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HACIENDA Y CAMPESINOS EN EL SINU:
FORMAS DE VIDA Y FORMAS DE TRABAJO EN "MARTA
MAGDALENA" (1912-1954)
GLORIA ISABEL OCAMPO
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Aspecto de la fiesta de San Simón en San Andrés de
Sotavento
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Introducción
Estudios históricos de la sociedad colonial colombiana han
aportado valiosa información sobre sistemas de organización del
trabajo y sobre la formación de categorías sociales (Jaramillo
Uribe, 1963; Colmenares, 1968; Melo, 1977; Tovar Pinzón, 1985). En
el caso de la Costa Atlántica, Blanco (1987) aporta información
sobre estos aspectos en áreas precisas (Tierradentro) y Fals Borda
propone un modelo interpretativo de la evolución de la sociedad
costeña en el cual juegan papel importante las relaciones surgidas
de las formas de trabajo. De particular interés son también las
elaboraciones de algunos autores sobre los sistemas de trabajo
asociados al cultivo del café en los siglos XIX y XX (Arango, 1977;
Palacios, 1979; Anrup, s. f.).
Aunque los sistemas de trabajo a los que hacen referencia estos
autores tuvieron aplicación en extensas áreas, ellos presentan
particularidades -regionales o locales- derivadas de las
condiciones socio culturales en las que se inscribían y del tipo de
explotación de la que relevaban. En esta perspectiva y para
períodos recientes, los estudios etnográficos constituyen un
interesante aporte en la aprehensión de esas diferencias, de sus
cambios y adaptaciones, aspectos relievantes en el estudio de la
constitución y transformación de la sociedad rural.
En este artículo nos proponemos examinar las formas de trabajo
en una hacienda ganadera del Valle del Sinú, en el contexto de las
relaciones sociales y de las formas de vida imperantes en la
región. El período considerado se extiende de 1912, fecha de
adquisición de la hacienda, hasta 1954 cuando se produjo su
desmembración territorial. "Marta Magdalena",
sobre la cuenca media del Sinú, al sur de Montería, fue creada en
1883 por una compañía francesa que desarrolló una intensa
extracción de maderas e intentó establecer producciones de cacao y
ganado. En 1912, la tierra -adquirida mediante compra y titulación
de baldíos- fue vendida a un grupo de comerciantes antioqueños -la
"Sociedad Agrícola del Sinú S. A."- cuyo proyecto
era el montaje de una explotación exclusivamente ganadera (ceba y
levante) con producción orientada hacia el mercado antioqueño cuyo
epicentro era Medellín.
La presencia de los antioqueños aquí forma parte del movimiento
colonizador que éstos iniciaran desde la segunda mitad del siglo
pasado hacia el Bajo Cauca y los valles del San Jorge y del Sinú.
Los propietarios de "Marta Magdalena" fueron
importantes comerciantes de Medellín, que à través de sus
administradores organizaron la hacienda siguiendo un patrón
empresarial moderno. Sin embargo, su gestión se vio afectada por
las condiciones naturales, sociales y culturales de la región. Uno
de los más importantes aspectos en que se ejerció esa influencia
fue el de los sistemas de trabajo.
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Láminas 1, 2 y 3. Casa de la hacienda,
"Mayoría", campamentos y bodegas de
"Marta Magdalena".
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La selección de la hacienda como unidad de análisis tiene
interés tanto por el papel jugado por esta institución en la
historia agraria colombiana, como porque ella funciona no sólo como
unidad de producción sino como una microsociedad, lo que le permite
actuar como marco favorable para el estudio de relaciones sociales
en un contexto pequeño. Adicionalmente, existe en la Fundación
Antioqueña para los Estudios Sociales -FAES-, un rico fondo
documental sobre "Marta Magdalena" circunstancia
excepcional en el caso de las haciendas sinuanas. El presente
artículo reúne pues la información etnográfica y la obtenida en la
consulta de dichos documentos.
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El "personal": proceso de
formación
En "Marta Magdalena" el conjunto de
trabajadores era denominado y se denominaba a sí mismo como
"el personal", categoría conformada por sinuanos
y definida por oposición a la de "los blancos"
constituida por los propietarios y los empleados de la
administración, que eran antioqueños. Ambas capas fueron
adquiriendo complejidad cuando, al especializarse el trabajo,
aparecieron categorías intermedias. Al examinar las formas de
vinculación del "personal" a la hacienda
encontramos dos hechos destacados: en primer lugar, la existencia
de adelantos de dinero como forma generalizada de captación de mano
de obra y en segundo lugar, la presión ejercida por ésta para
mantener dicha condición. A primera vista estos hechos pueden
sorprender si se tiene en cuenta que el adelanto de dinero suponía
la contracción de una deuda, que como lo han afirmado algunos
autores, colocaba al trabajador a merced del patrón, sometiéndolo a
sus abusos y a la sobreexplotación (Fals Borda, 1986: 124 B). Pero
veamos, en el caso que no ocupa, el papel jugado por los adelantos
de dinero y la situación en la que ellos se producían.
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Lámina 4. Miembro del personal de "Marta
Magdalena".
