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INDICE
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El debate continuado sobre la
estratificación cultural en América
Las ideas de Nordenskiöld acerca de una cultura básica americana
que poco a poco fue perdiendo fuerza por sucesos posteriores, ante
todo en áreas donde la cultura agraria se había instalado, tuvieron
mucho eco en la discusión etnológica. Hasta entonces, la historia
cultural en América había sido discutida en forma general. Franz
Bozas por ejemplo, quien en 1911, delante de la New York Academy of
Sciences, había presentado un resumen de "The History of the
American Race", se contentaba con constataciones vagas y él mismo
caracterizó su exposición como un "delgado tejido de hipótesis"
(Boas, 1948: 330). Dos años más tarde, Wilhelm Schmidt publicó un
artículo más o menos extenso sobre los estratos culturales en
Suramérica (Schmidt, 1913). Presentó allá una teoría completamente
imposible. Basándose en Graebner suponía círculos culturales fijos
según un modelo europeo establecido, imponiendo de ese modo datos
etnográficos del Viejo Mundo al Nuevo. El material etnográfico de
Suramérica simplemente no coincidía con el contenido de los
círculos culturales.
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El joven barón Nordenskiöld
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El año anterior, Nordenskiöld por primera vez delante de un público
internacional, había expuesto su teoría sobre la estratificación
cultural de América en un artículo en la revista de la asociación
americanista francesa (N. 1912). Mientras el artículo de Schmidt
sólo fue bien recibido en países de lengua alemana, las tesis de
Nordenskiöld iban a influir en los americanistas en ambos lados del
Atlántico. Clark Wissler integró el modelo de estratificación
cultural de Nordenskiöld con su esquema sobre el desarrollo
americano precolombino en su conocido "The American Indian"
(Wissler, 1938: 315 y siguientes). El mapa sobre la estratificación
cultural de Wissler en otro trabajo, "The Relation of Nature to Man
in Aboriginal America", perfectamente hubiera podido ser elaborado
por Nordenskiöld (Wissler, 1926: 206). Kroeber aceptó la
reconstrucción de Nordenskiöld de la historia cultural de América
cuando mencionó "the biperipheral ocurrence of traits... first
noted by the famous Swedish, distribution ethnologist, Nordenskiöld
(Kroeber, 1948: 781). Es interesante notar que el resumen histórico
de Kroeber de la cultura indígena en California revela que
Nordenskiöld había sido su fuente de inspiración (Kroeber,
1923).
Varios de los siguientes escritores antropólogos examinaban con
cuidado los análisis de Nordenski6ld de los estratos culturales,
ampliando su lista de elementos y también su perspectiva. Sólo un
investigador de prestigio adoptó una actitud crítica aunque siguió
la técnica del maestro, lo que luego veremos.
Primero podemos mencionar a Edwin M. Loeb, un investigador
californiano influenciado por las teorías sobre círculos culturales
de la escuela de Viena. Sus comparaciones entre los ritos de
pubertad entre los californianos del Norte y del Centro y los
pueblos de la Tierra del Fuego hubieran podido confirmar las
teorías de Nordenski6ld si no hubieran sido tan inconsistentes. El
autor cambia sus conclusiones de un trabajo a otro (Loeb, 1929,
1931). Detrás de sus opiniones se entrevén tanto la cultura básica
de Nordenskiöld como la cultura ancestral de Schmidt. Los paralelos
entre California, la Tierra del Fuego y el Gran Chaco han sido
posteriormente ampliados por escritores como von Hornbostel, Lowie
y Métraux. Erich von Hornbostel, conocido musicólogo, ha mostrado
cómo un peculiar, aislado estilo de música existe tanto entre los
habitantes de la Tierra del Fuego y de Patagonia como entre los
indígenas en el Sur de California (von Hombostel, 1936). Robert
Lowie contribuye con mitos que son prácticamente idénticos en la
Tierra del Fuego y en California y otras partes de Norteamérica,
como el mito de los hermanos divinos de los cuales el uno es amigo
de la humanidad, mientras el otro entre otras cosas es el
responsable de la aparición de la Muerte. Otro mito que es común
para ambas regiones, trata "el padre lascivo" que engaña a sus
hijas para que tengan una relación sexual con él. Lowie anota, que
"los detalles coinciden tan llamativamente que exigen una
explicación". (Lowie, 1937: 194 y siguiente; Lowie, 1940: 422).
