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Reseñas de libros
PUBLICACIONES PERIODICAS
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REVISTA DE ANTROPOLOGIA
Vol. IV, No. 1 - 1988
Universidad de los Andes
Departamento de Antropología
Apartado Aéreo 4976 - Bogotá, Colombia
En este volumen de la Revista de Antropología se incluyen tres
interesantes artículos: Carlos Alberto Uribe escribe sobre
|De
la Sierra Nevada de Santa Marta, sus ecosistemas, indígenas y
antropólogos; Felipe Cárdenas discute la
|Importancia del
intercambio regional en la economía del área tairona; Enrique
Mendoza escribe sobre
|Cambio de mentalidad y colonización del
territorio arhuaco:
|1820-1920. Una nueva sección de
Debates incluye dos ensayos:
|El palustre de oro: una parábola
para la arqueología de los años ochenta De Kent Flannery y
|La construcción del Estado y los indígenas en Colombia de
Myriam Jimeno. Enrique Mendoza comenta en la siguiente sección el
artículo de Myriam Jimeno. El volumen se cierra con reseñas
bibliográficas y noticias necrológicas.
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BOLETIN DE ANTROPOLOGIA
Vol. 4, No. 4 - 1989
Pontificia Universidad Javeriana
Departamento de Antropología
Cra. 7a. No. 40-62 - Bogotá, Colombia
Este número del Boletín nos ofrece los siguientes artículos:
|El proceso de deculturación en las comunidades indígenas de la
Amazonia colombiana de Horacio Calle;
|Sigilografía
precolombina de Isabel Clerc de Cuenca;
|Del indígena al
cachaco de Alvaro Chaves;
|¿Por que hablar sobre
Antropología y Arte? de Natalia Gutiérrez;
|Agricultores
del pie de monte: los Guayupe de Santiago Mora e Inés
Cavelier;
|Pesquerías de perlas del Cabo de la Vela de
Socorro Vásquez y Hernán Correa;
|El papel de la Antropología en
la formación del médico de Eugenia Villa. Ademas se incluye
una crónica del Primer Seminario de Antropología de la Salud, la
reseña de las actividades e investigaciones del Departamento, la
propuesta de la Universidad Javeriana sobre "Expedición
Humana" y la lista de tesis de grado de la Universidad
Nacional.
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ARQUEOLOGIA
Nos. 7-8 - 1988
Estudiantes Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia
Ciudad Universitaria, Bogotá, Colombia
En esta ocasión Arqueología se presenta en un número doble con
el siguiente contenido:
|La ética de la conservación aplicada a
las excavaciones arqueológicas de Guillermo Joiko;
|Jambalo
y Guambia en lucha por la vida de Luis Guillermo Vasco;
|Los Kawiri: guerreros del Orinoco (segunda parte) de Jorge
Luis González; Reseña:
|El Alto Sinú: 17 siglos de asentamiento
ribereño de Héctor Llanos y
|Sobre algunos males de la
educación de Ernesto Sábato.
ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN ALTO DE
LAVAPATAS
El libro "Arqueología de San Agustín: Alto de
Lavapatas" de Luis Duque G. y Julio César Cubillos
publicado por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas
Nacionales del Banco de la República es de singular importancia
para el conocimiento de la cultura arqueológica agustiniana. Una
vez más los autores de esta obra enriquecen con el rigor científico
de sus investigaciones la visión sobre el pasado prehispánicos en
el Alto Magdalena, en particular de la región de San Agustín e
Isnos.
Este escrito tiene como objetivo principal el describir las
investigaciones arqueológicas que realizaron en el año 1974 en el
sitio conocido como Alto de Lavapatas, municipio de San Agustín, la
cuales complementan las ya realizadas por ellos mismos en otros
lugares y cuyos resultados ya están publicados.
En el Alto de Lavapatas se habían efectuado con anterioridad
otros reconocimientos, tales como el de K. Th. Preuss en 1914 y el
de la misión dirigida por José Pérez de Barradas y Gregorio
Hernández de Alba en 1937, los cuales se orientaron hacia la
obtención de algunos datos relacionados con los enterramientos y
las costumbres funerarias, suministrados por guaqueros, y no
correspondieron a exploraciones sistemáticas. A pesar de lo
expuesto que, al parecer, había estado este sitio a saqueadores de
tesoros, la Comisión de Duque G. y Cubillos pudo llevar a cabo una
exhaustiva exploración de casi la totalidad del yacimiento y
excavaciones, con lo cual pudieron encontrar, tal como ellos mismos
lo señalan, "...varias decenas de sepulturas invioladas,
dos estatuas nuevas, algunos objetos de orfebrería, numerosas
piezas de cerámica, y, lo más importante, acumulaciones de basuras
no perturbadas y planos de vivienda, que permitieron el
establecimiento de una cronología, a base de análisis de C 14,
cuyos resultados confirman una vez más que este sitio es hasta
ahora el más antiguo de toda la zona arqueológica de San
Agustín" (p. 10). La importancia del estudio de este
yacimiento se infiere de las palabras anteriores ya que, a través
de los variados vestigios allí encontrados, pudieron sus autores
reconstruir un considerable espacio de tiempo en el proceso de
desarrollo cultural de San Agustín. La ubicación cronológica y
estratigráfica de diversos elementos culturales, cuya asociación es
clara en relación con los que se han registrado en otros lugares de
San Agustín, hace que este trabajo se convierta en un hilo
conductor de los fenómenos culturales que acaecieron en esta
región.
Los trabajos de esta comisión se centraron en lo siguiente: 1.
Tres trincheras fueron practicadas; dos de ellas se ubicaron en el
plano inclinado del sitio, donde hallaron acumulaciones de
bastantes materiales de cerámica, objetos líticos y fogones; la
tercera fue ubicada en el sector central del Alto y en ella
encontraron huellas de antiguas viviendas con sepulturas en el
interior. 2. El montículo fue explorado por medio de largas
trincheras y pudieron establecer que éste tenía aproximadamente 24
m de largo, 18 m de ancho y 1.20 m de altura. Aunque había sido
fuertemente perturbado con anterioridad por la excavación
clandestina de estatuas y tumbas, pudieron excavar algunas tumbas
invioladas dentro de los cuales se incluyen 11 entierros de niños,
para un total de 22. 3. De otra parte, en los sectores, oriental,
norte y nordeste del yacimiento excavaron 60 tumbas, cuya
descripción en detalle la presentan en el anexo.
Duque G. y Cubillos llegan a interesantes conclusiones, después
de un estudio minucioso y comparativo de las evidencias cultura
les, haciendo la salvedad que varias de sus apreciaciones son sólo
hipótesis de trabajo que tendrán que verificarse en el futuro con
más estudios. El alcance de esta investigación les permite, por lo
tanto, emitir las consideraciones que a continuación sintetizo.
Para comenzar y como hito de referencia es importante señalar el
esquema cronológico propuesto por los autores que sirve de
estructura para trazar los diferentes momentos en el prolongado
desarrollo cultural de San Agustín.
Se trata de los siguientes períodos:
1. Arcaico 3.300 a. de C. - 1.000 a. de C.
2. Formativo Inferior 1.000 a. de C. -200 a. de C.
Superior 200 a. de C. -300 d. de C.
3.Clásico Regional 300 d. de C. - 800 d. de C.
