Ficha bibliográfica
Titulo:
Reseña de libros, Boletín del Museo del Oro. Nš 23. Enero - Abril de 1989
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Ana María Groot de Mahecha, Gerardo Ignacio Ardiva Calderón, María Clemencia Ramírez de Jara, Patricia Vargas, Felipe Cardenas.




INDICE




 

Reseñas de libros
PUBLICACIONES PERIODICAS

| REVISTA DE ANTROPOLOGIA
Vol. IV, No. 1 - 1988
Universidad de los Andes
Departamento de Antropología
Apartado Aéreo 4976 - Bogotá, Colombia

En este volumen de la Revista de Antropología se incluyen tres interesantes artículos: Carlos Alberto Uribe escribe sobre |De la Sierra Nevada de Santa Marta, sus ecosistemas, indígenas y antropólogos; Felipe Cárdenas discute la |Importancia del intercambio regional en la economía del área tairona; Enrique Mendoza escribe sobre |Cambio de mentalidad y colonización del territorio arhuaco: |1820-1920. Una nueva sección de Debates incluye dos ensayos: |El palustre de oro: una parábola para la arqueología de los años ochenta De Kent Flannery y |La construcción del Estado y los indígenas en Colombia de Myriam Jimeno. Enrique Mendoza comenta en la siguiente sección el artículo de Myriam Jimeno. El volumen se cierra con reseñas bibliográficas y noticias necrológicas.

| BOLETIN DE ANTROPOLOGIA
Vol. 4, No. 4 - 1989
Pontificia Universidad Javeriana
Departamento de Antropología
Cra. 7a. No. 40-62 - Bogotá, Colombia

Este número del Boletín nos ofrece los siguientes artículos: |El proceso de deculturación en las comunidades indígenas de la Amazonia colombiana de Horacio Calle; |Sigilografía precolombina de Isabel Clerc de Cuenca; |Del indígena al cachaco de Alvaro Chaves; |¿Por que hablar sobre Antropología y Arte? de Natalia Gutiérrez; |Agricultores del pie de monte: los Guayupe de Santiago Mora e Inés Cavelier; |Pesquerías de perlas del Cabo de la Vela de Socorro Vásquez y Hernán Correa; |El papel de la Antropología en la formación del médico de Eugenia Villa. Ademas se incluye una crónica del Primer Seminario de Antropología de la Salud, la reseña de las actividades e investigaciones del Departamento, la propuesta de la Universidad Javeriana sobre "Expedición Humana" y la lista de tesis de grado de la Universidad Nacional.

| ARQUEOLOGIA
Nos. 7-8 - 1988
Estudiantes Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia
Ciudad Universitaria, Bogotá, Colombia

En esta ocasión Arqueología se presenta en un número doble con el siguiente contenido: |La ética de la conservación aplicada a las excavaciones arqueológicas de Guillermo Joiko; |Jambalo y Guambia en lucha por la vida de Luis Guillermo Vasco; |Los Kawiri: guerreros del Orinoco (segunda parte) de Jorge Luis González; Reseña: |El Alto Sinú: 17 siglos de asentamiento ribereño de Héctor Llanos y |Sobre algunos males de la educación de Ernesto Sábato.

 

ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN ALTO DE LAVAPATAS

El libro "Arqueología de San Agustín: Alto de Lavapatas" de Luis Duque G. y Julio César Cubillos publicado por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales del Banco de la República es de singular importancia para el conocimiento de la cultura arqueológica agustiniana. Una vez más los autores de esta obra enriquecen con el rigor científico de sus investigaciones la visión sobre el pasado prehispánicos en el Alto Magdalena, en particular de la región de San Agustín e Isnos.

Este escrito tiene como objetivo principal el describir las investigaciones arqueológicas que realizaron en el año 1974 en el sitio conocido como Alto de Lavapatas, municipio de San Agustín, la cuales complementan las ya realizadas por ellos mismos en otros lugares y cuyos resultados ya están publicados.

En el Alto de Lavapatas se habían efectuado con anterioridad otros reconocimientos, tales como el de K. Th. Preuss en 1914 y el de la misión dirigida por José Pérez de Barradas y Gregorio Hernández de Alba en 1937, los cuales se orientaron hacia la obtención de algunos datos relacionados con los enterramientos y las costumbres funerarias, suministrados por guaqueros, y no correspondieron a exploraciones sistemáticas. A pesar de lo expuesto que, al parecer, había estado este sitio a saqueadores de tesoros, la Comisión de Duque G. y Cubillos pudo llevar a cabo una exhaustiva exploración de casi la totalidad del yacimiento y excavaciones, con lo cual pudieron encontrar, tal como ellos mismos lo señalan, "...varias decenas de sepulturas invioladas, dos estatuas nuevas, algunos objetos de orfebrería, numerosas piezas de cerámica, y, lo más importante, acumulaciones de basuras no perturbadas y planos de vivienda, que permitieron el establecimiento de una cronología, a base de análisis de C 14, cuyos resultados confirman una vez más que este sitio es hasta ahora el más antiguo de toda la zona arqueológica de San Agustín" (p. 10). La importancia del estudio de este yacimiento se infiere de las palabras anteriores ya que, a través de los variados vestigios allí encontrados, pudieron sus autores reconstruir un considerable espacio de tiempo en el proceso de desarrollo cultural de San Agustín. La ubicación cronológica y estratigráfica de diversos elementos culturales, cuya asociación es clara en relación con los que se han registrado en otros lugares de San Agustín, hace que este trabajo se convierta en un hilo conductor de los fenómenos culturales que acaecieron en esta región.

Los trabajos de esta comisión se centraron en lo siguiente: 1. Tres trincheras fueron practicadas; dos de ellas se ubicaron en el plano inclinado del sitio, donde hallaron acumulaciones de bastantes materiales de cerámica, objetos líticos y fogones; la tercera fue ubicada en el sector central del Alto y en ella encontraron huellas de antiguas viviendas con sepulturas en el interior. 2. El montículo fue explorado por medio de largas trincheras y pudieron establecer que éste tenía aproximadamente 24 m de largo, 18 m de ancho y 1.20 m de altura. Aunque había sido fuertemente perturbado con anterioridad por la excavación clandestina de estatuas y tumbas, pudieron excavar algunas tumbas invioladas dentro de los cuales se incluyen 11 entierros de niños, para un total de 22. 3. De otra parte, en los sectores, oriental, norte y nordeste del yacimiento excavaron 60 tumbas, cuya descripción en detalle la presentan en el anexo.

Duque G. y Cubillos llegan a interesantes conclusiones, después de un estudio minucioso y comparativo de las evidencias cultura les, haciendo la salvedad que varias de sus apreciaciones son sólo hipótesis de trabajo que tendrán que verificarse en el futuro con más estudios. El alcance de esta investigación les permite, por lo tanto, emitir las consideraciones que a continuación sintetizo.

Para comenzar y como hito de referencia es importante señalar el esquema cronológico propuesto por los autores que sirve de estructura para trazar los diferentes momentos en el prolongado desarrollo cultural de San Agustín.

