|
INDICE
|
|
RESULTADOS DE UN ESTUDIO PETROLÓGICO
DE CERÁMICAS DEL PERIODO HERRERA PROVENIENTES DE LA SABANA DE
BOGOTA Y SUS IMPLICACIONES ARQUEOLÓGICAS
|PAUL DE PAEPE
MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF
Introducción
El altiplano Cundiboyacense y sus zonas aledañas es una de las
regiones del país donde más se han empleado, para el estudio de la
cerámica, las características de la pasta y las inclusiones o
desgrasante. Esta tradición, iniciada quizás por Emil Haury y Julio
César Cubillos en sus "Investigaciones arqueológicas en la Sabana
de Bogotá" (1953), recibió un refuerzo fuerte con los trabajos de
Broadbent (p.e. 1970-1971; 1986).
Algunas desventajas de las clasificaciones basadas en pasta e
inclusiones han sido puntualizadas por autores como Boada, Mora y
Therrien (1989: 167 y passim). Objetan, con mucha razón, que "El
encontrar que las misma formaciones geológicas se extienden de
punta a punta del altiplano como sucede con las del Cretácico,
explica que se encuentren innumerables sitios con cerámica, pasta,
textura y desgrasante similares". Sin embargo, estos autores
también concuerdan que: "Esto no quiere decir que los criterios de
pasta y desgrasante deban ser abolidos de la clasificación".
La mayoría de los arqueólogos no disputan la utilidad de estos
criterios, siempre y cuando se los utilice con cautela y
flexibilidad, integrándolos a otros aspectos de la cerámica y la
sociedad que la utilizaba. En una región, como el Altiplano
Cundiboyacense, donde subsistían fuertes tradiciones locales en la
alfarería y donde, durante el período Muisca, al menos, se
establecieron mercados regionales, estudios detallados de estas
tradiciones han traído y traerán en el futuro información de enorme
importancia. Se espera que algún día, inclusive, va a ser posible
reconstruir un mapa del altiplano con, no sola mente los
principales talleres de alfarería como el que excavó Falchetti
(1975) en Sutamarchán, sino también los centros de mercado abaste
cidos por estos talleres con la zona de influencia de cada
centro.
El presente estudio se inició en el año 1978 cuando uno de los
autores (C. de S.) se encontraba adelantando investigaciones en la
Salina de Zipaquirá, lugar donde debido a la milenaria explotación
de la sal, se encuentra un elevado número de tipos de cerámica
diferentes. A medida que progresaba el trabajo, se planteaban una
serie de preguntas: ¿Cuáles de los diferentes tipos de cerámica
encontrados en la salina eran de manufactura local y cuáles traídos
de otra parte? ¿Para determinado tipo de cerámica, existe evidencia
de cambios ligeros, a través del tiempo, en las arcillas y las
inclusiones? ¿En el caso de las vasijas utilizadas para cocinar el
aguasal en salinas vecinas como Nemocón y Zipaquirá, se pueden
detectar diferencias en la pasta? Puesto que, al parecer, se
transportaba luego la sal compactada en las mismas vasijas, ¿son
suficientes las diferencias locales en la pasta para señalar la
salina precisa que abastecía determinado asentamiento
prehispánico?
Por fortuna se encontró en el método de análisis de secciones
delgadas de cerámica realizados por el profesor Paul de Paepe en el
Laboratorium voor Aardkunde de la Rijksuniversiteit de Gante,
Bélgica, una excelente herramienta que contribuyó a aclarar el
problema.