4. Reciente 900 d. de C. - 1.600d. de C.
En el Alto de Lavapatas se identifican los diferentes períodos
cronológicos antes referidos, cuyo estudio contribuye enormemente
para la interpretación comparativa de los vestigios culturales
reportados en otros sitios, en donde solo se identifican algunos de
los períodos de la secuencia.
El amplio aterrazamiento del Alto de Lavapatas es producto de
una adecuación intencional del terreno, hecha por sus anti guos
pobladores, cuando el lugar fue destinado como necrópolis sobre los
restos de asentamientos anteriores que se remontan a 3.300 años
antes de Cristo. Así mismo, como en el momento en que se
intensificó el culto funerario los habitantes del lugar excavaron
tumbas a través de basureros antiguos, se verificó que en una
tercera fase el lugar volvió a ser ocupado con viviendas, como lo
atestiguan las huellas de huecos de poste registradas en el relleno
de los pozos de las tumbas.
De acuerdo con los datos cronológicos que obtuvieron con base en
el análisis estratigráfico y de Carbono 14, se destaca la eviden
cia cultural más antigua que se conoce hasta ahora en la región,
correspondiente a un fogón constituido únicamente por carbón
vegetal y tierra quemada que data del año 3.300 a. de C. De las
épocas siguientes obtuvieron interesantes datos, que comparados con
los de otros sitios, les permitieron trazar un desarrollo cultural
entre aproximadamente el siglo IX a. de C y el siglo XII d. de C.
Del lapso en que el lugar fue utilizado como cementerio los autores
dan especial relevancia a las siguientes informaciones:
En el montículo no obtuvieron materia orgánica para fechar, por
lo cual emplearon el método comparativo para señalar la similitud
en rasgos de una estatua de este sitio con el monolito principal
del Alto de las Piedras, que hace parte de la tumba mayor del
montículo No. 1 de este último sitio que data del siglo IX a. de
C.
La base de la economía de las gentes que conformaron la cultura
de San Agustín fue el maíz, como lo atestiguan la presencia de
piedras y manos de moler y se presume que su utilización puede
datar del siglo VII a. de C. Es de anotar que en otros sitios han
encontrado además de las piedras y manos de moler, granos y raquis
de maíz carbonizados, y han comprobado la utilización de otros
frutos, como cuescos de nogal en el Formativo Superior, de chontad
uro y vainas de maní, en el período Reciente.
En cuanto a la orfebrería consideran que tiene raíces muy
antiguas en San Agustín y que fue una industria regional y local.
En el Alto de las Piedras hallaron unas cuentas de collar en la
tumba No. 5 del Montículo No. 1 muy próxima de la tumba principal
que data del siglo IX a. de C. En la Mesita B del Parque
Arqueológico encontraron restos de talleres de fundición señalados
por crisoles de cerámica, fragmentos de adornos, gotas de oro
fundido y grandes acumulaciones de carbón y ceniza asociadas a
estos elementos. En donde queda hoy el Hotel Yalconia se
registraron cuentas de oro y una diadema que presenta mucha
similitud con las que aparecen representadas en las estatuas
cariátides de la Mesita A. Por último, en el Alto de Lavapatas
hallaron dos narigueras planas de tumbaga muy parecidas, una
colocada como parte del ajuar de una urna funeraria de la tumba No.
6 y otra en la tumba No. 8, a pocos metros de distancia de la
anterior, que data del siglo X d. de C. También registran el
hallazgo de un cincel de oro en la parte superior de la tumba No.
17 E localizad a dentro de uno de los planos de vivienda.
Plantas de vivienda fueron localizadas en el proceso de
excavación de la trinchera No. 3, en el sector central del Alto.
Sin citar cuantas registraron, hacen referencia a la identificación
de huellas de postes de las antiguas viviendas dispuestas en forma
circular, lo que señala que las casas eran de planta redonda y
techo cónico. Estructuras similares han sido excavadas en el
Potrero de Lavapatas y en la Estación, correspondientes al período
Reciente. En el interior de las plantas de las casas registraron
sepulcros, algunos de los cuales corresponden a una fase más
antigua.
Las prácticas funerarias identificadas en el Alto de Lavapatas
son variadas. Dentro de ellas es de destacar el hallazgo de un
sarcó fago de madera cuya antigüedad se remonta al siglo VI a. de
C. Un montículo artificial sin fecha, presumiblemente del siglo IX
a. de C., en donde registraron tumbas principalmente de fosa con
planta rectangular y una de cancel, antiguamente saqueada. De otra
parte, se manifiesta a través de todo el proceso de desarrollo
cultural de San Agustín, desde el Formativo, el Clásico Regional y
el Reciente el entierro secundario en urnas. Además, en el período
Reciente es frecuente encontrar fosas de planta oval divididas en
dos espacios por un muro de piedras o de tierra y en algunos casos,
escalón de descenso en uno de sus lados.
La práctica ritual del "entierro simbólico del
fuego" identificada con el hallazgo de arrumes de carbón
vegetal colocados inten cionalmente en las sepulturas o en vasijas
como ofrenda, data principalmente de la época Formativa Superior de
San Agustín.
Por último, también hay evidencias de la fragmentación
intencional de objetos cerámicos en el momento del rito funerario,
como de algunos objetos líticos, entre los que se cuentan manos y
piedras de moler y algunas estatuas pequeñas que corresponden al
Formativo Superior.
Otra práctica que se observó fue la de cubrir con fragmentos de
cerámica los escalones de descenso y el piso de las tumbas, ya en
la época Reciente.
En cuanto a la cerámica, cuyo estudio tipológico constituye un
buen indicativo para señalar las distintas fases de la prolon gada
ocupación del sitio, se destaca en el capítulo 11 de la obra la
correlación de la tipología cerámica y la estratigrafía cultural de
dos sectores del yacimiento, caracterizados por una densa capa de
basura. En este capítulo los autores presentan un material gráfico
muy completo que ilustra la morfología de las vasijas y los motivos
decorativos más recurrentes. Con referencia a los rasgos
decorativos de la cerámica se percibe una alta frecuencia de la
decoración incisa punteada en la fase con cerámica más antigua del
yacimiento; la ausencia del acanalado en las fases iniciales y la
pintura directa como indicador de los últimos períodos de
desarrollo de la cultura. Las formas típicas son los platos, los
cuencos y las ollas.
En tumbas del período Formativo se registraron platos, cuencos y
ollas globulares, algunos con decoración incisa punteada y, copas
con decoración de pintura negativa, negro sobre rojo, en los
soportes y en el interior, con énfasis en diseños triangulares y
círculos en cadeneta. Este último tipo de vasija al parecer tuvo
una función estrictamente ritual, lo que explica en parte su poca
frecuencia en los basureros y se remonta su antigüedad al siglo IX
a. de C. persistiendo hasta el Clásico Regional.
De otra parte, las vasijas trípodes, de alta frecuencia, se
registran desde las fases iniciales del desarrollo de la cultura
hasta las fases finales de la misma.
La pintura directa, con diseños angulares de haces de líneas en
la parte superior de los recipientes aparece en las fases tardías,
como ya se anotó. También se refieren a la decoración granulada y
hachurada como correspondiente a esta época tardía, motivo que no
fue registrado en el Alto de Lavapatas.
