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INDICE
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4. La obra de Preuss
Traer a cuento la hermenéutica mitológica, tal como fue
planteada para Europa y Oriente, tiene cabal sentido cuando se
trata de abordar los complejos corpus mitológicos americanos, por
cuanto las líneas de interpretación siguen vigentes y se aplican
muchas veces sin tener en cuenta esos antecedentes, lo que implica
un desconocimiento riesgoso, por correr el albur de repetir
esquemas ya criticados y muchas veces superados. En el caso
presente, poner atención a este aspecto es tanto más acuciante por
cuanto la mejor recopilación y el intento más serio de explicación
globalizante de los mitos de los uitotos, se debe al etnólogo
Preuss, quien deriva su teoría interpretativa de esquemas muy
acogidos en su época -comienzos del siglo- y con los cuales se
pensaba -cada período lo cree- haber llegado al meollo de todas las
religiones y mitologías. Preuss la aplica al análisis del corpus
por él recogido entre los uitotos; dada la maestría con que
despliega sus formulaciones, bien puede convencer todavía hasta
lectores no desprevenidos.
Es indispensable tener presente el desarrollo (diacronía) de la
hermenéutica mitológica. El carácter eminentemente histórico de
todo conocimiento -sobre todo el de las grandes formulaciones
teóricas- es algo olvidado con demasiada frecuencia o, simplemente,
no se tiene en cuenta su carácter relativo, hecho que no invalida
las demostraciones a las que llega pero sí acota su alcance.
Incluso, el tan traído y llevado principio de dejar, sin ninguna
crítica, que los grupos minoritarios expliciten sus propios
esquemas, pertenece a una posición también condicionada
históricamente, tanto más cuanto a muchos de los líderes puente se
les suministra desde fuera ('as un bagaje de fórmulas salvadoras
para que ellos las apliquen.
Con Lévi-Strauss se hizo un avance decisivo a favor de la tesis
de la existencia de rigor lógico en las elaboraciones mitológicas,
descartado definitivamente el prejuicio de que éstas sean fruto de
una fantasía carente de normas. Queda por demostrar con suficiencia
si entre los altos exponentes del pensamiento indígena se da una
conciencia de que las formulaciones rigurosamente lógicas sobre lo
tenido como real, son consideradas sólo como 'esquemas apropiados'
y no a la manera de un discurso realista absolutamente necesario,
es decir, 'otra cosa' real, sólo que formulado en palabras (u otros
símbolos). O, en otros términos, ser plenamente conscientes de lo
relativo de sus asertos; o si se quiere algo más elaborado, si se
tiene "conciencia" de un metalenguaje. Y éste es el punto donde
parecería residir la muy prejuiciada diferencia entre mito y
ciencia; la historia de la contraposición sólo ha podido vislumbrar
diferencias graduales, en modo alguno esenciales. Desde luego,
argüir como prueba de esta 'conciencia' el distinguir cuándo una
relación mítica carece de sentido (es decir: no es lógica), es una
afirmación sin rigor. Téngase en cuenta, por ejemplo, que el
considerar incorrecta una frase no conlleva necesariamente un
conocimiento de la sintaxis. La existencia de secuencias
congruentes, no implica una 'conciencia de los procesos que las
hacen posibles'. Esta dimensión inediatizante y metalingüística
parece afianzarse definitivamente en Europa con los griegos, sobre
todo a partir de los Sofistas. De allí procede para occidente y
termina por desembocar en el formidable sistema científico
contemporáneo, si bien es, de todas maneras, relativo.
El marxismo mostró con suficiente solvencia cómo muchos (todos,
para esta corriente) de los esquemas teóricos pertenecen
estructuralmente a clase social -en último término, a la cultura-
de donde proceden sus detentadores. Esta formulación relativiza en
extremo toda interpretación, con el agravante de que quienes así
piensan no aplican a su propio planteamiento la consabida fórmula.
Esto los llevó a la necesidad de demostrar que el esquema en
cuestión es universal y de ahí el esfuerzo extremo por reducir el
polifacetismo de las formaciones sociales a un solo principio
teórico. Piénsese en el esfuerzo por entender el desenvolvimiento
de las sociedades amerindias a partir de los principios del tan
traído y llevado "modo de producción asiático".
