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INDICE
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Reseña de
libros
EL AMAZONAS, UN GIGANTE HERIDO
ALAIN GHEERBRANT
Madrid, 1989
La serie Aventuras de la colección Aguilar Universal, en su volumen
13 nos lleva por un laberinto de imágenes y temas que se van
desplegando en cercanía a un Libro de Arena del maestro Borges.
Alain Gheerbrant lo construye en tomo a cinco capítulos (En busca
de la canela, el nacimiento de los mitos, el siglo de las luces
ilumina la selva, la gran aventura del caucho y el indio y la
selva) y un corpus testimonial y documental, a manera de anexo.
Grabados, litografías, dibujos, fotografías, mapas... desde el
siglo XVI hasta hoy, se despliegan en espaciado volumen de 192
páginas.
El autor, nacido en 1920 en París, vivió en Bogotá entre
1948-1950 para organizar, dirigir y participar en la Expedición
Orinoco-Amazonas; como producto de ella emprende la primera
travesía por la Sierra Parima y tiene la fortuna de establecer
contacto pacífico, por primera vez, con los yanomami -nombrados por
esa época guaharibo-. Alain Gheerbrant es poeta, cineasta y
explorador, no en vano su libro es cinematográfico: la aventura de
un gigante herido por las desventuras de la modernidad.
Libro cinematográfico de un explorador de mediados del siglo XX
sobre las imágenes fluyentes de viajeros, aventureros,
exploradores, conquistadores y habitantes de la Amazonia donde el
vivir deviene en multiplicidad entre pliegues y repliegues de magia
y destrucción.
La desventura empieza en 1500 cuando Vicente Pinzón, capitán de
una de las naves de Colón, conoce el delta del Amazonas. Cuarenta y
un años después Gonzalo Pizarro y Francisco de Orellana, desde
Quito, iniciaron una de las más voluminosas expediciones de
conquista cuyo fin aún no tiene término: "A la cabeza van
trescientos cuarenta hidalgos con armadura, doscientos de ellos a
caballo; luego, dos mil perros feroces, adiestrados para matar
indios, cuatro mil porteadores 'voluntarios' cargados con armas,
provisiones 'y lo demás necesario para la jornada, como hierro,
hachas, machetes, sogas y maromas de cáñamo, y clavazón para lo que
por allá se les ofreciera', escribe el Inca Garcilaso de la Vega,
historiador de la época. Les siguen dos mil llamas, también
cargadas, y un rebaño de dos mil cerdos. Los españoles no llevaban
nada salvo su espada, una rodela en el brazo izquierdo y en el
borrén trasero una parca colación" (Gheerbrant, 1989: 16). Theodore
de Bry con sus grabados de 1596 y 1602:
|Ejército en Marcha, A través de los Andes y Pizarro suelta
los perros, en su
|Historia Americae, escenifica este
acontecimiento: la recua de llamas dobla sus patas por el exceso de
peso; los hidalgos azuzan y arrean a los indios cargadores con la
amenaza de sus espadas como a otra recua más; mientras los perros
amaestrados destrozan indios ante la mirada complaciente de cuerpos
amanerados de conquistadores portadores de estandartes y arcabuces.
En otro grabado anónimo del siglo XVI (Biblioteca Formy, París):
Vida de los indios antes de la conquista, se puede apreciar algo
así como un Jardín de las Delicias americano en el que aún no se da
el tríptico cósmico del Bosco; en un mismo espaciamiento selvático
y doméstico se viven las delicias del amor, la danza, la guerra, la
muerte, la cacería, la recolección, la navegación, la pesca, el
disfrute en pareja de una hamaca en el follaje, la seducción en el
bosque, el deleite de los cuerpos desnudos y el danzar
dionisíaco.
