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Avances de Investigación
UN MOLDE PARA FUNDIR GRÁNULOS DE ORO
ENCONTRADO EN CALIMA
Juanita Sáenz Obregón
Marianne Cardale de Schrimpff
La técnica de granulación tuvo una larga vida en el Viejo Mundo.
Nace en Egipto y el Cercano Oriente hacia el año 2.000 A. de C.,
evoluciona en esta zona y en Grecia Prehelénica durante todo el
segundo milenio A. de C., pasa a los griegos y etruscos en los
siglos VIII y VII cuando obtiene su máximo desarrollo y comienza a
decaer lentamente hasta olvidarse antes de los inicios de la era
cristiana. (Freijeiro, Antonio B. "Orfebres
prerromanos" en:
|El oro de la España Prerromana
Ed. Zugarto, 1989).
La granulación americana es seguramente una invención
independiente. En Colombia los primeros indicios de dicha técnica
aparecen rela cionados con el área Tumaco, cuya producción
metalúrgica se remonta a los primeros siglos A. de C.;
posteriormente, se encuentra en el área Calima donde la profusión
de objetos elaborados por granulación es uno de los aspectos más
característicos de la orfebrería Yotoco producida durante los
primeros 8 a 10 siglos de nuestra era.
Los granos o pepitas se utilizaron para fabricar cuentas de
collar, anillos y marcos para espejos de pirita.
Según los análisis efectuados a piezas de la zona de
Esmeraldas-La Tolita y Atacames (Ecuador), Bergsoe llega a la
conclusión que los gránu los, fueron unidos con soldadura directa
sin adicionar ningún otro metal de menor punto de fusión. También
describe un posible sistema para armar las cuentas: las bolitas o
gránulos de oro se colocaban, presionándolos, en arcilla húmeda,
mezclada con carbón vegetal pulverizado que evitaría la oxidación
de los gránulos debido a su contenido de cobre, permitiendo que en
los puntos de unión se lleve a cabo la soldadura directa sin el uso
de fundente. Es necesario un manejo muy hábil de la temperatura,
para que las superficies a unir lleguen a la temperatura de fusión
sin que las piezas se fundan totalmente: en algunos ejemplares se
puede ver que la temperatura se sobrepasó y la pieza se deformó
ligeramente. (Bergsoe Paul.
The metallurgy and technology of gold and platinum among the
Pre-Columbian Indians, Copenhaguen, 1937).
Los análisis de la estructura de los granos, efectuados por
David Scott (1982) revelan que fueron fundidos utilizando oro
nativo, sin la adi ción de otro metal. Scott reseña algunos otros
métodos posiblemente utilizados para fabricar gránulos de esta
clase: Orchard sugiere que se dejaba caer oro derretido a través de
una rejilla con orificios muy pequeños a un recipiente con agua;
según los experimentos de Untrach, se calentaban pequeños
fragmentos de alambre de igual tamaño sobre una cama de carbón
pulverizado, los cuales al fundirse formaban pequeñas esferas
debido a la tensión superficial (Scott, David, Prehispanic
Columbian Metallurgy: Studies of Some Gold and Platinum Alloys,
Vol. I,
Un hallazgo reciente en el área Calima* sugiere el uso de otro método. Hace
algunos años fue hallada en Restrepo (Valle), una placa de cerámica
con pequeñas concavidades, utilizada según todos los indicios, para
fundir gránulos. Todavía los consera en dos de las depresiones
(Foto No. 1). El hallazgo tuvo lugar en la finca del señor Juan
Calderón en la vereda Calimita. Originalmente la placa tenía una
forma ovalada y medía aproximadamente 7.0 cm de largo por 5.0 cm de
ancho; desafortunadamente se partió al sacarla. Estaba, según el
señor Rendón autor del hallazgo y quien amablemente nos proporcionó
la información, junto a otro de igual tamaño, como los dos panes de
un emparedado; esta última, también con gránulos de oro, se logró
sacar entera, aunque no se conoce su actual paradero.