La problemática
Uno de los problemas que más nos intrigaba en los años 1978 y
1982 cuando se escogieron las muestras para secciones delgadas, era
la procedencia del tipo Mosquera Rojo Inciso (MRI), una cerámica
llamativa, tanto por su baño rojo brillante como por sus motivos
incisos a veces bastante complejos. Cabía poca duda que en los
sitios del período Herrera del altiplano Cundiboyacense, conformaba
un elemento intruso. Mientras los tipos que forman el núcleo del
conjunto cerámico Herrera (
|Mosquera Roca Triturado, Zipaquirá
Desgrasante de Tiestos y otros relacionados), se pueden
reconocer a pesar de variaciones locales, sobre una amplia zona que
se extiende hasta las vertientes de la Sierra Nevada del Cocuy
(Cardale de Schrimpff 1988-9, Mapa 2; Peña, en prensa, Osborn 1985,
Pérez, en prensa), la cerámica MRI está restringida al sector sur
de esta región. No se ha encontrado más al norte de la Sabana de
Bogotá donde ocurre solamente en algunos sitios de este período y
casi siempre en proporciones bajas. En Zipaquirá y, por ejemplo,
conforma solamente el 2.2% de la cerámica doméstica (Cardale de
Schrimpff 1981: 62)
|
1
. En cambio, en los sitios Herrera localiza
dos sobre el perímetro sur-occidental de la Sabana de Bogotá, la
cerámica MRI es relativamente común. Ya existía la sospecha,
reforzada posteriormente por excavaciones como las de Peña (en
prensa) en Cachipay y en Apulo, que esta cerámica era traída de las
vertientes sur-occidentales de la Sabana y aun desde más allá.
Mientras en la Sabana de Bogotá esta cerámica se encuentra en
sitios como la Hacienda Tequendama, Chía II y Zipa V, fechados
entre los siglos tercero A.C. y 1 D.C. (Correal y van der Hammen
1977; Ardila 1984; Cardale de Schrimpff 1981), dos sitios en, o
cerca a las vertientes sur-occidentales indican que en esta región,
por lo menos, tuvo una edad mucho mayor. En Zipacón, esta misma
cerámica o una variedad ancestral a ella, esta asociada a una fecha
de 1,320+/-30 a.C (GrN 11125, Correaly Pinto 1983: 162, 180),
mientras en Cachipay se encuentra en proporciones bajas en todos
los estratos desde alrededor de 800 A.C. hasta el siglo II D.C.
(Peña 1988: 34). En cambio, si continuamos bajando por el mismo
valle del río Bogotá, encontramos que en el sitio Salcedo I
(municipio de Apulo) el auge del MRI es muy posterior. Aquí las
últimas excavaciones de Germán Peña (en prensa) encuentran cerámica
emparentada con la de Zipacón (denominada "Salcedo Arena del Río")
con una fecha del siglo primero A.C. Las frecuencias mayores de MRI
se encuentran en el estrato inmediata mente superior.
Cuando se escogieron las muestras estudiadas aquí, el total de
fragmentos de MRI recuperados de excavaciones era todavía muy
pequeño y fue necesario incluir un buen número procedente de
recolecciones superficiales, así que no se pudo enfocar el estudio
hacia posibles cambios en la pasta e inclusiones a través del
tiempo. Las preguntas principales eran: 1. Cuando los habitantes
del altiplano estaban elaborando su propia cerámica, ¿por qué
importaban MRI? 2. ¿De dónde la traían? El presente estudio
presenta datos que ayudan a formular respuestas a ambas preguntas,
a la vez que aclara muchas inquietudes acerca de los otros tipos
que conforman la cerámica Herrera.
El análisis
Alrededor de cincuenta muestras de cerámica del período Herrera
provenientes de diferentes sitios arqueológicos localizados al
oeste y al noreste de Bogotá, fueron sometidos a un estudio
físico-químico. El material estudiado consiste de: (a) cerámica del
tipo
|Mosquera Rojo Inciso (17 tiestos) excavada en Zipaquirá
V, Canoas/ Fute y Bojacá 17; (b) cerámica del tipo Mosquera Roca
Triturada proveniente de Nemocón y Zipaquirá V (15 tiestos), y (c)
cerámica del tipo
|Zipaquirá Desgrasante de Tiestos. Esta
última, incluyendo un total de 25 muestras, fue descubierta en
Nemocón, Zipaquirá V y Salinas de Zipaquirá.
Todas estas muestras arqueológicas fueron analizadas con la
ayuda de dos métodos físicos de investigación. El estudio con el
microscopio de luz polarizada se realizó sobre láminas delgadas de
un espesor de 0,03 mm y tuvo como objetivo la identificación de los
elementos no plásticos, transparentes y relativamente gruesos (0
> 0,05 mm). Las características químicas de la cerámica
fueron estudiadas con un espectrofotómetro de absorción atómina y
un total de 17 elementos mayores y trazas fueron determinados (Al,
Ca, Co, Cr, Cu, Fe, K, Li, Mg, Mn, Na, Ni, Rb, Si, Sr, Ti y Zn).
