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INDIGENAS DE LA AMAZONIA Y SU
PARTICIPACION EN EL DESARROLLO REGIONAL*
FRANÇOIS CORREA
|Instituto Colombiano de Antropología
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Fig 1: Grabado hecho por indígenas del grupo Tukano. Tomado de
: "Inicios del arte en la selva". T.
Koch-Grumberg.
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El término "indio" o
"indígena" tiende a ser utilizado para distinguir
a aquellos que comparten rasgos raciales supuestamente distintos de
los blancos; cuya alimentación es producto de una economía
diferente a aquella resultado de la agricultura y la ganadería,
cuyas prácticas sociales, matrimonio, filiación, patrones de
residencia y herencia son opuestos a la familia monogámica, la casa
nuclear y la propiedad privada, o comparten creencias, prácticas
médicas y rituales distintas de las de aquellos que profesan la
religión católica o protestante.
La distancia socio-cultural así expresada opone "lo
indio" a "lo blanco" pretendiendo
sustentar la consideración de dichas poblaciones como
"primitivas" o "salvajes",
detenidas en un escaño de la historia de la sociedad occidental
"desarrollada" y en progreso en el camino de la
civilización. Ha sido presupuesto histórico que justificó la
"guera justa", la imposición de la "vida
en policía", la "reducción a la vida
civilizada" y su actual "integración" a
la sociedad occidental. Fue el argumento que apoyó la
esclavización, la extinción física, la reducción, el
"descimiento", el "rescate", el
sometimiento forzoso.
En Amazonia la conquista de El Dorado, la extracción de especies
nativas, plumas, resinas, drogas do sertáo; maderas, la quina,
gomas como el pendare, el chicle, balata, caucho, fibras como el
chiqui-chiqui, petróleo, pieles de animales, pesca, coca y
nuevamente el oro, han sido productos de bonanzas cíclicas que,
como puntas de lanza, vinculan la historia de la Amazonia al país.
Extracción de recursos bajo formas de uso de un medio ambiente
desconocido por la metrópoli, reduciendo la mano de obra indígena
para la explotación de sus propios territorios, en los cuales
apenas ha invertido lo suficiente para sostener los procesos
extractivos y cautivar la mano de obra indígena.
Aún actualmente, la Amazonia colombiana es considerada como
espacio vacío, frontera geopolítica a conquistar. Aunque un modelo
agrícola y ganadero ya había intervenido, la atención del Estado
colombiano sólo se hace patente hasta este siglo, una vez la
situación social del país obliga al campesino andino a migrar hacia
el piedemonté amazónico, la Sierra de la Macarena, la frontera
selvática del río Guaviare y las riberas del Amazonas. Si bien es
cierto que el Estado intervino, en cuanto, fue demostrada la
rentabilidad de los procesos extractivos, su interés fue siempre
posterior a los procesos "espontáneos" regidos
frecuentemente por el mercado mundial. La labor integradora y la
administración pública y privada fue delegada en la Iglesia.
La organización de las sociedades indígenas descansa sobre
presupuestos culturales cuya dinámica ha permitido mantener rasgos
básicos de identidad étnica y resistir el impacto de la sociedad
occidental. Tal es el caso de su economía basada en un sistema de
autosubsistencia, en que la tierra y el agua, originalmente
territorializadas de acuerdo con su posesión, son objeto y medio de
trabajo transformados en productivos por la inversión de energía
humana según división por edad y sexo, ordenada por tareas
individuales, complementarias y cooperativas; los instrumentos de
producción son particulares pero están al relativo alcance de
cualquiera de sus miembros, así como los conocimientos técnicos
para reproducirlos y recrear los procesos y ciclos de producción
para satisfacer las necesidades básicas de la sociedad. Al sistema
económico tradicional le es inherente un impresionante conocimiento
sobre el delicado medio ambiente y su manejo, que garantiza no sólo
la producción, distribución, consumo y reproducción de la sociedad,
sino el poder mantener la capacidad de uso potencial de los
recursos de la selva amazónica de manera sostenida.
Pero la sociedad occidental no sólo sometió la mano de obra
indígena para la explotación de sus propios territorios. Introdujo
nuevos procesos y prácticas económicas, instrumentos metálicos y
armas de fuego que implicaron la reducción de poblaciones y
disponibilidad de áreas de recursos. Corolario es entonces, la
transfiguración de la economía indígena que articula un sistema de
autoconsumo tradicional, del cual deriva la subsistencia básica,
con la producción o participación directa en el sistema capitalista
para la fundamental consecución de instrumentos de producción que
le permiten sostener al primero. Sin embargo, este sistema actual
está sometido a degradación paulatina, en la medida que la
intervención exógena no dispone de los elementos indispensables
para mantener el control sobre el uso del medio, los instrumentos y
procesos de producción, y condiciona al indígena a oneroso
intercambio debido a las características de articulación en que el
peso de los elementos foráneos pretenden reemplazar, cada vez más y
a ultranza, aquellos que se hallan bajo dominio de la población
nativa.
