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INDICE
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LOS ANTIGUOS ALFAREROS DEL BAJO
VALLE DE TENZA, SU POBLAMIENTO Y MANUFACTURAS
|JUANITA SAENZ SAMPER
A pesar de ser muy difícil ubicar la época en la que fue
habitado al igual que la extensión de ese poblamiento -o quizá por
esa misma razón- la historia prehispánica de la región hoy conocida
como Bajo Valle de Tenza, en el suroriente de Boyacá, es
apasionante.
En primer lugar, investigaciones arqueológicas realizadas en la
zona (Sáenz, 1986) revelan que el centro de producción de cerámica
llamada Valle de Tenza Gris quedaba en el Bajo Valle de Tenza. Sus
habitantes prehispánicos lograron mantener una relativa
homogeneidad cultural, que puede ser apreciada en el material allí
recuperado: Aunque no se ha localizado talleres que corroboren esta
hipótesis, la alta densidad de cerámica Valle de Tenza Gris
presente, en contraposición a la existencia de otros tipos, parece
sugerirlo. Infortunadamente no existen fechas de C14 para esta
región, pero en los valles de Sutamarchán, Samacá y en Tunja se han
obtenido algunas que van desde el siglo X d. C. hasta el XV d. C.
relacionadas con pequeñas muestras de esta cerámica (Castillo,
1984; Boada Mora y Therrien, 1989).
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Mapa 1.
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Probablemente en el siglo X -en atención a las fechas citad as-
ya existían en el valle comunidades alfareras. Hacen falta estudios
para saber cómo y durante cuánto tiempo se conformaron los pueblos
existentes a la llegada de los españoles: Tenza, Sutatenza,
Garagoa, Guateque, Somondoco, Tibirita, Ubeita y Súnuba.
En cuanto a su historia sociopolítica, justo antes de la
conquista estaba bajo la jurisdicción del cacique de Turmequé,
quien a su vez era vasallo del Zaque; aunque el cacique de
Guatavita, señor muy importante en terrenos limítrofes con los del
Zaque, pudo haber tenido alguna injerencia política sobre el
territorio, desde que en aquella época tenía sujeto al Súnuba (ANC.
C+I. XXII. fl9r). Por otro lado también se sabe que fue epicentro
de batallas entre el Zipa y el Zaque, ya que aquél deseaba adquirir
el poder político que otorgaba el hecho de poseer más tierras,
sobre todo en clima templado, ricas en productos cosechados
(Lleras, 1984; Sáenz, 1986).
En el siglo XVI, según los españoles, el valle estaba densamente
poblado debido, entre otras razones, a la fertilidad del mismo y a
la variedad de sus productos (Piedrahíta, 1666/1942; I. 92). Al ser
la topografía muy quebrada, los pobladores de la zona construyeron
aterrazamientos en las laderas, donde ubicaron sus cultivos
beneficiados por los numerosos cursos de agua que bajan por las
pendientes. Estas, pronunciadas y extensas, ocasionan diversos
microclimas, con un predominio del piso térmico medio y con
terrenos en el frío y en el páramo. Estas condiciones, sumadas a la
extraordinaria fertilidad del suelo, la convierten en una región
propicia para el poblamiento masivo y es de creer que toda su
organización social, política y económica estaba ya bien formada a
la llegada de los españoles a su territorio.
Es incierta la época en que se inició la ocupación de la zona y,
por consiguiente, cuándo comenzó la producción alfarera; ni
siquiera cuándo se extinguió. Lo que sí tenemos claro es que allí
se desarrolló la alfarería a gran escala, que sus vasijas debieron
ser de una altísima calidad y muy apreciadas. Es bien común
encontrar vestigios de cerámica Valle de Tenza Gris en sitios
alejados y haciendo parte, la mayoría de las veces, de ajuares
funerarios. Pero un interrogante surge al confrontar los hallazgos
arqueológicos y de guaquería con las crónicas del siglo XVI y con
documentos de archivo posteriores. En ellos nunca se describe a los
pueblos del valle como "pueblos de olleros" a diferencia de
Ráquira. ¿Es que se había extinguido la producción cerámica, o es
que acaso en ese preciso momento los alfareros del valle estaban
dedicados a otras actividades y la llegada de los españoles
perturbó y desequilibró por completo la posterior producción?
