Ficha bibliográfica
Titulo:
El manejo del medio ambiente natural por el hombre prehispánico en la Sierra nevada de Santa Marta
Edición original: 2005-05-13
Edición en la biblioteca virtual: 2005-05-13
Creador: Luisa Fernanda Herrera




INDICE




EL MANEJO DEL MEDIO AMBIENTE NATURAL POR EL HOMBRE PREHISPÁNICO EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA*

LUISA FERNANDA HERRERA
|Profesora Departamento de Antropología - Universidad Nacional

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Un análisis de la información arqueológica y etnohistórica disponible, indica que la población indígena que habitaba la antigua Provincia de Santa Marta en el momento de la conquista española era considerable. Evidencias de una agricultura extensiva con gran diversidad de productos, de un comercio organizado, amplio y variado, de actividades manufactureras de varias clases, y de una compleja infraestructura material, implican la existencia de una sociedad indígena relativamente grande y compleja, con una fuerza de trabajo abundante y calificada.

Reconocimientos arqueológicos realizados en años recientes, han revelado que los asentamientos prehispánicos y las áreas cultivadas se concentraban en las tierras bajas, principalmente en las áreas costeras y en las vertientes bajas de la sierra, hasta los 1.300 metros de altura sobre el nivel del mar.

Entre las diversas actividades productivas realizadas por la comunidad indígena, la agricultura constituía, sin duda, la base de la economía. Los cronistas repetidamente elogian la destacada fertilidad de los suelos, la inmensa extensión de los cultivos y la diversidad de los productos indígenas que los conquistadores encontraron a su llegada. Debido a su riqueza agrícola, las tierras bajas cercanas a la población de Santa Marta y los muchos valles ubicados en las vertientes bajas del norte de la sierra, atrajeron particularmente la admiración de los españoles.

El maíz, la yuca, la batata y algunos otros cultivos, constituían la fuente básica de alimentación de los indígenas. Otros productos, tales como el fríjol, la ahuyama y numerosos árboles frutales complementaban su dieta, a la que la miel también hacía una contribución importante.

Los indígenas parecen haber tenido una buena comprensión del medio ambiente en que vivían y de la manera más adecuada de explotarlo para obtener un rendimiento sostenido en las cosechas, sin llegar a una sobre explotación. Los métodos aborígenes de cultivo muestran claramente una preocupación por conservar la fertilidad del suelo y por evitar la erosión; así:

1. Se practicaba la rotación de cultivos, tanto en la agricultura mixta, como en la individual. En los cultivos mixtos, práctica que aparentemente se efectuaba en huertas aledañas a las viviendas, los indígenas mezclaban plantas perennes con otras de ciclo corto; esto ayudaba a evitar plagas en los cultivos y a mantener la cobertura vegetal del bosque. El cultivo individual, generalmente se realizaba en áreas mayores, en las afueras de los pueblos y en los valles de los ríos, donde la mayor fertilidad del suelo probablemente permitía obtener varias cosechas de buen rendimiento entre un período de descanso y el siguiente.

2. El abono con tallos de legumbres, de maíz y otras partes de las plantas, aumentaba la fertilidad de los cultivos. Los huertos se enriquecían con los desechos domésticos y las eliminaciones humanas.

3. Al vivir en una región de lluvias fuertes y prolongadas, los indígenas parecen haber reconocido la importancia de conservar el bosque como medio de evitar la erosión; normalmente, se protegía el bosque alrededor de los campos agrícolas y, aunque a veces se utilizaba la quema como método de desmonte, ésta se hacía de una manera racional, eliminando solamente las plantas no deseadas y dejando los árboles grandes y el resto de la vegetación útil, especialmente en áreas de baja fertilidad.

4. Puesto que la mayor parte de las tierras cultivables de la sierra se encontraban en pendientes, los indígenas utilizaron el sistema de terraceo para evitar que las partículas y los nutrientes del suelo se lavaran con la lluvia. Las terrazas de cultivo variaban en tamaño y altura y algunas veces incluían muros de contención.

Al menos durante los primeros 50 años de contacto, la agricultura continuó en manos de los indígenas y los españoles mantuvieron su dependencia de los nativos para la provisión de alimentos. Durante este período no hubo mayores innovaciones con respecto a la agricultura, a excepción de la introducción de nuevas herramientas de trabajo y de algunas variedades de plantas traídas de Europa y las islas caribes.

El proceso de colonización española produjo un choque entre la mentalidad blanca y la de los indígenas, debido a las diferentes actitudes frente al manejo del medio ambiente y a diferente utilización del mismo. Así, mientras que los colonizadores blancos que llegaron a la sierra, trataron de establecer cultivos y potreros permanentes, el sistema agrícola indígena estuvo basado, principalmente, en el cultivo no permanente (rotatorio).

Después de 75 años de sangrientas luchas y confrontaciones, durante las cuales los conquistadores subyugaron a los grupos costeros y quemaron la mayoría de sus aldeas y cultivos, los indígenas sobrevivientes fueron forzados a migrar hacia las regiones más altas y adentradas de la sierra, donde la calidad de los suelos era más pobre. En su mayor parte, las tierras devastadas no se volvieron a ocupar. Los bosques se restablecieron en poblados y campos de cultivo. Tan solo unas pocas áreas de las tierras bajas fueron reutilizadas posteriormente por la población blanca. En las zonas restringidas a las que los indígenas fueron confinados, se afectó adversamente el tradicional sistema de cultivo rotatorio, ya que el tiempo dedicado al descanso debió ser acortado y fue necesario derribar la totalidad de la vegetación lo cual llevó al empobrecimiento y erosión acelerada de los suelos.