Entre estas dos series de imágenes, como las de Theodore de Bry
y las del anónimo de la
|Vida de los indios antes de la
conquista, se va configurando este libro cinematográfico del
Amazonas: Voces, protagonistas, míticas visiones, existencias
mitogónicas, misioneros, expedicionarios, ilustrados, caucheros,
comerciantes, cazadores, industriales, administradores, Esta dos,
jefes de Estado, instituciones, programas, proyectos, etnólogos,
biólogos, fotógrafos... todo tipo de personajes de todas las
etnias, de todas las culturas fulguran en las páginas fílmicas de
este libro: Raleigh, Lope de Aguirre, Amazonas, Von Hagen, La
Condamine, Humboldt, Goethe, Wallace, Suárez, Arana, Metraux,
Lévi-Strauss, Lizot, Clastress... Yanomami, Uitoto, Ocaina Mana,
Kayapó, Uerequena, Cambera, Omagua, Toba, Buri... Awena, Nohotipé,
Macunaima, Mad María, Maira... José Eustasio Rivera, Ferreira de
Castro, Henry Michaux... Darcy Ribeiro... Anaconda, yacaré,
tarántula, colibrí, jaguar... y amazoníacos "(los brasileños son
'amazoníacos'...), una extraña enfermedad que ataca a un pueblo
entero y lo arroja, brazos en alto, a los caminos azarosos que
conducen a esta mancha verde, húmeda y musgosa, situada en la zona
norte del país en los mapas que edita el Annuario Geographici do
Sul. Ataca a todos, a los rechazados de las grandes ciudades, a los
expoliados de los inmensos dominios azucareros, a los parias de
cualquier calaña y color, pero también a los hombres de negocios de
Brasilia, a los políticós de Sao Paulo, a los iluminados de Bahía e
incluso al arzobispo de Recife, convencido de que 'Dios es
amazónico'" (Guy-Pierre Bennet, Dynasteurs, nov. 1987, citado por
Gheerbrant p. 174).
La herida abierta al Amazonas continúa ensanchándose. Los
misioneros de Nuevas Tribus establecen una ciudad sedentaria y
sedentarizadora en el corazón del nomos territorial de los nukak,
en las selvas del Guaviare, a la manera del Robinson Crusoe de
Daniel Defoe. Pero por las mismas sendas abiertas por los
colonizadores empiezan a fluir nuevas fuerzas desedentarizadoras
que se toman también los espacios de cultura y de poder
occidentales. Las prácticas del chamanismo irrumpen en las polis y
en su saber médico, así como la liana del yagé crece y se expande
entre los árboles. Los amerindios ahora tienen representantes de
sus organizaciones en los actos de poder legislativo gracias a su
propia labor en la Constituyente. Pronto puede suceder lo
acontecido en la novela de Michel Tournier:
|Viernes o los Limbos
del Pacifico, en la cual el sedentarizador Robinson es seducido
por el nomos de Viernes.
Sólo dos pequeños errores se le pueden anotar a este "Libro
abierto" -como las catedrales-: El traidor Lope de Aguirre recorrió
todo el Amazonas hasta su delta en el Atlántico, como bien lo
cronomentó Francisco Vásquez en su crónica de viaje. Alain
Gheerbrant ubica esta travesía del maldito, subiendo por el
Orinoco. El segundo error es tal vez de orden tipográfico: al
nombrar a los dos "capos" de las caucherías menciona al señor Araña
por Arana, el de la Casa Arana.
|WILLIAM TORRES C.
INDIOS Y MESTIZOS DE LA NUEVA GRANADA A FINALES DEL SIGLO
XVIII
|FRANCISCO ANTONIO MORENO Y ESCANDÓN
Bogotá, 1985
|"Como los escribas se acabará,,, los pocos lectores que en el
mundo había van a cambiar de oficio y se pondrán también de
escribas ".
Julio Cortázar
El número 124 de la Biblioteca del Banco Popular reproduce, por
iniciativa de Germán Colmenares y Alonso Valencia, los informes de
visitas a los resguardos del protector de indios Francisco Antonio
Moreno y Escandón entre los años 1770 y 1779 bajo el título Indios
y Mestizos de la Nueva Granada del siglo XVIII, con la colaboración
de Jorge Orlando Melo en la elaboración de los índices y de una
introducción sobre la vida y la actividad pública como burócrata de
Francisco Antonio Moreno y Escandón.
