Ficha bibliográfica
Titulo:
Los antiguos alfareros del bajo Valle de Tenza, su poblamiento y manufacturas
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Juanita Saenz Samper




INDICE




LOS ANTIGUOS ALFAREROS DEL BAJO VALLE DE TENZA, SU POBLAMIENTO Y MANUFACTURAS


|JUANITA SAENZ SAMPER

 

A pesar de ser muy difícil ubicar la época en la que fue habitado al igual que la extensión de ese poblamiento -o quizá por esa misma razón- la historia prehispánica de la región hoy conocida como Bajo Valle de Tenza, en el suroriente de Boyacá, es apasionante.

En primer lugar, investigaciones arqueológicas realizadas en la zona (Sáenz, 1986) revelan que el centro de producción de cerámica llamada Valle de Tenza Gris quedaba en el Bajo Valle de Tenza. Sus habitantes prehispánicos lograron mantener una relativa homogeneidad cultural, que puede ser apreciada en el material allí recuperado: Aunque no se ha localizado talleres que corroboren esta hipótesis, la alta densidad de cerámica Valle de Tenza Gris presente, en contraposición a la existencia de otros tipos, parece sugerirlo. Infortunadamente no existen fechas de C14 para esta región, pero en los valles de Sutamarchán, Samacá y en Tunja se han obtenido algunas que van desde el siglo X d. C. hasta el XV d. C. relacionadas con pequeñas muestras de esta cerámica (Castillo, 1984; Boada Mora y Therrien, 1989).

Mapa 1.

Probablemente en el siglo X -en atención a las fechas citad as- ya existían en el valle comunidades alfareras. Hacen falta estudios para saber cómo y durante cuánto tiempo se conformaron los pueblos existentes a la llegada de los españoles: Tenza, Sutatenza, Garagoa, Guateque, Somondoco, Tibirita, Ubeita y Súnuba.

En cuanto a su historia sociopolítica, justo antes de la conquista estaba bajo la jurisdicción del cacique de Turmequé, quien a su vez era vasallo del Zaque; aunque el cacique de Guatavita, señor muy importante en terrenos limítrofes con los del Zaque, pudo haber tenido alguna injerencia política sobre el territorio, desde que en aquella época tenía sujeto al Súnuba (ANC. C+I. XXII. fl9r). Por otro lado también se sabe que fue epicentro de batallas entre el Zipa y el Zaque, ya que aquél deseaba adquirir el poder político que otorgaba el hecho de poseer más tierras, sobre todo en clima templado, ricas en productos cosechados (Lleras, 1984; Sáenz, 1986).

En el siglo XVI, según los españoles, el valle estaba densamente poblado debido, entre otras razones, a la fertilidad del mismo y a la variedad de sus productos (Piedrahíta, 1666/1942; I. 92). Al ser la topografía muy quebrada, los pobladores de la zona construyeron aterrazamientos en las laderas, donde ubicaron sus cultivos beneficiados por los numerosos cursos de agua que bajan por las pendientes. Estas, pronunciadas y extensas, ocasionan diversos microclimas, con un predominio del piso térmico medio y con terrenos en el frío y en el páramo. Estas condiciones, sumadas a la extraordinaria fertilidad del suelo, la convierten en una región propicia para el poblamiento masivo y es de creer que toda su organización social, política y económica estaba ya bien formada a la llegada de los españoles a su territorio.

Es incierta la época en que se inició la ocupación de la zona y, por consiguiente, cuándo comenzó la producción alfarera; ni siquiera cuándo se extinguió. Lo que sí tenemos claro es que allí se desarrolló la alfarería a gran escala, que sus vasijas debieron ser de una altísima calidad y muy apreciadas. Es bien común encontrar vestigios de cerámica Valle de Tenza Gris en sitios alejados y haciendo parte, la mayoría de las veces, de ajuares funerarios. Pero un interrogante surge al confrontar los hallazgos arqueológicos y de guaquería con las crónicas del siglo XVI y con documentos de archivo posteriores. En ellos nunca se describe a los pueblos del valle como "pueblos de olleros" a diferencia de Ráquira. ¿Es que se había extinguido la producción cerámica, o es que acaso en ese preciso momento los alfareros del valle estaban dedicados a otras actividades y la llegada de los españoles perturbó y desequilibró por completo la posterior producción?

El haber llegado Quesada con su ejército a estas tierras el día de San Juan, es decir el 24 de junio, época de invierno, puede explicarnos el hecho de no haber encontrado ningún alfarero. Actualmente las olieras de La Capilla, durante los meses de junio, julio, agosto y septiembre, reducen considerablemente la producción, ya que encuentran, debido al clima, serias dificultades para secar y cocinar el barro, y mientras tanto intensifican sus labores agrícolas (Sáenz, 1986). Por otro lado, hay que tener en cuenta que el objetivo de los españoles era descubrir las minas de esmeraldas de Somondoco, además de localizar una salida a los Llanos Orientales.

Gracias a las fechas relacionadas con la cerámica Valle de Tenza Gris en Samacá, Sutamarchán y Tunja, y utilizando los márgenes de error | 1 , podemos establecer casi cinco siglos de producción, desde el 905 hasta el 1495 d. C. luego de los cuales la información se interrumpe hasta finales del siglo XIX, cuando se implementa la tradición alfarera de La Capilla, emparentada con la de Ráquira que tiene raíces precolombinas comprobadas (Falchetti, 1975; Sáenz, 1986).

