1625]: 3: 409ss.
11 Nuestra interpretación en 1985, uniendo este documento con las crónicas, era de un Tunja «urbano» pero ante todo ritual -como Nabusímake en la Sierra Nevada de Santa Marta- y los cultivos y viviendas de los comuneros en el Alto Valle de Tenza (Londoño, 1985: 195). Bien pudo ser así en 1536, pero no desde «el origen» antiguo de los muiscas, puesto que la arqueología no lo sustenta. Tampoco parece sustentable con estos datos aislados que la ocupación tunjana de Ramiriquí ocurriera apenas en 1539.
12 «Cada uno destos dos señores son poderosísimos de grandes señores y caciques que les son sujetos...» Epítome, [1547]: 127. Al contrario, Quesada, que veía poderoso en armas al Zipa, le exigió un tesoro acorde con sus expectativas hasta matado en el tormento, por no poder entregarlo.
13 Las momias y fardos más que los santillos de oro eran lo que se denominaba «tunjo» (Londoño, 1989: 108-109).
14 El libro de Ann Osborn, «Las cuatro estaciones» (1951), es un apoyo fundamental para un acercamiento a los muiscas desde la cosmogonía de los U'wa o Tunebos.
 

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