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COMPLEJOS ARQUEOLÓGICOS Y GRUPOS
ÉTNICOS DEL SIGLO XVI EN EL OCCIDENTE DE ANTIOQUIA
NEYLA CASTILLO E.
Las siguientes páginas contienen una presentación general sobre
la distribución y localización espacial de complejos culturales en
la cuenca del río Cauca y el occidente de Antioquia. Las
investigaciones arqueológicas recientemente iniciadas
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señalan que la distribución
de tales complejos coincide a grandes trazos con la distribución de
macrogrupos cultural y lingüísticamente afines en el siglo XVI. La
asociación, en algunos casos, de los vestigios arqueológicos con
elementos portados por los conquistadores europeos, indican que las
tradiciones culturales definidas arqueológicamente, eran vigentes
al momento de la conquista, sin que por ello puedan atribuirse a
una etnia en particular.
El criterio fundamental para diferenciar los complejos aludidos
es la distribución espacial de cerámica que, técnica, formal y
estilísticamente, presenta similitudes. Los datos que permiten
esbozar su distribución espacial se basan en excavaciones
controladas, algunas de las cuales han permitido obtener dataciones
absolutas para algunos asentamientos, han ampliado la información
sobre otros aspectos de la vida de los respectivos grupos y han
arrojado secuencias y procesos de desarrollo de los mismos. Un
segundo grupo de datos se ha obtenido del análisis preliminar de
piezas de cerámica descontextualizadas, existentes en la colección
del museo Universitario de la Universidad de Antioquia, formada
principalmente con ejemplares provenientes de tumbas
guaqueadas.
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Complejo cultural del Golfo de Urabá.
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Láminas l y 2. Cerámica de la tradición Modelada-Incisa del
Golfo de Urabá, procedente del sitio "El
Estorbo".
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En el extremo nor-occidental del departamento, sobre el Golfo de
Urabá, se ha definido un complejo cultural caracterizado por una
tradición de cerámica
|Modelada-Incisa (Láms. 1 y 2). G.
Santos, quien ha realizado trabajos sistemáticos en ambas márgenes
del Golfo de Urabá, considera que dicho complejo, con diferencias
locales, se extiende "desde la Hoya del río Sinú hasta la
Costa Atlántica de Panamá, por lo menos hasta el sitio de Puerto
Escocés (... ); aunque los límites meridionales no son claramente
discernibles, el complejo de Urabá se extendería sin embargo, hasta
el Golfo de San Miguel (en la Costa Pacífica panameña) y el río
Bayano, según los estudios de Torres de Arauz" (Santos,
1987) distribución que integra la información aportada por los
estudios de distintos investigadores en toda la región costera,
Alto Sinú -y Darién panameño. Este complejo tendría desarrollos
locales en las zonas del Alto y Bajo Sinú y la margen oriental y
occidental del golfo (Santos, 1987).
No se posee información clara sobre el origen de estos grupos.
Asentamientos correspondientes a dicho complejo cultural han sido
fechados en el sitio-tipo "El Estorbo": en los
estratos más antiguos se obtuvieron dos fechas de radiocarbono de
1055 ± 40 AP (GrN-1134) y 925 ± 45 años AP (GrN-12344), es decir,
895 y 1025 de nuestra era (Ibid).
Yacimientos de este mismo complejo cultural han sido datados en
el Alto Sinú en el siglo IV d. C. (Beta 5948-1570 ± 100) y en el
siglo IX d. C. (Casabuenas, et al; 1982). En estos sitios no se
conocen desarrollos anteriores; sin embargo, en la margen
occidental del golfo, en el sitio de Capurganá, la cerámica
Modelada-incisa se sobrepone y sustituye a un complejo anterior.
Allí se presentan dos conjuntos cerámicos, uno representado por
vasijas con pintura polícroma rojo y negro sobre blanco y el otro
conjunto decorado con incisiones finas: líneas anchas y puntos,
impresión, grabado, cepillado, impreso dentado, cuneado, etc.
(Naranjo,
|et al, 1984).
En los demás sitios no se conocen desarrollos anteriores.
La cerámica Modelada-incisa que caracteriza este complejo
cultural presenta "formas muy estandarizadas y
decoraciones muy elaboradas: cuencos de base coronaria, algunas con
sonajeros, o de bases altas recortadas, vasijas globulares y
subglobulares de borde ancho evertido, mocasines y urnas con bases
altas recortadas; vasijas semiesféricas y subglobulares sencillas,
así como pequeñas figurinas antropomorfas con decoración incisa. La
decoración de la cerámica consiste fundamentalmente en aplicaciones
de carillas antropomorfas y zoomorfas, o bandas y protuberancias
acompañadas generalmente de líneas y puntos incisos con motivos
curvilineares; también son característicos triángulos impresos
entre líneas incisas paralelas e impresiones ungulares en los
labios de los bordes". (Santos, op. cit.)
|2
.
