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ARQUITECTURA Y URBANISMO EN LA
CULTURA TAIRONA
MARGARITA SERJE
Los escritos del siglo XVI permiten entrever que en la que
entonces se llamó Sierra Tayrona habitó una alta y densa
población.
El relieve abrupto de agudas pendientes, los cauces rápidos,
caudalosos y cortos y el clima que se caracteriza por su alta
pluviosidad fueron circunstancias que los antiguos habitantes
supieron sortear por medio de la adecuada explotación de los
recursos de suterritorio. Expandieron sus áreas de habitación y de
cultivo al modificar la topografía con diversas obras de
arquitectura lítica que expresan una relación respetuosa con el
entorno. La cultura apropió los elementos naturales: El relieve, la
piedra y el agua para dar respuestas constructivas que revierten al
paisaje transformándolo de una manera orgánica.
Con esta infraestructura ha perdurado, como legado de un largo
recorrido para lograr una adaptación ecológica a las montañas
tropicales, la solución a las particularidades ambientales de la
región: para proveer áreas planas para la habitación se optó por la
construcción de terraplenes o terrazas apoyadas en muros de
contención construidos en piedra. Las terrazas se intercomunicaron
por medio de un intrincado sistema de caminos, también en piedra,
solucionado con diversos tipos de puentes, terraplenes y desagües
siguiendo un trazado altamente eficiente en la topografía. La red
de caminos funciona además como mecanismo para evacuar las aguas
lluvias, complementando el sistema de drenaje compuesto por
canalizaciones y desagües construidos en piedra.
Una misma tecnología de la construcción es común a todos los
vestigios arquitectónicos de la cultura Tairona. Consiste
básicamente en un proceso de excavación hasta llegar al nivel de la
formación rocosa, óptima para fundar la construcción. A partir de
allí se procedió a rellenar, apisonando tierra gredosa con gravilla
y conteniendo las capas de relleno con hiladas de bloques de piedra
hasta constituir un terraplén contenido por un muro. Los bloques
que se utilizaron en este proceso de construcción, se obtuvieron de
los mismos.
Los mantos rocosos son utilizados como elementos constructivos
(cimientos, muros de contención), como elementos decorativos y como
amoblamiento urbano mantos rocosos que afloran en la región. Es
probable que la obtención haya podido ser lograda en el sitio mismo
de la construcción, al mismo tiempo en que se procedía a la
nivelación para fundar las terrazas. Para algunas de las
construcciones se utilizaron bloques de piedra con una talla y
pulido como proceso posterior de elaboración.
De acuerdo con la configuración del terreno y con la magnitud
del aterrazamiento, se dan diversas soluciones en la estructura de
los muros de contención. Aparecen puntales y contrafuertes, muros
con escalonamientos o dobles muros; todas estas soluciones
funcionando siempre con base en el principio de contención por
gravedad al poner al terreno una masa con el peso suficiente para
sostener el relleno apisonado que constituye el aterrazamiento.
Para la construcción de caminos se utilizó el mismo principio de
manera lineal, pues para implantarlos en las abruptas laderas de la
sierra se requirieron terraplanes o banqueos debidamente contenidos
en piedra.
Toda esta
|infraestructura sobrevivió casi un siglo de
las guerras de conquista, 400 años de abandono bajo los bosques
tropicales y la guaquería intensiva de los últimos 30 años. Hoy
permanece como evidencia de la organización espacial de sus
constructores, constituyéndose en uno de los rasgos sobresalientes
de la cultura Tairona. Se han detectado hasta el momento más de 250
conglomerados con características urbanas interactuando a través de
una vasta red de caminos que integra todos los pisos térmicos de la
sierra comunicando los páramos con el mar. El tejido que conforma
este sistema de estructuras líticas se puede caracterizar como un
continuo espacial que comprende la esquina noroccidental del
macizo.
