Ficha bibliográfica
Titulo:
Ornamentos y máscaras de oro en la cultura Ilama
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: arianne Cardale-Leónor Herrera-Warwick Bray




INDICE




 

ORNAMENTOS Y MASCARAS DE ORO DE LA CULTURA ILAMA, METALURGIA DEL PERIODO FORMATIVO TARDIO EN LA CORDILLERA OCCIDENTAL COLOMBIANA*

MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF
WARWICK BRAY
LEONOR HERRERA
Traducción: Adriana Arias

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En estudios recientes Plazas y Falchetti (1983, 1986) han hecho énfasis en la existencia de una tradición de orfebrería en el suroccidente colombiano durante gran parte del primer milenio de la era cristiana. En varios de los estilos regionales que florecieron en el suroccidente durante dicha época se aprecian una serie de formas y técnicas comunes. Entre los estilos regionales que conforman esta provincia están aquellos que se concentran en la costa pacífica (Tumaco y Esmeraldas), en el macizo montañoso (Nariño, San Agustín, Tierradentro) y en el valle del alto Magdalena (Tolima), además de un área bastante extensa de la cordillera Occidental alrededor de la región Calima. También se observan vínculos fuertes con el estilo Quimbaya clásico del valle del Cauca medio.

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Mapa 1: Hallazgos de objetos de oro del período llama en la región Calima.

Aunque ahora tenemos un cuadro más claro de esta tradición de orfebrería del primer milenio, sabemos muy poco sobre el trabajo que se realizó con metales en el suroccidente durante el milenio anterior y que pudo muy bien ser la base para los estilos más complejos encontrados posteriormente. Los objetos de oro más antiguos que se han reportado hasta ahora son los alambres del siglo IV a. de J.C., excavados por Bouchard (1979) en Inguapi, to la zona de Tumaco (CNRS Ny 642:325 + 85 a. de J.C.). En San Agustín, en el Alto de los Idolos (meseta A, tumba 1) se encontraron varias placas metálicas cuya edad se remonta al siglo I a. de J.C. (GrN 7602: 40 + 40 a. de J.C.). Habían sido colocadas dentro de una capa de material volcánico blanco usado para revestir la tumba (Duque y Cubillos, 1979, 25, 223, y lám. p. 31). Este trabajo tendrá por tema central la zona Calima y constituye un intento por diferenciar las primeras piezas metálicas del período llama de aquellas que las sucedieron en el oro mejor conocido y de estilo más recargado del período Yotoco, al cual se ha dado en llamar estilo "Calima".

La zona Calima, ubicada en la parte alta del río del mismo nombre, está a una altura aproximada de 1.500 metros y tiene todas las ventajas del clima subtropical. Numerosas plataformas para casas, vestigios de campos de cultivo y tramos de antiguos caminos dan testimonio de una población precolombina numerosa; aunque la mayoría de estas características corresponden al período Yotoco (el cual cubrió aproximadamente los primeros once siglos de nuestra era), y al período Sonso (el cual se prolongó hasta los primeros años de la conquista española). La evidencia obtenida hasta ahora parece indicar que grandes extensiones se encontraban cubiertas de selva durante el período anterior (llama).

La publicación más extensa acerca del estilo de la orfebrería de esta región durante el primer milenio de nuestra era es el trabajo monumental de Pérez de Barradas (1954). Durante esta época era popular en Calima la fabricación de ornamentos martillados de lámina de oro, y entre los juegos de joyas más ricas está una gran variedad de diademas, orejeras, narigueras y pectorales. Las piezas están decoradas con motivos incisos y repujados y muchas tienen cabezas en relieve las cuales, a su vez están completamente vestidas con una gama completa de joyas en miniatura (Pl. 5).

En las mismas tumbas se encuentran objetos tridimensionales tales como los recipientes para la cal hechos con lámina de oro unida con clavos, y pestañas de alambre del mismo metal. Los marcos de oro para los espejos de pirita, los anillos y cuentas de collar eran todos hechos con soldadura por difusión. Los alfileres macizos con cabezas decorativas, fundidos mediante la técnica de la cera perdida, también eran bastante comunes.

Cuando Pérez de Barradas publicó su estudio sobre "El estilo Calima", se lamentaba de la falta de cronología. En una época anterior a las fechas radioactivas propuso, basándose en el estilo y la asociación, una fecha correspondiente al primer milenio de nuestra era, la cual ha demostrado ser bastante aproximada. También logró diferenciar un estilo posterior, aparentemente sin ninguna relación en la misma región, el cual ahora podemos asociar con la cultura Sonso.

Otra evidencia encontrada posteriormente sugiere que podía haber relación entre el estilo recargado de orfebrería y la alfarería incisa conocida entonces como el Calima temprano (Dussán de Rei chel, 1965-61; Bray y colaboradores, 1980, 2). Sin embargo, el trabajo de investigación adelantado por el proyecto Pro Calima y otros arqueólogos que estudian la zona indica que en realidad se encuentra relacionado con la alfarería policroma de la cultura Yotoco.