En gran medida, ha sido el fracaso de procesos de intervención
exógena y algunos estudios sobre las formas nativas de utilización
del medio, los que han hecho volver la mirada sobre la población
indígena. En la perspectiva de una verdadera ocupación geopolítica
y respondiendo a exigencias internacionales de la utilización
ecológica e integrada del medio ambiente, las sociedades indígenas
aparecen como objetivo de la ciencia y aplicación de planes y
programas de ocupación de la selva amazónica. Pero la lucha por las
reivindicaciones sociales de los pueblos indígenas no sólo demanda
el derecho a resguardar sus tierras y el conocimiento que de éstas
poseen, sino que estudiosos de las ciencias sociales y naturales
han señalado que dicho acervo tradicional contiene efectivos
modelos alternativos para el manejo de la Amazonia, apoyando el
reconocimiento, cada vez mayor, al respeto cultural y el derecho a
la autodeterminación de los pueblos.
El manejo de la Amazonia no es, pues, meramente estudio sobre la
apropiación de recursos, es consideración sobre recursos ya
apropiados.
La información sobre la diversidad de los diferentes ambientes
amazónicos colombianos (Guhl, 1968; Domínguez, 1980), viene siendo
recientemente precisada de acuerdo con la base de datos dispuesta
por el IGAC (PRORADAM, 1979), y aunque un mapa de sus paisajes no
ha sido del todo presentado, se poseen referencias importantes de
la articulación de la sociedad y el medio amazónico (Mejía, 1986;
CIAT, 1980; IGAC, 1985; COLCIENCIAS et al. 1986). En el último
documento citado se apeló a una diferenciación funcional, acorde
con procesos tecno-económicos, que considera una Amazonia en donde
predomina la intervención exógena, una Amazonia en donde predomina
la intervención endógena y una Amazonia no intervenida. Esta gruesa
tipificación podría ser equiparada a una diferenciación
socio-cultural que considerara la presencia de población no nativa
y población nativa. Sin embargo, la investigación ha propuesto
resultados más precisos.
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Fig. 2: Grabado hecho por indígenas del grupo Tukano. Tomado
de: "Inicios del arte en la selva". T. Koch -
Grunberg
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La intervención exógena permite observar la presencia de modelos
de economía extractiva esporádica e intensa (plumas, resinas,
maderas, pesca, fibras, pieles, etc.), de economía extractiva
especializada y relativamente prolongada (oro, gomas, coca, etc.)
de colonización agropecuaria (apertura de la frontera agropecuaria,
campesino de empleo estacional, campesino-colono), gran propiedad
territorial (presente o ausente), intermediarios y comerciantes
(frecuentemente al mismo tiempo transportadores), limitada
industria para el autoabastecimiento (gaseosas, etc.), o un modelo
de economía de enclave (petróleo), además de proyectos Estatales
que, las más de las veces, subsidian los anteriores. Ello es el
resultado histórico que, de acuerdo con la disponibilidad de
recursos y caracterización socio-económica, propone un panorama no
homogéneo de la intervención exógena en la Amazonia colombiana. El
resultado es que "lo blanco" no posee
homogeneidad socio-cultural.
La progresiva diferenciación de la intervención exógena entraña
la consolidación de núcleos intermedios de expansión desde los
cuales se reproduce aquella diferenciación mayor entre
rural-urbano. Ejemplo a destacar en la Amazonia colombiana lo
constituye la ciudad de Florencia, cuyas características actuales
no la hacen depender de los procesos dominantes de intervención por
colonización, cristalizando la clase social del proletariado.
También es pertinente distinguir socio-culturalmente de la
población nativa aquella que podemos considerar
"mestiza", en cuanto se diferencia de la primera
apelando insistentemente a su proximidad con la población
denominada "blanca".
