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INDICE
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LA ORFEBRERÍA
QUIMBAYA TARDÍA
Una investigación
en la colección del Museo del Oro
MARÍA ALICIA URIBE
Desde hace tiempo, las directivas del Museo del Oro
Clemencia Plazas, Directora y Ana María Falchetti, entonces
Subdirectora Técnica, sentían la necesidad de llevar a cabo
una investigación tendiente a aclarar el panorama de la orfebrería
Quimbaya Tardía
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, con el fin de contextualizar la gran
cantidad de piezas con que contaba el Museo que parecían
pertenecer, o se usaba decir que pertenecían, a este conjunto
orfebre.
Aunque ya existía el trabajo de José Pérez de Barradas sobre el
tema (1965) el cual continúa siendo válido en su mayor
parte, para aquella época el Museo contaba con un número de
piezas reducido un poco más de 7.000 si se compara con
el volumen actual más de 33.000. Dentro de las nuevas
adquisiciones existía una buena proporción de piezas con una
variedad de nuevas formas que hacía o parecía hacer parte del
conjunto Quimbaya Tardío o de otros relacionados, lo
cual ameritaba una revisión más reciente del tema. Atendiendo dicha
solicitud se realizó el presente trabajo entre los meses de febrero
y diciembre de 1992.
Sin esta invitación y sin la asesoría y estímulo permanente este
trabajo no hubiera sido posible; todas las demás personas del Museo
proporcionaron también un apoyo invaluable para su realización.
Otros investigadores contribuyeron con él mediante importantes
aportes en asesoría, comentarios e información: Warwick Bray, con
valiosos datos, fotografías y directrices; Marianne Cardale de
Schrimpff, con interesante información; Alberto Cadena, Gonzalo
Correal y Steve Hugh-Jones, con su asesoría en la identificación de
las representaciones de fauna; y Roberto Pineda Camacho con
comentarios acerca del sentido simbólico del material. Para la toma
de fotografías se contó con la colaboración de Roberto Marín y en
la elaboración de los dibujos con la ayuda de mi hermana Ana
Lucía.
Antecedentes de la
investigación
Las primeras referencias en la literatura a piezas del tipo de
las estudiadas en este trabajo se encuentran en varios textos del
siglo pasado escritos por algunos de quienes podrían denominarse
los precursores de la arqueología colombiana. En estas
y otras obras contemporáneas que se enmarcan dentro de un
movimiento científico e ideológico dado a lo largo de dicho siglo,
empeñado en conocer el país en busca de una identidad nacional
propia (Londoño Vélez, 1989: 16-4 1) aparecen por primera vez
descripciones detalladas de piezas, hallazgos y sitios de interés
arqueológico en el país. Un buen número de antigüedades encontradas
en el valle medio del río Cauca fueron registradas por estudiosos
como Liborio Zerda (1883), Andrés Posada Arango (1873) y Manuel
Uribe Angel (1885).
Paralelamente a este primer acercamiento casi científico a lo
arqueológico y en parte como consecuencia de los cambios en la
legislación acerca de los derechos sobre los objetos encontrados en
tumbas indígenas, se dió un auge creciente de la guaquería que
alcanzó su punto máximo hacia finales del siglo pasado y principios
del presente en la región de la Hoya del Quindío (Londoño Vélez,
1989, 16-41). Un buen número de las piezas desenterradas en este
proceso fueron salvadas de la fundición por coleccionistas
particulares, en su mayoría aficionados y unos pocos estudiosos,
algunas de cuyas colecciones fueron adquiridas posteriormente por
el Banco de la República en las primeras épocas del Museo. Otras
piezas llegaron a manos de coleccionistas o museos de países
extranjeros donde a fines del siglo pasado se tenía amplio
conocimiento y valoración de los tesoros indígenas colombianos, en
gran medida como resultado de la
|Exposición Iberoamericana
de 1892 en Madrid, en la que cual se expuso por primera vez el
famoso Tesoro Quimbaya. Varios investigadores extranjeros se
ocuparon del estudio de estas piezas y publicaron artículos y
libros sobre ellas en sus respectivos países (Joyce, 1912; Seler,
1915).
