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ADAPTACIONES PRECERAMICAS EN EL
SUROCCIDENTE DE COLOMBIA
CRISTOBAL GNECCO VALENCIA
HECTOR SALGADO LOPEZ
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Foto 1. Paisaje del Valle del Alto río Calima en la cordillaera
occidental (fotografía de Wilson Devia)
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Pudiera parecer más que coincidencial que las investigaciones
arqueológicas sobre el precerámico en Colombia hayan estado
básicamente limitadas a las tierras altas de la cordillera Oriental
y al valle del río Magdalena, y hayan sido llevadas a cabo
únicamente en los últimos veinte años. Sin embargo, la única
explicación a esta limitación geográfica radica en el hecho de que
la atención y los esfuerzos de unos pocos investigadores se han
concentrado precisamente en esas zonas de nuestro territorio. Esos
investigadores (Ardila,1984; Correal,1977, 1979, 1981; Correal et
al., 1977; Correal y Van der Hammen, 1977; Correal y Pinto, 1983;
Hurt et al., 1976) han definido, claramente, una amplia secuencia
precerámica que se inicia hacia el decimotercer milenio antes del
presente, poco antes del inicio del Holoceno, y que se extiende,
con algunas interrupciones, hasta los inicios de la vida
agro-alfarera. Pero aparte de esos trabajos, todo el territorio
colombiano, tan clave en la problemática del poblamiento temprano
de Suramérica, era un gran mapa en blanco salpicado aquí y allá por
algunos pocos hallazgos fortuitos y aislados de artefactos líticos,
especialmente de puntas de proyectil. Los últimos años, sin
embargo, han sido testigos de la aparición de crecientes evidencias
de ocupaciones precerámicas bien documentadas en el suroccidente
andino colombiano, básicamente en el curso medio y alto del río
Calima y en el valle de Popayán. Son precisamente esas evidencias
las que discutiremos en este artículo.
Los datos paleoambientales, tan esenciales en las
investigaciones arqueológicas, están apenas empezando a constituir
un cuerpo coherente para la región suroccidental del país. En
ausencia de los detalla dos registros palinológicos que existen
para la cordillera Oriental, la información disponible se limita a
los análisis de los perfiles de polen y a la investigación
geomorfológica, desarrollados en el marco del Proyecto Calima
(Botero, 1985; Monsalve,1985; Bray et al., 1987; Herrera et al.,
1988) y a un estudio sobre paleosuelos cuaternarios en los
alrededores de Cali (Folster et al., 1977). Los dos perfiles
palinológicos obtenidos en el valle de El Dorado indican un
comportamiento similar de las condiciones medioambientales del
final del último glacial a las registradas previamente en la
cordillera Oriental; esto es, la elevación de los cinturones
vegetacionales paralela al mejoramiento del clima (véase Van der
Hammen y González, 1963; Van der Hammen, 1974). Esta similitud en
el comportamiento climático entre las dos áreas parece confirmarse
también a partir de la evidencia de paleosuelos (Folster et al.,
1977: 262).
Hacia los comienzos del Holoceno, documentados en la zona 4A del
perfil de El Dorado (Herrera et al., 1988: 9-11; Bray et al., 1987:
445), el clima empieza a mejorar y el bosque andino, antes presente
en el área, al ser desplazado por una formación sub-andina. En la
zona 4B, cuya parte baja fue fechada a mediados del décimo milenio
A.P., el mejoramiento climático definitivo parece evidente, pues se
observa una pérdida de predominio de Quercus, característico del
bosque andino, e indicios de un bosque menos cerrado, más
probablemente debido a la modificación de los cinturones
vegetacionales que a influencia humana. Sin embargo, es justamente
en esta época cuando los primeros vestigios claros de ocupación
humana comienzan a aparecer en el alto valle del río Calima (Foto
1). Hace unos 10.000 años (véase la Fig. 2 para la cronología
exacta), individuos portadores de una muy simple tecnología lítica
dejaron sus huellas en Sauzalito, un sitio localizado en una ladera
erosional, pocos kilómetros al noreste de Darién (Fig. 1; Foto 3).
