Ficha bibliográfica
Titulo:
Resultados de un estudio petrológico de cerámicas del periodo Herrera provenientes de la sabana de Bogotá y sus implicaciones arqueológicas
Edición original: 2003-08-25
Edición en la biblioteca virtual: 2003-08-25
Creador: Paul de Paepe




INDICE




RESULTADOS DE UN ESTUDIO PETROLÓGICO DE CERÁMICAS DEL PERIODO HERRERA PROVENIENTES DE LA SABANA DE BOGOTA Y SUS IMPLICACIONES ARQUEOLÓGICAS


|PAUL DE PAEPE

MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF
 


Introducción

El altiplano Cundiboyacense y sus zonas aledañas es una de las regiones del país donde más se han empleado, para el estudio de la cerámica, las características de la pasta y las inclusiones o desgrasante. Esta tradición, iniciada quizás por Emil Haury y Julio César Cubillos en sus "Investigaciones arqueológicas en la Sabana de Bogotá" (1953), recibió un refuerzo fuerte con los trabajos de Broadbent (p.e. 1970-1971; 1986).

Algunas desventajas de las clasificaciones basadas en pasta e inclusiones han sido puntualizadas por autores como Boada, Mora y Therrien (1989: 167 y passim). Objetan, con mucha razón, que "El encontrar que las misma formaciones geológicas se extienden de punta a punta del altiplano como sucede con las del Cretácico, explica que se encuentren innumerables sitios con cerámica, pasta, textura y desgrasante similares". Sin embargo, estos autores también concuerdan que: "Esto no quiere decir que los criterios de pasta y desgrasante deban ser abolidos de la clasificación".

La mayoría de los arqueólogos no disputan la utilidad de estos criterios, siempre y cuando se los utilice con cautela y flexibilidad, integrándolos a otros aspectos de la cerámica y la sociedad que la utilizaba. En una región, como el Altiplano Cundiboyacense, donde subsistían fuertes tradiciones locales en la alfarería y donde, durante el período Muisca, al menos, se establecieron mercados regionales, estudios detallados de estas tradiciones han traído y traerán en el futuro información de enorme importancia. Se espera que algún día, inclusive, va a ser posible reconstruir un mapa del altiplano con, no sola mente los principales talleres de alfarería como el que excavó Falchetti (1975) en Sutamarchán, sino también los centros de mercado abaste cidos por estos talleres con la zona de influencia de cada centro.

El presente estudio se inició en el año 1978 cuando uno de los autores (C. de S.) se encontraba adelantando investigaciones en la Salina de Zipaquirá, lugar donde debido a la milenaria explotación de la sal, se encuentra un elevado número de tipos de cerámica diferentes. A medida que progresaba el trabajo, se planteaban una serie de preguntas: ¿Cuáles de los diferentes tipos de cerámica encontrados en la salina eran de manufactura local y cuáles traídos de otra parte? ¿Para determinado tipo de cerámica, existe evidencia de cambios ligeros, a través del tiempo, en las arcillas y las inclusiones? ¿En el caso de las vasijas utilizadas para cocinar el aguasal en salinas vecinas como Nemocón y Zipaquirá, se pueden detectar diferencias en la pasta? Puesto que, al parecer, se transportaba luego la sal compactada en las mismas vasijas, ¿son suficientes las diferencias locales en la pasta para señalar la salina precisa que abastecía determinado asentamiento prehispánico?

Por fortuna se encontró en el método de análisis de secciones delgadas de cerámica realizados por el profesor Paul de Paepe en el Laboratorium voor Aardkunde de la Rijksuniversiteit de Gante, Bélgica, una excelente herramienta que contribuyó a aclarar el problema.