Las dos se encontraron muy cerca a la superficie, en un hueco
pequeño de unos 20 cm de profundidad, junto con unas piedras sin
labrar. No sabemos si había carbón alrededor, pero no se debe
descartar la posibilidad de que las piedras formaran parte de una
hoguera, quizás en el taller de un orfebre.
El fragmento mide actualmente 7.2 cm por 3.7 cm con 8 mm de
espesor en el centro. Se adelgaza hacia los bordes donde mide
solamente 6 mm. La arcilla es de color grisoso, quemada según
parece en atmósfera reductora; además bajo el microscopio se ven
partículas negras, aparentemente carbón y un alto contenido de
arena. Según Shepard, la materia orgánica o carbonácea contenida en
las arcillas, combinada con oxígeno pasa a forma gaseosa
convirtiéndose en COZ CO (Shepard, Anna. Ceramics for the
Archaeologist. Carnegie Inst. Washington D.C. 1956). Esta reacción
eleva la temperatura del molde de arcilla favoreciendo la fundición
del oro nativo a una temperatura aproximada de 800 a 950° C. La
porosidad del molde, importante para la resistencia al choque
termal, es muy alta por su contenido de carbón y seguramente esto
explica su baja dureza (2 en la escala de Moh).
Los huecos se hicieron a distancias entre 1 y 3 mm en líneas
rectas y paralelas; son completamente circulares con paredes
verticales y varían ligeramente en tamaño (1.5 a 3 mm).
Parece que para elaborar los gránulos, el orfebre llenó cada
orificio del molde con oro en polvo. Luego lo calentaría hasta la
temperatura de fundición del oro, el cual debido a su tensión
superficial, tomaría de una vez su forma esférica.
Es posible que moldes en arcilla similares fueron utilizados
para elaborar cuentas de collar; hace unos años, un residente de
Restrepo tuvo en su poder una placa de arcilla que tenía en cada
hoyo, una protuberancia central. De esta manera las cuentas
metálicas hubieran quedado de una vez con la perforación para
enhebrarlas.
LAS COSTUMBRES FUNERARIAS
PREHISPÁNICA EN EL CURSO ALTO DEL RIO CALIMA
Héctor Salgado López
Carlos Armando Rodríguez
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Foto l. Panorámica del valle del Calima, en primer plano la
región de Samaria y ando fondo el embalse del Calima.
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El objetivo principal del proyecto "Las costumbres
funerarias prehispánicas en la región Calima" es el de
obtener nueva información sobre las prácticas funerarias, en
particular las formas de las tumbas, el tipo de entierro y el ajuar
funerario de las sociedades agroalfareras, llama, Yotoco y Sonso.
En la Hacienda Samaria se excavaron un total de 58 tumbas.
Diez de las cincuenta y ocho tumbas en Samaria pertenecieron a
los representantes de la cultura llama. Todas fueron del tipo de
pozo con cámara lateral; el pozo era rectangular, excepto el de la
tumba 5 que se presentó cuadrado. Los pozos tenían orientación
noroeste-sureste y norestesuroeste. La cámara se abrió hacia uno de
los lados mayores del pozo y presentó una orientación similar a la
de éste.
De acuerdo a la profundidad del piso del pozo con relación al
piso de la cámara pudieron establecerse dos variantes: en la
primera de ellas, el piso del pozo se presentó a una misma
profundidad que el piso de la cámara. En la segunda variante el
piso del pozo se encontraba a menor profundidad que el piso de la
cámara, formando una especie de escalinata.
La alta acidez de los suelos no permitió la conservación de
restos óseos humanos en las cámaras, cuyas dimensiones permiten
perfectamente el entierro primario de niños y adultos.