Del escaso material lítico recuperado en las excavaciones del
sitio, entre 50 y 80 cm. de profundidad, sólo se ha logrado
identificar con certeza un instrumento para enmangar elaborado
sobre un canto rodado ligeramente modificado por percusión directa
(Fig. 3: 1), algunas cuentas sobre pequeños cantos planos y varios
cantos rodados con evidencias de utilización (Fig. 4: 1) (Herrera
et al., 1988: 3-5).
Aunque en la mayoría del material lítico no se observa
intervención humana, el simple hecho de que los perfiles típicos de
la región se caracterizan por no contener cantos rodados, hace que
su presencia allí sea indudablemente cultural (Ibíd.: 6). Además,
se encontró lo que parece ser una huella de poste y varios
fragmentos de material vegetal carbonizado, al parecer pedazos de
nuez de aguacate, madera de palma y nueces de palma (Ibíd.: 4, 11).
No se halló evidencia alguna de restos animales. La ocupación, que
de acuerdo con las tres fechas obtenidas se extendió entre 9.600 y
9.300 años A. P., se encontró en una capa cultural formada en la
parte inferior de un horizonte que parece corresponder al episodio
de lluvias de ceniza volcánica determinada por Folster y sus
asociados (Folster et al., 1977: 245) y que debió ocurrir hace unos
10.000 años.
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Foto 2. Paisaje del Valle del Dorado en la cordillera
Occidental (fotografía de María Alicia Uribe).
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En un sitio cercano, El Recreo (Fig. 1; Foto 4), se encontraron
dos artefactos para enmangar similares al hallado en Sauzalito
(Fig. 3: 2 y 3), además de otros útiles elaborados sobre cantos
rodados modifi cados al parecer por el uso, carbón en pedazos
grandes y restos vegetales carbonizados. La capa cultural, entre 90
y 50 cm. de profundidad, que también contenía muchos cantos rodados
sin utilización aparente, fue datada entre 8.000 y 7.800 A.P. (Fig.
2) y, aunque al parecer no se encontró in situ (Ibíd.: 4-6), la
presencia humana es indudable.
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Foto 3. Vista panorámica de Sauzalito, al fondo del Valle de
Calima (fotografía de Leonor Herrera)
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La información obtenida en los dos sitios no arroja, sin
embargo, mucha luz sobre las prácticas económicas de sus ocupantes,
menos aún si tenemos en cuenta que el material recuperado está
apenas en proceso de análisis. Aparte de los útiles para enmangar,
que j a falta de un nombre menos comprometedor podrían llamarse
"hachas" o "azadas", y de las
cuentas con orificio halladas en Sauzalito y El Recreo, los cantos
con aparentes huellas de uso pudieron haber sido utilizados en
varias actividades. Es factible, por ejemplo, que fuesen utilizados
tanto en el procesamiento de recursos vegetales como en la
elaboración de otros artefactos líticos, en el marco de una
economía de apropiación generalizada.
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Foto 4. Panorámica del sitio arqueológico El Recreo (fotografía
de-Héctor Salgado López).
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El uso de estos artefactos podrá entenderse más adecuadamente
después de que el material vegetal carbonizado obtenido en ambos
sitios haya sido mejor analizado; por lo pronto, es importante
anotar que una clara transformación del medio ambiente debido a la
acción humana solamente se nota, en los perfiles de polen del valle
de El Dorado (Foto 2), entre mediados del séptimo milenio A. P. y
los inicios del sexto milenio A.P. (Monsalve, 1985: 41; Bray et
al., 1987: 445), cuando el polen de maíz comienza a aparecer e
incrementarse en la secuencia, a pesar de que Botero haya sugerido
que las características de la capa cultural de Sauzalito podrían
interpretarse como indicios de agricultura intermitente (Herrera et
al., 1988: 4, 13).
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Artefactos líticos precerámicos de Calima. Hachas con
acanaladuras o muescas:
l. Sauzalito, obtenida en sondeo; roca ignea sin determinar.
2. El Recreo, cuadrícula K-30, roca ignea sin determinar.
3. El Recreo, cuadricula No-28, roca ignea sin determinar.
4-5. El Pital, primera ocupación; trinchera I, diabasa.