Se trata de los siguientes períodos:

1. Arcaico 3.300 a. de C. - 1.000 a. de C.
2. Formativo Inferior 1.000 a. de C. -200 a. de C.
Superior 200 a. de C. -300 d. de C.
3.Clásico Regional 300 d. de C. - 800 d. de C.
4. Reciente 900 d. de C. - 1.600d. de C.

En el Alto de Lavapatas se identifican los diferentes períodos cronológicos antes referidos, cuyo estudio contribuye enormemente para la interpretación comparativa de los vestigios culturales reportados en otros sitios, en donde solo se identifican algunos de los períodos de la secuencia.

El amplio aterrazamiento del Alto de Lavapatas es producto de una adecuación intencional del terreno, hecha por sus anti guos pobladores, cuando el lugar fue destinado como necrópolis sobre los restos de asentamientos anteriores que se remontan a 3.300 años antes de Cristo. Así mismo, como en el momento en que se intensificó el culto funerario los habitantes del lugar excavaron tumbas a través de basureros antiguos, se verificó que en una tercera fase el lugar volvió a ser ocupado con viviendas, como lo atestiguan las huellas de huecos de poste registradas en el relleno de los pozos de las tumbas.

De acuerdo con los datos cronológicos que obtuvieron con base en el análisis estratigráfico y de Carbono 14, se destaca la eviden cia cultural más antigua que se conoce hasta ahora en la región, correspondiente a un fogón constituido únicamente por carbón vegetal y tierra quemada que data del año 3.300 a. de C. De las épocas siguientes obtuvieron interesantes datos, que comparados con los de otros sitios, les permitieron trazar un desarrollo cultural entre aproximadamente el siglo IX a. de C y el siglo XII d. de C. Del lapso en que el lugar fue utilizado como cementerio los autores dan especial relevancia a las siguientes informaciones:

En el montículo no obtuvieron materia orgánica para fechar, por lo cual emplearon el método comparativo para señalar la similitud en rasgos de una estatua de este sitio con el monolito principal del Alto de las Piedras, que hace parte de la tumba mayor del montículo No. 1 de este último sitio que data del siglo IX a. de C.

La base de la economía de las gentes que conformaron la cultura de San Agustín fue el maíz, como lo atestiguan la presencia de piedras y manos de moler y se presume que su utilización puede datar del siglo VII a. de C. Es de anotar que en otros sitios han encontrado además de las piedras y manos de moler, granos y raquis de maíz carbonizados, y han comprobado la utilización de otros frutos, como cuescos de nogal en el Formativo Superior, de chontad uro y vainas de maní, en el período Reciente.

En cuanto a la orfebrería consideran que tiene raíces muy antiguas en San Agustín y que fue una industria regional y local. En el Alto de las Piedras hallaron unas cuentas de collar en la tumba No. 5 del Montículo No. 1 muy próxima de la tumba principal que data del siglo IX a. de C. En la Mesita B del Parque Arqueológico encontraron restos de talleres de fundición señalados por crisoles de cerámica, fragmentos de adornos, gotas de oro fundido y grandes acumulaciones de carbón y ceniza asociadas a estos elementos. En donde queda hoy el Hotel Yalconia se registraron cuentas de oro y una diadema que presenta mucha similitud con las que aparecen representadas en las estatuas cariátides de la Mesita A. Por último, en el Alto de Lavapatas hallaron dos narigueras planas de tumbaga muy parecidas, una colocada como parte del ajuar de una urna funeraria de la tumba No. 6 y otra en la tumba No. 8, a pocos metros de distancia de la anterior, que data del siglo X d. de C. También registran el hallazgo de un cincel de oro en la parte superior de la tumba No. 17 E localizad a dentro de uno de los planos de vivienda.

Plantas de vivienda fueron localizadas en el proceso de excavación de la trinchera No. 3, en el sector central del Alto. Sin citar cuantas registraron, hacen referencia a la identificación de huellas de postes de las antiguas viviendas dispuestas en forma circular, lo que señala que las casas eran de planta redonda y techo cónico. Estructuras similares han sido excavadas en el Potrero de Lavapatas y en la Estación, correspondientes al período Reciente. En el interior de las plantas de las casas registraron sepulcros, algunos de los cuales corresponden a una fase más antigua.

Las prácticas funerarias identificadas en el Alto de Lavapatas son variadas. Dentro de ellas es de destacar el hallazgo de un sarcó fago de madera cuya antigüedad se remonta al siglo VI a. de C. Un montículo artificial sin fecha, presumiblemente del siglo IX a. de C., en donde registraron tumbas principalmente de fosa con planta rectangular y una de cancel, antiguamente saqueada. De otra parte, se manifiesta a través de todo el proceso de desarrollo cultural de San Agustín, desde el Formativo, el Clásico Regional y el Reciente el entierro secundario en urnas. Además, en el período Reciente es frecuente encontrar fosas de planta oval divididas en dos espacios por un muro de piedras o de tierra y en algunos casos, escalón de descenso en uno de sus lados.

La práctica ritual del "entierro simbólico del fuego" identificada con el hallazgo de arrumes de carbón vegetal colocados inten cionalmente en las sepulturas o en vasijas como ofrenda, data principalmente de la época Formativa Superior de San Agustín.

Por último, también hay evidencias de la fragmentación intencional de objetos cerámicos en el momento del rito funerario, como de algunos objetos líticos, entre los que se cuentan manos y piedras de moler y algunas estatuas pequeñas que corresponden al Formativo Superior.

Otra práctica que se observó fue la de cubrir con fragmentos de cerámica los escalones de descenso y el piso de las tumbas, ya en la época Reciente.

En cuanto a la cerámica, cuyo estudio tipológico constituye un buen indicativo para señalar las distintas fases de la prolon gada ocupación del sitio, se destaca en el capítulo 11 de la obra la correlación de la tipología cerámica y la estratigrafía cultural de dos sectores del yacimiento, caracterizados por una densa capa de basura. En este capítulo los autores presentan un material gráfico muy completo que ilustra la morfología de las vasijas y los motivos decorativos más recurrentes. Con referencia a los rasgos decorativos de la cerámica se percibe una alta frecuencia de la decoración incisa punteada en la fase con cerámica más antigua del yacimiento; la ausencia del acanalado en las fases iniciales y la pintura directa como indicador de los últimos períodos de desarrollo de la cultura. Las formas típicas son los platos, los cuencos y las ollas.

En tumbas del período Formativo se registraron platos, cuencos y ollas globulares, algunos con decoración incisa punteada y, copas con decoración de pintura negativa, negro sobre rojo, en los soportes y en el interior, con énfasis en diseños triangulares y círculos en cadeneta. Este último tipo de vasija al parecer tuvo una función estrictamente ritual, lo que explica en parte su poca frecuencia en los basureros y se remonta su antigüedad al siglo IX a. de C. persistiendo hasta el Clásico Regional.

De otra parte, las vasijas trípodes, de alta frecuencia, se registran desde las fases iniciales del desarrollo de la cultura hasta las fases finales de la misma.

