Ficha bibliográfica
Titulo:
Avances de investigación, Boletín del Museo del Oro. Nš 24. Mayo - Agosto de 1989
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Juanita Sáenz Obregón-Marianne Cardale de Schrimpff




INDICE




 

Avances de Investigación UN MOLDE PARA FUNDIR GRÁNULOS DE ORO ENCONTRADO EN CALIMA
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Juanita Sáenz Obregón
Marianne Cardale de Schrimpff

La técnica de granulación tuvo una larga vida en el Viejo Mundo. Nace en Egipto y el Cercano Oriente hacia el año 2.000 A. de C., evoluciona en esta zona y en Grecia Prehelénica durante todo el segundo milenio A. de C., pasa a los griegos y etruscos en los siglos VIII y VII cuando obtiene su máximo desarrollo y comienza a decaer lentamente hasta olvidarse antes de los inicios de la era cristiana. (Freijeiro, Antonio B. "Orfebres prerromanos" en: |El oro de la España Prerromana Ed. Zugarto, 1989).

La granulación americana es seguramente una invención independiente. En Colombia los primeros indicios de dicha técnica aparecen rela cionados con el área Tumaco, cuya producción metalúrgica se remonta a los primeros siglos A. de C.; posteriormente, se encuentra en el área Calima donde la profusión de objetos elaborados por granulación es uno de los aspectos más característicos de la orfebrería Yotoco producida durante los primeros 8 a 10 siglos de nuestra era.

Los granos o pepitas se utilizaron para fabricar cuentas de collar, anillos y marcos para espejos de pirita.

Según los análisis efectuados a piezas de la zona de Esmeraldas-La Tolita y Atacames (Ecuador), Bergsoe llega a la conclusión que los gránu los, fueron unidos con soldadura directa sin adicionar ningún otro metal de menor punto de fusión. También describe un posible sistema para armar las cuentas: las bolitas o gránulos de oro se colocaban, presionándolos, en arcilla húmeda, mezclada con carbón vegetal pulverizado que evitaría la oxidación de los gránulos debido a su contenido de cobre, permitiendo que en los puntos de unión se lleve a cabo la soldadura directa sin el uso de fundente. Es necesario un manejo muy hábil de la temperatura, para que las superficies a unir lleguen a la temperatura de fusión sin que las piezas se fundan totalmente: en algunos ejemplares se puede ver que la temperatura se sobrepasó y la pieza se deformó ligeramente. (Bergsoe Paul.

The metallurgy and technology of gold and platinum among the Pre-Columbian Indians, Copenhaguen, 1937).

Los análisis de la estructura de los granos, efectuados por David Scott (1982) revelan que fueron fundidos utilizando oro nativo, sin la adi ción de otro metal. Scott reseña algunos otros métodos posiblemente utilizados para fabricar gránulos de esta clase: Orchard sugiere que se dejaba caer oro derretido a través de una rejilla con orificios muy pequeños a un recipiente con agua; según los experimentos de Untrach, se calentaban pequeños fragmentos de alambre de igual tamaño sobre una cama de carbón pulverizado, los cuales al fundirse formaban pequeñas esferas debido a la tensión superficial (Scott, David, Prehispanic Columbian Metallurgy: Studies of Some Gold and Platinum Alloys, Vol. I,

Un hallazgo reciente en el área Calima* sugiere el uso de otro método. Hace algunos años fue hallada en Restrepo (Valle), una placa de cerámica con pequeñas concavidades, utilizada según todos los indicios, para fundir gránulos. Todavía los consera en dos de las depresiones (Foto No. 1). El hallazgo tuvo lugar en la finca del señor Juan Calderón en la vereda Calimita. Originalmente la placa tenía una forma ovalada y medía aproximadamente 7.0 cm de largo por 5.0 cm de ancho; desafortunadamente se partió al sacarla. Estaba, según el señor Rendón autor del hallazgo y quien amablemente nos proporcionó la información, junto a otro de igual tamaño, como los dos panes de un emparedado; esta última, también con gránulos de oro, se logró sacar entera, aunque no se conoce su actual paradero.

Las dos se encontraron muy cerca a la superficie, en un hueco pequeño de unos 20 cm de profundidad, junto con unas piedras sin labrar. No sabemos si había carbón alrededor, pero no se debe descartar la posibilidad de que las piedras formaran parte de una hoguera, quizás en el taller de un orfebre.

El fragmento mide actualmente 7.2 cm por 3.7 cm con 8 mm de espesor en el centro. Se adelgaza hacia los bordes donde mide solamente 6 mm. La arcilla es de color grisoso, quemada según parece en atmósfera reductora; además bajo el microscopio se ven partículas negras, aparentemente carbón y un alto contenido de arena. Según Shepard, la materia orgánica o carbonácea contenida en las arcillas, combinada con oxígeno pasa a forma gaseosa convirtiéndose en COZ CO (Shepard, Anna. Ceramics for the Archaeologist. Carnegie Inst. Washington D.C. 1956). Esta reacción eleva la temperatura del molde de arcilla favoreciendo la fundición del oro nativo a una temperatura aproximada de 800 a 950° C. La porosidad del molde, importante para la resistencia al choque termal, es muy alta por su contenido de carbón y seguramente esto explica su baja dureza (2 en la escala de Moh).