Alfred Métraux ha documentado, igualmente, analogías en el folclore
entre Gran Chaco y Norteamérica (Métraux, 1939).
En su último trabajo de envergadura, Nordenskiöld pudo enumerar
64 elementos culturales comunes para Norteamérica y el sur y el
occidente de Suramérica (N. 1931: 7-9, tabla 1; comparar N. 1933).
En su artículo magistral sobre conexiones prehistóricas entre
Norteamérica y Suramérica, el conocido americanista alemán Walter
Krickeberg opinaba acerca de esta lista de elementos (Krickeberg,
1935). Claro que la exposición de Krickeberg no estaba enfocada
sobre el sur de Suramérica, sin embargo discutía detalladamente
elementos arcaicos culturales de ambos continentes y en este
contexto hizo referencia a Nordenskiöld. En general aceptaba las
conclusiones de él, pero objetaba -demasiado dogmático a mi
parecer- que elementos como sandalias, sonajas y escalpos,
pertenecen a la cultura agraria que seguía a la cultura de
cazadores y recolectores. En cuanto a los demás elementos
culturales nombrados por Nordenskiöld Krickeberg corregía su
significado en algunos casos. Anotaba por ejemplo que el "toldo"
(carpa que resiste el viento) de Patagonia no equivalía al "tipi"
(carpa cónica de la pampa), sino a las construcciones estilo carpa
y choza de los athapaskos del norte y los esquimales. Al mismo
tiempo añadió una veintena de elementos diacrónicos, entre ellos la
choza cónica, la gorra trenzada semiesférica, la caza por
acorralamiento, la honda de piedra (comparar la bola de la pampa) y
el barco de cuero. Las opiniones de Krickeberg fueron
infortunadamente demasiado influenciadas por el pensamiento cliché
europeo de la época: la edad de los elementos se fijó mediante
referencias a construcciones como cultura totémica y cultura de
caza sobre nieve. Esta actitud contrasta llamativamente contra el
proceder adogmático y empírico de Nordenskiöld y su afán continuo
de eliminar todos los elementos sospechosos de converger en el
norte y en el sur a causa de un ambiente natural parecido.
Un investigador que más cautelosamente seguía los pasos de
Nordenskiöld era John M. Cooper, conocedor de los pueblos
marginales tanto en Norteamérica como en Suramérica. En un artículo
sobre el desarrollo cultural en Suramérica alababa la perspicacia y
la moderación de Nordenskiöld (Cooper, 1942: 27). Sin embargo tenía
objeciones que hacer contra parte de la selección de Nordenskiöld
de elementos culturales: ropa de cuero y casas de tablas no son lo
suficientemente específicos; pueden haber sido estimulados por los
recursos naturales, y la práctica de escalpar, y sandalias pueden
haber sido traídas mediante difusión de las culturas agrarias
(Cooper, 1942: 25). Cooper amplió la lista de rasgos culturales de
importancia con una veintena de casos, incluyendo, entre otras
cosas, el uso de ceniza o carbón en los ritos de pubertad de las
jóvenes, adivinación mediante bola de cristal, saludos mediante
llanto, incensación en los cuatro puntos cardinales, ceremonias de
animales (exposición de los huesos de la caza muerta para su
resurrección), vagina dentada y otros temas del folclore (Cooper,
1941: 11).
Cooper cambió el enfoque hacia Eurasia: pudo comprobar que
cierto número de los fenómenos culturales "biperiféricos" (para
utilizar la terminología de Kroeber) también se había dado a lo
largo de la taiga eurasiática en Siberia y en el norte de Europa, y
por lo tanto podía atribuirse una edad paleolítica considerable.
Como ejemplo menciona el juego del tiro de aros y tatuajes con
hilos (Cooper, 1942: 26). Ciertos elementos culturales
antiquísimos, como el culto al oso, tienen exclusivamente una
extensión circumpolar y no se encuentran en Suramérica; Cooper.
relaciona esto con el hecho de que el único oso suramericano se
encuentre lejos de las regiones de los pueblos marginales (Cooper,
1946: 298).