Ahora bien, tampoco es dable suponer una homogeneidad socio-
cultural de la población indígena. La observación sobre la
correspondencia entre familias lingüísticas y complejos
socio-culturales, basados en rasgos de organización social de
grupos étnicos individuales o próximos lingüística y
socio-geográficamente, permitió proponer un panorama de la Amazonia
que señala caracterizaciones subregionales (Correa, 1984). En la
misma perspectiva, otras diferenciaciones pueden ser acometidas:
tal es el caso de la disponibilidad y uso de recursos que permite
distinguir entre grupos indígenas de horticultura itinerante,
pesca, caza y recolección de las bandas de cazadores y recolectores
especializados Maku. También entre los primeros se puede distinguir
entre aquellos que aún compartiendo un mismo sistema económico
poseen una mayor disponibilidad de recursos por residir en
afluentes mayores de aguas "blancas" (siona,
huitoto, tikunas, etc.), de aquellos cuyos recursos dependen de
tierras bañadas por afluentes de aguas "negras"
(curripacos, puinaves, yukunas, letuamas, etc.). Es dable,
igualmente especificar aquellos que se hallan asentados sobre las
llanuras de los ríos andinos, llanuras de los ríos amazónicos, en
planas terrazas antiguas, etc.; entre los cuales no sólo la
disponibilidad de recursos es indicativo de diferencias sociales en
el uso del medio ambiente sino que ello frecuentemente corresponde
con técnicas de uso del medio, instrumentos de producción e
inclusive procesos de preparación de iguales o similares
alimentos.
Dicha diversidad socio-cultural es también evidente, una vez se
comparan sus distintos sistemas de organización socio-política o
sus conceptualizaciones religiosas. Autoridades políticas como el
"capi tán" de la comunidad y el chamán local
(piache, paye, kumu, kuraka) son casi genéricos a los grupos
amazónicos; pero la autoridad y la decisión pueden tener seno en
una especializada distribución de funciones específicas que
incluyen la presencia de cabezas de segmentos, de capitanes
cantores/ bailadores, chamanes, guerreros, o
"sirvientes" (como en la región del Pira-Paraná).
Otras veces puede constatarse la presencia de "consejos de
ancianos" como entre los Cubeo, y, claro está, las
recientes asociaciones de organizaciones zonales, Consejos
Regionales y Cabildos.
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CUADRO 1
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SUBREGIONES SOCIO-GEOGRAFICAS EN LA AMAZONIA
COLOMBIANA CUADRO 1
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Subregión
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Grupos predominantes
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Otros grupos
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SR. 1: Alto Orinoco - Negro
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Curripacos 1
Puinaves
Piaroa 1
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Baniwa 1 Bare 1 Guarekena 1 Geral
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SR. 2: Medio y Bajo Vaupés - Apaporis
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Tukanos Orientales 2 Tukano Medio (cubeo) 2 Makú
Kabiyari 1
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Curripacos 1 Baniwa 1 Tariana 1
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SR. 3: Medio Caquetá - Putumayo
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Murai - Muinane 3 Andoke
Bora 3
Miraña 3
Ocaina 3
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SR. 4: Alto Caquetá - Putumayo
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Tukanos Occidentales 2
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Cansá
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SR. 5: Trapecio Amazónico
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Ticuna
Yagua
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Muinane 3 Cocama
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SR. 6: Alto Caquetá - Vaupés
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Carijona 4
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Nonuya 3
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Consideramos que como unidades independientes deben ser
tratados algunos grupos que se hallan sobre zonas fronterizas, en
casos conforman unidades socio-culturales independientes y/ o
comparten características con otros grupos regionales:
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a) Frontera entre Selva Baja (SR. 1) y Llanos Orientales
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Piapocos 1
Guayaberos 5
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Guahibo 5 Tinigua
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b) Frontera Vaupés - Apaporis (SR. 2) y Medio Caquetá -
Putumayo (Sr. 3)
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Tanimuka 2
Letuama 2
Yukuna - Matapi 1
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Yuri
Kabiyari 1
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c) Frontera entre Alto Caquetá - Putumayo (SR. 4) y
Ecuador
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Inga 6
Kofan
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NOTAS:
1 Familia lingüística Arawak;
2 Familia lingüística Tukano;
3 Familia lingüística Huitoto;
4 Familia lingüística Carib;
5 Familia lingüística Guahíbo;
4 Familia lingüística Quechua.
Las demás unidades son consideradas independientes. Con
"otros grupos" hacemos referencia a la presencia
de asentamientos indígenas anteriores o recientemente desplazados
de otras zonas, y cuyo volumen demográfico es relativamente
bajo.