En la contraposición entre mito y ciencia, ésta llevó
inicialmente la peor parte; luego le tocó el turno al mito que fue
devaluado al punto de hacerlo sinónimo de mentira. Hoy día, al
penetrar en los problemas que plantea la actitud científica, se
descubre que allí está el mito en plena vigencia. Y ya no sólo como
actitud. Muchos de los problemas son francamente míticos y las
herramientas para acercarse a las grandes incógnitas siguen
apoyándose en la metáfora -patria del mito-. La ciencia, en cuanto
alimentadora de la técnica, lo que ha hecho es desplazar un tanto
el problema inmediato, pero cuando se toca otra vez la frontera
incógnita, allí donde las herramientas técnicas ya no bastan, se
torna a los recursos y a las actitudes propias del vituperado mito.
Por demás está decir que esta permanente recurrencia es por esencia
mítica. Parecería, pues, que el mito siempre opera como vanguardia
en el mester del conocimiento impulsando al hombre a ir siempre más
lejos y más cerca en su desvelada aventura.
Estas reflexiones son pertinentes para la comprensión del caso
Preuss ya que si bien el contenido de una de sus teorías -la
panlunarista- ha sido abandonado, la actitud reduccionista que la
inspiró sigue en pie, como también algunos de los resultados
inferidos por el ilustre etnólogo, todavía en boga en uno que otro
manual. Ciertas consideraciones no parecen indispensables al
tratarse de casos elementales de conocimiento, pero cuando se
penetra en el terreno de las estructuras mitológicas -es lo que
hace Preuss- se entra por fuerza en una dimensión delicada y sutil
tocante con los límites mismos del conocimiento, donde para
resolver los problemas de fondo -que a poco quedan al desnudo- es
necesario valerse del espíritu de fineza, lo cual obliga a plantear
problemas lógicos y epistemológicos nada sencillos.
En el presente ensayo no pretendo abordar un análisis de los
mitos de los uitotos y muinanes, en orden a descubrir sus sistemas
básicos. Es un trabajo sólo posible, entre otras cosas, cuando se
posea un conocimiento profundo de las lenguas de estas
naciones.
La crítica epistemológica contemporánea es ya consciente de lo
imposible de enfrentarse con un conjunto de fenómenos en situación
de
|tabula rasa. Es la gran ilusión epistémica. Por tanto, es
preferible no hacer "como si...", sino más bien tratar de aplicar
una teoría con conciencia de que se está presuponiendo y no
derivando, tanto más cuanto al final del "como si..." el esquema
resultante 'coincide' con una teoría clásica que no se había
querido aplicar conscientemente (modelo), sino que se ha creído
encontrar en el curso de la averiguación. Esa cándida inocencia no
tiene cabida en la postura seria por cuanto impide un mayor control
en el manejo del dato, el cual es abordado como si estuviera ahí,
cuando en realidad es un
|constructum, sobre todo tratándose
no de objetos sino de conceptos. La ilusión científica cree poder
estudiar un fenómeno desde fuera sin que el observador modifique lo
observado. Siempre lo hace por cuanto el dato es un
|constructum que a partir de una huella es constelado de
inmediato dentro de un contexto significativo. También modifica el
ámbito en que se efectúa la observación (o sea ese contexto dador
de sentido que es en último término la cultura), caso en que se
encuentra todo intruso, y todo etnólogo lo es y en grado sumo. En
el caso del análisis social no hay quien pueda estar 'afuera', todo
es un 'adentro'.
La tendencia en la interpretación mitológica ha sido la
generalización excesiva en donde las características que
particularizan las creencias son reducidas a forzadas analogías. La
búsqueda de estas correspondencias en el inmenso panorama de los
sistemas de creencias ha sido la preocupación predominante. Pero
cuando se trata de la comprensión, a un nivel menos general, de los
sistemas de creencias en los llamados 'pueblos salvajes', el
etnólogo se encuentra con infinidad de diferencias entre ellos,
mayores a aquellas que puedan darse entre la religión griega y la
hebraica. Aquí las analogías se difuminan.
La época por la que Preuss llega a Colombia (1913) había visto
la imposición en Europa de algunas teorías que rápidamente ganaron
fervientes adeptos, toda vez que ofrecían reducir a unos pocos
denominadores comunes la casi infinita variedad de las experiencias
religiosas. El Panlunarismo en boga fue, sin lugar a dudas, una de
las teorías que Preuss traía en mente; desde ella enfrentó,
primero, la recolección de parte de la información contextual -no
la de los mitos mismos- y, segundo, su posterior interpretación.