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En "Marta Magdalena" el
"avance" o adelanto de dinero estaba relacionado
fundamentalmente, con la composición del
"personal", donde prevalecían los campesinos,
labradores -policultores- cuya producción, organizada en
establecimientos de tipo familiar, se orientaba hacia su propia
subsistencia, y eventualmente hacia la comercialización de pequeños
excedentes. La relación de los campesinos sinuanos con la tierra
revestía distintas formas: ellos podían ser propietarios de las
parcelas, colonos, ocupantes -con o sin autorización del;
propietario- de tierras ya apropiadas, concertados, vivientes o
aparceros; pero el hecho relevante era la existencia de tierras
disponibles (baldíos o tierras ya apropiadas pero aún en monte) y
el acceso a ella por parte de los labradores para efectuar
labranzas permanentes o temporales según las circunstancias de
ocupación. La coexistencia del trabajo asalariado y la agricultura
campesina asumió dos formas básicamente: en primer lugar,
campesinos libres que explotaban parcelas al exterior del
territorio hacendil y se empleaban en ésta durante el tiempo libre
que les dejaban sus labranzas. En segundo lugar, campesinos sin
tierra, vinculados a la hacienda de manera estable, a quienes se
les permitía realizar cultivos temporales que se intercalaban entre
la tumba de monte y la siembra del pasto. Ambos producían pequeños
excedentes que trataban de comercializar. Muchos de ellos eran
campesinos expulsados de las Sabanas o del Bajo Sinú como
consecuencia de la consolidación del régimen hacendario.
Estos campesinos habían desarrollad o un estilo de vida
caracterizado por la rusticidad, por la producción mediante la
utilización de la fuerza de trabajo familiar que se complementaba
con sistemas de ayuda mutua (el "día ganado" por
el cual un grupo de campesinos trabajaba sucesivamente en las
"rozas" de sus miembros). No vivían aislados como
tiende a pensarse; de un lado porque una vida social importante se
generaba alrededor de los pueblos y de otro, por el papel que
jugaban las relaciones de vecindario en el ámbito rural, donde
posiblemente se configuraron los "barrios
rurales" que A. Cándido describió en el Brasil (1971, en
Pereira de Queiroz, 1973: 12). Los campesinos residían en sus
parcelas o en caseríos -generalmente construidos a lo largo del río
o de sus caños- que funcionaban como instancias intermedias entre
la unidad doméstica y el pueblo y como centros alrededor de los
cuales se generaban sentimientos de localidad, elemento importante
de identificación entre ellos. Tampoco eran poblaciones inmóviles;
diversas actividades como la comercialización de excedentes,
compromisos familiares y sobre todo, las fiestas, constituían
ocasiones de intercambios frecuentes *.
Esta categoría y estas formas de vida no eran por tanto de
formación reciente en el Sinú. Allí, como en otras regiones, se
habían generado desde la colonia núcleos campesinos; como
consecuencia de la desarticulación de las comunidades indígenas, de
la descomposición del régimen esclavista y de la extensión de
vecindarios de blancos pobres (Fajardo, 1983: 19-20). Estos
factores, que estuvieron acompañados de un intenso proceso de
mestizaje, dieron lugar a la aparición de la categoría de los
"libres", es decir, de mestizos no sometidos a
formas de trabajo obligatorio, los cuales ya eran numéricamente
dominantes a fines del siglo XVIII en los partidos de Tolú, Sinú y
Sabanas, como lo muestra un censo de 1772: de una población de
27.347 individuos, el 55% eran mestizos, el 27,2% indígenas y el
6%, esclavos (Boletín Historial, 1919,47-48: 467-473). Este
elemento participó en la formación de pueblos "sin
distinción de castas" y en la transformación de pueblos
indígenas en pueblos de "libres" (Badel, 1943:
144; Fals Borda, 1986: 46 B-47 B).
Los "libres" constituyeron pues la base para
la formación del peonaje y del campesinado. En el Sinú, y esto es
capital, fueron cimiento de la colonización de la frontera abierta,
lo cual les permitía sustraerse al peonaje y mantener la autonomía
en el trabajo y en sus formas de vida. La composición de los
asentamientos creados por estos colonos se aprecia, por ejemplo, en
la descripción de la población de San Joseph de Buenavista
-Malagana- cerca a Cereté, en 1744, donde de 24 jefes de familia,
uno era español, ocho pardos, tres zambos, cuatro mestizos, cuatro
morenos y cuatro cholos (ANC, Po Var. 10: 15 r). El patrón de
poblamiento predominante consistía en pequeños núcleos de familias
que habitaban cerca a sus parcelas. Desde el siglo XVII encontramos
en los documentos referencias a este tipo de poblamiento, como la
del visitador Villabona Zubiaurre -en 1611- informando sobre los
asentamientos indígenas:
En las riberas del río Senú, sus brazos y ciénagas y otros
sitios están los pueblos (...) los cuales son pequeños, de pocos
naturales y divididos unos de otros metidos entre caños y ciénagas
en partes dificultosas e inhabitables (...) divididos por el
arcabuco en partes remotas (...) (ANC, VisBol., 1:201 r).
y como el informe sobre san Benito Abad dirigido al Virrey en
1773:
(...) La más grave enfermedad de que adolece esta jurisdicción
es la dispersión de sus habitantes que a su antojo viven derramados
en cancheras y rochelas extraídos de los sitios de vecindad crecida
y particularmente de sus parroquias fundiéndose los unos en lo
inculto de los montes (...) y otros en lo dilatado de las sabanas(
...) (ANC, PoVar, 3:505r).
