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LA UTILIZACION DE LAS AREAS LIBRES
EN CIUDAD PERDIDA
ROBERTO LLERAS
Agradecimientos. Quiero resaltar la eficaz y entusiasta
colaboración en terreno de los Srs. Herminio Lozano y Freddy
Ceballos así como las valiosas sugerencias y apoyo de los
arquitectos Peter y Angela Kellet. Colaboraron en el procesamiento
de las muestras algunos estudiantes del curso de Métodos y Técnicas
en Arqueología de la Universidad de los Andes. A mi esposa Claudia
debo agradecer su ayuda en la elaboración de las curvas de
calibración y los cálculos de concentración de las muestras. Nancy
Sánchez elaboró las planchas de los perfiles estratigráficos.
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Introducción
El sitio arqueológico Buritaca 200, descubierto en el año de
1975 y bajo custodia oficial desde 1976 ha sido objeto de una
intensiva exploración arqueológica. En Ciudad Perdida han
adelantado excavaciones más de una docena de investigadores entre
los cuales cabe mencionar a los arqueólogos Cadavid, Groot de M
ahecha, Herrera de Turbay, Vargas y Morales. En la actualidad se
encuentran en curso de publicación algunos de los informes de
trabajos arqueológicos elaborados en el área y el grueso de la
información de excavaciones está en proceso de elaboración.
La excavación de un total aproximado de setenta terrazas de
vivienda, junto con algunos otros cortes realizados en caminos,
basureros, enlosados, etc., permiten tener del sitio una visión
bastante completa en especial en lo referente a distribución y
características del material arqueológico, técnicas de construcción
y adecuación de plataformas de vivienda, formas de enterramiento,
distribución interna del espacio de la vivienda, etc.
Como es lógico en un sitio de estas características la
investigación se ha centrado en las áreas construidas que son
aquellas que contienen una mayor densidad de material arqueológico.
Sin embargo al revisar un mapa de la ciudad (Ver Plano anexo) es
posible apreciar que las áreas construidas ocupan una parte no muy
grande del área urbana. El resto de ella está constituido por áreas
sin construcciones, que no obstante se adecuan tan bien como
cualquier área construida a ese objeto.
Con el fin de enfocar el asunto del estudio de las áreas libres
en Ciudad Perdida en forma más estricta es conveniente definir los
términos y características de las categorías en las cuales se
subdivide el área urbana. En primer lugar se entiende por área
urbana de la ciudad todo el espacio comprendido dentro de los
caminos periféricos incluyendo, por supuesto, las estructuras que
esos caminos conectan. En Ciudad Perdida los límites que estas
estructuras y caminos definen están descubiertos claramente en los
sectores sur, oriente y norte mientras que en el sector occidental
puede haber una o más prolongaciones del área urbana (Ver Mapa). En
todo caso parece aceptable trabajar sobre la premisa de que como
mínimo se conoce y está descubierto el 85% de la ciudad y que por
lo tanto futuras exploraciones no deberán cambiar sustancialmente
el aspecto de la ciudad actualmente.
Dentro de esta área urbana se distinguen las áreas ocupadas y
las áreas libres. Para dar una idea de los tamaños relativos de
unas y otras hemos sombreado las áreas ocupadas en el Mapa anexo.
Se estima que las áreas ocupadas cubren tan solo un 30% del área
urbana total. Dentro de las áreas ocupadas distinguimos las áreas
construidas y sus áreas relacionadas. Son áreas construidas
aquellas sobre las cuales se edificaron las terrazas de vivienda
con sus respectivos muros y desagües y también las ocupadas por
escaleras, caminos y otras obras en piedra. Son áreas relacionadas
a las áreas construidas aquellas que sin estarlo necesariamente
deben existir para que las construcciones conserven su estabilidad;
p.ej. el área que queda entre dos terrazas en una pendiente y que
sustenta y da estabilidad a los muros de contención. Las áreas
relacionadas a las construidas se explican en cuanto a su función
por sí mismas y es dudoso que se utilizaran en actividades tales
como agricultura, botaderos, etc. puesto que el hacerlo hubiera
creado problemas de conservación, desagüe, tránsito, etc.