En las distintas zonas donde se encuentran asentamientos de
dicho complejo cultural, éstos se localizan preferentemente a lo
largo de las corrientes de agua; aunque en general la región
presenta pocas variaciones climáticas, fueron aprovechados los
diversos microambientes de bosques, sabanas, manglares y mar, en
los que, a través de la caza, la recolección y la pesca se
explotaron los diversos recursos, articulándolos a una agricultura
de maíz, raíces y tubérculos como la yuca.
Según G. Santos, los datos enunciados permitirían suponer que
"toda la región del litoral, además del Alto y Bajo Sinú,
fue ocupada por grupos culturalmente afines y que en el momento del
contacto español estarían representados por los Cueva y los
Urabáes" (Ibid).
Sin embargo, aún deben ser aclaradas más las relaciones
Cueva-Urabáes, ya que estos últimos, según los cronistas, se
diferenciaban de los Cueva por el uso de veneno en las flechas y la
práctica de la antropofagia, hecho que se articula a una posible
procedencia del Bajo Atrato, tal como lo reconocían a través de su
tradición oral. (Simón, 1981). En el bajo Atrato existen algunos
toponímicos como Abraime, Dabaibe y Urabaibe (una de las provincias
de los Urabáes); las similitudes fonéticas -aunque evidentes- no
son suficientes para aclarar las relaciones entre tales grupos. Sin
embargo, se ha propuesto una comunidad étnica para los grupos que
se extendían en una franja Oeste-Este desde el Pacífico hasta el
Alto San Jorge, pasando por el Medio Atrato y el Alto Sinú, con las
características comunes de vivienda sobre los árboles, flechas
envenenadas, canibalismo y hábitat selvático de los que formarían
parte los Guazuces, Carautas, Pubios, Péberes, Nitanas, Tuin,
Cuisco y Araques en la zona montañosa oriental, al igual que
Abraime, Abanumaque, Abibaibe y Dabaibe sobre el Atrato (Pardo,
1987). Tales características, asignadas también a los Urabáes, no
se encuentran entre los Cueva dé la margen occidental del golfo;
empero, el territorio ocupado por ambas etnias presenta evidencias
materiales asignables a un mismo complejo cultural, sugiriendo de
este modo datos contradictorios que dificultan el establecimiento
de correspondencias étnicas confiables.
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Complejo nor-occidental
Desde la Ciénaga de Tumaradó en el Bajo Atrato, siguiendo la
cuenca del río Sucio, en los municipios de Chigorodó, Mutatá,
Dabeiba, Urama, Cañas Gordas, Giraldo y en la vertiente oriental de
la Cordillera Occidental sobre el río Cauca en Buriticá, Peque,
Santa Fe de Antioquia y Sopetrán, se ha rastreado un complejo
cultural que se caracteriza por una tradición de cerámica
denominada
|Incisa con borde doblado (Castillo, 1986);
además de la incisión en líneas, motivos geométricos, puntos y
triángulos impresos, es específico de esta cerámica el borde
formado por un rollo de arcilla sin alisar en la unión exterior, el
cual casi siempre está decorado con impresiones digitales. (Láms.
3-4).
Asentamientos correspondientes a esta tradición cultural, se han
localizado en el Valle del río Cauca -municipios de Santa Fe de
Antioquia y Sopetrán- en las márgenes occidental y oriental
respectivamente.
Los sitios de habitación, se ubican a lo largo de las riberas
del Cauca, sobre colinas terciarias de muy baja altura, adyacentes
a las terrazas del río; las tumbas generalmente se concentran en la
cima de colinas cercanas a los sitios de habitación.
En todas las zonas se han excavado sitios de vivienda, tumbas y
otros relacionados con la explotación de sal, lo cual posibilita
una caracterización general sobre modos de vida de las sociedades
que habitaron la zona y procesos de desarrollo de las mismas.
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Láminas 3 y 4. Fragmentos de cerámica excavados en Peque,
Antioquia, pertenecientes a la tradición Incisa con borde doblado.
Obsérvese la variedad de la decoración incisa sobre el borde que
particulariza a la cerámica de esta región.
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En el Municipio de Sopetrán
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a orillas del río Cauca, (Lám. 5) se
excavó un sitio estratificado de 1.80 metros de profundidad, que
muestra el proceso de ocupación de la zona: en los niveles más
profundos -entre 1.20 y 1.80 metros- se presenta una primera
ocupación, identificada por un complejo de cerámica
|Roja
incisa (Ibid), cuyas características dominantes son un baño
rojizo y la incisión fina como técnica decorativa; las formas son
ollas globulares y subglobulares, cuencos sencillos, cuencos con
incisiones profundas en el fondo, platos ligeramente cóncavos y
cuencos con decoración repujada sobre el ángulo periférico que
forma la unión del cuerpo y el borde.
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Lámina 5. Región de Sopetrán, en el Cauca antioqueño.
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Láminas 6 y 7. Vasijas pertenecientes a la tradición cerámica
Incisa con borde doblado.