El haber llegado Quesada con su ejército a estas tierras el día
de San Juan, es decir el 24 de junio, época de invierno, puede
explicarnos el hecho de no haber encontrado ningún alfarero.
Actualmente las olieras de La Capilla, durante los meses de junio,
julio, agosto y septiembre, reducen considerablemente la
producción, ya que encuentran, debido al clima, serias dificultades
para secar y cocinar el barro, y mientras tanto intensifican sus
labores agrícolas (Sáenz, 1986). Por otro lado, hay que tener en
cuenta que el objetivo de los españoles era descubrir las minas de
esmeraldas de Somondoco, además de localizar una salida a los
Llanos Orientales.
Gracias a las fechas relacionadas con la cerámica Valle de Tenza
Gris en Samacá, Sutamarchán y Tunja, y utilizando los márgenes de
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1
, podemos
establecer casi cinco siglos de producción, desde el 905 hasta el
1495 d. C. luego de los cuales la información se interrumpe hasta
finales del siglo XIX, cuando se implementa la tradición alfarera
de La Capilla, emparentada con la de Ráquira que tiene raíces
precolombinas comprobadas (Falchetti, 1975; Sáenz, 1986).
Las fuentes de arcilla en el Valle de Tenza son muy abundantes.
Las actuales alfareras de La Capilla adquieren el barro blanco en
la vereda que ha tomado su nombre de esa característica,
Barroblanco; el gris, en un sitio llamado "El Chusiu", en
inmediaciones del pueblo; el amarillo en la vereda Camagoa de este
mismo municipio, también en Tenza, en las cercanías de la quebrada
"La Guaya", en donde existe un depósito de aproximadamente 300
metros de largo. En Sutatenza hay afloramientos de arcilla roja
cerca al río Somondoco, de arcilla negra y gris en los límites con
el municipio de Guateque, y en Garagoa, cerca a la entrada del
pueblo por el sitio "Las Juntas", hay yacimientos de barro rojo y
negro. Todos los anteriores son los explotadas y por lo tanto los
más conocidos hoy día, pero la región está constituida
geológicamente por las formaciones Une, Villeta, Socha Inferior y
Bogotá de las eras Mesozoica y Cenozoica. Dichas formaciones poseen
rocas sedimentarias que incluyen arcillas, esquistos arcillosos,
calizas y lutitas generalmente de color gris oscuro, pardas y
rojizas. La naturaleza arcillosa de las rocas provoca la
inestabilidad del terreno y los consiguientes derrumbes, famosos en
el Valle de Tenza (IGAC, 1977; Royo y Gómez, 1942).
Según estos datos, los antiguos alfareros del Valle de Tenza no
debieron tener ninguna dificultad en adquirir la arcilla necesaria
para elaborar sus vasijas; por el contrario disponían de gran
cantidad para producirlas masivamente, y de hecho lo hicieron,
manteniendo siempre la homogeneidad de sus formas, decoraciones e
inclusive de tecnología y arcillas utilizadas.
¿Qué extensión ocuparon los productores de esta cerámica? ¿En
dónde puede ser ubicado un límite del territorio ocupado y su zona
de influencia o la que ejercieron sus vecinos sobre ellos? Por el
norte, el valle bajo del río Garagoa o Tibaná como se le llama en
el Alto Valle de Tenza, comienza a la altura de los municipios de
Chinavita y Pachavita, límite geográfico que también corresponde al
arqueólogico. De Tibaná hacia el norte, el valle presenta
características arqueológicas diferentes y no se le considera como
un centro productor de la cerámica Valle de Tenza Gris (Lleras,
1989; Mapa 1).
