Ficha bibliográfica
Titulo:
Reseñas Publicaciones periodicas. Boletín Museo del Oro. Nš 22. Septiembre - Diciembre de 1988
Edición original: 2005-05-16
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-16
Creador: Martha L. Urdaneta Franco, Héctor Llanos Vargas, Warwick Bray




INDICE




Reseñas
PUBLICIONES PERIODICAS

| ARQUEOLOGIA No. 4

| Revista Estudiantes
Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia

En su cuarto número la revista Arqueología nos trae los siguientes artículos: ¿ |Qué es arqueología? de James Deets; |Utilización del espacio arquitectónico en el mundo precolombino colombiano de Alvaro Chaves; Un acercamiento a las prácticas de deformación craneal y a sus posibles implicaciones culturales de Margarita Reyes y Natalia Pradilla; |Seis. Capítulo para desarmar (Bosquejo Analítico) de Jairo Nieto; |Estudio de la composición mineralógica de la cerámica precolombina calima, en relación con la geología de la zona (aplicaciones) de Alejandro Pradilla; y la última parte del artículo de Daniele Lavalle sobre |Ocupación Prehistórica de las altas tierras andinas.

| ARQUEOLOGIA No. 5

| Revista Estudiantes
Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia

El quinto número de esta publicación periódica se abre con un artículo de Alvaro Botiva sobre |Pérdida y rescate del patrimonio arqueológico nacional. Francisco Ortiz hace un recuento sobre |Etapas en la obra etnológica de Gerardo y Alicia Reichel-Dolmatoff. José Vicente Rodríguez nos ofrece su ensayo |Acerca de la supuesta debilidad mental y física de los Muiscas como posible causa de su conquista y su posterior extinción. Carlos Eduardo López reseña su |Exploración Arqueológica en Cimitarra (Santander) y el volumen se cierra con un cuento de Nelson Congo sobre |Peces de colores y algunas caricaturas de Mordillo.

| ARQUEOLOGIA

| No. 6 Revista Estudiantes
Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia

El sexto volumen de Arqueología contiene el siguiente material: |Desarrollo de las comunidades indígenas de la Sierra Nevada dé Santa Marta desde el formativo hasta el siglo XVI por Carl Langebaek; |Fuentes de los escritos de seis cronistas de José Virgilio Becerra; |Los Museos y su incidencia en la educación, difusión y toma de conciencia de la importancia del pasado regional por Margarita Reyes, Natalia Pradilla y Carlos Eduardo López; |Mensajes del pasado de Ana Cristina Restrepo; |Los Kawiri: Guerreros del Pasado (Primera parte) de Jorge González; |Transcripción de un documento de archivo (Llanos Orientales) de Jorge González y Armando Moreno; |Antropología y conservación de Ruth Elvira Rico, Gloria Mercedes Vargas y Blanca Yolanda Sierra y un cuento de Victoria Vásquez Awad titulado |A propósito de literatura etnográfica. El volumen se cierra con la |Declaración indigenista de Sevilla.

| UROBOROS No. 3

| Revista Estudiantes
Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia

El tercer número de Uroboros nos ofrece un material de gran interés compuesto por: |Nos visitó James Petras de Alonso Correa; |A grupos marginados, políticas marginadas una entrevista con François Correa; Colombia: |Violencia y Democracia de Libardo González; |Los intelectuales y el estado Colombiano: La presencia de los invisibles de Francisco Jaramillo; |Yo no comprendería una universidad que atentara contra la libertad entrevista con Marco Palacios; |Aparato estatal y disciplinas sociales: una relación de marginados de Guillermo Cortés; |Los investigadores responden...; El poeta Aleksandr Blok ante el año 1917 de Rubén Flórez; |La Universidad se está recuperando de tantas reventadas entrevista con Myriam Jimeno y otras secciones sobre |¿En qué andamos?; Sólo letras; Humor; Reseñas.

| REVISTA DE ANTROPOLOGIA Vol. III, No. 2

| Departamento de Antropología
Universidad de los Andes
Apartado 4976 Bogotá

En este número de la Revista de Antropología encontramos un valioso material compuesto por:

|La recuperación de la historia en el gran Cumbal de Joanne Rappaport; |Etnohistoria e historia social: dos formas de recuperación del pasado de Susy Bermúdez y Enrique Mendoza; |Interpretando el pasado Páez de Joanne Rappaport; |Malocas de terror y jaguares españoles: aspectos de la resistencia indígena del Cauca ante la invasión española del siglo XVI de Roberto Pineda Camacho; |Dispersión geográfica y contenido simbólico de la cerámica Guatavita Desgrasante Tiestos: un ensayo de interpretación de Carl Langebaek. La sección de Debates contiene ensayos de Nina de Friedemann sobre |Antropología en Colombia: después de la conmoción; |La arqueología en Colombia: ¿inducimos, deducimos o imaginamos? de Felipe Cárdenas; |El manejo del tiempo en arqueología de María Victoria Uribe. El volumen se cierra con reseñas bibliográficas.

 

MONUMENTOS ARQUEOLOGICOS DE TIERRADENTRO

Alvaro Chaves M. y Mauricio Puerta R. - Banco Popular

Hace 15 años, Alvaro Chaves y Mauricio Puerta iniciaron investigaciones arqueológicas en la región de Tierradentro. Entre 1973-76, auspiciados por el Instituto Colombiano de Antropología y por la Fundación de Investigaciones Arqueológicas del Banco de la República, sus esfuerzos se canalizaron hacia el estudio de hipogeos y estatuas existentes en la región; su labor fue galardonada en ese último año con el Premio Nacional de Arqueología otorgado por el Museo Arqueológico del Banco Popular. El premio incluía la publicación de la obra, hecho que sólo se cumplió 10 años después, en 1986, con la lujosa, bien ilustrada e incómoda edición de |Monumentos Arqueológicos de Tierradentro. Por esta razón, el libro corresponde fundamentalmente a los trabajos realizados por los autores hasta 1976. Hoy en día, cuando la problemática arqueológica planteada para Tierradentro ha cambiado, cuando los posteriores trabajos de los mismos autores han tomado nuevos rumbos y buscan aclarar otro tipo de interrogantes, la lectura de esta obra -sin negar su utilidad informativa- deja cierto sabor a trasnochado.