La problemática

Uno de los problemas que más nos intrigaba en los años 1978 y 1982 cuando se escogieron las muestras para secciones delgadas, era la procedencia del tipo Mosquera Rojo Inciso (MRI), una cerámica llamativa, tanto por su baño rojo brillante como por sus motivos incisos a veces bastante complejos. Cabía poca duda que en los sitios del período Herrera del altiplano Cundiboyacense, conformaba un elemento intruso. Mientras los tipos que forman el núcleo del conjunto cerámico Herrera ( |Mosquera Roca Triturado, Zipaquirá Desgrasante de Tiestos y otros relacionados), se pueden reconocer a pesar de variaciones locales, sobre una amplia zona que se extiende hasta las vertientes de la Sierra Nevada del Cocuy (Cardale de Schrimpff 1988-9, Mapa 2; Peña, en prensa, Osborn 1985, Pérez, en prensa), la cerámica MRI está restringida al sector sur de esta región. No se ha encontrado más al norte de la Sabana de Bogotá donde ocurre solamente en algunos sitios de este período y casi siempre en proporciones bajas. En Zipaquirá y, por ejemplo, conforma solamente el 2.2% de la cerámica doméstica (Cardale de Schrimpff 1981: 62) | 1 . En cambio, en los sitios Herrera localiza dos sobre el perímetro sur-occidental de la Sabana de Bogotá, la cerámica MRI es relativamente común. Ya existía la sospecha, reforzada posteriormente por excavaciones como las de Peña (en prensa) en Cachipay y en Apulo, que esta cerámica era traída de las vertientes sur-occidentales de la Sabana y aun desde más allá.

Mientras en la Sabana de Bogotá esta cerámica se encuentra en sitios como la Hacienda Tequendama, Chía II y Zipa V, fechados entre los siglos tercero A.C. y 1 D.C. (Correal y van der Hammen 1977; Ardila 1984; Cardale de Schrimpff 1981), dos sitios en, o cerca a las vertientes sur-occidentales indican que en esta región, por lo menos, tuvo una edad mucho mayor. En Zipacón, esta misma cerámica o una variedad ancestral a ella, esta asociada a una fecha de 1,320+/-30 a.C (GrN 11125, Correaly Pinto 1983: 162, 180), mientras en Cachipay se encuentra en proporciones bajas en todos los estratos desde alrededor de 800 A.C. hasta el siglo II D.C. (Peña 1988: 34). En cambio, si continuamos bajando por el mismo valle del río Bogotá, encontramos que en el sitio Salcedo I (municipio de Apulo) el auge del MRI es muy posterior. Aquí las últimas excavaciones de Germán Peña (en prensa) encuentran cerámica emparentada con la de Zipacón (denominada "Salcedo Arena del Río") con una fecha del siglo primero A.C. Las frecuencias mayores de MRI se encuentran en el estrato inmediata mente superior.

Cuando se escogieron las muestras estudiadas aquí, el total de fragmentos de MRI recuperados de excavaciones era todavía muy pequeño y fue necesario incluir un buen número procedente de recolecciones superficiales, así que no se pudo enfocar el estudio hacia posibles cambios en la pasta e inclusiones a través del tiempo. Las preguntas principales eran: 1. Cuando los habitantes del altiplano estaban elaborando su propia cerámica, ¿por qué importaban MRI? 2. ¿De dónde la traían? El presente estudio presenta datos que ayudan a formular respuestas a ambas preguntas, a la vez que aclara muchas inquietudes acerca de los otros tipos que conforman la cerámica Herrera.

El análisis

Alrededor de cincuenta muestras de cerámica del período Herrera provenientes de diferentes sitios arqueológicos localizados al oeste y al noreste de Bogotá, fueron sometidos a un estudio físico-químico. El material estudiado consiste de: (a) cerámica del tipo |Mosquera Rojo Inciso (17 tiestos) excavada en Zipaquirá V, Canoas/ Fute y Bojacá 17; (b) cerámica del tipo Mosquera Roca Triturada proveniente de Nemocón y Zipaquirá V (15 tiestos), y (c) cerámica del tipo |Zipaquirá Desgrasante de Tiestos. Esta última, incluyendo un total de 25 muestras, fue descubierta en Nemocón, Zipaquirá V y Salinas de Zipaquirá.

