|
INDICE
|
|
En aleaciones con contenido de cobre, como la tumbaga o el
bronce (aleación de cobre y estaño), pueden aparecer con
posterioridad a su excavación brotes de corrosión activa muy
destructivos. Este tipo de corrosión, conocido como
"cáncer del bronce", es frecuente en piezas
arqueológicas, ya que iones de cloruro se encuentran presentes en
la mayoría de los suelos. Estos cloruros quedan atrapados dentro de
la corrosión o en las concreciones de las piezas y se reactivan al
tener contacto con el agua u oxígeno, dando inicio a una corrosión
activa que se manifiesta en puntos pequeños de cristales sueltos de
color verde claro (Foto 2). Para estabilizar estas piezas es
posible realizar un tratamiento preventivo, manteniendo los objetos
en una atmósfera muy seca y constante. Sin embargo, es aconsejable
someter los objetos recién excavados a un proceso de estabilización
química, ya que aunque estén cubiertos por una capa protectora de
óxidos de cobre (1) o cuprita (CuO), la presencia de iones de
cloruro puede desencadenar el proceso de corrosión al más mínimo
cambio en la humedad del medio ambiente. Hoy día, el más efectivo y
mejor de los inhibido res utilizados para el cobre es el
benzotriazol (BTA).
|
|
|
Foto 2: Nariguera Tairona elaborada
por fundición a la cera perdida en tumbada dorada y pulida.
Presenta brotes de "cáncer del bronce".
|
Su uso en piezas arqueológicas fue propuesto por Madesen en 1967
y desde entonces ha sido utilizado con excelentes resultados en la
Gran Bretaña. Las piezas se sumergen en una solución de BTA al
5-10% peso/volumen, esta sustancia se combina con las sales
cúpricas y cruposas formando así un complejo estable.
Cuando se va a conservar un objeto, hay que tener en cuenta las
condiciones en que se encuentra (si la corrosión es estable o
activa) y el uso que se le dará (exhibición, análisis,
investigación, etc.). Si las piezas van a ser utilizadas para
investigación, es recomendable no someterlas a ningún tipo de
limpieza ni tratamiento directo, ya que esto puede interferir con
los análisis que se requieran posteriormente, eliminando evidencias
importantes sobre las técnicas de manufactura del objeto u otros
vestigios como, por ejemplo, impresiones de textil. Sin embargo, se
deben mantener en un ambiente apropiado para que el deterioro no
continúe. Si por el contrario la pieza va a ser utilizada para
exposición se requiere mejorar su apariencia, sometiéndola al
proceso de restauración requerido. Sin embargo, es importante
discutir siempre con los curadores y arqueólogos del museo los
niveles de conservación, para así poder dar soluciones adecuadas,
protegiendo al máximo la información tecnológica y
arqueológica.
Las aleaciones de oro: deterioro y
conservación
Con frecuencia se asume que el oro no sufre cambios estando
enterrado; sin embargo, sí puede disolverse en presencia de ciertas
sustancias químicas, como aminoácidos que se encuentran en ciertas
plantas. En las aleaciones de oro se pueden considerar cuatro tipos
de deterioro, los cuales han sido identificados y descritos por
David Scott (1983) y que serán analizados a continuación con
ejemplos relevantes de piezas de orfebrería del Museo del Oro de
Bogotá.
1. Las aleaciones de oro con cobre y/o plata, o los dos
simultáneamente, tienden a producir capas delgadas de corrosión que
pueden provenir de la deposición de iones metálicos disueltos (como
iones de hierro), los cuales se depositan sobre el metal
produciendo manchas. El metal se puede manchar también al
reaccionar con sustancias contaminantes que contienen sulfuros (en
especial el H2S). Este fenómeno puede ocurrir en aleaciones hasta
de un 90% de oro.
2. Las aleaciones de oro-cobre, oro-plata y oro-cobre-plata son
vulnerables a la corrosión estando enterradas, porque hay una
diferencia entre el potencial electroquímico
|
1
de los tres metales. Si la
superficie está dorada por oxidación -proceso en el cual el orfebre
oxidó la pieza y retiró el cobre de la superficie con un ácido,
dejando una capa de oro de buena ley-, hay además un desequilibrio
desfavorable de un área catódica muy grande y una anódica muy
pequeña. Exámenes de la microestructura de algunas muestras de
piezas procedentes de las áreas arqueológicas Nariño en el sur del
país y tairona en la Sierra Nevada de Santa Marta efectuadas por
David Scott (1983), muestran claramente el problema: la corrosión
ha penetrado en todo el metal y no sólo se ha producido una
conversión del cobre a óxido cuproso (cuprita), sino que se ven
rajaduras y cavidades donde ha habido pérdidas grandes de metal. La
presencia de oro y cobre simultáneamente en toda la aleación puede
producir áreas anódicas y catódicas locales, no solamente en los
límites entre los granos, sino también dentro del grano mismo.