Porque lo que el contenido del libro refleja es un especial interés, como su título ya lo indica, por lo monumental, por lo potencialmente turístico. Para ese entonces los autores consideraban que en Tierradentro "la riqueza arqueológica... consiste principalmente en cementerios...". Más de la mitad de la obra está dedicada a una detallada descripción de las tumbas de entierro secundario llamadas "hipogeos", encontradas en la mayor parte de los casos por arqueólogos (Hernández de Alba, Bürg, Silva Celis, Long y Yangüez, etc.) o guaqueros que estuvieron allí antes que los autores. Los sitios privilegiados por el estudio son la Loma de Segovia, el Alto de San Andrés, el Alto del Duende y la Loma del Aguacate. La descripción incluye excelentes dibujos en planta y corte (uno longitudinal y otro transversal) de todos los hipogeos, en los que se muestra la forma, dime siones, orientación, decoración y hallazgos en posición; también se informa sobre el estado en que se encontraba cada uno de ellos y se da una pormenorizada relación del trabajo realizado (etapas y procedimientos de excavación, reexcavación, conservación y acondicionamiento para el turismo).

El contenido de las tumbas, cuando existía a información o cuando éstas fueron abiertas por los autores, es descrito en detalle. La cerámica corresponde, principalmente, a vasijas cilíndrico globulares y globulares, utilizadas en su mayoría como urnas funerarias, aunque también hay cuencos y vasijas semiesféricas. Se realizó una tipología en la que se tuvo en cuenta el color (amarillo café, gris, rojo, negro) y la textura (fina, gruesa) de la pasta y según estos criterios, la mayor parte de las vasijas resultó ser "gris fina". También se tuvo en cuenta el color del baño (rojo, café, gris), presente en la mayor parte del material; predominan el café y el rojo por ambas caras. El 35% de las vasijas presenta decoración que, aunque muy variada, consiste predominantemente en pintura blanca sobre rojo y negra sobre rojo, en diseños geométricos. La incisión empastada y las aplicaciones zoomorfas y antropozoomorfas son características de esta cerámica. Los objetos líticos corresponden a bases de urna, fragmentos de metate, azuelas y manos de moler. Los restos óseos, correspondientes todos a entierros secundarios humanos, se encontraron dentro de las urnas y también fuera de ellas, en huecos hechos en el piso de las tumbas.

Es interesante notar la ausencia de objetos metálicos en los hipogeos. Los autores comentan que las piezas de oro encontradas en la región provienen de tumbas sencillas de entierro primario y de rocas o sitios de ofrenda. Consideran que las piezas no son propias de Tierradentro, sino que llegaron allí por intercambio comercial. Al respecto, es oportuno recordar que Plazas y Falchetti |1 han detectado allí dos complejos orfebres que corresponderían a expresiones locales de dos grandes tradiciones culturales que se desarrollaron en el suroccidente de Colombia.

Los hipogeos fueron clasificados según criterios de tamaño y forma. Así, éstos se ordenaron, primero según la presencia o ausencia de techo, luego los primeros se agruparon según tuvieran o no columnas y después de acuerdo a la presencia de nichos y al número de ellos. Esta clasificación culminó en una propuesta de cronología relativa según la cual las tumbas más pequeñas, sencillas y sin decoración serían el antecedente temporal de las más grandes y complejas. Esta evolución de los hipogeos en el tiempo estaría acompañada de una igual transformación en la cerámica, particularmente en su decoración. Sin embargo, esta interpretación es un tanto problemática. Por una parte, la información sobre la que se basa corresponde exclusivamente a los pocos hipogeos excavados por los autores. Por otro lado, la relación entre cierto tipo de tumba y cierta clase de cerámica (formas y decoraciones) no es tan evidente ni consistente como se plantea y, además, existen importantes excepciones tratadas por los autores como "atípicas" (es, por ejemplo, el caso de las tumbas del Alto del Aguacate y de la tumba No. 5 del Alto del Duende). De cualquier manera, la propuesta tendría que ser sustentada con datación absoluta y para entierros secundarios, sólo existe una fecha (850±200 d.C.) que corresponde a una tumba del Alto del Aguacate. En los últimos años los autores han logrado dos fechas adicionales, pero una corresponde a una tumba de entierro primario en las Lomas de Patucue, Santa Rosa (630±80 d.C.), y la otra a un entierro de ofrenda en Aguabonita (1320±180 d.C.).

También se reseñan y describen detalladamente 11 estatuas del sitio El Tablón (10 de las cuales habían sido ya reseñadas) y 9 del Parque Arqueológico, todas traídas de otros lugares. Sobre los talladores de estas piedras, los autores comentan que no es posible por el momento saber la relación que puede existir entre ellos y los constructores de las tumbas. Sí consideran que pueden estar relacionados con los escultores de San Agustín.

