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ORNAMENTOS Y MASCARAS DE ORO DE LA
CULTURA ILAMA, METALURGIA DEL PERIODO FORMATIVO TARDIO EN LA
CORDILLERA OCCIDENTAL COLOMBIANA*
MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF
WARWICK BRAY
LEONOR HERRERA
Traducción: Adriana Arias
En estudios recientes Plazas y Falchetti (1983, 1986) han hecho
énfasis en la existencia de una tradición de orfebrería en el
suroccidente colombiano durante gran parte del primer milenio de la
era cristiana. En varios de los estilos regionales que florecieron
en el suroccidente durante dicha época se aprecian una serie de
formas y técnicas comunes. Entre los estilos regionales que
conforman esta provincia están aquellos que se concentran en la
costa pacífica (Tumaco y Esmeraldas), en el macizo montañoso
(Nariño, San Agustín, Tierradentro) y en el valle del alto
Magdalena (Tolima), además de un área bastante extensa de la
cordillera Occidental alrededor de la región Calima. También se
observan vínculos fuertes con el estilo Quimbaya clásico del valle
del Cauca medio.
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Mapa 1: Hallazgos de objetos de oro del período llama en la
región Calima.
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Aunque ahora tenemos un cuadro más claro de esta tradición de
orfebrería del primer milenio, sabemos muy poco sobre el trabajo
que se realizó con metales en el suroccidente durante el milenio
anterior y que pudo muy bien ser la base para los estilos más
complejos encontrados posteriormente. Los objetos de oro más
antiguos que se han reportado hasta ahora son los alambres del
siglo IV a. de J.C., excavados por Bouchard (1979) en Inguapi, to
la zona de Tumaco (CNRS Ny 642:325 + 85 a. de J.C.). En San
Agustín, en el Alto de los Idolos (meseta A, tumba 1) se
encontraron varias placas metálicas cuya edad se remonta al siglo I
a. de J.C. (GrN 7602: 40 + 40 a. de J.C.). Habían sido colocadas
dentro de una capa de material volcánico blanco usado para revestir
la tumba (Duque y Cubillos, 1979, 25, 223, y lám. p. 31). Este
trabajo tendrá por tema central la zona Calima y constituye un
intento por diferenciar las primeras piezas metálicas del período
llama de aquellas que las sucedieron en el oro mejor conocido y de
estilo más recargado del período Yotoco, al cual se ha dado en
llamar estilo "Calima".
La zona Calima, ubicada en la parte alta del río del mismo
nombre, está a una altura aproximada de 1.500 metros y tiene todas
las ventajas del clima subtropical. Numerosas plataformas para
casas, vestigios de campos de cultivo y tramos de antiguos caminos
dan testimonio de una población precolombina numerosa; aunque la
mayoría de estas características corresponden al período Yotoco (el
cual cubrió aproximadamente los primeros once siglos de nuestra
era), y al período Sonso (el cual se prolongó hasta los primeros
años de la conquista española). La evidencia obtenida hasta ahora
parece indicar que grandes extensiones se encontraban cubiertas de
selva durante el período anterior (llama).
La publicación más extensa acerca del estilo de la orfebrería de
esta región durante el primer milenio de nuestra era es el trabajo
monumental de Pérez de Barradas (1954). Durante esta época era
popular en Calima la fabricación de ornamentos martillados de
lámina de oro, y entre los juegos de joyas más ricas está una gran
variedad de diademas, orejeras, narigueras y pectorales. Las piezas
están decoradas con motivos incisos y repujados y muchas tienen
cabezas en relieve las cuales, a su vez están completamente
vestidas con una gama completa de joyas en miniatura (Pl. 5).
En las mismas tumbas se encuentran objetos tridimensionales
tales como los recipientes para la cal hechos con lámina de oro
unida con clavos, y pestañas de alambre del mismo metal. Los marcos
de oro para los espejos de pirita, los anillos y cuentas de collar
eran todos hechos con soldadura por difusión. Los alfileres macizos
con cabezas decorativas, fundidos mediante la técnica de la cera
perdida, también eran bastante comunes.
Cuando Pérez de Barradas publicó su estudio sobre "El
estilo Calima", se lamentaba de la falta de cronología. En
una época anterior a las fechas radioactivas propuso, basándose en
el estilo y la asociación, una fecha correspondiente al primer
milenio de nuestra era, la cual ha demostrado ser bastante
aproximada. También logró diferenciar un estilo posterior,
aparentemente sin ninguna relación en la misma región, el cual
ahora podemos asociar con la cultura Sonso.
Otra evidencia encontrada posteriormente sugiere que podía haber
relación entre el estilo recargado de orfebrería y la alfarería
incisa conocida entonces como el Calima temprano (Dussán de Rei
chel, 1965-61; Bray y colaboradores, 1980, 2). Sin embargo, el
trabajo de investigación adelantado por el proyecto Pro Calima y
otros arqueólogos que estudian la zona indica que en realidad se
encuentra relacionado con la alfarería policroma de la cultura
Yotoco.
