Ficha bibliográfica
Titulo:
Noticias del Museo del Oro, Boletín Museo del Oro. No. 27 de 1990
Edición original: 2003-08-25
Edición en la biblioteca virtual: 2003-08-25
Creador: Banco de la Republica




INDICE




NOTICIAS DEL MUSEO DEL ORO



HALLAZGOS DE ORFEBRERIA PREHISPANICA EN PERU Y CHILE
Tumbas de los señores de Sipán

Una segunda tumba real fue excavada en el montículo de Sipán por el equipo que encabeza el arqueólogo peruano Walter Alva, director del Museo de Arqueología de Lambayeque, quien en 1987 había registrado allí el sepulcro intacto de un señor Moche de riquísimo ajuar.

Entre los años 100 y 800 de nuestra era los Moches ocuparon la desértica costa norte peruana entre los valles de Lambayeque y Nepeña, trazando sistemas de irrigación 4ue les permitieron cultivar todas las planicies aluviales hasta mantener densas poblaciones y notorias jerarquías. En el valle de Lambayeque, donde está ubicado Sipán, el asentamiento de Pampa Grande tuvo 10.000 habitantes.

Sipán mismo es un montículo de adobes de más de 25 m de alto, erigido en varias etapas entre el 100 y el 300 a. D. Su sexto y último nivel produjo la tumba excavada en 1987, en la cual un personaje de unos 30 años había sido enterrado rodeado por dos mujeres, dos hombres y un perro dispuestos según los cuatro puntos cardinales, y protegido por un guerrero cuyos pies habían sido amputados en señal de guardia permanente. El ajuar de plumería, pectorales de cuentas líticas, conchas de spondylus, mantas con aplicaciones metálicas y magníficas piezas de oro y cobre dorado hacía ya de esta tumba la más rica hasta entonces excavada por científicos en el Nuevo Mundo. Una tumba similar ubicada en el nivel 4 fue saqueada por guaqueros y su contenido dispersado en el mercado ilegal poco antes de iniciarse las excavaciones.

Los ornamentos y atributos de este señor fueron cotejados por CH. Donnan con el archivo de iconografía Moche que conserva la Universidad de California, identificándolo como el guerrero que preside la ceremonia sagrada de degüello de prisioneros y bebe su sangre en una copa. El sonajero, el tocado, los cascabeles en forma de medialuna, la placa que protege la espalda y hasta el perro aparecen retratados en piezas de cerámica que describen dicho rito.

La tumba excavada recientemente se ubica en el nivel inferior y fue identificada como del Antiguo Señor de Sipán. Enterrado solo, portaba insignias de oro, cobre dorado por electrólisis y plata asociadas a las halladas en las tumbas de sus dos sucesores, que por su delicadeza y cuantía superan las de la tumba del nivel superior. Con todo, lo más importante es haber podido estudiar, gracias al apoyo de las autoridades gubernamentales, los restos intactos de una dinastía local Moche que integran una visión sobre el funcionamiento de esta sociedad, y las piezas de metal en su contexto de uso y cronología, siempre perdidos en los saqueos del patrimonio arqueológico.

Kuntur Huasi

En el marco de las expediciones arqueológicas de la Misión de la Universidad de Tokio, iniciadas a finales de los años cincuenta en el Perú, en 1989 se produjo el hallazgo de cinco tumbas también dotadas de ajuares de orfebrería en el sitio de Kuntur Huasi, ubicado en la región serrana de Cajamarca, al norte de este país.

Kuntur Huasi es un conjunto arquitectónico perteneciente al período formativo peruano, con complejas edificaciones dedicadas a un culto que dejó imágenes de felinos, serpientes, aves y seres humanos con rasgos felinizados. Cuatro períodos han sido definidos para el Sitio, construido sobre un aterrazamiento en la cumbre de una colina hacia el año 1000 a.C. De la primera época datan diversas plataformas escalonadas y un conjunto de pequeños cuartos cuadrangulares; el segundo período, que se inicia hacia 700 a.C. con una fuerte influencia de la cultura Cupisnique de la costa norte y el valle medio del Jequetepeque, implicó una extensa remodelación del centro ceremonial, nuevos rellenos y aterrazamientos. Al norte de la nueva plaza principal se construyó otra cuadrangular hundida, dotada de cuatro escaleras decoradas con monolitos en su último peldaño. El tercer período o período Copa (500 a.C. - 200 a.C.) dotó de pinturas murales las paredes de la plaza hundida y continuó el desarrollo arquitectónico de Kuntur Huasi, hasta opacarse bajo el influjo de la cultura Layzón, destacada por la crianza de camélidos, que abandonó estas edificaciones y las prácticas a ellas asociadas.

De la transición entre los períodos I y II datan las cuatro tumbas halladas por los arqueólogos en la primera plataforma principal. Además de botellas con estribo, compoteras y cántaros de cerámica relacionada con Cupisni se encontró en ellas abundantes piezas de orfebrería que llevan elementos decorativos semejantes a los de Chongoyoque. Un hombre viejo, colocado en cuclillas sobre un piso de cinabrio, se enterró con una corona de oro laminar adornada con dos filas de siete caras colgantes. Otra tumba contenía una corona de oro, un pectoral en forma de H y dos pectorales rectangulares todos decorados con motivos repujados de jaguar, además de un pectoral con un motivo mitológico diferente. Un hombre joven llevaba orejeras con discos de oro y cuentas líticas y una anciana estaba acompañada por 7.000 cuentas de piedra y concha y 21 láminas de oro y plata en forma de ave.

Estos objetos, hallados por primera vez bajo estricto control científico, vienen a dotar de contexto a los sacados anteriormente de Kuntur Huasi sin registro de fecha ni asociación con la arquitectura.

Hallazgos de Atacama

En San Pedro de Atacama, al norte de Chile, arqueólogos de la universidad de este país excavaron en 1989 un conjunto de objetos de oro que aumenta significativamente el conocimiento sobre orfebrería prehispánica en territorio chileno, El cementerio arqueológico, conocido como el Gentilar de Larache, donde en 1960 el sacerdote jesuita Gustavo Le Paige había excavado vasos y Otros elementos de oro, debía ser cortado por una zanja de acueducto de un metro de profundidad, construida por acción comunal. Encargados del tramo que removería el sitio, los arqueólogos Ana María Barón y Javier Tamblay hallaron diademas, discos y ornamentos laminares simples y cuentas tubulares y repujadas que casi duplican lo hallado por Le Paige en Larache. Como marcadores de diferenciación social, estos elementos evidencian una complejidad antes no prevista para las sociedades que habitaron esta región entre los años 500 y 1000 d.C., y asocian el norte chileno con el auge de Tiahuanaco.

Los hallazgos de San Pedro representan el 90% de las cerca de 120 piezas de orfebrería actualmente conocidas para Chile.

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