Esta publicación ofrece una documentación detallada de las
diferentes relaciones burocráticas ocurridas entre el 8 de
noviembre de 1770 y el 4 de febrero de 1779 en las comisiones y
visitas de Moreno y Escandón a los resguardos y pueblos de indios
con el fin de concretar o ajustar los planes de acción colonial
respecto a los indígenas. En su época se convirtió en una
transcripción ordenada por el Arzobispo Virrey Antonio Caballero y
Góngora, a la cual los escribas modernos le incluyeron "diversos
cuadernos sobre tributos, remates y otros asuntos, así como el
informe final de Moreno y Escandón del 18 de noviembre de 1779 y la
detallada argumentación de Francisco Antonio Gutiérrez de Piñerez
en respuesta a aquél". La documentación original se encuentra en el
Archivo General de Indias de Sevilla, Audiencia de Santa Fe,
595.
No vale la pena asumir la ardua tarea de resumir el libro, es
tal la cantidad de agenciamientos burocráticos de que trata y la
multiplicidad de acontecimientos coloniales que menciona, que su
elaboración sería un tratado sincrónico de burocracia y
colonialismo respecto a la población indígena, lo cual desbordaría
el límite de una reseña.
Valiosa es la labor de los nuevos escribas, esos "pocos lectores
que en el mundo había" de documentos y archivos transcritos por
escribas de otra época, cuya escritura y gramática expresa un orden
jurídico y de agenciamiento de poder un poco distante a nuestra
época respecto a la voluntad de dominio de una cultura hacia otras
al entretejer un modelo social identificatorio y de sujeción. Un
poco distante a nuestra época, pero no diferente del todo, puesto
que hoy aún se continúa, un poco metamorfoseada, la política de
imposición de modelos culturales, jurídicos y económicos a otras
culturas que persisten en la diferencia.
La escritura y gramática de los escribas en la época de Moreno y
Escandón y de los Virreyes, la vemos y sentimos distante en el
recuerdo de su letra. Sus designaciones recorren una planicie
social de orden colonial en cuya superficie se gesta lo mestizo. Su
manifestación muestra los deseos y creencias de instituir un orden
"justo" respecto a la sujeción territorial y tributaria del indio
en el régimen colonial. Su significación nos ubica en la condición
de verdad que expresan los agenciamientos burocráticos de orden
colonial. Mientras que su sentido nos permite asomamos, desde la
documentación burocrática, como un expresable del estado de cosas
que acontecían en la época colonial. La escritura y gramática de
esos escribas expresan un agenciamiento colectivo de
acontecimientos de orden burocrático-colonial; en el plano
narrativo jurídico corresponde a un lenguaje de codificación en
consignas burocráticas cuyas proposiciones son posibles de estudiar
en las relaciones de designación, manifestación, significación y
sentido. Es pues éste un documento fundamental para la
investigación histórica de las relaciones coloniales instauradas en
la Nueva Granada.
Estos documentos presentan un orden discursivo expresado desde
una condición de verdad, la cual desea constituirse como el orden
que colonializa lo considerado por él como caótico. ¿Qué es lo
caótico para el orden colonial? Es todo aquello que desordena y no
permite funcionar su orden. En aquello que desordena y no permite
funcionar su orden están los resguardos, parcialidades y
poblaciones de indios, cuya vida hay que ordenar acorde al modelo
colonial. Los individuos que no corresponden a la cultura y a la
sociedad colonial, todos aquellos que no son ni españoles, ni
criollos, deberán sujetarse a las normas de vida moral, productiva
y tributaria que impone el poder. Existe un conjunto de individuos
enclasados y diferenciados entre sí, los cuales no son ni
españoles, ni criollos, ni mestizos, a quienes es necesario someter
a una sujeción y control tal que los conduzca a perder su
diferenciación mediante una sujeción territorial fija a los
resguardos y pueblos de indios prefijados de antemano por la
fiscalía y protectorado de indios. No importa la filiación
territorial de estos individuos puesto que son, en muchos casos,
trasladados y mezclados con otros individuos en territorialidades
fijas y ajenas a su cultura o a su enclasamiento social endógeno.
