Ficha bibliográfica
Titulo:
Nota sobre un fragmento de tela hallado en la hoya del Quindío
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Marianne Cardale de Schrimpff




INDICE




 

NOTA SOBRE UN FRAGMENTO DE TELA HALLADO EN LA HOYA DEL QUINDÍO

MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF

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Foto 1 . Resto de tela conservado sobre un pectoral de tumbaga. Se encontró en una tumba del complejo Caldas, cerca a Pueblo Tapado. El pectoral mide 20 cms. de diámetro. Colección particular.

Son muy conocidos los numerosísimos volantes de huso con diferentes formas y diseños que se han encontrado en las tumbas del Quindío, instrumentos que atestiguan una floreciente industria textil. Durante las primeras décadas de la colonia, mantas de algodón figuraban entre los artículos más importantes que tributaban los indios quimbayas a sus encomenderos. En su estudio sobre este grupo, basado en documentos de archivo, Friede (1963" 27) nos informa que estas mantas eran más grandes y tupidas que las del Nuevo Reino, es decir, las que fabricaban, en la Cordillera Oriental, los muíscas y los guanes. El mismo autor comenta que las mantas de los quimbayas eran elaboradas en algodón silvestre, dato sorprendente si tomamos en cuenta lo fácil que es cultivar el algodón donde el clima es adecuado, y el cultivo generalizado de esta planta entre los indígenas, hasta hace unos años, en sus huertas o al pie de sus casas donde botan las semillas cuando están limpiando la fibra.

Los primeros cronistas españoles nos dejaron alguna información acerca de las telas utilizadas por los diferentes grupos que habitaban el Valle Medio del río Cauca, información que ha recopilado Duque (1970, cap. XI). Sólo los indios de Anserma "cubrían todo su cuerpo con vestimentas, que consistían en grandes mantas, adornadas con piezas de oro de distintas formas: los demás iban semidesnudos...". Cieza de León (Cap. XXII) nos informa que los indios de Picara, al norte de los Carrapas, usaban solamente "pequeñas mantas o maures, con que se cubren las partes vergonzosas..."; menciona también "chagualetas", pequeñas piezas de oro que los indios de Pozo ponían en las mantas, y hasta banderas, formadas por "una manta larga y angosta puesta en una vara, llena de unas piezas de oro pequeñas, a manera de estrellas, y otras con talle redondo" (Cap. XXIII).

Sin embargo, no se ha conservado ningún ejemplar, ni de las famosas mantas que tributaban los quimbayas ni de las vestimentas que usaban sus vecinos o sus antepasados.

Las condiciones húmedas de las tumbas tampoco conducen a la conservación de telas, aunque de vez en cuando se encuentran pequeños restos adheridos a objetos de tumbaga (Foto 1) o, donde había grandes cantidades de este metal, hasta fragmentos de tela conservados por el cobre, del cual tomaron un color verde.

Por eso es de un interés muy especial un pequeño fragmento de tela muy fina y con decoración pintada que fue hallado hace muchos años en el Quindío (Foto 2). El fragmento pertenecía a la antigua colección de don Luis Arango Cano, conocido autor de "Memorias de la Guaquería en el Quindío" (1924), una recopilación de datos sobre numerosísimas tumbas, abiertas por él u otros guaqueros a finales del siglo pasado y principios de éste. Actualmente, el fragmento forma parte de la colección de don Jesús Arango Cano, hijo de don Luis, quien muy amablemente me permitió estudiarlo. No se conservan detalles del hallazgo o de su procedencia exacta y no hay forma de saber si es temprano o tardío en la secuencia de culturas que moraban en el Quindío.

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Foto 2. Fragmento de tela pintada hallado en el Quindío. Pertenecía a la antigua colección de don Luis Arango Cano. Mide 8 x 6 cms.