Los resultados del análisis químico fueron tratados
estadísticamente por medio de un programa de computación apropiado.
Los resultados de este análisis son presentados bajo la forma de
dendrogramas, en los cuales se agrupan los tiestos en función de su
creciente disimilitud. De esta manera resulta relativamente fácil
la comparación de los datos provenientes del análisis químico por
un lado con la tipología arqueológica y por otro con la
clasificación mineralógica y petrográfica de los elementos
desgrasantes de la cerámica.
Los resultados de los dos métodos físicos anteriormente
mencionados están presentados en forma de anexo, después de la
evaluación de sus implicaciones arqueológicas.
Una lista de las muestras analizadas acompaña este informe
(Anexo 1). Ene! texto que sigue todas las muestras tendrán un
número de registro de Laboratorio de Geología (Dir. Prof. Dr. R.
MARE- CHAL) de la Universidad de Gante (Bélgica). El número de
identificación de terreno se encuentra también en el Anexo 1.
Discusión de los resultados
analíticos
La descripción del desgrasante y de las propiedades químicas de
los diferentes tipos de cerámica de la Sabana de Bogotá, contribuye
significativamente a la identificación, clasificación y
establecimiento del origen de la cerámica del período Herrera.
Puesto que para todas las cerámicas analizadas se han encontrado en
las Salinas de Zipaquirá evidencia de su elaboración local, no hay
dudas sobre el origen de las mismas, salvo en el caso de la
cerámica del tipo Mosquera Rojo Inciso. Según datos arqueológicos
muy recientes esta última procedería de la región suroeste del
Altiplano Cundiboyacense. Resulta claro que para la determinación
del origen de cualquier cerámica los resultados analíticos solos no
son suficientes.
Deben ser consideradas también la naturaleza del substrato
geológico presente en las regiones próximas y distantes del lugar
de descubrimiento de la cerámica, la mineralogía y la petrografía
de los tipos de roca presentes. Puesto que estas exigencias han
sido satisfechas solo parcialmente, las conclusiones sólo pueden
ser provisionales.
Mosquera Rojo Inciso
La gran variedad de desgrasantes encontrados en la cerámica del
tipo MRI indica claramente la existencia de múltiples lugares de
fabricación. A la luz de la información existente en el mapa
geológico de Colombia no hay duda que algunos lugares de
fabricación de la cerámica debieron encontrarse a gran distancia de
Nemocón, Zipaquirá, Canoas/ Fute y Bojacá.
La subdivisión de la cerámica MRI en tres subgrupos, basada en
propiedades físicas tales como la porosidad del material, y la
presencia o ausencia de ciertos minerales como la biotita, debe ser
rechazada definitivamente. Respecto a la presencia de la biotita
cabe señalar que este mineral no se encuentra exclusivamente
presente en los tiestos donde fue reconocido macroscópicamente (AR.
1847, AR. 1848, AR. 1849). El reconocimiento macroscópico se
dificulta a veces por la baja frecuencia, y el tamaño de grano muy
pequeño de este mineral. Tampoco estamos conformes con la
utilización de la porosidad como criterio de clasificación ya que
esta característica puede estar condicionada por múltiples
factores. Por ejemplo la porosidad del tiesto AR. 1846 no es debida
a procesos de disolución de romboédros de calcita como es el caso
de la cerámica de tipo Mosquera Roca Triturada (AR. 1792 hasta AR.
1801 inclusive).
Puesto que los análisis químicos y las observaciones
microscópicas permiten establecer la presencia de un mínimo de
cuatro grupos diferentes, discutiremos sus orígenes en forma
separada.