En la actualidad se cuenta con cerca de veinte fechas
determinadas por carbón radiactivo correspondientes al período
Yotoco que floreciera en la región Calima por espacio de cerca de
1.200 años -desde justo antes de la era cristiana hasta el siglo
XII d. de J.C. (Herrera y colaboradores, 1984, fig. 3; Bashilov y
Rodríguez, en prensa; Bray y colaboradores, 1985, Salgado, en
prensa). Hasta ahora, solamente se ha encontrado una relación
directa entre una de esas fechas y un objeto metálico: la boquilla
de una trompeta de lámina de oro encontrada en una tumba en la
hacienda El Dorado cuya fecha se remonta al 210 ± 80 d. de J.C.
(Beta 4908; Bray y colaboradores, 1983, 29).
Aunque es frecuente encontrar oro Yotoco en la región Calima,
los hallazgos no se limitan a dicha zona, tal como el propio Pérez
de Barradas señalara (1954, cap. XXIV). Se han encontrado piezas de
oro Yotoco del otro lado de la cordillera Central en el río
Saldaña, un tributario del río Magdalena. Hacia el norte, también
es común encontrar tanto orfebrería como alfarería Yotoco llegando
incluso hasta el Quindío. Peréz de Barradas tuvo que limitarse a
explicar estos hallazgos por medio de hipótesis -pensaba que las
piezas de oro del río Saldaña habían llegado allí como resultado
del comercio- y no es mucho lo que podemos hacer hoy para superar
esas hipótesis. Sin embargo, ahora que se conocen las asociaciones
culturales de este oro, parece haber llegado el momento de dar un
nombre cultural (Yotoco) al estilo de orfebrería en lugar de un
nombre geográfico (Calima) con todas las limitaciones que éste
implicaría.
Al mismo tiempo que fuimos obteniendo evidencia para ubicar la
espectacular orfebrería en la cultura Yotoco, también se fue
haciendo claro que ocasionalmente se hallaban elementos de oro en
las tumbas de la cultura llama. Sin embargo, estos hallazgos son
escasos y parecen limitados a unas cuantas tumbas en los
cementerios grandes. Hasta ahora hemos visto el oro de una sola
tumba, de tal manera que hemos tenido que basar nuestras
conclusiones sobre los informes de la gente de la localidad.
Lentamente hemos podido crear una imagen de la clase de piezas
que aparecen. Son menos complicadas que las piezas Yotoco, en el
sentido de que carecen de la exuberancia barroca de estas últimas.
Sin embargo, algunas de las piezas son bastante grandes y
complejas. Las técnicas empleadas más comúnmente son el grabado en
relieve y el martillado, pero en ocasiones se encuentran también
piezas fundidas.
Los ornamentos mencionados con más frecuencia son las narigueras
sencillas que pueden ser de metal martillado o fundidas. No hemos
logrado ver un ejemplo de la variedad martillada. Se dice que el
aro anular fundido que aparece en la lámina 2 fue encontrado en un
pequeño cementerio llama de unas cuatro tumbas en la vereda de
Santa Helena, cerca del Darién. En la tumba había también una
alcarraza llama con incisión. La nariguera se examinó brevemente
poco después de ser descubierta y parece estar hecha de tumbaga
enriquecida en la superficie. No es una pieza particularmente
distintiva y tiene los extremos dañados. Sin embargo, las dos
cuentas de oro halladas con una vasija semejante en otra tumba del
mismo cementerio, son una forma poco usual en Calima y, de poderse
establecet con certeza que son llama, podrían constituir marcadores
útiles para otros grupos de tumbas cuya edad no haya sido
determinada por otro medio. Están hechas de una capa delgada de un
oro que parece bastante puro fundida sobre un núcleo de arcilla que
se dejó, quizás para dar peso y fortaleza a los revestimientos
frágiles y livianos.
Las únicas otras cuentas de este tipo que conocemos llegaron al
Museo del Oro alrededor del cuello de un canastero (M. M. CC 383),
una clase de vasija tan característica del período llama que podría
considerarse como uno de los principales "fósiles
tipo". Alfredo Sánchez, del laboratorio de metalurgia del
departamento de tecnología industrial del Banco de la República
analizó una muestra de una de las veinte cuentas de este collar y
demostró que era una aleación de cobre. La muestra se obtuvo a una
profundidad no especificada debajo de la superficie, a la cual el
cobre y los microelementos representaban el 43.7% del total (Au
44.7%, Ag 12.7%). Claro está que es posible que la persona que
encontró el canastero haya pensado que se "vería
mejor" y se vendería mejor con un collar de oro brillante.
Sin embargo, la laminilla martillada y repujada que está en el
centro del collar es de un tipo de los que se encuentra con
frecuencia en las tumbas llama. Aunque las láminas martilladas con
decoraciones repujadas no son exclusivas del período llama, con
tiempo y con suficientes grupos de tumbas debería ser posible
distinguir los ejemplos de los distintos períodos. Esta figura
también lleva orejeras sencillas de alambre de oro.