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Una segunda ocupación aparece posteriormente y sustituye a la
anterior; el complejo cerámico que la identifica pertenece a la
tradición Incisa con borde doblado; las formas son: ollas
globulares y subglobulares, (Láms. 6-7) cuencos y platos planos
asociados a pesas para red y una clase de artefactos líticos cuya
función parece ser triturar elementos relativamente blandos, como
tallos, hojas o raíces. Estos artefactos (asociados también a la
primera ocupación) fueron hechos sobre cantos rodados de grano
fino, de forma alargada y de sección transversal aplanada, los
cuales presentan superficies de desgaste a lo largo de los bordes
laterales; las superficies de uso fueron preparadas mediante la
realización de un lascado fino y superficial.
Los platos asociados a esta fase son recipientes planos con
diámetros de 30 a 40 cm. en promedio; la superficie superior está
muy bien alisada, mientras que la inferior es burda, poco alisada y
a menudo presenta huellas de fibras. Aunque unos ejemplares
presentan ahumado exterior, éste es muy escaso, como si los mismos
no hubiesen estado expuestos al fuego durante su uso.
Una segunda y última fase de esta tradición cultural, se
diferencia de la anterior por la aparición de artefactos pulidos
-hachas y cinceles- así como del equipo tecnológico generalmente
asociado al procesamiento del maíz -metates y manos de moler-
mientras que desaparecen los artefactos para triturar. Esta
secuencia de fases se ha establecido sobre la base de los datos
aportados por el sitio estratificado mencionado.
De otra parte se excavaron en la zona varias tumbas ubicadas en
una colina próxima al sitio de vivienda estratificado; la relación
espacial y la similitud de los artefactos de uno y otro sitio,
permiten afirmar que se trata de los mismos grupos. Las tumbas
excavadas pertenecen al período comprendido entre el siglo X y el
siglo XVI d. C.; la estructura más antigua arrojó una fecha de 940
d. C. (Beta 9908-1010 ± 50). Una segunda se fechó en 1150 d. C.
(Beta 9907-800 ± 50) y otras dos estaban asociadas a material
colonial; podrían ser posteriores a 1646, fecha de fundación de la
Villa de Santa Fe de Antioquia ubicada muy cerca del área de los
asentamientos indígenas.
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Figura 1. Tradición "Incisa con borde
doblado".
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Las tumbas fueron excavadas sobre estratos arcillosos
terciarios; constan de un pozo de acceso circular o rectangular y
dos cámaras laterales, de forma oval -las más antiguas- y
trapezoidal -las más recientes-; cada tumba puede estar formada por
una sola de estas estructuras o por tres de ellas comunicadas entre
sí, con variantes en cuanto a su distribución y contenido: una
estructura con dos cámaras laterales dedicada al entierro de uno o
varios individuos, mientras las otras dos contienen las ofrendas.
Estas consisten en: vasijas completas y fragmentos, volantes de uso
discoidales, pintaderas cilíndricas con perforación central, hachas
y cinceles pulidos, pesas de red, narigueras circulares de oro,
fragmentos de alambres de oro y tumbaga y fragmentos de láminas
martilladas. Además se encuentran cráneos completos y restos óseos
de niños y adultos dispersos entre el relleno. Una tumba, asociada
a material colonial -fragmentos de ladrillo, porcelana, restos
óseos de vaca y caballo, y una herradura- contenía piezas dentarias
de por lo menos 20 niños con edades entre 8 y 12 años. No existen
elementos suficientes para discutir las implicaciones de estos
hallazgos; no obstante en los relatos de los cronistas se alude a
la antropofagia como práctica generalizada entre los grupos de esta
región. Un dato adicional al respecto, se deriva del hallazgo en el
sitio de vivienda arriba mencionado, de una hilera de 32 cráneos
humanos de adultos, con huellas de haber sido parcialmente
calcinados; además se halló un depósito de siete cráneos humanos
asociados a cinco cráneos de zaino.
La cerámica encontrada en las tumbas presenta una variedad
formal y decorativa que no está presente en la hallada en los
basureros de los sitios de habitación; además de las vasijas
globulares y subglobulares, cuencos sencillos y con mango que se
encuentran en los basureros, se obtuvieron vasijas antropomorfas de
silueta compuesta, vasijas mocasín con decoración antropomorfa,
cuencos con engobe rojo y decoración incisa acanalada con motivos
geométricos, grandes ollas piriformes, grandes vasijas cilíndricas
con decoración incisa geométrica, o con pintura roja y motivos
geométricos; además, se encuentra un grupo de vasijas pequeñas
generalmente completas y dispuestas boca abajo. Estas tienen las
paredes completamente ahumadas tanto interior como exteriormente.
La decoración es incisa geométrica restringida a la parte superior
del cuerpo; también pueden tener el cuello corrugado; el acabado es
burdo tanto en las superficies como en la decoración. Las formas
son: vasijas globulares y subglobulares con cuello restringido,
vasijas antropomorfas de silueta compuesta (hemiesférica en la
parte superior, globular en la parte inferior, unidas por un cuello
restringido), mocasines antropomorfos y cuencos de paredes
rectas.