6-7. El Pital, primera ocupación; trinchera VI, cuadricula Z,
diabasa.
8-9. Alto río Calima, obtenida por guaqueros; diabasa.
10-11. Samaria, alto río Calima, obtenida por guaqueros;
diabasa.
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Foto 5. Cañón de la quebrada El Pital, afluente del río Calima,
la terraza corresponde a un sitio estratificado con dos fases de
ocupación precerámica (fotografia de Marianne Cardale).
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A pesar de que las definiciones negativas siempre serán
parciales, en este caso podemos aventurar una de mucha utilidad,
pues no es apresurado decir (gracias a que el volumen del área
excavada en ambos sitios parece excluir la posibilidad de que el
material obtenido sea una muestra incompleta del repertorio total)
que los ocupantes precerámicos del alto Calima no fabricaron útiles
líticos bifaciales tecnológicamente más complejos que los
encontrados, especialmente puntas de proyectil. Esto no quiere
decir que no cazaran, puesto que es perfectamente posible que
tuvieran artefactos de caza hechos con materiales que no se
conservaron en el registro arqueológico. La evidencia tecnológica
negativa ayuda, en este caso, a separar las adaptaciones
precerámicas tempranas del alto Calima de otras contemporáneas. No
sobra decir, sin embargo, que a pesar de que en el mediovalle del
río Cauca se han realizado hallazgos de fauna pleistocénica
extinta, éstos no se han encontrado asociados a actividades humanas
(Correal, 1981: 14-15; Patiño, 1971).
Los vestigios precerámicos en el área no se limitan, sin
embargo, al alto Calima, ya que en la cuenca media de ese río
también se han encontrado evidencias de esa época (Fig. 1; Foto 5).
Salgado (1986, 1988a, 1988b) excavó dos ocupaciones precerámicas en
el sitió El Pita¡, la más antigua de las cuales fue datada en 7.310
años A. P. El hallazgo de dos artefactos para enmangar, elaborados
con percusión simple sobre cantos rodados (Fig. 3: 4 a 7), y varios
cantos aparentemente modificados por el uso, hacen que esta
ocupación sea muy similar, por lo menos en la dimensión
tecnológica, a las de Sauzalito y El Recreo; útiles
tecnológicamente más complejos también estuvieron ausentes (Fig. 4:
2 a 4). Una segunda ocupación, separada de la primera por una capa
estéril, y datada hacia los comienzos del quinto milenio A.P.,
quizás representa una utilización más prolongada del sitio
(Salgado, 1988a: 93), pero no muestra cambios sustanciales en el
utillaje. El hecho de que la ya característica herramienta para
enmangar no se encontrara (la terraza natural en que se halla el
sitio no fue excavada en área), no quiere decir que ésta no se
utilizara más, o que la filiación cultural entre los individuos de
las dos ocupaciones fuese esencialmente distinta. De hecho, los
típicos cantos rodados con huellas de utilización siguen
apareciendo, incluso en porcentajes mayores que en la primera
ocupación (Fig. 4: 5 a 8).
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Artefactos líticos precerámicos de Calima:
1. Canto rodado ele gran tamaño con evidencias de trabajo, pudo
haber sido utilizado como "yunque" para molienda;
Sauzalito.
2. Posible base o placa para molienda. muestra desgaste sobre uno
de sus lados v sus superficies están impregnadas de un material
rojo. Diabasa meteorizada; El Pital, primera ocupación; trinchera
VI.
3. Percutor a partir de un canto rodado, presenta señales de
desconchamiento y de calcinación por sometimiento al fuego.
Diabasa; El Pital, primera ocupación; Trinchera I.
4. Machacador, presenta desgaste en uno de sus lados. Diabasa
meteorizada; El Piital, primera ocupación; trinchera VI.
5. Fragmento de canto rodado. Diabasa; El Pital, segunda
ocupación; trinchera I.
6. Canto rodado con lascado del corte x en dos de sus caras y en
los bordes. Diabasa; El Pita¡, segunda ocupación, trinchera
IV.
7. Canto rodado partido por sometimiento al calor. Diabasa
meteorizada; El Pital, segunda ocupación; trinchera VI.