De una diferenciación cultural y un enclasamiento social
particular, los individuos de diferentes territorialidades son
mezclados e inscritos en territorios delimitados donde se fijará la
homogenización cultural y una clasificación social que los articule
fácilmente a la moral, la productividad y el tributo del orden
colonial. Era necesario para la colonia clasificar y desactivar el
"desorden" del diferencial indígena bajo su dominio. Esa sujeción
territorial fija requería de un ordenamiento burocratizado,
instituido en los corregidores y los curas de indios quienes debían
velar por el orden colonial en los resguardos, parcialidades y
pueblos de indios. Esto produjo una reducción no sólo de tipo
topográfico, sino también en cantidad de los sitios que eran
asignados como territorios de indios, dando lugar a una mayor
expansión de la frontera apropiada por el orden colonial. Así
muchos pueblos indios desaparecieron como tales al ser trasladados
sus habitantes a otros territorios; se convertían en pueblos
mestizos y quedaban bajo el régimen ordinario de la colonia.
Mientras que las reducciones territoriales para los indios quedaban
bajo el régimen especial de sujeción y control.
La documentación que nos presentan los escribas, puede ser
invitada a leer a la manera de una novela de Kafka en la que un
señor K nos presenta acontecimientos burocráticos relacionados con
el agenciamiento colonial entretejidos a la escritura y la
gramática agenciada en esos acontecimientos burocráticos. Esta
lectura kafkiana nos disemina la mirada sobre un documento frío y
agotador de la historia tejida en la burocracia.
WILLIAM TORRES C.
|OTRA AMERICA EN CONSTRUCCION
|CARLOS ERNESTO PINZÓN Y ROSA SUÁREZ P.
(ed. y comp.) Medicinas Tradicionales y Religiosas Populares.
Bogotá: ICAN, Colcultura, 1991
Carlos Ernesto Pinzón, Rosa Suárez y Gloria Garay editan la
compilación de ponencias presentadas en el simposio: "Identidad
cultural, medicina tradicional y religiones populares" realizado en
el 46 Congreso Internacional de Americanistas (Amsterdam, 1988). El
libro está articulado en cuatro partes temáticas: Redes chamánicas
y Resistencia Cultural (con ponencias de Jean Pierre Chaumeil,
Elizabeth Kreimer, Esther Jean Langdon, Carlos E. Pinzón y Gloria
Garay, Merton Marks y Carlos E. Pinzón y Rosa Suárez), Medicina
Tradicional e Identidad (con colaboraciones de Angelina
Pollak-Eltz, Hugo Portela Guarín y Lidia C. Schárer), Medicina y
Religión en la Construcción de la Identidad Popular (con trabajos
de Silvia Ortiz Echániz, Isabel Larriaga y N. Ross Crumrine) y
Experiencias de Interacción (con textos de Xavier Lozoya, Duncan
Pederssen y Jorge Lastra). Los diferentes documentos presentan
investigaciones comparativas, puntuales y de sistematización de
experiencias institucionales, respecto a comunidades indígenas,
negras y mestizas.
Para los griegos, un simposio era un banquete en el que se bebía
en acompañamiento de música y canto y se conversaba sobre alguna
materia o tópico. En este simposio podemos degustar una lectura a
la manera como se sugiere en el epígrafe de la introducción al
libro que reproduce Carlos E. Pinzón de María Fernanda Palacios:
"Si leo con placer no leo de modo uniforme, no 'consumo' lo que leo
sino que me conecto con ello: interrogo, interrumpo, extiendo o
respondo a solicitaciones imprevistas, no del texto, sino de mi
lectura", a partir de lo cual el antropólogo, en su
introducción,
plantea que el libro editado "aspira a ser, parafraseando a
Foucault, 'una caja de herramientas', más que una visión del mundo"
de "múltiples proyectos construidos contra la modernidad, contra
sus condiciones de aparición, contra sus proyectos de
universalidad" (s.n.). Sin embargo, a veces, no todas las bebidas
de un banquete deleitan el paladar. Algunas embriagan en forma
dionisíaca, otras son saboreadas sin despertar mayor interés y
otras más por tener carácter de coctel invitan a indagar por su
contenido. Entre las primeras, aunque sin llegar a ser dionisíaca,