Las áreas libres comprenden todo el resto del espacio que ni fue
construido ni sirve como área de sustentación a las estructuras.
Parte de las áreas libres en Ciudad Perdida comprenden áreas con
pendientes muy fuertes (más del 45%) en las cuales el terraceo era
extremadamente difícil y es de presumir que por esa razón no se
construyeron. Sin embargo, la mayoría de las áreas libres están
sobre pendientes suaves o moderadas, en muchos casos menores a
algunas que sí fueron terraceadas y construidas.
Se presenta entonces el problema de la interpretación acerca del
uso y función que cumplieron esas áreas libres dentro de la ciudad;
un asunto que tiene la mayor importancia dentro del estudio de la
ciudad como un todo. Evidentemente el saber por qué se dejaron
áreas extensas sin construir entre grupos de casas configurando de
esa manera ese patrón disperso en la ciudad es vital para entender
el funcionamiento de las ciudades. Y las respuestas que en este
sentido se puedan producir son de importancia no únicamente para
Ciudad Perdida sino para todos los pueblos con infraestructura
lítica que conforman el complejo urbano del área arqueológica
Tairona puesto que el patrón disperso se repite en todos los sitios
hasta ahora reseñados (Pueblito, Frontera, Tigres, Alto de Mira,
Río Frío, etc.).
Existen varias posibilidades con respecto a la utilización de
las áreas libres en Ciudad Perdida; 1. Se trataba de áreas sin
utilización social específica en las cuales se conservaba el bosque
primario sin alterar o bien con algún tipo de control de la
vegetación como el socolaje, 2. Se trataba de áreas de cultivo, más
específicamente de huertas destinadas al crecimiento y cosecha de
productos de pancoger o 3. Se trataba por lo menos en parte de
áreas destinadas a la disposición de desperdicios de las áreas de
habitación.
En cualquiera de los casos anteriormente anotados es obvio que
los vestigios arqueológicos comunes (cerámica, líticos, etc.)
estarían ausentes o serían muy escasos, con excepción de las áreas
que hubiesen sido específicamente destinadas al desecho de
fragmentos cerámicos o desechos de talla lítica. De todas maneras
resultaba evidente que el problema de la utilización de estas áreas
no podría ser resuelto en forma rápida y satisfactoria mediante la
realización de excavaciones arqueológicas en área; podría en muchos
casos invertirse gran cantidad de trabajo y tiempo en la apertura
de grandes áreas sin obtener resultados claros.
En este contexto el muestreo de las áreas libres y el análisis
de fosfatos de esos suelos se perfilaba como una técnica
extraordinaria- mente apropiada para el efecto. Como podrá verse en
el apartado correspondiente cualquier tipo de actividad como las
que presumiblemente hubieran podido desarrollarse en las áreas
libres hubiera quedado registrada en el contenido de los fosfatos
de los estratos afectados. Por otro lado la ausencia de valores
altos en las concentraciones de fosfatos; la evidencia negativa,
también sería igualmente valiosa en relación con la interpretación
del problema. Esta es, por supuesto, otra ventaja sobre las
excavaciones arqueológicas en área donde la ausencia de evidencias
no permite la formulación de conclusiones.
La investigación se llevó a cabo bajo el patrocinio del
Instituto Colombiano de Antropología y utilizando exclusivamente
las facilidades propias representadas en el Laboratorio de Análisis
de Fosfatos. El muestreo y los análisis químicos fueron efectuados
por el autor. El proyecto se enmarcó dentro del Proyecto General de
Investigaciones Arqueológicas en la Sierra Nevada de Santa Marta
elaborado por el Grupo de Arqueología del ICAN durante el año de
1983.
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La técnica y metodología de investigación
La técnica de análisis de fosfatos en suelos proviene del campo
de los estudios de suelos con fines agrícolas. En el campo de la
arqueología se sugirió la utilidad de su aplicación por parte de
Arrenhius en Suecia en el año 1920. Lorch en Alemania recogió la
idea y desarrolló una técnica de extracción usando ácidos y la
determinación colorimétrica en la solución. Gundlach desarrolló
unos años más tarde una técnica para hacer exámenes en terreno
obteniendo aproximaciones burdas a las concentraciones de fosfatos
inorgánicos que aún hoy, con algunas modificaciones, se utiliza en
casos específicos.
