Reseñas de libros
PUBLICACIONES PERIÓDICAS
BOLETÍN DE ANTROPOLOGÍA
Universidad Javeriana
Carrera 7a. No. 40-60. Bogotá.
Vol.3, No. 3 - 1987.
El Departamento de Antropología de la Universidad Javeriana
prosigue su labor de difusión de temas antropológicos a través de
la publicación del Boletín. En esta oportunidad encontramos dos
artículos relacionados con la catástrofe de noviembre de 1985 en
Armero: "Lo que se llevó la catástrofe" de
Octavio Marulanda y "Ejemplo del interés popular en la
arqueología entre los habitantes de la antigua población de Armero
"de Carl Langebaek. María Elvira Escobar escribe sobre
"El Maestro Devia y el cuento folclórico", Misael
Devia, a su vez está representado con su cuento "El
Hojarasquín del Monte". El Director del Departamento de
Antropología de la U. Javeriana, Álvaro Chávez, publica un ensayo
sobre "Los Panches: antiguos habitantes de
Armero". También se han incluido los artículos:
"Investigación social y desarrollo" de Nohora
Aydee Ramírez y "El simbolismo en los grabados de los
sellos precolombinos" de Isabelle Clerc de Cuenca. El
Boletín reseña las actividades del Departamento de Antropología
incluyendo las diversas investigaciones en curso y las tesis de
grado de la Universidad de Antioquia.
BOLETÍN DE ARQUEOLOGÍA
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales
Calle 16 No. 6-34. Bogotá.
Año 2, Número 2 - 1987.
La Fundación, en esta oportunidad, nos ofrece avances de algunos
de los trabajos financiados a diversos investigadores en el país.
Entre estos encontramos los siguientes: "La industria de
obsidiana en el suroccidente de Colombia" por Cristóbal
Gnecco; "Pautas de asentamiento agustinianas en el cañón
del río Granates-Saladoblanco" de Héctor Llanos;
"Reconocimiento regional sistemático en el Municipio de la
Argentina-Huila" por Luis Gonzalo Jaramillo;
"Relaciones de los desarrollos del área Tairona y el
intercambio" por Carl Langebaek. Este número incluye
igualmente algunas noticias y reseñas bibliográficas.
EL PROCESO COLONIAL EN EL ALTO
ORINOCO - RÍO NEGRO (Siglos XVI a XVIII)
Mariano Useche Losada.
Fundación de Investigaciones Arqueológicas Nacionales. Banco de la
República. Bogotá, 1987.
El libro del antropólogo Mariano Useche es resultado de una
labor de consulta paciente entre las, relativamente abundantes,
fuentes bibliográficas sobre la historia colonial del Orinoco y
Guayana. Cabe anotar que todos los documentos citados en esta obra,
son fuentes primarias respecto a la generalidad de los hechos de
que se ocupan. El método de contar la historia mediante el acopio
de una enorme cantidad de información documental no es nuevo, pero
es el más apropiado para reconstruir el proceso colonial en el Alto
Orinoco - Río Negro entre los siglos XVI a XVIII, como lo
demuestran los resultados de esta investigación histórica.
Con anterioridad a esta publicación, en Colombia sólo se contaba
con la tesis de doctorado de la antropóloga Nancy Morey (1975),
sobre la etnohistoria de los guahibos de los Llanos de Colombia y
Venezuela, trabajo comparable al de Useche. Este último,
apartándose un poco de la metodología seguida por Morey en cuanto a
delimitación territorial y aspectos socioculturales estudiados se
refiere, retoma la cronología de la conquista y ocupación de este
extenso territorio por los europeos, logrando abarcar así un
período muy importante de la historia americana caracterizado por
descubrimientos geográficos y el contacto con grupos nativos hasta
entonces desconocidos para los occidentales. El más importante de
dichos descubrimientos fue el río Casiquiare, que comunica las dos
cuencas hidrográficas más grandes del continente suramericano, las
de los ríos Orinoco y Amazonas. Este hecho llevó a la delimitación
territorial de las posesiones en ultramar, a dos estados europeos
colonialistas importantes de finales del siglo XVIII: España y
Portugal.