Las reformas borbónicas se plasmaron en el Sinú en una intensa
política de nucleamiento de la población, ejecutada entre 1774 y
1779 por Antonio de la Torre y Miranda, quien fundó o re-fundó en
la provincia de Cartagena 43 poblaciones en las que reunió 41.133
personas (De la Torre y Miranda, 1794: 43). Según el fundador, esta
población estaba compuesta por esclavos y esclavas cimarrona, y
prófugas"( ...) por indios e indias que mezclados con
mestizas, negras y mulatas propagaron una infinidad de castas
difíciles de averiguar(...) (que se hallaban) esparcidos en lo más
fragoso y oculto de los montes y ciénagas en reducidas
rancherías" (Idem: 15-16).
No obstante el éxito de esta acción de nucleamiento de la
población, el campesinado continuó jugando un papel de primer
ordenenla conformación de la sociedad sinuana. Al hacer irrupción
en el Sinú medio el régimen hacendario -lo que ocurre en la segunda
mitad del siglo XIX- el campesinado coexiste con la hacienda a
través de diversos mecanismos entre los cuales figuran los sistemas
de trabajo que encontramos en "Marta Magdalena".
Es sólo a finales de la primera mitad del presente siglo cuando la
concentración de la tierra -efecto de la expansión de las
haciendas- menoscaba en forma definitiva la base de existencia de
la producción campesina y de las formas de vida a ella
asociadas.
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El "avance"
En la escritura firmada en 1913 por la Compagnie Française du
Río Sinu y la Sociedad Agrícola del Sinú, figura:
La cesión a favor de la compañía compradora (...) de los
créditos contra veintiocho trabajadores o sirvientes, los cuales
han recibido dinero anticipado a cuenta de su trabajo, y no lo han
cubierto aún, individuos que son los que estuvieron presentes en
"Marta Magdalena" a fines de 1912, cuya lista ha
recibido la sociedad compradora (...) (Notaría primera de Medellín,
Escritura 1090 del 13 de junio de 1913).
Se pone aquí de manifiesto el hecho, antes mencionado, de la
existencia de anticipos de dinero en la captación de mano de obra.
la forma más común de otorgarlos era el "avance"
o pago anticipado de salario cuyo monto se calculaba de acuerdo al
jornal. Quienes lo recibían quedaban "avanzados",
es decir, comprometidos a trabajar en la hacienda hasta la
cancelación de la deuda. Los anticipos de dinero se extendieron
hasta los empleados antioqueños de la administración, todos los
cuales, en 1920, habían contraído deudas a cuenta del sueldo, hecho
que llevó a la Sociedad Agrícola del Sinú a suprimir este tipo de
créditos, medida sobre el cual el administrador expresaba su
acuerdo; "porque no hay razón para que trabajemos
avanzados como los mozos" (FAES, ASAS / c/ 77: 76).
Respecto a la magnitud del avance en "Marta
Magdalena" observamos que en el segundo semestre de 1913
el porcentaje de trabajadores con deuda osciló entre el 92,86% en
julio y el 70,27% en diciembre (FAES, ASAS Co 197-98). Por haberse
modificado en esa fecha la forma de elaboración de las planillas no
es posible obtener cifras sobre los niveles de endeude, pero otros
documentos y la tradición oral muestran que este sistema prevaleció
hasta 1925 y persistió varias décadas después como mecanismo de
captación de mano de obra en momentos de escasez.
El avance podía realizarse individualmente o en grupos
constituidos a solicitud de la hacienda. La forma que adoptara se
agregaba a criterios de diferenciación social derivados de la
pertenencia étnica, del oficio, del cargo y de la situación del
trabajador respecto a los "blancos" para definir
el lugar ocupado por cada individuo o grupo en la jerarquía
hacendil. Aunque los adelantos de dinero cobijaban a un amplio
número de trabajadores, no todos los que los recibían eran
considerados entre ellos como avanzados. Esta calificación se
reservaba primordialmente a los "Indios de San
Andrés", o sea del resguardo de San Andrés de Sotavento y
de los municipios vecinos, que en grupos de 50 ó 60 individuos
"se avanzaban" para trabajar por lapsos de
treinta a sesenta días en la hacienda. Allí, ingresaban a la
categoría de "los mozos"-trabajadores no
especializados- dentro de la cual ocupaban el estrato más bajo, no
por factores relacionados con el trabajo -eran reconocidos como
excelentes trabajadores- sino por razones étnicas y sociales. Los
"avances" de "Indios de San
Andrés" se efectuaban a través de intermediarios,
comerciantes de dicha población, que reclutaban el grupo y ponían a
su cabeza un capataz. Este mecanismo, colocó a los indios en una
situación de explotación por parte de algunos comerciantes que les
entregaban, convertida en mercancías de sus propios
establecimientos, parte del salario que les había sido suministrado
para pago del avance. De otra parte, gracias a su posición, ellos
ejercían control personal sobre los indios para garantizar el
cumplimiento de los contratos. Los "Indios de San
Andrés" constituyeron una reserva de mano de obra para las
haciendas del Sinú y el San Jorge. Parece que el salario de varios
meses de trabajo al año les permitía proteger sus parcelas de la
presión ejercida sobre ellas por mestizos y extranjeros (Jaramillo,
Turbay, 1986: 151).
