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INDICE
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LOS MACUNA EN LA
HISTORIA CULTURAL DEL AMAZONAS
|KAJ ÁRHEM
Profesor visitante, Universidad Nacional
Cuando Francisco de Orellana como primer europeo navegaba, en 1542,
río abajo del Amazonas, se sorprendió de los muchos, ricos y
densamente poblados caseríos indígenas que existían a lo largo del
río. Su cronista, el prelado Gaspar de Carvajal, cuenta que pasaban
una gran cantidad de poderosos cacicazgos -los que él llama unas
veces estados, otras reinos o naciones-
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. Omagua, Panagua, Tupinamba y Tapajos son
algunos de los cacicazgos nombrados por él. Sobre el jefe de los
omagua, cuenta Carvajal, que se le consideraba como divino por sus
súbditos y que su autoridad se extendía alrededor de 500 kilómetros
a lo largo del Amazonas abajo de la desembocadura del río Napo.
Carvajal describe la tierra que bordea el río como muy fértil. En
las poblaciones había abundancia de maíz, yuca, batata, maní,
diversas clases de frutas, carne ahumada y pescado seco. Le
impresionó especialmente a los españoles la bella cerámica
esmaltada que Carvajal comparó con los más finos objetos españoles
y romanos.
Río abajo Orellana y sus hombres pasaron una aldea Panagua, la cual
se extendía casi diez kilómetros a lo largo del río. En otros
pueblos había fortificaciones con palizadas de troncos y
construcciones en madera que semejaban templos con altares tallados
en forma de jaguares. Abajo de la desembocadura del río Negro la
expedición se encontró con los belicosos tupinamba quienes
infatigablemente atacaron a los hombres de Orellana con flotillas
de canoas de guerra. Una de esas flotillas contaba con más de 200
canoas, cada una con 20 a 30 hombres. Carvajal describe también
cómo las empalizadas alrededor de los pueblos tupinamba se
adornaban con hileras de calaveras de enemigos muertos.
Los anteriores no son sino detalles de la crónica de Carvajal
que nos dan sin embargo una idea de las culturas que Orellana y sus
hombres encontraron a lo largo del gran río. Otros cronistas
completan el cuadro. Don Pedro de Ursua, quien en 1560 viajó río
abajo del Amazonas, nombra pueblos de más de mil habitantes
(Hemming, 1978). Escasos cien años después, en 1640, escribe el
padre Cristóbal de Acuña que el valle del río Amazonas era tan
densamente poblado y las aldeas tan cercanas unas de las otras que
"en muchas de ellas se oyen labrar los palos en las otras, sin que
vecindad tanta les obligue a hacer paces, conservando perpetuamente
continuas guerras..." (Relaciones... 1942). Cerca de la
desembocadura del Tapajos, uno de los mayores afluentes del
Amazonas, sumó el padre Acuña más de 500 familias en una sola
aldea. Su crónica, como la de Carvajal, abunda en observaciones
sobre actividades guerreras entre los diferentes grupos y anota que
existe gran cantidad de presos de guerra y esclavos.
Estos tempranos relatos sobre grandes cacicazgos guerreros,
poblando el valle del Amazonas, han sido comprobados con
investigaciones históricas y arqueológicas. Hoy es generalmente
aceptado que en los tiempos de la conquista del Amazonas -y aún
mucho antes- existieron cacicazgos centralizados y estratificados a
lo largo del río Amazonas y de sus principales afluentes. Cada uno
de estos cacicazgos formaba una federación de aldeas bajo un
cacique supremo
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2
Se
calcula que en los caceríos de los cacicazgos más poderosos como
los Omagua, Tupinamba y Tapajos pudo haber entre dos y diez mil
habitantes. En la cima de la jerarquía había una clase
aristocrática a la cual pertenecía el jefe supremo. Sacerdotes,
chamanes y guerreros formaron otros estratos sociales, y en la más
baja capa de la escala estaban los esclavos y los prisioneros de
guerra Estos cacicazgos fueron notablemente belicosos y expansivos.
Se estima, por ejemplo, que el jefe supremo de los Tapajos tuvo un
ejército de más de 60 mil guerreros.
La compleja organización política y religiosa de estos
cacicazgos se apoyaba en una economía basada en cultivo intensivo
de maíz y yuca, en caza y pesca, y avanzados métodos de preparación
y almacenamiento de los excedentes de la producción. Las artesanías
estaban muy bien desarrolladas y se mantuvo un organizado comercio
de cerámicas decoradas, telas y armas. Parece, además, que
existieron centros de mercado en distintos puntos a lo largo del
río Amazonas.
La religión y los especialistas religiosos -sacerdotes y
chamanes- desempeñaban un importante papel en estas culturas. Se
celebraron regularmente grandes ceremonias, las cuales contribuían
a la unión de las dispersas aldeas. El poder del jefe supremo se
legitimaba por medio de la mitología religiosa que a su vez se
dramatizaba en las ceremonias colectivas. La existencia de
imponentes templos, monumentales sepulcros, jefes momificados y
figurines pintados, representando dioses o antepasados
aristocráticos, ha sido comprobada por hallazgos arqueológicos e
investigación histórica.
Panorama de la historia cultural
del Amazonas
A pesar de que arqueólogos, historiadores y antropólogos están
de acuerdo con la existencia de complejas y ricas culturas en el
Amazonas durante la época de la Conquista, no están sin embargo de
acuerdo en su origen y desarrollo. Hasta los años 1970 se suponía
que culturas como las descritas en las primeras crónicas no se
pudieron haber desarrollado por sí mismas en el Amazonas. Se
argumentaba que el ambiente del bosque tropical no era propicio
para el desarrollo de grandes cacicazgos.