Más que como arquitectura, esta infraestructura se puede
considerar como la huella del urbanismo Tairona: la organización de
todo un sistema de asentamientos que fueron descritos como ciudades
por los cronistas del siglo XVI: Así se nos cuenta sobre Taironaca,
una de las principales capitales: "Ciudad Pajiza, pero
bien fundada,
|escombrada por parte del oriente, es una de
las plazas enlosada, de lajas grandes puestas igualmente, y su
hechura va triangulada, por cada parte cien pasos de frente y en
las tres puntas tres grandes caneyes, moradas y aposentos de sus
reyes". (Castellanos, 1955).
Desde el punto de vista de su organización urbana, y regional se
ha estudiado el caso del conjunto de asentamientos del alto valle
del río Buritaca. Aquí se detectaron 32 de terrazas localizados en
diferentes alturas entre los 400 y los 1700 msnm a lo largo del
valle que podría corresponder al que los cronistas denominaron
"Valle de la Caldera". Una primera comparación
entre estos núcleos urbanos, cuyos límites son difíciles de
establecer, atestigua una jerarquía de poblaciones: Se observa que
existen tres rangos de asentamientos. Los poblados mayores
equiparables a las capitales de las provincias que mencionan las
crónicas, aquí se podría ubicar a "Ciudad
Perdida" y a "Pueblito", ambos con más
de 200 terrazas. En una segunda categoría se encontrarían
asentamientos con un promedio de 80 terrazas. Aparece además un
grupo de conglomerados secundarios con menos de 50 terrazas que se
sitúan como poblados satélites alrededor de los núcleos
mayores.
La localización de los asentamientos, evidencia el acceso a los
diferentes pisos térmicos sugiriendo un control vertical del tipo
andino.
Debido a la extrema topografía de la región, el área apropiada
para la agricultura es escasa, en las pocas áreas planas que
aparecen en el alto Buritaca no se encuentran vestigios de
habitación. Estas aparecen cruzadas por caminos y en algunas partes
por canalizaciones para drenaje. Así las zonas óptimas y las de
pendientes medias fueron utilizadas para agricultura, aprovechando
la topografía más agreste para la localización de los
asentamientos.
Las pendientes extremas seguramente se reservaron como áreas
boscosas: Los asentamientos se localizan en la mayoría de los casos
sobre los filos y cuchillas de las montañas, donde se aprovecha al
máximo la asoleación y se tiene un dominio visual sobre el valle y
las demás poblaciones. Se define un paisaje cultural que encuentra
su mejor
|descripción en el relato de Simón al referirse al
Valle de la Caldera: "Si hay algún paraíso terreno en
estas tierras de indios parece ser éste . . . Está todo coronado de
altas cumbres ... todas sus cuchillas quebradas, de dulcísimas
aguas de oro . . . espaldas y amagamientos poblados de crecidos
pueblos indios que se veían todos de todas partes con sus laderas
con agradable vista, . . . lo que más deleitaba la vista eran sus
muchas plantas . . . y las arboledas casi todas frutales . . . y de
madera para sus casas y quemar en bohíos
|del diablo ...
limpieza y curiosidad, como lo tenían en los patios enlosados de
grandísimas y pulidas piedras, con sus asientos de lo mismo, como
también los
|cambios de lajas de a tercia . . . ".
(Simón, 1982).
A nivel interno de los asentamientos se observan pautas de
implantación semejantes a las regionales. Mirando el caso concreto
de Ciudad Perdida, es evidente que la dimensión verde tuvo gran
importancia como se refleja en la densidad de terrazas que conserva
dentro de sus límites de dimensión rural lo que le da un carácter
especial a la vida urbana, acercándose a la utopía de la ciudad
jardín, que surgiría unos siglos más tarde con la revolución
industrial.
Dentro del perímetro urbano de Ciudad Perdida hay cuatro zonas
verdes de altas pendientes que probablemente constituyeron áreas
con reserva de árboles para la leña de los fogones y la
construcción y mantenimiento de las edificaciones perecederas.