A partir de la década de los cincuenta se ha realizado una buena
cantidad de trabajo con la técnica tanto en Europa como en los
Estados Unidos obteniendo sustanciales mejoras en las técnicas
químicas de extracción y determinación. En los últimos años se ha
introducido el análisis fraccionado de los fosfatos especialmente
por parte del norteamericano Eidt con resultados variables que son
todavía motivo de discusión. Entre otros arqueólogos que han hecho
uso extensivo de la técnica cabe citar a Bakkevig en Noruega,
Cruxent, Solecki y Woods en Norteamérica y Davidson y Schwrtz
también en el continente Europeo.
La técnica de análisis utilizada en esta investigación se basa
en la colorimetría de Murphy y Riley y fue establecida como método
standard de análisis en la Universidad de Bradford (Gran Bretaña)
por J. A. Pockock y perfeccionada a través de los trabajos de
Price, Bond, Sheard y Lleras. El proceso tiene dos fases; en la
primera de ellas las muestras de suelos previamente secadas,
trituradas, tamizadas y pesadas se someten a ebullición con ácido
clorhídrico diluido, en esta forma los fosfatos presentes pasan a
formar parte de una solución. En la segunda fase la solución de
fosfatos se mezcla con una solución colorimétrica que contiene
heptamolibdato de amonio; en presencia de ácido ascórbico y otros
catalizadores se forma fosfomolibdato (molibdeno azul) y la
concentración del mismo se determina mediante el uso del
fotocolorímetro. La técnica logra la extracción de por lo menos el
95% del fósforo presente en los suelos y permite dar la
concentración total (no fraccionada) del mismo en términos de
partes por millón (ppm).
Con el fin de aclarar la utilidad de la técnica en relación con
el problema de investigación que nos ocupa es conveniente recordar
los principios sobre los que se basa la utilización arqueológica
del análisis de fosfatos. El fósforo está presente en grandes
cantidades en la corteza terrestre formando parte de minerales
abundantes como las apatitas y la vivianita; en la medida en que
las rocas que contienen estos minerales se meteorizan y se mezclan
con la materia orgánica el fósforo pasa a los suelos así formados.
Formando parte de estos compuestos inorgánicos solubles el fósforo
se constituye en uno de los principales nutrientes de las plantas y
se absorbe a través de sus raíces incorporándose a los tejidos
vegetales. Las plantas son luego consumidas por animales y hombres
de tal manera que el fósforo se encuentra finalmente formando parte
de los tejidos de todos los seres vivientes.
Cuando los compuestos inorgánicos de fósforo se incorporan a los
tejidos sufren cambios que los convierten en compuestos orgánicos
insolubles. Eventualmente todo organismo viviente muere y los
compuestos de los que está formado regresan a los suelos, entre
ellos los fosfatos. Estos compuestos orgánicos vuelven a
mineralizarse y volverse disponibles para las plantas solo en una
pequeña parte; la gran mayoría establece enlaces covalentes con las
moléculas de calcio, hierro y aluminio presentes en los suelos y
permanecen allí sin sufrir migraciones verticales ni
horizontales.
En los antrosoles, o sea aquellos suelos modificados por el
hombre, este fenómeno de la concentración de fosfatos orgánicos es
particularmente alto. Esto ocurre como consecuencia de la
existencia de entierros en los cuales los fosfatos de los tejidos
se dispersan en el área de la tumba, de letrinas y sitios de
deposición frecuente de orina y excrementos, de botaderos de
desechos de comida y otros materiales orgánicos y de áreas extensas
de uso agrícola donde la descomposición de restos de plantas tras
la cosecha y la fertilización intencional son frecuentes. En
realidad toda área activamente ocupada durante períodos de tiempo
considerables tiende a exhibir una acumulación de fosfatos muy
superior a aquellas no habitadas.
Sobre estas premisas se planteó la hipótesis de que los niveles
de fosfatos registrados en las muestras de suelos de las áreas
libres en Ciudad Perdida estarían indicando su utilización o no
utilización. De la misma manera las diferencias relativas en las
concentraciones podrían indicarnos el tipo de uso de cada área. Con
este fin se diseñó un muestreo dirigido a la solución del problema
general y de algunos problemas específicos de sitios especiales;
los detalles se encuentran en el siguiente apartado.