Junto a los indios avanzados encontramos los trabajadores
mestizos que recibían también adelantos de dinero, generalmente en
forma individual. Por oposición a aquéllos, éstos se identificaban
a sí mismos como "criollos", o sea algo como los
"mestizos de aquí"; casi todos residían en
caseríos en los alrededores de la hacienda o en su territorio. Pese
al adelanto de dinero no se consideraban a sí mismos, ni entre
ellos, como avanzados en el sentido que lo estaban los indios, lo
cual parece tener que ver -aparte del factor étnico- con dos
circunstancias: la primera, que a diferencia de los indios -que se
desplazaban a la hacienda en grupos y por un tiempo determinado- no
estaban sometidos a pagar el avance en un plazo fijo y continuaban
percibiendo salario mientras amortizaban la deuda. La segunda, que
no estaban obligados a cambiar de residencia durante el tiempo del
avance, hecho considerado denigrante al anular el margen de
autonomía que mantenían los trabajadores que residían en los
alrededores de la hacienda o aún dentro de ella. A diferencia de
los indios, los trabajadores criollos tenían también mayores
posibilidades de suspender el cumplimiento del contrato. Al
interior de la hacienda el status y situación de estos trabajadores
eran similares a las de los trabajadores libres a jornal.
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El trabajo libre a jornal
Esta era la forma que vinculaba a la hacienda los trabajadores
sin deuda. Inicialmente éstos constituían una pequeña parte del
"personal", pero esta categoría adquirió
importancia al transformarse las condiciones que fundamentaban la
existencia de otras formas de trabajo y como consecuencia de la
presión de la hacienda por suprimir los sistemas de endeude. Estos
trabajadores eran generalmente campesinos -con o sin tierra- que se
enganchaban para trabajar sin término fijo por un salario que se
pagaba por días trabajados. Podían residir o no en el territorio de
la hacienda y tenían las mismas características de los avanzados
criollos. En ambos grupos el criterio más claro de diferenciación
era el del cargo u oficio, con sus implicaciones sociales o
salariales: en el nivel inferior se ubicaban "los
mozos", trabajadores no especializados, que constituían la
categoría más numerosa. Los vaqueros, hombres de a caballo,
encargados del ganado, ocupaban una posición superior. Había
también, distribuidos en todos los rangos de la estratificación
hacendil, trabajadores que desempeñaban oficios con diferentes
niveles de especialización. La enumeración de los cargos y oficios
correspondientes al "personal" presenta una idea
de la complejidad en la organización del trabajo: jefe de
campamento, bodeguero, carpintero, capataz de vaquería, arrendador,
hachero, capataz de monte, vaquero, corralero, puerquero,
pesebrero, herrero, platanero, casero, cuidandero, bombero, mozo o
peón, sirvienta, salera y lavandera. Posteriormente se agregaron
los de chofer tractorista (FAES, ASAS /Co/ 85, 95, 97, 98, 100,
102, 104, 107).
En "Marta Magdalena" hasta la promulgación de
leyes que lo regulaban, el salario estuvo determinado por el juego
entre la oferta y la demanda de mano de obra. En este juego
intervenían aparte de los ya mencionados, factores de orden
coyuntural como la explotación maderera, la exploración petrolera y
la construcción de vías de comunicación. El jornal incluía la
alimentación. Se denominaba "jornal libre" a la
parte que el trabajador recibía en dinero y que correspondía más o
menos a la mitad del salario total, estando la otra mitad
representada en la "ración" diaria. En 1921 se
componía de una libra y media de carne o queso, dieciocho onzas de
arroz, seis plátanos, un coco o un poco de manteca y una onza de
sal (FAES, ASAS, /c/ 123: 44; /c/ 124: 53). A estos productos se
agregaban, diariamente, una porción (no determinada) de leche, y
semanalmente, media libra de café y una de azúcar. Este tipo de
ración, con ligeras modificaciones, se mantuvo durante todo el
período estudiado (FAES, ASAS /c/ 77: 92-93; /c/ 78: 17; /c/ 124:
53; /c/ 118: 83; /c/ 83: 12); a veces se intercalaban en la semana
"raciones" cuyo elemento principal podía ser la
carne, el queso o el arroz; la de carne se daba tres veces por
semana. Para los trabajadores la "ración"
constituía la base de la alimentación familiar y para la hacienda
esta forma del salario representaba una notable ganancia debido a
los bajos costos a los que podía producir los principales
productos; como lo explica el administrador al gerente en 1931,
cuando el "jornal libre" para los mozos era de
0,35 centavos (o sea de 0,70 aproximadamente, sin
alimentación):
La ración de carne es la más cara y le cuesta a la hacienda unos
17 centavos con los plátanos y la sal; por supuesto que aquí el
ganado que se da al consumo es el averiado y vacas que no tienen
casi valor porque aquí no hay quien venderle esos animales muecosos
y defectuosos. La ración de queso le cuesta a la hacienda más o
menos 14 centavos. La ración de arroz hoy que está tan barato le
cuesta a la hacienda a lo sumo 11 centavos (FAES, ASAS /c/ 118:
83).