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Lámina 1: Nariguera llama (diám. 4 cm.) y cuentas de collar
similares a las de la lámina 1 (la más grande mide 0.9 cm de
diámetro). Darién, Vereda Sta. Helena.
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Lámina 2: "Canastero" del período llama con
cuentas de collar en oro fundidas encima de un núcleo de cerámica,
pectoral y orejeras. Altura 30 cm; MO CC 383.
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Menos comunes que las láminas y las narigueras son los collares
de cuentas más grandes de hasta 6 cm hechas de láminas de un oro
bastante puro, martilladas para darles la forma de animales o
figuras humanas. En un vasto cementerio llama descubierto en Los
Hispanos se encontró por lo menos uno de esos collares, semejante
al que aparece en la lámina 4. Otro collar de este tipo, cuyas
cuentas zoomorfas fueron identificadas como cocodrilos por su
descubridor, provino de un rico cementerio Ilama en las afueras de
Restrepo (Cardale de Schrimpff, Herrera y Bray, en elaboración). En
el Museo del Oro hay dos ejemplos antropomorfos: No. 3850 (Pérez de
Barradas, 1954, lámina 27) y 29270, mientras que otro collar
aparece registrado como parte de una colección privada en Bogotá.
Los dos juegos de cuentas que se encuentran en el Museo del Oro y
el ejemplo de Los Hispanos, de acuerdo con su descripción,
representan figuras femeninas. Las del M.O. 29270 tienen una cabeza
de animal en la base. Pérez de Barradas (1954, 76) opinó que las
cuentas que él examinó habían sido fundidas por la técnica de la
cera perdida. No obstante, al realizar una observación más
detallada, Clemencia Plazas y Ana María Falchetti (comunicación
personal) llegaron a la conclusión de que las cuentas eran
martilladas.
Estos collares son bastantes diferentes de los del período
Yotoco, los cuales tienen cuentas normalmente fundidas o hechas con
la técnica de granulación. Las figuras humanas de las cuentas llama
tienen los ojos alargados, la nariz triangular, las manos unidas
sobre el vientre y las piernas dobladas, de las cuales sólo se ve
la parte de la rodilla hacia abajo. Las figuras son muy semejantes
a las de las cuentas del mismo período talladas en piedra verde,
cuyos rasgos y extremidades aparecen tratados de la misma forma
(Pérez de Barradas 1954, Lám. XX, figs. 170-175).
Unos curiosos objetos tallados en piedra (M. O. LC. 740-743), de
los cuales se dice que fueron encontrados en La Cecilia, municipio
del Darién, tienen figuras prácticamente idénticas a las de las
cuentas (Lámina 3). A primera vista parecen ser moldes como los
utilizados por los musicas para estampar impresiones en la cera de
las piezas a fundir. Sin embargo, ya que las cuentas llama son
martilladas, es probable que los objetos de piedra se hayan
utilizado para dar forma a la lámina de oro quizás presionando y
martillando a la vez. La forma final y los detalles pudieron
realizarse a "mano alzada", lo cual explicaría
las ligeras diferencias entre una cuenta y otra.
La última categoría de objetos a describir está compuesta por
máscaras de lámina de oro en tamaño real, las cuales pudieron haber
sido máscaras funerarias, o adornos para usar en vida. La colección
más grande de estas máscaras (10 ejemplos) está en el Museo del Oro
de Bogotá (Pérez de Barradas, 1954, 280). La mayoría de ellas se
obtuvieron durante los primeros años de iniciada la colección sin
mayor información acerca de su procedencia, aparte del hecho de
haber sido compradas a comerciantes de la zona de Restrepo. Sabemos
solamente de la existencia de otros cinco ejemplares en museos,
tres de Europa y dos de los Estados Unidos. Una de las piezas que
se encuentran en Europa en el Museum fur Völkerkunde de Berlín (VA
30550) fue hallada en la zona de Vijes, cerca de Calima, y llegó al
museo en 1907 (Pérez de Barradas, 1954, 280; Krickeburg, 1931, 614,
figs. 10 y 12; von Schüler-Schómig, 1981, lámina 13). En un
principio eran dos máscaras, pero la segunda pieza (anteriormente
la VA 30549, ilustrada por Anton y Dockstader s.f., 164) ya no le
pertenece al museo. En el museo de Ginebra hay una pieza
interesante y muy trabajada (No. 28.569). Los dos ejemplos que se
encuentran en los Estados Unidos de América eran parte de la
colección Wise y en la actualidad están en el Museo de Arte de
Dallas (Nos. 1976. W. 320 y 321; Lunsford,1986, figs. 1 y 3). Nos
interesaría mucho ser informados de la existencia de otros
ejemplares en otro museos o colecciones. Las fotografías que
guardan como recuerdo las personas que han hecho un hallazgo sirven
en ocasiones para averiguar en cuál museo o colección se encuentra
una pieza procedente de Calima, enriqueciendo de paso su valor
documental.
