Ficha bibliográfica
Titulo:
Los Macuna en la historia cultural del Amazonas
Edición original: 2003-08-27
Edición en la biblioteca virtual: 2003-08-27
Creador: Kaj Árhem




INDICE




LOS MACUNA EN LA HISTORIA CULTURAL DEL AMAZONAS


|KAJ ÁRHEM
Profesor visitante, Universidad Nacional

 

 


Cuando Francisco de Orellana como primer europeo navegaba, en 1542, río abajo del Amazonas, se sorprendió de los muchos, ricos y densamente poblados caseríos indígenas que existían a lo largo del río. Su cronista, el prelado Gaspar de Carvajal, cuenta que pasaban una gran cantidad de poderosos cacicazgos -los que él llama unas veces estados, otras reinos o naciones- | 1 . Omagua, Panagua, Tupinamba y Tapajos son algunos de los cacicazgos nombrados por él. Sobre el jefe de los omagua, cuenta Carvajal, que se le consideraba como divino por sus súbditos y que su autoridad se extendía alrededor de 500 kilómetros a lo largo del Amazonas abajo de la desembocadura del río Napo. Carvajal describe la tierra que bordea el río como muy fértil. En las poblaciones había abundancia de maíz, yuca, batata, maní, diversas clases de frutas, carne ahumada y pescado seco. Le impresionó especialmente a los españoles la bella cerámica esmaltada que Carvajal comparó con los más finos objetos españoles y romanos.
Río abajo Orellana y sus hombres pasaron una aldea Panagua, la cual se extendía casi diez kilómetros a lo largo del río. En otros pueblos había fortificaciones con palizadas de troncos y construcciones en madera que semejaban templos con altares tallados en forma de jaguares. Abajo de la desembocadura del río Negro la expedición se encontró con los belicosos tupinamba quienes infatigablemente atacaron a los hombres de Orellana con flotillas de canoas de guerra. Una de esas flotillas contaba con más de 200 canoas, cada una con 20 a 30 hombres. Carvajal describe también cómo las empalizadas alrededor de los pueblos tupinamba se adornaban con hileras de calaveras de enemigos muertos.

Los anteriores no son sino detalles de la crónica de Carvajal que nos dan sin embargo una idea de las culturas que Orellana y sus hombres encontraron a lo largo del gran río. Otros cronistas completan el cuadro. Don Pedro de Ursua, quien en 1560 viajó río abajo del Amazonas, nombra pueblos de más de mil habitantes (Hemming, 1978). Escasos cien años después, en 1640, escribe el padre Cristóbal de Acuña que el valle del río Amazonas era tan densamente poblado y las aldeas tan cercanas unas de las otras que "en muchas de ellas se oyen labrar los palos en las otras, sin que vecindad tanta les obligue a hacer paces, conservando perpetuamente continuas guerras..." (Relaciones... 1942). Cerca de la desembocadura del Tapajos, uno de los mayores afluentes del Amazonas, sumó el padre Acuña más de 500 familias en una sola aldea. Su crónica, como la de Carvajal, abunda en observaciones sobre actividades guerreras entre los diferentes grupos y anota que existe gran cantidad de presos de guerra y esclavos.

Estos tempranos relatos sobre grandes cacicazgos guerreros, poblando el valle del Amazonas, han sido comprobados con investigaciones históricas y arqueológicas. Hoy es generalmente aceptado que en los tiempos de la conquista del Amazonas -y aún mucho antes- existieron cacicazgos centralizados y estratificados a lo largo del río Amazonas y de sus principales afluentes. Cada uno de estos cacicazgos formaba una federación de aldeas bajo un cacique supremo | 2 Se calcula que en los caceríos de los cacicazgos más poderosos como los Omagua, Tupinamba y Tapajos pudo haber entre dos y diez mil habitantes. En la cima de la jerarquía había una clase aristocrática a la cual pertenecía el jefe supremo. Sacerdotes, chamanes y guerreros formaron otros estratos sociales, y en la más baja capa de la escala estaban los esclavos y los prisioneros de guerra Estos cacicazgos fueron notablemente belicosos y expansivos. Se estima, por ejemplo, que el jefe supremo de los Tapajos tuvo un ejército de más de 60 mil guerreros.

La compleja organización política y religiosa de estos cacicazgos se apoyaba en una economía basada en cultivo intensivo de maíz y yuca, en caza y pesca, y avanzados métodos de preparación y almacenamiento de los excedentes de la producción. Las artesanías estaban muy bien desarrolladas y se mantuvo un organizado comercio de cerámicas decoradas, telas y armas. Parece, además, que existieron centros de mercado en distintos puntos a lo largo del río Amazonas.

La religión y los especialistas religiosos -sacerdotes y chamanes- desempeñaban un importante papel en estas culturas. Se celebraron regularmente grandes ceremonias, las cuales contribuían a la unión de las dispersas aldeas. El poder del jefe supremo se legitimaba por medio de la mitología religiosa que a su vez se dramatizaba en las ceremonias colectivas. La existencia de imponentes templos, monumentales sepulcros, jefes momificados y figurines pintados, representando dioses o antepasados aristocráticos, ha sido comprobada por hallazgos arqueológicos e investigación histórica.

Panorama de la historia cultural del Amazonas

A pesar de que arqueólogos, historiadores y antropólogos están de acuerdo con la existencia de complejas y ricas culturas en el Amazonas durante la época de la Conquista, no están sin embargo de acuerdo en su origen y desarrollo. Hasta los años 1970 se suponía que culturas como las descritas en las primeras crónicas no se pudieron haber desarrollado por sí mismas en el Amazonas. Se argumentaba que el ambiente del bosque tropical no era propicio para el desarrollo de grandes cacicazgos.