La frecuencia con que aparecen en la colección del museo de la
Universidad de Antioquia, permite suponer que se trata de formas
exclusivamente funerarias (Lám. 8). Piezas de estas características
proceden de Mutatá, en donde se asocian a tumbas de pozo
recubiertas con grandes losas de piedra (Arcila, 1963), Dabeiba,
Cañasgordas, Giraldo, Caicedo y Bolívar. Las diferencias entre la
cerámica de uno y otro contexto, sugieren la existencia de una
división funcional entre cerámica doméstica y funeraria, hecho
reforzado por las investigaciones en otros sitios del nor-occidente
de Antioquia (Giró n, 1986; Arboleda, 1987; Martínez, 1987).
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Lámina 8. Vasija funeraria de la tradición Incisa con borde
doblado. Colección Museo Universidad de Antioquia.
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Ahora bien, con relación a los hallazgos efectuados en las
tumbas para las cuales se dispone de una consistente cronología,
debe señalarse la ausencia total de cuatro elementos hallados en
los sitios de habitación y atribuidos a dos fases diferentes, de
acuerdo con su asociación estratigráfica; éstos son: platos,
artefactos para triturar, metates y manos de moler. Parece poco
probable que dada la alta representatividad de los implementos de
la vida cotidiana y ritual presentes en las tumbas, se hubieran
excluido del conjunto de ofrendas los implementos mencionados,
ampliamente representados en los basureros.
En este orden de ideas, la ausencia de los mismos en las tumbas
correspondientes al período que va del siglo X al siglo XVI,
sugiere que éstas pertenecerían a la fase de desarrollo que en el
sitio estratificad o se asocia a la aparición de artefactos
pulidos, metates y manos de moler; no obstante se requiere
profundizar la investigación para explicar la ausencia de metates y
manos en las tumbas. Cabe anotar que no todos los sitios
localizados en el valle arrojan artefactos para triturar y platos,
mientras que sí es constante la existencia de metates, los cuales
son encontrados superficialmente.
Si bien es necesario ampliar las investigaciones para aclarar la
validez de esta periodización, los datos obtenidos hasta ahora
apuntan a la existencia en el período prehispánico, de dos fases de
desarrollo determinadas por cambios tecno-económicos que tal vez
indiquen cambios en el sistema agrícola y los artefactos líticos
asociados: una primera fase en la cual el cultivo de raíces era
predominante y una segunda a la cual se incorpora el cultivo del
maíz.
Si estas asociaciones fuesen válidas, podríamos aproximar una
cronología relativa para las ocupaciones del valle y sus
respectivas fases de desarrollo así: la fase tardía de la tradición
incisa con borde doblado se ubicaría aproximadamente entre el siglo
X y el XVI d. C., la fase intermedia se extendería varios siglos
atrás de esta época, si se tiene en cuenta que en el sitio
estratificado los niveles que contienen las evidencias que la
definen ocupan dos estratos con un espesor de 80 cm.; la fase
temprana-ubicada posiblemente en un período anterior a los siglos
VI o VII d. C.- incluye a los grupos portadores de la tradición
Roja Incisa.
Los desarrollos correspondientes a las dos últimas fases
contemplan actividades como los hilados y tejidos, la extracción de
oro aluvial, la pesca, caza y la explotación de la sal, tal como lo
indican la gran cantidad de fragmentos de ollas acumulados junto a
las fuentes saladas existentes en el corregimiento de Córdoba
-municipio de Sopetrán-, producto de la fractura de las vasijas en
las cuales se evaporaba el aguasal. La producción de sal y de la
cerámica requerida por esta industria, debió originar la
especialización de grupos en su manufactura. Todas estas
actividades debieron revertir en el desarrollo de redes de comercio
e intercambio entre distintos grupos de la región.
No obstante, la complejidad social que puede inferirse de los
datos antes expuestos, aparte de las elaboradas tumbas, que suponen
una gran inversión de trabajo en su construcción y un complejo
ritual funerario, entre los demás vestigios de la cultura de esta
zona, son escasos los elementos que señalen diferencias sociales o
la existencia de personajes socialmente reconocidos que gozaran de
privilegios especiales o ejercieran un control político, religioso
o militar, sobre la sociedad. Las representaciones antropomorfas
hechas en vasijas funerarias, esquematizan rostros humanos
adornados con pintura facial, narigueras y pendientes circulares en
las orejas, los cuales se ajustan a las descripciones de los
indígenas hechas por los cronistas en el siglo XVI.