Algunos de los primeros estudiosos de lo antiguo aborigen no se
limitaron únicamente a describir o mencionar objetos arqueológicos,
sino que también hicieron intentos de clasificación e
interpretación simbólica de ellos y de utilización de las crónicas
de la conquista y colonia para comprender el contexto social de sus
fabricantes; entre ellos se destaca para la zona de interés en este
trabajo Ernesto Restrepo Tirado, quien con su padre Vicente
Restrepo, también investigador diligente de lo prehispánico, estuvo
encargado de la muestra colombiana en la exposición de Madrid. Su
obra
|Ensayo etnográfico y arqueológico de la provincia de los
Quimbayas en el Nuevo Reino de Granada, publicada por primera
vez en Bogotá en 1892, es pionera de las investigaciones
etnohistóricas y arqueológicas en el Valle medio del río Cauca.
Con respecto al tema de la orfebrería este texto es precursor de
los trabajos posteriores; a través de varios capítulos sobre
distintos aspectos de la vida indígena religión, gobierno,
vestido... el autor hace una presentación detallada, en una
especie de clasificación incipiente, de los diferentes tipos de
objetos metálicos hallados en las tumbas de la región. Tanto sus
descripciones de piezas como las fotografías que las ilustran
que hacían parte del catálogo elaborado para acompañar la
exposición de 1892 han sido elementos importantes en las
investigaciones posteriores, incluyendo también nuestro trabajo. El
autor dedica además un capítulo exclusivamente a la
orfebrería, en el cual describe con acierto algunas
técnicas metalúrgicas y presenta los resultados de análisis
químicos sobre el contenido de oro y cobre de cinco piezas.
La obra de Restrepo Tirado en general, como la mayoría de las de
su época, está plagada de interpretaciones fantasiosas y
etnocentristas sobre el simbolismo de las piezas, aunque en ella el
autor hace explícita también la gran admiración que le merecen
estos objetos:
|sorprende al primer golpe de vista la
perfección del trabajo de los quimbayas. Hay aquí obras artísticas
que no comprendemos cómo fueron hechas hace más de tres siglos...
Nuestros joyeros son incapaces de fabricar hoy piezas iguales
(1929:105). A partir de esta obra, donde el autor presenta toda
la orfebrería hallada en la región como contemporánea y la atribuye
a los Quimbayas históricos y sus vecinos, comienza un proceso de
generalización del término Quimbaya para denominar con
él todo tipo de pieza hallado en el valle medio del río Cauca
dentro de un área de extensión variable, según la
delimitación de cada investigador.
En las primeras décadas del presente siglo se vieron
acrecentados y fomentados el interés y el estudio científico por lo
precolombino como resultado de las condiciones económicas y
políticas favorables en el país, y de la llegada de investigadores
extranjeros, la mayoría de ellos venidos como refugiados de las
guerras europeas (Londoño Vélez, 1989:
|45-57). Algunos de
los trabajos producidos durante esta época se ocupan de alguna
manera de la orfebrería Quimbaya, en especial de los
aspectos tecnológico (Arsandaux y Rivet, 1923) y artístico
(Acuña,1942; Uribe Piedrahita, 1936).
En 1945 el arqueólogo mejicano Carlos R. Margain realizó el
primer trabajo tipológico sobre la colección del Museo del Oro, que
para aquella época contaba con un número aproximado de 5.000
piezas. Este investigador, a partir de un estudio muy rápido
en sólo dos meses, sienta las bases de una
clasificación del material en estilos que denomina
tipo-región; en ella establece siete (7) tipos, dentro
de los cuales incluye el Quimbaya, que define
someramente con base en algunas características del material hoy
conocido como Clásico o Temprano (Margain,
1950: 37-40).
Para esta misma época, con el funcionamiento de varias
instituciones que fomentaban el estudio de lo indígena, en especial
del Instituto Etnológico Nacional, la investigación antropológica
tuvo un amplio desarrollo en todos sus campos y experimentó un
importante proceso de modernización en cuanto a teorías y métodos
(Londoño Vélez, 1989: 61-69; Ospina,1984). Varios de los estudiosos
de este momento se ocuparon del tema Quimbaya pero fue
poco lo nuevo que agregaron al conocimiento de la orfebrería (Duque
Gómez, 1963; Friede, 1963).