A finales del siglo XVI, la población indígena de la antigua provincia de Santa Marta, había disminuido considerablemente. Los intentos de los españoles por poblar la provincia durante los dos siglos siguientes, fueron, en general, poco exitosos. La falta de fuerza de trabajo humana se reflejó en una baja producción agrícola durante esos siglos. Sinembargo, los cronistas siguieron alabando la fertilidad de los suelos y la diversidad de los productos cultivados en la provincia.

Una repercusión muy significativa, a largo plazo, de la subyugación y el exterminio parcial de los indígenas, fue el cambio de cultivo básico, que probablemente ocurrió hacia la segunda mitad del siglo XVII. El maíz, que había sido el cultivo básico de los indígenas y se había convertido en el alimento principal de los conquistadores, fue reemplazado por el plátano. Este cambio puede explicarse por dos factores principales: a) el confinamiento de la población indígena en tierras más altas y menos fértiles, donde la calidad del maíz cosechado era de inferior calidad; b) la reducción de la población indígena, de manera que la oferta de fuerza de trabajo disminuyó, haciendo imposible mantener siembras extensas de maíz. El plátano era un buen sustituto porque requería un menor cuidado, era menos exigente en cuanto a la fertilidad del suelo y se reproducía espontáneamente por vía vegetativa.

Más adelante una revisión de las prácticas agrícolas de los indígenas y colonos que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta, nos da una imagen que contrasta, agudamente, con la de la agricultura aborigen prehispánica, particularmente en lo referente a los efectos ambientales.

Durante el presente siglo, los colonos blancos han estado despojando a los indígenas de sus antiguas tierras. Como resultado de ello, los Indígenas se han visto forzados a cultivar tierras cada vez más alejadas de sus poblados, áreas frecuentemente reducidas y de suelos pobres |1 . Adicionalmente, y dado que las tierras agrícolas a su disposición se han vuelto cada vez más escasas, han comenzado a utilizar métodos de explotación intensiva que han contribuido a la pérdida de fertilidad y al empobrecimiento del suelo. Aunque aún practicaban el cultivo individual y mixto por rotación, la restricción sobre las tierras agrícolas para el cultivo los lleva a dejar períodos de descanso muy cortos, insuficientes para que la vegetación boscosa se restablezca.

Una vez agotados los suelos de sus parcelas, los indígenas se van y proceden a desmontar nuevas áreas de bosques. El aterrazamiento de las laderas para el cultivo prácticamente no es utilizado, factor este que contribuye a un mayor empobrecimiento del suelo. Dado que la ganadería se practica cada vez más, principalmente en las áreas en descanso, se ha convertido en una causa adicional de erosión en la Sierra.

Los métodos de cultivo utilizados por los actuales colonos de la Sierra son muy parecidos a los de los indígenas con quienes coexisten. Cultivan las parcelas en forma continua durante varios años consecutivos, hasta que el suelo se agota. No aterrazan las laderas. Desmontan las superficies requeridas para la siembra, sin ningún tipo de control, removiendo todos los árboles y vegetación preexistente, dejando así los suelos sin protección adecuada contra las lluvias. También desmontan áreas mayores que las requeridas para el cultivo e impiden la regeneración del bosque, mediante el mantenimiento de potreros.

Durante las dos últimas décadas, el bosque ha venido desapareciendo muy rápidamente en la Sierra Nevada y hoy en día es posible ver cómo la erosión avanza progresivamente, en la medida en que el área de potreros aumenta. Durante los años sesenta, con el auge de la marihuana, mucha gente migró a la Sierra y algunos colonos llegaron a áreas remotas donde nadie se había asentado antes; desmontaron enormes áreas de bosque con el propósito de cultivar cannabis y, como resultado de este proceso, se intensificaron la deforestación y la erosión del suelo.

Por otro lado, el análisis palinológico de las muestras que se tomaron en los sitios de la vertiente norte de la Sierra Nevada de Santa Marta (ver mapa), han suministrado evidencia de cambios en la vegetación inducidos por la población indígena que habitaba el área. También proporcionan información para poner a prueba la hipótesis, ya respaldada por los datos etnohistóricos de que las prácticas agrícolas de los indígenas de la sierra no produjeron degradación ambiental.

El análisis de los diagramas de polen demostró la existencia de tres zonas temporales muy interrelacionadas: una zona anterior a la ocupación de los sitios, otra zona indicativa de influencia humana y una tercera zona en la que hay evidencia de regeneración del bosque después del abandono de los sitios.

Las conclusiones más relevantes que se obtuvieron de dichos perfiles de polen fueron: la primera, que aunque la ocupación humana de los sitios produjo un cambio permanente en la composición del bosque, su influencia no impidió la regeneración total del mismo; la segunda, que la recuperación del bosque fue relativamente rápida. Ambas conclusiones apoyan claramente la principal hipótesis de este trabajo, es decir, que las prácticas agrícolas de los aborígenes prehispánicos no degradaron el medio ambiente sino que, por el contrario, mantuvieron la fertilidad del suelo y evitaron la erosión.

 

* Reseña basada en la investigación de la autora publicada por FIAN (Banco de la República, Colombia): "Agricultura aborigen y cambios de vegetación en la Sierra Nevada de Santa Marta", 1985.
|1 En las décadas de los sesenta, durante el auge de la marihuana, esta situación empeoró porque los blancos querían más tierras de los indígenas para cultivar Cannabis.

 

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