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Los contratos o "ajustes"
Otra forma de trabajo en "Marta Magdalena" fue
la celebración de contratos para la realización de trabajos con
plazos establecidos de antemano. El contratista actuaba como un
pequeño -en algunos casos, mediano- empresario que constituía una
cuadrilla con sus vecinos y amigos, organizaba el trabajo y
respondía por él (FAES, ASAS /c/ 128:4). Los contratos o
"ajustes" se basaban también en anticipos de
dinero: el contratista recibía dinero con el cual
"avanzaba" su cuadrilla, la cual se instalaba en
campamentos en la hacienda. Los contratos se efectuaban para la
tumba de monte y siembra de pastos, para la recolección de cosechas
-maíz- y para el transporte de ganado. Para esta última actividad
-de singular importancia ya que se trataba de conducir el ganado a
Medellín, por trochas, en viajes que duraban entre 42 y 45 días-
existían cuadrillas especializadas, independientes, cuyos
integrantes residían hacia la región de Sabanas.
Esta forma de trabajo no encajaba -como veremos enseguida para
los demás casos de sistemas basados en adelantos de dinero- con los
ritmos y metas propuestas por la sociedad debido fundamental mente
al incumplimiento en los plazos. Es fácil imaginar los perjuicios
ocasionados por dicho incumplimiento si se tiene en cuenta que las
actividades se organizaban de acuerdo al ciclo climático anual.
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El problema de la mano de obra
El papel preponderante que aún jugaba en las primeras décadas
del siglo la agricultura campesina -gracias a la existencia de
tierras disponibles en las condiciones ya mencionadas-, unido a una
relativamente débil densidad demográfica, están en el origen de uno
de los más graves problemas que afrontó "Marta
Magdalena": la escasez de mano de obra. Esta escasez fue
por tanto, la condición que permitió a los campesinos ejercer una
cierta presión sobre el salario y mantener las formas de trabajo
basadas en anticipos de dinero que les permitían conservar sus
parcelas o sus propios cultivos y su autonomía de trabajo y de
vida. Tanto la presión de los campesinos, como la oposición de la
hacienda hacia estas formas y el problema de escasez de mano de
obra se aprecian en la correspondencia de los administradores con
la gerencia:
He pretendido prescindir de los anticipos porque se pierde en
ellos mucho dinero y especialmente porque los individuos así
avanzados trabajan muy poco. Pero mucho me temo que para completar
el número que va a necesitarse habrá que dar dinero adelantado. He
pagado a 0,25 centavos sin avance (0,05 más que el jornal avanzado)
y la gente no viene, tan inveterada está esta costumbre de
empeñarse antes de trabajar (FAES, ASAS /c/ 106:7).
En 1921 cuando el jornal con avance era de 0,50, se ofrecían
0,60 sin avance y se tomaron otras medidas tratando de erradicar
esta forma de trabajo:
No se debe avanzar en cuanto sea posible dinero por trabajo,
afrontando las consecuencias que le pueda ocasionar esto a la
hacienda, que creo serán ningunas poniendo una diferencia de 0,10
centavos a los que trabajen al contado, sobre los avanzados; y en
caso de que esto fuera imposible, hacerlo ante el alcalde (el
avance) con el contrato y las formalidades legales para el caso de
tener que pedir protección a las autoridades y no se nieguen a
hacerlo. En todo casi si haciendas de la categoría de ésta se
proponen luchar contra esta pésima costumbre, contando, como estoy
seguro, con el apoyo de otras, al fin se consigue algo (FAES, ASAS,
/c/ 78: 8).
La escasez de trabajadores se acentuaba en marzo y abril, época
de preparación del terreno y de iniciación de la siembra; luego en
septiembre y sobre todo en octubre, período de recolección y de
siembra de "la segunda" (cosecha). Este hecho se
refleja en las cifras mensuales de contratación de mano de obra
(FAES, ASAS /Co, 84-107). También los administradores se referían
frecuentemente a estas fluctuaciones:
Tumba de monte. Siento tenerle que decir que no me ha sido
posible principiar (el trabajo) porque no hay con quien; el
personal se agotó casi por completo en esta semana debido a que las
gentes están haciendo las segundas y con la poca que me ha quedado
apenas puedo atender a unos trabajitos urgentes (FAES, ASAS, /c/
120: 6).
En estos días he tenido muy poco personal en la hacienda, están
escasos los trabajadores, todas las jentes (sic) están haciendo las
cosechas (...) (FAES, ASAS /c/ 118: 67).
En "El Deseo" está escaseando mucho el
personal con el motivo de la mayor parte de los trabajadores se han
ido a hechar (sic) cosechas y sólo bolveran (sic) a fines de
octubre; yo pedí trabajadores a San Andrés y haré cuanto pueda por
aumentar el personal para ver si se logra aumentar las tumbas de
montañas (FAES, ASAS, /c/ 76: 4 1).
En estos informes se refleja también el papel jugado por la
agricultura campesina al otorgar a los trabajadores un cierto
margen de presión sobre el salario:
El personal que tengo hay en la hacienda es muy poco las jentes
(sic) con lo bajo del jornal ha cogido las montañas a trabajar la
agricultura (...) (FAES, ASAS, /c/ 118: 88):
Trabajadores. Están bastante escasos y a precios muy altos
(...); por los cuadros verá que yo los he subido pero no a esos
precios, pero creo que pronto habrá que hacerlo (...). Ya varios
trabajadores me han dicho que si no les aumento, se irán (FAES,
ASAS, /c/ 77: 6).
El alza en los salarios es muy grave porque la industria
pecuaria no la soporta; pero tenemos que continuar los trabajos que
tenemos principiados, puesto que peor sería abandonarlos. En tal
virtud puede conseguir el personal necesario, pagando a los precios
corrientes (FAES, ASAS, /c/ 2: 325. Carta del gerente al
administrador).