Tomado de: Correa, 1984
Las diferencias socio-culturales pueden ser analizadas en la
información etnográfica reportada por investigadores de los grupos
indígenas de la Amazonia colombiana. Poco, en cambio, se ha
dedicado al estudio de los procesos de cambio cultural que
introducirían nuevas variables para el diseño de planes y programas
de atención a la población nativa. En cualquier forma es frecuente
que, en cuanto se lo considera, primen los criterios de
tipificación exógena sobre la propia perspectiva de un grupo o de
una comunidad indígena. Se habla entonces de indígenas más o menos
integrados a la sociedad nacional, haciendo depender dicha
tipificación de rudas comparaciones entre aquello que se considera
"más tradicional" o "menos
tradicional"; o bien de la menor o mayor presencia de
elementos de la sociedad occidental. Dicha apreciación no deja de
tener un sabor etnocéntrico que no consulta la dinámica social en
la cual se hallan las sociedades indígenas. Así se construyen
cuadros ideales de lo que se considera fue "lo
tradicional" o bien, por exclusión señalando un conjunto
de indígenas más o menos aculturados en relación con otras unidades
sociales del área, sin tener en cuenta los procesos históricos que
dan como resultado la situación actual. Pero ¿cómo enfrentar los
cubeo a los maku, los maku a los guayabero o los taiwano y los
inga? Tal dificultad es más evidente una vez observamos, en un
ámbito más amplio, alguna sociedad amazónica frente a una andina
como en el caso de los taiwano del Pira-Paraná y los kogi de la
Sierra Nevada de Santa Marta o los siona del Putumayo y los
arsarios del piedemonte de esta Sierra. ¿Qué es "más
tradicional" y qué es "menos
tradicional"? Más explícitamente, ¿quién es más indio?
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Integración-desintegración: dualidad en la articulación
indígena a la sociedad nacional
Desde temprana época de la conquista del oriente, la
intervención en la Amazonia colombiana había demostrado interés de
posesión y dominio sobre territorios amazónicos, afianzando una
frontera geopolítica vía la localización de cierta infraestructura
y la estabilización de una economía extractiva. De hecho, los
poblados y aldeas que perduraron se hallan en lugares
estratégicamente limítrofes a excepción de los centros de
abastecimiento y comunicación con el territorio andino. Luego de
las disputas de las dos metrópolis, española y portuguesa, por el
control del área hasta el siglo XVIII, la Amazonia se convierte en
tierra ignota sólo alcanzada por aventureros, naturalistas y osados
buscadores de promisorios productos con los cuales pretendían
competir en el mercado. Fueron precisamente estos productos
(zarzaparrilla, quina, gomas, etc.), los que mantuvieron la
distante idea de su existencia, exótica y llena de peligros. Será
solo con el "boom" del caucho, en el presente
siglo, que el Estado colombiano reaviva su interés económico y
fronterizo.
A pesar de que muchos de los proyectos extractivos solicitaron
ante el Estado el reconocimiento de concesiones de tierras, el
derecho inmanente permanecía en la nación. Y ello fue así puesto
que no había interés inmediato en la propiedad territorial
propiamente dicha, sino en la garantía para poder extraer de ella
sus recursos. La mano de obra básica estaba allí, era parte del
medio a apropiarse.
Será a mediados de siglo que el desplazamiento de masas de
campesinos andinos en búsqueda de tierras da origen a un verdadero
interés interno por la regulación de la propiedad territorial
amazónica. Actualmente, la propiedad reconocida por el Estado a
colonos se concentra en sus ejes de dispersión, próximos a los
centros de comunicación con el área andina; por demás coincide con
las tierras consideradas agropecuariamente mejores. Allí los grupos
indígenas se vieron reducidos a estrechas zonas de refugio,
eventualmente reconocidas por el Estado. En cambio, la mayor
extensión territorial legalmente ocupada por indígenas se halla
hacia los extremos fronterizos (Comisarías del Amazonas, Vaupés y
Guainía), que descansan sobre suelos más pobres (Correa, 1987).
Aunque dueño de los medios de producción para sufragar su
subsistencia, la dependencia económica de básicos instrumentos de
producción y otras mercancías, obliga al indígena a la venta de su
fuerza de trabajo, como peón o jornalero (coca, madera, pesca,
ganado, etc.), como trabajador indirecto (motorista, carguero,
guía, constructor de infraestructura, etc.) y/ o vinculado al
aparato administrativo local. También la fuerza de trabajo indígena
se articula al capital por la venta de productos nativos que, como
excedentes de su sistema tradicional, alcanzan el mercado
"blanco" (plátano, maíz, pesca, caza, caña de
azúcar, fariña, etc.), o bien, por los productos introducidos en
las prácticas económicas aborígenes (arroz, fríjol, café, especies
menores, etc.) o a través de actividades relativamente
especializadas de la mano de obra indígena (peces de colores, fibra
de chiqui-chiqui, coca, oro, artesanías, etc.). Estos productos
suplen un limitado mercado regional y sólo algunos el nacional.