La pintura directa, con diseños angulares de haces de líneas en la parte superior de los recipientes aparece en las fases tardías, como ya se anotó. También se refieren a la decoración granulada y hachurada como correspondiente a esta época tardía, motivo que no fue registrado en el Alto de Lavapatas.

En el capítulo IV denominado "Cronología Absoluta" los autores presentan la información relacionada con fechas C 14 de muestras recolectadas por ellos en distintas temporadas de campo entre los años 1957 y 1984, e incluyen una del investigador T. Van der Hammen, realizada sobre un trozo de madera del sarcófago hallado en el Alto de Lavapatas en 1937.

El análisis de distintos elementos culturales recolectados a través de excavaciones sistemáticas en varios de los yacimien tos de la zona les permite inferir "un continuum cultural en el área arqueológica de San Agustín, con ligeras variantes a lo largo del proceso evolutivo, especialmente en el último período, las cuales pueden atribuirse más a causas endógenas que a factores foráneos" (p. 100).

Material de consulta de gran utilidad para los estudiosos de esta cultura arqueológica constituye la información que en este capítulo presentan, organizada de diferentes manera tales como "Períodos identificados en los diferentes sitios", "Inclusión de sitios por períodos cronológicos", "Detalle de las fechas de C l4", "Inclusión de elementos culturales en la cronología absoluta" e "Inclusión de elementos culturales por sitios arqueológicos". Es una detallada base de datos sobre la cultura arqueológica de San Agustín.

En esta obra los investigadores Duque G. y Cubillos a la par que presentan minuciosamente las exploraciones y excavaciones que realizaron en el Alto de Lavapatas, incluyen valiosos datos de otros sitios que ilustran con mayor claridad sus planteamientos. No obstante, hay detalles de materiales culturales y de yacimientos que deben ser revisados en las publicaciones respectivas.

Por esto, es recomendable que el lector o investigador interesado por el tema, consulte las varias publicaciones que han realizado, de cuya lectura obtendrán una visión del arduo trabajo que hay detrás de estos escritos y el cúmulo de información que ha sido necesario recolectar a través de varios años para llegar a decir con mucho sustento, lo que hoy plantean acerca del desarrollo cultural de San Agustín.

Sin duda, aún existirán vacíos y tesis por comprobar, pero el trecho recorrido es largo y firme hacia la reconstrucción histórica de una cultura milenaria.

| ANA MARÍA GROOT DE MAHECHA

 

ORFEBRERIA Y CHAMANISMO. UN ESTUDIO ICONOGRAFICO DEL MUSEO DEL ORO

Reichel-Dolmatoff, Gerardo Editorial Colina - Banco de la República. Medellín, 1988

La puerta que nos separa del futuro está cubierta por una cortina de niebla; al traspasarla se abre mágico e irresistible el mundo nuevo. Pero el presente tiene la cálida seguridad de lo probado. Por eso sólo algunos hombres, escasos, alzan la cortina antes que nadie, para después jalar a la humanidad hacia la posibilidad de nuevas sensaciones. Navegantes aventureros, insatisfechos con lo terminado, fabricantes de preguntas, esos hombres son creadores de universos. ReichelDolmatoff ha sido uno de ellos. Creó un mundo de significados, al que ingresamos llevados de su mano. Después de leer este reciente libro -ya no es el último- de Reichel-Dolmatoff, no es posible liberarse de la manía de intentar traducir el lenguaje escondido en las representaciones del Museo del Oro, que cada momento están ante los ojos.

Este es un libro de significados; por eso, es una traducción. En el epígrafe, la frase de Burckhard anuncia lo que será el trabajo del autor: en una enorme diversidad de objetos identificar un principio ordenador, descubrir regularidades, encontrar reglas de asociación. Esto es un trabajo científico. Pero también es una creación poética. A Pitágoras le conceden haber dicho que la belleza es la reducción de muchos en uno. Los descubrimientos surgen de la comparación. En palabras de Bronowski, se da una semejanza entre dos apariencias no semejantes. "El progreso de la ciencia estriba en el descubrimiento, paso a paso de un nuevo orden que da unidad a lo que durante mucho tiempo pareció dispar" (Bronowski 1968: 37). Y para terminar con Bronowski, ¿Qué es la imagen poética, si no la aprehensión y explicación de una oculta semejanza, el acto de juntar dos partes de una comparación que se darán profundidad recíprocamente? El libro de Reichel-Dolmatoff nos permite vivir el placer del descubrimiento a través de su lectura. Nos brinda la posibilidad de hacer por nuestra cuenta el acto creador, descubriendo otra vez lo que él muestra, como si fuera la primera. Y el sentimiento es doble: el placer del descubrimiento y la belleza del poema. Ciencia y arte en un sólo plato exquisito. Este libro es, ante todo, un tónico intelectual.

El tema fundamental es la transformación. Transformación, significados, traducción. Constante movimiento, permanente rena cer, construcción palabra por palabra. El autor presenta su libro diciendo: "... sugiero que la mayoría de las representaciones figurativas de la orfebrería precolombina del país, constituyen un complejo coherente y articulado de arte chamánico, con el tema unificador de la transformación" (p. 15). Pero al mismo tiempo precisa: "Lo que llamamos arte, en todas las culturas expresa un sistema de valores para la época y para las condiciones locales, es decir, que constituye un sistema de comunicación" (p. 39). Este lenguaje es descifrado por el autor, quien lo expresa en otro lenguaje; traduce un sistema simbólico a otro en el que podemos hacerlo inteligible. Es por eso que, en este libro, transformación, significado y traducción cobran el mismo sentido.

Desde otra perspectiva, este libro es una valiosa contribución al método de indagación y exposición en arqueología. Todo el texto es una manifestación permanente de lo que significa el carácter de ciencia social de la arqueología. "Para mí, se desprende con claridad un hecho ineludible: la arqueología no se puede separar de la etnología de las sociedades tribales actuales... " (p. 12). Independientemente de su función social, la arqueología sólo tiene sentido en la medida en que explica procesos sociales y vivifica la intrincada red de relaciones entre los individuos que componen un sistema social específico.

¿Cómo concebir un arqueólogo que carezca de una sólida formación antropológica?, "...puedo decir que estas comparaciones con culturas indígenas actuales deben tenerse muy en cuenta al tratar de descubrir el significado, al menos, de algunos objetos de orfebrería precolombina o de cualquier otro tipo de vestigios prehistóricos. Sin embargo, aún hay arqueólogos, etnólogos, museólogos e historiadores de arte quienes desconocen o niegan la importancia de estos contextos y prefieren tratar sólo de objetos aislados sea en el tiempo, sea en el espacio" (p. 76). ¿Cómo sustentar el empirismo y el positivismo cientifista en la arqueología colombiana, ante la calidad y complejidad de las preguntas que se nos hacen desde el campo de acción de nuestra arqueología?