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Lámina 3: ¿Matrices en piedra para cuentas de collar? Son (de
izquierdo a derecho) Nos. MO LC 740, 743, 742, 741. El ejemplar más
largo mide 10 cm. Darién, vereda La Cecilia.
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Por lo general, las máscaras están hechas de láminas bastante
delgadas (1 mm o menos) de oro relativamente puro. Según los
análisis publicados por Pérez de Barradas (1954, cap. 12), el
contenido de oro oscila generalmente entre el 80 y el 90% con una
pequeña proporción de plata, la cual está presente en el oro nativo
de la región, y un contenido de cobre aproximadamente del 10%. De
acuerdo con Pérez de Barradas, esta cantidad de cobre, aunque
pequeña en términos comparativos, es mayor de la que podría estar
presente en forma natural y, por lo tanto, tuvo que haber sido
agregada con un fin específico. En su opinión, era para bajar un
poco el punto de fusión del metal, el cual era fundido luego como
lámina. Los bordes de la máscara son bastante lisos y presentan
menos evidencia de cortes que las piezas martilladas de Yotoco. Los
rasgos faciales y los demás detalles habrían sido martillados sin
que esto afectara la maleabilidad del metal, dado el bajo contenido
de cobre. Otras autoridades, entre ellas uno de los autores de este
trabajo (W.B; Ana María Falchetti, comunicación personal) piensan
que hubiera sido mucho más fácil elaborar la máscara martillando la
lámina a partir de un lingote fundido. Otra explicación posible es
que el cobre pudo haber sido agregado para darle un tono rojizo al
oro.
La nariz es mucho más gruesa que el resto de la lámina y se ha
sugerido (Juanita Sáenz Obregón, comunicación personal) que durante
el proceso de dar forma a esta parte del rostro pudieron haberse
agregado más láminas. Por otra parte, dado que la nariz es el
centro de la máscara, la diferencia del martillado pudo haber
dejado más gruesa esa área. Hasta donde sabemos, no se han
efectuado hasta ahora análisis técnicos detallados sobre estas
máscaras. Una pieza que se encuentra en el Museo del Oro (No. 3308)
es excepcional en el sentido de que está hecha de un metal mucho
más grueso y no flexible como el de las demás. Las perforaciones de
los ojos son muy pulidas, a diferencia de las otras máscaras en fas
cuales el metal sobrante está doblado hacia atrás.
La mayoría de las máscaras tienen cuatro agujeros hechos
aproximadamente a la altura de los ojos y la boca, supuestamente
para pasar un cordón y sujetar la máscara.
Estas máscaras no solamente son muy distintas de las caras que
aparecen en los ornamentos Yotoco en el sentido de que no tienen
"objetos colgantes", sino también en lo que se
refiere a los detalles de los rasgos faciales. Los ojos son
ovalados y hacen pensar en los de las figuras de la cerámica llama;
están representados por medio de dos líneas repujadas, con otra más
arriba para marcar la ceja. La mayoría tienen un agujero como
pupila, siendo muy raros los ojos recortados (para un ejemplo,
véase la Tabla 1); no obstante, con los ensayos se ha demostrado
que la persona puede ver bastante bien a través de las pupilas
perforadas. Por su parte, en los ornamentos Yotoco, los ojos
generalmente son semicirculares y no ovalados, y ya que son
repujados, dan la impresión de ser más abultados. En las máscaras
llama, la nariz es el rasgo más destacado, dando un perfil recto
con un contorno apenas triangular que se asemeja a aquel de las
cuentas antropomorfas. En las figuras Yotoco, la nariz tiende a ser
aguileña con las fosas nasales anchas.
Las bocas varían un tanto, pero el tipo más común es la barra
recta en la cual se da un indicio de dientes por medio de
incisiones rectangulares. También se ven barras curvas o bocas
"sonrientes" (cuatro ejemplos). Salvo por una
excepción, están abiertas y generalmente dejan ver dos hileras de
dientes. Los pómulos siempre son prominentes y.bastante
naturalistas aunque algunos ejemplos son más estilizados, siendo
este un proceso cuyo máximo extremo se aprecia en el M.O. 5369. Un
ejemplo especialmente bueno (M.O. 3883) tiene un diseño repujado
que puede ser representativo de pintura o tatuajes.
La información de las pocas personas de Restrepo y Darién que
han encontrado máscaras de este tipo indica que a menudo provienen
de tumbas de un tamaño excepcional para el período (Cardale de
Schrimpff, Herrera y Bray, en elaboración. La típica tumba llama
tiene entre 1.50 y 2.0 de profundidad y consta de una fosa
rectangular y un nicho pequeño (en lugar de una cámara) en el
fondo, este nicho tiene entre 1 y 2 metros de largo y en los pocos
casos en que se ha podido recuperar el esqueleto, éste se encuentra
a lo largo del nicho, paralelo a las paredes longitudinales de la
fosa. Los objetos funerarios también aparecen depositados en el
nicho, generalmente a la cabeza o a los pies del muerto. Por lo
menos tres de las tumbas en las cuales había máscaras aparentemente
eran mucho más profundas y tenían cámaras relativamente grandes y
varios objetos funerarios.