En la actualidad se cuenta con cerca de veinte fechas determinadas por carbón radiactivo correspondientes al período Yotoco que floreciera en la región Calima por espacio de cerca de 1.200 años -desde justo antes de la era cristiana hasta el siglo XII d. de J.C. (Herrera y colaboradores, 1984, fig. 3; Bashilov y Rodríguez, en prensa; Bray y colaboradores, 1985, Salgado, en prensa). Hasta ahora, solamente se ha encontrado una relación directa entre una de esas fechas y un objeto metálico: la boquilla de una trompeta de lámina de oro encontrada en una tumba en la hacienda El Dorado cuya fecha se remonta al 210 ± 80 d. de J.C. (Beta 4908; Bray y colaboradores, 1983, 29).

Aunque es frecuente encontrar oro Yotoco en la región Calima, los hallazgos no se limitan a dicha zona, tal como el propio Pérez de Barradas señalara (1954, cap. XXIV). Se han encontrado piezas de oro Yotoco del otro lado de la cordillera Central en el río Saldaña, un tributario del río Magdalena. Hacia el norte, también es común encontrar tanto orfebrería como alfarería Yotoco llegando incluso hasta el Quindío. Peréz de Barradas tuvo que limitarse a explicar estos hallazgos por medio de hipótesis -pensaba que las piezas de oro del río Saldaña habían llegado allí como resultado del comercio- y no es mucho lo que podemos hacer hoy para superar esas hipótesis. Sin embargo, ahora que se conocen las asociaciones culturales de este oro, parece haber llegado el momento de dar un nombre cultural (Yotoco) al estilo de orfebrería en lugar de un nombre geográfico (Calima) con todas las limitaciones que éste implicaría.

Al mismo tiempo que fuimos obteniendo evidencia para ubicar la espectacular orfebrería en la cultura Yotoco, también se fue haciendo claro que ocasionalmente se hallaban elementos de oro en las tumbas de la cultura llama. Sin embargo, estos hallazgos son escasos y parecen limitados a unas cuantas tumbas en los cementerios grandes. Hasta ahora hemos visto el oro de una sola tumba, de tal manera que hemos tenido que basar nuestras conclusiones sobre los informes de la gente de la localidad.

Lentamente hemos podido crear una imagen de la clase de piezas que aparecen. Son menos complicadas que las piezas Yotoco, en el sentido de que carecen de la exuberancia barroca de estas últimas. Sin embargo, algunas de las piezas son bastante grandes y complejas. Las técnicas empleadas más comúnmente son el grabado en relieve y el martillado, pero en ocasiones se encuentran también piezas fundidas.

Los ornamentos mencionados con más frecuencia son las narigueras sencillas que pueden ser de metal martillado o fundidas. No hemos logrado ver un ejemplo de la variedad martillada. Se dice que el aro anular fundido que aparece en la lámina 2 fue encontrado en un pequeño cementerio llama de unas cuatro tumbas en la vereda de Santa Helena, cerca del Darién. En la tumba había también una alcarraza llama con incisión. La nariguera se examinó brevemente poco después de ser descubierta y parece estar hecha de tumbaga enriquecida en la superficie. No es una pieza particularmente distintiva y tiene los extremos dañados. Sin embargo, las dos cuentas de oro halladas con una vasija semejante en otra tumba del mismo cementerio, son una forma poco usual en Calima y, de poderse establecet con certeza que son llama, podrían constituir marcadores útiles para otros grupos de tumbas cuya edad no haya sido determinada por otro medio. Están hechas de una capa delgada de un oro que parece bastante puro fundida sobre un núcleo de arcilla que se dejó, quizás para dar peso y fortaleza a los revestimientos frágiles y livianos.

Las únicas otras cuentas de este tipo que conocemos llegaron al Museo del Oro alrededor del cuello de un canastero (M. M. CC 383), una clase de vasija tan característica del período llama que podría considerarse como uno de los principales "fósiles tipo". Alfredo Sánchez, del laboratorio de metalurgia del departamento de tecnología industrial del Banco de la República analizó una muestra de una de las veinte cuentas de este collar y demostró que era una aleación de cobre. La muestra se obtuvo a una profundidad no especificada debajo de la superficie, a la cual el cobre y los microelementos representaban el 43.7% del total (Au 44.7%, Ag 12.7%). Claro está que es posible que la persona que encontró el canastero haya pensado que se "vería mejor" y se vendería mejor con un collar de oro brillante. Sin embargo, la laminilla martillada y repujada que está en el centro del collar es de un tipo de los que se encuentra con frecuencia en las tumbas llama. Aunque las láminas martilladas con decoraciones repujadas no son exclusivas del período llama, con tiempo y con suficientes grupos de tumbas debería ser posible distinguir los ejemplos de los distintos períodos. Esta figura también lleva orejeras sencillas de alambre de oro.

