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INDICE
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NOTA SOBRE UNA TUMBA DE CANCEL
HALLADA EN EL MUNICIPIO DE DOSQUEBRADAS, RISARALDA
Orfebrería de la tradición metalúrgica del suroccidente hallada en
el Cauca Medio
MARIANNE CARDALE DE SCHRIMPFF, SORY MORALES, OSCAR OSORIO
A principios del año en curso (1988) se descubrió, cerca al
matadero del municipio de Dosquebradas, una tumba de cancel con
varios objetos en oro y piedra. Las tumbas de cancel tienen fama en
el Quindío por estar desocupadas, prácticamente sin excepción. El
ajuar de esta tumba incluye piezas muy especiales, por ser únicas o
por ser atípicas en esta región del país. Por estos motivos, y a
pesar de lo casual del hallazgo, creemos que merece una nota breve
para recordar y divulgar sus aspectos más importantes.
El hallazgo se debe al entonces celador nocturno del matadero,
el señor Juan Bautista Castañeda, quien proporcionó información
acerca del hallazgo a la señora Alba Lucía Jaramillo de Dupont,
directora del Área Cultural del Banco de la República en Pereira.
Ella gentilmente comunicó estos datos al Museo del Oro y a los
autores de esta nota.
La tumba se encontró en un punto denominado "La
Badea", sobre una gran terraza natural que mira hacia
Pereira. A unos cien metros del sitio el terreno cae abruptamente
hacia el río Otún. Se está abriendo con bulldozer una carretera
vecinal que pasa por el punto donde estaba la tumba y en la capa
húmica de unos 40 cms. de grosor, se alcanzan a distinguir tiestos
relativamente abundantes, gruesos y sin decoración. Cuando nosotros
visitarnos el lugar en junio de este año, las piedras que componían
la tumba yacían en desordenen los alrededores. Se trataba de
grandes piedras del río, de forma irregular, que medían hasta 80
cms. de largo por unos 20 cms o más de grosor.
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Figura 1
Croquis de la tumba de cancel, La Badea. Municipio de Dosquebradas
(Dib. Jaramillo de Dupont)
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Según las descripciones del señor Juan Bautista, transmitidas
por doña Alba, la tumba era superficial con piso, paredes y techo
de piedras (Fig. 1). Las que formaban el piso eran especialmente
grandes y algunas de ellas necesitaban 4 hombres, para moverlas.
Todo el oró y los objetos en piedra se encontraron, al parecer,
juntos. No se hallaron cerámica ni huellas del esqueleto. Los datos
del ajuar fueron suministrados en parte por doña Alba y en parte
por Ana María Falchetti, subdirectora técnica del Museo del Oro en
Bogotá, además de las observaciones que pudo hacer uno de los
autores de esta nota cuando tuvo la oportunidad de examinar,
brevemente, algunas de las piezas. Se encontraban las siguientes
piezas en metal:
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Lamina 1
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|Dos placas antropomorfas, caladas (Lám. 1).
Son casi idénticas y muestran una figura con las extremidades en
escuadra, ojos semicirculares y una nariz triangular; su boca
abierta muestra las dos hileras de dientes. En la cabeza, la figura
lleva un tocado, indicado por triángulos y puntos repujados. Una
línea con una hilera de puntos, ambos repujados, bordea los lados
de la pieza.
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Lámina 2
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a
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b
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Numerosos orificios pequeños (36) bordean el límite inferior de
la figura y también la margen superior de las zonas caladas. Es
probable que las dos placas forraran originalmente una base en
madera u otro material orgánico a la cual fueron adheridas por
pequeños alfileres. Las láminas pequeñas servirían de adorno para
estas piezas. Las placas miden 10.8 cms. de largo por 8 cms. de
ancho, cada una, con un peso de 18 y 18.7 gramos respectivamente.
Las 12 láminas miden de 2 a 3 cms. de largo por 0.8 a 1.5 cms. de
ancho aproximadamente; pesan 4.60 gramos.
Tres objetos clasificados generalmente como pinzas (Lám. 2 a y
b)
a) Discoidal, en buen oro. Sobre el disco hay una cara pequeña,
repujada, similar a las caras de las placas. 4.2 x 3.6 cms.; peso
11.50 gramos.
b) En forma de "ancla", lisa, en tumbaga. Se
encuentra bastante rota; peso 26.9 cms.
c) Otra similar pero más grande, muy rota.
Dos
|"pectorales "redondos, ligeramente
cónicos, con líneas e hileras de puntos repujadas (Lám.