Todas estas muestras arqueológicas fueron analizadas con la ayuda de dos métodos físicos de investigación. El estudio con el microscopio de luz polarizada se realizó sobre láminas delgadas de un espesor de 0,03 mm y tuvo como objetivo la identificación de los elementos no plásticos, transparentes y relativamente gruesos (0 > 0,05 mm). Las características químicas de la cerámica fueron estudiadas con un espectrofotómetro de absorción atómina y un total de 17 elementos mayores y trazas fueron determinados (Al, Ca, Co, Cr, Cu, Fe, K, Li, Mg, Mn, Na, Ni, Rb, Si, Sr, Ti y Zn). Los resultados del análisis químico fueron tratados estadísticamente por medio de un programa de computación apropiado. Los resultados de este análisis son presentados bajo la forma de dendrogramas, en los cuales se agrupan los tiestos en función de su creciente disimilitud. De esta manera resulta relativamente fácil la comparación de los datos provenientes del análisis químico por un lado con la tipología arqueológica y por otro con la clasificación mineralógica y petrográfica de los elementos desgrasantes de la cerámica.

Los resultados de los dos métodos físicos anteriormente mencionados están presentados en forma de anexo, después de la evaluación de sus implicaciones arqueológicas.

Una lista de las muestras analizadas acompaña este informe (Anexo 1). Ene! texto que sigue todas las muestras tendrán un número de registro de Laboratorio de Geología (Dir. Prof. Dr. R. MARE- CHAL) de la Universidad de Gante (Bélgica). El número de identificación de terreno se encuentra también en el Anexo 1.

Discusión de los resultados analíticos

La descripción del desgrasante y de las propiedades químicas de los diferentes tipos de cerámica de la Sabana de Bogotá, contribuye significativamente a la identificación, clasificación y establecimiento del origen de la cerámica del período Herrera. Puesto que para todas las cerámicas analizadas se han encontrado en las Salinas de Zipaquirá evidencia de su elaboración local, no hay dudas sobre el origen de las mismas, salvo en el caso de la cerámica del tipo Mosquera Rojo Inciso. Según datos arqueológicos muy recientes esta última procedería de la región suroeste del Altiplano Cundiboyacense. Resulta claro que para la determinación del origen de cualquier cerámica los resultados analíticos solos no son suficientes.

Deben ser consideradas también la naturaleza del substrato geológico presente en las regiones próximas y distantes del lugar de descubrimiento de la cerámica, la mineralogía y la petrografía de los tipos de roca presentes. Puesto que estas exigencias han sido satisfechas solo parcialmente, las conclusiones sólo pueden ser provisionales.

Mosquera Rojo Inciso

La gran variedad de desgrasantes encontrados en la cerámica del tipo MRI indica claramente la existencia de múltiples lugares de fabricación. A la luz de la información existente en el mapa geológico de Colombia no hay duda que algunos lugares de fabricación de la cerámica debieron encontrarse a gran distancia de Nemocón, Zipaquirá, Canoas/ Fute y Bojacá.

La subdivisión de la cerámica MRI en tres subgrupos, basada en propiedades físicas tales como la porosidad del material, y la presencia o ausencia de ciertos minerales como la biotita, debe ser rechazada definitivamente. Respecto a la presencia de la biotita cabe señalar que este mineral no se encuentra exclusivamente presente en los tiestos donde fue reconocido macroscópicamente (AR. 1847, AR. 1848, AR. 1849). El reconocimiento macroscópico se dificulta a veces por la baja frecuencia, y el tamaño de grano muy pequeño de este mineral. Tampoco estamos conformes con la utilización de la porosidad como criterio de clasificación ya que esta característica puede estar condicionada por múltiples factores. Por ejemplo la porosidad del tiesto AR. 1846 no es debida a procesos de disolución de romboédros de calcita como es el caso de la cerámica de tipo Mosquera Roca Triturada (AR. 1792 hasta AR. 1801 inclusive).

Puesto que los análisis químicos y las observaciones microscópicas permiten establecer la presencia de un mínimo de cuatro grupos diferentes, discutiremos sus orígenes en forma separada.