Cooper supone que los elementos "biperiféricos" que no se han
encontrado en Eurasia, han sido creados en América (Cooper, 1946:
300).
No vamos a comentar aquí si las conclusiones de Cooper, unidas a
una teoría suya sobre secuencias temporales, son correctas o no; no
estoy totalmente de acuerdo con su argumentación, pero prefiero no
desarrollar este tema aquí. El objetivo no ha sido otro que mostrar
que Cooper es un discípulo fervoroso de Nordenskiöld, y que, lo
mismo que Nordenskiöld, subraya la comunicación cultural con el
norte de Eurasia. Con ello se cimienta una nueva y moderna
perspectiva de conjunto del resultado investigativo de
Nordenskiöld. Cooper mismo constata que el tratamiento más
competente de la cuestión de la relación entre el Viejo y el Nuevo
Mundo ha sido dado por Erland Nordenskiöld.
La crítica ecológico-cultural
Como hemos mencionado, Nordenskiöld era muy consciente de que
las influencias de la naturaleza pueden transformar la cultura y
crear similitudes entre elementos culturales que se encuentran muy
distanciados pero que tienen la misma función. Por eso no tenía
inconveniente en considerar muchos rasgos culturales parecidos en
Norteamérica y Suramérica como surgidos independientemente por la
convergencia que un ambiente natural parecido puede fomentar. A
pesar de ello, Nordenskiöld fue objeto de cierta crítica de parte
de la ecología cultural que se hacía fuerte en los años cuarenta y
cincuenta.
Su más importante abanderado fue Julián H. Steward, que en el
curso de los años cuarenta, publicó la gran obra "Handbook of South
American Indians". En su panorama final de la historia de las
culturas sudamericanas, en el quinto volumen de la obra, Steward
reaccionó contra los representantes de soluciones difusionistas en
el análisis cultural (Steward, 1949: 742 y siguiente). Acusa a
estos investigadores de no haber estado dispuestos a aceptar el
talento inventivo de los indígenas -una acusación que sería injusto
dirigir a Nordenski6ld-. Steward contrapone la hipótesis de
"age-and-area" de Wissler, Sapir y Kroeber, y los estudios
asociados a ella sobre secuencias arqueológicas al modo
ecológico-cultural de trabajar. Afirma, pues, que a través de la
hipótesis de "age-and-area" sólo se puede definir la difusión
histórica de detalles como ornamentos, ciertos fenómenos materiales
y sociales y datos rituales. En cambio, sólo se puede captar la
aparición de modelos socio-políticos mediante métodos como los
ecológico-culturales.
Ahora, esto no significa que Steward, un alumno de Kroeber, en
todos respectos niega el mecanismo de la difusión cuando se
encuentra delante de un caso particular. Es cierto que en general
rechaza las posibilidades de contactos transpacíficos, aunque
algunos casos llamativos han encontrado su aprobación. De hecho
puede dar cierto reconocimiento al método de Nordenskiöld: "Los
pueblos (en Suramérica) más allá del límite de la agricultura,
quedaron marginados y mantuvieron sus culturas relativamente
primitivas que -aunque nunca parecidas a la cultura introducida por
los primeros inmigrantes- fueron comparables con ella en cuanto a
sencillez general" (Steward, 1949: 749).
La aversión de Steward contra las hipótesis históricas se deberá
en gran parte a su actitud científica escéptica y en parte a que
vientos antihistóricos habían empezado a soplar en los EE.UU. en
aquella época. Steward reemplazó la historia con la adaptación
ecológico-cultural, lo que fue una lástima, porque ambas
perspectivas tienen su justificación. Lo mismo que no hace falta
suponer que difusión y evolución se sustituyen, como Tylor ya
convincentemente demostró; tampoco se excluyen la difusión y la
ecología cultural. Nordenski6ld lo demostró cuando en una forma
sobria y objetiva distinguía entre similitudes históricas y
ecológicas al comparar datos etnográficos norteamericanos y
suramericanos.