Esta escuela tuvo como principales representantes a Siecke, Hüsing
y Ehrenreich; este último publicaba su obra clave en el asunto -Die
allgemeine Myrhologie und inhre ethnologischen Grundilagen- por el
año de 1910. La formulación de la escuela es bien radical: la
experiencia del fenómeno lunar es el fundamento ultimo de las
mitologías de todos los pueblos. Quedaba pues a los etnólogos e
historiadores la tarea de rastrear el sustrato básico en todas las
manifestaciones mítico religiosas, viéndolas como transformaciones
de lo lunar como vivencia central. Es lo que hace Preuss para el
caso uitoto, con una finura tal que aún convence después de
habérsele dado carta de defunción al Panlunarimo, una vez que los
marcos de esa doctrina tan reduccionista y simplificadora no
pudieron contener las evidencias provenientes de las mismas
investigaciones históricas y etnológicas. Estas ofrecían un
vastísimo panorama en que sobresalía la extrema complejidad de los
fenómenos religiosos y el polifacetismo de la experiencia básica
que dio origen a las múltiples formas de experimentar,
conceptualizar y actuar en relación con lo numinoso, término y
concepto acuñado por R. Otto, con el cual la polémica se orientó
hacia otros rumbos (la no reductibilidad de lo religioso a otro
ámbito distinto de lo sacro mismo) a partir de la publicación en
1917 de su polémico libro:
|Das Heilige (trad. esp.,
1925).
No sólo el Panlunarismo se dejó de lado; también sucedió lo
mismo con la teoría que los había visto desarrollarse en su seno:
el Pambabilonismo, preconizado por Winckler, Jeremias, Stucken y
los demás fundadores de la tedesca Sociedad para el estudio de los
mitos' fundada en 1906. Las pretensiones de esa escuela hacían de
las culturas mesopotámicas el ámbito conformador de la experiencia
religiosa básica, de la cual derivarían -difusionismo extremo y
craso- todos los sistemas religiosos.
La suma importancia dada por los babilonios a la astronomía y a
la astrología, llevó a considerar que la clave de su religión
reposaba en la idea de ver en los astros (teoría astral) el factor
desencadenante de la vivencia sacral. A su vez, la teoría
pambabilonista aplicaba enfoques de una escuela más amplia: el
Naturalismo, que hacía y hace depender las formas religiosas del
impacto generado en las mentes "primitivas" por los fenómenos
naturales. Esta teoría, que le confería a los astros una
importancia capital, se había bifurcado en dos direcciones: una con
primacía de los semitistas -orientalistas en conjunto- con una
preponderancia del código lunar', y los indoeuropeístas en quienes
la figura solar posee una total relevancia. La teoría general fue
propuesta por Kuhn y afianzada de manera muy expresa en el aspecto
filológico por Max Müller. El Naturalismo creció sobre un supuesto
que fue llevado hasta sus últimas consecuencias -en este caso hasta
la negación del mismo principio inicial- por Lévy-Bruhl: la
existencia de dos tipos de mentalidad, la "primitiva" basada en un
pensamiento prelógico, y la "civilizada" o científica. Todo esto
era una simple aplicación de las tesis positivistas preconizadas
por Comte, pero llevadas incluso al extremo de desentenderse de la
posible evolución de la una hacia la otra. El corte sincrónico que
hace Lévy-Bruhl afianza la idea de un compartimiento estanco para
el prelogismo.
|Las funciones mentales de las sociedades
inferiores, libro primero de la larga serie de ensayos sobre la
'mentalidad primitiva', vio la luz en 1910. Los
|Carnets
póstumos muestran el abandono de la tesis inicial: la
diferencia radical entre las dos mentalidades.