Como se dijo anteriormente, al tomar el autor como núcleo para
su estudio la expansión del estado colonial español en la región
Alto río Orinoco-río Negro, se logra reconstruir ese proceso y su
impacto sobre los pueblos indígenas. El resultado es un esquema
explicativo del devenir colonial con base en datos relativos a la
situación territorial, demográfica, cultural y política de los
indígenas, a través del contacto. Como se observa este método es
esencialmente descriptivo.
Después de estas breves anotaciones, a continuación se
describirán las cuatro regiones en que el autor por razones
metodológicas divide la zona de estudio. Es de anotar que este
vasto territorio presenta una gran variedad ecológica, toda vez que
sus ecosistemas dominantes -la sabana tropical y la selva pluvial-
ofrecen una gama tan diversa de biomas y ambientes específicos,
tanto en su interior como en las áreas de contacto o de
transición:
1. Zona norte del Andén Orinoqués. Se trata del área entre el
Meta y el Tuparro distinguida por un relieve de altillanura muy
disectada y afloramientos graníticos del Escudo Guayanés. Esta zona
fue, precisamente, la primera en la que se estableció la
colonización española cuando, a finales del siglo XVII, los
jesuitas fundaron allí varias aldeas misioneras de efímera
duración, con indígenas sálivas, catarubenes y adules (adoles o
atures), principalmente. Hacia 1584-87 esta región había sido
explorada por Antonio Berrío.
2. Zona transicional. Se extiende desde el río Tuparro al sur,
hacia el Guaviare. Allí se modifica progresivamente el ecosistema
de sabana tropical hasta tomar contacto con el de la selva tropical
húmeda a partir del río Guaviare.
Históricamente, la zona fue alcanzada por la colonización
española sólo a mediados del siglo XVIII. Estrictamente, fue la
segunda área del Alto Orinoco en donde los colonizadores se
establecieron. La difícil navegación de los raudales de Atures y
Maipures y el temor a los ataques caribes, fueron dos factores que
retrasaron el avance colonial allí. Sin embargo, también había sido
explorada por Antonio de Berrío en 1584-87.
3. Complejo selvático Orinoco-río Negro. Esta zona comprende la
mitad oriental de la comisaría del Guainía y el área que se
extiende al oeste y sur de la ribera izquierda del Alto Orinoco
superior. Forma parte del gran ecosistema amazónico, no obstante
los ríos que la bañan reparten sus aguas hacia las dos cuencas,
originando un denso complejo fluvial. El Guaviare y el Inírida
juntan sus aguas para depositarlas en el Orinoco; el Atabapo, en la
frontera sureste de Colombia con Venezuela, fluye con rumbo norte
directamente al Orinoco. En cambio, el Guainía, llamado río Negro
tras recibir las aguas que del Orinoco le entrega el Casiquiare,
desciende hasta el Amazonas llevando consigo, además, las del Isana
y las del Vaupés.
Las tropas esclavistas portuguesas merodearon el área desde el
temprano siglo XVIII (172526), estableciendo campos de esclavos.
Los colonizadores españoles ocuparon la región del Atabapo,
Casiquiare y río Negro sólo a partir de 1758. En 1744, gracias al
viaje del jesuita Manuel Román desde el Orinoco al río Negro, se
dio a conocer al mundo la, hasta entonces, legendaria comunicación
del Orinoco y el Amazonas por medio del Casiquiare.
4. Zona Guayanesa. Se ha diferenciado como zona
"Guayanesa", más por razones históricas que
ecogeográficas, el área está irrigada principalmente por las
cuencas de los ríos Parguaza, Cataniapo, Sipapo, Ventuari, Padamo y
Ocamo, afluentes orientales del Alto Orinoco.
En el pasado, la zona fue asiento aparentemente de una numerosa
población caribe, piaroa, maquiritare, bániva, maipure,
manetivitana, ature y pareca, entre otros; algunos de estos grupos
sobreviven actualmente en el Territorio Federal Amazonas de
Venezuela, hacia el Casiquiare-río Negro. Sin embargo, la población
era muy escasa al finalizar el siglo XVII, por razones que la
investigación explica.