No fue solamente la perspectiva histórica la que Steward
encontró anticuada en la forma que Nordenskiöld, Krickeberg y
Cooper la habían presentado. Tenía también muchos reparos que hacer
en cuanto a los detalles en la metodología utilizada por aquellos
investigadores. Sólo con reservas podía aceptar algunos de los
resultados de su investigación.
Presentó los siguientes puntos de vista críticos
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1. Las tribus llamadas marginales en Norte y Suramérica se
parecen más por su falta de elementos culturales que se encuentran
en culturas más avanzadas, que por unos rasgos culturales aislados
en común.
Este es sin embargo un punto de vista relativamente trivial que
no nos permite cuestionar el programa de investigación de
Nordenskiöld.
2. Una serie de elementos culturales de los grupos marginales se
encuentran también en culturas americanas más avanzadas. Así es,
ciertamente, pero otra vez: esto no influye en nuestro juicio de
las teorías de Nordenskiöld
3. Los casos de lo que Steward llama "split distribution"
(distribución dividida) tienden a reunirse en ciertos grupos
marginales.
Nordenskiöld estaba muy consciente de esto. Es difícil imaginar
que este hecho afectara su idea sobre el desarrollo cultural.
4. La organización sociopolítica de las tribus marginales
demuestra más bien una adaptación ecológica que "survivals" de una
temprana prehistoria americana.
Esto puede ser cierto, pero no tiene nada que ver con la lista
de Nordenskiöld de elementos culturales.
5. Algunos datos que se presentan como productos de distribución
dividida pueden haber aparecido espontáneamente como respuesta a
necesidades ambientales ("environmental needs").
Esto ha sido también resaltado por Cooper (ver atrás).
Nordenskiöld obviamente consciente de tales casos, ha evitado,
mayormente, incluir ésos datos dudosos en su lista.
6. Algunos elementos pueden haberse desarrollado dentro de la
cultura agricultora y luego difundido fuera de sus límites, y más
tarde sustituido dentro de la región agricultora por otros
elementos culturales; Steward menciona como ejemplo canastas
trenzadas en espiral.
Este tipo de casos es muy especial. La objeción de Steward puede
hacerse naturalmente, pero no puede tener una aplicación general
eficaz.
7. La terminología utilizada para los elementos de la cultura
básica, "arcaica", "preagricultora" y "temprana", son demasiado
generales y vagos tratándose de un espacio de tiempo con una
envergadura de 15.000 años.
Aquí no estoy de acuerdo con Steward. Las épocas prehistóricas
muchas veces no pueden ser mejor precisadas.
8. Muy pocos de los rasgos culturales mencionados por
Nordenskiöld son representados en todas las tribus marginales.
Sería, según Steward, infundado suponer que hubieran existido
alguna vez en todas partes y luego, inexplicablemente, desaparecido
en muchos sitios.
Pero ¿por qué? Viejos elementos culturales que han perdido su
razón de ser en la cultura actual, tienen la tendencia a
desaparecer.
Steward lanzó lo que él llamó "la hipótesis más fructífera" en
la historia de la civilización americana como una mejora de la
teoría de Nordenskiöld (Steward, 1949: 752). Al mismo tiempo que
acepta que esta historia cultural es sumamente compleja, logra la
siguiente valoración sumaria: la cultura en Suramérica ha llegado
en olas, en parte por la costa y por los Andes, en parte por el
lado oriental del continente. Y luego Steward llega a un concepto
que realmente se acerca al de Nordenski6ld, al presentar una lista
de elementos culturales que se encuentran en parte entre tribus
marginales en Suramérica, en parte entre tribus marginales en
Norteamérica. Steward distingue entre las siguientes tres
agrupaciones:
1. Elementos entre los araucanos: el chamán como travesti,
panderetas, la costumbre de hacer correr al amanecer, en
competencia, a las niñas cuando llegan a la pubertad, y llevar leña
a la casa para encender la lumbre (como en la costa occidental
norteamericana).
2:Elementos entre los indios a orillas del Paraná: mutilación de
dedos como signo de duelo, autotortura clavando trozos de madera a
través de la piel, ayunos para recibir un espíritu de protección
(como, especialmente, en la llanura norteamericana).