Finalmente, los autores llegan a interesantes e inesperadas conclusiones sobre "las características generales del pueblo constructor". Se les ubica dentro de la, tan de moda y prestigiosa, categoría de cacicazgos, con una eficiente explotación agrícola, una organización política basada en el poder sacerdotal, con la religión como "institución primordial en la cultura", con presencia de una fuerte diferenciación social, etc. Aunque es posible que todo esto sea cierto, es menos claro de dónde sale tanta elucubración. Estamos de acuerdo en que la información empírica nunca es suficiente para realizar interpretaciones y que es necesario hacer uso de cuerpos teóricos, de modelos, para lograrlas. Pero entre la una y los otros debe poderse crear puentes que los relacionen. Y en este caso, no es nada clara la posibilidad de pasar de un par de metates a una "eficiente explotación agrícola", de la existencia de entierros en urnas y en el suelo dentro de un mismo hipogeo a la de "diferenciación social", de la presencia de elaboradas tumbas y estatuaria monumental en actitud no-guerrera (además esta última no se debería tener en cuenta, ya que se desconoce si pertenece al mismo complejo) a "una sociedad sacerdotal cuya principal institución era la religión" y, de todo esto a una sociedad cacical. En todo caso, habría que explicitar los presupuestos teóricos y metodológicos que permiten realizar este tipo de saltos. No cabe duda que las interpretaciones sociológicas e históricas son difíciles de hacer y siempre quedan imbuidas de los sesgos ideológicos y culturales de los investigadores. Es por ello que no se comprende la razón por la cual, en una región habitada por personas bastante más cercanas que nosotros al mundo prehispánico que se pretende entender, no se asume la opción de confrontar formas de pensar y de ver el mundo y, por ende, de enriquecer las intepretaciones hechas a partir de la labor arqueológica. Me refiero a la posibilidad de adelantar un trabajo |conjunto -no una investigación etnoarqueológica- con los indígenas paeces.

| MARTHA L. URDANETA FRANCO

 

ESTATUARIA DEL MACIZO COLOMBIANO

María Lucia Sotomayor - Maria Victoria Uribe

En el año pasado (1987), el Instituto Colombiano de Antropología publicó esta obra -catálogo de la estatuaria del Macizo Colombiano- que comprende las regiones arqueológicas de San Agustín, la cuenca del río La Plata, el Alto Cauca (Popayán) y el norte del departamento de Nariño.

Las autoras recopilaron la información sobre las esculturas existentes en las publicaciones arqueológicas de investigadores que, desde finales del siglo pasado hasta fechas recientes, han incrementado el listado con sus nuevos hallazgos.

En el catálogo se incluyen algunas estatuas existentes en colecciones particulares, pero la gran mayoría se encuentran en museos oficiales y en los parques y yacimientos arqueológicos que están bajo la jurisdicción del Instituto Colombiano de Antropología. Se consideran las que se encuentran en museos extranjeros.

Como lo dicen las antropólogas Sotomayor y Uribe, el catálogo se logró a través de dos objetivos principales: "el primero, formar un inventario lo más completo posible de la estatuaria del Macizo Colombiano..." y el segundo, "...fue el de aprovechar la visión global así lograda, para abrirle una ventana interpretativa a la iconografía del Macizo Colombiano, utilizando la teoría del contexto..." (pág. 11).

De las regiones del Macizo Colombiano se destaca en el catálogo la correspondiente al sur del Alto Magdalena, que en el contexto científico se ha asociado a la cultura de San Agustín, cuyo arte escultórico ha sido objeto de interpretaciones e hipótesis que giran alrededor del mundo mítico.

Como era de esperarse, el catálogo tiene un modelo formal de presentación. De cada sitio arqueológico se da su localización y se hace una resumida descripción geográfica; luego en secuencia numérica se presenta cada una de sus esculturas: breve descripción formal, procedencia, lugar actual donde se encuentra, referencias bibliográficas, dimensiones y algunas observaciones con uno o varios dibujos.

Además de esta información técnica sobre las estatuas, para cada sitio hay un texto, donde se enfatiza, con base en una bibliografía, su ubica ción original (cuando es posible) y su vinculación a otros elementos culturales y fechas de C. 14.

También hay una serie de gráficas o planos esquemáticos de las Mesitas A-B-C, el Alto del Lavapatas (Parque Arqueológico Nacional de San Agustín) y de los altos de Las Piedras y Los ídolos (San José de Isnos), en donde se muestra el contexto arqueológico de las esculturas y sus rasgos simbólicos.

El catálogo tiene un capítulo introductorio donde las autoras hacen una agrupación funcional de las esculturas, un listado cronológico de los investigadores que han trabajado en el Alto Magdalena hasta el momento actual, un cuadro que recoge la mayoría de las fechas de C. 14 y exponen las periodizaciones definidas por los arqueólogos Luis Duque Gómez, Julio César Cubillos y Gerardo Reichel Dolmatoff.

Aunque esta introducción no tiene la pretensión de hacer una interpretación o caracterización del proceso histórico agustiniano, las autoras sí escriben algunas opiniones ligeras sobre los alcances de los trabajos arqueológicos realizados en la zona. Es el caso, cuando se afirma que la región "...fue el escenario de un proceso social histórico, hasta ahora analizado de manera inconexa" (pág. 11); o más adelante cuando se escribe: "Como puede observarse, es nutrido el grupo de investigadores que han trabajado en la región, pero lamentablemente no son claras las preguntas que han guiado algunas de estas investigaciones. Es por esto que los datos que se abstraen de la mayoría de ellas parecen inconexos entre sí y confusos dentro del tiempo histórico en que sucedieron" (pág. 13).

En el mismo sentido o con la misma intención apuntan en el párrafo siguiente: "Infortunadamente, después de 229 años, contados a partir de la fecha en que fray Juan de Santa Gertrudis visitó San Agustín y del paso por la zona de una veintena de investigadores de varias nacionalidades, la acumulación de la información |no logra caracterizar, ni siquiera a nivel empírico, (subrayado nuestro) uno de los desarrollos regionales más importantes de los Andes Septentrionales..." (pág. 17).