8. Lasca grande con borde aserrado. Diabasa; El Pita¡, segunda
ocupación; trinchera VI.
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Si nos atenemos a aspectos puramente tecnológicos, dominio en el
cual el análisis lítico deja de ser especulativo, debemos reconocer
que existe una evidente relación entre el material de los tres
sitios mencionados. De hecho, comparten una tecnología muy simple,
caracterizada por una modificación mínima, por percusión directa,
de cantos rodados o por la utilización de éstos en su forma
original; el desprendimiento de pequeñas lascas que se nota en
algunos de estos últimos ocurrió, con seguridad, cuando fueron
usados, y no en un hipotético proceso de manufactura. No se han
registrado útiles bifaciales complejos ni preparación de núcleos, y
el porcentaje de lascas retocadas parece ser mínimo. La única
evidencia que existe sobre la presencia de una industria bifacial
fina de talla a presión es una lasca de adelgazamiento en chert,
hallada en Sauzalito (Herrera et al., 1988: 5), sin embargo, la
tendencia tecnológica de las series encontradas hace que este
hallazgo sea interesante. Todos los artefactos hallados fueron
elaborados con rocas volcánicas localmente obtenibles, y no parece
detectarse, hasta ahora, ningún cambio a través del tiempo en los
patrones de adquisición de materia prima distintos de la
recolección de cantos rodados en los ríos y quebradas de la región
(Salgado, 1988b: 12).
Varios artefactos descontextualizados encontrados
accidentalmente en el alto Calima, especialmente herramientas para
enmangar, pueden eventualmente pertenecer a esta misma tradición
tecnológica (véase Fig. 3: 8 a 11 y Salgado, 1988a-b). Fuera del
área Calima, pero también en el suroccidente del país, fue
encontrado un conjunto lítico con características tecnológicas
similares a las del alto y medio Calima. En Los Arboles y en el
valle de Popayán (Fig. 1; Foto 6), se hallaron nueve instrumentos
para enmangar elaborados sobre cantos rodados ligeramente
modificados (Fig. 5: 1 a 6), así como varios cantos rodados
utilizados en su forma original, entre los que sobresalen dos
artefactos que podrían ser catalogados como
"molinos" y en donde el uso repetido de la
superficie original del canto creó depresiones que no ocurren de
manera natural (Gnecco, 1982 y Foto 7). Aquí también la materia
prima escogida fueron rocas volcánicas, de muy fácil obtención
local; aunque la mayor parte de este material fue encontrado en
superficie, algunos cantos utilizados y uno de los útiles para
enmangar, morfológicamente muy similar a uno de los artefactos de
El Recreo (véase Fig. 3: 2; Fig. 5: 1-2 y Herrera et al., 1988: 7;
Fig. 3C), fueron hallados en posición estratigráfica en una capa
cultural, predominantemente compuesta de cenizas volcánicas
meteorizadas, localizada pocos centímetros por debajo del humus
actual; en el límite inferior de este último se encontraron algunos
fragmentos de cerámica. En un fogón excavado en la misma capa se
encontró material vegetal carbonizado, identificado inicialmente
como perteneciente a alguna variedad de nuez (Patti Wright,
comunicación personal).
Pero no todo el material de Los Árboles es similar al de los
sitios de Calima, aparte de algunos artefactos sobre lascas grandes
retocadas, la gran mayoría de los útiles encontrados fueron
microlitos, casi todos elaborados a partir de pequeños cantos
rodados de obsidiana, aunque la materia prima utilizada en otros
fue chert o limolita. La industria microlítica en obsidiana,
presente en Los Árboles había sido ya identificada antes en La
Balsa (Méndez, 1985); otro sitio en el valle de Popayán, y fue
reportada después en lugares geográficamente cercanos, como La
Colina de las Piedras (Lahitte, 1983). En estos últimos apareció
claramente asociado a cerámica sin decoración, con fechas de 3070
A. P. y 2570 A. P. Aún más, la industria se ha observado en
yacimientos puramente cerámicos poco anteriores a la conquista
(e.g. Vivas, 1982), evidenciando una continuidad temporal de varios
milenios.