En Llano Grande se encontraron máscaras en dos tumbas cuyas
formas eran un tanto diferentes. Una tenía 8 metros de profundidad
y una cámara grande de 3 metros cuadrados. Tanto la cámara de la
primera tumba como la de la segunda habían sido dejadas abiertas
(en lugar de ser rellenadas con tierra), lo cual explica por qué
las máscaras no estaban aplastadas. En las paredes de las cámaras
había líneas blancas que probablemente simulaban bloques de adobe,
y en el piso un recubrimiento de arcilla de 50 centímetros de
espesor. La máscara estaba en el centro de la cámara cerca de una
nariguera pequeña de lámina metálica. Cerca de la pared se
encontraron dos alcarrazas zoomorfas. La descripción que se hizo de
ellas correspondía a "un mono de pie sobre dos
barriles" y un "tapir", con abundantes
dibujos incisos. La segunda tumba era un poco menos honda la cámara
era más pequeña, sin pintura o arcilla. La máscara fue encontrada
en la parte posterior, contra la pared. También se encontraron tres
vasijas de cerámica dentro de la cámara: una con la forma de dos
monos de pie sobre cuatro soportes en forma de bola, otra con forma
de rana y la tercera con forma de mujer.
La máscara del Darién provino de un grupo de tumbas llama
encontradas en el sitio de un cementerio moderno. La tumba en la
cual se encontró la máscara tenía 3.60 metros de profundidad y una
cámara de aproximadamente 1.60 de altura. Según se informó, la
máscara estaba contra la pared posterior, en la parte central de la
cámara, de tal manera que si el cuerpo hubiese sido sepultado de la
manera usual, con las extremidades extendidas, la máscara hubiera
estado cerca de la cintura. Esto indica que, por lo menos en este
caso, no se trataba de una máscara funeraria. La persona que la
encontró tiene una fotografía del "canastero" y
de la vasija de doble vertedera que lo acompañaba, los cuales son
llama sin lugar a dudas.
En otros casos en los cuales hay información sobre la cerámica
encontrada junto con las máscaras, esta casi siempre se puede
atribuir sin ninguna duda al período llama (hacienda El Nilo,
fincas La Italia y Providencia y la colección privada mencionada en
el anexo). La cerámica de Llano Grande es más difícil de evaluar
con base en las descripciones -por lo menos algunos objetos-, tales
como la vasija en forma de "tapir" con incisión,
son llama sin lugar a dudas, mientras que otros como la vasija con
los dos monos apoyados sobre los soportes en forma de bola, podrían
ser transicionales. La máscara atípica del Museo del Oro (No. 5369)
indica que la tradición pudo haberse prolongado hasta los primeros
años del período Yotoco.
Tal parece que muchas de las máscaras llegaron a los museos en
parejas o incluso en grupos (M.O. 3307-9; 3947-50; las dos del
Museum fur Völkerkunde en Berlín y las del Museo de Arte de
Dallas), lo cual podría indicar que en algunas de estas tumbas
estaba enterrada más de una persona o, quizás, que existía la
costumbre de enterrar a los individuos de alta jerarquía en un
mismo cementerio. Hay indicios de que las máscaras de cerámica,
aparentemente del mismo período, se encontraron en parejas dentro
de una misma tumba (Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f.).
Tres de las máscaras del Museo del Oro (No. 3307-9) mencionadas
por Pérez de Barradas (1954, láms. 12-14) como parte de su lote No.
11, son especialmente llamativas ya que los demás objetos del lote
no son típicos del oro Yotoco, y pueden quizás constituir una clave
para determinar la gama de objetos fabricados por los orfebres
llama. Dos de estos objetos, un propulsor (No. 3318) y un objeto
descrito por Pérez de Barradas (pp. 68-69, figs. 51-52) como el asa
de un abanico (No. 3319), tienen incisiones en forma de dibujos
rectilíneos semejantes a aquellos de la alfarería llama. Entre
otros objetos de este lote están un collar de cuentas en forma de
"anillo de servilleta" (No. 3320) y un par de
ajorcas simples (Nos. 33104 y 3311). Dos de los objetos son de
lámina metálica martillada la cual, obviamente, es un aspecto muy
característico de la orfebrería Yotoco. Sin embargo, los dos tienen
características que no son muy comunes en las colecciones Yotoco.
Uno de ellos es una concha o la cubierta de una concha desaparecida
(No. 3316). Curiosamente, es el único ejemplo de su tipo que se
encuentra en el Museo del Oro, aunque hay dos ejemplos mucho más
pequeños. El segundo es un recipiente antropomorfo (No. 3317)
ensamblado a partir de láminas martilladas; pero los rasgos
faciales y la posición de la figura se asemejan más a los de las
vasijas antropomorfas llama que a los objetos de oro o de cerámica
del período Yotoco.
