Ficha bibliográfica
Titulo:
Notas sobre la restauración y conservación de los metales precolombinos
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Juanita Sénz Obregón




INDICE




En aleaciones con contenido de cobre, como la tumbaga o el bronce (aleación de cobre y estaño), pueden aparecer con posterioridad a su excavación brotes de corrosión activa muy destructivos. Este tipo de corrosión, conocido como "cáncer del bronce", es frecuente en piezas  arqueológicas, ya que iones de cloruro se encuentran presentes en la mayoría de los suelos. Estos cloruros quedan atrapados dentro de la corrosión o en las concreciones de las piezas y se reactivan al tener contacto con el agua u oxígeno, dando inicio a una corrosión activa que se manifiesta en puntos pequeños de cristales sueltos de color verde claro (Foto 2). Para estabilizar estas piezas es posible realizar un tratamiento preventivo, manteniendo los objetos en una atmósfera muy seca y constante. Sin embargo, es aconsejable someter los objetos recién excavados a un proceso de estabilización química, ya que aunque estén cubiertos por una capa protectora de óxidos de cobre (1) o cuprita (CuO), la presencia de iones de cloruro puede desencadenar el proceso de corrosión al más mínimo cambio en la humedad del medio ambiente. Hoy día, el más efectivo y mejor de los inhibido res utilizados para el cobre es el benzotriazol (BTA).

Foto 2: Nariguera Tairona elaborada por fundición a la cera perdida en tumbada dorada y pulida. Presenta brotes de "cáncer del bronce".

 

Su uso en piezas arqueológicas fue propuesto por Madesen en 1967 y desde entonces ha sido utilizado con excelentes resultados en la Gran Bretaña. Las piezas se sumergen en una solución de BTA al 5-10% peso/volumen, esta sustancia se combina con las sales cúpricas y cruposas formando así un complejo estable.

Cuando se va a conservar un objeto, hay que tener en cuenta las condiciones en que se encuentra (si la corrosión es estable o activa) y el uso que se le dará (exhibición, análisis, investigación, etc.). Si las piezas van a ser utilizadas para investigación, es recomendable no someterlas a ningún tipo de limpieza ni tratamiento directo, ya que esto puede interferir con los análisis que se requieran posteriormente, eliminando evidencias importantes sobre las técnicas de manufactura del objeto u otros vestigios como, por ejemplo, impresiones de textil. Sin embargo, se deben mantener en un ambiente apropiado para que el deterioro no continúe. Si por el contrario la pieza va a ser utilizada para exposición se requiere mejorar su apariencia, sometiéndola al proceso de restauración requerido. Sin embargo, es importante discutir siempre con los curadores y arqueólogos del museo los niveles de conservación, para así poder dar soluciones adecuadas, protegiendo al máximo la información tecnológica y arqueológica.

Las aleaciones de oro: deterioro y conservación

Con frecuencia se asume que el oro no sufre cambios estando enterrado; sin embargo, sí puede disolverse en presencia de ciertas sustancias químicas, como aminoácidos que se encuentran en ciertas plantas. En las aleaciones de oro se pueden considerar cuatro tipos de deterioro, los cuales han sido identificados y descritos por David Scott (1983) y que serán analizados a continuación con ejemplos relevantes de piezas de orfebrería del Museo del Oro de Bogotá.

1. Las aleaciones de oro con cobre y/o plata, o los dos simultáneamente, tienden a producir capas delgadas de corrosión que pueden provenir de la deposición de iones metálicos disueltos (como iones de hierro), los cuales se depositan sobre el metal produciendo manchas. El metal se puede manchar también al reaccionar con sustancias contaminantes que contienen sulfuros (en especial el H2S). Este fenómeno puede ocurrir en aleaciones hasta de un 90% de oro.

2. Las aleaciones de oro-cobre, oro-plata y oro-cobre-plata son vulnerables a la corrosión estando enterradas, porque hay una diferencia entre el potencial electroquímico | 1 de los tres metales. Si la superficie está dorada por oxidación -proceso en el cual el orfebre oxidó la pieza y retiró el cobre de la superficie con un ácido, dejando una capa de oro de buena ley-, hay además un desequilibrio desfavorable de un área catódica muy grande y una anódica muy pequeña. Exámenes de la microestructura de algunas muestras de piezas procedentes de las áreas arqueológicas Nariño en el sur del país y tairona en la Sierra Nevada de Santa Marta efectuadas por David Scott (1983), muestran claramente el problema: la corrosión ha penetrado en todo el metal y no sólo se ha producido una conversión del cobre a óxido cuproso (cuprita), sino que se ven rajaduras y cavidades donde ha habido pérdidas grandes de metal. La presencia de oro y cobre simultáneamente en toda la aleación puede producir áreas anódicas y catódicas locales, no solamente en los límites entre los granos, sino también dentro del grano mismo.

La corrosión que ocurre en este tipo de aleaciones es considerablemente más severa que la observada en el cobre puro en las mismas condiciones. Debajo de la superficie dorada se encuentra con frecuencia un polvo de color negruzco que es todo lo que queda de la aleación (Foto 3) y que consiste esencialmente en partículas de oro finamente divididas mezcladas con óxido de cobre. Este tipo de corrosión se conoce como disolución de constituyentes anódicos.