La vegetación en los espacios libres aledaños a las terrazas
seguramente fue diferente, pues aquí se requería una buena
soleación y espacio para actividades domésticas, la cría de
animales (en las crónicas mencionan abejas y aves de plumas
ornamentales) y cultivos de "pan-coger", como
ají, tabacos, coca, etc. La forma urbana está muy relacionada con
la topografía. La ocupación del terreno que se da en Ciudad Perdida
se repite en sitios con localizaciones similares. Los asentamientos
situados sobre las cuchillas, presentan una organización lineal a
lo largo de eje del filo, de donde se desprenden diversos caminos
que conducen a otros grupos de terrazas sobre las laderas
adyacentes. En general sobre el filo se desarrolla el sector de
mayor elaboración dentro del asentamiento; en el caso de Ciudad
Perdida es aquí donde se ordenan escalonadamente una serie de
terrazas monumentales a lo largo de un camino-eje con
características únicas. A este sector por su importancia se la ha
llamado Eje Central. Sus estructuras, de carácter político y
religioso, dominan visual y simbólicamente el resto del
asentamiento y el valle del alto Buritaca.
En ambas vertientes del filo, aparecen aglomeraciones de
terrazas que constituyen diez sectores, en cada uno de estos se
hizo un uso particular de la geometría, la composición de las
terrazas y su densidad también varía y hay diferencias en cuanto a
la elaboración y pulido de la piedra, lo que evidencia una
jerarquía urbana compleja. En el área ocupada existen 10 fuentes de
agua que constituyen un acueducto natural, lo que seguramente fue
condición para su localización. Estas quebradas, caños y
manantiales son apropiados e integrados al paisaje arquitectónico.
Numerosos caminos conducen a los cauces donde aparecen
canalizaciones, puentes monolíticos o filtros.
Hay terrazas claramente asociadas al agua, los cronistas
mencionan albercones en piedra para los baños y puentes colgantes
en madera y bejuco en los ríos y cauces mayores.
El rasgo sobresaliente de los asentamientos son las terrazas de
muros troncónicos. En planta: Sobre la superficie aparecen, jugando
con la forma espiral, diversos espacios claramente diferenciados
por muros, desniveles, accesos y tratamiento de los pisos. Los
basamentos de las antiguas edificaciones se identifican por los
"anillos", conformados por un zócalo de piedra
que define un nivel más alto. Estos tuvieron múltiples funciones:
Constructivamente actúan como viga de amarre de los cimientos de la
pasada edificación; como elemento de climatización, al conformar un
nivel más alto, aísla el piso de la humedad y facilita el desagüe.
La gran importancia arquitectónica que atestigua el
|muro de
anillo permite sugerir que este tuvo una función simbólica, de
acuerdo con las notorias diferencias en sus acabados y detalles,
particularmente en las lajas que conforman las entradas.
Los anillos evidencian diferentes formas y tamaños. El 93% de
los basamentos son circulares, con un área mínima de 6 m2 y una
máxima de 200 m2. De acuerdo con esta diferencia en cuanto a los
tamaños y teniendo en cuenta las implicaciones constructivas que el
aumento del área tiene sobre la estructura portante de la
edificación: así como la asociación que existe entre los anillos de
mayor tamaño con terrazas y acabados constructivos muy elaborados,
se pueden establecer 3 grupos de basamentos circulares, con base en
los cuales se pueden sugerir diferencias de uso:
Los anillos con área hasta de 12 m2, llamados "casas de
muñeca" en la región. Para estos con base en datos de
excavación y comparación etnográfica (Castaño, 1980) se ha sugerido
un uso como lugar de reclusión en ceremonias de iniciación u
otros.