En el terreno del método también el autor decide llevarnos paso a paso, explicando sus movimientos. "Primero quiero identificar al chamán como tal y seguiré sus huellas a través de algunos objetos materiales de su oficio y luego a través de los animales que son sus compañeros. Con todo esto entraremos al mundo de las transformaciones, de oposiciones e inversiones y pronto nos daremos cuenta de que, con el estudio iconográfico de la orfebrería, se nos abre una dimensión, hasta ahora ignota, en la cual la figura del chamán predomina con su extraordinaria personalidad" (p. 40). Más adelante, después de una completa descripción del papel de chamanismo escribe: "Sabemos que en las sociedades indígenas actuales las creencias y prácticas chamanísticas influyen sobre la organización social, sobre la ecología, el estado físico y psicológico de sus miembros, la conceptualización de un más allá y muchos otros aspectos. Trataré ahora de trazar las huellas, ya no de detalles, sino de estructuras ideológicas... " (p. 77). A partir de entonces, el concepto de vuelo extático del chamán, expresado en la representación de pájaros con las alas abiertas y la cola desplegada, es el punto de partida para el análisis iconográfico. "Comienzo mi análisis con algunas piezas que constituyen el prototipo de las "águilas" mencionadas por los cronistas, y sigo las huellas iconográficas que muestran las transformaciones del pájaro en un hombre-pájaro" (p. 83).

Pero cuando el autor se refiere a los animales compañeros del chamán no habla solamente del papel de analogías que juegan en su desempeño; se refiere a su función simbólica más precisa: "Si interpretamos correctamente el lenguaje simbólico de los chamanes, los llamados "animales auxiliares" son simplemente representaciones zoomorfas que simbolizan ciertos |poderes del chamán. No se trata pues de pájaros, felinos, reptiles o peces en el sentido zoológico nuestro, sino de principios o cualidades que, a los ojos del chamán, están contenidos en los animales" (p. 136). La importancia de los animales auxiliares y el deseo de resaltar las características particulares que simbolizan determinados poderes se observan claramente en el significado de todos los instrumentos y componentes de la práctica del chamán. "La parafernalia chamánica también abarca el empleo de plumas individuales, recipientes o cucharas de hueso o de caracoles, y una multitud de otros objetos de origen animal. Todos aquellos elementos, sean atavíos, parafernalia, o instrumentos musicales, significan la presencia de los espíritus auxiliares, es decir expresan una gran gama de poderes chamánicos; de ningún modo son para ellos lo que nosotros tan despectivamente llamamos disfraces, adornos, ni objetos para la diversión" (p. 137).

El chamanismo es asociado por Reichel- Dolmatoff, desde hace años, con las formas de organización social que corresponden alas jefaturas o cacicazgos. Esta vez va un poco más allá y plantea que el desarrollo del chamanismo y de sus simbolismos explican formas religiosas de mayor complejidad. Refiriéndose a una escultura Olmeca procedente de Las Limas, descrita por Michael Coe, el autor escribe: "El animal auxiliar que el chamán crea en su imaginación como símbolo de su poder, se individ ualiza y se transforma con el tiempo en una divinidad antropomorfizada que acompaña, ya no a un chamán, sino a un sacerdote que es el representante de una divinidad central" (p. 137).

De este libro hay muchas cosas de las que hablar, evaluándolas desde diferentes puntos de vista, porque su riqueza conceptual y metodológica son extraordinarias. Sin embargo, el propio autor sintetiza en el epílogo su obra: "En el curso de este volumen he presentado una nueva dimensión del Museo del Oro. Entre sus miles de objetos he hallado, más allá del tesoro del País del Dorado, un tesoro de arte chamánico, un tesoro de formas e ideas que durante miles de años han constituido uno de los fundamentos ideológicos principales de las culturas indígenas del país. Es más, este complejo chamánico, centrado en la imagen del Hombre- Pájaro, forma un eslabón esencial entre las culturas prehistóricas de gran parte del continente americano y continúa hasta la actualidad, en muchas sociedades indígenas. Al haber reconocido y descrito el tema del Hombre-Pájaro, creo haber descifrado uno de los símbolos claves de la orfebrería precolombina" (p. 159).

Seguramente muchos colegas podrán encontrar en esta obra argumentos para matricular al autor en alguna escuela desde el difusionismo hasta el estructuralismo, pasando por toda la gama de posibilidades y combinaciones intermedias. En realidad, creo que igual cantidad de argumentos se pueden hallar para contradecir todas las vinculaciones. Es porque este trabajo de Reichel-Dolmatoff es nuevo. Sólo se vale de sus planteamientos, estudios y enorme experiencia anterior para usarlos como plataforma de lanzamiento. Las plantas psicotrópicas son tan sólo medios para poder visitar las distintas dimensiones del cosmos, a través de visiones alucinatorias. Hay dos categorías de visiones. Una tiene una base neurofisiológica (fosfenos) y otra una base cultural que "consiste de imágenes figurativas que la persona proyecta, a base del acervo acumulado de sus experiencias, sobre el fondo de colores y movimientos causados por la droga" (p. 25). Todo el complejo de la orfebrería prehispánica americana tiene significado dentro de un amplio contexto socio- religioso; el de la cosmovisión del chamán. "Aunque indudablemente hay variantes que se deben a diversas orientaciones intelectuales de los aborígenes, a diferentes tradiciones locales y a distintas épocas, es posible discernir ciertas constantes en el pensamiento chamanístico, o sean algunos temas que se repiten insistentemente en las creencias de las sociedades indígenas del país y cuyas raíces se remontan a muy antiguas épocas prehistóricas" (p. 23). El estudio de esas constantes es un paso grandioso para volver a plantear el tema, hasta ahora no abordado satisfactoriamente, del tipo de relaciones intergrupales que se dieron en muy grandes regiones de América precolombina. Desde esta óptica, quizás, es desde la cual el trabajo de Reichel- Dolmatoff que comentamos habrá de generar la mayor cantidad de reflexiones.

No podría reseñar este libro sin mencionar la extraordinaria calidad de las fotografías -la mayoría de Jorge Mario Múnera-  y del diseño, edición y presentación. Igual puede decirse del cuidado de las ediciones en inglés y francés. Sin embargo, el alto costo del libro lo pone fuera del alcance de los estudiantes y de un público más general, que tiene todo el derecho de gozar con esta obra. Ojalá que pronto podamos tener en el mercado una edición económica de esta maravillosa aventura que enriquece el pensamiento antropológico colombiano, abre insospechados caminos a la arqueología y descorre el velo de un mundo desconocido, en el que transcurre nuestra vida cotidiana.

| GERARDO IGNACIO ARDIVA CALDERÓN

 

MUJER CAMPESINA Y ORGANIZACIÓN RURAL EN COLOMBIA.
Tres estudios de caso.

Diana Medrano y Rodrigo Villar. Editorial CEREC, Bogotá, 1988

Trabajos precedentes realizados por los dos autores, se habían caracterizado por un énfasis en el estudio del papel de la mujer campesina obrera frente a la reproducción y reposición de la fuerza de trabajo a partir del núcleo familiar del cual forma parte. Ambos coinciden en recalcar cómo la economía parcelaria familiar permite el abaratamiento para el capitalismo del costo de la reproducción de la mano de obra, por medio del trabajo doméstico y agropecuario que simultáneamente realiza la mujer, y postulan la existencia de una doble jornada de trabajo y en casos extremos de una triple jornada de trabajo: laboral, doméstica y agraria.