Resumiendo, la presente obra se ocupa de los sucesos
comprendidos entre los siglos XVI, XVII, XVIII y comienzos del XIX
en la zona del Alto Orinoco y río Negro. A partir de los resultados
obtenidos, la obra vuelve factible el análisis de una parte del
proceso de cambio cultural en la región, durante el período quizás
menos conocido de su historia; siendo por lo tanto un trabajo de
obligada consulta para futuras investigaciones.
De otra parte, debe concebirse este estudio como una
introducción a la etnohistoria regional; sobre este aspecto el
autor afirma que es necesario y conveniente metodológicamente para
la Antropología elaborar investigaciones de índole exploratoria, en
áreas de conocimiento precario por parte de las ciencias sociales,
con el propósito de dotar a la reflexión teórica de una suficiente
base empírica. De tal manera, este trabajo viene a suplir la
carencia de estudios en nuestro país de carácter global acerca del
proceso de conquista y colonización de la región del Alto río
Orinoco-río Negro.
Para finalizar, Useche, en su válida condición de
etnohistoriador, ha rescatado el trance original de la tragedia que
significó para los indígenas las políticas bélicas de conquista y
de colonización, llevadas acabo por los europeos a partir del siglo
XVII en la región del Alto Orinoco-río Negro.
ÁLVARO BAQUERO M.
Antropólogo
COLOMBIA AMAZÓNICA
Domínguez, Camilo y otros. Bogotá:
Universidad Nacional de Colombia y Fondo FEN Colombia, 1987-88.
No siempre nos encontramos frente a una lectura de El Libro. El
Libro lo tiene todo: una magnífica impresión y edición de lujo (a
cargo de Villegas & Asociados) en tamaño monumental (34 x
25 x 4 y 309 págs.); más de 400 fotografías y grabados de viajeros
de los siglos pasados; un abundante material cartográfico; cuadros
y gráficos de información estadística de carácter científico y
social; una extensa bibliografía; prólogo presidencial;
introducción rectoral y la confluencia de siete
autores-especialistas (Camilo Domínguez, Myriam Jimeno, Pablo
Leyva, Héctor Llanos, Mario Mejía, Roberto Pineda C. y Elizabeth
Reichel Dussán) cuyo currículum anexo no da lugar a dudas. Nos
encontramos ante la Amazonia, en su sector colombiano, hecha libro
por la Universidad más prestigiosa de Colombia: la Nacional, con el
firme propósito no sólo de presentar sistemáticamente la
información y los conocimientos obtenidos hasta ahora en esta
región natural, sino también amparados en la idea del
"dominio estatal", con la intención de
desarrollar actividades a corto y largo plazo de su
"apropiación adecuada". De tal manera es señalado
en su solapa: "Las páginas de Colombia Amazónica rebasan
la sistematización de la información existente sobre aquellos
territorios, y trasciende la experiencia y los aportes de los
investigadores que las han preparado. Dejan en el ánimo de quien
las estudie, la percepción de que más allá de las políticas
aplicadas en ella desde la Conquista hasta nuestros días
-insuficientes, erráticas o equivocadas, buena parte de éstas-, la
Amazonia es ante todo un espacio para acciones futuras. Y el nuevo
panorama de posibilidades que surge de tal concepción, lleva a
identificar retos para nuestra inteligencia, para el desarrollo
científico y tecnológico de nuestro país, para el avance de nuestra
sociedad entera, como protagonista de todas las grandes
empresas".
Un libro así dotado, agobia de antemano una lectura, puesto que
en él está dado todo desde la cientificidad: ¿acaso queda algún
resquicio de duda? ... y sin embargo no deja de ser deleitable a la
mirada: podemos viajar la magia exuberante de la selva desde su
emplumada cubierta, para descubrir la gramma mágica impresa en la
tela-portada a la manera de un inscriptio mundi, indicando el
sendero de esa otra escritura nofonética plasmada en mitogonías
petroglíficas en las guardas del libro. La mirada de la imagen nos
sugiere otra posible lectura: la de una fantástica en la diversidad
de culturas mágicas que han surcado y gestado su existencia en la
invención de saberes, indiscernibles aún para nosotros, en los
cuales se concibe que todos los individuos (plantas, animales,
humanos, ríos, selva, aire, tierra y cielo) están en la naturaleza
como en un plano de consistencia del que forman la figura completa,
variable en cada momento (como si devinieran filósofos Spinozistas,
en un pensar Deleuziano). Pero acá ya el libro como tal se rompe,
se fractura, se despliega y se disgrega, puesto que el libro como
tal endilga tan sólo una lectura: la lectura dada. Esta es
desterritorializada por la mirada viajada en lectura, y allí surgen
los resquicios que en la primera lectura se ven como imposibles al
positivismo homogeneizador.