Para los anillos con áreas entre los 12.5 m y los 50 m. que
constituyen el 78.6% de los basamentos circulares, se propone un
uso residencial apoyado en la evidencia obtenida en las
excavaciones. A través de éstas se conoce que el interior de los
bohíos giraba alrededor del fuego como elemento central del espacio
de la intimidad. Se ha planteado la existencia de una zonificación
en particiones físicas: Un área doméstica asociada a artefactos
cerámicos y líticos propios de labores como preparación y cocción
de alimentos, almacenamiento, acarreo de agua, etc. y un área
artesanal asociada a herramientas propias de oficios como la
alfarería, hilandería, pedrería, y orfebre- ría. Sin embargo, cabe
cuestionarse si estos constituyeron cada uno una vivienda; pues
entre los Kogi y otros grupos actuales la vivienda está conformada
por más de una edificación. Los anillos con áreas mayores a los
50.24 m2 son todos elaborados y constituyen el 18.1 % de los
basamentos, localizados en las áreas centrales de cada sector o del
asentamiento en general. Esto permite sugerir que correspondieron a
espacios de carácter público con usos ceremoniales, políticos o
comerciales.
En Ciudad Perdida existen también basamentos de forma
semicircular, para los cuales, con base en los datos de excavación
de uno de ellos, se plantea que probablemente fueron espacios para
almacenamiento. Aparecen cuatro, en lugares periféricos.
En el Eje Central se encuentran dos basamentos rectangulares.
Por su localización, su alto nivel de elaboración y su gran tamaño
nos recuerdan la referencia de los cronistas: "era en su
mayor parte bohíos o caneyes del diablo, que tenían hechos cada
pueblo de los de la provincia, donde iban en romería a pedir cada
cual en su bohío remedio a sus necesidades". (Simón, op.
cit.). La planta de estos basamentos es similar a la planta de las
"malokas" de ciertos grupos actuales. Según datos
de excavación y guaquería, a estos espacios se asocian joyas y
ofrendas muy elaboradas y numerosas.
Se encuentran también basamentos de forma oval, para los que no
existen datos concretos respecto a su uso y por último aparecen
pequeños basamentos de forma irregular asociados a los cauces de
agua, cuyos
|pisos culturales fueron lavados por las
crecientes, pero es posible suponer que albergaron actividades
directamente relacionadas con el agua.
Con base en la evidencia de las huellas de poste, que aparecen
en el perímetro interno del anillo, se conoce que las edificaciones
perecederas se construyeron usando estructuras de madera rolliza,
muy posiblemente amarrada con lianas, utilizando también ciertos
bejucos muy fuertes como viga de apoyo para la cubierta. Estas
pudieron haber sido en palma o paja según la altura sobre el nivel
del mar.
Sobre Taironaca, Castellanos cuenta que sus construcciones eran
"casas pajizas, pero de buen arte y su grandeza y latitud
es tanta, que de grandes caneyes es la planta".
(Castellanos,
|op. cit.).
Los cerramientos pudieron haber sido construidos en
|bahareque, madera, palma o cortezas como actualmente
construyen los indígenas de la región. Los poblados Kogi agrupan
construcciones en mayoría de planta redonda, con rudimentarios
basamentos en piedra que evocan los anillos arqueológicos. Estos
bohíos aparentemente iguales presentan sin embargo diferencias en
cuanto a la configuración de su estructura por tanto y en cuanto a
sus acabados. Para lograr una misma forma externa y con base en un
mismo principio estructural con el de diagonales no
|arriostradas, se da una notable variedad en la solución de
cubiertas y apoyos. Aparentemente, el uso de ciertos materiales en
los cerramientos tienen relación con la función del bohío, pues
estos tienen diversos usos. Las viviendas comunes tienen
cerramientos en
|bahareque o listones de madera, las
cansamarías o templos comunales tienen cerramientos en palma
tejida, los templos mayores se cierran prolongando la cubierta
hasta el piso en forma de colmena.