Esta serie de críticas se califican de ligeras en tanto que no se hace una argumentación de las mismas, más aún si se considera el alcance que tienen al ser publicadas. ¿Por qué las interpretaciones del proceso histórico hechas por algunos investigadores como Preuss, Pérez de Barradas, Hernández de Alba, Duque Gómez, Cubillos Chaparro y Reichel Dolmatoff son inconexas y confusas?; o ¿cómo se puede saber que entre los investigadores antes mencionados no hay claridad en los objetivos o metas que se propusieron resolver cuando realizaron sus proyectos de investigación?; y ¿qué tienen que ver los relatos fantásticos de un misionero como fray Juan de Santa Gertrudis de 1756 con el primer trabajo de arqueología moderna sobre San Agustín, hecho por Preuss y publicado por primera vez en alemán en 1929 y en español en 1931, para que se exagere la imagen deseada diciendo que son 229 años de investigación que no permiten "ni siquiera a nivel empírico caracterizar el desarrollo histórico del Alto MagdalenaT

Cualquier estudioso que haya analizado las obras científicas de la arqueología agustiniana justificará inmediatamete los interrogantes ante riores, en tanto que conoce la diversidad teórica y metodológica y los alcances de sus autores.

Otra cosa es señalar que, como es de esperarse, para una región que ha sido trabajada por investigadores nacionales y extranjeros, en diferentes décadas del siglo XX y con distintos enfoques profesionales propios de las escuelas en que se inscriben, se haya creado un panorama científico complejo y difícil de manejar rápidamente, o que existan interpretaciones que no concuerdan entre sí, lo cual es normal en el campo de la arqueología, lo mismo, que ciertos planteamientos se vayan revaluando con nuevos trabajos de investigación.

El mismo catálogo está mostrando que existe un universo de datos sobre las esculturas de San Agustín, no sólo formales y técnicos, sino también de interpretación simbólica, desde la primera obra moderna de Preuss, que precisamente se caracteriza por una metodología rigurosa, que aún tiene vigencia. Lo mismo puede decirse sobre aspectos relacionados con el complejo mundo de la cerámica, que con cada nueva investigación se amplía y precisa. Por algo será que la región del Alto Magdalena es una de las más conocidas y divulgadas a nivel nacional e internacional.

Con lo anterior no se quiere decir que la investigación del Alto Magdalena está terminada; antes por el contrario, el universo cultural que encierran sus yacimientos ofrece un panorama futuro para nuevas investigaciones que irán profundizando el conocimiento sobre la historia prehispánica a partir de los trabajos que ya se han realizado.

Es lamentable que un trabajo que exigió tantos esfuerzos a sus autoras, contenga algunos datos equivocados; más aún, si se tiene en cuenta que se trata de un catálogo de un instituto oficial. Se entiende que una obra de esta clase es delicada de hacer porque implica retomar y confrontar información de diferentes autores, pero por esta misma razón exige una mayor precisión en la medida en que la información lo permite.

Hay varias imprecisiones en cuanto al manejo de la información sobre la estatuaria y su contexto. A continuación señalaremos algunas de ellas:

1. En la página 17 cuando se habla de la periodización del arqueólogo Reichel Dolmatoff, se mencione una fecha de 50 A. D. para el período Horqueta, cuando este autor no obtuvo ninguna fecha asociada a la cerámica de este complejo; y una fecha idéntica a la antes mencionada corresponde según este autor, a un período posterior que asocia al complejo cerámico Isnos.

2. En la página 18, cuando presentan la periodización de los investigadores Duque y Cubillos, las autoras escriben que "postulan un desarrollo continuo para la región a partir del hallazgo de un fogón fechado en el año 3300 a.C.". Lo de "un desarrollo continuo" no es afirmado por los dichos arqueólogos, antes por el contrario, en los avances que han dado sobre las excavaciones en el Alto de Lavapatas, donde obtuvieron esta fecha (trabajo en imprenta), se cuidan de indicar que este hallazgo no está asociado a elementos de la, por ellos llamada, cultura de San Agustín.

Más adelante, en esta misma página, se afirma que según los mencionados investigadores, durante el período Mesitas Inferior, "La base de la subsistencia la proporciona el maíz, la recolección del nogal y la yuca". Estos' autores plantean la posibilidad de un desarrollo de la agricultura de ciertos tubérculos como la papa y la yuca, y no lo afirman en tanto que no tienen pruebas directas ni indirectas.

En el mismo párrafo anterior, dicen que la cerámica correspondiente al período Clásico Regional (Mesitas Medio) se diferencia de la del período anterior (Mesitas Inferior), por las ollas trípodes y las alcarrazas. Según Duque Gómez esto es cierto para las alcarrazas pero no para las ollas trípodes, forma que precisamente encuentra a lo largo de los tres períodos.

3. Cuando se confrontan las periodizaciones de Reichel Dolmatoff y las de Duque y Cubillos, se dice que la del primero se fundamenta en sitios estratificados (basureros) y la de los segundos, a diferencia de Reichel Dolmatoff, se hace con cerámica "procedente casi toda de tumbas y montículos funerarios". Este tipo de afirmaciones se están popularizando, pero si se conoce en detalle la obra de estos investigadores se comprende que no son ciertas. En primer lugar Reichel Dolmatoff, realiza varios de sus cortes en basureros de la Mesitas B y el Alto de Los Idolos, que además de haber sido sitios de vivienda también fueron sitios funerarios. En estos mismos sitios Duque Gómez y Cubillos han realizado cortes teniendo en cuenta la estratigrafía, además de haber excavado un número considerable de tumbas. En segundo lugar, no es cierto que la tipología definida inicialmente por Duque Gómez para los tres períodos (Mesitas Inferior-Medio y Superior), se haya establecido con cerámica "procedente casi toda de tumbas y montículos", en tanto que los complejos Inferior y Superior se definieron fundamentalmente con cerámica de basureros de sitios de vivienda. Aquí es necesario puntualizar que una pauta frecuente en la región de San Agustín es encontrar que los sitios en que primero vivieron los habitantes prehispánicos luego fueron transformados en lugares funerarios cuando se hicieron aterrazamientos, rellenos y montículos artificiales.