De por sí autores como Mario Mejía G. ("La Amazonia
Colombiana, introducción a su historia natural", pp.
55-124) indica en su sistemática natural la necesidad de tomar como
referente, primordial e inmediato, los conocimientos milenarios de
las comunidades y sociedades amazónicas respecto al existir de ese
medio que cuenta con 3.000 mil especies de peces, 1.800 variedades
de aves, 100 mil especies de plantas ... en circunstancias
ambientales con una temperatura promedio mayor a los 25 grados
centígrados y una precipitación anual mayor a los 2.000 m.m.,
conformando un espacio frágil y delicado, con todos los signos de
un continente acuático. Esto le hace sugerir al autor la necesidad
de profetizar que: "en un futuro próximo las actividades
agrarias ecuatoriales se conducirán fundamentalmente mediante
modelos arbóreos" (p. 123), así como postular seis
estrategias para el manejo de la selva: "1. Asimilar
(profundizar, sintetizar) el conocimiento existente, desarrollado
por indígenas, colonos y científicos. 2. Entender los límites de
aplicabilidad de las tecnologías que la actividad agraria
colombiana viene importando de zonas templadas, particularmente de
Estados Unidos y Europa. 3. Desarrollar el concepto de
productividad acuática. 4. Desarrollar sistemas de uso que permitan
la conservación de la biomasa vegetal. 5. Desarrollar sistemas de
uso de la vegetación con base en el principio de la diversidad. 6.
Efectuar trabajos sobre especies nativas útiles (vegetales y
animales), sin menospreciar importaciones adaptables" (p.
124).
Los otros autores presentan las relaciones de Colombia con la
Panamazonia, la cronología de científicos y viajeros que han
surcado su espacio, la historia de las diversas colonizaciones y
expoliaciones (es de destacar el capítulo del antropólogo Roberto
Pineda Camacho respecto al "Ciclo del Caucho
(1850-1932)", pp. 183-209, el proceso demográfico, las
perspectivas de su desarrollo y el pasado y presente del
poblamiento amerindio en la Amazonia colombiana.
Desde la mirada fascinada en la imagen configurada en naturaleza
-no solo en las donadas por el libro, también en las percibidas
directa mente como etnólogo viajero por las sendas de la Amazonia-,
desplegamos una lectura que nos permite puntualizar algunos
comentarios respecto a los artículos de la antropóloga Elizabeth
Reichel Dussán ("Asentamientos prehispánicos en la
Amazonia colombiana" y "Etnografía de los grupos
indígenas contemporáneos"). Es bien conocido, desde hace
tiempo, el uso de plantas poderosas propiciado por el saber
chamanístico en la Amazonia. Ellas permiten acceder a estados de
percepción, conocimiento y acción para construir, reconstruir y
activar la endoculturación diferenciada, al posibilitarse
transcursos por los diferentes planos de consistencia de lo
natural: es así como se constituyen alianzas con poderes cósmicos,
animales o vegetales, haciendo posible la voluntad de devenir con
ellos. Un chamán deviene en jaguar, anaconda, gavilán, viento,
trueno, rayo, enredadera, perfume, espina ... pero su existencia en
este devenir no es una mera "conversión
metafórica". Una "conversión metafórica"
está dada en la literalidad, ya sea en la letra literaria o en una
literalidad mitológica, pero el orden del saber chamanístico está
en-a-través de lo mitológico sin quedarse atado a su orden
discursivo de metaforizaciones y metonimizaciones. El chamanismo es
un saber en enunciaciones pragmáticas y en agenciamientos de
empirismo; no construye metáforas sobre la
"conversión" puesto que no se convierte ni aspira
a convertirse en jaguar (etc.), puesto que deviene en él sin serlo,
así como el jaguar, a su vez, deviene en chamán.
