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USO Y SIGNIFICADO DE LAS CUENTAS
TAIRONA
PATRICIA CARDOSO
Desde las primeras excavaciones arqueológicas que se realizaron
en la Sierra Nevada de Santa Marta en 1922, se puso de manifiesto
la abundancia de cuentas de collar en piedra, que con el tiempo han
venido a caracterizar esta región.
Fabricadas en cuarzo, jaspe, chert y riolita entre muchos otros
materiales, sus colores son diversos: cristal de roca transparente,
diferentes tonos de blanco, rojo, naranja, morado y verde; cuentas
veteadas como ágatas, cornalinas y calcedonias.
Su forma, al igual que su tamaño, es muy variada: cuentas
tubulares, discoidales, redondas, ovoidales, figuras humanas y
animales (sapos, aves, gusanillos).
Su tamaño fluctúa entre pequeñas cuentas de escasos milímetros
de diámetro, hasta pesados objetos de más de 25 centímetros de
longitud.
Sobresalen no solo por su gran belleza, sino por el alto
conocimiento técnico que implica el trabajo en piedras tan duras.
Seguramente este oficio estaba en manos de especialistas, debido a
lo dispendioso y especializado de su labor.
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Cuentas tubulares y antropomorfas encontradas en el interior de
una vasija cerámica, enterrada junto a la base de una vivienda.
(Ciudad Perdida).
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Vasija cerámica fragmentada, encontrada en el interior
de una casa ceremonial en Frontera. En su interior se encontraron
cientos de cuentas perforadas y sin perforar fabricadas con
diferentes tipos de piedras y algunos pendientes
alados.
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Cuentas tubulares y discoidales fabricadas en ágatas,
cornalinas y otras piedras, encontradas dispersas en las cercanías
de una quebrada canalizada. (Ciudad Perdida).
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Muchas de las cuentas no se encuentran perforadas. Al principio
se creyó que se encontraban en proceso de manufactura, pero la
extraordinaria abundancia de este tipo de cuentas, así como su
pulido, han demostrado que se trataba de objetos terminados.
En algunas de las cuentas sin perforar se han encontrado huellas
de desgaste en sus extremos, al igual que en las cuentas de gran
tamaño. Esto podría indicarnos su uso para trabajar y pulir otros
elementos, tales como oro o piedras.
Durante las excavaciones estas cuentas se han hallado en tumbas,
en ocasiones con oro, formando collares. También se encuentran
dispersas en el piso de las viviendas.
Sin embargo, la forma más frecuente en que han aparecido es
enterradas en grupos: depósitos de dos y tres cuentas, hasta
cientos de ellas. En muchos casos, están asociadas con fragmentos
de cuarzo hialino, cornalina y algunas veces con pequeños cantos
rodados.
Se encuentran enterradas a distintas profundidades: casi en
superficie y hasta a más de dos metros de profundidad. A veces se
encuentran dentro de vasijas cerámicas (ya sea enterradas, o en el
piso de las viviendas); en otros, amontonadas entre la tierra, en
ocasiones debajo de pequeñas lajas o enterradas verticalmente, una
encima de otra, formando cadenas que penetran el suelo.
Estos depósitos de cuentas se han encontrado en viviendas y
casas ceremoniales, debajo de las lajas de los anillos, en laderas
adyacentes a los muros de contención, junto a caminos y en los
sectores no enlosados de algunas terrazas. Con mayor frecuencia y
concentración, en el piso de las casas ceremoniales.
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Cuentas tubulares y discoidales. Fueron encontradas enterradas
debajo de una pequeña laja. (Ciudad Perdida).
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En ocasiones parece que estos entierros se realizaron en el
momento de la construcción de la casa, pero la mayoría fueron
enterrados durante su ocupación, en largos períodos de tiempo y
posiblemente como resultado de actividades religiosas.
En las casas ceremoniales las cuentas se encuentran dispersas de
una manera regular: se concentran en determinados sectores del
interior del anillo, mientras que otros permanecen casi vacíos.