Medrano (1981) intenta demostrar que la participación de la mujer en los mercados de empleo formal no necesariamente implica una mejora real en su nivel de vida, ni en su situación como madre y como trabajadora; y Villar (1982) por su parte muestra que la proletarización de la mujer es una estrategia de supervivencia familiar, pues se realiza básicamente para lograr la satisfacción de necesidades primarias familiares, lo cual confirma lo anterior. Aun cuando en ambos estudios se señalan tanto los efectos colaterales de dicha proletarización a nivel de la familia y la sociedad, como la incidencia de los valores tradicionales en la aceptación de ésta sobreexplotación por parte de la mujer -como es la tradición patriarcal-, no se profundiza en estos aspectos de orden socio-cultural.

Pareciera entonces que es a partir de estas reflexiones planteadas en los trabajos precedentes que se desarrolla la investigación que da lugar al libro que aquí se reseña y que tiene como objetivo el análisis de la relación entre la vinculación de la mujer a procesos organizativos y sus repercusiones a nivel individual y familiar.

Estos procesos organizativos de la mujer rural se estudian en tres casos escogidos por cumplir varias condiciones: estaban relativamente consolidados, presentaban logros con respecto a fines propuestos y cierto grado de homogeneidad cultural, al tratarse de habitantes de la región rural andina.

El primer caso corresponde al club de Amas de Casa "La Esperanza", conformado en Fusagasugá (Cundinamarca) en el año de 1961, alrededor de la elaboración de figuras artesanales en fique. El segundo caso es el de la Asociación de Veredas de La Calera (Cundinamarca), iniciada en 1978 por iniciativa del Instituto de Promoción Colombo-Suizo (IPROSCO), para producir comunitariamente tejidos en lana virgen. El tercer caso trata de la Asociación de Mujeres por una Nueva Sociedad, creada formalmente en 1984 pero que se fue gestando desde 1970 a través de la promoción de Clubes de Amas de Casa, en el sur del departamento de Santander (cobija ocho municipios), bajo la supervisión del Secretariado de Pastoral Social (SEPAS) y de la Coordinadora de Organizaciones Agrarias del sur de Santander "El Común"; su objetivo principal fue dar formación a la mujer a través de su participación social y de la reflexión sobre su situación, pero posteriormente se implementaron también formas de producción comunitaria. En los tres casos la motivación inicial encontrada en las encuestas, para la participación en estas organizaciones, era la posibilidad de lograr un mejoramiento del ingreso económico de la familia, componente que designan los autores "racionalidad familiar".

La metodología de recolección de información constó de una encuesta socio-demográfica, entrevistas colectivas, individuales en profundidad, abiertas y socio-dramas.

La homogeneidad cultural es fundamental para la investigación, puesto que se da un énfasis especial a los patrones culturales pre establecidos a los cuales responde la historia de los grupos y las organizaciones humanas, historia que a su vez se considera inscrita en un contexto más amplio como es la historia de los individuos y de las comunidades. Se escoge como patrón cultural a estudiar, aunque así no se explicite, el de la identidad cultural de los géneros: se trata de mirar las imágenes y roles opuestos adscritos a la mujer y al hombre a partir de su diferencia de sexo, que a su vez se transmiten a través del proceso de socialización primaria. Enfatizan en la definición de lo femenino, vista como una definición histórica, mediada por la cultura con la que la mujer se relaciona y al respecto anotan:

"En sociedades rurales latinoamericanas, el espacio social femenino ha estado tradicionalmente ligado al área de la reproducción doméstica (...) el peso de su papel familiar, el eje mujer-madre, mujer-familia, es fundamental para entender su relación, su comportamiento y sus valores, dentro de un grupo y la dinámica misma que éste desarrolla" (p. 15).

El tercer eje que se plantea -en el estudio se constituye en el principal-, es el de mujer-organización, que da cuenta del marco socio-cultural que circunda el proceso de conformación grupal. Así, del nivel de socialización primaria, los autores entran a analizar el proceso de socialización secundaria que se instaura en el momento en que la mujer se hace partícipe de una organización y que consiste en el aprendizaje y desempeño de papeles en un contexto institucional específico, lo cual implica el reemplazo del peso de los lazos afectivos por el de las destrezas de los individuos para desempeñar una función.

Una vez establecidas las variables objeto de análisis, se procede a establecer las siguientes hipótesis:

1. Existe un grado de socialización secundaria en general bajo en los sectores populares y más agudo entre la población campesina dedicada a la producción parcelaria, donde se concentran las actividades de producción y reproducción en la unidad familiar.

2. Debido a éste poco desarrollo de procesos de socialización secundaria, persisten como determinantes comportamientos aprendidos en el núcleo familiar como esquema de referencia para la relación intragrupal que se establece. Tal es el caso de la reproducción de la relación vertical, subordinante-subordinado, que correspondería a dicho esquema familiar interiorizado.

3. Por lo tanto, la construcción cultural de la identidad femenina, servirá de mediador y legitimador de la participación del grupo primario en el secundario. Se repetirían entonces, patrones culturales familiares, en espacios sociales diferentes.

Sin embargo, aun cuando ven como determinante la definición familiar de los papeles sociales, son contundentes en aclarar que esto no muestra una imposibilidad de cambio, sino una dificultad. Este cambio social para los autores consiste en aprender nuevos papeles, superando la estructura vincular familiar.

Es en éste punto donde se establece una visión dialéctica del problema, al considerar que "estos nuevos papeles pueden llegar a cuestionar el orden familiar y a promover reubicaciones o cambios a nivel intrafamiliar, en las relaciones de dominación y subordinación allí establecidas" (p. 26).

Sobre los cambios familiares producto de la participación de la mujer en el proceso organizativo, los autores hacen una evalua ción que los lleva a concluir que lo logrado hasta el momento es la conquista de la mujer de un espacio público en el cual actuar, alcanzando un equilibrio con respecto a su tradicional espacio doméstico. Sin embargo, no ha redundado en un replanteamiento de los papeles y responsabilidades según el género en lo que se refiere al trabajo doméstico reproductivo y productivo asumido. En síntesis, no se cuestiona la división sexual del trabajo; sólo se ha incrementado la organización y eficiencia en el desarrollo del trabajo culturalmente adscrito a la mujer con miras a adjudicarle tiempo a las actividades grupales.

Un aporte importante que hacen es anotar cómo "la dinámica del cambio cultural tiene una profundidad mayor en las relaciones intergeneracionales que a nivel de pareja (...) existe según el análisis de los resultados una conciencia activa del cambio en las pautas de crianza, unas directrices y propósitos explícitos de transformación de dichas pautas por parte de las mujeres entrevistadas" (págs. 117-118).