El primer intento serio de trazar el desarrollo cultural del Amazonas lo hizo Steward (1949). Partiendo de una perspectiva ecológico-cultural y del material etnográfico existente anotó que el área del Amazonas estaba dominada por un tipo de cultura homogénea la cual él llamó "cultura de selva tropical". Este tipo de cultura -la única que ha sobrevivido hasta nuestros días- se caracteriza por pequeños asentamientos dispersos y móviles, una economía rudimentaria basada en cultivo extensivo y una organización política igualitaria sin liderazgo central. Steward consideraba la cultura de selva tropical como una adaptación óptima a las condiciones y limitaciones existentes en el ambiente selvático. Bajo esta perspectiva los cacicazgos precolombinos en el Amazonas se presentaban como excepciones de la típica cultura de selva tropical. Por esta razón Steward arguyó que dichas culturas deberían tener su origen en las avanzadas culturas andinas y circuncaribes; consideró los históricos cacicazgos en el valle del río Amazonas como resultado de tempranas influencias de esas civilizaciones (véase Herrera, 1987).

Esta visión preliminar de la evolución cultural del Amazonas, se ha modificado radicalmente en las últimas décadas debido a los avances en las investigaciones ecológicas, antropológicas y arqueológicas. Meggers (1971) y Lathrap (1970), entre otros, han demostrado que el área del Amazonas no se puede considerar como una unidad ambiental sino que contiene diversas zonas ecológicas con diferentes potenciales de subsistencia y por lo tanto diferentes condiciones para el desarrollo cultural. La más importante de las distinciones ecológicas en el Amazonas es la diferenciación entre selva inundable (varzea) y bosque interfluvial (tierra firme). La mayor parte del área del Amazonas, 95% aproximadamente, está compuesta por bosque interfiuvial, el cual se caracteriza por suelos pobres y un bajo nivel de nutrientes en los ríos. Los nutrientes que se encuentran en el bosque interfiuvial están principalmente ligados a la exuberante vegetación.

Las áreas inundables comprenden los valles a lo largo del río Amazonas y sus mayores afluentes -en total tan sólo un 5% del área amazónica-. Estas tierras son, en cambio, muy fértiles y apropiadas para una agricultura intensiva. Debido a la gran riqueza nutricional que en su cauce llevan los ríos desde los Andes, son estas aguas abundantes en peces y otros animales acuáticos como tortuga, manatí y caimán. Por la misma razón, la fauna terrestre es notoriamente rica. La selva inundable tiene, por tanto, un potencial significativamente más alto de subsistencia que el bosque interfiuvial.

El concepto dominante hoy día sobre la evolución de las culturas Amazónicas es que el área fue poblada desde el norte por grupos nómadas de cazadores y recolectores en el período 12000-10000 a. C., cuando el clima era significativamente más seco que el actual, y grandes áreas de lo que hoy es selva probablemente eran sabanas (Lathrap, 1970; Meggers, 1971, 1988; Cameiro, 1988). En los siguientes milenios el clima se tomó más húmedo y la selva se extendió. Los nómadas, cazadores y recolecto res de la zona interfiuvial pasaron gradualmente a depender de la pesca y de la agricultura; fue durante ese tiempo que la cultura de la selva tropical se desarrolló. Las márgenes de los rí os se poblaron de agricultores y pescadores que se expandieron desde la desembocadura hacia el curso medio y alto del río Amazonas. Alrededor de 3000 años a. C. el cultivo de la yuca ya se había establecido en toda el área. Durante el primer milenio a. C. la diferenciación cultural entre el área interfiuvial y la selva inundable se hizo palpable. En el bosque interfiuvial se estableció la clásica cultura de selva tropical como una adaptación a la baja potencialidad de subsistencia.

En el bajo Amazonas, desde su confluencia con el río Negro hasta la desembocadura, se desarrollaron los cacicazgos encontrados por los primeros cronistas españoles y portugueses. Alcanzaron estas culturas su nivel más alto entre 500 a. C. y 1500 d. C. Bajo las propicias condiciones ecológicas del valle amazónico la población aumentó y la economía se intensificó. En la medida que la población iba aumentando y poblando el valle del río Amazonas y sus afluentes, hubo una serie de migraciones masivas. La expansión de los grupos más poderosos a lo largo de los ríos tuvo consecuencias para toda la población amazónica. Los grupos débiles fueron empujados hacia las tierras interfluviales, mientras que los grupos que ya habitaban la zona interfluvial fueron a su vez desplazados hacia lugares aún más inhóspitos y lejos de las ricas áreas ribereñas. Probablemente las guerras que los cronistas mencionan fueron una consecuencia de esta lucha por la tierra fértil en el valle del bajo y medio Amazonas.

Basados en este breve esbozo de la historia cultural del Amazonas podemos entender mejor la situación de las culturas indígenas que lograron sobrevivir al encuentro destructivo con la civilización iberoamericana. Una mirada más cercana a una de las culturas actuales nos permite además enriquecer y concretar nuestro cuadro esquemático de la evolución cultural en el Amazonás.

1 La crónica de Carvajal es hábilmente editada y comentada por J. T. Medina (1934). Un breve resumen de la crónica esta en Hemming (1978: 188-197).
2 Este resumen de los cacicazgos amazónicos está basado en Roosevelt (1987).

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