Devenir no es ni imitar, ni hacer como, ni adaptarse a un
modelo; son actos que sólo pueden estar contenidos en una vida y
que sólo pueden ser expresados en un estilo de vida. Como dice
Deleuze: "En un devenir animal se conjugan un hombre y un
animal que no se parecen en nada, que no se imitan, sino que cada
uno desterritorializa al otro"1 activando así agenciamientos de efectuación y de
enunciación, en los cuales se define el devenir-jaguar por aquellos
agenciamientos de los cuales forma parte en co-funcionamiento y
"simpatía" entre el saber chamanístico y su
acción en el orden cósmico del jaguar, y en otro orden cósmico con
la fuerza y el poder del jaguar.
Para su efectuación se accede a "recursos
epistémicos" dados por las plantas como el yagé, el toé,
el tabaco, la coca y la brugmansia que permiten transcurrir por la
conjunción de la naturaleza, como plano de consistencia en el cual
se encuentra el orden cósmico del jaguar, para emerger de él con
todo el poderío del jaguar. Por tal razón estas plantas no son
"psicotrópicas" ni alucinógenas, son enteógenos
2 que propician un saber más
allá de las restricciones y ataduras de la realidad humana, la
trascienden y permiten un saber en multiplicidad.
Para una lectura no homogeneizante de la Amazonia es muy
importante el revaluar conceptos como la "conversión
metafórica" y el de "psicotrópicos", así
como los de "economía de subsistencia",
"bandas estacionarias e interfluviales"y el de
"modo de producción" utilizados y propuestos por
la antropóloga Elizabeth Reichel.
Se ha demostrado, con bastante insistencia, cómo estas
sociedades y culturas están muy lejos de tener "economía
de subsistencia"; por el contrario, como lo documenta
Marshall Sahlins 3, son
sociedades de la opulencia y la abundancia sin pretender acumular
nada. Ellas no subsisten, ni están restringidas a un mero
estado-de-naturaleza, más bien han postulado y ejercen ante todo un
estilo, una estética y una ética del existir en proyectos
diferenciados de cultura. Por tal razón un tipo de análisis tomando
como modelo el "modo de producción" privilegia
algo que para ellos, en su endoculturación, es un orden de menor
importancia como lo es la producción, distribución y consumo de los
"bienes materiales" y las interrelaciones de las
"fuerzas productivas". La autora debiera postular
su modelo propuesto como una hipótesis de investigación y no como
algo dado, al interrelacionar "modo de producción
maloquero" con "sistema político
maloquero". Si bien la maloca constituye un topos
sistemático del cosmos generando pautas de organización social,
"económica" política y ritual, no todas las
sociedades y culturas amazónicas la toman como el Topos
privilegiado, ni todas han tenido un proceso
"evolutivo" de "bandas estacionarias
interfluviales" a "cacicazgos `mínimos'
hortícolas" y de estos a "cacicazgos agrícolas
ribereños y de piedemonte".
La generación de modelos de análisis siempre tiene el problema
de homogeneizar y tender a borrar las diversidades y
diferenciaciones, aunque en este caso la autora intenta no
desconocerlas al regionalizar étnicamente la Amazonia.
Este libro se nos presenta como un muy buen intento de síntesis
total de la Amazonia en recapitulación de la historia y de su uso
endógeno y exógeno, desde una sociedad de Estado que busca el
ejercicio de una racionalidad valorativa.
WILLIAM TORRES C.
AMAZONIA COLOMBIANA. VISION
GENERAL
Domínguez, Camilo A.; Biblioteca Banco Popular.
Textos Universitarios. Bogotá, 1985
El libro comprende una visión bastante amplia y completa de
diferentes aspectos sobre la Amazonia colombiana, con énfasis
especial en aquellos de tipo geográfico (geológicos,
meteorológicos, biológicos y humanos), en el cual el autor reúne en
cuatro partes, que estructuran la obra, la investigación y estudios
adelantados a lo largo de varios años.
Partiendo de una ubicación y descripción de las características
generales de la cuenca amazónica, nos presenta seguidamente un
conjunto de aspectos de tipo físico del área colombiana, donde
expone las formaciones geológicas y de suelos propios de las
regiones, su problemática ecológica y dinámica histórica, los
diferentes climas, meteorología, ciclos estacionales, regímenes de
lluvia e hidrografía, para luego situar allí los diversos tipas
biológicos de flora y fauna propios de los distintos ambientes
descritos.