3. Elementos dentro del territorio del Chaco: ciertos temas de
la mitología ("trickster; vagina dentada, el robo del fuego), juego
de lanzamiento de aros y juego de dados, arco de música,
escalpamiento.
Este tipo de listas de elementos culturales parece de hecho
confirmar el método y la teoría de Nordenskiöld Es difícil ver que
Steward, a pesar de sus reparos y su desaprobación general, haya
conseguido resultados investigativos divergentes de los de
Nordenskiöld.
La importancia del análisis de la
estratificación cultural de Nordensköld
La discusión alrededor de la documentación de Nordenskiöld sobre
"la distribución dividida" ("split distribution"), se ha colocado
en un segundo plano, por varias razones, durante los últimos
decenios. Por un lado, se ha gastado más energía en excavaciones
arqueológicas y sistematización de sus resultados, por otro ha
dejado de llamar la atención la problemática de la difusión, y
fuera de esto no se ha considerado posible llegar más allá de lo
que Nordenskiöld y sus seguidores han hecho.
Los hallazgos arqueológicos que son de interés en este contexto,
como grabados rupestres y puntas de proyectil, han reforzado más
que debilitado la tesis de Nordenskiöld. En todo caso no existen,
que yo sepa, ningunos hallazgos recientes que la contradigan. Sería
deseable que pudiera realizarse un examen arqueológico del material
reunido a la luz de la teoría de Nordenskiöld.
El poco interés por la difusión de datos culturales es un
reflejo de la posición anti-histórica y anti-humanística de nuestro
tiempo. Es incomprensible cómo sería posible seguir manteniendo
esta actitud y con ello simplemente pasar por alto problemas
básicos dentro de la ciencia. Betty Meggers ha comprendido lo
insostenible de semejante actitud. En un estudio comparativo sobre
las relaciones culturales entre Norteamérica y Suramérica, trata lo
que ella llama "la duplicación de complejos de elementos entre
grupos primitivos que viven en lugares opuestos del Nuevo Mundo"
(Meggers, 1964: 513). Encuentra, que los paralelos son "demasiado
curiosos como para ser el resultado de descubrimientos
independientes y demasiado distanciados para dar la impresión de
ser el resultado de difusión de un centro al otro. Sin embargo
tienen que ser considerados para cualquier teoría consciente sobre
el desarrollo cultural" (Meggers, 1964: 515 y siguiente). Este es
el juicio de un arqueólogo experimentado. Probablemente no se
pueden valorar mejor las contribuciones esenciales de Nordenskiöld
a la investigación de la cultura americana.
En este contexto, Meggers trata otro problema enigmático de
duplicación, las sorprendentes coincidencias entre la curiosa
cultura "pueblo" al suroeste norteamericano y la cultura en el
distrito Valleserrano en el noroeste argentino. Se trata -y así lo
subraya ella- de coincidencias que rayan en identidad, y van de la
construcción de las casas hasta campanas de cobre y figurines de
cerámica. Aquí, sin embargo, se puede contar con las exigencias de
la naturaleza circunstante tanto como con una cultura
históricamente coherente de la época de la alta cultura incipiente:
ambos sitios se encuentran en las afueras de esta cultura
prehistórica. Se puede decir que la problemática de Nordenskiöld en
principio es del mismo tipo, pero las respuestas a las preguntas
son más complicadas.
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Nordenskiöld visto por un indígena
atsahuaca a principios de siglo.
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Ahora, en cuanto a la objeción de que Nordenskiöld llegó hasta
donde fue posible llegar por el camino trazado por él, se puede
decir a modo general, que en principio desde luego fue el pionero,
pero ya nuevos conocimientos arqueológicos y etnográficos
posibilitan en nuestro tiempo complementar lo que él construyó. En
resumidas cuentas se podría precisar la importancia de Nordenskiöld
para la interpretación de la historia cultural de la siguiente
forma:
Primero podemos constatar que su reconstrucción de la
estratificación cultural en América en toda su sencillez es genial.
Naturalmente es incuestionable que Boas y su escuela de
investigadores alemanes construyeron la base para estudios
etnológicos e históricos, pero en la forma metodológica que se
encuentran en Nordenskiöld, tales estudios no se habían realizado.