Subgrupo MRI (a)

Salvo pocas excepciones, los elementos desgrasantes relativamente gruesos de este subgrupo de cerámica son de origen volcánico. La naturaleza de los desgrasantes (fragmentos de roca y fragmentos de minerales) hace pensar que las cerámicas son originarias de lugares donde las rocas de tipo andesítico, dacítico, riodacítico y riolítico son frecuentes. La composición exacta de las inclusiones volcánicas no puede siempre se determinada, precisamente debido al pequeño tamaño de los granos y a su naturaleza vidriosa. La forma de estas inclusiones no sugiere tanto un origen piroclástico sino que indica más bien que derivan de la alteración o desintegración de coladas bastante compactas.

Teniendo en cuenta que el mapa geológico general de Colombia no indica la presencia de rocas volcánicas en el triángulo formado por Tunja, Puerto Salgar y Dolores, pero sí la presencia de rocas sedimentarias del período cretácico y del paleogeno, resulta claro que el lugar de fabricación debe buscarse fuera de esta región. El eje Puerto Salgar- Dolores sigue aproximadamente el curso actual del río Magdalena que está encajonado en sedimentos y rocas volcánicas de edad Oligoceno al Plioceno. El actual centro de fabricación de cerámica de La Chamba  se encuentra en esta región. A la altura de La Chamba los sedimentos y  las rocas volcánicas terciarias anteriormente mencionadas están recubiertas por depósitos aluviales cuaternarios del río Magdalena. No sólo los análisis químicos sino también la microscopía demuestran que la cerámica actualmente producida en esta región es similar  desde todo punto de vista con el material del tipo MRI (a). Todo indica que los lugares de fabricación de la cerámica MRI (a) debían estar localizados en alguna parte a lo largo del curso del río Magdalena. Solo a través de excavaciones arqueológicas muy minuciosas podría confirmarse la hipótesis de la existencia de una tradición muy antigua en la fabricación de cerámica en La Chamba y sus alrededores.

Subgrupo MRI (b)

Esta cerámica también fue importada a la Sabana de Bogotá puesto que contiene abundantes inclusiones de minerales y fragmentos de roca de origen magmático y metamórfico. Sin embargo, estas inclusiones son muy diferentes a las del grupo MRI (a) y sugieren un origen hacia el occidente. Son características de las rocas del núcleo de la cordillera Central.

Subgrupo MRI (c)

Tiene algunas características en común con la cerámica muisca |Guatavita Desgrasante Gris. Las inclusiones proceden, probablemente, de sedimentos cretácicos.

Subgrupo MRI (d)

Este subgrupo está representado por un solo fragmento, procedente de Bojacá 17. Es totalmente diferente a los otros grupos y podría ser de manufactura local. No existe ninguna evidencia de que las porosidades contenían alguna vez calcita ni otro mineral que se perdiera luego por lixiviación.

Se nota que cada sitio tiene ejemplares de más de uno de estos subgrupos (la muestra de Zipa V incluye un tercer fragmento con inclusiones sedimentarias que no figura en el dendrograma). Actual mente disponemos de material comparativo de Cachipay donde estudios petrológicos de una muestra pequeña, indican la presencia de dos subgrupos (Peña 1988: 36). El primero contiene "minerales de origen ígneo típicos de las formaciones geológicas de la cordillera Central o del valle del Magdalena, mientras que en el segundo sus componentes predominantes son de origen sedimentario, propios de la formación Villeta contigua al área de estudio". Asimismo pudo diferenciar las formas características de los 2 subgrupos: "Vasijas globulares y subglobulares con cuello y borde evertido, biselado inciso o curvo acanalado, son frecuentes en el subgrupo I; mientras que en el subgrupo II predominan grandes cuencos con paredes casi verticales, algunos aquillados. Esta división concuerda muy bien con los análisis descritos aquí, puesto que las "vasijas globulares y subglobulares con cuello y borde evertido..." también tienen inclusiones de origen ígneo, perteneciendo todos al subgrupo MRI (b). En cambio, los "grandes cuencos con paredes casi verticales, algunas aquilladas" se encuentran elaboradas en la presente muestra tanto en pasta con inclusiones de origen ígneo como sedimentario MRI (b), (c) y (d). Es muy interesante encontrar que en Salcedo (municipio de Apulo), localizado ya más cerca a los abanicos de la baja planicie tolimense y sitios como La Chamba, los estudios petrológicos y las formas de las vasijas indican una ausencia total del grupo con inclusiones de origen sedimentario (II). Sería importante en un futuro, tener más muestras en esta zona que nos permitirían documentar en detalle los cambios a lo largo del valle bajo del río Bogotá.