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Lámina 1: Nariguera llama (diám. 4 cm.) y cuentas de collar similares a las de la lámina 1 (la más grande mide 0.9 cm de diámetro). Darién, Vereda Sta. Helena.

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Lámina 2: "Canastero" del período llama con cuentas de collar en oro fundidas encima de un núcleo de cerámica, pectoral y orejeras. Altura 30 cm; MO CC 383.

Menos comunes que las láminas y las narigueras son los collares de cuentas más grandes de hasta 6 cm hechas de láminas de un oro bastante puro, martilladas para darles la forma de animales o figuras humanas. En un vasto cementerio llama descubierto en Los Hispanos se encontró por lo menos uno de esos collares, semejante al que aparece en la lámina 4. Otro collar de este tipo, cuyas cuentas zoomorfas fueron identificadas como cocodrilos por su descubridor, provino de un rico cementerio Ilama en las afueras de Restrepo (Cardale de Schrimpff, Herrera y Bray, en elaboración). En el Museo del Oro hay dos ejemplos antropomorfos: No. 3850 (Pérez de Barradas, 1954, lámina 27) y 29270, mientras que otro collar aparece registrado como parte de una colección privada en Bogotá. Los dos juegos de cuentas que se encuentran en el Museo del Oro y el ejemplo de Los Hispanos, de acuerdo con su descripción, representan figuras femeninas. Las del M.O. 29270 tienen una cabeza de animal en la base. Pérez de Barradas (1954, 76) opinó que las cuentas que él examinó habían sido fundidas por la técnica de la cera perdida. No obstante, al realizar una observación más detallada, Clemencia Plazas y Ana María Falchetti (comunicación personal) llegaron a la conclusión de que las cuentas eran martilladas.

Estos collares son bastantes diferentes de los del período Yotoco, los cuales tienen cuentas normalmente fundidas o hechas con la técnica de granulación. Las figuras humanas de las cuentas llama tienen los ojos alargados, la nariz triangular, las manos unidas sobre el vientre y las piernas dobladas, de las cuales sólo se ve la parte de la rodilla hacia abajo. Las figuras son muy semejantes a las de las cuentas del mismo período talladas en piedra verde, cuyos rasgos y extremidades aparecen tratados de la misma forma (Pérez de Barradas 1954, Lám. XX, figs. 170-175).

Unos curiosos objetos tallados en piedra (M. O. LC. 740-743), de los cuales se dice que fueron encontrados en La Cecilia, municipio del Darién, tienen figuras prácticamente idénticas a las de las cuentas (Lámina 3). A primera vista parecen ser moldes como los utilizados por los musicas para estampar impresiones en la cera de las piezas a fundir. Sin embargo, ya que las cuentas llama son martilladas, es probable que los objetos de piedra se hayan utilizado para dar forma a la lámina de oro quizás presionando y martillando a la vez. La forma final y los detalles pudieron realizarse a "mano alzada", lo cual explicaría las ligeras diferencias entre una cuenta y otra.

La última categoría de objetos a describir está compuesta por máscaras de lámina de oro en tamaño real, las cuales pudieron haber sido máscaras funerarias, o adornos para usar en vida. La colección más grande de estas máscaras (10 ejemplos) está en el Museo del Oro de Bogotá (Pérez de Barradas, 1954, 280). La mayoría de ellas se obtuvieron durante los primeros años de iniciada la colección sin mayor información acerca de su procedencia, aparte del hecho de haber sido compradas a comerciantes de la zona de Restrepo. Sabemos solamente de la existencia de otros cinco ejemplares en museos, tres de Europa y dos de los Estados Unidos. Una de las piezas que se encuentran en Europa en el Museum fur Völkerkunde de Berlín (VA 30550) fue hallada en la zona de Vijes, cerca de Calima, y llegó al museo en 1907 (Pérez de Barradas, 1954, 280; Krickeburg, 1931, 614, figs. 10 y 12; von Schüler-Schómig, 1981, lámina 13). En un principio eran dos máscaras, pero la segunda pieza (anteriormente la VA 30549, ilustrada por Anton y Dockstader s.f., 164) ya no le pertenece al museo. En el museo de Ginebra hay una pieza interesante y muy trabajada (No. 28.569). Los dos ejemplos que se encuentran en los Estados Unidos de América eran parte de la colección Wise y en la actualidad están en el Museo de Arte de Dallas (Nos. 1976. W. 320 y 321; Lunsford,1986, figs. 1 y 3). Nos interesaría mucho ser informados de la existencia de otros ejemplares en otro museos o colecciones. Las fotografías que guardan como recuerdo las personas que han hecho un hallazgo sirven en ocasiones para averiguar en cuál museo o colección se encuentra una pieza procedente de Calima, enriqueciendo de paso su valor documental.