3).
Cada pectoral lleva una perforación cerca al borde. Diámetros:
11.1 y 11.2 cms.; peso 294 y 29.5 gramos.
|Un pectoral de lengüeta en tumbaga, muy rota (Lám. 4
a). Peso aproximado de 79 gramos.
|Una lámina redonda, lisa (Lám. 4 b); diámetro 4.3 cms.
Peso 12.50 gramos.
|Una diadema en "H" de buen oro, muy
flexible (Lám. 5); largo 29 cms. aproximadamente; peso 113.70
gramos.
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Lámina 3
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Lámina 4-a
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Lámina 4-b
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Lámina 5
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Se encontraron, también, por lo menos 145 (o tal vez 151)
cuentas de collar de tamaños y formas variados, elaboradas en
piedra verde de distintos tonos y un número muy grande de cuentas
de collar en cristal de roca. Aunque no se contaron, eran
suficientes para formar cinco collares, cada uno tan largo que
llegaría hasta el ombligo del portador. Las dimensiones y los
detalles de forma también varían; las más grandes medían de 5 a 6
cms. de largo con unos 4 cms. de diámetro. Hasta donde se alcanza a
distinguir en las fotografías, las perforaciones eran iniciadas
desde ambos extremos en forma de "reloj de arena"
(Lám. 6 a y b).
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Lámina 6-a
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Lámina 6-b
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Discusión
Las tumbas de cancel son conocidas en una amplia zona que abarca
buena parte del valle medio del río Cauca y también las zonas altas
colindantes de la Cordillera Central. El mapa No. 1 es un primer
intento de indicar la distribución de tumbas de esta clase en la
región, aunque estamos lejos de poder afirmar que todas ellas son
contemporáneas o pertenecen a la misma cultura. A pesar de que
todas tienen piso, paredes y techo construidos en piedras, en
algunos casos utilizaron lajas, cuidadosamente colocadas y, en
otros, grandes piedras burdas como las de Dosquebradas. Además,
como casi siempre están vacías, es muy poco lo que se sabe de su
contenido original.
Bruhns (1967, 76-77) presenta datos muy interesantes que logró
recopilar sobre un cementerio en Manizales que fue destapado con
bulldozer durante la construcción del colegio Santa Inés. Se
encontraron unas 10 tumbas de cancel de aproximadamente 1.50 x 0.90
x 0.90 metros. Estaban totalmente forradas y tapadas con lajas de
granito y al menos algunas contenían un pequeño sarcófago de la
misma piedra. Bruhns logró examinar uno de ellos en el Museo
Antropológico de Caldas: medía 65.5 x 38.5 cms. y contenía restos
humanos calcinados. El ajuar funerario había sido colocado
alrededor o encima de los sarcófagos, pues no cabía dentro de
ellos. Consistía en vasijas del complejo denominado por Bruhns
"Tricolor" y de algunos objetos en oro cuyas
descripciones Bruhns no logró conseguir. Otros sarcófagos pequeños
similares, también destinados a entierros secundarios con
cremación, son mencionados por Duque (1970, 155). "En
Moran (Pereira), en una tumba de planta cuadrangular, de 8 mts de
profundidad, se halló en la bóveda uno de estos sarcófagos, con
huesos calcinados; la tapa estaba completamente ajustada y las
uniones cementadas con arcilla blanca". En la Lám. XXVIII
presenta una vista parcial de otro sarcófago similar del sitio
"Niza", Manizales. No menciona ajuar en ninguna
de estas tumbas.
Durante reconocimientos recientes en el Quindío, llevados a cabo
por Oscar Osorio y su equipo, se han reseñado varias tumbas de
cancel, todas desocupadas (Osorio, s.f. 43). A diferencia de las
descri tas hasta ahora, eran lo suficientemente largas para
acomodar un entierro primario en posición extendida:
|Cerro de Morro Gacho, municipio de Salento
Hacia la base del cerro hallaron, parcialmente destruida, una
tumba construida en lajas, la mayoría rectangulares, de unos 50 x
80 cms. La tumba medía 2.0 por 0.50 mts.
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Mapa 1
Valle medio del río Cauca, con la distribución aproximada de
tumbas de cancel
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Más arriba, en un terreno ligeramente aplanado, examinaron
varias tumbas de cancel, abiertas por guaqueros. Medían
aproximadamente 60 cms. de profundidad y tenían forma trapezoidal.