La participación del indígena en la economía regional es
marginal y dependiente, tomando diferentes formas condicionadas por
la disponibilidad de recursos, la intervención local de formas de
producción exógenas y por la consolidación de relaciones
inter-étnicas.
Estrategia de ocupación amazónica fue la concentración de sus
habitantes nativos en centros poblados. La tendencia a la
nucleación demográfica históricamente sobrepasa las ordenanzas de
Felipe II. Luego de la extensión de encomiendas en el piedemonte,
de las "reducciones de indios",
"descimientos" y construcción de casa-fuertes en
la frontera española y luso-brasilera, la aldea misionera continuó
siendo el eje principal de control y reducción a la vida
civilizada. A la concentración de mano de obra cautiva, debe
agregarse el interés administrativo y político de la delimitación
urbana. Como se sabe, una vez construidas la iglesia, la casa del
cura, las casas de indios y ocasionalmente los edificios
administrativos, se adjudicaban las tareas de sostenimiento de los
pobladores, nombrando un "capitán" como supuesto
representante de la comunidad. Al sometimiento de la población
nativa por la espada y la cruz, la reemplaza actualmente el
reconocimiento de "autoridades" indígenas
congregadas en torno a capitanías, juntas de acción comunal,
congregaciones de catequistas, asociaciones de jóvenes, etc. Se
transfiere a estos la responsabilidad de la ejecución de planes y
programas moldeados fuera de la comunidad y sin su concurso, las
más de las veces genéricos para el país sin consulta de las
particularidades regionales, pretendiendo reproducir el tipo de
organización piramidal, estratificada y atomizadora, de centro y
periferia, ajena a las formas de toma de decisión indígenas.
A la marginalidad y dependencia económica se suma la
marginalidad y control político. Ello es más evidente si
consideramos el espacio administrativo que ocupan los organismos
encargados de la atención indígena y la participación de sus
comunidades en la toma de decisiones que le atañen, en estos y
otros organismos que diseñan la estrategia, la asignación de la
inversión y el procedimiento de ejecución de la política regional y
nacional.
Estos dos factores han sido característicos del contacto y
articulación de la población indígena a la sociedad nacional,
convirtiéndose en fundamento para su enajenación cultural. A más
del etnocidio perpetrado en el contacto y articulación de las
sociedades indígenas fueron, sobre todo, las misiones las que
"comprendieron" la importancia de desvertebrar
las prácticas culturales indígenas, sea directamente o a través de
la implementación de un proyecto "civilizatorio",
educativo y catequístico. Ello es apoyado por la consideración de
sus lenguas como "dialectos", el señalamiento
peyorativo de "irracionales", su alimentación no
propia de humanos, sus prácticas religiosas como superchería, la
segregación socio-cultural y la consideración de su cultura como
producto de la ignorancia.
Para integrar a su civilización, occidente debe pasar por
desintegrar sociedades y culturas distintas y así redefinir la
ubicación de estas a su interior. El espejo de desarrollo es
transmitido al otro vía la enajenación económica, el control
político y la alienación cultural. La supuesta integración de
poblaciones socio-culturalmente diferentes, y por ello segregadas y
reducidas a marginalidad, es el espejismo de una sociedad que
desintegra otras en búsqueda de su modelo de progreso social.
Dicho proceso de redefinición social no es ni ha sido
históricamente homogéneo. Ello no sólo depende, como inmediatamente
se podría creer, de la coherencia alcanzada por la intervención
exógena. Depende también de la capacidad de respuesta de las
sociedades indígenas, de su propia dinámica. De manera que no se
pueden considerar grados de aculturación como evidencia de
articulación; deben también considerarse espacios de autonomía.
Dicha autonomía es referida aquí, no sólo al control sobre recursos
culturales propios, sino a la capacidad de control sobre recursos
que, siendo exógenos, pueden ser apropiados, dispuestos bajo
control de la sociedad y, aún de la capacidad de respuesta y
reorganización ante recursos enajenados e impuestos. Su producto es
lo que reconocemos como proceso de articulación.