A pesar del tamaño muy reducido del fragmento (8 x 6 cms.), se conserva parte de un diseño a base de rectángulos concéntricos ejecutado en un color pardo sobre un fondo gris/crema que es, probable mente, el color natural del algodón. El diseño está enmarcado por una línea más ancha del mismo color pardo, sobre el borde de la cual se aprecia una hilera de pequeñas zonas ovaladas de color crema, creando un diseño de aspecto negativo. Tanto para la urdimbre como para la trama, se utilizó hilo fino, regular, torcido en sentido Z. El tejido es tupido, con 10 hilos por cm. en un sentido (¿trama?) y 40 hilos por cm., utilizados en pares en el sentido contrario (¿urdimbre?).

La decoración pintada es poco común entre las telas precolombinas conservadas en Colombia. Del sur del país los únicos fragmentos de telas relativamente bien conservadas son de Nariño y no se conoce ningún ejemplar con decoración pintada. La otra área del país donde se han encontrado un buen número de telas precolombinas es la cordillera oriental, la misma zona de donde venían las ya mencionadas "mantas del Nuevo Reino", elaboradas por los muiscas y los guanes. Se conocen algunas telas pintadas, halladas en cuevas en la Mesa de los Santos en Santander (Schottelius 1946; Cardale de Schrimpff s.f.; 1986), de un sitio que parece corresponder al Páramo de Pisba y de un lugar que parece ser Gachancipá (Broadbent 1985). El fragmento del Quindío es demasiado pequeño para permitir una comparación de los diseños pero es interesante que en ambos grupos, la urdimbre está conformada por hilos sencillos trabajados en pares, a pesar de que, en la Cordillera Oriental, las urdimbres de las telas no pintadas son sencillas. El tejido de la colección Arango Cano es más fino que la mayoría de las telas de la Cordillera Oriental las cuales tienen, generalmente, alrededor de 20 urdimbres por cm., aunque aquí también los ejemplares pintados son, a veces, muy finos. Una tela pintada hallada en la Mesa de los Santos tiene de 34 a 38 hilos por cm. (Cardale de Schrimpff, s. f., G 72) y las telas que parecen ser del Páramo de Pisba tienen hasta 42 hilos. Sin embargo, hay una diferencia fundamental entre las telas de las dos zonas, que es la dirección de torsión - Z en el fragmento del Quindío y S en las telas de la Cordillera Oriental. Este detalle sugiere que el fragmento del Quindío pertenece a una tradición textilera diferente a la que existía en la Cordillera Oriental. Sin embargo, hacen falta telas más completas que permitan el estudio de diseños completos y de otros rasgos diagnósticos como los orillos.

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| BIBLIOGRAFÍA

Arango Cano, Luis. |Memorias de la guaquería en el Quindío. Tomos 1 y 2, Bogotá. 1924.

Broadbent, Sylvia. Chibcha textiles in the British Museum. |Antiquity LIX, No. 227, pp. 202-205. 1985.

Cardale de Schrimpff, Marianne. |Textiles arqueológicos en el Museo Casa de Bolívar, Bucaramanga. Informe presentado a la Fundación de Investigaciones Arqueológicas, Banco de la República, Bogotá. s. f.

. Painted Textiles from Caves in the Eastern Cordillera, Colombia. |The Junius B. Bird Conference on Andean Textiles, April 7th and 8th, 1984, pp. 205-217. Washington. 1986.

Cieza de León, Pedro de. |La Crónica del Perú. Ediciones de la Revista Jiménez de Quesada. Bogotá. 1971.

Duque Gómez, Luis. |Los Quimbayas. Reseña etno-histórica y arqueológica. Instituto Colombiano de Antropología, Bogotá. 1970.

Friede, Juan. |Los Quimbayas bajo la dominación española. Banco de la República. Bogotá. 1963.

Schottelius, Justus W. Arqueología de la Mesa de los Santos. |Boletín de Arqueología, III, julio-septiembre, 213-226. Bogotá. 1946.

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