Es interesante poder constatar, a raíz de este estudio petrológico, un importante comercio en cerámica -y seguramente en otros bienes- entre los límites sur-occidentales de la Sabana de Bogotá y una región distante como La Chamba, es decir a más de cien kilómetros. No se espera, generalmente, que un producto tan frágil y pesado como la cerámica se hubiera transportado a distancias tan considerables. Quizás la primera mitad del trayecto se hizo en canoa, aprovechando el río Magdalena y la parte baja del río Bogotá. Llama mucho la atención el hecho que los habitantes del sur-occidente del altiplano, teniendo su propia alfarería, se hubieran tomado la molestia de conseguir cerámica MRI. Demuestra, seguramente, un aprecio de alcances técnicos y estéticos que ellos no pudieron lograr, tal vez por las limitaciones que impusieron las arcillas locales.

Otra inquietud surge alrededor de la relación entre la cerámica MRI (aunque quizás ahora sería más correcto hablar de "los diferentes tipos de cerámica MRI") y tipos relacionados como |Pubenza Rojo Inciso y Funza o Tunjuelito Cuarzo Fino (Card ale de Schrimpff 1976: 416-421). El Laboratorium voor Aardkunde tiene 5 secciones delgadas del primero, todavía sin estudiar, y 10 muestras del segundo con resultados preliminares. Aunque se consideraba, en un tiempo, que este último tipo pertenecía exclusivamente al período Muisca (Broadbent 1971: 186-7), en Cachipay aparece en pequeñas cantidades desde los inicios de la ocupación, incrementándose con el tiempo hasta llegar a predominar. La muestra analizada en Gantes procede en su totalidad del sitio Mosquera 8 (reseñado en Broadbent 1971; la muestra fue donada muy amablemente por Ana María Falchetti); desafortunadamente no está fechada. Su característica más llamativa es su contenido considerable de fitolitos, debido a lo cual el índice sílice/alumina es bastante alto (Si02 = 65.29%; Al203=13.68%). Según Rye "Estas formas de bio-sílice se caracterizan por su estructura altamente porosa...; en la cerámica forman una especie de red que absorbe las tensiones causadas por cambios fuertes de temperatura, resultando muy ventajosa para vasijas utilizadas para cocinar".

Mosquera Roca Triturada (MRT)

Este tipo de Cerámica tuvo una importancia muy grande durante el período Herrera aunque en sitios corno las Salinas de Zipaquirá se reemplaza paulatinamente, hacia finales del último siglo A.C., por el tipo |Zipaquirá Desgrasante Tiestos (Cardale de Schrimpff 1981: 65). El análisis de las muestras procedentes de la Salina de Nemocón reconfirma que la "roca triturada" es calcita. Inicialmente uno de los autores (Cardale de Schrimpff 198 1:63) había planteado la hipótesis que para esta cerámica se estaba empleando como materia prima el "rute"(la capa negra que cubre la sal gema en las salinas de Nemocón y Zipaquirá). Esta es una capa arcillosa y con un contenido relativa mente alto de calcita. Una muestra de ella fue enviada a Bélgica para comparar. Con el presente estudio, queda descartada la hipótesis inicial, puesto que demuestra que la calcita era agregada intencionalmente a arcillas sin carbonatos. Además, en la muestra de rute sometida a análisis, el porcentaje de calcita era bajo y el tamaño de los granos mucho más pequeño que en los que fueron empleados como desgrasante.