El primer intento serio de trazar el desarrollo cultural del
Amazonas lo hizo Steward (1949). Partiendo de una perspectiva
ecológico-cultural y del material etnográfico existente anotó que
el área del Amazonas estaba dominada por un tipo de cultura
homogénea la cual él llamó "cultura de selva tropical". Este tipo
de cultura -la única que ha sobrevivido hasta nuestros días- se
caracteriza por pequeños asentamientos dispersos y móviles, una
economía rudimentaria basada en cultivo extensivo y una
organización política igualitaria sin liderazgo central. Steward
consideraba la cultura de selva tropical como una adaptación óptima
a las condiciones y limitaciones existentes en el ambiente
selvático. Bajo esta perspectiva los cacicazgos precolombinos en el
Amazonas se presentaban como excepciones de la típica cultura de
selva tropical. Por esta razón Steward arguyó que dichas culturas
deberían tener su origen en las avanzadas culturas andinas y
circuncaribes; consideró los históricos cacicazgos en el valle del
río Amazonas como resultado de tempranas influencias de esas
civilizaciones (véase Herrera, 1987).
Esta visión preliminar de la evolución cultural del Amazonas, se
ha modificado radicalmente en las últimas décadas debido a los
avances en las investigaciones ecológicas, antropológicas y
arqueológicas. Meggers (1971) y Lathrap (1970), entre otros, han
demostrado que el área del Amazonas no se puede considerar como una
unidad ambiental sino que contiene diversas zonas ecológicas con
diferentes potenciales de subsistencia y por lo tanto diferentes
condiciones para el desarrollo cultural. La más importante de las
distinciones ecológicas en el Amazonas es la diferenciación entre
selva inundable (varzea) y bosque interfluvial (tierra firme). La
mayor parte del área del Amazonas, 95% aproximadamente, está
compuesta por bosque interfiuvial, el cual se caracteriza por
suelos pobres y un bajo nivel de nutrientes en los ríos. Los
nutrientes que se encuentran en el bosque interfiuvial están
principalmente ligados a la exuberante vegetación.
Las áreas inundables comprenden los valles a lo largo del río
Amazonas y sus mayores afluentes -en total tan sólo un 5% del área
amazónica-. Estas tierras son, en cambio, muy fértiles y apropiadas
para una agricultura intensiva. Debido a la gran riqueza
nutricional que en su cauce llevan los ríos desde los Andes, son
estas aguas abundantes en peces y otros animales acuáticos como
tortuga, manatí y caimán. Por la misma razón, la fauna terrestre es
notoriamente rica. La selva inundable tiene, por tanto, un
potencial significativamente más alto de subsistencia que el bosque
interfiuvial.
El concepto dominante hoy día sobre la evolución de las culturas
Amazónicas es que el área fue poblada desde el norte por grupos
nómadas de cazadores y recolectores en el período 12000-10000 a.
C., cuando el clima era significativamente más seco que el actual,
y grandes áreas de lo que hoy es selva probablemente eran sabanas
(Lathrap, 1970; Meggers, 1971, 1988; Cameiro, 1988). En los
siguientes milenios el clima se tomó más húmedo y la selva se
extendió. Los nómadas, cazadores y recolecto res de la zona
interfiuvial pasaron gradualmente a depender de la pesca y de la
agricultura; fue durante ese tiempo que la cultura de la selva
tropical se desarrolló. Las márgenes de los rí os se poblaron de
agricultores y pescadores que se expandieron desde la desembocadura
hacia el curso medio y alto del río Amazonas. Alrededor de 3000
años a. C. el cultivo de la yuca ya se había establecido en toda el
área. Durante el primer milenio a. C. la diferenciación cultural
entre el área interfiuvial y la selva inundable se hizo palpable.
En el bosque interfiuvial se estableció la clásica cultura de selva
tropical como una adaptación a la baja potencialidad de
subsistencia.
En el bajo Amazonas, desde su confluencia con el río Negro hasta
la desembocadura, se desarrollaron los cacicazgos encontrados por
los primeros cronistas españoles y portugueses. Alcanzaron estas
culturas su nivel más alto entre 500 a. C. y 1500 d. C. Bajo las
propicias condiciones ecológicas del valle amazónico la población
aumentó y la economía se intensificó. En la medida que la población
iba aumentando y poblando el valle del río Amazonas y sus
afluentes, hubo una serie de migraciones masivas. La expansión de
los grupos más poderosos a lo largo de los ríos tuvo consecuencias
para toda la población amazónica. Los grupos débiles fueron
empujados hacia las tierras interfluviales, mientras que los grupos
que ya habitaban la zona interfluvial fueron a su vez desplazados
hacia lugares aún más inhóspitos y lejos de las ricas áreas
ribereñas. Probablemente las guerras que los cronistas mencionan
fueron una consecuencia de esta lucha por la tierra fértil en el
valle del bajo y medio Amazonas.
Basados en este breve esbozo de la historia cultural del
Amazonas podemos entender mejor la situación de las culturas
indígenas que lograron sobrevivir al encuentro destructivo con la
civilización iberoamericana. Una mirada más cercana a una de las
culturas actuales nos permite además enriquecer y concretar nuestro
cuadro esquemático de la evolución cultural en el Amazonás.
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La crónica de Carvajal es hábilmente editada y comentada por J.
T. Medina (1934). Un breve resumen de la crónica esta en Hemming
(1978: 188-197).
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Este resumen de los cacicazgos amazónicos está basado en
Roosevelt (1987).
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