Así pues, de acuerdo al control de recursos culturales puede
hablarse de:
a) Sociedades autónomas, en las cuales la reproducción socio-
cultural se apoya en recursos culturales que se hallan totalmente
bajo su control;
b) Sociedades relativamente autónomas, en las cuales su
reproducción socio-cultural fundamental se apoyan en recursos
culturales que se hallan parcialmente bajo su control;
c) Sociedades relativamente enajenadas, en las cuales su
reproducción socio-cultural fundamental se apoya en recursos
culturales que no se hallan totalmente bajo su control;
d) Sociedades enajenadas, en las cuales su reproducción socio-
cultural se apoya en recursos culturales que no se hallan bajo su
control en absoluto.
Insistimos en que dicho análisis debe ser resultado, no
meramente de la perspectiva externa, sino sobre todo y, justamente,
de la dinámica y capacidad de respuesta indígena. Será evidente que
la mayor dificultad se halla en los casos intermedios pero, para
ambos, parto de la consideración de que existen recursos
socio-culturales del sustrato étnico que pueden ser activados en la
perspectiva de su control político.
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Fig. 3: Grabado hecho por indígenas del grupo Tukano. Tomado
de: "Inicios del arte en la selva". T. Koch -
Grunberg
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Hacia el control de la reproducción
socio-cultural
La caracterización coyuntural de las poblaciones nativas de la
Amazonia colombiana y de su problemática actual es coincidente con
la situación de otros pueblos nativos de latinoamérica y del mundo.
Para encararlo, la UNESCO auspició, en 1981, la reunión
internacional de la Facultad Latinoamericana de Ciencias Sociales,
FLACSO, sobre el tema "Etnodesarrollo y Etnocidio en
América Latina". Diferentes trabajadores sociales de
América Latina y el Caribe se reunieron y concretaron resultados y
perspectivas de su trabajo formulando recomendaciones y
resoluciones.
Fuente primaria fue el análisis del profesor Bonfil Batalla, en
cuyo documento propuso la comprensión de Etnodesarrollo como
proceso de ampliación y consolidación de los ámbitos de la cultura
propia, mediante el fortalecimiento de la capacidad autónoma de una
unidad social culturalmente diferenciada, para guiar su propio
desarrollo y el ejercicio de la autodeterminación para construir su
futuro.
El proyecto de etnodesarrollo busca aprovechar las enseñanzas de
la experiencia histórica y los recursos potenciales de su cultura,
según los valores y aspiraciones propios, e incrementar el
ejercicio de la capacidad social de decisión (libre capacidad para
optar alternativas), sobre recursos culturales (materiales,
organizativos, intelectuales, simbólicos, emotivos, etc.), que
deben ponerse en juego para identificar las necesidades, los
problemas y las aspiraciones que la sociedad busca satisfacer,
resolver y cumplir bajo un proceso autogestionario que fortalezca
sus formas organizativas. El control cultural se lograríapor el
fortalecimiento de la capacidad social de decisión sobre sus
recursos propios, el aumento de dicha capacidad para disponer
recursos ajenos que, apropiados coadyuven a su propio desarrollo,
la recuperación de componentes culturales enajenados, y la
reducción de aquellos que han sido impuestos, fortaleciendo las
formas organizativas que permiten el control cultural.
Este proyecto contempla la noción de control cultural que remite
a relaciones de poder entre fuerzas sociales y no a la mera
confrontación cultural; dicha dimensión política es referida a
relaciones dinámicas que admiten contenidos diversos, no
predeterminados, que sólo es posib]e sustanciar en cada situación
concreta (Batalla, 1981).
Un cuadro citado por el autor nos permitirá esclarecer
elementos:
CUADRO 2
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DECISIONES/RECURSOS
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PROPIAS
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AJENAS
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PROPIOS
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Componentes culturales autónomos
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Componentes culturales enajenados
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AJENOS
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Componentes culturales apropiados
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Componentes culturales impuestos
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Tomado de Batalla, 1981.
La ampliación sobre los elementos aquí sintetizados pueden
consultarse en el documento de FLACSO, 1982, parcialmente
transcrito por el MEN, 1986. El Profesor Batalla documenta
prerrequisitos que considera indispensables para lograr el
etnodesarrollo: reconocimiento de los grupos étnicos como unidades
políticas, jurídico-políticamente autogestionadas bajo propias
formas organizativas, restitución de territorios étnicos y
autonomía lingüística.
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Fig. 4: Grabado hecho por indígenas de la localidad Umaña.
Tomado de: "Inicios del arte en la selva". T.