En lo que respecta al ajuar funerario, siete de las diez tumbas
excavadas lo presentaron. Estaba constituido primordialmente de
objetos cerámicos. Por regla general, el ajuar constó de una o dos
vasijas, tales como alcarrazas, cuencos, ollitas, copas y vasos
cilíndricos, tiestos, piedras y desechos de talla.
A nivel comparativo, las cinco tumbas de la variante dos de
Samaria presentan analogías, con las cuatro tumbas reportadas por
Bray et al. (1988: 10, Fig. 9), para la finca El Topacio. Otra de
las tumbas conocidas es la de Agualinda, en el sector de Restrepo,
con una fecha de 80 ± 90 A. C., (Beta 5100).
De la cultura Yotoco fueron excavadas cuatro tumbas. Su tipo
único fue de pozo con cámara lateral. El pozo invariablemente
rectangular pre sentó orientación noroeste-sureste y en un solo
caso, noreste-suroeste.
En todas las tumbas el piso del pozo se encontró a menos
profundidad que el piso de la cámara. Esta última apareció hacia
uno de los lados mayores del pozo y tenía forma rectangular en
planta, su orientación fue similar a la del pozo.
Evidencias de posible calcinación fueron encontradas en dos
tumbas.
En dos de las cuatro tumbas excavadas había ajuar funerario. En
la cámara de la tumba 2, junto con una alcarraza con pintura
negativa en diseños triangulares y circulares, se encontró un
pequeño arito de oro; por otra parte, en la tumba 6 apareció un
cántaro de uso doméstico fragmentado.
Por su tipología, las tumbas Yotoco excavadas en Samaria
difieren en parte de las únicas tres tumbas, de este período,
reportadas arqueológi camente para el curso alto del río Calima,
aun cuando, todas son de pozo con cámara lateral. Una variante
diferente, en cuanto a que el piso del pozo estaba a la misma
profundidad que el piso de la cámara, ausente en Samaria, se
presentó en un tumba excavada en la plataforma central del cerro
Cabo de la Vela, en Jiguales; su pozo era prácticamente circular y
su cámara irregular (Salgado, 1988: 71, Fig. 85: 4).
El 55% de las tumbas excavadas en Samaria pertenecieron a la
cultura Sonso. Sus características morfológicas, permitieron
establecer, provisionalmente, los siguientes tipos y variantes:
Tipo 1. Tumbas de pozo con cámara hacia uno de los extremos del
pozo; éste último era rectangular y tenía orientación
noroeste-sureste y noreste-sureste.
Por la orientación de la cámara, se definieron dos
variantes:
Variante 1. Cámara con la misma orientación del pozo (total 17
tumbas). En planta la cámara puede ser rectangular,
semirrectangular u ovoidal. (Foto 2).
Sub-variante 1. Cuando el piso del pozo se presentó al mismo
nivel que el piso de la cámara. Sub-variante 2. Cuando el piso del
pozo era inclinado o en "resbalón".
Variante 2. Cámara con orientación opuesta a la del pozo (bóveda
"atravesada'; en todas las tumbas de esta variante el piso
del pozo estaba al mismo nivel que el piso de la cámara y la bóveda
era semi-elíptica o semi-rectangular.
Tipo 2. Tumbas de pozo con cámara hacia uno de sus lados
mayores; el único ejemplar de este tipo fue la tumba 32, cuyo pozo
casi cua drado, estaba orientado -noreste-sureste. La cámara, en
planta era rectangular, con la misma orientación del pozo. Por sus
características morfológicas y dimensiones, esta tumba es similar a
las tumbas Yotoco.
Tipo 3. Tumbas de pozo simple sin cámara. Se excavaron en total
diez y su forma era la de un pozo rectangular con orientación
similar a las de los tipos ya mencionados.
Variante 1. Con paredes que. bajan a plomo, casi rectas o un
poco inclinadas. El piso puede ser plano o levemente inclinado.
Variante 2. Con paredes que hacen un escalón en el pozo,
formando un cajón rectangular en el centro del piso.