En conclusión, hacia la que pudo ser la última parte del período
llama, pudieron haberse comenzado a usar varias de las técnicas
básicas empleadas durante el período Yotoco -este parece ser defini
tivamente el caso de la fundición simple- el martillado y el
repujado. Si los objetos del Lote 2 también son llama, debemos
agregar las técnicas de uso de lámina de oro para ensamblar objetos
tridimensionales y para cubrir materiales perecederos como la
madera. No obstante, buena parte de lo que se ha dicho aquí es
tentativo y, en algunos casos, muy especulativo. Hasta el momento
no contamos con la información suficiente para tener una idea clara
de cómo era la orfebrería llama, y mucho menos para estudiar
detalladamente su desarrollo. En estas páginas sólo podemos tratar
de dar un primer paso, resumiendo la poca información disponible
acerca de una zona del suroccidente durante la última parte del
primer milenio A. de J.C.
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Reconocimiento
Este artículo se originó en un estudio más extenso de la cultura
llama, el cual se encuentra aún en preparación y que se ha
realizado con el apoyo económico de la Fundación Pro Calima y la
Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la
República, Bogotá. También hemos recibido el apoyo del Instituto
Colombiano de Antropología de Bogotá y la cooperación de INCIVA en
Cali. Agradecemos a las personas de Restrepo y Darién quienes
ofrecieron generosamente su información, especialmente a Bernardo
Rendón, Bayardo Betancour y Alberto Montenegro. Héctor Salgado,
director del Museo Arqueológico del Darién, fue quien amablemente
llamó nuestra atención hacia la máscara del cementerio del Darién.
Deseamos expresar también nuestro agradecimiento al director y los
funcionarios del Museo del Oro en Bogotá por permitirnos examinar
los objetos de oro llama que tienen en sus colecciones. Clemencia
Plazas, Ana María Falchetti y Juanita Sáenz Obregón también nos
suministraron fotografías, información y discusiones estimulantes
sobre el material en estudio.
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Lámina 4: Grupo de una tumba del período llama encontrada en el
cementerio moderno del Darién. Fotos, Cortesía de A. Montenegro -
Darién.
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ANEXO
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Lista de collares y máscaras de oro atribuibles a la
cultura llama
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Collares de oro
1. M.O. 3850. Compuesto por 28 cuentas que aparentemente
representan mujeres sentadas. No se muestran ropas. Pérez de
Barradas da una descripción detallada del collar, mencionando un
peso total de 23.55 gramos, con dimensiones promedio de 4.8 x 1.4
cm. Los resultados del análisis de una cuenta fueron los
siguientes: Au, 0.888; Ag, 0.020; Cu, 0.073.
Procedencia: "Restrepo". Parte de un lote
heterogéneo grande comprado en 1944 a Fernando Restrepo.
Refs.: Pérez de Barradas, 1954, 76, 286; fig. 57, lám. 27).
2. M.O. 29,270 (Lám. 4). Compuesto de 30 cuentas que
aparentemente representan mujeres desnudas sentadas semejantes al
M.O, 3850. Una hilera de puntos en relieve representa la línea del
cabello o el tocado, y por entre la boca abierta se pueden ver los
dientes. Al igual que en el M.O. 3850, los dedos están
representados por tres líneas únicamente: los dedos de los pies son
demasiado largos, casi como garras. En otra figura faltan los
senos. Cada cuenta está rematada en su base por una cabeza de
animal. En dicha cabeza se aprecian los dientes, los cuales están
alineados en un semicírculo; los ojos son casi redondos. Los bordes
de las cuentas son recortados y muy ligeramente ásperos. La
superficie es muy pulida.
Procedencia: Restrepo.
3. Lugar de permanencia desconocido.
Collar de cuentas de oro en las cuales aparecen representadas
figuras femeninas desnudas semejantes a las del M.O. 3850. Fue
hallado por Bernardo Rendón en una tumba llama junto con una
clásica vasija llama en forma de serpiente, en un cementerio
Ubicado en la hacienda Los Hispanos, Vijes.
4. Lugar de permanencia desconocido.
En una fotografía de don José Restrepo aparece un collar con 35
cuentas de oro martillado junto con dos máscaras de oro descritas
más adelante. El collar fue hallado en el mismo cementerio de Llano
Grande en el cual se encontraron las máscaras, pero en una tumba
distinta y menos profunda. Las cuentas tienen figuras zoomorfas,
las cuales fueron descritas como cocodrilos por los
descubridores.
5. Lugar de permanencia desconocido.
Anteriormente parte de una colección privada. Una anotación en
el catálogo describe un collar de oro de 30 figuras antropomorfas
repujadas en lámina, el cual fue hallado en la zona de Restrepo y
en la misma tumba en la cual se encontraron una máscara y una
vasija llama (probablemente un canastero) con ciertos rasgos
zoomorfos.
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Máscaras
1. M.O. 3307: peso 111.3 g (Au, 0.845; Ag, 0.022; Cu, 0.106;
otros, 0.027).
Procedencia: parte del lote II encontrado cerca de Restrepo,
aparentemente todo en una misma tumba. Adquirida a Gilberto Moreno
en octubre de 1943. Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 12.