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Foto 6. Paisaje del valle de Popayán en el alto Cauca
(fotografía de Cristobal Gnecco)
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Los más altos porcentajes se sitúan entre lo que podríamos
llamar "útiles preconvencionales", esto es,
lascas con evidentes huellas de haber sido utilizadas pero que no
recibieron retoque alguno (o si lo recibieron fue mínimamente),
después de haber sido desprendidas de los nódulos. Si exceptuamos
algunos artefactos cuya producción ciertamente requirió un más
sofisticado conocimiento técnico, como los buriles, la tecnología
utilizada en la industria de obsidiana en el valle de Popayán fue
relativamente simple (Fig. 5: 7 a 10). La percusión directa fue la
técnica utilizada, aunque muchas lascas muestran evidencias de
haber sido desprendidas mediante talla bipolar; no de otra forma se
entendería que casi todos los útiles y lascas fueron obtenidos a
partir de pequeños cantos rodados, casi imposibles de romper soste.
niéndolos en la mano. El retoque a presión, hasta donde el análisis
tecnológico puede llegar sin sobrepasar los límites de la certeza,
no fue utilizado, así como tampoco la preparación de núcleos y de
preformas. Si bien, es apenas obvio que la industria de obsidiana
del valle de Popayán se compare con la de la sierra norte del
Ecuador (especialmente con sitios como El Inga y San José), puesto
que no existe otra similar en ningún área más cercana, lo cierto es
que aún deben realizarse análisis más completos.
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Artefactos líticos de los Arboles
Hachas con acanaladuras o muescas
1-2 pozo 1 piso de ocupación; arenisca
3-4 Zona 1 de ocupación; capa húmica; grauwaca
5-6 superficie, depresión 0; limolita
Artefactos líticos en obsidiana, obtenidos en superficie.
7-8 Artefactos cortantes.
9 Raspador.
10 Buril.
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Recientemente fue descubierto un importante sitio precerámico al
norte de Popayán, La Elvira, en el cual se encontró una gran
cantidad de material microlítico en obsidiana así como varias
puntas de proyectil, tres de ellas elaboradas en esa misma materia
prima. Aunque presumible, la asociación de estos dos grupos de
artefactos es aún imposible de hacer, puesto que el material fue
recolectado en superficie y el sitio no ha sido excavado todavía;
en un pequeño pozo de control apareció otra punta de proyectil
descansando sobre el horizonte B de la Formación Popayán, compuesto
por cenizas volcánicas; no hubo material asociado, y no fue posible
obtener material fechable. Por lo tanto, sólo se ha realizado hasta
ahora un análisis tecnológico y tipológico de las siete puntas de
proyectil encontradas en el sitio, un número singularmente grande
en el contexto de este tipo de hallazgos en Colombia (véase Illera
y Gnecco, 1986). Las puntas son morfológicamente similares a dos
tipos definidos para la sierra norte del Ecuador, pero lo que es
más importante es que exhiben rasgos tecnológicos que han sido
identificados, en esta área, como definitivamente Paleoindios
(Gnecco e Illera, 1988a, 1988b; Mayer-Oakes, 1986). Es posible que
algunas de las puntas de proyectil encontradas en el municipio de
Cajibío, en el valle de Popayán, y reportadas por Méndez (1984),
también pertenezcan a esta época.
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Foto 7. Cantos rodados con evidencias de trabajo, utilizados
como "molinos". Los Arboles, Cajibío, Cauca
(fotografía de Cristobal Gnecco)
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Como bien se puede ver, el conocimiento sobre las ocupaciones
precerámicas en el valle de Popayán presenta todavía muchos vacíos.
Aún se carece de estudios paleo ambientales y de sitios
estratificados que permitan entender el comportamiento temporal de
los materiales hasta ahora encontrados, fundamentalmente de las
puntas de proyectil y de la industria de obsidiana. Por lo pronto,
ya se han realizado análisis químicos de obsidiana (Gnecco, 1987)
que han permitido establecer la existencia de tres fuentes
distintas de esa materia prima en la cordillera Central, dos de las
cuales fueron utilizadas arqueológicamente a través del tiempo
(Gnecco, 1988). De esos análisis se deduce que el patrón de
adquisición, por lo menos para el valle de Popayán, no fue distinto
que el de la recolección de pequeños cantos rodados erodados del
depósito original. Este patrón explicaría, de hecho, la
característica naturaleza microlítica de la industria. Sin embargo,
la posibilidad de que el depósito hubiese sido explotado de manera
directa, o de que las puntas de proyectil en obsidiana
(excesivamente grandes para el tamaño de los cantos erodados),
hubiesen sido elaborados con materia prima distinta de la obtenible
en las fuentes locales, no puede descartarse todavía.