Por otro lado, respecto a la confrontación que generó el investigador Reichel Dolmatoff cuando propuso una nueva periodización e interpretación del proceso histórico prehispánico del Alto Magdalena, en relación con la posición propuesta por el investigador Duque Gómez, se generó un dualismo que ha causado ciertas confusiones en autores posteriores y que se refleja en las autoras del catálogo.

Es sana la intención de querer hacer equivalencias entre las dos posiciones científicas antes enunciadas, pero hacerlas equivalentes es peli groso. Es cierto que se trata de un mismo universo cultural material, pero la interpretación que hizo Reichel Dolmatoff no tiene en cuenta lo planteado por Duque Gómez, al menos de manera explícita.

Por eso, las autoras del catálogo en varias oportunidades a lo largo de su obra pretenden hacer equivalentes las dos periodizaciones, como cuando escriben: "la cerámica parece pertenecer al complejo Isnos, de Reichel Dolmatoff o Mesitas Medio, de Duque Gómez" (pág 55). Si se analiza con cuidado esta suposición, se descubre que hay diferencias marcadas entre los dos períodos o complejos cerámicos.

Ni tipológica ni cronológicamente la cerámica Isnos corresponde con la del complejo Mesitas Medio. Por eso, es mejor abstenerse de hacer estas equivalencias, que de hecho no son posibles por lo anteriormente dicho, a no ser que se haga un estudio detallado de las dos posiciones.

4. Hay algunas equivocaciones con respecto al manejo de la información arqueológica de ciertos hallazgos. Este es el caso de las tumbas exca vadas por Eduardo Unda, en el Hotel de Turismo, sitio localizado en inmediaciones de El Batán. Las autoras del catálogo dicen que estas tumbas fueron excavadas por Duque Gómez, seguramente porque la descripción de las mismas aparece en una de las publicaciones de éste arqueólogo.

5. El catálogo hubiera adquirido mayor calidad si todos los dibujos de las estatuas hubieran sido hechos al menos con una escala fotográ fica. Pero si se analizan, se comprende que son dibujos aproximados que en varios casos exageran las proporciones del canon agustiniano y no son fieles en todos los detalles que pueden tener significados culturales. Un caso es el de la escultura No. 289 (pág. 171), cuyos diseños del tocado (cara posterior), no corresponden con el dibujo lateral.

6. Algo que llama la atención es la seguridad que las autoras del catálogo tienen cuando clasifican unos petroglifos como antiguos y otros como tardíos. Es cierto que los primeros se encuentran en piedras asociadas a construcciones funerarias o estatuas; pero los que se encuentran separados ¿por qué se consideran tardíos? Según lo escriben están retomando la hipótesis de ciertos investigadores que han considerado la invasión de grupos Karib a lo largo del territorio colombiano en fechas tardías, próximas a la conquista española; pero cómo se puede saber cuáles son tardíos y cuáles anteriores, si no hay evidencias culturales fechadas asociadas a las rocas con petroglifos que se consideran tardíos, y si se miran los motivos iconográficos vemos que entre estos y los antiguos se comparten motivos como figuras humanas, espirales, lagartos y figuras de cruces, entre otros.

Hablando del tema de las invasiones Karib (que por cierto merece retomarse por parte de la investigación arqueológica actual para ver si se puede demostrar), las autoras en el capítulo final, dedicado a la interpretación simbólica de la estatuaria, usan como argumento para sustentar un canibalismo tardío en Los Andes, algunos trabajos recientes de investigación arqueológica, como el que realizamos en Morelia (municipio de Saladoblanco), lo cual causa extrañeza en tanto que en ningún momento hemos hecho referencia a invasiones Karib tardías en la región investigada, vinculadas a rituales caníbales (pág. 282).

El último capítulo o consideraciones finales del catálogo es el más sugestivo, porque se hacen consideraciones teóricas acerca del manejo del mundo mítico plasmado en las estatuas. Aquí se parte de lo planteado desde hace varias décadas por Preuss, respecto a que la escultura de San Agustín corresponde a un mundo religioso o mítico cuyos significados pueden encontrar una solución en el mundo amazónico perteneciente a comunidades aborígenes que mantienen en tiempos modernos sus formas de pensamiento aborígenes, como es el caso de los llamados huitotos del Caquetá.

Los contenidos simbólicos de la estatuaria agustiniana han llamado la atención de los principales investigadores del Alto Magdalena. Todos ellos han partido de modelos teóricos acerca de la simbología religiosa o mágica. En esta oportunidad las autoras del catálogo recogen planteamientos expuestos en trabajos etnológicos más recientes, generando nuevas alternativas de interpretación sobre temas recurrentes como el canibalismo y su contexto ritual chamanístico.

Además, en este último capítulo, las autoras enfatizan lo relacionado con la localización espacial de elementos simbólicos de las estatuas, que según ellas puede hacer referencia a un pensamiento dualista, con implicaciones en la organización social. Parten del dualismo de lo femenino y lo masculino, que investigadores anteriores también han enfatizado y lo asocian a un eje geográfico que es el río Magdalena.

Este esquema simbólico-social es sustentado con un mapa donde se ubican los elementos que portan las diferentes esculturas.

Definitivamente el mundo simbólico de la escultura agustiniana sigue teniendo una vigencia en tanto que su riqueza formal cada vez lleva más a los investigadores a buscar hipotéticas interpretaciones que ojalá algún día las investigaciones arqueológicas permitan sustentar con los recursos metodológicos de la etnología y la etnohistoria.