Fueron construidas con lajas que encuadraban perfectamente. Estas
eran de piedra geomorfítica local. Un detalle especial de estas
tumbas era el techo en forma de caballete (Osorio s.f., 43,
53-54).
|Los balcones, municipio de Calarcá
Destapada accidentalmente por bulldozer, esta tumba tenía las
paredes cubiertas de lajas de piedra pero se encontró sin tapa.
Medía 1.8 mts. de largo por 0.70 mts. de ancho (Osorio s.f.,
69).
|La Esperanza, municipio de Calarcá
Situada a 100 mts. al oriente de la casa de la finca, sobre una
terraza que tiene unos 50 mts. de diámetro, se encontraba una tumba
de cancel de 2 mts. de largo por 1 m. de ancho. Sacada antes de la
llegada de los arqueólogos, tenía, de acuerdo con los informantes,
"lajas en las paredes y en el piso y una que servía de
tapa". También estaba desocupada (Osorio et. al. s.f.,
97).
En la finca La Linda, municipio de Montenegro, Camilo Rodríguez
(s.f., 36) observó dos tumbas de cancel "a escasa
profundidad, casi a ras de la superficie, de forma rectangular y
las paredes y el piso revestidas con pequeñas lajas: cada una tenía
una laja grande que servía de tapa y cubría el largo de la
tumba". Habían sido guaqueadas antes de la llegada del
arqueólogo y no se pudo determinar el ajuar.
Algunas referencias interesantes a tumbas de cancel las hace don
Luis Arango Cano en su libro "Recuerdos de la guaquería en
el Quindío". De Albania reseña una tumba de 1 metro de
profundidad con "4 libras de oro fino".
"Las piezas principales eran dos bastones, dos totumas y
bastante número de sabaletas bien hechas ... Cerca de esta guaca
sacaron otro cancel de 2 varas [1.60 mts.] de profundidad. Dos
difuntos con 12 castellanos [55.2 gramos] de tumbaga; en este oro
había dos sabaletas bien hechas y 48 cabezones como los del
agua" (1974, t.1, 175).
También registra datos sobre tumbas similares cerca a Pereira.
"En Consota, cerca de Pereira, se sacaron cajones o
canceles de piedra de forma y profundidad como los de la Hoya del
Quindío; tienen un solo difunto y oro en alhajas, así: sabaletas,
tórtolas, etc., pero sin alhajas de barro ... (1974, t.1, 176). En
Canceles, a pocos kilómetros de Pereira, saco en un cancel de
piedra, una diadema de oro fino, que medía 8 pulgadas de diámetro y
se componía de dos alambres de oro unidos a intervalos: en una de
esas cuerdas estaban unidas 50 sardinas muy pequeñas de oro fino,
sujetas por un orificio practicado en la cabeza de cada animal; al
moverse la corona se movían las sardinas, produciendo así un sonido
un poco destemplado" (1974, t.1, 185).
De interés especial son los dos canceles que encontraron en
Palomino (Hoya del Quindío), con un muerto en cada uno forrado por
los indios "con barro de hacer ollas, de un color un poco
ceniciento ... tenía 4 pulgadas de corteza, bien pulimentada por
encima; el barro estaba crudo". En una de las tumbas
encontraron "10 cocuyos de oro fino, que pesaban 2
castellanos [9.2 gramos]" y, en la otra "tres
chapolas de oro fino, que pesaron 1 castellano [4.6
gramos]" (1974, t.I, 191).
Los pocos datos que hemos podido reunir aquí sugieren la
presencia de dos grupos de tumba de cancel en el valle medio del
río Cauca, con un límite entre ellos aproximadamente a la altura de
Pereira. En las tumbas del grupo meridional se encuentran entierros
secundarios en sarcófagos, y en el septentrional entierros
primarios. Aunque los muertos de ambos grupos fueron enterrados con
sus adornos corporales, la evidencia disponible para el grupo
meridional sugiere alguna diferencia en el concepto de la muerte,,
según el cual y, en contraste con el otro grupo, no se consideró
necesario enviar el muerto a otra vida equipado con recipientes
para cocinar o almacenar líquidos. La relación cronológica y
cultural entre los dos grupos queda por establecer.
No existen fechas de carbono 14 para ninguna tumba de cancel ni
para la cerámica Tricolor (a cuya asociación con el cementerio de
Manizales nos referimos arriba). El rito de cremación, poco común
en la región pero evidenciado también en algunas tumbas que
contienen cerámica Marron Inciso, podría ser significativo. Las dos
clases de cerámica comparten algunos detalles, como, por ejemplo,
una clase de cuenco poco común, en forma de una mujer acostada
(Arango Cano 1979, Lám. 4, cf. con Bruhns 1967, 82). Sin embargo,
en general las diferencias en la forma y decoración de la cerámica
son muy grandes.