En el capítulo IV denominado "Cronología
Absoluta" los autores presentan la información relacionada
con fechas C 14 de muestras recolectadas por ellos en distintas
temporadas de campo entre los años 1957 y 1984, e incluyen una del
investigador T. Van der Hammen, realizada sobre un trozo de madera
del sarcófago hallado en el Alto de Lavapatas en 1937.
El análisis de distintos elementos culturales recolectados a
través de excavaciones sistemáticas en varios de los yacimien tos
de la zona les permite inferir "un continuum cultural en
el área arqueológica de San Agustín, con ligeras variantes a lo
largo del proceso evolutivo, especialmente en el último período,
las cuales pueden atribuirse más a causas endógenas que a factores
foráneos" (p. 100).
Material de consulta de gran utilidad para los estudiosos de
esta cultura arqueológica constituye la información que en este
capítulo presentan, organizada de diferentes manera tales como
"Períodos identificados en los diferentes
sitios", "Inclusión de sitios por períodos
cronológicos", "Detalle de las fechas de C
l4", "Inclusión de elementos culturales en la
cronología absoluta" e "Inclusión de elementos
culturales por sitios arqueológicos". Es una detallada
base de datos sobre la cultura arqueológica de San Agustín.
En esta obra los investigadores Duque G. y Cubillos a la par que
presentan minuciosamente las exploraciones y excavaciones que
realizaron en el Alto de Lavapatas, incluyen valiosos datos de
otros sitios que ilustran con mayor claridad sus planteamientos. No
obstante, hay detalles de materiales culturales y de yacimientos
que deben ser revisados en las publicaciones respectivas.
Por esto, es recomendable que el lector o investigador
interesado por el tema, consulte las varias publicaciones que han
realizado, de cuya lectura obtendrán una visión del arduo trabajo
que hay detrás de estos escritos y el cúmulo de información que ha
sido necesario recolectar a través de varios años para llegar a
decir con mucho sustento, lo que hoy plantean acerca del desarrollo
cultural de San Agustín.
Sin duda, aún existirán vacíos y tesis por comprobar, pero el
trecho recorrido es largo y firme hacia la reconstrucción histórica
de una cultura milenaria.
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ANA MARÍA GROOT DE MAHECHA
ORFEBRERIA Y CHAMANISMO.
UN ESTUDIO ICONOGRAFICO DEL MUSEO
DEL ORO
Reichel-Dolmatoff, Gerardo Editorial Colina - Banco de la
República. Medellín, 1988
La puerta que nos separa del futuro está cubierta por una
cortina de niebla; al traspasarla se abre mágico e irresistible el
mundo nuevo. Pero el presente tiene la cálida seguridad de lo
probado. Por eso sólo algunos hombres, escasos, alzan la cortina
antes que nadie, para después jalar a la humanidad hacia la
posibilidad de nuevas sensaciones. Navegantes aventureros,
insatisfechos con lo terminado, fabricantes de preguntas, esos
hombres son creadores de universos. ReichelDolmatoff ha sido uno de
ellos. Creó un mundo de significados, al que ingresamos llevados de
su mano. Después de leer este reciente libro -ya no es el último-
de Reichel-Dolmatoff, no es posible liberarse de la manía de
intentar traducir el lenguaje escondido en las representaciones del
Museo del Oro, que cada momento están ante los ojos.
Este es un libro de significados; por eso, es una traducción. En
el epígrafe, la frase de Burckhard anuncia lo que será el trabajo
del autor: en una enorme diversidad de objetos identificar un
principio ordenador, descubrir regularidades, encontrar reglas de
asociación. Esto es un trabajo científico. Pero también es una
creación poética. A Pitágoras le conceden haber dicho que la
belleza es la reducción de muchos en uno. Los descubrimientos
surgen de la comparación. En palabras de Bronowski, se da una
semejanza entre dos apariencias no semejantes. "El
progreso de la ciencia estriba en el descubrimiento, paso a paso de
un nuevo orden que da unidad a lo que durante mucho tiempo pareció
dispar" (Bronowski 1968: 37). Y para terminar con
Bronowski, ¿Qué es la imagen poética, si no la aprehensión y
explicación de una oculta semejanza, el acto de juntar dos partes
de una comparación que se darán profundidad recíprocamente? El
libro de Reichel-Dolmatoff nos permite vivir el placer del
descubrimiento a través de su lectura. Nos brinda la posibilidad de
hacer por nuestra cuenta el acto creador, descubriendo otra vez lo
que él muestra, como si fuera la primera. Y el sentimiento es
doble: el placer del descubrimiento y la belleza del poema. Ciencia
y arte en un sólo plato exquisito. Este libro es, ante todo, un
tónico intelectual.
El tema fundamental es la transformación. Transformación,
significados, traducción. Constante movimiento, permanente rena
cer, construcción palabra por palabra. El autor presenta su libro
diciendo: "... sugiero que la mayoría de las
representaciones figurativas de la orfebrería precolombina del
país, constituyen un complejo coherente y articulado de arte
chamánico, con el tema unificador de la transformación"
(p. 15). Pero al mismo tiempo precisa: "Lo que llamamos
arte, en todas las culturas expresa un sistema de valores para la
época y para las condiciones locales, es decir, que constituye un
sistema de comunicación" (p. 39). Este lenguaje es
descifrado por el autor, quien lo expresa en otro lenguaje; traduce
un sistema simbólico a otro en el que podemos hacerlo inteligible.
Es por eso que, en este libro, transformación, significado y
traducción cobran el mismo sentido.
Desde otra perspectiva, este libro es una valiosa contribución
al método de indagación y exposición en arqueología. Todo el texto
es una manifestación permanente de lo que significa el carácter de
ciencia social de la arqueología. "Para mí, se desprende
con claridad un hecho ineludible: la arqueología no se puede
separar de la etnología de las sociedades tribales actuales...
" (p. 12). Independientemente de su función social, la
arqueología sólo tiene sentido en la medida en que explica procesos
sociales y vivifica la intrincada red de relaciones entre los
individuos que componen un sistema social específico.
¿Cómo concebir un arqueólogo que carezca de una sólida formación
antropológica?, "...puedo decir que estas comparaciones
con culturas indígenas actuales deben tenerse muy en cuenta al
tratar de descubrir el significado, al menos, de algunos objetos de
orfebrería precolombina o de cualquier otro tipo de vestigios
prehistóricos. Sin embargo, aún hay arqueólogos, etnólogos,
museólogos e historiadores de arte quienes desconocen o niegan la
importancia de estos contextos y prefieren tratar sólo de objetos
aislados sea en el tiempo, sea en el espacio" (p. 76).
¿Cómo sustentar el empirismo y el positivismo cientifista en la
arqueología colombiana, ante la calidad y complejidad de las
preguntas que se nos hacen desde el campo de acción de nuestra
arqueología?