Las fuentes de arcilla en el Valle de Tenza son muy abundantes. Las actuales alfareras de La Capilla adquieren el barro blanco en la vereda que ha tomado su nombre de esa característica, Barroblanco; el gris, en un sitio llamado "El Chusiu", en inmediaciones del pueblo; el amarillo en la vereda Camagoa de este mismo municipio, también en Tenza, en las cercanías de la quebrada "La Guaya", en donde existe un depósito de aproximadamente 300 metros de largo. En Sutatenza hay afloramientos de arcilla roja cerca al río Somondoco, de arcilla negra y gris en los límites con el municipio de Guateque, y en Garagoa, cerca a la entrada del pueblo por el sitio "Las Juntas", hay yacimientos de barro rojo y negro. Todos los anteriores son los explotadas y por lo tanto los más conocidos hoy día, pero la región está constituida geológicamente por las formaciones Une, Villeta, Socha Inferior y Bogotá de las eras Mesozoica y Cenozoica. Dichas formaciones poseen rocas sedimentarias que incluyen arcillas, esquistos arcillosos, calizas y lutitas generalmente de color gris oscuro, pardas y rojizas. La naturaleza arcillosa de las rocas provoca la inestabilidad del terreno y los consiguientes derrumbes, famosos en el Valle de Tenza (IGAC, 1977; Royo y Gómez, 1942).

Según estos datos, los antiguos alfareros del Valle de Tenza no debieron tener ninguna dificultad en adquirir la arcilla necesaria para elaborar sus vasijas; por el contrario disponían de gran cantidad para producirlas masivamente, y de hecho lo hicieron, manteniendo siempre la homogeneidad de sus formas, decoraciones e inclusive de tecnología y arcillas utilizadas.

¿Qué extensión ocuparon los productores de esta cerámica? ¿En dónde puede ser ubicado un límite del territorio ocupado y su zona de influencia o la que ejercieron sus vecinos sobre ellos? Por el norte, el valle bajo del río Garagoa o Tibaná como se le llama en el Alto Valle de Tenza, comienza a la altura de los municipios de Chinavita y Pachavita, límite geográfico que también corresponde al arqueólogico. De Tibaná hacia el norte, el valle presenta características arqueológicas diferentes y no se le considera como un centro productor de la cerámica Valle de Tenza Gris (Lleras, 1989; Mapa 1).

En cuanto a su límite oriental no tenemos claro hasta dónde llegaba, únicamente sabemos que durante el período colonial existían en el piedemonte cacicazgos y capitanías teguas sujetos a caciques del Bajo Valle de Tenza (Sáenz, 1986), pero no se precisa cuál es su extensión. Según algunos informes provenientes de la zona, entregados por dueños de fincas y guaqueros, aún no confirmados desde el punto de vista arqueológico, cerca a la laguna de Teguas en el municipio de Los Cedros, en el piedemonte, se encontraron vasijas similares a las que comúnmente se descubren en Garagoa, Guateque o Tenza; asimismo en el municipio de Almeida en la zona esmeraldífera de Chivor.

En la época de la conquista, las fronteras sur y occidental lindaban con el territorio del Zipa, con quien -según investigaciones arqueológicas- mantenían vínculos estrechos. La cerámica hallada en el Guavio (Cundinamarca-región del Zipa) es estilísticamente igual a la del Bajo Valle de Tenza (Botiva, 1984), lo que sugiere la existencia de relaciones muy antiguas entre los pobladores de ambas regiones. Lo anterior se refuerza con el hecho de que el cacique de Guatavita tuviera sujetos políticamente a poblaciones del valle desde antes de la llegada de los españoles.

Los habitantes del Bajo Valle de Tenza sobresalieron, tal vez por varios siglos, gracias a su producción alfarera. Esta fue abundante y apetecida por muchos otros pueblos, y por sus cualidades físicas, caracteriza a los habitantes de una vasta región que posiblemente se extendía bastante en el piedemonte llanero. La unidad y relaciones estrechas de los pueblos que se asentaron en esta zona, se pueden notar en la homogeneidad de su cerámica. Formas y decoraciones distintivas, y escogencia de arcillas similares en su composición, que junto con el tratamiento de cocción, les produjo a las vasijas los tonos grisáceos predominantes que las distinguen, son rasgos característicos que identifican esta alfarería, y por estos mismos, hoy día los arqueólogos la distinguimos como Tipo Valle de Tenza Gris.

Este artículo pretende ampliar un poco más la descripción de esta cerámica cuya tradición alfarera probablemente se mantuvo sin mayores modificaciones por varios siglos. La diversidad en formas y decoraciones, especialmente de las copas, posiblemente se deba a cambios ocurridos a través del tiempo, hasta el momento imposibles de definir, por la ausencia de fechas asociadas a vasijas completas fuera y dentro del Valle de Tenza; también es factible que sean a causa de sus diferentes funciones o de mínimas variaciones regionales dentro de los mismos pueblos de la zona.

La descripción que se hace a continuación se basa en el estudio de vasijas completas, halladas en contextos funerarios. Algunas hacen parte de colecciones privadas y la mayoría pertenecen a las colecciones cerámicas del Museo del Oro del Banco de la República y del Museo Arqueológico Casa del Marqués de San Jorge del Banco Popular. De esta manera se pudieron observar cerca de 200 vasijas que permitieron tener un conocimiento mayor sobre las características formales y decorativas de este conjunto y sobre su dispersión en el altiplano cundiboyacense, los valles que lo rodean y Santander. La mayoría de las procedencias son, desgraciadamente, fruto de guaquería, lo que hace que los informes no sean del todo confiables, aunque pueden de todas maneras servir como guía.

1 Sutamarchán 1050 ± 145 d.C. (GX 14491). Tapias I (Samacá) 1290 ± 105 d.C. (GX 14490). Peñitas (Samacá) 1305 ± 165 d.C. (GX 14492). El Venado (Samacá, sitio revuelto) 1390± 105d.C. (Boada, Mora y Therrien, 1989). Tunja 1170 ± ? (Castillo, 1984).

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