Para el otro grupo tampoco hay fechas absolutas y, faltando la
cerámica, la única evidencia que nos queda es el oro. Serían de
gran importancia los datos que proporciona don Luis Arango Cano en
sus "Recuerdos", el día que los arqueólogos
logren traducir su terminología a los esquemas culturales en uso
actualmente. En su descripción, citada arriba, de la tumba de
Albania, menciona dos "bastones", término que
utiliza generalmente para lo que actualmente se llaman
"alfileres", tan conocidos tanto en Calima en
conjuntos de orfebrería yotoco como en el Cauca Medio con
orfebrería quimbaya clásico. No sobra decir que sería arriesgado
dar mucho peso a este indicio tan tenue, sin otra información que
lo apoye.
El ajuar de La Badea es marcadamente diferente a la orfebrería
quimbaya clásico, y más todavía a los estilos tardíos asociados con
los complejos Cauca Medio y Caldas (Plazas y Falchetti 1986, 208).
Mientras que la técnica predominante en la metalurgia quimbaya
clásico es la fundición, para el conjunto de piezas de La Badea se
utilizó casi exclusivamente el martillado. A la vez faltan los
adornos característicos de los personajes que utilizaban las joyas
del estilo quimbaya clásico: las orejeras de carrete, las
narigueras y los collares compuestos por cuentas de oro
fundido.
Este énfasis en el martillado vincula el conjunto estrechamente
con la tradición metalúrgica del suroccidente (Plazas y Falchetti
1986) y es hacia el sur y no en los conjuntos más característicos
del valle medio del río Cauca donde encontramos las piezas más
similares. Las "pinzas depilatorias" (Nos. 3-5)
se encuentran en gran parte del suroccidente pero el pectoral de
forma elíptica y con lengüetas (No. 8) es característica del área
Calima con la diferencia que, en aquella región son generalmente de
oro relativamente puro en vez de tumbaga. Varios de estos
pectorales llegaron al Museo del Oro como parte de lotes que
contenían piezas indiscutiblemente del período Yotoco (por ejemplo
Nos. 5388, 5379, 5377 que formaron parte del gran lote XV, Pérez de
Barradas 1954, Lám. 113). Sin embargo, todo parece indicar que se
encontraron 2 pectorales de esta clase en la misma tumba de la
famosa vasija del Museo del Oro (CC 5620) que tiene modelada encima
una población (Bray 1978, 550) y en este caso, la fabricación de
los pectorales con lengüetas empezaría durante el período
llama.
La diadema en forma de H (No. 10) también encuentra paralelos en
Calima, además en San Agustín y Tierradentro. Existen en el Museo
del Oro varios ejemplares casi idénticos a la diadema de La Badea
procedentes de los dos últimos lugares. Pérez de Barradas llamó la
atención hace muchos años (1954, 281) sobre la estatua del
montículo occidental, Meseta A del Parque Arqueológico (Preuss
1929, Tafel 24; Duque y Cubillos 1983, 65) que lleva una diadema de
forma similar pero con terminales redondos, y Duque Gómez (1966,
203, 413, Lám. XLV) documenta la excavación de una diadema de este
mismo tipo en una tumba donde hoy se encuentra el hotel de turismo.
El considera que el montículo al cual pertenece la estatua con
diadema podría fecharse en el siglo II o III d.C. (Duque y Cubillos
1983, 81). Varios de los ejemplares procedentes de Calima llegaron
al Museo del Oro como parte de lotes más grandes que contenían al
menos algunas piezas del período yotoco (p.e. los lotes publicados
por Pérez de Barradas, 1954, como Nos. IX, XII y XV). Sin embargo,
la pieza No. 5752 (Pérez de Barradas 1954, Lám. 157) lleva repujada
una figura al parecer, sentada y con los brazos cruzados sobre el
vientre, una actitud característica de muchas figuras del período
Ilama (Cardale de Schrimpff et. al., en prensa).
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Lámina 7 Vasija antropomorfa bicéfala con asa puente y doble
vertedera. Los brazos de la figura están reducidos a pequeñas
protuberancias estilizadas. Pintura negativa negro sobre rojo.
Período llama o, eventualmente, transicional; altura 23 cm.
Colección particular.