Subgrupo MRI (a)
Salvo pocas excepciones, los elementos desgrasantes
relativamente gruesos de este subgrupo de cerámica son de origen
volcánico. La naturaleza de los desgrasantes (fragmentos de roca y
fragmentos de minerales) hace pensar que las cerámicas son
originarias de lugares donde las rocas de tipo andesítico,
dacítico, riodacítico y riolítico son frecuentes. La composición
exacta de las inclusiones volcánicas no puede siempre se
determinada, precisamente debido al pequeño tamaño de los granos y
a su naturaleza vidriosa. La forma de estas inclusiones no sugiere
tanto un origen piroclástico sino que indica más bien que derivan
de la alteración o desintegración de coladas bastante
compactas.
Teniendo en cuenta que el mapa geológico general de Colombia no
indica la presencia de rocas volcánicas en el triángulo formado por
Tunja, Puerto Salgar y Dolores, pero sí la presencia de rocas
sedimentarias del período cretácico y del paleogeno, resulta claro
que el lugar de fabricación debe buscarse fuera de esta región. El
eje Puerto Salgar- Dolores sigue aproximadamente el curso actual
del río Magdalena que está encajonado en sedimentos y rocas
volcánicas de edad Oligoceno al Plioceno. El actual centro de
fabricación de cerámica de La Chamba se encuentra en esta región.
A la altura de La Chamba los sedimentos y las rocas volcánicas
terciarias anteriormente mencionadas están recubiertas por
depósitos aluviales cuaternarios del río Magdalena. No sólo los
análisis químicos sino también la microscopía demuestran que la
cerámica actualmente producida en esta región es similar desde
todo punto de vista con el material del tipo MRI (a). Todo indica
que los lugares de fabricación de la cerámica MRI (a) debían estar
localizados en alguna parte a lo largo del curso del río Magdalena.
Solo a través de excavaciones arqueológicas muy minuciosas podría
confirmarse la hipótesis de la existencia de una tradición muy
antigua en la fabricación de cerámica en La Chamba y sus
alrededores.
Subgrupo MRI (b)
Esta cerámica también fue importada a la Sabana de Bogotá puesto
que contiene abundantes inclusiones de minerales y fragmentos de
roca de origen magmático y metamórfico. Sin embargo, estas
inclusiones son muy diferentes a las del grupo MRI (a) y sugieren
un origen hacia el occidente. Son características de las rocas del
núcleo de la cordillera Central.
Subgrupo MRI (c)
Tiene algunas características en común con la cerámica muisca
|Guatavita Desgrasante Gris. Las inclusiones proceden,
probablemente, de sedimentos cretácicos.
Subgrupo MRI (d)
Este subgrupo está representado por un solo fragmento,
procedente de Bojacá 17. Es totalmente diferente a los otros grupos
y podría ser de manufactura local. No existe ninguna evidencia de
que las porosidades contenían alguna vez calcita ni otro mineral
que se perdiera luego por lixiviación.
Se nota que cada sitio tiene ejemplares de más de uno de estos
subgrupos (la muestra de Zipa V incluye un tercer fragmento con
inclusiones sedimentarias que no figura en el dendrograma). Actual
mente disponemos de material comparativo de Cachipay donde estudios
petrológicos de una muestra pequeña, indican la presencia de dos
subgrupos (Peña 1988: 36). El primero contiene "minerales de origen
ígneo típicos de las formaciones geológicas de la cordillera
Central o del valle del Magdalena, mientras que en el segundo sus
componentes predominantes son de origen sedimentario, propios de la
formación Villeta contigua al área de estudio". Asimismo pudo
diferenciar las formas características de los 2 subgrupos: "Vasijas
globulares y subglobulares con cuello y borde evertido, biselado
inciso o curvo acanalado, son frecuentes en el subgrupo I; mientras
que en el subgrupo II predominan grandes cuencos con paredes casi
verticales, algunos aquillados. Esta división concuerda muy bien
con los análisis descritos aquí, puesto que las "vasijas globulares
y subglobulares con cuello y borde evertido..." también tienen
inclusiones de origen ígneo, perteneciendo todos al subgrupo MRI
(b). En cambio, los "grandes cuencos con paredes casi verticales,
algunas aquilladas" se encuentran elaboradas en la presente muestra
tanto en pasta con inclusiones de origen ígneo como sedimentario
MRI (b), (c) y (d). Es muy interesante encontrar que en Salcedo
(municipio de Apulo), localizado ya más cerca a los abanicos de la
baja planicie tolimense y sitios como La Chamba, los estudios
petrológicos y las formas de las vasijas indican una ausencia total
del grupo con inclusiones de origen sedimentario (II). Sería
importante en un futuro, tener más muestras en esta zona que nos
permitirían documentar en detalle los cambios a lo largo del valle
bajo del río Bogotá.