Otro factor que incidía en las variaciones cíclicas de la oferta
de mano de obra eran las fiestas que jalonaban la vida social en el
Sinú. La participación en ellas actuaba como imperativo cultural y
los trabajadores calculaban el tiempo de sus contratos de trabajo
de manera que se encontraran libres en las fechas de su
celebración. Pero además del tiempo, requerían dinero para
participar en las diversas actividades, ya que la fiesta era
también uno de los escenarios donde se jugaba el prestigio (de la
bailadora, del torero, del individuo común). La necesidad de dinero
en estas ocasiones hizo de ellas un momento privilegiado para la
captación de mano de obra a través de anticipos:
Se aproxima la fiesta de San Jerónimo en Montería y
probablemente voy a necesitar dinero (FAES, ASAS, /c/ 107:61).
He pedido dinero al banco de Bolívar para atender la fiesta del
20 del presente mes, llamad a del Dulce Nombre, que es una de las
más importantes del año, y que los trabajadores todos piden dinero
(FAES, ASAS, /c/ 107:61).
Relacionando los ciclos anuales agrícola y de festividades,
encontramos que estas últimas marcan los cambios estacionales, los
subsecuentes cambios en las actividades agrícolas y por lo tanto la
transición entre trabajo asalariado y trabajo en las parcelas,
momentos que aparecen mediatizad os por la fiesta. Las principales
celebraciones eran la Semana Santa, entre marzo y abril, meses de
preparación del terreno y de la siembra, siendo justamente marzo el
mes con los niveles más bajos de contratación, después de octubre.
La fiesta de San Pedro y San Pablo, el 29 y el 30 de junio, si bien
no implicaba necesariamente desvinculación laboral, era ocasión
para realizar enganches de personal para el desmonte que se
iniciaba en julio, mes con los más altos niveles de contratación
(FAES, ASAS, /Co/ 84-107). A finales de este mes los indios de San
Andrés regresaban para participar en la fiesta de Santa Ana,
patrona del pueblo y muchas veces permanecían allí para atender la
recolección y la "segunda", entre septiembre y
octubre -siendo éste el mes de más débil disponibilidad de mano de
obra-, y para celebrar el primero de noviembre, la fiesta de Todos
los Santos en la que se rendía culto a los muertos. En noviembre se
nota un leve ascenso en el enganche el cual se extiende hasta
diciembre cuando se celebraba la Pascua, desde el 25 de diciembre
extendiéndose muchas veces hasta el 6 de enero, Día de Reyes. En
San Andrés se celebraba entre el 24 y el 29 de diciembre la fiesta
de San Simón, venerado por los indios. En enero se presentaba
nuevamente un aumento importante en el nivel de captación de mano
de obra, para efectuar la cual se aprovechaba la "Fiesta
del Dulce Nombre", una de las más importantes de la
región, que se iniciaba el 20 de enero. Vale la pena anotar que
estas fiestas, en las que llama la atención el carácter religioso
de su origen y de sus denominaciones, se celebraban con desfiles,
procesiones, corralejas, carreras de caballos y fandangos,
generalmente ofrecidos "en honor del Santo".
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Formación de la hacienda y oferta de
trabajo
El examen de la relación entre sistemas de trabajo y
disponibilidad de mano de obra remite también a la historia de la
hacienda. Sin tener en cuenta la incidencia de factores
coyunturales (períodos de crisis, precios del ganado, políticas
tributarias), observamos que la contratación de mano de obra tuvo
un aumento extraordinario desde el momento mismo de la adquisición
de la hacienda, como consecuencia de la decisión de los nuevos
dueños de realizar una elevada inversión con el fin de poner
rápidamente en funcionamiento la explotación ganadera, lo cual
implicaba en primer lugar, la transformación de las áreas de monte
en potreros, y la construcción de una infraestructura considerable
(instalación de cercas, construcción de corrales, de obras para el
control de aguas, de edificios para almacenamiento de productos y
para albergue del personal, construcción de una
"mayoría" que reflejara la pujanza de la empresa,
etc.). La realización de estas obras elevó los promedios de
contratación de mano de obra de 29.83 trabajadores por mes en 1913,
a 171,42 en 1916, a 253 en 1921, alcanzando una cifra tope de
406,58 trabajadores por mes en 1938, año en el cual se inició un
descenso lento pero definitivo en la contratación de mano de obra
(FAES, ASAS, / Co/ 97-107), debido a la disminución y finalmente a
la extinción del monte y a la terminación de la construcción de la
infraestructura -es un hecho conocido que la explotación ganadera
requiere una inversión baja de mano de obra-. Para dar una noción
de la magnitud del desmonte -la actividad que ocupaba el mayor
número de trabajadores- considérese que en 1912, de una extensión
aproximada de 12.000 hectáreas, se encontraban
"abiertas" entre unas 1.000 y 1.500 hectáreas
(FAES, ASAS, /c/ 109: 11-12). Entre 1915 y 1928, fueron desmontadas
y sembradas en pasto unas 5.000 hectáreas (FAES, ASAS, /c/ 96:
23-24, 154, 168; /c/ 76: 75; Exbrayat, 1936: 89). Luego de un
receso, el desmonte se reinició en 1933 y continuó hasta la década
del 50 cuando la actividad ganadera en pleno funcionamiento, ocupó
prácticamente la totalidad de la superficie de la hacienda.