Las ocupaciones precerámicas del valle de Popayán no arrojan
ninguna luz, aparte de la que puede especulativamente derivarse de
los materiales líticos, sobre los medios de subsistencia de quienes
dejaron sus huellas. Algunos útiles de Los Árboles y, quizás,
algunos de La Balsa, pueden recibir el mismo comentario que hicimos
respecto de los artefactos del alto y medio Calima, aunque una
aseveración más categórica requerirá un más completo análisis del
utillaje, además de experimentos replicativos y una recuperación
más adecuada del material orgánico.
Las ocupaciones precerámicas en el suroccidente colombiano que
hemos discutido en este artículo no ofrecen un panorama
perfectamente homogéneo, como para hablar de una misma tradición
tecnológica o cultural. Lo que se está ofreciendo a la atención de
los arqueólogos es una creciente evidencia de adaptaciones
tempranas a medioambientes tropicales que se salen del clásico
modelo Paleoindio.
Ya desde hace algún tiempo se han venido ofreciendo modelos que
tratan de relacionar las series líticas del Holoceno temprano en el
norte de Suramérica y sur de Centroamérica, distintas de los
horizontes de puntas bifaciales, y caracterizadas por tecnologías
simples y por medios de subsistencia generalizados. Hurt (1977)
propuso la existencia de una "Tradición de herramientas
con bordes desbastados", mientras que Stothert (1985b) la
denominó "Tradición del noroeste de Suramérica".
En ellas estarían incluidos complejos como Las Vegas, en la costa
ecuatoriana; Amotape y Siches, en la costa norte del Perú; El Abra,
en la sabana de Bogotá; varios sitios de la costa Pacífica
colombiana y del valle del Magdalena, y las fases Talamanca y
Boquete del oeste de Panamá. En esencia, las dos supuestas
tradiciones son una sola, caracterizada por la presencia de
artefactos líticos tecnológicamente simples y por la ausencia de
puntas bifaciales. La actividad fundamental que el utillaje lítico
estaría representando sería el trabajo sobre madera y otros
recursos vegetales.
Este tipo de utillaje se ha asociado, invariablemente, a
adaptaciones a un medio de bosque tropical, y se ha identificado
como la expresión de una economía de apropiación generalizada
(véase Bray, 1984: 314; Ranere, 1980b: 35; Stothert, 1985b: 633).
Ranere (1980b: 35), por su parte, la ha llamado "Arcaico
de selva tropical"; su hipótesis fundamental, expresada en
extensión en un célebre artículo (Ranere, 1980a), se reduce a
plantear que los cazadores postpleistocénicos que colonizaron el
subcontinente suramericano se adaptaron inicialmente, en el sur de
Centroamérica a un medio de selva tropical, antes de penetrar al
cuello de botella del Darién y expandirse hacia el sur. La
hipotética adaptación a sistemas tropicales sólo después de haber
penetrado a Suramérica quedaría, de esta forma, descartada. Las
fases Talamanca (6600-4300 A.P.) y Boquete (4300-2300 A.P.),
serían, entonces, una expresión más tardía de este tipo de
adaptación. Más allá de las objeciones que esta hipótesis ha
generado (véase Lynch, 1976), la implicación esencial de la
propuesta de Ranere es la misma por la que Alan Bryan (1983) ha
estado reclamando desde hace tiempo: la gran diversidad de
ocupaciones con economía generalizada del Pleistoceno tardío y
Holoceno temprano en América del sur, en oposición a la clásica
propuesta de que Suramérica fue poblada inicialmente por grupos de
cazadores especializados que usaron, de manera característica,
puntas bifaciales de proyectil; en otras palabras, la consideración
de que las ocupaciones tempranas en diferentes medio-ambientes no
fueron simples "excursiones" esporádicas desde
las áreas abiertas de los altos Andes, el ecosistema clásico de los
supuestos cazadores especializados, sino verdaderas adaptaciones
exitosas y prolongadas.