Este cambio de mentalidad se explica como resultado de la práctica social, la reflexión colectiva y el desarrollo de relaciones "horizontales" basadas en la amistad, la mutua cooperación y la confianza social, lo cual hace que se supere tanto la mirada inmediatista del beneficio familiar como la estructura de relación vertical patriarcal. Se trata del paso de una "racionalidad familiar" a una "racionalidad social", en la cual dominan los intereses y necesidades sociales. En principio ésta es asumida por las líderes que surgen dentro del grupo, quienes lentamente la transmiten a las bases.

Al cuestionar la organización familiar establecida, los grupos de mujeres son vistos por la comunidad como espacios de transgre sión cultural, debido a lo cual, según lo analizan los autores, se generan por parte de la comunidad formas de control social como el chisme que expresa la resistencia al cambio y la defensa de lo establecido. Se convierte al grupo en chivo expiatorio de situaciones que ponen en cuestión el modelo social familiar y se acusa a las participantes de abandono de tareas tradicionalmente adscritas a la mujer. Por esta razón, se debe negociar a nivel intrafamiliar la apertura de una nueva posibilidad de participación social, negociación que varía según el grado de subordinación a la autoridad masculina familiar en que se encuentre la mujer, siendo más difícil para una esposa que para una hija, según lo llegaron a establecer en los resultados de las encuestas.

Se plantea una cuarta hipótesis que tiene un gran peso dentro del análisis, y que se expresa como sigue: "los grupos femeninos rurales no surgen espontáneamente sino que tienen, como otros grupos de base, algún tipo de agente externo en sus orígenes (...) el papel de éste lider, de este agente externo es fundamental para la comprensión de la dinámica grupal" (p. 27). Es tal la importancia que le dan los autores a los agentes externos que llegan a afirmar: "la generación del esquema de relaciones de verticalidad depende en gran parte del manejo que el agente externo, promotor o líder haga de su posición de autoridad frente al grupo" (p. 53).

En este orden de ideas, se demuestra que la acción de los agentes externos en cuanto a estrategia metodológica y pedagógica ha sido diferente en los casos estudiados y de ello ha dependido en gran medida el éxito o fracaso; en el mejor de los casos (La Calera), se buscó capacitar para la reflexión y toma de decisiones colectivas, superandose así el interés individual en aras del avance grupal, implementando mecanismos de acción y pautas de relación que apuntaron a la participación colectiva, formando líderes de la comunidad como estrategia de expansión del proyecto organizativo. Esta forma de dirección es garantía para lograr el desarrollo organizativo interno, de manera tal, que el agente externo pueda desaparecer y la labor continuar. En el caso en que no se procedió de esta forma (Fusagasugá), al faltar el agente externo, empezó a cojear el grupo.

En conclusión, las reflexiones analíticas así presentadas por Medrano y Villar, son muestra de cómo la antropología puede dar lineamientos para los estudios de proyectos organizativos, al llamar la atención sobre la incidencia de las características culturales de una determinada población y/ o región cultural, en dichos proyectos, lo cual no se ha tenido en cuenta en un alto porcentaje de casos, y es labor del antropólogo recuperar este espacio perdido. Es en éste sentido que los autores afirman contundentemente: "el proyecto social organizativo debe ir de la mano del proyecto económico (...) no es posible un proyecto económico de largo plazo, sin un 'proyecto social' en el caso de propuestas que contemplen un componente de trabajo colectivo, fondos comunes, crédito asociativo, comercialización grupal, etc." (p. 50).

| MARÍA CLEMENCIA RAMÍREZ DE JARA

 

APUNTES SOBRE GRUPOS MERIDIONALES DE INDIGENAS CHOCO EN COLOMBIA

S. Henry Wassen

El libro "Apuntes sobre grupos meridionales de indígenas Chocó en Colombia", es la recopilación de seis artículos escritos por el sueco Henry Wassen, como informe de su "Trabajo de Campo" en el pacífico sur de Colombia.

Debido a que el libro no conforma una unidad narrativa algunos temas se repiten en los diferentes artículos. Sin embargo, cada aparte nos deja captar una faceta distinta del etnógrafo, desde las reflexiones íntimas en torno a la relación con individuos de otra cultura, hasta la descripción de los aspectos de la vida social de los Chocó y su análisis de difusión de rasgos culturales.

Wassen, visitó en los últimos meses de 1934 las comunidades Waunanas de la isla Munguidó y el afluente Docordó del bajo San Juan, y la comunidad de la Misión Santa Rosa en el Saija. Vino auspiciado por el museo etnológico de Gotemburgo (Suecia). Con el objetivo de continuar el trabajo de recolección de cultura material de los nativos del Chocó, iniciados por el barón Erland Nordenskiold a principios del siglo.

Cuando estos y otros investigadores suecos entre los que se encuentran Bolinder (1914) y George Dall (1936-1939) llegaron al país, gran parte del territorio delimitado como República de Colombia, estaba habitado por sociedades nativas, objeto principal de sus estudios. Las investigaciones estuvieron en términos generales, enmarcadas en las directrices que guiaron a los primeros antropólogos, que perseguían guardar las manifestaciones de la diversidad cultural en los Museos, ajenas a sus propios ejecutores.

El arribo de Wassen a la isla Munguidó, está relatado en su diario de viaje, publicado en el libro como cuarto capítulo. La relación inicial con los Waunana que habitaban el lugar se da a través del cónsul sueco en Buenaventura, William Bylander, quien era "dueño" de la isla. H. Wassen se encuentra con los indígenas en Buenaventura y luego de contarles su propósito, se embarca con ellos en el "San Nicolás". Al cabo de un día de navegación llega a la isla, donde fue alojado en la casa de Jaibaná Abel Hinguimía, junto con sus "cajas y cofres pesados" llenos de objetos de intercambio.

La comunidad se reunió para inquirir el propósito de su estadía a lo cual él contestó que venía a "completar el viaje de Nordens kiold, mi maestro blanco ya fallecido". En el lugar, permaneció un mes. Sobre su estadía el etnógrafo se pregunta: "Me han aceptado como un blanco quien, por alguna razón para ellos incomprensible, anda por su choza cogiendo todos los utensilios de cocina, adornos, etc., de los que pueden prescindir, trocándolos por tejidos suecos, cuchillos, hachas, anzuelos y Dios sabe que cosa más... ".

De la isla Munguidó el autor pasó al afluente Docordó, con su anfitrión Hinguimía, pasaje que relata en el sexto capítulo. El Docordó es el asentamiento principal de los Waunanas; la comunidad había sido visitada por Nordenskiold con el jaibaná Selimo. De esta visita le resulta a Wassen conseguir el veneno que los indígenas utilizan en sus cerbatanas para la cacería, elemento muy apreciado para llevar a Suecia debido a la discusión que a nivel internacional se estaba dando sobre su proveniencia y forma de actuar sobre las víctimas.

Wassen aprovecha la oportunidad, para conocer la isla Gorgona y las comunidades Embera del río Saija-relatado en el segundo capítulo "Los Embera del río Saija"-. Se sorprende en la comparación de las características culturales con la gente del San Juan, llegando a concluir que "la falta de cultura indígena es más notoria en el sur del territorio chocoano que en el del norte, en estos lugares está muy marcada".