Como se había dicho, la distribución de la cerámica indica que
grupos con características similares ocuparon la vertiente oriental
de la Cordillera Occidental y la cuenca del río Sucio hasta el Bajo
Atrato; en Mutatá la cerámica se encuentra asociada a tumbas de
pozo recubiertas con grandes lajas de piedra (Arcila, 1953); en
Buriticá se la encuentra en sitios de habitación y tumbas de pozo
(Girón, 1985); en Peque, la cerámica presenta algunas variantes en
cuanto a la decoración de las vasijas: la banda de los bordes fue
decorada con puntos y líneas cortas profundas o presenta
impresiones ovaladas; en general se trata de una cerámica de
manufactura burda (Martínez, 1987). En la parte alta de la
cordillera en Santafé de Antioquia, se encuentran sitios de
vivienda que arrojan la misma tradición cerámica y están
espacialmente diferenciadas de aquellos que contienen la tradición
Roja-Incisa, también presente en la vertiente en los corregimientos
de Guasabra e Indro (Arboleda, 1987).
Una tradición funeraria diferente a la asociada al complejo
cultural descrito arriba, se caracteriza por entierros en túmulos o
montículos, presentes en el curso superior del río Sucio en
Dabeiba, hacia el occidente por los Municipios de Frontino y Urrao;
hacia el Este el punto de máxima penetración parece ubicarse en el
Municipio de Buriticá en donde uno de ellos fue fechado en el siglo
V d. C. (Girón, op. cit.). Allí, al igual que en Dabeiba, los
túmulos están asociados a una cerámica sencilla, recubierta con un
baño rojo; las formas más comunes son vasijas subglobulares de
bordes evertidos lisos; en el túmulo mencionado, se halló también
un fragmento de metate, lo que supone el cultivo del maíz para la
época. Los sitios de vivienda asociados a la cerámica de este
complejo se localizan en el sector noroccidental del municipio y no
existe una asociación espacial con los correspondientes a la
tradición incisa con borde doblado (Ibid.).
La distribución de estos complejos culturales en el noroccidente
del departamento, coincide en líneas generales con el territorio
ocupado por grupos cultural y lingüísticamente afines en el siglo
XVI, de acuerdo con la información aportada por los cronistas.
Estos son enfáticos en situar en el río León, sobre la Sierra de
Abibe, una frontera cultural y lingüística entre los indios de la
región costera y los del interior de Antioquia; una discontinuidad
similar existía al sur, en la provincia de Caramanta, cuyos
habitantes diferían en lengua y costumbres de los anteriores. El
cronista Cieza refiere sobre los grupos de la Sierra de Abibe:
"por aquí no hay de la mala hierba de Urabá",
aludiendo con ello a que éstos no usaban armas envenenadas. De la
provincia de Caramanta dice: "la gente de esta provincia
es dispuesta, belicosa, diferente en la lengua a las
pasadas" (Cieza 1971: 70), o sea, de aquellas ubicadas al
norte de dicha provincia. La identidad lingüística de los
diferentes grupos de la región se manifiesta en que pese a las
diferencias dialectales, los conquistadores pudieron comunicarse
dentro de esta región con los mismos intérpretes. A propósito de
ello, el escribano de Robledo refiere que "las lenguas de
la provincia de Hevéjico duran más de cuarenta leguas de largo e de
ancho, otras tantas para ser una lengua" (Sardella, 192
l); en el mismo sentido, Fray Pedro Simón dice que "la
lengua, costumbres, desnudez, talle, religión y entierros de los
indios de esta provincia (Peque) se diferencian en poco de lo que
hemos dicho de las provincias de arriba"(Simón 1981, tomo
VI, p. 117); alude el cronista a los Hevéjicos, Noriscos, Curumes y
a algunos pueblos cercanos ubicados sobre la margen oriental del
río Cauca.
Las unidades sociopolíticas diferenciadas dentro de esta región
eran Guacas, Nores, Catíos, Hevéjicos, Noriscos, Peques e Ituangos;
otros pueblos como Curumes, Pencos, Tecos y Abibes, que aparecen en
las crónicas, probablemente constituían núcleos de algunas de las
agrupaciones mencionadas antes.
Estos grupos presentaban distintos niveles de desarrollo de sus
estructuras sociopolíticas, desde un nivel tribal avanzado tal como
aparece entre los Catíos, de cacicazgos en proceso de formación
-Peques, Noriscos, Ituangos y Hevéjicos- hasta cacicazgos
consolidados y en proceso de expansión como los Guacas. Entre los
grupos de esta región, a pesar de la diferenciación en unidades
políticas autónomas y la existencia de conflictos guerreros entre
ellos, debieron primar fuertes relaciones, evidentes en las
alianzas o confederaciones esporádicas que realizaban para
enfrentar grupos foráneos; es posible que tales relaciones se
derivaran de un origen común subyacente a la diferenciación
política anotada (Castillo, 1987).
La confrontación de los datos arqueológicos con las fuentes
etnohistóricas indican algunas correspondencias. En primer término,
los cronistas refieren que en el territorio del cacicazgo de Guaca,
localizado en el curso medio y superior del río Sucio, con dominios
también en la Sierra de Abibe, las tumbas eran "una bóveda
muy bien laborada, la boca al nascimiento del sol, en la cual
estaban muchas ollas llenas de joyas de oro muy fino"
(Cieza, 1971: 65). Este rasgo, concuerda con el tipo de tumba que
se encuentra en la cuenca del río Sucio en Mutatá y Dabeiba,
consistente en tumbas de pozo recubiertas de grandes lajas de
piedra. Este dato unido a la presencia de la tradición
"Incisa con borde doblado", desde el bajo río
Sucio hasta el curso superior del mismo, zona que se aproxima al
territorio controlado por el cacicazgo de Guaca, sugiere que estos
podrían relacionarse con el complejo cultural referido.