Es importante anotar que el modelo de Ranere no excluye otras
interpretaciones; por ejemplo, deja abierta la posibilidad de que
antes del final del Pleistoceno ya hubiesen pasado los primeros
pobladores hacia Suramérica, y de que el horizonte de puntas
bifaciales, también, registrado en Panamá, pero pobremente
documentado, pudo perfectamente haber sido anterior a la supuesta
tradición de que hablamos. En ese caso, esta última estaría
representando una "regresión" tecnológica, por
así decirlo, ante una adaptación a un medio-ambiente que no
requirió de la utilización de sofisticadas herramientas. Lo que
Ranere (1980b: 35) propone, en otras palabras, es que la tecnología
lítica se simplificó a medida que las adaptaciones a un medio de
bosque tropical, con distribución bimodal de lluvias, su fueron
sucediendo. Eventualmente, el utillaje lítico se redujo a aquellos
artefactos que se usaron para fabricar instrumentos hechos con
otras materias primas tropicales, de tal forma que la talla de
útiles de piedra pasó a un lugar secundario del inventario
cultural.
El hecho de que se haya sugerido la existencia de una verdadera
tradición tecnológica, ha conducido a que se hable también de
afinidades culturales. Bray (1984: 314) fue explícito cuando
sugirió que la coincidencia tecnológica entre las series líticas
mencionadas no pudo haber estado determinada por factores
ecológicos únicamente, sino condicionada culturalmente. Esta idea,
que también comparte Stothert (1985:633), y quede alguna manera ya
había sido bosquejada por Hurt (1977: 292), pasa por alto las
inmensas diferencias que existen entre dichas series, beneficiando
solamente sus similitudes tanto como sus ausencias compartidas
(léase puntas líticas bifaciales). Además a la dimensión temporal,
tampoco se le presta mucha atención; en cambio Richardson (1978:
280), ha sugerido que las similitudes tecnológicas pueden
explicarse mejor si se entienden como adaptaciones independientes a
ecosistemas similares, tratándose, entonces, no de verdaderas
tradiciones culturales sino de desarrollos tecnológicos en un medio
de bosque tropical.
Esta discusión es particularmente relevante si pretendemos
situar los hallazgos precerámicos del suroccidente de Colombia en
una perspectiva más que regional; de hecho, y como ya dijimos, más
allá de la estrecha relación cultural que pudo haber existido entre
los sitios del alto y medio Calima, y entre los del valle de
Popayán, las evidencias discutidas no son de manera alguna
homogéneas. Hay mucha diferencia entre los materiales de los sitios
del río Calima y los de Los Árboles, a pesar de que comparten
algunos artefactos tecnológicamente similares, así como entre estos
últimos y las puntas de La Elvira. Ubicar los sitios precerámicos
con tecnología simple del suroccidente del país (Sauzalito, El
Recreo, El Pital, quizás también Los Árboles) en una misma
tradición con los sitios de la sabana de Bogotá, sería ignorar
diferencias fundamentales.
Si vamos a usar el inmenso potencial que los análisis
tecnológicos ofrecen para derivar implicaciones culturales, debemos
reconocer que aún falta obtener mucha información y estudiar más
detenidamente los materiales recuperados. Lo realmente importante,
por ahora, es el hecho de que el suroccidente de Colombia está
ofreciendo evidencias bien documentadas de diversas adaptaciones
tempranas a un medio-ambiente de bosque tropical, expresadas tanto
en sitios con tecnología simple y aparente economía generalizada, y
en complejos artefactos como las puntas Paleoindias de La
Elvira.
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Agradecimientos:
En especial a los arqueólogos Leonor Herrera, Marianne Car dale
y Warwick Bray por permitirnos utilizar y citar información no
publicada de sus investigaciones precerámicas en el alto río
Calima, También agradecemos a Yolanda Jaramillo por la realización
de las figuras, y a Evangellique Ahumada el trabajo
mecanográfico.
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BIBLIOGRAFIA
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