No ha sido posible dentro de la técnica fijar límites precisos
en los valores que puedan servir como indicadores universales para
determinar una u otra actividad específica; en realidad valores
similares pueden estar indicando usos diferentes para diferentes
sitios de acuerdo al tipo de suelo. La experiencia ha indicado que
el procedimiento más confiable consiste en tomar el universo de
resultados de un muestreo dado y evaluarlo en conjunto. Se
reconoce, en todo caso, que los valores más altos generalmente se
producen en sitios de vivienda y, en segundo lugar, en áreas de
botaderos de desechos orgánicos, los valores intermedios se
relacionan con actividades agrícolas y los bajos con ausencia de
actividades.
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Muestreo y estratigrafía
El muestreo es una de las fases más críticas en el análisis de
fosfatos puesto que de la forma en que se haga depende la validez
de las conclusiones obtenidas. Cuando el muestreo no se hace en un
área de excavación, como era el caso aquí, existen tres opciones
para muestrear; 1. Extraer muestras a profundidades fijas, 2.
Extraer corazones con barrenos o sondas y tomar las muestras de los
corazones, 3. Excavar pequeños pozos de muestreo y tomar las
muestras en los perfiles. En el primer caso las muestras se toman
sin conocer con exactitud qué estrato se está muestreando y cabe la
posibilidad de mezclar estratos distintos en una sola muestra; los
resultados de unas y otras áreas no son comparables y no se pueden
detectar con claridad cambios en concentraciones en el mismo sitio.
El segundo método permite un control adecuado de la estratigrafía
aun cuando proporciona una visión muy limitada de la misma. Otro
problema es que se requiere un barreno adecuado que en este caso no
estaba disponible.
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LAMINA 1
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Se procedió, por tanto, a la excavación de pozos de muestreo y a
la recolección de muestras en perfiles. Se perforaron un total de
16 pozos en las áreas libres de una dimensión de 1 x 0.5 ms. En
realidad solo interesaba tener un perfil de 0.5 ms. pero un pozo de
0.5 x 0.5 ms. resultaba muy incómodo para trabajar a profundidades
mayores de 0.6 ms. Para situar los pozos se siguió el criterio de
seleccionar áreas que: a) Por su declive hubieran podido ser
construidas, b) Que hubieran podido servir como botaderos de
desechos, c) Hubieran podido ser áreas de cultivo. Dos de los pozos
(P-4 y P-5) se situaron frente a dos estructuras del tipo conocido
como voladeros (escaleras interrumpidas) cuya función se desconoce;
la concentración de fosfatos podría indicar si se trataba por
ejemplo de botaderos de basuras.
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LAMINA 2
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En cada pozo se tomó por lo menos una muestra de cada uno de los
estratos que fue posible diferenciar, en algunos casos en que se
notaban diferencias entre la base y la parte superior del estrato
se tomaron dos muestras (Ver Láminas 1 al 8). Inicialmente se
definió la profundidad de los pozos arbitrariamente en 1.0 ms.
dejando abierta la posibilidad de profundizarlos si a esta
profundidad aun se encontraban suelos no estériles; esto, sin
embargo, no fue necesario en ningún caso.
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LAMINA 3
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La estratigrafía de los pozos de muestreo mostró variaciones
considerables, incluso para pozos muy próximos entre sí. El
elemento común en todos ellos, fue, no obstante, un horizonte de
humus de base franco-arenosa, franco-arcillosa o areno-arcillosa
con abundantes raíces y raicillas, material orgánico en
descomposición y ausentes o muy escasas rocas. En algunos casos
este humus es una mezcla de material formado en el sitio y tierra
rodada procedente de la limpieza y reconstrucción de los sectores
de terrazas; cuando se encuentran fragmentos cerámicos en él, estos
proceden de otros sectores y no deben tomarse, por tanto, como un
indicativo de la ocupación antigua de estos estratos.