Entre los años 1954 y 1965 el arqueólogo español José Pérez de
Barradas profundizó en la investigación de la Colección del Museo
que para la última fecha contaba con un poco más de 7.000
piezas teniendo como base la clasificación en
tipos de Margain. Sus obras, a pesar de los notables
adelantos que han marcado la arqueología colombiana en las últimas
décadas, continúan siendo de consulta obligada para el tema de la
orfebrería, y sus descripciones, clasificaciones e incluso muchas
de sus interpretaciones y conclusiones permanecen vigentes y han
sido corroboradas por estudios posteriores.
Con respecto a la orfebrería de interés en este trabajo, Pérez
de Barradas fue el primero en dividir el material
Quimbaya en dos grandes conjuntos correspondientes a
dos períodos de ocupación diferentes y sucesivos, con base en un
análisis estilístico y de asociaciones de piezas en varios lotes de
compra; para el conjunto más antiguo, constituído por el material
más divulgado y espectacular, dejó el nombre Quimbaya
hoy reemplazado por los títulos Quimbaya Clásico
o Temprano, y para el más reciente acuñó un nuevo
término: Invasionista desplazado actualmente por
el de Quimbaya Tardío. De manera acertada
estableció una contemporaneidad del primero con las orfebrerías
Calima en cuanto a piezas hoy conocidas como de la fase
Yotoco y la Tolima, y determinó una fecha aproximada del
1.000 d.C. para el fin de la primera ocupación y el inicio de la
segunda, así como una duración de esta última hasta la conquista
española. De acuerdo con las teorías en boga durante su época
que han caído en desuso por falta de evidencias
científicas, Barradas atribuyó éste rompimiento en la
historia de la región a la invasión de pueblos amazónicos de habla
Karib, que
|con su cultura inferior y distinta arrasó la de
los pueblos anteriores; sin embargo, cada vez parece
también más acertada su formulación acerca de una amplia dispersión
de esta segunda ocupación por los valles del Cauca, Calima>
Magdalena (ibid.,ps.82, 83 y 313-314).
Además de los dos conjuntos anteriores, Barradas estudió ur
tercer estilo dentro del material orfebre procedente del valle
medio del río Cauca: Darién tomado de la
tipología de Margain. Las investigaciones posteriores,
principalmente las de Clemencia Plazas y Ana María Falchetti
y también el presente trabajo, han revaluado y
desmembrado este estilo y vinculado los diferentes tipos de piezas
a otros conjuntos o tradiciones orfebres (Falchetti de Sáenz, 1979;
Plazas y Falchetti, 1983).
Los planteamientos de Barradas acerca de dos grandes períodos en
el valle medio del río Cauca fueron corroborados y ampliados luego
por la arqueóloga norteamericana Karen Bruhns, quien principalmente
a partir de análisis estilísticos de la cerámica definió varios
conjuntos, uno de los cuales, el marrón inciso,
consiguió asociar con el estilo orfebre Quimbaya
Clásico (Bruhns, 1967, 1970, 1976, 1990).
Por último, los trabajos de Clemencia Plazas y Ana María
Falchetti han conectado, a partir de una visión regional, los
conjuntos Clásico y Tardío con tradiciones
orfebres y fenómenos culturales de amplia distribución
espacio-temporal (Plazas de Nieto, 1978; Plazas Falchetti, 1983,
1986; Falchetti, 1987).
Metodología
El proceso de determinación de las piezas que componen el
conjunto de la orfebrería Quimbaya Tardía y de otros aspectos
relacionados con ella fue llevado a cabo en varias etapas. El punto
de partida y algunas directrices iniciales para la investigación se
determinaron en acuerdo con la Directora y la Subdirectora Técnica
del Museo; a partir de allí comenzó a estructurarse un proceso
metodológico que se fue definiendo y puliendo sobre la marcha a
medida que se confrontaban las directrices y los objetivos con la
información sus posibilidades o limitaciones y al
tiempo que se fue avanzando en la investigación obteniéndose nuevos
resultados y surgiendo nuevas hipótesis.
En primer lugar se procedió a realizar una pesquisa
general de la mayor parte de las compras hechas por el Museo que
pudieran ser significativas para la investigación. Estas estaban
conformadas en su totalidad o parcialmente, por piezas acerca de
las cuales existía mayor certeza de pertenecer al conjunto de la
orfebrería Quimbaya Tardía: pectorales circulares repujados,
narigueras semilunares planas con relieve, aplicaciones para piel,
adornos sublabiales con pequeños tubos colgantes, etc. En esta
primera fase se revisaron simultáneamente los libros de recibos de
compras y los álbumes de fotografías de la Colección. Como
resultado se registraron cerca de ciento sesenta compras con un
número muy variable de piezas entre una y dos mil
trescientas.