En el terreno del método también el autor decide llevarnos paso
a paso, explicando sus movimientos. "Primero quiero
identificar al chamán como tal y seguiré sus huellas a través de
algunos objetos materiales de su oficio y luego a través de los
animales que son sus compañeros. Con todo esto entraremos al mundo
de las transformaciones, de oposiciones e inversiones y pronto nos
daremos cuenta de que, con el estudio iconográfico de la
orfebrería, se nos abre una dimensión, hasta ahora ignota, en la
cual la figura del chamán predomina con su extraordinaria
personalidad" (p. 40). Más adelante, después de una
completa descripción del papel de chamanismo escribe:
"Sabemos que en las sociedades indígenas actuales las
creencias y prácticas chamanísticas influyen sobre la organización
social, sobre la ecología, el estado físico y psicológico de sus
miembros, la conceptualización de un más allá y muchos otros
aspectos. Trataré ahora de trazar las huellas, ya no de detalles,
sino de estructuras ideológicas... " (p. 77). A partir de
entonces, el concepto de vuelo extático del chamán, expresado en la
representación de pájaros con las alas abiertas y la cola
desplegada, es el punto de partida para el análisis iconográfico.
"Comienzo mi análisis con algunas piezas que constituyen
el prototipo de las "águilas" mencionadas por los
cronistas, y sigo las huellas iconográficas que muestran las
transformaciones del pájaro en un hombre-pájaro" (p.
83).
Pero cuando el autor se refiere a los animales compañeros del
chamán no habla solamente del papel de analogías que juegan en su
desempeño; se refiere a su función simbólica más precisa:
"Si interpretamos correctamente el lenguaje simbólico de
los chamanes, los llamados "animales auxiliares"
son simplemente representaciones zoomorfas que simbolizan ciertos
|poderes del chamán. No se trata pues de pájaros, felinos,
reptiles o peces en el sentido zoológico nuestro, sino de
principios o cualidades que, a los ojos del chamán, están
contenidos en los animales" (p. 136). La importancia de
los animales auxiliares y el deseo de resaltar las características
particulares que simbolizan determinados poderes se observan
claramente en el significado de todos los instrumentos y
componentes de la práctica del chamán. "La parafernalia
chamánica también abarca el empleo de plumas individuales,
recipientes o cucharas de hueso o de caracoles, y una multitud de
otros objetos de origen animal. Todos aquellos elementos, sean
atavíos, parafernalia, o instrumentos musicales, significan la
presencia de los espíritus auxiliares, es decir expresan una gran
gama de poderes chamánicos; de ningún modo son para ellos lo que
nosotros tan despectivamente llamamos disfraces, adornos, ni
objetos para la diversión" (p. 137).
El chamanismo es asociado por Reichel- Dolmatoff, desde hace
años, con las formas de organización social que corresponden alas
jefaturas o cacicazgos. Esta vez va un poco más allá y plantea que
el desarrollo del chamanismo y de sus simbolismos explican formas
religiosas de mayor complejidad. Refiriéndose a una escultura
Olmeca procedente de Las Limas, descrita por Michael Coe, el autor
escribe: "El animal auxiliar que el chamán crea en su
imaginación como símbolo de su poder, se individ ualiza y se
transforma con el tiempo en una divinidad antropomorfizada que
acompaña, ya no a un chamán, sino a un sacerdote que es el
representante de una divinidad central" (p. 137).
De este libro hay muchas cosas de las que hablar, evaluándolas
desde diferentes puntos de vista, porque su riqueza conceptual y
metodológica son extraordinarias. Sin embargo, el propio autor
sintetiza en el epílogo su obra: "En el curso de este
volumen he presentado una nueva dimensión del Museo del Oro. Entre
sus miles de objetos he hallado, más allá del tesoro del País del
Dorado, un tesoro de arte chamánico, un tesoro de formas e ideas
que durante miles de años han constituido uno de los fundamentos
ideológicos principales de las culturas indígenas del país. Es más,
este complejo chamánico, centrado en la imagen del Hombre- Pájaro,
forma un eslabón esencial entre las culturas prehistóricas de gran
parte del continente americano y continúa hasta la actualidad, en
muchas sociedades indígenas. Al haber reconocido y descrito el tema
del Hombre-Pájaro, creo haber descifrado uno de los símbolos claves
de la orfebrería precolombina" (p. 159).
Seguramente muchos colegas podrán encontrar en esta obra
argumentos para matricular al autor en alguna escuela desde el
difusionismo hasta el estructuralismo, pasando por toda la gama de
posibilidades y combinaciones intermedias. En realidad, creo que
igual cantidad de argumentos se pueden hallar para contradecir
todas las vinculaciones. Es porque este trabajo de
Reichel-Dolmatoff es nuevo. Sólo se vale de sus planteamientos,
estudios y enorme experiencia anterior para usarlos como plataforma
de lanzamiento. Las plantas psicotrópicas son tan sólo medios para
poder visitar las distintas dimensiones del cosmos, a través de
visiones alucinatorias. Hay dos categorías de visiones. Una tiene
una base neurofisiológica (fosfenos) y otra una base cultural que
"consiste de imágenes figurativas que la persona proyecta,
a base del acervo acumulado de sus experiencias, sobre el fondo de
colores y movimientos causados por la droga" (p. 25). Todo
el complejo de la orfebrería prehispánica americana tiene
significado dentro de un amplio contexto socio- religioso; el de la
cosmovisión del chamán. "Aunque indudablemente hay
variantes que se deben a diversas orientaciones intelectuales de
los aborígenes, a diferentes tradiciones locales y a distintas
épocas, es posible discernir ciertas constantes en el pensamiento
chamanístico, o sean algunos temas que se repiten insistentemente
en las creencias de las sociedades indígenas del país y cuyas
raíces se remontan a muy antiguas épocas prehistóricas"
(p. 23). El estudio de esas constantes es un paso grandioso para
volver a plantear el tema, hasta ahora no abordado
satisfactoriamente, del tipo de relaciones intergrupales que se
dieron en muy grandes regiones de América precolombina. Desde esta
óptica, quizás, es desde la cual el trabajo de Reichel- Dolmatoff
que comentamos habrá de generar la mayor cantidad de
reflexiones.
No podría reseñar este libro sin mencionar la extraordinaria
calidad de las fotografías -la mayoría de Jorge Mario Múnera- y
del diseño, edición y presentación. Igual puede decirse del cuidado
de las ediciones en inglés y francés. Sin embargo, el alto costo
del libro lo pone fuera del alcance de los estudiantes y de un
público más general, que tiene todo el derecho de gozar con esta
obra. Ojalá que pronto podamos tener en el mercado una edición
económica de esta maravillosa aventura que enriquece el pensamiento
antropológico colombiano, abre insospechados caminos a la
arqueología y descorre el velo de un mundo desconocido, en el que
transcurre nuestra vida cotidiana.
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GERARDO IGNACIO ARDIVA CALDERÓN
MUJER CAMPESINA Y ORGANIZACIÓN RURAL
EN COLOMBIA.
Tres estudios de caso.
Diana Medrano y Rodrigo Villar. Editorial CEREC, Bogotá,
1988
Trabajos precedentes realizados por los dos autores, se habían
caracterizado por un énfasis en el estudio del papel de la mujer
campesina obrera frente a la reproducción y reposición de la fuerza
de trabajo a partir del núcleo familiar del cual forma parte. Ambos
coinciden en recalcar cómo la economía parcelaria familiar permite
el abaratamiento para el capitalismo del costo de la reproducción
de la mano de obra, por medio del trabajo doméstico y agropecuario
que simultáneamente realiza la mujer, y postulan la existencia de
una doble jornada de trabajo y en casos extremos de una triple
jornada de trabajo: laboral, doméstica y agraria.