se destaca el texto "An andean view of history and a strategy of
cultural survival" de Elizabeth Kreimer, en el que presenta
conceptualizaciones filosóficas del chamanismo quichua-aymara y el
movimiento en zigzag de lo histórico a la manera de una línea de
creación estética de posibilidad expresiva en lo textil y
topológico. Al segundo tipo de bebidas ofrecidas en este simposio,
corresponden aquellos textos que se basan en el puro sentido común
en relación con "declaraciones de principios" demasiado machacadas
respecto a la importancia de la medicina tradicional en los
sistemas médicos institucionales y el excesivo manoseo de la
cuestionable "identidad cultural"; ponencias que no ameritan ser
presentadas en un simposio de americanistas en el que se busca
degustar el saber. De los cocteles siempre se puede esperar
sorpresas: algunos, por lo novedosos, no dejan de tener su
atractivo como el texto presentado por Chaumeil sobre "redes
chamánicas contemporáneas y relaciones interétnicas en el alto
amazonas (Perú)" en el que nos cartografía las "especialidades
chamánicas" vistas desde Iquitos, como especialidades étnicas:
"dueños de ayahuasca" (siona-secoya), "dueños de cantos mágicos"
(quichua), "chamanismo de flecha" (aschuar-shuar), "chamanismo
subacuático, sumé" (shipibo-conibo) y "chamanismo de flecha-veneno
y contaminación de las carnes" (ticuna-yagua), destacando en estas
"relaciones chamánicas jerarquizadas" a los "trans-étnicos" cocama
ocupando "el escalón más elevado". Otros cocteles son clásicos, y
por tanto. no despreciables, como el análisis comparativo sobre los
procesos interétnicos que afectan la supervivencia del chamanismo
presentado por la reconocida etnóloga Esther Jean Langdon,
centrándose en los procesos Sibundoy y Siona... Pero hay una
variedad de cocteles que en definitiva dejan un sabor demasiado
áspero, esto sucede, casi siempre, cuando es ofrecido con demasiada
pretensión y adulación de autor: me refiero a los dos textos de
Carlos Pinzón con Gloria Garay y Rosa Suárez: "Por los senderos de
la construcción de la verdad y la memoria" y "los cuerpos y los
poderes de las historias". Cuando en un banquete nos encontramos
con este tipo de cocteles es imposible no comentar sobre su materia
y contenido: así, la lectura del libro, al darse como la propuesta
en el epígrafe citado de María Fernanda Palacios, da continuidad al
simposio a modo de reseña.
En una escena de Brazil, la película de Teny Guilliam -cercana
en su humor terrorífico a las novelas 1984 de Orwell y
|Un Mundo
Feliz de Huxley-, un grupo de niños que se encuentra visitando
el Ministerio de Información, lee una inscripción en la base de una
inmensa escultura dorada que parece un gigantesco Halcón General,
ubicada en un espacioso hall que más parece una nave de una
catedral de color gris-menta: "La Verdad os dará el Futuro". Desde
Platón,
|la verdad estará siempre ligada
|al poder, en
la precisión política que magistralmente Michel Foucault investigó
el poder. Resulta curioso que un antropólogo que cita a Foucault y
utiliza términos deleuzianos, persista en utilizar conceptos como
la Verdad, la Historia y la Memoria para designar las prácticas
nómades del saber chamanístico como si fuese una actividad
sedentaria y "domestica dora". No basta con declarar(se) contra la
modernidad y paradójicamente realizar un análisis ecologisista,
antropocéntrico, significante y de modernidad. En esto radica el
sabor demasiado áspero del coctel ofrecido.
Los dos textos de los autores que me ocupan, presentan una
documentación continua respecto a aquello que constituiría un
"modelo" de análisis para interpretar y jerarquizar el chamanismo
practicado en el Valle de Sibun doy. El primero, el de Gloria Garay
y Carlos E. Pinzón, expone una extensa hipótesis ecologista para
determinar que es "bajo una ley de biodiversidad" imperativa que se
construyen los "paradigmas' del "etnoconocimiento" chamanístico
-hipótesis, por supuesto, apoyada en los análisis de Gerardo
Reichel-Dolmatoff-. El segundo, el de Rosa Suárez y Carlos E.