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Los rasgos faciales de esta figura se parecen, en grado
sorprendente, a los de las dos últimas piezas que vamos a
considerar aquí. En las figuras de las dos placas de La Badea (Nos.
1 y 2) encontramos los mismos ojos semicirculares, la misma nariz
triangular y la misma boca abierta mostrando los dientes. Todavía
más completa es la representación de esta figura en una vasija
antropomorfa bicéfala, también del período Ilama, en la cual
encontramos no solamente los mismos rasgos faciales distintivos
sino también el tocado en forma de una hilera de triángulos (Lám.
7). Estos rasgos faciales difieren marcadamente de los usuales para
figuras antropomorfas en cerámica. Casi siempre, durante el período
Ilama, los ojos y la nariz eran cuidadosamente modelados en forma
bastante naturalista con la boca, por lo general, cerrada. Parece
que en este grupo de figuras, de La Badea, en la diadema en forma
de H y en la vasija bicéfala, se trata de una representación o
personaje muy específico con atributos constantes.
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a
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b
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Lámina 8
a: Vasija del mismo grupo que la anterior. La figura semi-humana
tiene brazos "escorzados" tal vez para indicarlos
en actitud alzada. Negro sobre rojo; altura 25 cm. Museo Banco
Popular, No. C2934.
b: Vasija del mismo grupo que las dos anteriores. Los arcos eon la
zona punteada encima de los ojos representarían, quizas, una
especie de pelaje. Pintura negativa negro sobre rojo; altura 25 cm.
Museo la Merced, Cali, No. C10698.
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Esta misma figura o personaje se encuentra en un grupo muy
pequeño de "alcarrazas" del período llama (Lám. 8
a y b). Encima de una base de forma lenticular, se encuentra el
personaje sentado o simplemente modelado sin sus extremidades
inferiores. En los ejemplares más estilizados los brazos están
reducidos a pequeños tocones, pero en otros se alcanzan a reconocer
como brazos humanos, doblados tal vez para representarlos en
actitud alzada. Sin embargo, la figura no es completamente humana.
En la mayoría de ellas los ojos son redondos, una forma reservada
generalmente en la cerámica flama para la representación de
animales. Además, sobre las caras se encuentra una
"decoración" incisa y pintada que, en dos de los
ejemplares mejor conservados, consiste en arcos sobre los ojos
representando, quizás, una especie de "pelaje".
Si acertamos en esta interpretación, no sería la única
representación o personaje ¡lama que incorpora elementos humanos
con otros de animal (Cardale de Schrimpff, en prensa).
Las figuras de La Badea no solamente presentan similitudes
estilísticas con ciertas figuras de la cultura llama; sus
extremidades en escuadra recuerdan inmediatamente los pectorales
del estilo tolima del valle medio del río Magdalena. Sin embargo,
tanto la forma de las piezas como su utilización (según parece,
para forrar una base de otro material) es diferente a la de las
piezas consideradas generalmente del estilo tolima. Por otro lado
encontramos nuevamente en los rasgos faciales de algunos pectorales
tolima una especie de reflejo de los rasgos de las piezas de La
Badea. Además, en estos pectorales tolima, los ojos son a veces
ovalados y a veces circulares (comparar, por ejemplo, MO 6029 de la
Guaca del Dragón con MO 6061 de Chaparral, ilustradas en Pérez de
Barradas 1958, Láms. 66-67 y 4); interpretados con el mismo
criterio que los ojos en las representaciones ¡lama sugerirían
presencia de elementos tanto animales como humanos.
Parece probable que la influencia del
"personaje" se extendió hasta la región de San
Agustín donde aparece, por ejemplo, sobre la diadema en H del Museo
del Oro No. 112 (Pérez de Barradas 1954, Lám. 259), aunque aquí no
es el lugar para tratar de seguirlo entre las múltiples y complejas
formas representadas en las estatuas.
En Calima, el personaje tuvo suficiente importancia, sea como
héroe cultural, sea como dios, para sobrevivir los cambios que
sucedieron entre los períodos Ilama y Yotoco. Ahora aparece sobre
los adornos de los adornos, siendo un motivo muy frecuente en las
narigueras en forma de H que adornan los rostros repujados sobre
las diademas y pectorales yotoco (p.e. Pérez de Barradas 1954,
Láms. 51 (MO 4833), 55 (MO 4832), 110 (MO 5370). Aunque la nariz
ahora es más alargada y la boca, a veces, más agresiva, parece ser
el mismo personaje cuyos rasgos forman, nuevamente, un contraste
marcado e intrigante con los rasgos faciales
"normales" de la época. En el Cauca Medio, en
contraste, parece que este personaje no sobrevivió la llegada de
nuevas influencias y, quizás, deidades con el auge de la cultura
Quimbaya Clásico.