Foto 3: Fragmentos pertenecientes a un objeto desconocido, típicos de la orfebrería Nariño, dorados por oxidación. Se observa la capa de dorado levantada a causa de los óxidos de cobre que se han producido entre el metal base y el dorado.

3. Dependiendo de las condiciones del entierro, uso y hasta de los tratamientos de restauración, una gran variedad de aleaciones usadas en la América precolombina son susceptibles de formar una corrosión por |fatiga, resquebrajamiento y fragilización (stress corrosion cracking). Este es el caso particular de aleaciones de oro con cobre y/o plata. Piezas fabricadas en tumbaga y aparentemente en muy buen estado, ya sean martilladas o fundidas, pueden ser extremadamente frágiles y rajarse o romperse cuando se manipulan en forma inadecuada o con cualquier golpe o presión ejercido sobre ellas. Wise (Scott, 1983) dice que incluso la operación de pulir posteriormente un objeto puede inducir el proceso de corrosión por fatiga. Este tipo de corrosión intergranular en dichos objetos puede estar presente sin que sean evidentes o visibles los productos de corrosión sobre la superficie o el cuerpo mismo del objeto.

Nuestra experiencia en el Museo del Oro de Bogotá, muestra que estos dos últimos tipos de corrosión son típicos de las piezas taironas y de Nariño. En general, son objetos fabricados en aleaciones de oro con alto contenido de cobre que posteriormente a su manufactura fueron dorados por oxidación o por fusión y luego pulidos.

4. Los cambios de estructura que pueden ocurrir en aleaciones tales como oro-cobre-plata, consisten en un ordenamiento y un endurecimiento, debidos al ordenamiento de sus fases durante el enfriamiento o, posteriormente, con el paso del tiempo. Algunas de estas fases dificultan el trabajo del metal y en ocasiones el orfebre debió tomar medidas especiales, como el recocido, consistente en calentar el objeto al rojo naciente y enfriado luego en agua. Este procedimiento detiene el proceso de ordenamiento, dejando la aleación más maleable. Si por el contrario, aparecen fases ordenadas o éstas se forman durante largos períodos de tiempo, entonces la estructura de la aleación será menos dúctil.

Estas fases de ordenamiento se forman también cuando hay

difusión, fenómeno muy frecuente en piezas de tumbaga dorada ya que el mismo proceso del dorado requiere un calentamiento del objeto, provocando la difusión y dando como resultado piezas muy quebradizas.

Teniendo en cuenta lo anterior, no se pueden hacer generalizaciones respecto a la conservación de piezas de orfebrería precolombinas. Cada objeto presenta sus propios problemas, ligados a la manufactura (fundición, martillado, dorados, etc.) como a las distintas aleaciones utilizadas para su elaboración. Es interesante, por ejemplo, el contraste de las piezas muiscas del altiplano cundiboyacense con las taironas y de Nariño. Las piezas muiscas fueron hechas por fundición a la cera perdida en tumbaga o cobre puro y en general no fueron pulidas ni doradas, puesto que su función primordial como ofrenda religiosa era transitoria y no requería de un acabado perfecto (Plazas y Fa1chetti, 1985). Estas piezas no han sufrido en su estructura los tipos de corrosión 2, 3 y 4 anteriormente mencionados, siendo más sólidas y resistentes a la corrosión. Las piezas taironas, en cambio, una vez fundidas en tumbaga, fueron cuidadosamente doradas y pulidas posteriormente dada su función de adorno vistoso y emblemático (Plazas y Fa1chetti, 1985). También lo fueron las piezas de Nariño, notables por las variadas técnicas de acabado. Tanto las piezas de Nariño como las de la Sierra Nevada son entonces muy frágiles y quebradizas y presentan problemas de conservación tanto en su limpieza como en la unión de fragmentos.

En el caso de objetos en oro de buena calidad y de piezas doradas por oxidación, se debe evitar la limpieza mecánica pues se corre el riesgo de abrasionarlos o rayarlos; la limpieza química se puede llevar a cabo cuando la aleación es de alta ley. El problema surge con el dorado, debido a que la tumbaga por su alto contenido de cobre puede estar mineralizada, siendo más susceptible al ataque químico provocando la disolución d  los productos de corrosión de la aleación.

Foto 4a: Pectoral roto con soporte elaborado en lámina de cobre amarillo y uñas recubiertas en oro de 24 kilates.

 

Foto 4b: Pectoral restaurado.

 

Figura 2 a) Pectoral antropomorfo Tolima (MO No. 6.234; ancho: 8.0 cm; alto: 15,5 cm). b) Soporte elaborado en lámina de cobre para ser pegado por el reverso del pectoral, ajustándose a su vez por delante con cuatro "uñas' mel1ilicas que fueron recubiertas con lámina de oro fino para igualadas a la tonalidad de la pieza.

 

1 Potencial electroquímico: el desbalance entre el potencial de un elemento químico con otro establece una pérdida de electrones del metal menos fino al otro produciéndose así la oxidación.

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