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Lámina 3: ¿Matrices en piedra para cuentas de collar? Son (de izquierdo a derecho) Nos. MO LC 740, 743, 742, 741. El ejemplar más largo mide 10 cm. Darién, vereda La Cecilia.

Por lo general, las máscaras están hechas de láminas bastante delgadas (1 mm o menos) de oro relativamente puro. Según los análisis publicados por Pérez de Barradas (1954, cap. 12), el contenido de oro oscila generalmente entre el 80 y el 90% con una pequeña proporción de plata, la cual está presente en el oro nativo de la región, y un contenido de cobre aproximadamente del 10%. De acuerdo con Pérez de Barradas, esta cantidad de cobre, aunque pequeña en términos comparativos, es mayor de la que podría estar presente en forma natural y, por lo tanto, tuvo que haber sido agregada con un fin específico. En su opinión, era para bajar un poco el punto de fusión del metal, el cual era fundido luego como lámina. Los bordes de la máscara son bastante lisos y presentan menos evidencia de cortes que las piezas martilladas de Yotoco. Los rasgos faciales y los demás detalles habrían sido martillados sin que esto afectara la maleabilidad del metal, dado el bajo contenido de cobre. Otras autoridades, entre ellas uno de los autores de este trabajo (W.B; Ana María Falchetti, comunicación personal) piensan que hubiera sido mucho más fácil elaborar la máscara martillando la lámina a partir de un lingote fundido. Otra explicación posible es que el cobre pudo haber sido agregado para darle un tono rojizo al oro.

La nariz es mucho más gruesa que el resto de la lámina y se ha sugerido (Juanita Sáenz Obregón, comunicación personal) que durante el proceso de dar forma a esta parte del rostro pudieron haberse agregado más láminas. Por otra parte, dado que la nariz es el centro de la máscara, la diferencia del martillado pudo haber dejado más gruesa esa área. Hasta donde sabemos, no se han efectuado hasta ahora análisis técnicos detallados sobre estas máscaras. Una pieza que se encuentra en el Museo del Oro (No. 3308) es excepcional en el sentido de que está hecha de un metal mucho más grueso y no flexible como el de las demás. Las perforaciones de los ojos son muy pulidas, a diferencia de las otras máscaras en fas cuales el metal sobrante está doblado hacia atrás.

La mayoría de las máscaras tienen cuatro agujeros hechos aproximadamente a la altura de los ojos y la boca, supuestamente para pasar un cordón y sujetar la máscara.

Estas máscaras no solamente son muy distintas de las caras que aparecen en los ornamentos Yotoco en el sentido de que no tienen "objetos colgantes", sino también en lo que se refiere a los detalles de los rasgos faciales. Los ojos son ovalados y hacen pensar en los de las figuras de la cerámica llama; están representados por medio de dos líneas repujadas, con otra más arriba para marcar la ceja. La mayoría tienen un agujero como pupila, siendo muy raros los ojos recortados (para un ejemplo, véase la Tabla 1); no obstante, con los ensayos se ha demostrado que la persona puede ver bastante bien a través de las pupilas perforadas. Por su parte, en los ornamentos Yotoco, los ojos generalmente son semicirculares y no ovalados, y ya que son repujados, dan la impresión de ser más abultados. En las máscaras llama, la nariz es el rasgo más destacado, dando un perfil recto con un contorno apenas triangular que se asemeja a aquel de las cuentas antropomorfas. En las figuras Yotoco, la nariz tiende a ser aguileña con las fosas nasales anchas.

Las bocas varían un tanto, pero el tipo más común es la barra recta en la cual se da un indicio de dientes por medio de incisiones rectangulares. También se ven barras curvas o bocas "sonrientes" (cuatro ejemplos). Salvo por una excepción, están abiertas y generalmente dejan ver dos hileras de dientes. Los pómulos siempre son prominentes y.bastante naturalistas aunque algunos ejemplos son más estilizados, siendo este un proceso cuyo máximo extremo se aprecia en el M.O. 5369. Un ejemplo especialmente bueno (M.O. 3883) tiene un diseño repujado que puede ser representativo de pintura o tatuajes.

La información de las pocas personas de Restrepo y Darién que han encontrado máscaras de este tipo indica que a menudo provienen de tumbas de un tamaño excepcional para el período (Cardale de Schrimpff, Herrera y Bray, en elaboración. La típica tumba llama tiene entre 1.50 y 2.0 de profundidad y consta de una fosa rectangular y un nicho pequeño (en lugar de una cámara) en el fondo, este nicho tiene entre 1 y 2 metros de largo y en los pocos casos en que se ha podido recuperar el esqueleto, éste se encuentra a lo largo del nicho, paralelo a las paredes longitudinales de la fosa. Los objetos funerarios también aparecen depositados en el nicho, generalmente a la cabeza o a los pies del muerto. Por lo menos tres de las tumbas en las cuales había máscaras aparentemente eran mucho más profundas y tenían cámaras relativamente grandes y varios objetos funerarios.