En esta primera etapa de revisión de la Colección se hizo
evidente la existencia de dos tipos de compras: uno, que se seguirá
llamando Lote en éste trabajo, constituído por piezas
que parecen conformar o hacer parte de un mismo hallazgo; y otro,
que en adelante llamaremos Colección, formado por una
amplia variedad de objetos procedentes de diferentes sitios y/o
pertenecientes a distintos conjuntos arqueológicos. Algunas de las
compras que parecen lotes contienen además una o varias piezas
aparentemente intrusas de otras épocas o complejos
arqueológicos que plantean interrogantes acerca de su
asociación. Los lotes varían en un rango entre uno y ciento
cincuenta objetos aproximadamente, mientras que las colecciones
casi siempre superan los cien y pueden llegar a contener hasta más
de dos mil. Para una buena cantidad de los posibles lotes existe
información acerca de su procedencia, casi siempre sobre el
municipio y a veces sobre la vereda o la finca; para las
colecciones casi nunca se cuenta con este dato.
Esta revisión puso también de manifiesto la intensidad con que
se ha llevado a cabo la guaquería en la región Quimbaya
por más de un siglo y su permanencia hasta el momento actual.
Dentro de la Colección se destaca el volumen de compras procedentes
de la Zona Quimbaya considerada vagamente como la
Cuenca del Valle Medio del Río Cauca, muchas de ellas
compuestas por un apreciable número de piezas, adquiridas por el
Museo desde principios de la década del cuarenta. Entre los años
cuarenta y setenta es notable la afluencia de piezas de esta zona,
especialmente en grandes conjuntos vendidos por coleccionistas de
la región, como se evidencia en el cuadro II. Entre estas
colecciones se destacan las de Leocadio Arango y Santiago Vélez,
recopiladas como resultado de su gran afición por las
antigüedades según lo expresa el mismo L. Arango en su
Catálogo (1905: 11). Estas colecciones contienen también
piezas procedentes de las zonas Muisca y Calima, donde la guaquería
se encontraba al mismo tiempo en auge. A partir de los años setenta
son menos y menores las compras con piezas quimbayas,
como producto de un marcado descenso en las actividades de
guaquería. Después de más de un siglo de saqueo intensivo la
producción de las guacas en la región parece haberse vuelto cada
vez menor, aunque su búsqueda no ha caído totalmente en desuso. A
la par con esta decadencia en la zona Quimbaya, y en parte como
consecuencia, comienza el auge de la guaquería en las regiones de
orfebrería Tairona y Nariño (Plazas de Nieto, 1978: 21).
Como paso siguiente al reconocimiento de la Colección se
procedió a llevar a cabo una revisión detallada de los lotes.
Estos, más que las colecciones, podrían proporcionar mejor
información acerca de la asociación de las piezas. En primer lugar
se repasaron las compras aparentemente más significativas y
confiables, con una buena cantidad y variedad de objetos; este
proceso fue permitiendo amarrar unos tipos de piezas
con otros y dejando entrever sus posibles variaciones. A
continuación se procedió a revisar un buen número de lotes menores
buscando obtener el máximo de documentación. En total se estudiaron
un poco más de setenta lotes -equivalentes a cerca de mil
setecientas piezas, que aunque no constituyen la totalidad de
ellos, sí conforman una muestra bastante amplia y segura para la
definición de una buena cantidad de elementos del conjunto Quimbaya
Tardío. Adicionalmente se revisó la información concerniente a
varios lotes interesantes ofrecidos en venta en años recientes al
Museo y no adquiridos por él (Ver cuadro I). Como complemento a la
información obtenida de la Colección de piezas del Museo y su
documentación, se recogieron algunos otros datos sobre grupos de
objetos asociados, tomados de la literatura (Pérez de Barradas,
1944, I:93-99; varios catálogos; Procalima 1, 1.982; etc.) y por
comunicación personal de algunos investigadores (Warwick Bray,
Clemencia Plazas y Marianne Cardale de Schrimpff).
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En el manuscrito de este artículo,
conservado en el museo, se encuentran las tablas con los números y
procedencias de las piezas analizadas dentro de cada
categoría.
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