2. M.O. 3308: altura, 21.2 cm; ancho, 22.3 cm; peso, 288.67 g.
(Au, 0.840; Ag, 0.036; Cu, 0.099; otros, 0.025). Esta máscara es
poco usual al tener lo que parece ser una boca cerrada. También es
mucho más pesada que cualquiera de las otras de la muestra, salvo
por la M.O. 5369. Las perforaciones de las pupilas son muy
precisas, sin rebordes o indentaciones. Procedencia: igual que la
No. 3307.
Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 13.
3. M.O. 3309: altura, 15.2 cm; ancho, 19.1 cm; peso, 52 g (Au
0.876; Ag, 0.066; Cu, 0.046; otros, 0.012).
Procedencia: igual que la No. 3307.
Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 14.
4. M.O. 3383: altura 13.4 cm; ancho, 17.5 cm; peso, 52.75 g.
(Au, 0.805; Ag, 0.018; Cu, 0.142; otros, 0.035). Esta es una pieza
especialmente bella, con más volumen que algunas de las otras de
muestra. Es obvio que los agujeros para suspender la máscara fueron
perforados por el derecho de la misma; los agujeros son un tanto
desiguales y el exceso de metal aparece doblado hacia atrás. El
borde de los agujeros de los ojos es un poco áspero y cortante. En
el borde inferior de la máscara, el metal aparece doblado hacia
atrás para dar forma al mentón.
El repujado de las mejillas es ligeramente desigual en lo que se
refiere a espaciamiento y altura. Examinando el revés de la máscara
se observan puntos alzados que pudieron haberse hecho con un objeto
plano y oblongo. En algunos puntos el metal aparece demasiado
tensionado y agrietado alrededor de la base de la parte alzada.
Procedencia: zona de Restrepo, s.f. Comprada sola en julio de 1944
a Fernando Restrepo Vélez.
Refs.: Pérez de Barradas 1954, 82, lám. VII.
5. M.O. 3947: altura, 17.0 cm; ancho, 19.7 cm; peso, 38.55 g.
(Au, 0.850; Ag, 0.030; Cu, 0.096; otros, 0.024). Las pupilas de los
ojos están ligeramente elevadas y parecen haber sido perforadas
desde atrás para dar dicho efecto. El exceso de metal aparece
doblado hacia atrás. Procedencia: "Restrepo".
Comprada en octubre de 1944 junto con otras tres máscaras muy
semejantes a la misma persona a quien se le compró la M.O. 3883
(señor Fernando Restrepo Vélez).
Refs.: Pérez de Barradas 1954, 83, lám. 33.
6. M. O. 3948: altura, 15.3 cm; ancho, 19.2 cm; peso, 50.05 g.
(Au, 0.870; Ag, 0.040; Cu, 0.072; otros, 0.018).
Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas
1954, 83, lám. 34.
7. M.O. 3949: altura, 15.6 cm; ancho, 20.3 cm; peso, 37.60 g.
(Au, 0.800; Ag, 0.029; Cu, 0.137; otros, 0.044).
Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas
1954, 83, lám. 35.
8. M.O. 3950: altura, 16.0 cm; ancho, 20.0 cm; peso, 54.65 g.
(Au, 0.820; Ag, 0.030; Cu, 0.120; otros, 0.030).
Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas
1954, 83, lám. 36.
9. M. O. 5369: altura, 25.2 cm; ancho, 31.0 cm; peso, 437 g.
(Au, 0.895; Ag, 0.025; Cu, 0.06,4; otros, 0.016). Esta máscara,
aunque claramente se ajusta a la misma tradición de las demás, es
diferente en varios sentidos, empezando por el hecho de que es
mucho más grande y pesada que cualquiera de las demás y no se
adapta al rostro de un ser humano. Los ojos, en lugar de ser
ovalados, son semicirculares, las mejillas son estilizadas, el
ornamento de la nariz es único y los dientes se reducen a una
hilera de barras verticales en la cual casi no se aprecia la
división entre las dos hileras. Los monos repujados también son
únicos dentro de esta categoría de objetos.
Procedencia: comprada por el Museo del Oro en octubre de 1946 a
Jusús M. Echeverri como parte del "Lote XV", el
cual consta de numerosos objetos característicos del período
Yotoco. Pérez de Barradas (1954, 125) pensó que este lote bien
podría ser el mismo tesoro de 16 libras de peso descubierto en el
mes de agosto anterior en la zona de San Salvador por los
trabajadores que construian la carretera Madroñal-Buga. El lote es
muy grande y pudo haber "absorbido" otros objetos
antes de serle ofrecido al Museo del Oro. (La máscara no se
menciona en la lista de los objetos encontrados en El Salvador, la
cual fue publicada por El Tiempo y citada por Pérez de Barradas.)
Sin embargo, tiene tantas características poco comunes que bien
puede ser posterior al resto de la máscaras de la muestra.
Refs.: Pérez de Barradas 1954, 125, lám. 95.