Preuss, quien no acostumbra citar en sus obras las fuentes
teóricas, debió conocer antes de su viaje a América el primer texto
de Lévy-Bruhl, el cual causaba revuelo en los círculos europeos. Lo
vemos asimilando un enfoque diferente en su libro de 1933,
|Der
religiose Gehalt der Mythen, en el que se percibe la influencia
de Malinowski. Allí el autor va a precisar una tesis que se venía
abriendo paso en su obra de 1921 sobre la mitología y la religión
de los uitotos, y en la que toca la relación mitoritual, tesis que
ha permanecido vigente a pesar de los muy duros y justos embates
recibidos. A ella se ligan varios etnólogos colombianos, si bien no
directamente por las críticas que recibe el Funcionalismo en
general, pero que al ser acogidas por Eliade, llegan de rondón a
los nacionales tales como Reichel, quien, en su libro más decisivo
en este campo -Desana-, termina por aunar diversas corrientes:
Freud al lado de Jung, Lévi-Strauss al lado del rumano, las
direcciones ecologistas y la cognitive anthropology. Es una
posición muy apropiada, toda vez que la hermenéutica moderna se
encamina poco a poco a elaborar una perspectiva multivalente del
mito, alejándose del reduccionismo que se presenta hoy día como lo
absolutamente primitivo (sin comillas).
Sobre la tesis del mito-ritual, o de 'el-mito-y-el-ritual', no
se ha de olvidar su ancestro clásico y la superación que ha tenido
en el campo de esos mismos estudios, si bien se presentó casi desde
el comienzo una comunicación interdisciplinaria, pues los
tratadistas del mundo griego u oriental recurrieron a establecer
paralelismos con corpus religiosos provenientes de otras latitudes,
corpus que habían sido establecidos por etnógrafos.
Diré, para terminar estas ligeras anotaciones, que la teoría
del-mito-y- del-ritual se afianza, ante todo, en la escuela de
Frazer, siendo especialmente aplicada en el campo de los estudios
bíblicos. Fue allí donde se empezó a refutar la tesis básica de
cómo los mitos eran como la 'teoría' y los ritos la 'práctica'. La
unilateralidad de esos enfoques venía afianzando más y más la idea
de ver siempre los mitos en función religiosa, cuando la evidencia
etnográfica e histórica contradice este punto. La formulación menos
drástica de esta teoría -que de todas formas es útil- podría ser:
algunos rituales encuentran la explicitación de sus símbolos en
algunos relatos míticos. Acotada de esta manera la tesis es
aceptable y útil, sin lugar a dudas. De todas formas el mito excede
el campo de lo religioso, no se reduce a él y llena un rango de
funciones mucho más amplio.
El análisis de muchos mitos amerindios indica que no pueden ser
considerados como religiosos. Es el caso de los seleccionados por
Lévi Strauss para apuntalar sus demostraciones, escogencia en que
se dejan de lado de manera notoria los mitos cosmogónicos en los
cuales el factor religioso es patente; pero, la justeza de sus
análisis demuestra, por otra parte, que no es posible una reducción
a lo religioso. De todas formas, si bien el concepto 'mito', tal
como lo conciben los estudiosos del mundo clásico, no es posible
aplicarlo sin más a la América India; se ha de tener en
consideración, toda vez que las teorías aplicadas a la
problemática mitológica del mal calificado 'nuevo mundo' (la
arqueología lo viene mostrando como 'no muy joven') han derivado
mayoritariamente de las elaboraciones eurocéntricas fraguadas para
el esclarecimiento de los problemas propios del mundo clásico
europeo y oriental.
El planteamiento general que he tenido en cuenta, pero sin
desarrollarlo en el presente escrito, se inclina por ver el mito de
una manera polivalente y afirma lo nocivo de reducirlo a una sola
dirección teórica. Esto permite aseverar que algunos mitos son
susceptibles de ser abordados fructuosamente por una teoría y
otros, pertenecientes incluso al mismo corpus, por otra escuela
hermenéutica distinta, mejor equipada para su interpretación.
Simplemente, no parece posible una teoría general que englobe las
múltiples facetas de eso que llamamos 'mito', al menos por ahora.
La posibilidad de aplicar enfoques diferentes para analizar el
mismo mito daría también oportunidad de descubrir su multivalencia
y, por tanto, la utilidad de variar las perspectivas, cada una de
las cuales explicitaría el aspecto que considere fundamental. La
equivocación estribaría en tratar de reducir los otros aspectos a
ese 'aspecto ideal'; como método excluyente puede ser útil para
descubrir las implicaciones y alcances de ese 'aspecto', pero en
orden a la comprensión y valoración justa -integral- del 'mito',
puede resultar empobrecedor.