Es interesante poder constatar, a raíz de este estudio
petrológico, un importante comercio en cerámica -y seguramente en
otros bienes- entre los límites sur-occidentales de la Sabana de
Bogotá y una región distante como La Chamba, es decir a más de cien
kilómetros. No se espera, generalmente, que un producto tan frágil
y pesado como la cerámica se hubiera transportado a distancias tan
considerables. Quizás la primera mitad del trayecto se hizo en
canoa, aprovechando el río Magdalena y la parte baja del río
Bogotá. Llama mucho la atención el hecho que los habitantes del
sur-occidente del altiplano, teniendo su propia alfarería, se
hubieran tomado la molestia de conseguir cerámica MRI. Demuestra,
seguramente, un aprecio de alcances técnicos y estéticos que ellos
no pudieron lograr, tal vez por las limitaciones que impusieron las
arcillas locales.
Otra inquietud surge alrededor de la relación entre la cerámica
MRI (aunque quizás ahora sería más correcto hablar de "los
diferentes tipos de cerámica MRI") y tipos relacionados como
|Pubenza Rojo Inciso y Funza o Tunjuelito Cuarzo Fino (Card
ale de Schrimpff 1976: 416-421). El Laboratorium voor Aardkunde
tiene 5 secciones delgadas del primero, todavía sin estudiar, y 10
muestras del segundo con resultados preliminares. Aunque se
consideraba, en un tiempo, que este último tipo pertenecía
exclusivamente al período Muisca (Broadbent 1971: 186-7), en
Cachipay aparece en pequeñas cantidades desde los inicios de la
ocupación, incrementándose con el tiempo hasta llegar a predominar.
La muestra analizada en Gantes procede en su totalidad del sitio
Mosquera 8 (reseñado en Broadbent 1971; la muestra fue donada muy
amablemente por Ana María Falchetti); desafortunadamente no está
fechada. Su característica más llamativa es su contenido
considerable de fitolitos, debido a lo cual el índice
sílice/alumina es bastante alto (Si02 = 65.29%; Al203=13.68%).
Según Rye "Estas formas de bio-sílice se caracterizan por su
estructura altamente porosa...; en la cerámica forman una especie
de red que absorbe las tensiones causadas por cambios fuertes de
temperatura, resultando muy ventajosa para vasijas utilizadas para
cocinar".
Mosquera Roca Triturada (MRT)
Este tipo de Cerámica tuvo una importancia muy grande durante el
período Herrera aunque en sitios corno las Salinas de Zipaquirá se
reemplaza paulatinamente, hacia finales del último siglo A.C., por
el tipo
|Zipaquirá Desgrasante Tiestos (Cardale de Schrimpff
1981: 65). El análisis de las muestras procedentes de la Salina de
Nemocón reconfirma que la "roca triturada" es calcita. Inicialmente
uno de los autores (Cardale de Schrimpff 198 1:63) había planteado
la hipótesis que para esta cerámica se estaba empleando como
materia prima el "rute"(la capa negra que cubre la sal gema en las
salinas de Nemocón y Zipaquirá). Esta es una capa arcillosa y con
un contenido relativa mente alto de calcita. Una muestra de ella
fue enviada a Bélgica para comparar. Con el presente estudio, queda
descartada la hipótesis inicial, puesto que demuestra que la
calcita era agregada intencionalmente a arcillas sin carbonatos.
Además, en la muestra de rute sometida a análisis, el porcentaje de
calcita era bajo y el tamaño de los granos mucho más pequeño que en
los que fueron empleados como desgrasante.