En cuanto a su límite oriental no tenemos claro hasta dónde
llegaba, únicamente sabemos que durante el período colonial
existían en el piedemonte cacicazgos y capitanías teguas sujetos a
caciques del Bajo Valle de Tenza (Sáenz, 1986), pero no se precisa
cuál es su extensión. Según algunos informes provenientes de la
zona, entregados por dueños de fincas y guaqueros, aún no
confirmados desde el punto de vista arqueológico, cerca a la laguna
de Teguas en el municipio de Los Cedros, en el piedemonte, se
encontraron vasijas similares a las que comúnmente se descubren en
Garagoa, Guateque o Tenza; asimismo en el municipio de Almeida en
la zona esmeraldífera de Chivor.
En la época de la conquista, las fronteras sur y occidental
lindaban con el territorio del Zipa, con quien -según
investigaciones arqueológicas- mantenían vínculos estrechos. La
cerámica hallada en el Guavio (Cundinamarca-región del Zipa) es
estilísticamente igual a la del Bajo Valle de Tenza (Botiva, 1984),
lo que sugiere la existencia de relaciones muy antiguas entre los
pobladores de ambas regiones. Lo anterior se refuerza con el hecho
de que el cacique de Guatavita tuviera sujetos políticamente a
poblaciones del valle desde antes de la llegada de los
españoles.
Los habitantes del Bajo Valle de Tenza sobresalieron, tal vez
por varios siglos, gracias a su producción alfarera. Esta fue
abundante y apetecida por muchos otros pueblos, y por sus
cualidades físicas, caracteriza a los habitantes de una vasta
región que posiblemente se extendía bastante en el piedemonte
llanero. La unidad y relaciones estrechas de los pueblos que se
asentaron en esta zona, se pueden notar en la homogeneidad de su
cerámica. Formas y decoraciones distintivas, y escogencia de
arcillas similares en su composición, que junto con el tratamiento
de cocción, les produjo a las vasijas los tonos grisáceos
predominantes que las distinguen, son rasgos característicos que
identifican esta alfarería, y por estos mismos, hoy día los
arqueólogos la distinguimos como Tipo Valle de Tenza Gris.
Este artículo pretende ampliar un poco más la descripción de
esta cerámica cuya tradición alfarera probablemente se mantuvo sin
mayores modificaciones por varios siglos. La diversidad en formas y
decoraciones, especialmente de las copas, posiblemente se deba a
cambios ocurridos a través del tiempo, hasta el momento imposibles
de definir, por la ausencia de fechas asociadas a vasijas completas
fuera y dentro del Valle de Tenza; también es factible que sean a
causa de sus diferentes funciones o de mínimas variaciones
regionales dentro de los mismos pueblos de la zona.
La descripción que se hace a continuación se basa en el estudio
de vasijas completas, halladas en contextos funerarios. Algunas
hacen parte de colecciones privadas y la mayoría pertenecen a las
colecciones cerámicas del Museo del Oro del Banco de la República y
del Museo Arqueológico Casa del Marqués de San Jorge del Banco
Popular. De esta manera se pudieron observar cerca de 200 vasijas
que permitieron tener un conocimiento mayor sobre las
características formales y decorativas de este conjunto y sobre su
dispersión en el altiplano cundiboyacense, los valles que lo rodean
y Santander. La mayoría de las procedencias son, desgraciadamente,
fruto de guaquería, lo que hace que los informes no sean del todo
confiables, aunque pueden de todas maneras servir como guía.
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Sutamarchán 1050 ± 145 d.C. (GX 14491). Tapias I (Samacá) 1290
± 105 d.C. (GX 14490). Peñitas (Samacá) 1305 ± 165 d.C. (GX 14492).
El Venado (Samacá, sitio revuelto) 1390± 105d.C. (Boada, Mora y
Therrien, 1989). Tunja 1170 ± ? (Castillo, 1984).
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