5. Relatos de los uitotos y
muinanes
Se hará a continuación el brevísimo resumen de unos mitos que
tienen expresa relación con el
|ráfue del
|yáadiko
(palo multiplicador) y del
|júai (maguaré). Se traen a cuento
porque permiten vislumbrar: a) la gran dispersión que lograron
algunos mitemas amazónicos; b) la extrema complejidad y
diversificación a que llegan las mitologías selváticas amerindias;
c) la cuestión de la humanización del hombre y del origen de las
etnias y, sobre todo, en esta oportunidad, d) la posibilidad de
vincular algunos temas míticos, con otra de las más excelentes
realizaciones del hombre amazónico: el arte rupestre.
5.1 Mito de
Diijoína o la metamorfosis del hombre-serpiente-águila
La versión que aquí presento la obtuve de don José García,
abuelo muinane, por el año de 1976 en las proximidades de Leticia.
En atención a la concurrencia, utilizó el uitoto (dialecto búe) y
lo tradujo al castellano en compañía de su hijo José Octavio. Se
conocía otra variante mucho más sucinta (I.L.V., 1974: 156, ss.) y
muchas informaciones al respecto en la obra de Girard (1958: 69,
s.). Merece destacarse la excelente y extensa recopilación hecha
por Preuss (1921: 219, ss.) no sólo de este relato sino de muchos
otros, obra que realizó a comienzos de siglo; aparte de sus
interpretaciones, prisioneras de la teoría Panlunarista, la obra
resulta la mejor compilación de esta mitología, al menos entre las
hasta ahora publicadas.
Existen numerosas variantes de este relato en muchas otras
naciones amazónicas y orinocenses, incluso con sorprendentes
similitudes en pueblos tan alejados geográfica y culturalmente como
son los grupos chocóes de la región pacífica, los paeces del Cauca
y los mayas y aztecas.
Dijoma es un gran cacique. Quiere seguir el 'estudio', el
'camino' de la boa de agua -anaconda- con el fin de saber qué hay
en el mundo acuático. Dentro del proceso de aprendizaje infringe la
dieta sexual. Aquello serpentino que ya se había formado en él, cae
de su frente durante el baño, sin que el irresponsable aprendiz se
percate de ello, y se convierte en una culebrita que posteriormente
encuentran sus hijas en la quebrada. Llevan el animal a la casa y
lo depositan en forma sucesiva en diferentes recipientes vacíos,
cada vez más grandes, los cuales terminan rebosantes de agua, pues
esa víbora es la 'dueña del agua'. Luego, puesta en un hoyo en el
patio de la maloca, lo va agrandando hasta convertirlo en una gran
laguna. La más hermosa de las hijas de Diijoma alimentaba a la
culebra con bolas de almidón de yuca. El día en que el ostentoso
cacique celebra un baile ritual para hacer conocer de toda la gente
la mascota de sus hijas, el animal devora a su cuidandera junto con
el almidón que ésta le ofrece. Diijoma, resuelto a vengar a su hija
y a recuperar los collares que ella luciera el día de la tragedia,
y en los cuales reside su poder como cacique, se deja devorar por
la bestia. Recupera los tesoros y procede a rasgar lentamente el
costado de la sierpe. Sufre al hacerlo porque a quien hiere es a su
propio espíritu. El animal inicia un largo recorrido hasta llegar
al mar. En este pasaje devora muchas gentes que viajan con sus
respectivos productos hortícolas y bebe de todas las aguas con la
intención de ahogar a su verdugo. Del mar regresa agonizante; del
mar del oriente. Llega al sitio de partida donde el vengador
concluye su labor dándole muerte para luego salir por el costado
roto. Muchos de los episodios de este largo viaje sirven para
nominar ríos y lugares, codificando el territorio. La hija
superviviente convence a su padre para repartir segmentos del
ofidio; las gentes al recibirlos obtienen de paso sus nombres como
naciones: serán los mirañas, los boras, los uitotos, los diversos
grupos muinanes, los brasileños, los peruanos, los colombianos, los
gringos, los enanos.., todos los pueblos. El vindicador siembra la
yuca cuyos esquejes había almacenado la boa en su panza, y continúa
planeando venganzas. La infidelidad de su mujer durante tan larga
ausencia (ciclo anual) lo impulsa a la siguiente metamorfosis, esta
vez sí lograda a cabalidad: se convertirá en águila con el concurso
de la paloma quien lo instruye en los secretos del vuelo. Empolla
un huevo, hecho con el almidón de la yuca que la anaconda llevaba
en su vientre. Los esquejes que ha plantado, poco a poco dan lugar
a una gran ceiba; en sus ramas confecciona el nido. Al nacer la
cría, la alimenta con presas humanas, comenzando por el amante de
su mujer y continuando con casi todas las gentes de la tribu de
ésta, para luego extender la vindicta a los miembros de la propia
comunidad y, posteriormente, a otras naciones. Reunidos los
sobrevivientes y poseídos algunos de ellos por el espíritu avizor
del yajé, descubren la causa de sus males y planean la destrucción
del comegente. Vencido al fin con la ayuda de su hija, despedazan
su cuerpo y, siguiendo las instrucciones del propio gavilán, con
los miembros fabrican los instrumentos y atuendos utilizados en la
ceremonia del
|yáadiko, el palo ahuecado que representa la
Canoa- serpiente, el tronco de la yuca, el principio serpentino de
la creación, el origen de las tribus, el pilar invisible de la
casa-templo comunal.