Medrano (1981) intenta demostrar que la participación de la
mujer en los mercados de empleo formal no necesariamente implica
una mejora real en su nivel de vida, ni en su situación como madre
y como trabajadora; y Villar (1982) por su parte muestra que la
proletarización de la mujer es una estrategia de supervivencia
familiar, pues se realiza básicamente para lograr la satisfacción
de necesidades primarias familiares, lo cual confirma lo anterior.
Aun cuando en ambos estudios se señalan tanto los efectos
colaterales de dicha proletarización a nivel de la familia y la
sociedad, como la incidencia de los valores tradicionales en la
aceptación de ésta sobreexplotación por parte de la mujer -como es
la tradición patriarcal-, no se profundiza en estos aspectos de
orden socio-cultural.
Pareciera entonces que es a partir de estas reflexiones
planteadas en los trabajos precedentes que se desarrolla la
investigación que da lugar al libro que aquí se reseña y que tiene
como objetivo el análisis de la relación entre la vinculación de la
mujer a procesos organizativos y sus repercusiones a nivel
individual y familiar.
Estos procesos organizativos de la mujer rural se estudian en
tres casos escogidos por cumplir varias condiciones: estaban
relativamente consolidados, presentaban logros con respecto a fines
propuestos y cierto grado de homogeneidad cultural, al tratarse de
habitantes de la región rural andina.
El primer caso corresponde al club de Amas de Casa "La
Esperanza", conformado en Fusagasugá (Cundinamarca) en el
año de 1961, alrededor de la elaboración de figuras artesanales en
fique. El segundo caso es el de la Asociación de Veredas de La
Calera (Cundinamarca), iniciada en 1978 por iniciativa del
Instituto de Promoción Colombo-Suizo (IPROSCO), para producir
comunitariamente tejidos en lana virgen. El tercer caso trata de la
Asociación de Mujeres por una Nueva Sociedad, creada formalmente en
1984 pero que se fue gestando desde 1970 a través de la promoción
de Clubes de Amas de Casa, en el sur del departamento de Santander
(cobija ocho municipios), bajo la supervisión del Secretariado de
Pastoral Social (SEPAS) y de la Coordinadora de Organizaciones
Agrarias del sur de Santander "El Común"; su
objetivo principal fue dar formación a la mujer a través de su
participación social y de la reflexión sobre su situación, pero
posteriormente se implementaron también formas de producción
comunitaria. En los tres casos la motivación inicial encontrada en
las encuestas, para la participación en estas organizaciones, era
la posibilidad de lograr un mejoramiento del ingreso económico de
la familia, componente que designan los autores
"racionalidad familiar".
La metodología de recolección de información constó de una
encuesta socio-demográfica, entrevistas colectivas, individuales en
profundidad, abiertas y socio-dramas.
La homogeneidad cultural es fundamental para la investigación,
puesto que se da un énfasis especial a los patrones culturales pre
establecidos a los cuales responde la historia de los grupos y las
organizaciones humanas, historia que a su vez se considera inscrita
en un contexto más amplio como es la historia de los individuos y
de las comunidades. Se escoge como patrón cultural a estudiar,
aunque así no se explicite, el de la identidad cultural de los
géneros: se trata de mirar las imágenes y roles opuestos adscritos
a la mujer y al hombre a partir de su diferencia de sexo, que a su
vez se transmiten a través del proceso de socialización primaria.
Enfatizan en la definición de lo femenino, vista como una
definición histórica, mediada por la cultura con la que la mujer se
relaciona y al respecto anotan:
"En sociedades rurales latinoamericanas, el espacio
social femenino ha estado tradicionalmente ligado al área de la
reproducción doméstica (...) el peso de su papel familiar, el eje
mujer-madre, mujer-familia, es fundamental para entender su
relación, su comportamiento y sus valores, dentro de un grupo y la
dinámica misma que éste desarrolla" (p. 15).
El tercer eje que se plantea -en el estudio se constituye en el
principal-, es el de mujer-organización, que da cuenta del marco
socio-cultural que circunda el proceso de conformación grupal. Así,
del nivel de socialización primaria, los autores entran a analizar
el proceso de socialización secundaria que se instaura en el
momento en que la mujer se hace partícipe de una organización y que
consiste en el aprendizaje y desempeño de papeles en un contexto
institucional específico, lo cual implica el reemplazo del peso de
los lazos afectivos por el de las destrezas de los individuos para
desempeñar una función.
Una vez establecidas las variables objeto de análisis, se
procede a establecer las siguientes hipótesis:
1. Existe un grado de socialización secundaria en general bajo
en los sectores populares y más agudo entre la población campesina
dedicada a la producción parcelaria, donde se concentran las
actividades de producción y reproducción en la unidad familiar.
2. Debido a éste poco desarrollo de procesos de socialización
secundaria, persisten como determinantes comportamientos aprendidos
en el núcleo familiar como esquema de referencia para la relación
intragrupal que se establece. Tal es el caso de la reproducción de
la relación vertical, subordinante-subordinado, que correspondería
a dicho esquema familiar interiorizado.
3. Por lo tanto, la construcción cultural de la identidad
femenina, servirá de mediador y legitimador de la participación del
grupo primario en el secundario. Se repetirían entonces, patrones
culturales familiares, en espacios sociales diferentes.
Sin embargo, aun cuando ven como determinante la definición
familiar de los papeles sociales, son contundentes en aclarar que
esto no muestra una imposibilidad de cambio, sino una dificultad.
Este cambio social para los autores consiste en aprender nuevos
papeles, superando la estructura vincular familiar.
Es en éste punto donde se establece una visión dialéctica del
problema, al considerar que "estos nuevos papeles pueden
llegar a cuestionar el orden familiar y a promover reubicaciones o
cambios a nivel intrafamiliar, en las relaciones de dominación y
subordinación allí establecidas" (p. 26).
Sobre los cambios familiares producto de la participación de la
mujer en el proceso organizativo, los autores hacen una evalua ción
que los lleva a concluir que lo logrado hasta el momento es la
conquista de la mujer de un espacio público en el cual actuar,
alcanzando un equilibrio con respecto a su tradicional espacio
doméstico. Sin embargo, no ha redundado en un replanteamiento de
los papeles y responsabilidades según el género en lo que se
refiere al trabajo doméstico reproductivo y productivo asumido. En
síntesis, no se cuestiona la división sexual del trabajo; sólo se
ha incrementado la organización y eficiencia en el desarrollo del
trabajo culturalmente adscrito a la mujer con miras a adjudicarle
tiempo a las actividades grupales.
Un aporte importante que hacen es anotar cómo "la
dinámica del cambio cultural tiene una profundidad mayor en las
relaciones intergeneracionales que a nivel de pareja (...) existe
según el análisis de los resultados una conciencia activa del
cambio en las pautas de crianza, unas directrices y propósitos
explícitos de transformación de dichas pautas por parte de las
mujeres entrevistadas" (págs. 117-118).
Este cambio de mentalidad se explica como resultado de la
práctica social, la reflexión colectiva y el desarrollo de
relaciones "horizontales" basadas en la amistad,
la mutua cooperación y la confianza social, lo cual hace que se
supere tanto la mirada inmediatista del beneficio familiar como la
estructura de relación vertical patriarcal. Se trata del paso de
una "racionalidad familiar" a una
"racionalidad social", en la cual dominan los
intereses y necesidades sociales. En principio ésta es asumida por
las líderes que surgen dentro del grupo, quienes lentamente la
transmiten a las bases.