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LAMINA 4
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Bajo la capa de humus lo más usual es encontrar un conglomerado
de arenisca o granito semimeteorizado en matriz arenosa, arcillosa
o mixta. En dos casos se encontró un conglomerado de caliza en base
limoarenosa (P-3 y 4). Por lo regular en estos conglomerados hay
penetración de raíces, materia orgánica en cantidad moderada y
actividad biológica, pero no se encuentran vestigios arqueológicos
tales como cerámica u otros. Por el contrario los fragmentos
cerámicos aparecen con frecuencia cuando bajo la capa de humus se
encuentran estratos sin rocas ya sean de base arenosa, arcillosa o
mixta. Sin embargo, en ocasiones los estratos sin rocas aparecen
bajo los conglomerados y en estos casos no hay vestigios
arqueológicos en ellos. En los Pozos 11 y 14 se registraron capas
delgadas de roca arenisca compacta; aun cuando su extensión no se
determinó es claro que su presencia a poca profundidad (P-11)
inhibiría el uso agrícola del área.
Durante las excavaciones se encontraron, como ya se mencionó,
algunos fragmentos cerámicos. Como el objetivo de este estudio no
toca el asunto de las características formales y técnicas de ese
tipo de vestigios se omite dar una descripción de los mismos. El
valor de estos hallazgos radica en el hecho de que su presencia es
un indicativo de ocupación que ayuda en la interpretación de la
utilización de las áreas libres. De acuerdo a los tipos
establecidos por Groot (1984) y utilizados por nosotros en otra
ocasión (Lleras 1984), la distribución de la cerámica en los pozos
de muestreo es la siguiente:
|
TIPO
|
P-5
|
P-6
|
P-7
|
|
P-8
|
P-9
|
P-10
|
P-12
|
P-14
|
Total
|
|
Habana
|
4
|
16
|
5
|
|
3
|
|
6
|
1
|
4
|
43
|
|
Negra
|
4
|
9
|
5
|
|
12
|
5
|
1
|
|
8
|
39
|
|
Carmelita
|
12
|
52
|
8
|
|
27
|
5
|
13
|
2
|
20
|
139
|
|
Total
|
20
|
77
|
18
|
|
42
|
|
20
|
3
|
36
|
221
|
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Resultados
En la siguiente tabla se detallan los resultados obtenidos para
los análisis de fósforo total (inorgánico, más las fracciones
orgánicas) de las muestras de suelos de áreas libres. Los valores
se dan en partes por millón (ppm) y son el promedio de dos
determinaciones obtenidas para cada muestra con diferentes patrones
y curvas de calibración. Junto con el resultado se cita el margen
de error experimental que indica la confiabilidad y precisión de
cada valor. Con el fin de ayudar a visualizar más claramente la
relación de concentraciones de las muestras de cada pozo y de los
pozos entre sí se ha establecido una escala de barras cuyas
longitudes correspondientes se han colocado frente al resultado.
Las longitudes de las barras corresponden a los siguientes
valores:
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Discusión de los resultados y conclusiones
Con el fin de interpretar la evidencia representada en los
resultados de fosfatos de suelos en áreas libres consideramos
indispensable iniciar la discusión sobre la base de una comprensión
bien clara de cada uno de los conjuntos de muestras. Intentaremos
establecer en primer lugar cómo se comporta la concentración de
fosfatos en cada pozo y luego llevaremos la discusión a un nivel
global.
El pozo l se excavó en un lugar plano situado sobre el eje
central frente al comienzo del camino principal; en esta zona este
camino se bifurca en dos caminos menores que llevan al sector norte
bordeando una zona plana ideal para construcción de viviendas. Los
resultados de fosfatos son extremadamente bajos (alrededor de
500-600 ppm) lo cual sugiere para esta área una ausencia de
actividad humana prolongada.
Los pozos 2 y 3 se excavaron a lado y lado del camino principal
en el eje central. Seguimos una sugerencia repetida en las crónicas
según la cual los caminos que llevaban a las ciudades estaban
rodeados de cultivos. La evidencia de fosfatos para los dos pozos
no apoya esta idea en este lugar; los resultados muy bajos (menos
de 1,000 ppm) no son típicos de tierras intensamente cultivadas.
Una sola muestra (3-1) exhibe concentraciones un poco más altas,
pero en este caso es probable que se trate del resultado de mezcla
con material rodado y no de una acumulación in situ.