Koch- Grunberg
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Para el ejercicio del control cultural: estado y
sociedades indígenas
Hemos señalado que los actuales grupos indígenas de la Amazonia
colombiana han resguardado recursos culturales que les han
permitido pervivir como entidades socio-culturales y responder ante
el impacto histórico de la sociedad nacional. Pero, por otra parte,
esto fundamenta la articulación de sociedades socio-culturalmente
distintas vía la enajenación económica, el control político y la
alienación cultural. Se trata de proyectos socio-culturales
distintos y alternos, expresión de sistemas sociales con modelos de
desarrollo diferentes, articulados a partir de distintos
procedimientos y estrategias.
Ahora bien, la lucha histórica de los pueblos nativos por el
respeto cultural y la autodeterminación, ha logrado crear un
espacio que da cabida a proyectos socio-culturales diferentes.
Dicho reconocimiento se halla consignado en los resultados de
tratados, convenciones, pactos, declaraciones y resoluciones
suscritas internacionalmente sobre los Derechos Indios y Derechos
Humanos; como la Declaración Universal de Derechos Humanos, el
Pacto Internacional sobre Derechos Económicos, Sociales y
Culturales, la Declaración Americana y la Convención Americana de
los Derechos Humanos de la OEA, la Convención 107 de la OIT sobre
Derechos de las Poblaciones Indígenas, Tribales y Semitribales, la
Convención para la Prevención y el Castigo del Crimen de
Genocidio.
Ello conforma un marco general que ha tenido expresión
específica en el ámbito nacional en el que las luchas indígenas por
reivindicar el derecho al respeto cultural, la autodeterminación y
su real participa ción en las decisiones que afectan su vida
cotidiana, el derecho al reconocimiento de sus tierras ancestrales,
a propios sistemas educativos y de salud, a desarrollar su propia
economía y respeto por sus creencias religiosas, al reconocimiento,
en fin, de sus propias formas organizativas, ha logrado cierta
"apertura" formal del Estado colombiano que se ha
reglamentado en normas jurídicas (Ley 89 de 1980; Decreto 1142 de
1978; Resolución 1.0013 de 1982...) que consagran progresivamente
el reconocimiento de un país multiétnico y pluricultural. Algunas
entidades del Estado se esfuerzan por ajustar su ejercicio a dichos
presupuestos; tal es el caso de programas como CAPAI del SENA,
ETNOEDUCACION del MEN, PARTICIPACION DE LA COMUNIDAD de MINSALUD o
ATENCION ESPECIAL A LA FAMILIA INDIGENA del ICBF. Sin embargo, aún
se trata de una política sectorial, no necesariamente coincidente
en sus estrategias y procedimientos.
Es nuestro parecer que los prerrequisitos indispensables para
lograr la consolidación del proyecto autogestionario,
reconocimiento político de entidades étnicas, reconocimiento de sus
tierras, de su lengua, etc., son parte integrante del proyecto de
Etnodesarrollo. Los procedimientos de consolidación progresiva
deben crear acciones que, no sólo reafirmen la capacidad social de
decisión étnica, sino que permitan crear las bases para alcanzar la
perspectiva estratégica.
Por otra parte, el desarrollo de la autonomía étnica no puede
ser entendido como presupuesto individual. Una etnia se halla
articulada dentro de un contexto local y regional. Si bien se parte
de actores identificados por elementos socio-culturales, problemas,
aspiraciones y estrategias, el proyecto debe ser extensivo e
involucrar acciones que redunden en el desarrollo de un modelo
propio que afecta inmediatamente a sus actores, pero que debe ser
compartido con situaciones sociales próximas y afectar sectores
exógenos que se hallan involucrados. El proyecto de etnodesarrollo,
al contar con recursos culturales propios y apropiados, recuperar
aquellos enajenados y reducir los impuestos, debe trazarse acciones
al interior y al exterior del ámbito de sus actores.
Esto nos permite introducir otro elemento que consideramos de
vital importancia. La confrontación de los modelos de desarrollo
alternativos se articula en lugares críticos, de donde resulta la
caracterización de enajenación económica, control político y
alienación cultural. Tácticamente es en dichos puntos críticos
donde se iniciaría la dinámica de consolidación del proyecto. Ello
no demanda un conocimiento especial; forma parte de los programas
actuales de distintas organizaciones indígenas. Sin embargo, una
vez identificados, lo que si demanda procedimientos específicos es
su resolución, la cual demanda acciones al interior y al exterior
del ámbito de sus actores. El proyecto de etnodesarrollo señala
elementos claves para la implementación de su procedimiento, pero
no establece ese procedimiento; es un proyecto que propone una
estrategia política. Ello no es una carencia; Bonfil Batalla señala
cómo este se asienta sobre relaciones dinámicas cuyo contenido
puede ser diverso, dependiendo de la situación concreta.