El territorio ubicado al occidente del curso superior del río
Sucio coincide con la zona de dispersión de tumbas de túmulo, las
cuales constituían el rasgo específico del cacicazgo de Nore:
"cuando se mueren los principales señores destos valles
llóranlos muchos días arreo, y tresquílanse sus mujeres, y mátanse
las más queridas, y hacen una sepultura tan grande como un pequeño
cerro, la puerta della hacia el nascimiento del sol. Dentro de
aquella tan gran sepultura meten al difunto lleno de mantas y con
el oro y armas que tenía" (Cieza, 1971: 68). Sin embargo,
estas estructuras, como se dijo antes, están asociadas a un tipo de
cerámica formal y estilísticamente diferente de la encontrada en
las tumbas de pozo descritas arriba; tales elementos señalarían
diferencias en cultura material con respecto a los Guacas, pese a
que los cronistas anotan que los de Nore eran de "la misma
lengua y traje de los del Guaca" (Cieza, 1971), con
quienes tenían guerras permanentes.
Si se acepta que las tumbas de túmulo identifican a los Nore, es
posible suponer que en el siglo V d. C., grupos relacionados con
esta etnia hayan ocupado la región minera de Buriticá, tomando en
cuenta el hallazgo en dicha localidad de esta clase de tumbas
fechadas en esa época (Girón, 1985). Al parecer habían sido
desplazados de allí, razón por la cual durante la primera
expedición española en la zona, uno de los caciques de Nore, guió
personalmente a los conquistadores hasta Buriticá (Simón, t. v.:
200).
Los datos anteriores son los únicos que apuntan a una
correspondencia étnica de las evidencias culturales
arqueológicamente definidas. No obstante, la dispersión de la misma
tradición cerámica en territorios presuntamente ocupados por
Hevéjicos, Noriscos y Peques sugiere que estos compartían la misma
tradición cultural con aquellos que ocupaban la cuenca del río
Sucio. Hace falta obtener datos acerca de la zona donde existían
asentamientos de los Catíos, es decir, al suroccidente de Santa Fe
de Antioquia, en la parte alta de la cordillera; en principio y
sobre la base de los datos disponibles, derivados fundamentalmente
de las piezas de la colección del Museo de la Universidad de
Antioquia que provienen de dicha región, la relación es ambigua ya
que se encuentran vasijas correspondientes a los complejos que
predominan en el noroccidente y suroeste del departamento.
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Láminas 9, 10, 11 y 12. Vasijas de la tradición Marrón-Incisa
halladas en el departamento de Antioquia. Procedencias: Titiribí
(9) y Santa Fé de Antioquia (10, 11 y 12). Colección Museo
Universidad de Antioquia.
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Complejo cultural del suroccidente
El suroeste antioqueño y la zona sur de la vertiente occidental
de la cordillera central conforman una región que fue escenario en
épocas prehispánicas de procesos de desarrollo de grupos
culturalmente afines. Esto se refleja en la similitud de las
numerosas piezas de cerámica procedentes de localidades de esta
amplia región tales como Liborina, Olaya, Sopetrán, Santa Fe de
Antioquia, Giraldo, Caicedo, Urrao, Bolívar, Andes, Jericó,
Venecia, Titiribí, Heliconia, Valle de Aburrá y el altiplano al
oriente de Medellín. La cerámica se ajusta a un estilo uniforme,
caracterizado en cuanto a la decoración por un engobe rojo oscuro y
la incisión fina como técnica decorativa predominante; a estos
rasgos se une una estandarización de las formas que incluyen:
cuencos sencillos, cuencos con incisiones en el fondo, cuencos
fitomorfos, platos con asas, vasijas globulares y subglobulares con
cuello alto, recto y borde evertido, recipientes de cuerpo
semiesférico y cuello amplio de paredes divergentes y borde
evertido, vasijas aquilladas con cuello y hombro corrugado, vasijas
fitomorfas, vasijas cilíndricas de base aplanada, cuencos con
protuberancias periféricas repujadas sobre el ángulo que une cuerpo
y borde. (Láms. 9, 10, 11, 12).
Todas las formas anotadas presentan una variada gama de motivos
decorativos hechos con incisión fina entre los que se cuenta
dentado estampado, dentado estampado-cuneado, líneas incisas
profundas, líneas acanaladas pandas, líneas finas dispuestas en
espina de pescado, líneas de puntos rectangulares y puntos
profundos. Estos motivos se utilizaron en diferentes vasijas, sin
que hasta el momento puedan establecerse asociaciones específicas
entre formas y motivos particulares que pertenezcan a zonas
determinadas o se asocien con diferentes fases de desarrollo de
esta tradición cultural, ya que no se poseen dataciones absolutas
para ninguno de los sitios donde ésta ha sido hallada.