El pozo 4 se excavó frente a una escalera inconclusa y se tomó
la precaución de situarlo en el lugar en donde con más probabilidad
se acumularían objetos tirados desde el borde. Las concentraciones
de fosfatos muy altas para todos los niveles, en especial para el
segundo estrato (un conglomerado de calizas) son consistentes con
la deposición continua de desechos orgánicos.
El pozo 5 se excavó frente a otra escalera inconclusa situada en
otro lugar del eje central y buscando una situación del pozo
análoga a la anterior. También aquí se obtuvieron concentraciones
de fosfatos altas aun cuando no tan altas como las del pozo 4. Sin
embargo estos niveles sí indican en este sitio actividad humana
permanente y no siendo un sitio apto para agricultura es posible
que también aquí las concentraciones de fosfatos provengan de
basuras. La existencia de fragmentos cerámicos parece reforzar esta
hipótesis. En conjunto las evidencias de los pozos 4 y 5 apuntan
hacia el hecho de que, por lo menos algunos voladeros sí fueron
utilizados como lugares para tirar basuras.
El pozo 6, en un área relativamente pendiente, contigua a un
grupo de terrazas cerca del eje central. Las concentraciones de
fosfatos son extremadamente altas, incluyendo un valor por encima
de 4,000 ppm, más bien típico de un área de vivienda permanente.
Estos resultados son difíciles de interpretar en este sitio; la
estratigrafía descarta la posibilidad de que se trate de material
rodado y por lo tanto se trata de una acumulación in situ. El
cultivo, aún intensivo, no produce valores de fosfatos tan altos;
así que las únicas explicaciones posibles plantearían la existencia
de un área de acumulación de desechos orgánicos o una antigua área
de vivienda.
El pozo 7 se excavó cerca a un camino contiguo al mayor conjunto
de construcciones del eje central. Un valor extremadamente alto
(más de 5,000 ppm) en el humus superficial indica la mezcla con
material rodado de terrazas de vivienda. Valores intermedios (1,000
a 2,000 ppm) en los estratos inferiores son consistentes con una
utilización agrícola intensiva del área, posiblemente una huerta de
pancoger.
El pozo 8 se excavó en una de las pendientes del llamado
"helipuerto" (terrazas centrales de la ciudad).
Las concentraciones altas en superficie son aquí también producto
de la mezcla con material rodado. En los estratos inferiores
encontramos valores intermedios asociados a una gran cantidad de
fragmentos cerámicos. En esta pendiente la agricultura no hubiera
sido impracticable pero las evidencias parecen indicar más bien la
utilización de esta área como botadero de basuras.
El pozo 9 se excavó cerca a un camino que del eje central
conduce al sector occidental. Se obtuvieron valores relativamente
altos y la tendencia es a un aumento en la concentración de
fosfatos a medida que se profundiza. También aquí encontramos
fragmentos cerámicos aun cuando en muy pequeñas cantidades. Las
concentraciones son más altas de lo que típicamente produciría una
actividad agrícola intensiva. Es posible que se trate también de un
área de botadero de basuras aun cuando las evidencias son también
consistentes con la existencia de una antigua área de vivienda.
El pozo 10 se excavó cerca de un grupo importante de viviendas
del sector occidental de la ciudad. La presencia de fragmentos
cerámicos y concentraciones relativamente altas de fosfatos apuntan
hacia la utilización de esta área como botadero de basuras.
El pozo 11 se excavó en la parte más alejada del sector
occidental en inmediaciones de un camino. En este caso sorprende
encontrar niveles tan altos de fosfatos (más de 3,500 ppm) bajo una
roca arenisca compacta. Esto indica que se presentaron movimientos
importantes de materiales en las áreas ocupadas. El estrato
arcilloso bajo la roca fue ocupado activamente y en este caso es
posible que se tratara también de una antigua área de vivienda.
El pozo 12 se excavó en una pendiente pronunciada contigua a un
importante grupo de terrazas del sector occidental bajo de la
ciudad. También se encontraron concentraciones altas de fosfatos
aun en los estratos más profundos explorados. La estratigrafía del
sitio indica, en este caso, alteraciones recientes que pudieron
alcanzar profundidades considerables. Los niveles altos de fosfatos
se pueden deber en este sitio muy posiblemente a la mezcla con
material rodado desde áreas de vivienda.