Como lo dice el antropólogo Roberto Pineda Giraldo, autor de la presentación del catálogo: "Las autoras de esta obra no esquivaron la tenta ción de las interpretaciones y cedieron a ella, con aproximaciones muy sugestivas que merecen ser estudiadas y verificadas, en cuanto se disponga de informaciones nuevas".

| HÉCTOR LLANOS VARGAS

|Profesor Asociado
Departamento de Antropología
Universidad Nacional de Colombia

 

METALURGIA DE AMERICA PRECOLOMBINA

Clemencia Plazas (Ed.). Banco de la República, Bogotá, 1986
Traducción Adriana Arias

Los documentos que componen este volumen fueron presentados originalmente en uno de los simposios del Congreso Internacional de Americanistas celebrado en Bogotá en 1985. Fue una reunión agradable y estimulante en la cual participaron arqueólogos (Snarskis, Cooke, Plazas, Falchetti, Rodríguez), laboratoristas arqueometalúrgicos (Lechtman, Grinberg, Hosler, Scott), restauradores y joyeros (Sonin, Griffin, Howe) y un solitario experto en historia del arte (Lunsford). Esta variedad de disciplinas dio lugar a un verdadero intercambio de ideas y de información en todos los campos. No cabe duda de que el texto escrito no refleja la vibrante emoción de la reunión, pero sí conserva la calidad multidisciplinaria de la misma. Este libro, como colección de ensayos sobre el tema de "Cómo enfocar la metalurgia autóctona de América", es lo mejor que se ha escrito hasta ahora. No le servirá de material de lectura únicamente a los especialistas en el Nuevo Mundo, sino también a todos los interesados en la historia de la metalurgia no ferrosa. Por consiguiente, la decisión de los editores de publicar el texto completo de todos los artículos, tanto en inglés como en español, fue muy atinada.

El artículo inicial de Lechtman crea el ambiente para todo el libro. Señala que en las Américas no es posible estudiar la metalurgia como un fenómeno puramente tecnológico, dejando de lado el contexto cultural. Los grandes centros de la innovación técnica fueron aquellos en donde los metales se emplearon en asociación con el simbolismo y la ideología, lo que ella denomina "metalurgia de la comunicación" y "tecnología del poder". Pudo haber agregado también a esta lista la "metalurgia de la política", como en el caso del bronce al estaño (una aleación del sur de los Andes), llevado por los incas a los territorios del norte del Perú y Ecuador, donde se convirtió en el principal metal para fabricar herramientas, en reemplazo de la aleación local de cobre y arsénico.

Después de todo, era la primera vez que un solo estado político controlaba las fuentes de estaño de Bolivia y las minas de cobre del norte de los Andes.

Muchos de los demás autores demuestran que la apreciación de Lechtman es correcta. Grinberg y sus colaboradores analizan el metal sobrante de los joyeros de Vista Hermosa al nordeste de México, y demuestran la presencia de tres aleaciones diferentes: cobre/ estaño, cobre/ arsénico y cobre/ estaño/ arsénico. Hosler, en su estudio paralelo acerca de las aleaciones del occidente de México, analiza las propiedades del bronce al estaño y de la aleación de cobre y arsénico y demuestra que no eran los criterios mecánicos (dureza, facilidad de fundición, etc.) los que regían el uso de uno u otro, sino el color. Un alto porcentaje de estaño produce un color dorado, mientras que el arsénico produce un metal brillante y plateado. Por consiguiente, los valores estéticos -y muy probablemente también los simbólicos-- pesan mucho más en este caso que las consideraciones puramente técnicas. El estudio de la terminología de los metales en los diccionarios nativos de la época de la colonia confirma en parte estas observaciones. La clasificación de los metales y las aleaciones según el color es práctica generalizada desde Mesoaméríca hasta los Andes y, como lo ha demostrado ReichelDolmatoff con respecto a los desana colombianos, este código de colores puede tener asociaciones simbólicas complejas. Dado que en cada clasificación está presente una determinada visión del mundo, este enfoque puede ayudarnos a entender cómo percibían la metalurgia los indígenas americanos.

Snarskis (con relación a Costa Rica) y Cooke (con relación a Panamá) tratan el tema de la iconografía, es decir, lo que está representado en el metal y no la forma como fueron hechos los objetos. Analizan la cronología de la metalurgia ístmica, utilizan las fuentes etnohistóricas y la mitología de los grupos indígenas sobrevivientes a manera de guía para descifrar el sistema de creencias que está detrás de los ornamentos con formas de animales, figuras humanas y aves con las alas extendidas. Este tipo de retroproyección tiene sus riesgos (y una analogía, por sí sola, no demuestra nada) pero, en el caso de los pueblos que carecían de escritura, no tenemos otra fuente de ideas. La hipótesis de Cooke de que el simbolismo de los objetos metálicos es sólo uno de los aspectos de una visión cósmica panchibcha al cual se sumaron nuevas técnicas y motivos a través de las rutas comerciales tradicionales de los primeros siglos de la era cristiana, es, por sí sola, tema para un simposio aparte. El estilo Conte, tanto en la alfarería como en la metalurgia, es el epicentro del argumento de Cooke, de tal manera que resulta útil tener la información radiográfica de Ellen Howe acerca de siete figuras huecas fundidas provenientes de dicha región (Espero que se hayan separado muestras de los núcleos antes de los estudios con rayos X, para una posible determinación de la edad por medio de la termoluminiscencia). Las conclusiones a que ha llegado Howe en el sentido de que existen diferencias regionales en cuanto a la técnica para asegurar los núcleos y taponar luego las cavidades resultantes, permiten llegar a una mejor definición de los estilos quimbaya e istmo-internacionales, y nos ayudarán a distinguir las piezas locales de las importadas. Plazas y Falchetti complementan los documentos ístmicos definiendo las principales tradiciones interregionales de la orfebrería en Colombia. En este capítulo, al igual que en sus demás trabajos recientes, se apartan de los restringidos estudios regionales y los esquemas fosilizados de la era de Pérez de Barradas a fin de incursionar en las tendencias más amplias y fij ar estas tradiciones en el tiempo y el espacio. Habiendo hecho esto de manera convincente, dan un falso aire de precisión a su historia citando las cifras más importantes de sus determinaciones con el C14, como si se tratara de fechas exactas sin ningún margen de error. Esto le resta credibilidad a toda la base estadística del estudio con carbono radiactivo y significa que cualquier persona que desee verificar las conclusiones de los autores debe remitirse a las citas originales.