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Láminas 13, 14, 15 y 16. Vasijas de la tradición Marrón-Incisa
procedentes de Liborina, Antioquia (14), Salamina, Caldas (15) y
Medellín (16). Colección Museo Universidad de Antioquia.
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Dentro de las formas de esta tradición cerámica se destacan las
vasijas de cuerpo cilíndrico y base aplanada, generalmente
decoradas con líneas incisas perpendiculares al cuerpo, separadas
entre sí formando franjas de aproximadamente dos centímetros de
ancho, rellenas con líneas incisas dispuestas formando el motivo
espina de pescado (Láms. 13, 14, 15, 16). Las piezas presentan
-como las demás de la tradición- un engobe de color rojo oscuro
tendiente a marrón, tonalidad obtenida al ahumar ligeramente el
engobe rojo original. Recipientes de forma similar han sido
hallados en la región del macizo central en los departamentos de
Caldas y Quindío y configuran una de las piezas -tipo para
caracterizar al denominado estilo
|Marrón-Inciso definido
por K. Bruhns en su estudio sobre los complejos cerámicos del Cauca
Medio (Bruhns, 1977). Se ha planteado que este estilo pertenece a
una época formativa de los desarrollos del macizo central y que se
relacionaría con la orfebrería Clásica Quimbaya, la cual se
desarrolló posiblemente en períodos anteriores al siglo X d. C.
(Plazas y Falchetti, 1984. Reichel-Dolmatoff, 1987).
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Láminas 17 y 18. Fragmentos de cerámica Marrón-Incisa excavados
en Jardín, Antioquia.
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La similitud de rasgos como la decoración y el tratamiento de
superficies de las vasijas catalogadas como urnas funerarias, así
como el hallazgo recurrente de las mismas en zonas como el Valle de
Aburrá y cuenca del Cauca en Antioquia, permiten afirmar que las
mismas forman parte de la tradición que predomina en estas zonas y
en gran parte del suroeste antioqueño. En un reconocimiento
preliminar, efectuado en la localidad de Jardín
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en el Suroeste, se constató
la asociación de estas piezas a sitios de habitación que arrojaron
en su totalidad cerámica de la tradición que se ha venido
describiendo. Aunque sólo se trata de fragmentos, sus
características posibilitan afirmar que hacen parte de las
vasijas-tipo del estilo "Marrón inciso" (Láms.
17-18).
Sobre la base de estos datos es posible plantear entonces, que
los grupos que las elaboraron fueron quienes poblaron una amplia
región del territorio del departamento de Antioquia.
La cerámica hallada en Jardín, así como en las demás poblaciones
mencionadas, corresponde formal y estilísticamente con el llamado
complejo
|Rojo Inciso que caracteriza la fase de ocupación
más antigua, determinada en el sitio estratificado situado a
orillas del río Cauca en el municipio de Sopetrán
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. Allí, de manera relativa se
ha ubicado tal fase en épocas anteriores al siglo VI o VII d. C. El
complejo cerámico respectivo es sustituido posteriormente por el
complejo Inciso con borde doblado que predomina en el noroccidente
del departamento.
Al parecer, la llegada al Valle de los grupos portadores de este
último complejo, implicó el desplazamiento de los portadores del
complejo Rojo Inciso hacia las vertientes de las cordilleras y
posiblemente hacia zonas diferentes de las ocupadas por los grupos
más tardíos (Castillo, 1987). Las investigaciones efectuadas en la
vertiente de la cordillera occidental en el municipio de Santa Fe
de Antioquia, permiten establecer una distribución espacial
diferente de los sitios de habitación asociados a los dos
complejos. Sin embargo, la existencia en algunos sitios
pertenecientes al complejo tardío de cerámica de la tradición Roja
Incisa, sugiere posibles contactos durante algún tiempo entre dos
grupos étnicos territorialmente vecinos (Arboleda, 1987). En
Sopetrán, sobre las faldas de la cordillera existen algunos sitios
que solo arrojan material Rojo Inciso y los contactos o relaciones
entre los dos grupos no han podido verificarse; a pesar de que esta
zona, al parecer, constituye el límite entre las dos regiones donde
predominan las tradiciones reseñadas.
Como se dijo, las formas y la decoración de la cerámica Roja
Incisa concuerdan con las que caracterizan la tradición en los
demás sitios donde se presenta: cuencos con incisiones profundas en
el fondo, platos, vasijas subglobulares de borde evertido y labio
plano o biselado, cuerpo decorado con líneas acanaladas, cuencos
con protuberancias periféricas, etc. Teniendo en cuenta estas
correspondencias y con miras a una unificación de terminologías,
considero que el término
|Rojo-Inciso utilizado
inicialmente para denominar el complejo hallado en el Valle y áreas
contiguas, puede sustituirse por el nombre de
|Marrón-Inciso que ya es de uso generalizado dentro de la
literatura arqueológica y por los investigadores que se ocupan de
esta problemática.