Los huecos se hicieron a distancias entre 1 y 3 mm en líneas rectas y paralelas; son completamente circulares con paredes verticales y varían ligeramente en tamaño (1.5 a 3 mm).

Parece que para elaborar los gránulos, el orfebre llenó cada orificio del molde con oro en polvo. Luego lo calentaría hasta la temperatura de fundición del oro, el cual debido a su tensión superficial, tomaría de una vez su forma esférica.

Es posible que moldes en arcilla similares fueron utilizados para elaborar cuentas de collar; hace unos años, un residente de Restrepo tuvo en su poder una placa de arcilla que tenía en cada hoyo, una protuberancia central. De esta manera las cuentas metálicas hubieran quedado de una vez con la perforación para enhebrarlas.

 

LAS COSTUMBRES FUNERARIAS PREHISPÁNICA EN EL CURSO ALTO DEL RIO CALIMA

Héctor Salgado López
Carlos Armando Rodríguez

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Foto l. Panorámica del valle del Calima, en primer plano la región de Samaria y ando fondo el embalse del Calima.

El objetivo principal del proyecto "Las costumbres funerarias prehispánicas en la región Calima" es el de obtener nueva información sobre las prácticas funerarias, en particular las formas de las tumbas, el tipo de entierro y el ajuar funerario de las sociedades agroalfareras, llama, Yotoco y Sonso. En la Hacienda Samaria se excavaron un total de 58 tumbas.

Diez de las cincuenta y ocho tumbas en Samaria pertenecieron a los representantes de la cultura llama. Todas fueron del tipo de pozo con cámara lateral; el pozo era rectangular, excepto el de la tumba 5 que se presentó cuadrado. Los pozos tenían orientación noroeste-sureste y norestesuroeste. La cámara se abrió hacia uno de los lados mayores del pozo y presentó una orientación similar a la de éste.

De acuerdo a la profundidad del piso del pozo con relación al piso de la cámara pudieron establecerse dos variantes: en la primera de ellas, el piso del pozo se presentó a una misma profundidad que el piso de la cámara. En la segunda variante el piso del pozo se encontraba a menor profundidad que el piso de la cámara, formando una especie de escalinata.

La alta acidez de los suelos no permitió la conservación de restos óseos humanos en las cámaras, cuyas dimensiones permiten perfectamente el entierro primario de niños y adultos.

En lo que respecta al ajuar funerario, siete de las diez tumbas excavadas lo presentaron. Estaba constituido primordialmente de objetos cerámicos. Por regla general, el ajuar constó de una o dos vasijas, tales como alcarrazas, cuencos, ollitas, copas y vasos cilíndricos, tiestos, piedras y desechos de talla.

A nivel comparativo, las cinco tumbas de la variante dos de Samaria presentan analogías, con las cuatro tumbas reportadas por Bray et al. (1988: 10, Fig. 9), para la finca El Topacio. Otra de las tumbas conocidas es la de Agualinda, en el sector de Restrepo, con una fecha de 80 ± 90 A. C., (Beta 5100).

De la cultura Yotoco fueron excavadas cuatro tumbas. Su tipo único fue de pozo con cámara lateral. El pozo invariablemente rectangular pre sentó orientación noroeste-sureste y en un solo caso, noreste-suroeste.

En todas las tumbas el piso del pozo se encontró a menos profundidad que el piso de la cámara. Esta última apareció hacia uno de los lados mayores del pozo y tenía forma rectangular en planta, su orientación fue similar a la del pozo.

Evidencias de posible calcinación fueron encontradas en dos tumbas.

En dos de las cuatro tumbas excavadas había ajuar funerario. En la cámara de la tumba 2, junto con una alcarraza con pintura negativa en diseños triangulares y circulares, se encontró un pequeño arito de oro; por otra parte, en la tumba 6 apareció un cántaro de uso doméstico fragmentado.

Por su tipología, las tumbas Yotoco excavadas en Samaria difieren en parte de las únicas tres tumbas, de este período, reportadas arqueológi camente para el curso alto del río Calima, aun cuando, todas son de pozo con cámara lateral. Una variante diferente, en cuanto a que el piso del pozo estaba a la misma profundidad que el piso de la cámara, ausente en Samaria, se presentó en un tumba excavada en la plataforma central del cerro Cabo de la Vela, en Jiguales; su pozo era prácticamente circular y su cámara irregular (Salgado, 1988: 71, Fig. 85: 4).

El 55% de las tumbas excavadas en Samaria pertenecieron a la cultura Sonso. Sus características morfológicas, permitieron establecer, provisionalmente, los siguientes tipos y variantes:

Tipo 1. Tumbas de pozo con cámara hacia uno de los extremos del pozo; éste último era rectangular y tenía orientación noroeste-sureste y noreste-sureste.

Por la orientación de la cámara, se definieron dos variantes:

Variante 1. Cámara con la misma orientación del pozo (total 17 tumbas). En planta la cámara puede ser rectangular, semirrectangular u ovoidal. (Foto 2).