Hasta este punto, todo lo que aparece en el libro está fundamentado en hechos observables.

El artículo de Lunsford representa algo más personal y diferente en espíritu; un enfoque semejante a la antigua "apreciación del arte". Tomando como muestra las máscaras metálicas de la cultura Sicán del Perú y las de la fase de Yotoco de la región calima en Colombia, formula esta pregunta: "¿Qué relación existe entre el estilo y la técnica de fabricación?". Para Lunsford, "los trabajos Calima tienen cualidades más suaves, en cierto sentido pasivas y de semblanza humana; mientras que los trabajos Sicán son más dinámicos, agresivos y remotos y, por lo tanto, más autoritarios en su efecto". Esto quizás nos dice más acerca de Lunsford que acerca de los pueblos Sicán o Yotoco, pero necesario es reconocer que es el único autor que aborda el problema de la estética en lugar de la iconografía. Nuestro deber como arqueólogos es tratar de comprender otras culturas en sus propios términos. Un ensayo como el de Lunsford nos obliga a admitir que nunca alcanzaremos este ideal, pero también nos induce a pensar en el concepto subversivo de que el |malentendido creativo (por ejemplo, de los artistas europeos con respecto a los grabados japoneses o a la escultura africana) puede, dentro del esquema más amplio de la historia, ser tan importante como el hecho de llegar a la verdad. Todavía no existe en la arqueología una metodología satisfactoria para examinar la estética de los pueblos que no conocían la escritura.

Los demás capítulos vuelven sobre los aspectos técnicos. Sonin demuestra de manera concluyente que el conocido cacique tairona de Dumbar ton Oaks es una falsificación hecha con elementos soldados y luego dorada. Los análisis de Scott muestran que en Nariño y en el Ecuador se conocía el dorado por fusión y que en el sitio MilagroQuevedo de La Compañía se practicaba el dorado de hoja. Estas técnicas, a diferencia del dorado por oxidación, sirven para darle al cobre puro, y también a la tumbaga, una superficie dorada o plateada. El hecho de que en La Compañía se utilizaran las tres técnicas de dorado le resta peso al argumento de Lechtman de que, por razones simbólicas, el oro debe formar parte del cuerpo de la pieza y también estar presente en su exterior. El estudio de Scott también señala que la inspección visual por sí sola no es suficiente para determinar las técnicas de dorado, que los análisis simples de partes no especificadas de una pieza son casi inútiles, y que la metalurgia de Tumaco y las zonas altas de Nariño está estrechamente relacionada con la del Ecuador.

En cierto sentido ahora comprendemos mejor la química indígena que las destrezas manuales de los joyeros. Griffin se refiere nuevamente al equi librio narrando las dificultades prácticas que tuvo al tratar de restaurar una vasija de lámina de muchas piezas encontrada en el Perú, y sugiere que el término |prolosoldadura describe mejor el proceso de unión que la expresión |soldadura por |difusión, la cual comienza a generalizarse en la literatura. En el último artículo, Rodríguez describe sus investigaciones en los sitios en donde se trabajaba el cobre en Chile, Bolivia y Argentina, y analiza el cambio de los patrones tecnológicos y económicos ocurridos entre el año primero de nuestra era y el momento actual.

Todos los artículos de este libro son valiosos y algunos de ellos constituyen aportes realmente importantes. Conjuntamente, revelan lo que está sucediendo en las Américas en la actualidad y señalan el camino para las investigaciones futuras.

Desafortunadamente, la calidad editorial de la obra no está a la altura de su contenido intelectual. Es inevitable que haya errores tipográficos en una obra bilingüe, pero en esta son tan numerosos que cabe preguntarse si en algún momento se hizo realmente una corrección de pruebas. Estos errores le dan a la versión en inglés una calidad surrealista, acrecentada por la forma como se han cambiado de lugar las ilustraciones, algunas veces de un capítulo a otro. La mitad de las leyendas de Sonin no corresponden a las ilustraciones, y una ilustración de una figura Tolita (ofrecida en Sotheby's en noviembre de 1985, atribuida a Tumaco, por un precio calculado entre 40.000 y 60.000 dólares de los Estados Unidos), no aparece donde debería (Plazas y Falchetti, fig. lc) sino en el capítulo de Howe (fig. 16). Esta negligencia y la encuadernación poco resistente para un volumen que merece consulta permanente, son realmente enojosas por tratarse de una obra de gran importancia académica.

| WARWICK BRAY

 

MISCELANEA ANTROPOLOGICA ECUATORIANA

Boletín de los Museos del Banco Centrando de Ecuador, No. 6, 1988

En los últimos años, en Latinoamérica ha habido un boom de publicaciones periódicas de carácter antropológico. Las causas de este fenómeno han sido muchas, pero las más importantes son quizás una necesidad de encontrar unas raíces étnicas que trasciendan mucho más allá del descubrimiento y de la conquista de América, y dar a conocer muchas investigaciones que se están llevando a cabo y que de otra manera sería imposible conocer. Mezclado con esto, tenemos un fuerte interés por estos temas de parte de las fuentes de financiación que antes no existían; también tenemos, en un mayor o menor grado, un fenómeno alrededor de la "moda". Precisar esto último es quizás lo más difícil.