La corrosión que ocurre en este tipo de aleaciones es
considerablemente más severa que la observada en el cobre puro en
las mismas condiciones. Debajo de la superficie dorada se encuentra
con frecuencia un polvo de color negruzco que es todo lo que queda
de la aleación (Foto 3) y que consiste esencialmente en partículas
de oro finamente divididas mezcladas con óxido de cobre. Este tipo
de corrosión se conoce como disolución de constituyentes
anódicos.
|
|
|
Foto 3: Fragmentos pertenecientes a
un objeto desconocido, típicos de la orfebrería Nariño, dorados por
oxidación. Se observa la capa de dorado levantada a causa de los
óxidos de cobre que se han producido entre el metal base y el
dorado.
|
3. Dependiendo de las condiciones del entierro, uso y hasta de
los tratamientos de restauración, una gran variedad de aleaciones
usadas en la América precolombina son susceptibles de formar una
corrosión por
|fatiga, resquebrajamiento y fragilización
(stress corrosion cracking). Este es el caso particular de
aleaciones de oro con cobre y/o plata. Piezas fabricadas en tumbaga
y aparentemente en muy buen estado, ya sean martilladas o fundidas,
pueden ser extremadamente frágiles y rajarse o romperse cuando se
manipulan en forma inadecuada o con cualquier golpe o presión
ejercido sobre ellas. Wise (Scott, 1983) dice que incluso la
operación de pulir posteriormente un objeto puede inducir el
proceso de corrosión por fatiga. Este tipo de corrosión
intergranular en dichos objetos puede estar presente sin que sean
evidentes o visibles los productos de corrosión sobre la superficie
o el cuerpo mismo del objeto.
Nuestra experiencia en el Museo del Oro de Bogotá, muestra que
estos dos últimos tipos de corrosión son típicos de las piezas
taironas y de Nariño. En general, son objetos fabricados en
aleaciones de oro con alto contenido de cobre que posteriormente a
su manufactura fueron dorados por oxidación o por fusión y luego
pulidos.
4. Los cambios de estructura que pueden ocurrir en aleaciones
tales como oro-cobre-plata, consisten en un ordenamiento y un
endurecimiento, debidos al ordenamiento de sus fases durante el
enfriamiento o, posteriormente, con el paso del tiempo. Algunas de
estas fases dificultan el trabajo del metal y en ocasiones el
orfebre debió tomar medidas especiales, como el recocido,
consistente en calentar el objeto al rojo naciente y enfriado luego
en agua. Este procedimiento detiene el proceso de ordenamiento,
dejando la aleación más maleable. Si por el contrario, aparecen
fases ordenadas o éstas se forman durante largos períodos de
tiempo, entonces la estructura de la aleación será menos
dúctil.
Estas fases de ordenamiento se forman también cuando hay
difusión, fenómeno muy frecuente en piezas de tumbaga dorada ya
que el mismo proceso del dorado requiere un calentamiento del
objeto, provocando la difusión y dando como resultado piezas muy
quebradizas.
Teniendo en cuenta lo anterior, no se pueden hacer
generalizaciones respecto a la conservación de piezas de orfebrería
precolombinas. Cada objeto presenta sus propios problemas, ligados
a la manufactura (fundición, martillado, dorados, etc.) como a las
distintas aleaciones utilizadas para su elaboración. Es
interesante, por ejemplo, el contraste de las piezas muiscas del
altiplano cundiboyacense con las taironas y de Nariño. Las piezas
muiscas fueron hechas por fundición a la cera perdida en tumbaga o
cobre puro y en general no fueron pulidas ni doradas, puesto que su
función primordial como ofrenda religiosa era transitoria y no
requería de un acabado perfecto (Plazas y Fa1chetti, 1985). Estas
piezas no han sufrido en su estructura los tipos de corrosión 2, 3
y 4 anteriormente mencionados, siendo más sólidas y resistentes a
la corrosión. Las piezas taironas, en cambio, una vez fundidas en
tumbaga, fueron cuidadosamente doradas y pulidas posteriormente
dada su función de adorno vistoso y emblemático (Plazas y
Fa1chetti, 1985). También lo fueron las piezas de Nariño, notables
por las variadas técnicas de acabado. Tanto las piezas de Nariño
como las de la Sierra Nevada son entonces muy frágiles y
quebradizas y presentan problemas de conservación tanto en su
limpieza como en la unión de fragmentos.
En el caso de objetos en oro de buena calidad y de piezas
doradas por oxidación, se debe evitar la limpieza mecánica pues se
corre el riesgo de abrasionarlos o rayarlos; la limpieza química se
puede llevar a cabo cuando la aleación es de alta ley. El problema
surge con el dorado, debido a que la tumbaga por su alto contenido
de cobre puede estar mineralizada, siendo más susceptible al ataque
químico provocando la disolución d los productos de corrosión de
la aleación.
|
|
Foto 4a: Pectoral roto con soporte
elaborado en lámina de cobre amarillo y uñas recubiertas en oro de
24 kilates.
|
|
|
Foto 4b: Pectoral restaurado.
|
|
|
Figura 2
a) Pectoral antropomorfo Tolima (MO
No. 6.234; ancho: 8.0 cm; alto: 15,5 cm).
b) Soporte elaborado en lámina de
cobre para ser pegado por el reverso del pectoral, ajustándose a su
vez por delante con cuatro "uñas' mel1ilicas que fueron
recubiertas con lámina de oro fino para igualadas a la tonalidad de
la pieza.
|
|
1
|
Potencial electroquímico: el desbalance entre el potencial de
un elemento químico con otro establece una pérdida de electrones
del metal menos fino al otro produciéndose así la oxidación.
|
|