El primer boceto de Nordenskiöld proviene de 1910; el primer
escrito que llamó la atención internacional de 1912. Con esto se
puede comparar que el libro metodológico de Graebner se publicó en
1911; el estudio de Sapir sobre la perspectiva temporal en la
cultura indígena americana en 1916, y que Wissler no empezó sus
estudiós sóbre difusión hasta 1912. Como hemos visto anteriormente,
nadie ha desaprobado la base metodológica de Nordenskiöld al
señalar los elementos culturales con "difusión dividida". Se ha
modificado la lista de elementos, quitando algunos, añadiendo
otros, pero el método sigue siendo válido.
Los ensayos de Steward de reemplazar el método de Nordenskiöldh
con un método ecológico-cultural no resultaron y Steward terminó
aceptando las teorías de Nordenskiöld (aunque parcialmente con
otros objetivos). Esto era correcto, porque el método
ecológico-cultural -en sí invaluable- tiene otros propósitos y como
método histórico tiene, mirándolo bien, que ser considerado como un
aditamento a métodos etnohistóricos elaborados. Nordenskiöld
trabajó con metodología histórica al mismo tiempo que tomaba en
cuenta lo que hoy dia llamamos contextos ecológicos, aunque no en
la misma extensión que los investigadores actuales.
Segundo: queda claro que mediante las investigaciones de
Nordenskiöld, toda la cultura básica en Norteamérica y Suramérica
se ha relacionado con la cultura circumpolar del Viejo Mundo, la
que es paleolítica en sus fundamentos. El mismo Nordenskic5ld (como
luego Cooper) ponderó este enlace entre el norte de Asia y las
culturas del continente americano muy al sur y muy al norte, al
mismo tiempo que opinaba que muchos de los interesantes rasgos
culturales básicos habían sido inventados en América (sin
difundirse a Asia) (N. 1931: 74, 76). En anteriores escritos he
atestiguado la importancia de los estudios de Nordenskiöld acerca
de la continuidad América-Asia: toda América se muestra en sus
partes más antiguas como un brazo alargado de la cultura
noreuroasiática de cazadores (véase por ejemplo Hultkrantz, 1981:
21 y siguiente).
Investigaciones más recientes acerca de la inmigración indígena
en América parecen fundamentar las premisas históricas de
Nordenskiöld James Hester por ejemplo ha demostrado cómo los
primeros colonos en Suramérica se han concentrado en las comarcas
en las cuales Nordenskiöld encontraba sus rasgos culturales
arcaicos (Hester, 1973: Figura 3). Y Alan Bryan, recientemente, ha
llegado a la conclusión de que la inmigración indígena tuvo lugar a
lo largo de la costa occidental americana hasta la Tierra del
Fuego, y aceleradamente. Un análisis de C
|14 de un lugar
de residencia suramericana indica una edad de 48.000 años
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3
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Tercero: los éxitos de Nordenskiöld con sus estudios históricos
constituyen un ejemplo a seguir del valor de la investigación
histórico- etnológica. Antropólogos americanos con pocas
excepciones han sido cautelosos en hacer investigaciones históricas
de amplitud continental. Nordenskiöld ha mostrado en una forma
sencilla y buena, que no existen razones para semejante
aislamiento. Nos advierte sobre la necesidad de investigaciones
históricas amplias si queremos entender la dinámica cultural y las
condiciones del proceso propio de la cultura. Este tipo de
investigaciones se ha visto con desconfianza casi generalizada
desde hace varios decenios y han quedado esencialmente paralizadas.
Necesita volver a tener su anterior importancia. Los análisis
sincrónicos son en sí valiosos, pero deben ser completados con
análisis culturales diacrónicos. Nordenskiöld ha mostrado el
camino.
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Ver en cuanto a los puntos 1-4 abajo (literatura referida)
Steward, 1947: 90, y en cuanto a los puntos 5-8 Steward, 1949: 751
y siguiente.
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3
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Estos datos muy recientes me han sido comunicados por el
profesor Sven Liljeblad, Reno, Nevada.
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