Además de las investigaciones efectuadas en el valle del río
Cauca y de los datos preliminares obtenidos en Jardín, una de las
áreas que provee información sustantiva para establecer las
características de la tradición Marrón Incisa es el Valle de
Aburrá. Al parecer todo el valle fue ocupado por grupos
relacionados con dicha tradición, según la información aportada por
G. Arcila en su trabajo "Introducción a la Arqueología del
Valle del Aburrá" (1977). El estudio de este autor se basa
en el análisis de piezas provenientes en su totalidad de contextos
funerarios, las cuales muestran prácticamente toda la gama de
formas y decoraciones que forman parte de la tradición; igualmente
coinciden con las formas presentes en la colección del Museo de la
Universidad de Antioquia, así como con las obtenidas en las
excavaciones.
En el Valle de Aburrá, la cerámica Marrón Incisa se encuentra
asociada a tumbas de pozo tapado con grandes piedras aplanadas
(Arcila, 1977). En ellas los entierros se efectuaron en urnas y al
parecer se trata de inhumaciones secundarias; al norte del Valle en
la localidad de Barbosa las tumbas asociadas a la misma tradición,
están formadas por cinco piedras alargadas, dispuestas a manera de
sarcófago, dentro de las cuales se halla el cadáver en posición
extendida. En las demás zonas se desconocen las pautas
funerarias.
Otros sitios relacionados con la tradición cerámica que nos
ocupa se encuentran en Heliconia y el altiplano oriental en los
municipios de El Retiro y Santa Elena; todos ellos relacionados con
la explotación de fuentes de agua salada. En las excavaciones
efectuadas por G. Santos en Los Salados de El Retiro, se encontró
una cerámica caracterizada por un engobe rojo oscuro, decoración
impresa de puntos y líneas (dentado-estampado) la cual se presenta
en el borde, el cuello y parte superior del cuerpo del recipiente;
allí también se encuentra una cerámica con decoración corrugada en
el cuello que también es común a la tradición; las formas
predominantes son vasijas de cuerpo subglobular o hemisférico,
bordes biselados, cuencos semiesféricos y vasijas globulares
(Santos, 1986). Cerámica similar se encuentra también en Heliconia
asociada al procesamiento de la sal (Santos, com. pers.). Este
sitio parece corresponder con el área donde en el siglo XVI estaba
el pueblo de Murgia que los conquistadores españoles hallaron en la
vertiente occidental de la cordillera central cerca del Valle de
Aburrá (precisamente de donde partió la expedición que descubrió
este valle). Allí se halló gran cantidad de sal, que explotaban los
indígenas de las fuentes de agua salada de la región; la sal
obtenida era utilizada como producto de intercambio y, según el
cronista Cieza, éste se hacía con grupos ubicados hacia la
vertiente del Magdalena, a cambio de oro y mucha ropa de algodón.
Grupos afines explotaron también los salados ubicados en el
municipio de Santa Helena, al oriente de Medellín (Santos, com.
pers.). En este orden de ideas es claro que el control y
explotación de un recurso fundamental como la sal, fue realizado
seguramente durante muchos siglos.
Es posible que la homogeneidad de la cerámica encuentre
explicación en la similitud cultural de grupos que ocuparon el
suroccidente antioqueño, continuum cultural que se extendería al
sur hacia la región caldense. Se requiere de investigaciones
arqueológicas y etnohistóricas para aclarar el panorama
prehispánico de la región que permitan establecer no sólo los
vínculos entre los vestigios arqueológicos y los grupos del siglo
XVI, sino los procesos que les dieron origen. Es evidente, además,
que investigar esta región contribuye al esclarecimiento de
problemas arqueológicos cruciales que abarcan a otras regiones y
culturas geográfica e históricamente relacionadas con ella.
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BIBLIOGRAFÍA
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|Boletín del
Instituto de Antropología (Medellín), 1(1), nov., 1953.
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1949.
-.Tres estudios para la etnografía y arqueología de Colombia.
Los reinos de Guaca y Nore.
|Rev. de Indias, Madrid
1941.
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|1
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Quiero expresar mi especial reconocimiento a las estudiantes
Luz Elena Martínez y Silvia Elena Botero por su permanente
asistencia en el trabajo de laboratorio de algunas de las
investigaciones, base de muchos de los planteamientos aquí
formulados.
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Manifiesto mi agradecimiento al arqueólogo Gustavo Santos quien
amablemente facilitó las fotografías de la cerámica del Golfo y me
permitió el acceso al manuscrito inédito de sus
investigaciones.
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Algunas de las excavaciones efectuadas en esta zona se han
realizado con estudiantes de Antropología inscritos en las
prácticas de arqueología en los semestres 832, 84-1, 86-1.
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Este reconocimiento se realizó como parte de los programas de
Recuperación de la Memoria Cultural, de Extensión Cultural
Departamental, en marzo del presente año.
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Ver información al respecto, en este artículo, en los apartes
dedicados al complejo noroccidental.
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