El brillo de la calcita llamaría, seguramente, la atención de
los alfareros, pero a la vez, como desgrasante la calcita tiene la
ventaja que su rata de expansión térmica es similar a la rata de la
mayoría de arcillas cocidas. De esta manera, al calentar y luego
enfriar la vasija durante el proceso de cocinar alimentos, las
tensiones que se forman debido a ratas diferentes de expansión
entre arcilla y desgrasante se reducen al mínimo y la vasija corre
menos peligro de rajarse.
Sin embargo, la calcita tiene la desventaja de descomponerse a
temperaturas elevadas, entre los 650° y los 898° C (Shepard 1968:
30) y en otro lugar (1981: 63-5) plantée la hipótesis que fue
precisamente esta desventaja que, en las Salinas de Zipaquirá, al
menos, llevó a su sustitución por la cerámica
|Zipaquirá
Desgrasante Tiestos (ZDT). El presente estudio reconfirma que
las temperaturas a las cuales las vasijas fueron sometidas durante
la cocción inicial y el uso, no eran lo suficientemente altas para
alterar la calcita en forma importante. Por otro lado, la presencia
de tiesto molido, visible macroscópicamente en algunos fragmentos,
enfatiza el parentesco bastante estrecho entre esta cerámica y la
ZDT, sugiriendo que el desarrollo de esta última implica no tanto
una ruptura con tradiciones establecidas sino un cambio porcentual
en los ingredientes como resultado de las observaciones de los
alfareros.
En Zipaquirá, la presencia de fragmentos sin cocer no deja duda
que se estaba elaborando esta cerámica en el lugar. La muestra
analizada de Nemocón es muy homogénea en sí pero las diferencias en
las escasas rocas no carbonatadas indicarían una fuente de materia
prima diferente. Parece posible que el MRT no fuera producto de
talleres especializados sino que cada familia elaboraría sus
propias vasijas. Futuros estudios petrológicos de muestras
contemporáneas, procedentes de sitios vecinos, aclararán,
seguramente, esta inquietud.
Zipaquirá Desgrasante Tiestos
(ZDT)
Tal vez uno de los resultados más prometedores del análisis de
esta cerámica es la diferencia muy marcada entre la cerámica de
Zipaquirá y la de Nemocón. La del primer lugar tiene una cantidad
de tiesto molido mucho mayor, los fragmentos de roca son más
comunes que en la cerámica de Nemocón y las variedades de roca algo
diferentes. Especialmente llamativa es la cantidad de fitolitos en
la pasta de la cerámica de Zipaquirá. Estas diferencias tan
notorias podrían ser de gran utilidad para un estudio del comercio
de la sal y los nexos sociales en aquella época.
Las diferencias entre la cerámica ZDT de los últimos dos siglos
antes de Cristo y los primeros después, no parecen mayores aunque
el estudio de formas, en contraste, revela cambios notorios. Quizás
lo importante aquí no es tanto el desarrollo del tipo mismo sino la
manera en que reemplaza la cerámica con desgrasante de calcita. Es
interesante también la confirmación de las sospechas de la
arqueóloga (C. de S.), que la cerámica más reciente estaba cocida o
expuesta a temperaturas relativamente altas, seguramente como
resultado de las necesidades de la industria de sal.
En una ocasión anterior se analizó una muestra de la arcilla
amarilla que se encuentra debajo de los estratos culturales en
Zipaquirá, además de un fragmento de cerámica MRT sin cocer. Se
encontró que la arcilla era similar en composición no solamente en
la cerámica "cruda" sino también a la pasta de los otros tipos de
cerámica de manufactura local, lo cual parece indicar que en
aquella época fue esta la arcilla que emplearon para todas las
clases de cerámica que elabora ron en el lugar, agregándole
desgrasantes de diferentes tipos y en distintas proporciones y
cociéndolos más o menos tiempo según la forma de vasija que querían
elaborar y el uso al cual la tenían destinada.
|
1
|
En este momento se conoce también cerámica MR! de los
siguientes sitios Herrera en la parte central de la Sabana de
Bogotá: Cogua (superficial); Salina de Tausa (superficial), el
abrigo Chía II (Ardua 1984: 54). Parece estar ausente en la Salina
de Nemocón y tampoco se encontró en la salina El Muelle, municipio
de Sopó (Langebaek y Zea, 1983; Langebaek 1986: 128)
|
|