En Llano Grande se encontraron máscaras en dos tumbas cuyas formas eran un tanto diferentes. Una tenía 8 metros de profundidad y una cámara grande de 3 metros cuadrados. Tanto la cámara de la primera tumba como la de la segunda habían sido dejadas abiertas (en lugar de ser rellenadas con tierra), lo cual explica por qué las máscaras no estaban aplastadas. En las paredes de las cámaras había líneas blancas que probablemente simulaban bloques de adobe, y en el piso un recubrimiento de arcilla de 50 centímetros de espesor. La máscara estaba en el centro de la cámara cerca de una nariguera pequeña de lámina metálica. Cerca de la pared se encontraron dos alcarrazas zoomorfas. La descripción que se hizo de ellas correspondía a "un mono de pie sobre dos barriles" y un "tapir", con abundantes dibujos incisos. La segunda tumba era un poco menos honda la cámara era más pequeña, sin pintura o arcilla. La máscara fue encontrada en la parte posterior, contra la pared. También se encontraron tres vasijas de cerámica dentro de la cámara: una con la forma de dos monos de pie sobre cuatro soportes en forma de bola, otra con forma de rana y la tercera con forma de mujer.

La máscara del Darién provino de un grupo de tumbas llama encontradas en el sitio de un cementerio moderno. La tumba en la cual se encontró la máscara tenía 3.60 metros de profundidad y una cámara de aproximadamente 1.60 de altura. Según se informó, la máscara estaba contra la pared posterior, en la parte central de la cámara, de tal manera que si el cuerpo hubiese sido sepultado de la manera usual, con las extremidades extendidas, la máscara hubiera estado cerca de la cintura. Esto indica que, por lo menos en este caso, no se trataba de una máscara funeraria. La persona que la encontró tiene una fotografía del "canastero" y de la vasija de doble vertedera que lo acompañaba, los cuales son llama sin lugar a dudas.

En otros casos en los cuales hay información sobre la cerámica encontrada junto con las máscaras, esta casi siempre se puede atribuir sin ninguna duda al período llama (hacienda El Nilo, fincas La Italia y Providencia y la colección privada mencionada en el anexo). La cerámica de Llano Grande es más difícil de evaluar con base en las descripciones -por lo menos algunos objetos-, tales como la vasija en forma de "tapir" con incisión, son llama sin lugar a dudas, mientras que otros como la vasija con los dos monos apoyados sobre los soportes en forma de bola, podrían ser transicionales. La máscara atípica del Museo del Oro (No. 5369) indica que la tradición pudo haberse prolongado hasta los primeros años del período Yotoco.

Tal parece que muchas de las máscaras llegaron a los museos en parejas o incluso en grupos (M.O. 3307-9; 3947-50; las dos del Museum fur Völkerkunde en Berlín y las del Museo de Arte de Dallas), lo cual podría indicar que en algunas de estas tumbas estaba enterrada más de una persona o, quizás, que existía la costumbre de enterrar a los individuos de alta jerarquía en un mismo cementerio. Hay indicios de que las máscaras de cerámica, aparentemente del mismo período, se encontraron en parejas dentro de una misma tumba (Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f.).

Tres de las máscaras del Museo del Oro (No. 3307-9) mencionadas por Pérez de Barradas (1954, láms. 12-14) como parte de su lote No. 11, son especialmente llamativas ya que los demás objetos del lote no son típicos del oro Yotoco, y pueden quizás constituir una clave para determinar la gama de objetos fabricados por los orfebres llama. Dos de estos objetos, un propulsor (No. 3318) y un objeto descrito por Pérez de Barradas (pp. 68-69, figs. 51-52) como el asa de un abanico (No. 3319), tienen incisiones en forma de dibujos rectilíneos semejantes a aquellos de la alfarería llama. Entre otros objetos de este lote están un collar de cuentas en forma de "anillo de servilleta" (No. 3320) y un par de ajorcas simples (Nos. 33104 y 3311). Dos de los objetos son de lámina metálica martillada la cual, obviamente, es un aspecto muy característico de la orfebrería Yotoco. Sin embargo, los dos tienen características que no son muy comunes en las colecciones Yotoco. Uno de ellos es una concha o la cubierta de una concha desaparecida (No. 3316). Curiosamente, es el único ejemplo de su tipo que se encuentra en el Museo del Oro, aunque hay dos ejemplos mucho más pequeños. El segundo es un recipiente antropomorfo (No. 3317) ensamblado a partir de láminas martilladas; pero los rasgos faciales y la posición de la figura se asemejan más a los de las vasijas antropomorfas llama que a los objetos de oro o de cerámica del período Yotoco.