Los abuelos consejeros echan mano de este complejo relato en
muchas circunstancias: el humano pertenece a la comunidad que tiene
su ámbito propio en la maloca, el espacio humanizante por
excelencia, donde se afirma la existencia comunitaria; no es lo
propio del hombre estar tratando de volverse animal, dejando su
puesto, y recurriendo al acto muy individualista de la brujería; el
hombre encuentra en el animal su interlocutor pero no debe hacerse
como él, y en el caso extremo de intentarlo ha de cumplir con todas
las prescripciones hasta el final, sin dejar cabos sueltos; a
fuerza de no contar con los otros, a fuerza de radicalizar el sí
mismo, Diijoma sufre y perece: no es un ser del mundo de arriba
-águila-, ni de abajo -serpiente-, es un ser para vivir en la
comunidad de los hombres en donde finalmente queda repartido,
integra do. Todo en este mito es circular como los mismos anillos
de la sierpe.
5.2 Historia de
Jituri Páinueni y el origen de las gentes
El narrador de este mito fue Chúumu Güio, indígena muinane. La
grabación se efectuó en el raudal de Guaimaraya, en el río Caquetá,
en 1980.
Una vez clausurada la vieja tradición (
|jabo ráfue),
Añiraima inaugura el nuevo tiempo dando origen mediante un pelo de
su barba a Jituri Páinueni, quien será el estantillo, el sostén
central y el que establece los puntos cardinales, sustentando cada
uno en un poste al igual que una maloca, la gran casa comunal.
Amasa la tierra como cuando se confecciona el budare (tiesto), le
da consistencia. Se sienta a charlar... ve la luz azul, señal de la
coca, y la blanca, señal del día, y la roja, símbolo de la sangre.
Hace aparecer todo: es la generación de la gente. Ellos, los
primordiales, los que sostenían los extremos, marcharon hacia los
cuatro puntos cardinales. Ellos y sus gentes partieron sin nombres.
Jíturi Páinueni quedó solo y comenzó a observar el lugar donde se
gestó la humanidad. Solamente quedaba el vapor -el calor de las
gentes- y el ombligo. En ese cordón umbilical -es como una hebrita
roja formada por la reunión de todos los ombligos de los hombres-,
en ese canangucho rojo (palma) con cuyo fruto se prepara la bebida
empleada en la ceremonia de cambio de nombre, reside el secreto de
la nominación de los humanos. Los creados, convocados por Jíturi
Páinueni, retoman de la diáspora para allegarse al origen donde
procuran infructuosamente capturar la Boa-de-los-hombres. Será el
mismo Jíturi Páinueni quien acometerá la empresa convertido en
gavilán, símbolo de los muinanes, cuyo poder es similar al viento
inasible, sólo reactualizado en las palabras buenas. Ascenderá en
vuelo circular hacia el sol bebiendo su fuerza y desde lo alto
picará sobre la sierpe. Después de agarrarla, la reparte entre la
concurrencia. Una vez recibido el correspondiente segmento, se
obtiene el respectivo nombre, según el recipiente en donde se
recoja la porción: Gente-de-hoja-de-yuca, Gente-de-hoja-de
cumare... los muinanes obtendrán el nombre al bañarse con la sangre
de la anaconda: los Untados-de-sangre. Dispersos de nuevo y ya en
posesión de sus nombres y dialectos, los jefes de las tribus serán
entronizados como tales cuando al retomar al lugar del origen hayan
recibido las historias (
|ráfue), la coca y el tabaco, dones
de Jituri Páinueni con los cuales la humanidad podrá medrar en el
buen vivir.
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