Al cuestionar la organización familiar establecida, los grupos
de mujeres son vistos por la comunidad como espacios de transgre
sión cultural, debido a lo cual, según lo analizan los autores, se
generan por parte de la comunidad formas de control social como el
chisme que expresa la resistencia al cambio y la defensa de lo
establecido. Se convierte al grupo en chivo expiatorio de
situaciones que ponen en cuestión el modelo social familiar y se
acusa a las participantes de abandono de tareas tradicionalmente
adscritas a la mujer. Por esta razón, se debe negociar a nivel
intrafamiliar la apertura de una nueva posibilidad de participación
social, negociación que varía según el grado de subordinación a la
autoridad masculina familiar en que se encuentre la mujer, siendo
más difícil para una esposa que para una hija, según lo llegaron a
establecer en los resultados de las encuestas.
Se plantea una cuarta hipótesis que tiene un gran peso dentro
del análisis, y que se expresa como sigue: "los grupos
femeninos rurales no surgen espontáneamente sino que tienen, como
otros grupos de base, algún tipo de agente externo en sus orígenes
(...) el papel de éste lider, de este agente externo es fundamental
para la comprensión de la dinámica grupal" (p. 27). Es tal
la importancia que le dan los autores a los agentes externos que
llegan a afirmar: "la generación del esquema de relaciones
de verticalidad depende en gran parte del manejo que el agente
externo, promotor o líder haga de su posición de autoridad frente
al grupo" (p. 53).
En este orden de ideas, se demuestra que la acción de los
agentes externos en cuanto a estrategia metodológica y pedagógica
ha sido diferente en los casos estudiados y de ello ha dependido en
gran medida el éxito o fracaso; en el mejor de los casos (La
Calera), se buscó capacitar para la reflexión y toma de decisiones
colectivas, superandose así el interés individual en aras del
avance grupal, implementando mecanismos de acción y pautas de
relación que apuntaron a la participación colectiva, formando
líderes de la comunidad como estrategia de expansión del proyecto
organizativo. Esta forma de dirección es garantía para lograr el
desarrollo organizativo interno, de manera tal, que el agente
externo pueda desaparecer y la labor continuar. En el caso en que
no se procedió de esta forma (Fusagasugá), al faltar el agente
externo, empezó a cojear el grupo.
En conclusión, las reflexiones analíticas así presentadas por
Medrano y Villar, son muestra de cómo la antropología puede dar
lineamientos para los estudios de proyectos organizativos, al
llamar la atención sobre la incidencia de las características
culturales de una determinada población y/ o región cultural, en
dichos proyectos, lo cual no se ha tenido en cuenta en un alto
porcentaje de casos, y es labor del antropólogo recuperar este
espacio perdido. Es en éste sentido que los autores afirman
contundentemente: "el proyecto social organizativo debe ir
de la mano del proyecto económico (...) no es posible un proyecto
económico de largo plazo, sin un 'proyecto social' en el caso de
propuestas que contemplen un componente de trabajo colectivo,
fondos comunes, crédito asociativo, comercialización grupal,
etc." (p. 50).
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MARÍA CLEMENCIA RAMÍREZ DE JARA
APUNTES SOBRE GRUPOS MERIDIONALES DE
INDIGENAS CHOCO EN COLOMBIA
S. Henry Wassen
El libro "Apuntes sobre grupos meridionales de
indígenas Chocó en Colombia", es la recopilación de seis
artículos escritos por el sueco Henry Wassen, como informe de su
"Trabajo de Campo" en el pacífico sur de
Colombia.
Debido a que el libro no conforma una unidad narrativa algunos
temas se repiten en los diferentes artículos. Sin embargo, cada
aparte nos deja captar una faceta distinta del etnógrafo, desde las
reflexiones íntimas en torno a la relación con individuos de otra
cultura, hasta la descripción de los aspectos de la vida social de
los Chocó y su análisis de difusión de rasgos culturales.
Wassen, visitó en los últimos meses de 1934 las comunidades
Waunanas de la isla Munguidó y el afluente Docordó del bajo San
Juan, y la comunidad de la Misión Santa Rosa en el Saija. Vino
auspiciado por el museo etnológico de Gotemburgo (Suecia). Con el
objetivo de continuar el trabajo de recolección de cultura material
de los nativos del Chocó, iniciados por el barón Erland
Nordenskiold a principios del siglo.
Cuando estos y otros investigadores suecos entre los que se
encuentran Bolinder (1914) y George Dall (1936-1939) llegaron al
país, gran parte del territorio delimitado como República de
Colombia, estaba habitado por sociedades nativas, objeto principal
de sus estudios. Las investigaciones estuvieron en términos
generales, enmarcadas en las directrices que guiaron a los primeros
antropólogos, que perseguían guardar las manifestaciones de la
diversidad cultural en los Museos, ajenas a sus propios
ejecutores.
El arribo de Wassen a la isla Munguidó, está relatado en su
diario de viaje, publicado en el libro como cuarto capítulo. La
relación inicial con los Waunana que habitaban el lugar se da a
través del cónsul sueco en Buenaventura, William Bylander, quien
era "dueño" de la isla. H. Wassen se encuentra
con los indígenas en Buenaventura y luego de contarles su
propósito, se embarca con ellos en el "San
Nicolás". Al cabo de un día de navegación llega a la isla,
donde fue alojado en la casa de Jaibaná Abel Hinguimía, junto con
sus "cajas y cofres pesados" llenos de objetos de
intercambio.
La comunidad se reunió para inquirir el propósito de su estadía
a lo cual él contestó que venía a "completar el viaje de
Nordens kiold, mi maestro blanco ya fallecido". En el
lugar, permaneció un mes. Sobre su estadía el etnógrafo se
pregunta: "Me han aceptado como un blanco quien, por
alguna razón para ellos incomprensible, anda por su choza cogiendo
todos los utensilios de cocina, adornos, etc., de los que pueden
prescindir, trocándolos por tejidos suecos, cuchillos, hachas,
anzuelos y Dios sabe que cosa más... ".
De la isla Munguidó el autor pasó al afluente Docordó, con su
anfitrión Hinguimía, pasaje que relata en el sexto capítulo. El
Docordó es el asentamiento principal de los Waunanas; la comunidad
había sido visitada por Nordenskiold con el jaibaná Selimo. De esta
visita le resulta a Wassen conseguir el veneno que los indígenas
utilizan en sus cerbatanas para la cacería, elemento muy apreciado
para llevar a Suecia debido a la discusión que a nivel
internacional se estaba dando sobre su proveniencia y forma de
actuar sobre las víctimas.
Wassen aprovecha la oportunidad, para conocer la isla Gorgona y
las comunidades Embera del río Saija-relatado en el segundo
capítulo "Los Embera del río Saija"-. Se
sorprende en la comparación de las características culturales con
la gente del San Juan, llegando a concluir que "la falta
de cultura indígena es más notoria en el sur del territorio
chocoano que en el del norte, en estos lugares está muy
marcada".