La historia del "pueblo", caserío ubicado en
el territorio hacendil, refleja la relación entre el proceso de
formación de la hacienda, la demanda de mano de obra y las formas
de trabajo: en 1913 "el pueblo" tenía 30
viviendas y 150 habitantes; un número semejante de personas vivían
diseminadas en los campamentos y distintos frentes de trabajo
(FAES, ASAS /c/ 107: 35-36). Aunque la existencia de un
asentamiento de esta naturaleza en la hacienda no concordaba con la
concepción que los antioqueños tenían de la "empresa
ganadera", ellos lo conservaron como mecanismo que
aseguraba un núcleo estable de trabajadores (FAES, ASAS, /c/ 107:
36) a quienes se les proporcionaba vivienda -para ellos y sus
familias- empleo y en muchos casos, tierra para cultivar
(personalmente o con el concurso de jornaleros contratados por los
trabajadores):
Uno pedía su pedacito pa'cultivar. Ellos tumbaban el monte y se
lo daban al personal. Uno sembraba su maíz, su arroz, su ñame, su
yuca. El que estaba ocupado, buscaba tipos particulares en Santa
Isabel, Palmito, Florida, que no estuvieran trabajando en la
hacienda y cuando uno ya se desocupaba, por la tarde, era que venía
a pasar revista a ver cómo iba el trabajo (Miguel Reyes, vaquero de
"Marta Magdalena").
Al explotar una parcela, el trabajador contribuía
simultáneamente a la expansión de la explotación ganadera, ya que
devolvía el lote sembrado en pasto o preparado para la siembra; en
el primer caso con remuneración a jornal.
Los habitantes del pueblo, que compartían condiciones étnicas y
sociales, cultura, territorio, cotidianidad y dependencia laboral,
constituyeron una comunidad, los "marteros" o
"gente de Marta", que mantuvo una constante pugna
con la hacienda por la preservación de cierta autonomía que les
permitiera mantener sus pautas y patrones culturales, en muchos
aspectos opuestos al patrón empresarial imperante en la hacienda.
El "desorden" provocado por la vida comunitaria
condujo a un primer intento de supresión del pueblo en 1928:
Todos los puntos de su carta respecto a la nueva administración
que debemos seguir en la hacienda, ya los estamos poniendo en
práctica, sobre todo estamos empezando a destruir el pueblo, esta
semana destruimos cinco viviendas y la famosa gallera (FAES, ASAS,
/c/ 129: 38).
Sin embargo, la destrucción física del pueblo no logró
realizarse hasta 1940 cuando la demanda de mano de obra había
decrecido, cuando las condiciones de existencia de ésta se habían
modificado y, en virtud de estas transformaciones, para la hacienda
se había facilitado la obtención de trabajadores asalariados con
residencia en los caserío., formados en los límites de las
haciendas. Se produjo entonces la expulsión de la mayor parte de
los trabajadores del territorio hacendil, dejando sólo un pequeño
núcleo que se distribuyó en los diferentes campos de trabajo. Este
hecho debe relacionarse también con los efectos de la promulgación
de la Ley 200 de 1936 sobre la cual, no obstante, no aparecen
referencias en los documentos. Esta decisión dio lugar a la
situación de conflicto más clara en la historia de la hacienda
cuando algunos trabajadores se resistieron a abandonar sus
viviendas.
|
Supresión del "avance"
Los dos momentos relativos a la destrucción del pueblo,
coinciden con dos momentos importantes en la transformación del
sistema de organización del trabajo. En estos hechos inciden dos
factores fundamentalmente: de un lado, la lógica que preside la
empresa ganadera trata de adecuar las formas del trabajo a sus
objetivos de rendimiento y productividad. En esta perspectiva, para
ella resulta más eficiente un "personal"
compuesto por obreros agrícolas que por parceleros-asalariados. En
segundo lugar, la expansión de las haciendas al disminuir las
oportunidades de acceso de los campesinos a la tierra, incide en la
composición del "personal" que deja de ser
mayoritariamente campesino.
Estas condiciones contextualizan la decisión tomada por la
Sociedad Agrícola del Sinú en 1925 -tres años antes de efectuarse
el primer intento de destrucción del caserío- de suprimir todas las
formas de adelantos de dinero en los sistemas de trabajo:
Fue suprimido totalmente (en la contabilidad) el rubro de
cuentas corrientes (...). Con este paso queda total y
definitivamente suprimido el avance, pagando a todo el personal,
inclusive a los empleados de categoría el jornal semanal (FAES,
ASAS, /c/ 126: 71).
Con esta medida se trataba también de solucionar los problemas
que para el funcionamiento de la hacienda habían representado las
distintas formas de "avance". En ese momento, la
deuda de los contratistas y avanzados "fugados"
ascendía a $ 1.500 pesos/ oro (IDEM). Las medidas tomadas para
tratar de disminuir el volumen de trabajadores avanzados se habían
revelado ineficaces y las acciones coercitivas para forzar el
cumplimiento de los contratos impracticables, como consecuencia de
los costos (en términos sobre todo de inversión de tiempo por parte
del personal administrativo) que suponía la instauración de
procedimientos legales contra los trabajadores
"fugados". Estos por su parte, a excepción de los
Indios de San Andrés, tenían. la posibilidad de ocultarse durante
un tiempo, simplemente alejándose de los contornos de la hacienda
mientras el asunto caducaba, lo cual no era difícil si se tiene en
cuenta la movilidad de la población rural y las extensas redes de
parentesco y amistad que podían proteger al individuo en estos
casos.