10. M.O. 7475: altura, 12.5 cm; ancho, 15.5 cm. Procedencia:
Restrepo.
11. VA 30550: altura, 17 cm; ancho, 17 cm; peso, 81 g. (Au,
0.750).
Procedencia: zona de Vijes. Perteneció originalmente a la
colección Kóhpe y fue adquirida por el museo en 1907 con el No. VA
30549. Refs.: Krickeberg 1931, fig. 12; Pérez de Barradas 1954,
280; Disselhof Linné 1961, 245; von Schüler-Schómig 1981, lám.
13.
12. VA 30549 (antes): altura, 17.5 cm; peso, 79 g. Procedencia:
la misma que la VA 30550.
Refs.: Krickeberg 1931, fig. 11; Pérez de Barradas 1954, 280;
Antony Dockstader s.f. 164.
13. M.E.G. 28,569: altura, 16.5 cm; ancho, 18.3 cm. Esta máscara
tiene varias características peculiares. La nariz es muy estilizada
y las fosas nasales aparecen en relieve en lugar de formar
cavidades; los dientes son más grandes y prominentes de lo normal y
la línea que marca el margen superior de la órbita, o tal vez la
ceja, continúa hacia abajo en dirección a los pómulos que son
relativamente pequeños y distantes. Las líneas de las comisuras de
la boca y del mentón pueden representar una barba.
Procedencia: "Restrepo".
Refs.: (información suministrada amablemente por Clemencia
Plazas y Theres Gähwiler).
14. Dallas W. 320: altura, 17.6 cm; ancho, 21.9 cm. Las
perforaciones de las pupilas son pulidas y perfectamente circulares
y contrastan con el contorno irregular de la W. 321. Esta máscara
también es mucho más plana y más estilizada que la 321, la cual es
mucho más natural.
Procedencia: formaba parte de la colección Wise anteriormente, a
la cual se sumó junto con la W. 321 en 1959.
Refs.: Lunsford 1986, fig. 3.
15. Dallas W. 321: altura, 18.4 cm; ancho, 21.5 cm. Rastros de
pintura roja.
Procedencia: la misma que la W. 320. Refs.: Lunsford 1986, fig.
1.
16 y 17. Llano Grande: tamaño natural (las dos eran del tamaño
del rostro de los descubridores): peso, "25
castellanos" cada una (a 4.60 gramos el castellano, el
peso de cada una sería de 115 gramos). La información acerca del
cementerio fue suministrada por don Bayardo Betancourt y don
Bernardo Rendón. Los datalles de los rasgos se complementaron
gracias a una fotografía de las dos máscaras, la cual conserva don
José Restrepo en el pueblo del mismo nombre. Procedencia: dos
tumbas distintas en el cementerio llama de Llano Grande, en las
afueras de Restrepo (véase el texto para mayores detalles).
Refs.: Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f.). 18. Cementerio
del Darién.
Procedencia: una tumba grande en el sitio del cementerio, junto
con un canastero y una vasija antropomorfa de doble pico (Lám. 8).
Información y fotografías del descubridor, Alberto Montenegro.
Véase el texto para mayores detalles.
Refs.: Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f. 19. Hacienda El
Nilo, Yotoco. Procedencia y asociaciones: el señor Víctor Barrera,
propietario de la hacienda nos informó que la máscara de oro había
sido encontrada en, o cerca al mismo cementerio en el cual se
habían hallado 4 6 5 canasteros llama de tamaño grande y un collar
de cristal de roca, o cerca de él.
20. Finca La Italia, Restrepo: se dice que es semejante a la
M.O. 3383.
Procedencia y asociaciones: esta máscara fue hallada hace
algunos años por tres integrantes de la familia Rendón (Luis
Alfonso, Pablo y Bernardo). Don Bernardo Rendón nos informó que
estaba en un tipo de tumba conocido localmente con el nombre de
"tambor", junto con un par de canasteros (hombre
y mujer) y rastros de un solo esqueleto.
21. Finca La Providencia, Restrepo. La descripción hace
referencia a una boca sonriente con dientes.
Procedencia y asociaciones: encontrada hace algunos años por el
señor Gilberto Echeverri en una misma tumba junto con 3 vasijas
llama (un "canastero", una vasija en forma de
"tapir" con dibujos y detalles incisos, y una
vasija en forma de calabaza también decorada por incisión).
22. Colección privada: la descripción que aparece en el catálogo
dice que los ojos y la boca de la máscara aparecen
"cortados". Procedencia:
"Restrepo". Se dice que fue hallada en la misma
tumba en la cual se encontró una vasija llama, probablemente un
"canastero" ("vaso antropomorfo con
dibujos incisos y cabeza de monstruo rema tada por seis
puntos"), aparentemente un figura humana con incisio. nes
en el pecho y cabeza de animal con un tocado de seis puntas. El
collar de 30 cuentas antropomorfas de oro martillado mencionado
anteriormente en este artículo se encontró en la misma tumba.
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La versión original en inglés, fue presentada al Congreso de
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algunas de las ilustraciones.
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