Algunas de las publicaciones se han especializado en temas de acuerdo con su cobertura científica y geográfica; otras amparadas en las pala bras "Antropología" abarcan temas muy diversos y muchas veces insólitos. Bien sabemos que dentro de dicha palabra podemos encuadrar cualquier cosa. De esta manera, "Antropología" se convierte en la panacea que soluciona los problemas editoriales ya que permite que se publique cualquier tema. Un comité editorial por más grande y erudito que sea, no puede dominar todas las áreas del conocimiento; lo cual puede conllevar a un posible detrimento de la calidad del contenido de la publicación y a escudarse en la frase: "Los artículos son responsabilidad de los autores".

El caso de la "Miscelánea Antropológica Ecuatoriana" desafortunadamente obedece al segundo tipo de publicaciones; allí se combinan una serie de artículos que tocan una diversidad de temas con una calidad muy cuestionable, aunque paralelamente se encuentran análisis profundos, muchas veces hechos por autores reconocidos internacionalmente como Alcina Franchi

Dentro de los temas insólitos, encontramos el artículo de M. H. Southon (australiano) quien trata de analizar la competencia y el conflicto dentro de una comunidad pesquera a través de las redes de arrastre. Utiliza un término realmente novedoso para quien hace esta reseña: "Antropología Marítima". Este término nos daría el estudio de las instituciones que organizan el acceso al mar en comunidades pesqueras para determinar la propiedad del mismo. Este conflicto que se genera en el acceso al mar se supera según el autor a través de "la tecnología de la pesca en sí" (pág. 14); es decir, este problema de las comunidades pesqueras es un problema tecnológico y no social. Vemos que todos estos planteamientos son muy discutibles. El artículo describe las normas para pesca en redes de arrastre en una aldea ecuatoriana. Sin temor a duda, podemos asegurar que este artículo está más dentro de los problemas técnicos de la pesca que dentro de las implicaciones antropológicas de la comunidad sobre la cual trabaja el señor Southon.

Encontramos otros tres artículos del mismo tipo del anterior: el primero es una descripción de los árboles y palmeras que se encuentran en el territorio de los Awas (Thomson). Sobra decir que es básicamente de tipo botánico y que no tiene en cuenta ningún parámetro de tipo antropológico e histórico de la comunidad Awa. Simplemente concluye que los Awas no han transformado mucho el medio ambiente porque la actividad de la caza es todavía muy importante y por tal motivo no les conviene cortar los árboles.

El segundo hace referencia de la explotación de ostras, perlas y la púrpura en el Ecuador occidental, desde la colonia hasta nuestros días (Volland) y es una descripción de cómo se llevan a cabo estos procesos en la actualidad comparados con algunas descripciones de los cronistas de la época de la colonia.

El tercer artículo está dedicado al consumo de energía rural en Pilahuin (Brandbgge y Holm). Se reduce básicamente al consumo de madera en la región. Es un análisis cuantitativo del uso de la leña con porcentajes bien precisos y su repercusión en el medio ambiente. Sin criticar su contenido podemos decir, como en el caso de los otros dos artículos; están lejos del área antropológica. Los demás artículos están dentro del campo antropológico y sin conocer profundamente aspectos específicos de la antropología ecuatoriana, podemos decir que son un valioso aporte.

Entre ellos encontramos dos artículos de antropología física (Ubelaker) en donde se analizan las alteraciones dentales en el Ecuador prehistórico.

Hay un artículo de Hickman sobre los instrumentos musicales que se encuentran en el Museo Antropológico de Guayaquil. Aunque no está definida la estructura del estudio parece que es de más de una entrega. Esta primera parte corresponde a las ocarinas. Es el único artículo que hace una referencia directa a varias culturas que habitaron el actual territorio colombiano, como la cultura Sinú y como la cultura Tairona. Este estudio no analiza la capacidad tonal de las ocarinas, pero hace una evaluación de las formas dentro de un marco comparativo de las diferentes culturas no sólo del Ecuador, sino del resto de América.

Hay una nota necrológica de un americanista alemán que trabajó mucho en el Ecuador: Udo Oberem. Esta nota se complementa más ade lante con un artículo sobre los complejos de fortalezas en el área andina (Oberem) que empiezan a aparecer hacia finales del Formativo en lo que más tarde fue el área Inca. Este artículo es un homenaje póstumo a este americanista que trabajó más que todo en el campo de la Etnohistoria.

Después tenemos el estudio de Alcina Franch sobre los indios Cañaris, ubicados en la parte suroccidental del Ecuador. Es una investigación muy completa, centrada más que todo en el análisis etnohistórico y respaldada con datos arqueológicos. Abarca todos los aspectos de la comunidad (históricos, sociales, culturales, políticos, etc.). Sin lugar a dudas es el-artículo más completo del presente volumen de la M. Antropológica Ecuatoriana.

Finalmente, hay una bibliografía sobre las tesis de grado con temas antropológicos ecuatorianos, aprobadas en las universidades de E.U. y Canadá. Esta recopilación es muy valiosa ya que permite el acceso a material que muchas veces se pierde en las bibliotecas y cuya ubicación posterior es muy difícil.

Las publicaciones periódicas dentro del campo antropológico si guardan un criterio más selectivo dentro de los contenidos de las mismas, pueden tener un nivel más alto y sus aportes dentro de la Antropología pueden ser mucho más valiosos y significativos.

| ARTURO VARGAS ESCOBAR

 

|1 Clemencia Plazas y Ana María Falchetti, "Tradición Metalúrgica del Suroccidente Colombiano" en |Boletín Museo del Oro, No. 14, 1983, Bogotá.

 

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