La cuarta parte está dedicada particularmente al fenómeno humano
y cultural; en ella localiza territorialmente y por familias
lingüísticas, los grupos aborígenes que allí han habitado, así como
sus comportamientos económicos y sociales, sin descuidar los
aspectos etnohistóricos, con mención especial a la situación
precolombina y de los siglos XIX y XX, los fenómenos políticos y de
colonización que han afectado a la región y su población
nativa.
La obra además incluye una generosa y pertinente variedad de
mapas, fotografías y gráficos ilustrativos de los diferentes temas,
que complementan el texto, junto con un valioso léxico
regíonalizado de los principales ejemplares de la flora y la fauna;
aquí presenta, junto con el nombre científico de las especies
particulares de plantas, invertebrados, peces, anfibios, reptiles y
mamiferos, sus nombres vulgares según procedencia terminológica y
la utilización cultural dada a ellos por los nativos.
El libro del profesor Domínguez viene a llenar un importante
vacío, sentido por investigadores, técnicos y estudiantes de las
diferentes disciplinas naturales, biológicas y sociales, ocupados
en el área amazónica colombiana. El volumen reúne en un solo
cuerpo, no sólo la información dispersa y parcial sobre la Zona,
sino que la amplía por la propia experiencia vivencial e
investigativa del autor, constituyéndose en un imprescindible
manual de consulta básica.
RODRIGO IBÁÑEZ FONSECA
FÁBULAS Y LEYENDAS DE EL DORADO
Juan Gustavo Cobo Borda (Ed.)
Biblioteca del Nuevo Mundo, 1492-1992.
Barcelona: Tusquets/ Círculo, 1987.
El resplandor de lo brillante ha seducido la imaginación de las
gentes, haciendo que sea posible la gestión de invenciones
culturales en confluencia con el disfrute estético. Lo brillante
pasa por múltiples concreciones de materialidad, desde la cual es
factible la constitución objetual-artística.
Una de esas materialidades brillantes con resplandor seductor es
el oro, el cual ha tenido un uso universal en continua
transformación entre lo estético y su simbolización como valoración
de riqueza acumulativa. Esta transformación corresponde y se da en
un transcurso histórico entre las sociedades que disfrutan de la
denominada "opulencia primitiva"4, las cuales paradójicamente no tienen
ningún interés en acumular riqueza ni en gestar poderes de dominio
coercitivo actitud que les permite desplegar el goce estético de la
seducción de lo brillante; y aquellas otras sociedades que, junto a
la implementación de su voluntad de dominio, tanto en su
interioridad como en la búsqueda de la expansión de fronteras
imperiales, recurren a desplazar el disfrute estético y la
invención artística por el "temor a la pobreza",
y por tanto activan el afán de acumular riquezas, pasando por el
acuñar e imprimir medios de cambio con base al almacenamiento, ya
no tanto de objetos artísticos de carácter orfebre, como sí de la
fundición del oro en lingotes. En este transcurso histórico se
articula la diferenciación entre la manufactura del arte orfebre y
la re-ordenación de una especie de "herrería"
aurífera.
La herrería no es ajena, del todo, a la implementación de
expediciones armadas, rayanas en delirio, al expropiar el brillo
áureo fundiéndolo en volúmenes a-estéticos acumulativos. Junto a
esta actividad han surgido fábulas, leyendas y mitologías,
agenciadas por quienes intentan evadir esas expediciones militares
hacia sus sociedades y territorios, como también desde el mismo
espacio cultural correspondiente a la sociedad de la cual provienen
esas expediciones, con el fin de dar voces de alerta frente al
delirio aurífero. De estas se puede mencionar la locura táctil del
Rey Midas y la magistral enseñanza de Charlot en The Gold Rush (La
Quimera del Oro). Entre aquéllas resplandece la utopía de El
Dorado.