En el primer capítulo que lleva el mismo nombre del libro, el autor utiliza los conocimientos obtenidos durante su recorrido y hace una detallada descripción etnográfica llenando sus vacíos con las observaciones aportadas para grupos Chocó por Nordenskiold, Fray Severino de Santa Teresa y Fray Pedro Simón.

En su trabajo de campo había indagado sobre los diferentes aspectos de la vida de los Chocóes: la organización social, el ciclo de vida, creencias religiosas y tradiciones, idioma, vivienda, alfarería, cestería, ornamentos personales y pintura corporal. Agricultura, pesca y caza. De los distintos objetos de cultura material que resultan de las diferentes actividades hace una detallada descripción de su fabricación y uso. Para un mayor entendimiento usa dibujos y fotos de los elementos que forman parte de la colección del museo.

En la presentación escrita de estos diferentes aspectos de la vida de los Waunana y Embera, no se esfuerza por relacionar los diferentes elementos de la vida social, ni de los cambios culturales dados por la colonización que se origina con la ocupación española. El mayor interés de Wassen es relacionar rasgos culturales aislados con los mencionados por otros etnógrafos para sociedades nativas del continente, haciendo énfasis en comparación con los cayapa de la costa ecuatoriana, y algunos grupos amazónicos. Sin embargo no se manifiesta un objetivo específico en relacionar unos y otros grupos.

En estas comparaciones se nota el afán difusionista de expansión de grupos y rasgos culturales, como en el caso del alemán H. Trimborn en su trabajo etnohistórico "Señorío y Barbarie en el Valle del Cauca" (1949).

En el tercer capítulo que es llamado "Epílogo: carácter y posición general de la cultura de los indios del Chocó, comparaciones con los Panche y los Muzos". El autor hace un intento similar al que se advierte en

Trimborn al comparar, a partir de la información de los cronistas Simón y Herrera, rasgos culturales de los Muzo, Panche, Noanama, Urabá y Embera. Entre los elementos que se destacan se encuentran el canibalismo, armas, vestidos, adornos, organización social, etc. Su interés es demostrar, en contra de los que veían una familiaridad entre los Chibchas y los Chocó, que estos por el contrario estaban bastante relacionados culturalmente con los Panche y los Muzo, que a su vez poseían elementos de "culturatanto espiritual como material, común con las tribus del Noroeste del Amazonas". Es de anotar que si bien, Wassen se interesa en las similitudes, desprecia las diferencias, y los datos de los cronistas, no son suficientes para sus conclusiones. No hay información general en los diferentes ítems para todos los grupos. Así mismo, el lector se extraña que en este aparte no sean mencionados los Cayapa que fueron centro de la comparación en la parte etnográfica.

En sus trabajos posteriores Henry Wassen ha centrado su trabajo en la etnografía del veneno, en la historia documental y en la historia oral. El mismo interés, que ha mostrado su discípulo y continuador de su obra Suen Erik Issacsson quien en la actualidad proyecta un trabajo a cuatro años para recopilar Historia Oral de los Embera y Waunana del San Juan y alto Atrato.

La obra de Wassen sirve como primera referencia para trabajar diferentes temas etnográficos dentro de la especialización actual de la disciplina y en una perspectiva diferente en la relación con las minorías étnicas.

Sería de gran utilidad que como éste, todos los trabajos de investigadores extranjeros sean traducidos al castellano y que a su vez presten algún servicio en la elaboración de materiales de educación.

| PATRICIA VARGAS SARMIENTO

 

ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN: PAUTAS DE ASENTAMIENTO EN EL CAÑON DEL RIO GRANATES - SALADOBLANCO

Héctor Llanos Vargas
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la República, Bogotá, 1988

La región arqueológica de San Agustín se reconoce desde hace muchos años como una de las más importantes en la arqueología de Suramérica. Sobra decir, por supuesto, que tal reconocimiento se debe principalmente a la estatuaria monumental y a las otras manifestaciones del trabajo en piedra, como los sarcófagos monolíticos y los grandes petroglifos.

El interés científico por San Agustín no es cosa reciente. Ya desde los siglos XVIII y XIX, reconocidos pensadores criollos y extranjeros -tales como Caldas, Humboldt o Codazzi- plasmaron en las páginas de la historia de Colombia su admiración por tales maravillas del arte prehispánico, y todavía hoy nos admiramos ante los logros técnicos pero, sobre todo, ante aquello mágico-religioso que encierran sus representaciones antropozomorfas. Varios investigadores han propuesto sus teorías al respecto y los debates alrededor del tema siguen siendo siempre motivo de interés tanto para especialistas como para neófitos, pues esas facciones monstruosas que probablemente representan el extendido culto del hombre jaguar, siguen por el paso de los siglos como la expresión más viva de un pueblo que, sin duda, logró estructurar una ideología religiosa muy compleja.

Pero ...¿quiénes fueron los habitantes de esta extensa región a la cual nos referimos genéricamente como "Cultura Agustiniana"? Después de varios años de investigaciones arqueológicas, el material excavado es suficiente como para permitir el planteamiento de hipótesis acerca del desarrollo espaciotemporal de esta región y de intentar los primeros acercamientos hacia un nivel analítico más amplio sobre la cultura (o las culturas) que están representadas en San Agustín. Y es eso, precisamente, lo que se propone este libro.

El área en la cual se circunscribe la investigación está en jurisdicción del municipio de Saladoblanco (Huila), más específicamente en la región de Morelia, en tierras bañadas por el río Granates. Las prospecciones realizadas por Llanos, sin embargo, no solamente se limitaron a esta área sino que abarcaron un espacio más extenso revelando la existencia de diversos sitios de habitación prehispánica. Es importante, además, el hecho de que nunca antes se habían realizado excavaciones en este sector, por lo cual los datos obtenidos amplían espacialmente el contexto de ocupación para la región y que, como se verá más adelante, tiene repercusiones en favor de una de las cronologías propuestas anteriormente por otros investigadores.

Llanos es claro desde el comienzo del trabajo:

|-Al pretender una aproximación a las pautas de asentamiento prehispánicas con una posición metodológica que busca llegar al nivel de la interpretación etnohistórica, fue imposible aislar los asentamientos de la región de Morelia y áreas circundantes de la compleja problemática que significa el proceso histórico milenario agustiniano "(p. 19).

Es decir, que va a intentar hacer de la metodología arqueológica una herramienta analítica que le permita entrar en la compleja -y por demás difícil- tarea de reconstruir, o por lo menos plantear, cómo fue el proceso histórico de San Agustín.

Me parece que esta consideración es de suma importancia. Llanos nos dice aquí que el sitio arqueológico que trabajó es solamente un elemento en una cadena de sucesos cronológicos que necesariamente involucran una área mucho más extensa que el simple asen- tamiento que excavó. Su insistencia por el proceso histórico lo obliga necesariamente a retomar toda la cronología propuesta para la región y a confrontarla, agregándole las tres fechas de radiocarbono que obtiene en el asentamiento de la finca Begonia, y sobre lo cual genera una discusión con respecto al vacío cronológico que planteaba hace varios años Reichel-Dolmatoff, en referencia al período de tiempo que siguió al complejo Isnos, luego del 330 AD.