En conclusión, hacia la que pudo ser la última parte del período llama, pudieron haberse comenzado a usar varias de las técnicas básicas empleadas durante el período Yotoco -este parece ser defini tivamente el caso de la fundición simple- el martillado y el repujado. Si los objetos del Lote 2 también son llama, debemos agregar las técnicas de uso de lámina de oro para ensamblar objetos tridimensionales y para cubrir materiales perecederos como la madera. No obstante, buena parte de lo que se ha dicho aquí es tentativo y, en algunos casos, muy especulativo. Hasta el momento no contamos con la información suficiente para tener una idea clara de cómo era la orfebrería llama, y mucho menos para estudiar detalladamente su desarrollo. En estas páginas sólo podemos tratar de dar un primer paso, resumiendo la poca información disponible acerca de una zona del suroccidente durante la última parte del primer milenio A. de J.C.

| Reconocimiento

Este artículo se originó en un estudio más extenso de la cultura llama, el cual se encuentra aún en preparación y que se ha realizado con el apoyo económico de la Fundación Pro Calima y la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República, Bogotá. También hemos recibido el apoyo del Instituto Colombiano de Antropología de Bogotá y la cooperación de INCIVA en Cali. Agradecemos a las personas de Restrepo y Darién quienes ofrecieron generosamente su información, especialmente a Bernardo Rendón, Bayardo Betancour y Alberto Montenegro. Héctor Salgado, director del Museo Arqueológico del Darién, fue quien amablemente llamó nuestra atención hacia la máscara del cementerio del Darién. Deseamos expresar también nuestro agradecimiento al director y los funcionarios del Museo del Oro en Bogotá por permitirnos examinar los objetos de oro llama que tienen en sus colecciones. Clemencia Plazas, Ana María Falchetti y Juanita Sáenz Obregón también nos suministraron fotografías, información y discusiones estimulantes sobre el material en estudio.

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Lámina 4: Grupo de una tumba del período llama encontrada en el cementerio moderno del Darién. Fotos, Cortesía de A. Montenegro - Darién.

 

ANEXO

| Lista de collares y máscaras de oro atribuibles a la cultura llama

| Collares de oro

1. M.O. 3850. Compuesto por 28 cuentas que aparentemente representan mujeres sentadas. No se muestran ropas. Pérez de Barradas da una descripción detallada del collar, mencionando un peso total de 23.55 gramos, con dimensiones promedio de 4.8 x 1.4 cm. Los resultados del análisis de una cuenta fueron los siguientes: Au, 0.888; Ag, 0.020; Cu, 0.073.

Procedencia: "Restrepo". Parte de un lote heterogéneo grande comprado en 1944 a Fernando Restrepo.

Refs.: Pérez de Barradas, 1954, 76, 286; fig. 57, lám. 27).

2. M.O. 29,270 (Lám. 4). Compuesto de 30 cuentas que aparentemente representan mujeres desnudas sentadas semejantes al M.O, 3850. Una hilera de puntos en relieve representa la línea del cabello o el tocado, y por entre la boca abierta se pueden ver los dientes. Al igual que en el M.O. 3850, los dedos están representados por tres líneas únicamente: los dedos de los pies son demasiado largos, casi como garras. En otra figura faltan los senos. Cada cuenta está rematada en su base por una cabeza de animal. En dicha cabeza se aprecian los dientes, los cuales están alineados en un semicírculo; los ojos son casi redondos. Los bordes de las cuentas son recortados y muy ligeramente ásperos. La superficie es muy pulida.

Procedencia: Restrepo.

3. Lugar de permanencia desconocido.

Collar de cuentas de oro en las cuales aparecen representadas figuras femeninas desnudas semejantes a las del M.O. 3850. Fue hallado por Bernardo Rendón en una tumba llama junto con una clásica vasija llama en forma de serpiente, en un cementerio Ubicado en la hacienda Los Hispanos, Vijes.

4. Lugar de permanencia desconocido.

En una fotografía de don José Restrepo aparece un collar con 35 cuentas de oro martillado junto con dos máscaras de oro descritas más adelante. El collar fue hallado en el mismo cementerio de Llano Grande en el cual se encontraron las máscaras, pero en una tumba distinta y menos profunda. Las cuentas tienen figuras zoomorfas, las cuales fueron descritas como cocodrilos por los descubridores.

5. Lugar de permanencia desconocido.

Anteriormente parte de una colección privada. Una anotación en el catálogo describe un collar de oro de 30 figuras antropomorfas repujadas en lámina, el cual fue hallado en la zona de Restrepo y en la misma tumba en la cual se encontraron una máscara y una vasija llama (probablemente un canastero) con ciertos rasgos zoomorfos.

| Máscaras

1. M.O. 3307: peso 111.3 g (Au, 0.845; Ag, 0.022; Cu, 0.106; otros, 0.027).

Procedencia: parte del lote II encontrado cerca de Restrepo, aparentemente todo en una misma tumba. Adquirida a Gilberto Moreno en octubre de 1943. Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 12.