La actual arquitectura indígena es quizá la referencia más
valiosa para aproximarnos a la arquitectura Tairona, en la actual
vivienda indígena el espacio funcional de ésta no se restringe al
de la edificación, gran parte de las actividades se desarrollan al
aire libre en su alrededor: Allí se hace parte de la preparación de
alimentos, se raja la leña o se bañan los niños más pequeños. De la
misma manera en las terrazas arqueológicas se evidencia la
importancia que tuvo el espacio alrededor de la construcción: aquí
aparecen desniveles y diferentes calidades de piso que permiten
identificar áreas de carácter particular: independientes del
espacio de circulación. Para estudiar la terraza como un espacio
integral, hay que mirarla como el conjunto de basamentos y sus
alrededores funcionales, articulados por medio de una circulación
interna. De acuerdo con la relación de la terraza con la red
general de caminos de asentamientos, con su complejidad formal y
con la disposición interna de los espacios que la constituyen, se
pueden proponer usos y concretar así el umbral de lo residencial en
Ciudad Perdida.
El sistema de circulación es complejo: Se manifiesta por medio
de una intrincada red de caminos peatonales, que intercomunican las
terrazas, los conjuntos de terrazas y el asentamiento con el
exterior. Se perciben diferencias y asociaciones entre los caminos
al mirarlos en términos de su función como rutas urbanas, como
elementos significativos de comunicación. Partiendo de que el
origen en un camino siempre es una terraza y siguiendo su recorrido
de acuerdo con la continuidad que manifiesten, no en los cruces con
otros caminos y en el paso por las terrazas hasta llegar a una
meta, lugar donde el camino pierde su continuidad (en una terraza,
otro camino, una fuente de agua u otros) los caminos se pueden
caracterizar también de acuerdo con su forma. Su ancho,
elaboración, contenciones: suponiendo que un camino más ancho y más
elaborado tiene mayor importancia. Con base en estos criterios
aparecen cinco categorías de caminos: Un camino único,
sobresaliente, con características monumentales: El Eje Central;
caminos rutas entre éste y la periferia del asentamiento, con gran
esfuerzo invertido en la implantación en la topografía con la
intención de lograr rutas comodamente transitables, caminos de
circulación principal entre los conglomerados de terrazas; caminos
cuyos recorridos unen terrazas entre sí y pequeños tramos con
recorridos muy específicos, a veces como rutas alternas de otros
caminos. Asociado al sistema de circulación del asentamiento
aparecen una serie de elementos líticos como mojones, petroglifos y
piedras talladas, que marcan hitos dentro del conglomerado.
Evidencia la intención de haber sido localizadas en ciertos sitios,
algunas presentan formas sobresalientes otras con incisiones y
grabados: se encuentran marcando sitios como cruces de caminos, en
el área de circulación de algunas terrazas o de algunos caminos.
Actualmente estas piedras se han constituido en hitos regionales:
Han adquirido nombres y se consideran puntos de referencia,
enfatizando así la función que se les atribuye. Este conjunto de
piedras y petroglifos se pueden considerar como los elementos de un
sistema de señalización urbana, o relacionado con la red de
transporte. Se ha llegado incluso a sugerir que los petroglifos son
mapas urbanos y regionales.
El conjunto de caminos, la función de servir como red de drenaje
al recoger las aguas lluvias. Mediante un manejo de la pendiente,
con pequeños giros, encausan las aguas tanto de las terrazas como
de las escorrentías de las laderas no construidas, pues el problema
de los cultivos y las construcciones en el área, son los
innumerables arroyos que se forman con cada aguacero. El sistema de
circulación delimita y conforma de esta manera las áreas no
construidas del asentamiento. Estas constituyen un elemento
importante de la estructura urbana pues
|dan identidad al
aislar como densidad a los sectores. Así, se pueden identificar los
conglomerados de las terrazas, cada uno con una implantación en la
topografía específica. Cada uno de estos tienen diferentes
características organizativas y formales. En cada uno de ellos se
destaca la importancia constructiva de ciertas terrazas y cruces de
caminos, consolidando así núcleos que a nivel de sector pueden ser
considerados como centros sectoriales. Entre estos, se puede
percibir una jerarquía: Se identifican dos centros secundarios sin
las características monumentales del Eje Central, donde confluyen
las principales rutas interurbanas. Aquí aparecen terrazas
complejas con amplias zonas enlosadas. En la medida en que estos
sectores fueron el acceso de gentes y productos a Ciudad Perdida,
muy seguramente tuvieron una actividad pública y comercial. Los
demás sectores tienen un carácter más residencial; cuatro de ellos,
presentan núcleos de importancia que se consideran centros menores.