En el primer capítulo que lleva el mismo nombre del libro, el
autor utiliza los conocimientos obtenidos durante su recorrido y
hace una detallada descripción etnográfica llenando sus vacíos con
las observaciones aportadas para grupos Chocó por Nordenskiold,
Fray Severino de Santa Teresa y Fray Pedro Simón.
En su trabajo de campo había indagado sobre los diferentes
aspectos de la vida de los Chocóes: la organización social, el
ciclo de vida, creencias religiosas y tradiciones, idioma,
vivienda, alfarería, cestería, ornamentos personales y pintura
corporal. Agricultura, pesca y caza. De los distintos objetos de
cultura material que resultan de las diferentes actividades hace
una detallada descripción de su fabricación y uso. Para un mayor
entendimiento usa dibujos y fotos de los elementos que forman parte
de la colección del museo.
En la presentación escrita de estos diferentes aspectos de la
vida de los Waunana y Embera, no se esfuerza por relacionar los
diferentes elementos de la vida social, ni de los cambios
culturales dados por la colonización que se origina con la
ocupación española. El mayor interés de Wassen es relacionar rasgos
culturales aislados con los mencionados por otros etnógrafos para
sociedades nativas del continente, haciendo énfasis en comparación
con los cayapa de la costa ecuatoriana, y algunos grupos
amazónicos. Sin embargo no se manifiesta un objetivo específico en
relacionar unos y otros grupos.
En estas comparaciones se nota el afán difusionista de expansión
de grupos y rasgos culturales, como en el caso del alemán H.
Trimborn en su trabajo etnohistórico "Señorío y Barbarie
en el Valle del Cauca" (1949).
En el tercer capítulo que es llamado "Epílogo: carácter
y posición general de la cultura de los indios del Chocó,
comparaciones con los Panche y los Muzos". El autor hace
un intento similar al que se advierte en
Trimborn al comparar, a partir de la información de los
cronistas Simón y Herrera, rasgos culturales de los Muzo, Panche,
Noanama, Urabá y Embera. Entre los elementos que se destacan se
encuentran el canibalismo, armas, vestidos, adornos, organización
social, etc. Su interés es demostrar, en contra de los que veían
una familiaridad entre los Chibchas y los Chocó, que estos por el
contrario estaban bastante relacionados culturalmente con los
Panche y los Muzo, que a su vez poseían elementos de
"culturatanto espiritual como material, común con las
tribus del Noroeste del Amazonas". Es de anotar que si
bien, Wassen se interesa en las similitudes, desprecia las
diferencias, y los datos de los cronistas, no son suficientes para
sus conclusiones. No hay información general en los diferentes
ítems para todos los grupos. Así mismo, el lector se extraña que en
este aparte no sean mencionados los Cayapa que fueron centro de la
comparación en la parte etnográfica.
En sus trabajos posteriores Henry Wassen ha centrado su trabajo
en la etnografía del veneno, en la historia documental y en la
historia oral. El mismo interés, que ha mostrado su discípulo y
continuador de su obra Suen Erik Issacsson quien en la actualidad
proyecta un trabajo a cuatro años para recopilar Historia Oral de
los Embera y Waunana del San Juan y alto Atrato.
La obra de Wassen sirve como primera referencia para trabajar
diferentes temas etnográficos dentro de la especialización actual
de la disciplina y en una perspectiva diferente en la relación con
las minorías étnicas.
Sería de gran utilidad que como éste, todos los trabajos de
investigadores extranjeros sean traducidos al castellano y que a su
vez presten algún servicio en la elaboración de materiales de
educación.
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PATRICIA VARGAS SARMIENTO
ARQUEOLOGIA DE SAN AGUSTIN: PAUTAS
DE ASENTAMIENTO EN EL CAÑON DEL RIO GRANATES - SALADOBLANCO
Héctor Llanos Vargas
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales, Banco de la
República, Bogotá, 1988
La región arqueológica de San Agustín se reconoce desde hace
muchos años como una de las más importantes en la arqueología de
Suramérica. Sobra decir, por supuesto, que tal reconocimiento se
debe principalmente a la estatuaria monumental y a las otras
manifestaciones del trabajo en piedra, como los sarcófagos
monolíticos y los grandes petroglifos.
El interés científico por San Agustín no es cosa reciente. Ya
desde los siglos XVIII y XIX, reconocidos pensadores criollos y
extranjeros -tales como Caldas, Humboldt o Codazzi- plasmaron en
las páginas de la historia de Colombia su admiración por tales
maravillas del arte prehispánico, y todavía hoy nos admiramos ante
los logros técnicos pero, sobre todo, ante aquello mágico-religioso
que encierran sus representaciones antropozomorfas. Varios
investigadores han propuesto sus teorías al respecto y los debates
alrededor del tema siguen siendo siempre motivo de interés tanto
para especialistas como para neófitos, pues esas facciones
monstruosas que probablemente representan el extendido culto del
hombre jaguar, siguen por el paso de los siglos como la expresión
más viva de un pueblo que, sin duda, logró estructurar una
ideología religiosa muy compleja.
Pero ...¿quiénes fueron los habitantes de esta extensa región a
la cual nos referimos genéricamente como "Cultura
Agustiniana"? Después de varios años de investigaciones
arqueológicas, el material excavado es suficiente como para
permitir el planteamiento de hipótesis acerca del desarrollo
espaciotemporal de esta región y de intentar los primeros
acercamientos hacia un nivel analítico más amplio sobre la cultura
(o las culturas) que están representadas en San Agustín. Y es eso,
precisamente, lo que se propone este libro.
El área en la cual se circunscribe la investigación está en
jurisdicción del municipio de Saladoblanco (Huila), más
específicamente en la región de Morelia, en tierras bañadas por el
río Granates. Las prospecciones realizadas por Llanos, sin embargo,
no solamente se limitaron a esta área sino que abarcaron un espacio
más extenso revelando la existencia de diversos sitios de
habitación prehispánica. Es importante, además, el hecho de que
nunca antes se habían realizado excavaciones en este sector, por lo
cual los datos obtenidos amplían espacialmente el contexto de
ocupación para la región y que, como se verá más adelante, tiene
repercusiones en favor de una de las cronologías propuestas
anteriormente por otros investigadores.
Llanos es claro desde el comienzo del trabajo:
|-Al pretender una aproximación a las pautas de asentamiento
prehispánicas con una posición metodológica que busca llegar al
nivel de la interpretación etnohistórica, fue imposible aislar los
asentamientos de la región de Morelia y áreas circundantes de la
compleja problemática que significa el proceso histórico milenario
agustiniano "(p. 19).
Es decir, que va a intentar hacer de la metodología arqueológica
una herramienta analítica que le permita entrar en la compleja -y
por demás difícil- tarea de reconstruir, o por lo menos plantear,
cómo fue el proceso histórico de San Agustín.
Me parece que esta consideración es de suma importancia. Llanos
nos dice aquí que el sitio arqueológico que trabajó es solamente un
elemento en una cadena de sucesos cronológicos que necesariamente
involucran una área mucho más extensa que el simple asen- tamiento
que excavó. Su insistencia por el proceso histórico lo obliga
necesariamente a retomar toda la cronología propuesta para la
región y a confrontarla, agregándole las tres fechas de
radiocarbono que obtiene en el asentamiento de la finca Begonia, y
sobre lo cual genera una discusión con respecto al vacío
cronológico que planteaba hace varios años Reichel-Dolmatoff, en
referencia al período de tiempo que siguió al complejo Isnos, luego
del 330 AD.