Pinzón, conforma los "apuntes para una historia de las redes de
chamanes y curanderos en Colombia", tal como subtitulan su
artículo, yendo desde las redes chamánicas precolombinas, los
procesos de colonización, hasta las interacciones con la
transnacionalización capitalista que afecta los procesos
chamanísticos del Valle de Sibundoy. Pero, aquello que nos interesa
destacar de este coctel son los postulados enunciativos del
análisis expuesto respecto a la práctica del saber chamanístico en
el Valle de Sibundoy.
Anotemos inicialmente algunos de estos postulados enunciativos,
para poder precisar nuestro punto de vista. Afirman los autores
que: "aprender chamanismo es aprender a domesticar la energía" (p.
109), "tomando la energía
|bruta (s.n.) almacenada en las
plantas y transformándola en energía-saber, conocimiento que
alimenta los circuitos de interacción social" (p. 142), "las
plantas contienen una energía salvaje que el chamán, situado en el
límite de la exterioridad, domestica para el grupo" (p. 78), "hacia
el exterior, el movimiento del chamán es el de domesticar las
fuerzas almacenadas en los vegetales en forma bruta, o algunas
veces en animales como el jaguar, la danta o el colibrí" (p. 142),
"el papel del chamán, como cazador y domesticador de energía, hace
de él un ser temible (s.n.), en tanto que almacena una gran
cantidad de energía asociad a su territorio" (p. 143), "es el
chamán quien, gracias a la adquisición del conocimiento-poder, a
través de las plantas- maestras, actúa como agente social
identificador" (p. 101) (s.n.). En convivencia con las prácticas
del chamanizar camént (como corrigen los nativos de Sibundoy la
grafía kamsá, de acuerdo con las investigaciones lingüísticas) he
podido observar potencialidades totalmente diferentes. En primer
lugar no existe una homogeneidad tal que permita pensar en un
"modelo" del chamanismo de Sibundoy, cada chamán ejerce una
voluntad de potencia que lo diferencia de cualquier otro, aún de
sus maestros, sean estos del Alto o Bajo Putumayo. Al activarse en
voluntad de potencia (concepto tomado de Nietzsche y Deleuze),
quien aprende a chamanizar no domestica ni sedentariza la energía
que existe naturada en las plantas de saber, por el contrario se
nomadiza en ellas para fluir en la multiplicidad de su devenir.
Cultivar estas plantas en sentido chamanístico no implica
"domesticar las fuerzas almacenadas en los vegetales en forma
bruta". Si hay algo en estado "bruto" o "salvaje" es tal vez la
inteligencia de quien no se ha iniciado en el arte del saber
chamanístico; pero no por ello el chamán es "un ser temible", él no
es un hombre de poder -no ejerce ningún poder coercitivo ni ninguna
voluntad de saber- y por tanto. no es un "agente social
identificador", es más bien quien deconstruye cualquier intento de
identificación que ate los cuerpos a una enférmedad, a un maleficio
o a una patología. Cultivar las plantas de uso chamanístico es
devenir en "energía-saber" al cultivarse en ellas, de tal manera
que el chamán no domestica la "energía bruta" de las plantas para
"transformarlas en energía-saber" sino que las plantas se avienen
con él para desedentarizarlo.
Nos encontramos acá, justo con estos textos, con el concepto
antropocéntrico de la modernidad -"el hombre es la medida de todas
las cosas"-, de la "humanización de la selva" plenamente ligado al
imperio significante de las oposiciones naturaleza/cultura,
verdadero/falso y de los paradigmas historia-memoria. Ya hace rato
que el chamán yaqui Don Juan Matos precisó que la práctica
chamanística aparta de sí la "historia personal", cualquier
historia de identidad cultural, toda memoria.
Si existe una actitud política en el proceso chamanistico que se
gesta en las "redes" amazónicas consiste justamente en ser
pre-indivi dual y pre-subjetivo, sin pretensiones de crear o
"construir" ningún sujeto "individual" o "colectivo", todo lo
contrario a lo afirmado por los autores en la página 76. Aprender a
chamanizar es desdibujarse de cualquier identidad y devenir por una
y otra trocha en las múltiples planicies rizomórficas que ofrecen
las "redes" de saber chamanístico que se han gestado y son
ofrecidas para quienes desean inciarse en esta práctica
experimental, por quienes han encontrado una u otra "especialidad",
como lo señala Chaumeil.
|WILLIAM TORRES C.
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