Estos se relacionan con el eje central y con los centros
secundarios de manera muy directa, por medio de caminos principales
conformando un esquema urbano que podría caracterizarse por tener
un "Centro Expandido" en la medida en que la
actividad central se irriga a toda el área urbana. Es muy posible
que los habitantes de Ciudad Perdida se hayan agrupado en sectores
o barrios por oficios. La importancia de un asentamiento monumental
como éste es resultado de un excedente económico. La elite que
residió aquí en este centro político tuvo necesariamente acceso al
excedente de bienes y servicios, pudiendo haber sido un centro
comercial y artesanal.
Este carácter de centro político y económico que se le atribuye,
se comprueba al observar que casi el 40% del área aterrazada
corresponde al espacio público. El área restante tiene
características residen ciales. Al considerar los anillos de
tamaños medianos como viviendas, y recordando la referencia de
Simón al Valle de la Caldera, donde dice que allí "Las más
de mil casas grandes que había, que en cada una vivía una parentela
. . . ". (Simón,
|op. cit.). Se ha estimado que la
población de Ciudad Perdida puede fluctuar entre 1400 y los 3000
habitantes. (Rodríguez, 1981).
Ciudad Perdida puede de esta manera ser considerada como capital
de la región, con la mayor cantidad de terrazas y la más impactante
monumentalidad. Su configuración, localización y alto nivel de
elaboración atestiguan la existencia de un sector de la población
dedicado a actividades eminentemente urbanas dependiente para su
sustento de las aldeas y caseríos que explotaron las zonas de
cultivo, localizadas en su mayoría en los territorios del bajo
Buritaca, donde el río se abre en un fértil valle.
La especialización de funciones en los poblados, que existe
actualmente en los asentamientos Kogi, la menciona ya Castellanos
al referirse al caso de Bondigüa que se destaca "por ser
allí las grandes funciones de las demás comarcas y
poblaciones". (Castellanos,
|op. cit.). El
ordenamiento espacial a través de estructuras con un rol urbano
(caminos y conglomerados de terrazas) en los que se asentaba la
población Tairona, le da un carácter particular como organización
social, pues la red urbana abarca el sector rural, asentándose aquí
la mayor parte de la población, expresando la amplia base económica
sobre la que se ejercía un control. Esta organización espacial
refleja un nivel de integración política caracterizado por la
presencia de autoridades centrales: (15 caciques son grandes
señores, subjectos a los mandos de la Noama . . . sus gentes cada
cual acaudillado . . . " (Castellanos,
|op.
cit.).
Actualmente en los valles de los ríos de la Sierra Nevada, cada
vez más cerca de las cabeceras, habitan campesinos que provienen de
todas partes de Colombia, llegan a la región con el afán de
encontrar sustento en la tierra y toman posesión de un terreno
baldío. El primer sitio que se escoge para vivir es casi siempre la
vega del río, pero con el tiempo se opta por subir el filo e
instalarse sobre la cuchilla donde las condiciones de asoleación
son mejores, hay menos plaga y siempre es fácil conseguir agua en
alguna quebrada cercana. Las planadas donde actualmente se
encuentran las casas de los colonos son terrazas arqueológicas de
algún poblado Tairona. En todo el territorio ocupado actualmente
por la colonización se encuentran los vestigios de la extensa red
de poblados y caminos. Por las extremas condiciones de su
localización esta infraestructura es uno de los ejemplos más
significativos de adaptación al medio.
Estos sitios sagrados para los actuales indígenas, donde
"hombres se volvieron piedra" constituyen no solo
una importante raíz histórica de nuestra identidad colombiana sino,
además una experiencia invaluable en el manejo del medio que debe
ser recuperada para el futuro.
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