El pozo 13 se excavó en un área pendiente entre el eje central y
el sector occidental bajo alejado de grupos de terrazas. Se buscaba
así poder establecer una comparación con pozos situados cerca a
grupos de viviendas como el número 12. Los resultados indican que
hay diferencias fundamentales entre las dos áreas. En este caso los
niveles de fosfatos son muy bajos en los estratos no alterados (el
humus presenta concentraciones intermedias que se deben en parte a
la mezcla con material rodado). El área circundante al pozo 13 no
parece haber sido utilizada en forma permanente.
El pozo 14 se localizó en el sector oriental de la ciudad cerca
a un grupo de terrazas. Los resultados (altas concentraciones de
fosfatos, en todos los estratos) confirman el patrón según el cual
las áreas pendientes situadas cerca a grupos de terrazas recibieron
aportes muy altos de fosfatos orgánicos que en parte corresponden a
la descomposición de basuras y en parte a la mezcla con suelos
rodados desde áreas de vivienda.
El pozo 15 se excavó en un área relativamente plana del sector
sur-oriental. Se esperaba encontrar los valores típicos de áreas
agrícolas pero en lugar de ello se hallaron concentraciones mucho
más altas que pueden corresponder más bien a una antigua área de
vivienda.
El pozo 16 se situó en una pendiente fuerte de la parte más alta
del eje central, alejada de las terrazas de vivienda. Los valores
extremadamente bajos (menos de 1,000 ppm) sugieren que no hubo
utilización del área.
Abordemos ahora, pues, en conjunto estas evidencias no sin antes
recalcar el hecho de que no deben tomarse como pruebas conclusivas
en pro o en contra de ninguna hipótesis. La química de los fosfatos
orgánicos tiene su complejidad y a un nivel técnico una determinada
concentración puede haberse originado por diferentes causas así que
estrictamente no puede considerarse como una prueba indiscutible.
No obstante la experimentación en este campo permite conocer cuáles
son los valores típicos que producen las diferentes actividades
humanas y en este caso nos guiamos además por otras características
de las áreas muestreadas como son su estratigrafía, topografía,
proximidad a áreas de vivienda, existencia de material arqueológico
en los estratos, etc.
Hemos encontrado algunas áreas tanto con fuertes pendientes como
relativamente planas que al parecer no se utilizaron como espacios
de desecho de basuras, cultivo o ninguna otra actividad humana
permanente. En esta categoría se encuentran el área plana al
comienzo del camino principal, las áreas que bordean este camino y
dos áreas pendientes alejadas de grupos de terrazas en el sector
occidental bajo y eje central de la ciudad. (Pozos 1, 2, 3, 13 y
16).
Los niveles de fosfatos compatibles con prácticas agrícolas
intensivas y en áreas que por su pendienle sí pudieron ser
utilizadas para tal fin solo se encontraron en una de las áreas
(pozo 7) cerca al conjunto más importante de terrazas del eje
central. Existe la posibilidad de que las concentraciones
intermedias de fosfatos en las áreas muestreadas con los pozos 9 y
15 se deban a prácticas agrícolas intensivas pero esta no es la
interpretación más probable para estos dos últimos casos. Por otro
lado si se toman por separado los valores de los diferentes
estratos en los pozos podríamos considerar otras posibles
evidencias de prácticas agrícolas; en esta categoría se sitúan las
muestras 5-2, 5-3, 8-2, 8-3, 9-2, 10-3, 15-1 y 15-3. En general
esto sugiere la utilización de algunas áreas para prácticas
agrícolas y su posterior reutilización como botaderos de basuras o
áreas de vivienda. La secuencia del pozo 15 parece indicar cambios
radicales en la utilización de este sitio particular; pudo haber
sido preferencialmente un área agrícola utilizada en una etapa
intermedia como sitio de vivienda. En términos generales las
evidencias de cultivos intensivos en las áreas libres son bastante
más escasos de lo esperado.