Todo esto es, desde luego, una hipótesis para corroborar o
refutar en estudios futuros. Sin embargo, parece que en la tumba de
La Badea tenemos un ajuar vinculado, tanto por sus aspectos
tecnológicos como por la forma de algunas piezas, a la tradición
del suroccidente el general y a la región de Calima en especial.
Los collares de piedra también se vinculan con esta última región
donde cuentas de cristal de roca se encuentran con alguna
frecuencia en tumbas de los períodos Yotoco e llama, mientras las
de piedra verde (generalmente tufas de grano fino) son
especialmente características de tumbas Ilama; en cambio en el
Quindío y otras zonas aledañas, aunque se encuentran a veces
cuentas de cristal de roca, collares de piedra verde parecen ser
prácticamente desconocidos del Quindío y de otras zonas aledañas
|1
. Aunque los
puntos de comparación y posibles nexos con la cultura llama no son
del todo claros, parecen ser suficientes para sugerir una fecha
para la tumba de La Badea que cae, quizás, hacia los finales de ese
período. Sería una época cuando el Valle Medio del río Cauca se
encontraba aún totalmente incorporado en la tradición del
suroccidente, sin haber recibido todavía las fuertes influencias
evidentes en el estilo Quimbaya Clásico. En aquella época, hacia
finales del primer milenio antes de Cristo, aparecerían algunas de
las primeras representaciones de un personaje cuya importancia se
extendería sobre una gran zona del suroccidente y perduraría
durante la mayor parte del milenio siguiente.
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REFERENCIAS CITADAS
Arango Cano, Jesús. 1979,
|Cerámica precolombina, 277
pp. Bogotá: Litografía Arco.
Arango Cano, Luis. 1974 (1924),
|Recuerdos de la guaquería en
el Quindío. 2 tomos. Armenia: Editorial Quin-Gráficas.
Bruhns, Karen. 1967,
|Ancient pottery of the Middle Cauca
Valley, Colombia. University Micro films, Ann Arbor,
Michigan.
Cardale Schrimpff, Marianne. In press, The Snake and the
Fabulous Beast: themes from the pottery of the llama Culture. To be
published in
|Cultural Attitudes to Animals; World
Archaeological Congress, Southampton 1986.
Cardale Schrimpff, Marianne, Leonor Herrera and' Warwick Bray.
En prensa, Gold ornaments and masks of the Ilama Culture. Late
formative metalwork in the Colombian Western Cordillera.
|Paper
presented to the 46th Americanists Congress, Amsterdam,
1988.
Duque Gómez, Luis. 1966, Exploraciones arqueológicas en San
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1964. Bogotá. 1970 Los químbayas. 177 pp. Bogotá: Imprenta
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Duque Gómez, Luis y Julio César Cubillos. 1983,
|Arqueología
de San Agustín: Exploraciones y trabajos de reconstrucción en las
Mesitas A y B. Fundación de Investigaciones Arqueológicas
Nacionales, Banco de la República, 139 pp. Bogotá, 225 pp.
Osorio, Oscar. s.f.
|Investigaciones arqueológicas en la zona
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Universidad del Quindío, 1986.
Osorio, Oscar, Sory Morales y Nora Aydee Ramírez. s.f.
|Investigaciones arqueológicas en el departamento del Quindío:
municipios de Calarcá, Génova y La Tebaida. Informe presentado
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Pérez de Barradas, José. 1954,
|Orfebrería prehispánica de
Colombia: estilo calima. 2 tomos. Madrid. 1958, Orfebrería
prehispánica de Colombia: estilos tolima y muisca. 2 tomos.
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Plazas, Clemencia and Ana María Falchetti. 1983, Tradición
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|Monumentale vorgeschichtliche
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Rodríguez, Camilo. s.f.,
|Agricultores prehispánicos en la
hoya del Quindío. Tesis de grado, Universidad Nacional,
Bogotá, 1987.
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|1
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Sin embargo, la señora Alba Lucía Jaramillo de Dupont recibió
información sobre otro collar de este material hallado en La Badea
hace varios años. Se encontró, igualmente, en una tumba de cancel y
entre el ajuar estaban tres pequeñas cuentas de collar
antropomorfas en oro, con las extremidades en escuadra.
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