El segundo objetivo, que por supuesto está enmarcado dentro del fenómeno de la cronología, es el estudio de los patrones (o pautas) de asentamiento.

En este caso en particular, la investiga- ción se centró en un núcleo de terrazas de habitación (aparecen 112 en el plano pp. 41 42), caminos, basureros y cementerios. Estos restos arqueológicos representan una aldea prehispánica. Su importancia es realmente grande porque suministra un universo muy completo para establecer las características de un poblado.

Los datos sobre los cuales se sustenta este trabajo, provienen de la cerámica encontrada en cuatro cortes arqueológicos y en tres fechas de radiocarbono: (1) El Corte I corresponde a un cementerio que se fechó en 510 AD; (2) El Corte 11 corresponde a un basurero que se fechó en 900 AD; (3) El Corte III corresponde a una terraza de habitación (que presenta dos estructuras internas de vivienda) que se fechó en 1700 AD; (4) y el Corte IV se hizo sobre uno de los caminos internos de la población, sin fecha de radiocarbono. El material recogido es cerámico, y con él se plantean una serie de relaciones cronológicas con los complejos ya definidos para la región. Pero lo más importante es que se sugiere una ocupación continua del lugar, que dura por lo menos 400 años, tiempo en el cual el "sistema alfarero", como lo denomina el autor, siguió prácticamente igual con apenas leves cambios. Las formas y decoraciones mantienen su unidad estilística, y solamente aparecen cambios más notorios con la cerámica del siglo XVIII.

En términos de la historia, Llanos concluye que la cerámica de su excavación se integra a la que caracteriza el proceso histórico de la cultura de San Agustín, lo que lleva implícito el sello de una larga tradición cultural. La muestra de fragmentos está muy bien trabajada, ya a nivel de reconstrucción de formas y decoración, en dos gráficas en las cuales se presenta el material en su dimensión cronológica, y dividida en los dos grandes grupos tipológicos que tradicionalmente se han empleado para la región: la cerámica con baño o engobe, y la cerámica sin baño o engobe.

Como lo planteaba al comienzo de esta reseña, Llanos es consciente de la necesidad de introducir en los estudios de San Agustín una visión sistémica; una visión de conjunto; una visión macro. Es la forma en que él puede entender los fenómenos sociales que se dieron en una región con el paso del tiempo, y aquí hay que aclarar que no se trata de establecer un evolucionismo en el sentido estricto del término, sino más bien de formular una situación procesual. Esto último, sin embargo, no lo plantea explícitamente, aun cuando es precisamente lo que quiere lograr. Lo que el autor llama reiteradamente "proceso histórico" son los fenómenos sociales que dieron como resultado una identidad arqueológica en el sitio.

Por supuesto, los fenómenos sociales ya no existen; ni tampoco están labrados en la cerámica. Hay que inferirlos, y para ello cuenta con: (1) un espacio funcional claramente delimitado (el asentamiento de Begonia), (2) dos grandes grupos cerámicos (engobe y no engobe con sus variantes de forma y decoración), (3) la dimensión cronológica con tres momentos en el tiempo (siglos VI, X y XVIII AD), (4) una cronología general para la región, desde el 3000 AC al 1700 AD), y (5) tiempo y recursos muy limitados.

El espacio funcional se caracteriza por una serie de aterrazamientos en una loma de pendiente más bien suave. Hay control de aguas y, por ende, control de lavado de tierras. La caracterización del sitio, sin embargo, es labor de una excavación mucho más prolongada. Un total de 112 terrazas de habitación, con un promedio de 2 viviendas por terraza, suministra una muestra de 224 unidades habitacionales, más un número no determinado de cementerios y basureros; ese es el universo real, el universo arqueológico.

El universo excavado es apenas el 0.89% de las terrazas, y probablemente algo más en cuanto a basureros y cementerios.

¿Válido el análisis? Sí. Es válido. Porque Llanos no pretende que su muestra confirme ni caracterice un patrón de asentamiento. Lo que él hace es generar por primera vez algunas hipótesis primarias sobre la cultura de San Agustín. Por ejemplo, teniendo en cuenta sus resultados y los de otros investigadores, plantea que durante la ocupación sincrónica de diversos sitios en el área, se dieron variantes regionales en la alfarería (p. 94), y que tal vez podrían explicarse en ocasiones por matrimonios exogámicos (hipótesis esta que se fundamenta en datos etnohistóricos).

A nivel regional y cronológico, sí plantea, sin embargo, un probable patrón de asentamiento: (1) Para el Formativo (1000 AC -300 AD) sugiere la presencia de pequeños grupos dispersos de bohíos en las cimas de los cerros, vertientes no muy pronunciadas y terrazas a la orilla de los ríos (pp. 108-109). (2) Para el Clásico Regional (300 AD - 800 AD) el patrón no cambia, aun cuando aumenta el tamaño de estos grupos de habitación y la monumentalidad de los cementerios, indi- cando mayor jerarquización. (3) Para el Reciente (800 AD - 1500 AD) sugiere una tendencia hacia la nucleación, aun cuando persiste simultáneamente el patrón anterior.

Sin duda, me parece un intento interesante de presentar una situación arqueológica con la complejidad que realmente tiene. Me atrevo, eso sí, a insistir que el patrón de asentamiento debe también poder verse internamente. Hay la necesidad de excavar una muestra más significativa de los poblados que se presentan como el de la finca Begonia, porque el funcionamiento de la sociedad tiene que verse con base en las relaciones que existen entre los contextos asociados que conforman el sistema. ¿Cómo se caracterizan las viviendas en cada terraza? ¿Cómo están distribuidas las áreas de actividad dentro de cada vivienda? ¿Qué relación existe entre grupos de viviendas y los caminos que conducen, por ejemplo, al acceso de agua? En fin, cantidad de elementos que únicamente se pueden trabajar con temporadas de campo más extensas.

Finalmente, hay un interesante acercamiento etnohistórico al término del trabajo que busca tal vez presentar algunas hipótesis sobre afiliación étnica en San Agustín.

Me ha interesado concentrarme especialmente en el aspecto regional y sistémico de este trabajo. Creo que es su principal aporte, y no es tampoco mi intención profundizar en cuestiones metodológicas acerca de la teoría de los patrones de asentamiento. Este es un trabajo que, junto con otros que se desarrollan actualmente en el país, demuestran que definitivamente la arqueología de Colombia va por un rumbo muy saludable y con perspectivas mucho más amplias (aun cuando siempre habrá quien se dedique a buscarle curvas a una línea recta).

Las últimas entregas de los libros de la Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales presentan infortunadamente un problema de empaste. Las páginas se desprenden con facilidad. Afortunadamente, este es un problema muy fácil de solucionar y que ojalá se ponga a prueba a partir del próximo ejemplar.

| FELIPE CARDENAS ARROYO

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