2. M.O. 3308: altura, 21.2 cm; ancho, 22.3 cm; peso, 288.67 g. (Au, 0.840; Ag, 0.036; Cu, 0.099; otros, 0.025). Esta máscara es poco usual al tener lo que parece ser una boca cerrada. También es mucho más pesada que cualquiera de las otras de la muestra, salvo por la M.O. 5369. Las perforaciones de las pupilas son muy precisas, sin rebordes o indentaciones. Procedencia: igual que la No. 3307.

Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 13.

3. M.O. 3309: altura, 15.2 cm; ancho, 19.1 cm; peso, 52 g (Au 0.876; Ag, 0.066; Cu, 0.046; otros, 0.012).

Procedencia: igual que la No. 3307.

Refs.: Pérez de Barradas 1954, 67, lám. 14.

4. M.O. 3383: altura 13.4 cm; ancho, 17.5 cm; peso, 52.75 g. (Au, 0.805; Ag, 0.018; Cu, 0.142; otros, 0.035). Esta es una pieza especialmente bella, con más volumen que algunas de las otras de muestra. Es obvio que los agujeros para suspender la máscara fueron perforados por el derecho de la misma; los agujeros son un tanto desiguales y el exceso de metal aparece doblado hacia atrás. El borde de los agujeros de los ojos es un poco áspero y cortante. En el borde inferior de la máscara, el metal aparece doblado hacia atrás para dar forma al mentón.

El repujado de las mejillas es ligeramente desigual en lo que se refiere a espaciamiento y altura. Examinando el revés de la máscara se observan puntos alzados que pudieron haberse hecho con un objeto plano y oblongo. En algunos puntos el metal aparece demasiado tensionado y agrietado alrededor de la base de la parte alzada. Procedencia: zona de Restrepo, s.f. Comprada sola en julio de 1944 a Fernando Restrepo Vélez.

Refs.: Pérez de Barradas 1954, 82, lám. VII.

5. M.O. 3947: altura, 17.0 cm; ancho, 19.7 cm; peso, 38.55 g. (Au, 0.850; Ag, 0.030; Cu, 0.096; otros, 0.024). Las pupilas de los ojos están ligeramente elevadas y parecen haber sido perforadas desde atrás para dar dicho efecto. El exceso de metal aparece doblado hacia atrás. Procedencia: "Restrepo". Comprada en octubre de 1944 junto con otras tres máscaras muy semejantes a la misma persona a quien se le compró la M.O. 3883 (señor Fernando Restrepo Vélez).

Refs.: Pérez de Barradas 1954, 83, lám. 33.

6. M. O. 3948: altura, 15.3 cm; ancho, 19.2 cm; peso, 50.05 g. (Au, 0.870; Ag, 0.040; Cu, 0.072; otros, 0.018).

Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas 1954, 83, lám. 34.

7. M.O. 3949: altura, 15.6 cm; ancho, 20.3 cm; peso, 37.60 g. (Au, 0.800; Ag, 0.029; Cu, 0.137; otros, 0.044).

Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas 1954, 83, lám. 35.

8. M.O. 3950: altura, 16.0 cm; ancho, 20.0 cm; peso, 54.65 g. (Au, 0.820; Ag, 0.030; Cu, 0.120; otros, 0.030).

Procedencia: la misma que la No. 3947. Refs.: Pérez de Barradas 1954, 83, lám. 36.

9. M. O. 5369: altura, 25.2 cm; ancho, 31.0 cm; peso, 437 g. (Au, 0.895; Ag, 0.025; Cu, 0.06,4; otros, 0.016). Esta máscara, aunque claramente se ajusta a la misma tradición de las demás, es diferente en varios sentidos, empezando por el hecho de que es mucho más grande y pesada que cualquiera de las demás y no se adapta al rostro de un ser humano. Los ojos, en lugar de ser ovalados, son semicirculares, las mejillas son estilizadas, el ornamento de la nariz es único y los dientes se reducen a una hilera de barras verticales en la cual casi no se aprecia la división entre las dos hileras. Los monos repujados también son únicos dentro de esta categoría de objetos.

Procedencia: comprada por el Museo del Oro en octubre de 1946 a Jusús M. Echeverri como parte del "Lote XV", el cual consta de numerosos objetos característicos del período Yotoco. Pérez de Barradas (1954, 125) pensó que este lote bien podría ser el mismo tesoro de 16 libras de peso descubierto en el mes de agosto anterior en la zona de San Salvador por los trabajadores que construian la carretera Madroñal-Buga. El lote es muy grande y pudo haber "absorbido" otros objetos antes de serle ofrecido al Museo del Oro. (La máscara no se menciona en la lista de los objetos encontrados en El Salvador, la cual fue publicada por El Tiempo y citada por Pérez de Barradas.) Sin embargo, tiene tantas características poco comunes que bien puede ser posterior al resto de la máscaras de la muestra.

Refs.: Pérez de Barradas 1954, 125, lám. 95.