Las cámaras de los tipos 1 y 2 generalmente se encontraban
rellenas de tierra o "taquiadas" y en algunos
casos, a la entrada de estas se halló una especie de cuneta donde
fue colocada seguramente alguna estructura de madera que tapaba la
entrada; en otras cámaras eran aún visibles las huellas circulares
de los postes que tapaban la entrada; en unas pocas tumbas la
entrada a la cámara la cubrían piedras grandes, incluyendo metates,
y la cámara en sí estaba sin tierra.
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Foto 2. Cámara de la tumba 21 con entierro primario en
sarcófago de madera
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El tipo clásico de entierro detectado fue el primario,
especialmente individual, en posición probablemente extendida,
sobre el piso, o acom pañado de dos a cuatro piedras al lado de la
cabeza y los pies.
En dos tumbas del tipo 1, variante 1, el entierro de un niño y
un adulto respectivamente fue hecho en sarcófagos de madera (Foto
2). El ajuar funerario lo presentaron doce tumbas y constó de más
de treinta vasijas de cerámica, dos butacos de madera y varios
objetos líticos. Fue un poco más abundante, con un promedio de
cuatro vasijas, en ambas variantes de las tumbas del tipo 1.
Dos de los tipos establecidos para Samaria tienen similitudes
con formas de tumbas Sonso tanto del sector de Darién como de
Restrepo.
El tipo 2 de Samaria no ha sido reportado hasta el presente para
el período Sonso de la región Calima. Es importante aclarar que, al
sur de Calima, en la región de la Cumbre-Pavas fueron investigadas
dos tumbas del tipo 3, variante 2, y una de ellas fue fechada en el
siglo VI D. C. (530 +- 70 D.C.; B-4679); (Gahwiler, 1988: 55-56;
Figs.: 68-69).
De las cincuenta y ocho tumbas estudiadas, doce resultaron
huecos o "amagos"; en su interior se encontró
sólo carbón y tiestos. Su pertenencia cultural aún no es clara.
Estos pozos presentaron forma rectangular, semirectangular,
circular, semicircular y cuadrada. Su orientación fue la misma que
la de las tumbas llama y Yotoco. Su principal característica fue el
escalonamiento, en la medida en que se iban profundizando; la
cantidad de escalas que formaban varió de una a cuatro.
Como resultado de los trabajos de campo en Samaria, fue posible
ampliar la escasa información existente sobre las costumbres
funerarias de las sociedades agro-alfareras llama (I milenio A.C.),
Yotoco (I milenio D.C.) y Sonso (siglos X-XVI D.C.).
La similitud en forma y dimensiones entre las tumbas llama y
Yotoco nos permiten sugerir, tentativamente, la existencia de una
continuidad étnica entre los representantes de estas dos culturas;
esta propuesta se reafirma por la presencia de cerámica con
características llama-Yotoco revuelta en los huecos o
"amagos".
La existencia en la región de La CumbrePavas de tumbas de pozo
simple, sin cámara y con un cajón rectangular en el centro del pozo
(tipo 3, variante 2 de Samaria) y una fecha del siglo VI D.C. para
la tumba de Purilia (Gahwiler, 1988: 55), nos permiten sugerir
datos cronológicos similares para este tipo de tumbas Sonso de
Samaria.
La presencia temprana de elementos culturales Sonso, hacia los
siglos VI-VII D.C., ha sido planteada, recientemente, para sitios
de vivienda tanto en el curso bajo del río Calima, en la llanura
aluvial del Pacífico (Rodríguez, 1988: 87); como en Jiguales, en el
alto Calima (Salgado, 1988: 67). Lo anterior indicaría la
existencia de cierta convivencia, durante varios siglos, entre los
representantes de las sociedades Yotoco y Sonso.
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Foto 3. Tumba 25, de pozo simple con cajón rectangular en el
centro del pozo
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La placa de arcilla fue donada al Museo del Oro por el señor
Benoit Jounod.
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