Sub-variante 1. Cuando el piso del pozo se presentó al mismo nivel que el piso de la cámara. Sub-variante 2. Cuando el piso del pozo era inclinado o en "resbalón".

Variante 2. Cámara con orientación opuesta a la del pozo (bóveda "atravesada'; en todas las tumbas de esta variante el piso del pozo estaba al mismo nivel que el piso de la cámara y la bóveda era semi-elíptica o semi-rectangular.

Tipo 2. Tumbas de pozo con cámara hacia uno de sus lados mayores; el único ejemplar de este tipo fue la tumba 32, cuyo pozo casi cua drado, estaba orientado -noreste-sureste. La cámara, en planta era rectangular, con la misma orientación del pozo. Por sus características morfológicas y dimensiones, esta tumba es similar a las tumbas Yotoco.

Tipo 3. Tumbas de pozo simple sin cámara. Se excavaron en total diez y su forma era la de un pozo rectangular con orientación similar a las de los tipos ya mencionados.

Variante 1. Con paredes que. bajan a plomo, casi rectas o un poco inclinadas. El piso puede ser plano o levemente inclinado.

Variante 2. Con paredes que hacen un escalón en el pozo, formando un cajón rectangular en el centro del piso.

Las cámaras de los tipos 1 y 2 generalmente se encontraban rellenas de tierra o "taquiadas" y en algunos casos, a la entrada de estas se halló una especie de cuneta donde fue colocada seguramente alguna estructura de madera que tapaba la entrada; en otras cámaras eran aún visibles las huellas circulares de los postes que tapaban la entrada; en unas pocas tumbas la entrada a la cámara la cubrían piedras grandes, incluyendo metates, y la cámara en sí estaba sin tierra.

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Foto 2. Cámara de la tumba 21 con entierro primario en sarcófago de madera

El tipo clásico de entierro detectado fue el primario, especialmente individual, en posición probablemente extendida, sobre el piso, o acom pañado de dos a cuatro piedras al lado de la cabeza y los pies.

En dos tumbas del tipo 1, variante 1, el entierro de un niño y un adulto respectivamente fue hecho en sarcófagos de madera (Foto 2). El ajuar funerario lo presentaron doce tumbas y constó de más de treinta vasijas de cerámica, dos butacos de madera y varios objetos líticos. Fue un poco más abundante, con un promedio de cuatro vasijas, en ambas variantes de las tumbas del tipo 1.

Dos de los tipos establecidos para Samaria tienen similitudes con formas de tumbas Sonso tanto del sector de Darién como de Restrepo.

El tipo 2 de Samaria no ha sido reportado hasta el presente para el período Sonso de la región Calima. Es importante aclarar que, al sur de Calima, en la región de la Cumbre-Pavas fueron investigadas dos tumbas del tipo 3, variante 2, y una de ellas fue fechada en el siglo VI D. C. (530 +- 70 D.C.; B-4679); (Gahwiler, 1988: 55-56; Figs.: 68-69).

De las cincuenta y ocho tumbas estudiadas, doce resultaron huecos o "amagos"; en su interior se encontró sólo carbón y tiestos. Su pertenencia cultural aún no es clara. Estos pozos presentaron forma rectangular, semirectangular, circular, semicircular y cuadrada. Su orientación fue la misma que la de las tumbas llama y Yotoco. Su principal característica fue el escalonamiento, en la medida en que se iban profundizando; la cantidad de escalas que formaban varió de una a cuatro.

Como resultado de los trabajos de campo en Samaria, fue posible ampliar la escasa información existente sobre las costumbres funerarias de las sociedades agro-alfareras llama (I milenio A.C.), Yotoco (I milenio D.C.) y Sonso (siglos X-XVI D.C.).

La similitud en forma y dimensiones entre las tumbas llama y Yotoco nos permiten sugerir, tentativamente, la existencia de una continuidad étnica entre los representantes de estas dos culturas; esta propuesta se reafirma por la presencia de cerámica con características llama-Yotoco revuelta en los huecos o "amagos".

La existencia en la región de La CumbrePavas de tumbas de pozo simple, sin cámara y con un cajón rectangular en el centro del pozo (tipo 3, variante 2 de Samaria) y una fecha del siglo VI D.C. para la tumba de Purilia (Gahwiler, 1988: 55), nos permiten sugerir datos cronológicos similares para este tipo de tumbas Sonso de Samaria.

La presencia temprana de elementos culturales Sonso, hacia los siglos VI-VII D.C., ha sido planteada, recientemente, para sitios de vivienda tanto en el curso bajo del río Calima, en la llanura aluvial del Pacífico (Rodríguez, 1988: 87); como en Jiguales, en el alto Calima (Salgado, 1988: 67). Lo anterior indicaría la existencia de cierta convivencia, durante varios siglos, entre los representantes de las sociedades Yotoco y Sonso.

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Foto 3. Tumba 25, de pozo simple con cajón rectangular en el centro del pozo

 

* La placa de arcilla fue donada al Museo del Oro por el señor Benoit Jounod.

 

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