Juan Gustavo Cobo Borda ha hecho una magnífica edición de
Fábulas y Leyendas de El Dorado para la Biblioteca del Nuevo Mundo,
1492-1922, de la conjunción editorial de Tusquets y Círculo de
Lectores de Barcelona. Nos presenta una relación selectiva e
histórica de 15 versiones variaciones sobre El Dorado, desde Colón,
pasando por conquistadores, cronistas, literatos y científicos como
Jiménez de Quesada, W. Raleigh, Juan de Castellanos, José Gumilla,
Rodríguez Freyle, Voltaire y Humboldt, acompañado de un abundante
material gráfico (grabados, mapas antiguos, figuras precolombinas y
fotografías de flora, fauna y de los espacios referenciados). Es un
libro que embelesa, una lectura viajera desde fines del siglo XV
hasta principios del XIX.
Como se aprecia en los documentos seleccionados por Cobo Borda,
lo primero que salta a la vista de los visitantes europeos en aquel
octubre de 1492 fue el resplandor brillante de algunos objetos de
oro usados como adorno corporal por los "indios".
La presencia del aurífero resplandor despertó el interés de los
extraviados visitantes por conocer la fuente, el topos de la mina,
dejando entrever la ambición de aventureros empobrecidos. Muy
seguramente, desde una "lectura" de esta
evidencia por la consabida "malicia indígena",
esto dio lugar a indicar en forma extraterritorial la existencia de
una no muy lejana "Isla del Oro" o
"Reino del Oro", nombrado: Samaet, Sampallon,
Meta, Manoa o El Dorado. Así, a quien persiste en indagar y buscar
el topos aurífero se le indica la presencia "un poco más
allá" (extra-territorial) de El Dorado, motivando así al
invasor -que no muestra ningún interés por abandonar estos
territorios- a ir errante en busca del lugar imaginado, haciéndole
sentir que "esta vez ya está muy cerca". Y cuando
el invasor tal vez ya lo ha topado, por arte quimérico se le
evanesce de las manos, va a parar a otro lugar: ya sea por acción
de los piratas, o por cumplir los compromisos de las deudas
contraídas con otros países más diestros en el comerciar (Holanda e
Inglaterra frente a España). Lo cierto es que esta primera
"fiebre del oro" da lugar a un saqueo de 181
toneladas de oro y 17 mil de plata entre los años de 1503-1660,
según nos referencia Cobo Borda en el epílogo del libro. Pero
también dio lugar a que fuese motivo de escritura, desde el momento
mismo del "contacto" hecho por Colón, hasta el
día de hoy en que nos acercamos al quinto centenario de este
azaroso encuentro.
La escritura no solo ha reseñado las Quimeras del Oro, sino
también recapitula y reorienta su mirada, como en el caso de José
Gumilla (1687 1750) quien en su Orinoco Ilustrado (Madrid, 1741)
hace un llamado a abandonar la ilusión de El Dorado y a activar una
racionalidad económica, no sólo frente a la explotación minera sino
respecto a otros tesoros: "todo el reino de Tierra Firme
es un imponderable tesoro escondido, del cual las estupendas sumas
que llevo insinuadas no son sino unas meras señales y muestras de
los inmensos minerales que en sí contiene. Y si las señas palpables
que da, y los desperdicios de que se aprovechan las naciones, las
pone opulentas, y les da armas contra nuestra España, ¿Qué fuera si
España lograra estos poderosos productos por entero? ¿Pero qué
fuera, si, puesta la mira en aquellas casi despobladas provincias,
se labrasen todas sus minas y se cultivasen sus campos, prontos a
dar la grana, el cacao, tabaco, azúcar y otros importantísimos
frutos?" (p. 222).
De igual manera, las escrituras de El Dorado proponen lecturas
contemporáneas que es necesario realizar junto a los descendientes
de aquel avatar. Aún hoy es necesario, para nosotros, diferenciar
lo aurífero como tesoro estético en su brillante resplandor y el
hurto a-estético de la masa-oro para acumular y almacenar riquezas
que se evanescen en devaluación continua. Mientras que para los
Kogi, la Sierra Nevada de Santa Marta, el dinero es una invención
de los "civilizados" a partir del oro, el cual no
es más que uno de los atributos y cualidades del sol. Por ello los
tres (dinero, oro y sol) se designan con la misma palabra: yuí.
WILLIAM TORRES C.