Pueden considerarse como parte de las acciones al exterior: la
ampliación del reconocimiento por el Estado de los proyectos socio-
culturales y el ajuste de sus programas de atención a las
poblaciones indígenas consecuentes con un proyecto de
etnodesarrollo. Y ha sido este campo el que, en gran medida, viene
siendo sensibilizado por la situación y lucha indígena. Las
agencias del Estado han ido disponiendo, ocasionalmente, procesos
de participación indígena en la toma de decisiones sobre la
prestación de servicios a sus comunidades. El panorama está lejos
de alcanzar una verdadera representación, no sólo por aquellos
presupuestos de articulación de sociedades diferentes sino porque,
frecuentemente, la participación se limita a convertir a los
actores en meros receptores de la acción, en operarios o
ejecutores, informantes de supuestos conocimientos que resultarían
útiles para el ajuste de la extensión de programas internos.
También ocurre que una vez formulado el programa se convierte al
indígena en administrador de la acción del Estado.
La participación de la sociedad debe involucrar su
representación como planeador y como realizador y debe permitirle
el control del desarrollo del proyecto cuyos resultados cristalizan
en la sociedad misma. ¿Cuál es el papel del agente exterior? El
respeto cultural implica el reconocimiento del otro, de sus
capacidades y potencialidades, de su proyecto socio-cultural como
alternativa de desarrollo. Pero, justamente, se carece del espacio
que permite su comprensión y se tiende a tratar al otro como
ignorante, falto de conocimiento y por ello objeto de conocimiento,
de la acción y el objetivo: por ello cuando no se asume una actitud
impositiva se tiende a ser paternalista. El conocimiento y
experiencia histórica étnica debe enfrentarse, en relación de
equidad, frente al conocimiento y experiencia de la sociedad
occidental, pero debe fundamentarse en recursos propios y aquellos
que, apropiados o recuperados, coadyuvan a la consolidación de la
capacidad de control cultural.
En el caso de la participación de agentes exteriores en
proyectos de etnodesarrollo, con miras a disponer en los actores la
decisión de dirección, planificación, ejecución, seguimiento y
control, el agente externo debe reconocer al otro, establecer un
análisis tentativo de las características de los problemas a
resolver y de las tendencias posibles (la situación de
consolidación étnica, la situación de desintegración social, las
expectativas de solución de la sociedad, las formas de imposición
externas, los procedimientos posibles para resolución). Una vez
discutidos y acordados los procedimientos de resolución, internos y
externos, a mediano y a largo plazo, la distribución de tareas
señala la participación real del agente externo. Esta aproximación
no puede ser llevada a cabo por la acción individual del agente
externo; es tarea conjunta puesto que el agente no puede conocer en
sí mismo todo el procedimiento. La sociedad garantiza el control
del desarrollo del proyecto, por el control actual de propios y
apropiados recursos culturales, en los que las formas organizativas
para la toma de decisión son componente vital del punto de
partida.
Un proyecto de desarrollo de la Amazonia pretende involucrar:
factores de adecuación técnica, operacionalización factible y
racionalización del uso de recursos. Estos, obteniendo resultados
autogestionados, autosostenidos y autónomos deben tener en cuenta
las delicadas características del medio ambiente, los limitados
recursos sociales y la dificultad de acceso para implementar un
proyecto que se compadezca de la pretensión del desarrollo
equilibrado sociedad/ naturaleza. Nuestro argumento es que dicha
perspectiva ya posee actores, procedimientos y estrategias entre
los grupos indígenas, quienes proponen modelos alternativos, aún no
suficientemente conocidos por la sociedad nacional. Avalarlo
significa conocerlo, respaldarlo e implementarlo en la perspectiva
estratégica de convertirlo en modelo alternativo de desarrollo
amazónico; no sólo en cuanto estrategia de etnodesarrollo sino como
fuente de formas de manejo ambiental para aquellos ya asentados en
el área como resultado del proceso colonizador.
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BIBLIOGRAFIA
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TRIANA, A. 1980 Legislación Indígena Nacional. Leyes, Decretos,
Resoluciones, Jurispru- dencia y Doctrina. Bogotá.
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Este documento fue suscrito al Seminario
"Investigación y Desarrollo del Putumayo"
auspiciado por el SENA, la Corporación Autónoma del Putumayo y la
Ofi- cina de Planeación Intendencial (Mocoa, abril, 1988).
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