Igualmente se detecta una tendencia a encontrar las cuentas
asociadas por su material y color. Es usual que los depósitos estén
compuestos por cuentas del mismo material, ya sean solo de cuarzo,
de cuarzo y cornalina, de jaspes de colores oscuros, o de chert
negro. No es común hallar cuentas de colores oscuros y claros
juntas.
En estas casas ceremoniales podría pensarse que en los distintos
sectores, demarcados por la presencia o ausencia de cuentas se
realizaban actividades diferentes asociadas con el significado de
los distintos tipos de cuentas.
En las viviendas o en las bases de los muros podrían servir como
protección para sus habitantes u ofrendas para sus dioses. También
podrían representar el número de habitantes de las casas o indicar
el grupo de pertenencia de estos.
De cualquier manera es evidente que en los entierros fueron
colocadas con una intención clara. Del contexto en que han
aparecido, se infiere que tenían un significado ritual. Esto
muestra que no solo fueron utilizadas como cuentas de collar o
posibles herramientas de trabajo, sino que tenían un valor
simbólico tan fuerte que las llevaba a ser utilizadas de maneras
diferentes. Esto lleva a cuestionarse sobre el uso y el significado
que estas cuentas tuvieron para quienes las fabricaron y
enterraron.
Durante el siglo XVI, los cronistas que visitaron la zona de
Santa Marta, hablan de cuentas de piedras finas, que eran usadas
como adornos y como remedios para la curación de algunas enferme
dades. Igualmente hablan de su hallazgo en el interior de
"buhíos del diablo" (casas ceremoniales) dentro
de vasijas cerámicas.
Es bien conocida la amplia dispersión de estas cuentas, hasta
territorios tan distantes como el Valle del Magdalena, la Guajira,
el territorio Muisca y los Andes Venezolanos. Aun cuando algunas de
estas cuentas deben corresponder a industrias regionales, otras
podrían ser el resultado de intercambio precolombino, dada la
importancia y valor que estas cuentas parecen haber tenido.
Para la zona Muisca se tiene un documento de archivo del siglo
XVI en el cual se habla del uso de las cuentas de Santa Marta, en
la Sabana de Bogotá, como remedio para ciertas enfermedades.
Se refuerza así su fuerte significado simbólico. Sin embargo, no
se debe descartar la posibilidad de un profundo conocimiento de las
propiedades de las piedras y que algunas de ellas si tuviesen la
virtud de aliviar algunas enfermedades o sus síntomas.
Entre los indígenas Kogi actuales es muy frecuente el uso de
estas mismas cuentas, que aun cuando ya no se fabrican se conservan
como parte de su tradición. Se usan en collares, en ceremonias de
adivina ción, para la curación de enfermedades y principalmente
como ofrendas, guardándolas entre mochilas, enterrándolas o
pulverizándolas. Todas ellas, de acuerdo con su color, tamaño y
forma, tienen un significado y uso diferente: son ofrendas para
distintos dioses, protegen de peligros, se utilizan en ceremonias
del ciclo vital.
La información de las fuentes etnohistórica y etnográfica,
corrobora lo ya observado en la arqueología: la importancia del
valor simbólico de las cuentas, que de acuerdo con el contexto en
que se han hallado, supera el valor de su uso como adornos o
herramientas.
Estas cuentas hablan de la riqueza de las construcciones menta-
les y simbólicas de los taironas; de los usos, significados y
valores no tangibles de los materiales que encuentra el arqueólogo.
Posiblemente hablan también de historias individuales.
Continúan existiendo numerosos aspectos que se desconocen sobre
estas cuentas: la técnica con que fueron elaboradas, su dispersión
en los diferentes sectores de la Sierra, la época en que
aparecieron, quiénes las elaboraron y quiénes las usaban. Sin duda
alguna con el paso de los años futuras investigaciones resolverán
estas preguntas y abrirán nuevos interrogantes.
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REFERENCIAS BIBLIOGRAFICAS
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