10. M.O. 7475: altura, 12.5 cm; ancho, 15.5 cm. Procedencia: Restrepo.

11. VA 30550: altura, 17 cm; ancho, 17 cm; peso, 81 g. (Au, 0.750).

Procedencia: zona de Vijes. Perteneció originalmente a la colección Kóhpe y fue adquirida por el museo en 1907 con el No. VA 30549. Refs.: Krickeberg 1931, fig. 12; Pérez de Barradas 1954, 280; Disselhof Linné 1961, 245; von Schüler-Schómig 1981, lám. 13.

12. VA 30549 (antes): altura, 17.5 cm; peso, 79 g. Procedencia: la misma que la VA 30550.

Refs.: Krickeberg 1931, fig. 11; Pérez de Barradas 1954, 280; Antony Dockstader s.f. 164.

13. M.E.G. 28,569: altura, 16.5 cm; ancho, 18.3 cm. Esta máscara tiene varias características peculiares. La nariz es muy estilizada y las fosas nasales aparecen en relieve en lugar de formar cavidades; los dientes son más grandes y prominentes de lo normal y la línea que marca el margen superior de la órbita, o tal vez la ceja, continúa hacia abajo en dirección a los pómulos que son relativamente pequeños y distantes. Las líneas de las comisuras de la boca y del mentón pueden representar una barba.

Procedencia: "Restrepo".

Refs.: (información suministrada amablemente por Clemencia Plazas y Theres Gähwiler).

14. Dallas W. 320: altura, 17.6 cm; ancho, 21.9 cm. Las perforaciones de las pupilas son pulidas y perfectamente circulares y contrastan con el contorno irregular de la W. 321. Esta máscara también es mucho más plana y más estilizada que la 321, la cual es mucho más natural.

Procedencia: formaba parte de la colección Wise anteriormente, a la cual se sumó junto con la W. 321 en 1959.

Refs.: Lunsford 1986, fig. 3.

15. Dallas W. 321: altura, 18.4 cm; ancho, 21.5 cm. Rastros de pintura roja.

Procedencia: la misma que la W. 320. Refs.: Lunsford 1986, fig. 1.

16 y 17. Llano Grande: tamaño natural (las dos eran del tamaño del rostro de los descubridores): peso, "25 castellanos" cada una (a 4.60 gramos el castellano, el peso de cada una sería de 115 gramos). La información acerca del cementerio fue suministrada por don Bayardo Betancourt y don Bernardo Rendón. Los datalles de los rasgos se complementaron gracias a una fotografía de las dos máscaras, la cual conserva don José Restrepo en el pueblo del mismo nombre. Procedencia: dos tumbas distintas en el cementerio llama de Llano Grande, en las afueras de Restrepo (véase el texto para mayores detalles).

Refs.: Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f.). 18. Cementerio del Darién.

Procedencia: una tumba grande en el sitio del cementerio, junto con un canastero y una vasija antropomorfa de doble pico (Lám. 8). Información y fotografías del descubridor, Alberto Montenegro. Véase el texto para mayores detalles.

Refs.: Cardale Schrimpff y colaboradores, s.f. 19. Hacienda El Nilo, Yotoco. Procedencia y asociaciones: el señor Víctor Barrera, propietario de la hacienda nos informó que la máscara de oro había sido encontrada en, o cerca al mismo cementerio en el cual se habían hallado 4 6 5 canasteros llama de tamaño grande y un collar de cristal de roca, o cerca de él.

20. Finca La Italia, Restrepo: se dice que es semejante a la M.O. 3383.

Procedencia y asociaciones: esta máscara fue hallada hace algunos años por tres integrantes de la familia Rendón (Luis Alfonso, Pablo y Bernardo). Don Bernardo Rendón nos informó que estaba en un tipo de tumba conocido localmente con el nombre de "tambor", junto con un par de canasteros (hombre y mujer) y rastros de un solo esqueleto.

21. Finca La Providencia, Restrepo. La descripción hace referencia a una boca sonriente con dientes.

Procedencia y asociaciones: encontrada hace algunos años por el señor Gilberto Echeverri en una misma tumba junto con 3 vasijas llama (un "canastero", una vasija en forma de "tapir" con dibujos y detalles incisos, y una vasija en forma de calabaza también decorada por incisión).

22. Colección privada: la descripción que aparece en el catálogo dice que los ojos y la boca de la máscara aparecen "cortados". Procedencia: "Restrepo". Se dice que fue hallada en la misma tumba en la cual se encontró una vasija llama, probablemente un "canastero" ("vaso antropomorfo con dibujos incisos y cabeza de monstruo rema tada por seis puntos"), aparentemente un figura humana con incisio. nes en el pecho y cabeza de animal con un tocado de seis puntas. El collar de 30 cuentas antropomorfas de oro martillado mencionado anteriormente en este artículo se encontró en la misma tumba.

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* La versión original en inglés, fue presentada al Congreso de Americanis tas No. 46, en Amsterdam. En esta versión se cambiaron algunas de las ilustraciones.

 

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