Otro factor que incidía en los problemas generados alrededor del
avance se relaciona con la diferencia entre antioqueños y sinuanos
respecto a la representación del trabajo, el cual ocupaba, para los
primeros un lugar central en su jerarquía de valores en virtud de
lo cual los compromisos de él derivados tenían un carácter
imperativo; no así para los sinuanos para quienes el trabajo
carecía de estas connotaciones:
No me ha sido posible conseguir contratistas para este trabajo
(tumba de monte); usted conoce lo poco habituada que está la gente
de esta tierra a los contratos, lo informales etc., etc. que son,
de tal manera que, visto su afán en que esto lo principiemos,
mañana voy a dar principio a este trabajo por cuenta de la casa, es
decir, con mozos al por tareas (sic) (/c/ 120: 11).
Problemas similares se presentaron, aunque naturalmente a otra
escala, con la compra de productos mediante anticipos de dinero.
Este fue el caso del "arroz avanzado" con el fin
de garantizar el abastecimiento de la hacienda (FAES, ASAS /c/ 123:
36). Esta forma de adquisición fue suprimida en 1920:
No se piensa volver a comprar arroz avanzado, pues es más el que
se pierde y es mucha brega que cuesta el recogerlo; en tiempo de
cosecha se puede comprar todo el que se quiera al contado y a muy
buenos precios. (...) A la finca le deben actualmente 443 botijas y
30 libras (FAES, ASAS /c/ 77: 37, 49. Una botija equivale a 40
libras IDEM /c/ 107: 35).
La transformación de los sistemas de trabajo no se operó, sin
embargo, de manera automática puesto que como lo hemos expuesto,
ellos estaban imbricados con sistemas globales de producción y de
vida. La fuerza de las tendencias de conservación de estos sistemas
contrastan con la decisión y con el interés de imponer formas
"modernizantes" y aún con las nuevas realidades
socioeconómicas. Muestra de ello es que todavía en 1954 encontramos
al gerente de la Sociedad ordenando al administrador:
El Maíz: No vaya a dejarlo perder; hay que cogerlo, si no se
puede a jornal, aunque sea a contrato y en último caso aunque sea
haciendo un avance en San Andrés o en alguna otra parte (FAES, ASAS
/e/ 171: 138).
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Conclusiones
Sin perder de vista la especificidad del caso estudiado,
encontramos varios hechos que se destacan. En primer lugar, la
importancia del campesinado en la conformación de la mano de obra y
la coexistencia de esta categoría con el régimen hacendario a
través de diversos mecanismos entre ellos las formas de
organización del trabajo. Sobresale también la presión de los
campesinos por el mantenimiento de formas de producción y de vida
tradicionales, donde la autonomía personal y de trabajo juegan
papel importante, mientras la hacienda trata de adecuar las formas
del trabajo a sus principios de funcionamiento que se definen en
términos de eficiencia y productividad. Llama también la atención
la flexibilidad del sistema hacendario que se revela capaz de
adaptarse a distintos tipos de explotación, a diversas maneras de
organización de ésta, y de incorporar relaciones sociales y formas
de trabajo heterodoxas.
El proyecto hacendil en el caso estudiado se basaba en la
aplicación de principios modernos de administración con el fin de
lograr una alta productividad, más que en la sobre-explotación de
la mano de obra. Sin embargo, la formación de esta hacienda, en
particular, y la expansión del régimen hacendario, en general,
afectaron las condiciones que hacían viable la existencia del
campesinado y la preservación de sus modos de vida: la necesidad de
instalar la producción ganadera en grandes extensiones condujo al
agotamiento de los montes y ala concentración de la tierra. Esto
tuvo como consecuencia la disminución de las oportunidades de
acceso a ella por parte de los pequeños agricultores y
concomitantemente, la desaparición de las formas de organización
del trabajo que les permitían actuar simultáneamente como
asalariados y como agricultores independientes. Las condiciones de
vida de la población rural se deterioraron además por la
disminución de las oportunidades de empleo al consolidarse la
explotación hacendil. Estos elementos y estos procesos jugaron un
papel importante en la transformación de la sociedad rural. Toña
Arrieta "martera" residente actualmente en
Montería los presenta así:
Cuando llegó el nuevo administrador dijo que eso no podía
suceder que hubiera un pueblo, porque eso no era un pueblo, era una
hacienda. Y fue mandando tumbar casas y-mandando la gente de un
campamento pa otro (...) y prohibió de una vez todo: fiesta,
gallera... Se acabó "Marta Magdalena" de una
vez.
|
BIBLIOGRAFÍA
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Fuentes primarias
|Fundación Antioqueña para los Estudios Sociales -FAES-;
Archivo de la Sociedad Agrícola del Sinú -ASAS-.
|Archivo Nacional de Colombia; -ANC-; Sección Colonia,
Fondos Visitas de Bolívar -VisBol -- y poblaciones Varias
(PoVar).
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Relatos de la tradición oral ilustran estos estilos de vida,
así como descripciones de escritores y viajeros. Al respecto son
interesantes los comentarios de un escritor tan perceptivo y
conocedor del medio rural en otros países de Suramérica como
Cunningham Graham quien visitó el Sinú en 1917. Otras referencias
se encuentran en Exbrayat (1939, 1971), Striffler (1932).
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