El brillo de la calcita llamaría, seguramente, la atención de los alfareros, pero a la vez, como desgrasante la calcita tiene la ventaja que su rata de expansión térmica es similar a la rata de la mayoría de arcillas cocidas. De esta manera, al calentar y luego enfriar la vasija durante el proceso de cocinar alimentos, las tensiones que se forman debido a ratas diferentes de expansión entre arcilla y desgrasante se reducen al mínimo y la vasija corre menos peligro de rajarse.

Sin embargo, la calcita tiene la desventaja de descomponerse a temperaturas elevadas, entre los 650° y los 898° C (Shepard 1968: 30) y en otro lugar (1981: 63-5) plantée la hipótesis que fue precisamente esta desventaja que, en las Salinas de Zipaquirá, al menos, llevó a su sustitución por la cerámica |Zipaquirá Desgrasante Tiestos (ZDT). El presente estudio reconfirma que las temperaturas a las cuales las vasijas fueron sometidas durante la cocción inicial y el uso, no eran lo suficientemente altas para alterar la calcita en forma importante. Por otro lado, la presencia de tiesto molido, visible macroscópicamente en algunos fragmentos, enfatiza el parentesco bastante estrecho entre esta cerámica y la ZDT, sugiriendo que el desarrollo de esta última implica no tanto una ruptura con tradiciones establecidas sino un cambio porcentual en los ingredientes como resultado de las observaciones de los alfareros.

En Zipaquirá, la presencia de fragmentos sin cocer no deja duda que se estaba elaborando esta cerámica en el lugar. La muestra analizada de Nemocón es muy homogénea en sí pero las diferencias en las escasas rocas no carbonatadas indicarían una fuente de materia prima diferente. Parece posible que el MRT no fuera producto de talleres especializados sino que cada familia elaboraría sus propias vasijas. Futuros estudios petrológicos de muestras contemporáneas, procedentes de sitios vecinos, aclararán, seguramente, esta inquietud.

Zipaquirá Desgrasante Tiestos (ZDT)

Tal vez uno de los resultados más prometedores del análisis de esta cerámica es la diferencia muy marcada entre la cerámica de Zipaquirá y la de Nemocón. La del primer lugar tiene una cantidad de tiesto molido mucho mayor, los fragmentos de roca son más comunes que en la cerámica de Nemocón y las variedades de roca algo diferentes. Especialmente llamativa es la cantidad de fitolitos en la pasta de la cerámica de Zipaquirá. Estas diferencias tan notorias podrían ser de gran utilidad para un estudio del comercio de la sal y los nexos sociales en aquella época.

Las diferencias entre la cerámica ZDT de los últimos dos siglos antes de Cristo y los primeros después, no parecen mayores aunque el estudio de formas, en contraste, revela cambios notorios. Quizás lo importante aquí no es tanto el desarrollo del tipo mismo sino la manera en que reemplaza la cerámica con desgrasante de calcita. Es interesante también la confirmación de las sospechas de la arqueóloga (C. de S.), que la cerámica más reciente estaba cocida o expuesta a temperaturas relativamente altas, seguramente como resultado de las necesidades de la industria de sal.

En una ocasión anterior se analizó una muestra de la arcilla amarilla que se encuentra debajo de los estratos culturales en Zipaquirá, además de un fragmento de cerámica MRT sin cocer. Se encontró que la arcilla era similar en composición no solamente en la cerámica "cruda" sino también a la pasta de los otros tipos de cerámica de manufactura local, lo cual parece indicar que en aquella época fue esta la arcilla que emplearon para todas las clases de cerámica que elabora ron en el lugar, agregándole desgrasantes de diferentes tipos y en distintas proporciones y cociéndolos más o menos tiempo según la forma de vasija que querían elaborar y el uso al cual la tenían destinada.

1 En este momento se conoce también cerámica MR! de los siguientes sitios Herrera en la parte central de la Sabana de Bogotá: Cogua (superficial); Salina de Tausa (superficial), el abrigo Chía II (Ardua 1984: 54). Parece estar ausente en la Salina de Nemocón y tampoco se encontró en la salina El Muelle, municipio de Sopó (Langebaek y Zea, 1983; Langebaek 1986: 128)

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