Las evidencias que indican la utilización de áreas libres como
botaderos de basuras son, por el contrario, muy abundantes. Esta
es, en efecto, la interpretación más probable para las áreas
muestreadas con los pozos 4, 5, 8, 9, 12 y 14. Se esperaba
encontrar estos niveles en las inmediaciones de los
"voladeros" (escaleras inconclusas) pero parece
que también las áreas pendientes localizadas cerca a grupos de
terrazas fueron usadas con este fin.
Algo de mucho interés parece desprenderse de las evidencias
recolectadas en los pozos 6, 9, 11 y 15. En estos lugares no
existen obras de infraestructura en piedra pero los niveles de
fosfatos en los estratos profundos solo son consistentes con la
existencia de antiguas áreas de vivienda. Es muy poco probable que
otras actividades como la agricultura, el desecho de basuras, etc.
pudieran producir concentraciones de este tipo (ca. 3,000 ppm y
más). La existencia de viviendas sin infraestructura de piedra en
el sitio es un evento probable en épocas tempranas.
Recapitulando tenemos el siguiente panorama general sobre la
utilización de las áreas libres tal y como parece revelarlo el
análisis de fosfatos: las áreas urbanas libres (tal y como las
hemos definido al principio) parecen haber pasado por dos etapas
diferentes durante las cuales fueron usadas en formas distintas. En
la etapa más antigua posiblemente existían varias viviendas
dispersas sin infraestructura de piedra en áreas que después, al
menos en parte, no fueron construidas; en esta época la actividad
agrícola parece haber sido relativamente intensa en lo que hoy
comprende el área urbana y por el contrario, la cantidad de basuras
acumuladas y las áreas dedicadas a los basureros eran restringidas.
En conjunto esto sugiere una densidad de población relativamente
baja y la ausencia de una separación radical entre ciudad y
campo.
En la etapa siguiente hay una relación clara entre las
evidencias de fosfatos y las obras en piedra y consideramos por lo
tanto que se trata de la época en que surge este tipo de
infraestructura y se configura la ciudad como tal. En esta época
desciende en forma notable la actividad agrícola dentro del área
urbana. La alta densidad de población produce naturalmente mayores
cantidades de basuras y esto se refleja claramente en muchas áreas
libres. No solo las escaleras inconclusas sino muchas áreas
contiguas a las terrazas se usaron para tirar basuras aun en los
sectores más importantes y monumentales de la ciudad. El problema
que una acumulación de basuras pudiera producir en la zona urbana
posiblemente se reduciría en gran medida gracias a las frecuentes y
copiosas precipitaciones.
Por otro lado aquellas áreas no utilizadas parecen haber
permanecido así durante las dos épocas.
Herrera (1985) encuentra en Buritaca 200 tres zonas de polen que
le permiten identificar tres distintos períodos de uso de los
suelos y de vegetación. El estudio de Herrera reviste gran interés
por cuanto nos permite contrastar los resultados obtenidos
utilizando dos diferentes métodos. Esta autora identifica una época
anterior a la ocupación del área (Zona A) en la cual el bosque
primario permanece intacto; una época (Zona B) dividida en dos
fases (Subzonas Bl y B2) correspondiente a la iniciación de
ocupación del área y a su posterior utilización intensiva y
finalmente una época (Zona C) correspondiente al abandono del área
después de 1600 y correspondiente regeneración del bosque.
Las evidencias de las subzonas Bl y B2 corroboran las
conclusiones sugeridas por los fosfatos en el sentido de que se
dieron dos diferentes etapas en la ocupación. Hay, sin embargo, una
aparente contradicción ya que la evidencia de polen sugiere una
actividad agrícola más intensa en la segunda etapa (Subzona B2)
mientras que los fosfatos indican menor actividad agrícola en el
área urbana. Habría que explicar, entonces, que las acumulaciones
de polen recogidas en un sitio dado representan lo producido in
situ más lo producido en un entorno que puede llegar a ser
considerablemente amplio, mientras que las acumulaciones de
fosfatos representan estrictamente lo producido in situ. Es bien
probable que en la segunda etapa la actividad agrícola fuese
bastante más intensa en los alrededores de la ciudad pero no dentro
de ella, lo cual resultaría en los tipos de evidencias observadas
tanto en polen como en fosfatos.
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