El segundo objetivo, que por supuesto está enmarcado dentro del
fenómeno de la cronología, es el estudio de los patrones (o pautas)
de asentamiento.
En este caso en particular, la investiga- ción se centró en un
núcleo de terrazas de habitación (aparecen 112 en el plano pp. 41
42), caminos, basureros y cementerios. Estos restos arqueológicos
representan una aldea prehispánica. Su importancia es realmente
grande porque suministra un universo muy completo para establecer
las características de un poblado.
Los datos sobre los cuales se sustenta este trabajo, provienen
de la cerámica encontrada en cuatro cortes arqueológicos y en tres
fechas de radiocarbono: (1) El Corte I corresponde a un cementerio
que se fechó en 510 AD; (2) El Corte 11 corresponde a un basurero
que se fechó en 900 AD; (3) El Corte III corresponde a una terraza
de habitación (que presenta dos estructuras internas de vivienda)
que se fechó en 1700 AD; (4) y el Corte IV se hizo sobre uno de los
caminos internos de la población, sin fecha de radiocarbono. El
material recogido es cerámico, y con él se plantean una serie de
relaciones cronológicas con los complejos ya definidos para la
región. Pero lo más importante es que se sugiere una ocupación
continua del lugar, que dura por lo menos 400 años, tiempo en el
cual el "sistema alfarero", como lo denomina el
autor, siguió prácticamente igual con apenas leves cambios. Las
formas y decoraciones mantienen su unidad estilística, y solamente
aparecen cambios más notorios con la cerámica del siglo XVIII.
En términos de la historia, Llanos concluye que la cerámica de
su excavación se integra a la que caracteriza el proceso histórico
de la cultura de San Agustín, lo que lleva implícito el sello de
una larga tradición cultural. La muestra de fragmentos está muy
bien trabajada, ya a nivel de reconstrucción de formas y
decoración, en dos gráficas en las cuales se presenta el material
en su dimensión cronológica, y dividida en los dos grandes grupos
tipológicos que tradicionalmente se han empleado para la región: la
cerámica con baño o engobe, y la cerámica sin baño o engobe.
Como lo planteaba al comienzo de esta reseña, Llanos es
consciente de la necesidad de introducir en los estudios de San
Agustín una visión sistémica; una visión de conjunto; una visión
macro. Es la forma en que él puede entender los fenómenos sociales
que se dieron en una región con el paso del tiempo, y aquí hay que
aclarar que no se trata de establecer un evolucionismo en el
sentido estricto del término, sino más bien de formular una
situación procesual. Esto último, sin embargo, no lo plantea
explícitamente, aun cuando es precisamente lo que quiere lograr. Lo
que el autor llama reiteradamente "proceso
histórico" son los fenómenos sociales que dieron como
resultado una identidad arqueológica en el sitio.
Por supuesto, los fenómenos sociales ya no existen; ni tampoco
están labrados en la cerámica. Hay que inferirlos, y para ello
cuenta con: (1) un espacio funcional claramente delimitado (el
asentamiento de Begonia), (2) dos grandes grupos cerámicos (engobe
y no engobe con sus variantes de forma y decoración), (3) la
dimensión cronológica con tres momentos en el tiempo (siglos VI, X
y XVIII AD), (4) una cronología general para la región, desde el
3000 AC al 1700 AD), y (5) tiempo y recursos muy limitados.
El espacio funcional se caracteriza por una serie de
aterrazamientos en una loma de pendiente más bien suave. Hay
control de aguas y, por ende, control de lavado de tierras. La
caracterización del sitio, sin embargo, es labor de una excavación
mucho más prolongada. Un total de 112 terrazas de habitación, con
un promedio de 2 viviendas por terraza, suministra una muestra de
224 unidades habitacionales, más un número no determinado de
cementerios y basureros; ese es el universo real, el universo
arqueológico.
El universo excavado es apenas el 0.89% de las terrazas, y
probablemente algo más en cuanto a basureros y cementerios.
¿Válido el análisis? Sí. Es válido. Porque Llanos no pretende
que su muestra confirme ni caracterice un patrón de asentamiento.
Lo que él hace es generar por primera vez algunas hipótesis
primarias sobre la cultura de San Agustín. Por ejemplo, teniendo en
cuenta sus resultados y los de otros investigadores, plantea que
durante la ocupación sincrónica de diversos sitios en el área, se
dieron variantes regionales en la alfarería (p. 94), y que tal vez
podrían explicarse en ocasiones por matrimonios exogámicos
(hipótesis esta que se fundamenta en datos etnohistóricos).
A nivel regional y cronológico, sí plantea, sin embargo, un
probable patrón de asentamiento: (1) Para el Formativo (1000 AC
-300 AD) sugiere la presencia de pequeños grupos dispersos de
bohíos en las cimas de los cerros, vertientes no muy pronunciadas y
terrazas a la orilla de los ríos (pp. 108-109). (2) Para el Clásico
Regional (300 AD - 800 AD) el patrón no cambia, aun cuando aumenta
el tamaño de estos grupos de habitación y la monumentalidad de los
cementerios, indi- cando mayor jerarquización. (3) Para el Reciente
(800 AD - 1500 AD) sugiere una tendencia hacia la nucleación, aun
cuando persiste simultáneamente el patrón anterior.
Sin duda, me parece un intento interesante de presentar una
situación arqueológica con la complejidad que realmente tiene. Me
atrevo, eso sí, a insistir que el patrón de asentamiento debe
también poder verse internamente. Hay la necesidad de excavar una
muestra más significativa de los poblados que se presentan como el
de la finca Begonia, porque el funcionamiento de la sociedad tiene
que verse con base en las relaciones que existen entre los
contextos asociados que conforman el sistema. ¿Cómo se caracterizan
las viviendas en cada terraza? ¿Cómo están distribuidas las áreas
de actividad dentro de cada vivienda? ¿Qué relación existe entre
grupos de viviendas y los caminos que conducen, por ejemplo, al
acceso de agua? En fin, cantidad de elementos que únicamente se
pueden trabajar con temporadas de campo más extensas.
Finalmente, hay un interesante acercamiento etnohistórico al
término del trabajo que busca tal vez presentar algunas hipótesis
sobre afiliación étnica en San Agustín.
Me ha interesado concentrarme especialmente en el aspecto
regional y sistémico de este trabajo. Creo que es su principal
aporte, y no es tampoco mi intención profundizar en cuestiones
metodológicas acerca de la teoría de los patrones de asentamiento.
Este es un trabajo que, junto con otros que se desarrollan
actualmente en el país, demuestran que definitivamente la
arqueología de Colombia va por un rumbo muy saludable y con
perspectivas mucho más amplias (aun cuando siempre habrá quien se
dedique a buscarle curvas a una línea recta).
Las últimas entregas de los libros de la Fundación de
Investigaciones Arqueológicas Nacionales presentan infortunadamente
un problema de empaste. Las páginas se desprenden con facilidad.
Afortunadamente, este es un problema muy fácil de solucionar y que
ojalá se ponga a prueba a partir del próximo ejemplar.
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FELIPE CARDENAS ARROYO
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