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EL MANEJO DEL MEDIO AMBIENTE NATURAL
POR EL HOMBRE PREHISPÁNICO EN LA SIERRA NEVADA DE SANTA MARTA*
LUISA FERNANDA HERRERA
|Profesora Departamento de Antropología - Universidad
Nacional
Un análisis de la información arqueológica y etnohistórica
disponible, indica que la población indígena que habitaba la
antigua Provincia de Santa Marta en el momento de la conquista
española era considerable. Evidencias de una agricultura extensiva
con gran diversidad de productos, de un comercio organizado, amplio
y variado, de actividades manufactureras de varias clases, y de una
compleja infraestructura material, implican la existencia de una
sociedad indígena relativamente grande y compleja, con una fuerza
de trabajo abundante y calificada.
Reconocimientos arqueológicos realizados en años recientes, han
revelado que los asentamientos prehispánicos y las áreas cultivadas
se concentraban en las tierras bajas, principalmente en las áreas
costeras y en las vertientes bajas de la sierra, hasta los 1.300
metros de altura sobre el nivel del mar.
Entre las diversas actividades productivas realizadas por la
comunidad indígena, la agricultura constituía, sin duda, la base de
la economía. Los cronistas repetidamente elogian la destacada
fertilidad de los suelos, la inmensa extensión de los cultivos y la
diversidad de los productos indígenas que los conquistadores
encontraron a su llegada. Debido a su riqueza agrícola, las tierras
bajas cercanas a la población de Santa Marta y los muchos valles
ubicados en las vertientes bajas del norte de la sierra, atrajeron
particularmente la admiración de los españoles.
El maíz, la yuca, la batata y algunos otros cultivos,
constituían la fuente básica de alimentación de los indígenas.
Otros productos, tales como el fríjol, la ahuyama y numerosos
árboles frutales complementaban su dieta, a la que la miel también
hacía una contribución importante.
Los indígenas parecen haber tenido una buena comprensión del
medio ambiente en que vivían y de la manera más adecuada de
explotarlo para obtener un rendimiento sostenido en las cosechas,
sin llegar a una sobre explotación. Los métodos aborígenes de
cultivo muestran claramente una preocupación por conservar la
fertilidad del suelo y por evitar la erosión; así:
1. Se practicaba la rotación de cultivos, tanto en la
agricultura mixta, como en la individual. En los cultivos mixtos,
práctica que aparentemente se efectuaba en huertas aledañas a las
viviendas, los indígenas mezclaban plantas perennes con otras de
ciclo corto; esto ayudaba a evitar plagas en los cultivos y a
mantener la cobertura vegetal del bosque. El cultivo individual,
generalmente se realizaba en áreas mayores, en las afueras de los
pueblos y en los valles de los ríos, donde la mayor fertilidad del
suelo probablemente permitía obtener varias cosechas de buen
rendimiento entre un período de descanso y el siguiente.
2. El abono con tallos de legumbres, de maíz y otras partes de
las plantas, aumentaba la fertilidad de los cultivos. Los huertos
se enriquecían con los desechos domésticos y las eliminaciones
humanas.
3. Al vivir en una región de lluvias fuertes y prolongadas, los
indígenas parecen haber reconocido la importancia de conservar el
bosque como medio de evitar la erosión; normalmente, se protegía el
bosque alrededor de los campos agrícolas y, aunque a veces se
utilizaba la quema como método de desmonte, ésta se hacía de una
manera racional, eliminando solamente las plantas no deseadas y
dejando los árboles grandes y el resto de la vegetación útil,
especialmente en áreas de baja fertilidad.
4. Puesto que la mayor parte de las tierras cultivables de la
sierra se encontraban en pendientes, los indígenas utilizaron el
sistema de terraceo para evitar que las partículas y los nutrientes
del suelo se lavaran con la lluvia. Las terrazas de cultivo
variaban en tamaño y altura y algunas veces incluían muros de
contención.
Al menos durante los primeros 50 años de contacto, la
agricultura continuó en manos de los indígenas y los españoles
mantuvieron su dependencia de los nativos para la provisión de
alimentos. Durante este período no hubo mayores innovaciones con
respecto a la agricultura, a excepción de la introducción de nuevas
herramientas de trabajo y de algunas variedades de plantas traídas
de Europa y las islas caribes.
El proceso de colonización española produjo un choque entre la
mentalidad blanca y la de los indígenas, debido a las diferentes
actitudes frente al manejo del medio ambiente y a diferente
utilización del mismo. Así, mientras que los colonizadores blancos
que llegaron a la sierra, trataron de establecer cultivos y
potreros permanentes, el sistema agrícola indígena estuvo basado,
principalmente, en el cultivo no permanente (rotatorio).
Después de 75 años de sangrientas luchas y confrontaciones,
durante las cuales los conquistadores subyugaron a los grupos
costeros y quemaron la mayoría de sus aldeas y cultivos, los
indígenas sobrevivientes fueron forzados a migrar hacia las
regiones más altas y adentradas de la sierra, donde la calidad de
los suelos era más pobre. En su mayor parte, las tierras devastadas
no se volvieron a ocupar. Los bosques se restablecieron en poblados
y campos de cultivo. Tan solo unas pocas áreas de las tierras bajas
fueron reutilizadas posteriormente por la población blanca. En las
zonas restringidas a las que los indígenas fueron confinados, se
afectó adversamente el tradicional sistema de cultivo rotatorio, ya
que el tiempo dedicado al descanso debió ser acortado y fue
necesario derribar la totalidad de la vegetación lo cual llevó al
empobrecimiento y erosión acelerada de los suelos.
A finales del siglo XVI, la población indígena de la antigua
provincia de Santa Marta, había disminuido considerablemente. Los
intentos de los españoles por poblar la provincia durante los dos
siglos siguientes, fueron, en general, poco exitosos. La falta de
fuerza de trabajo humana se reflejó en una baja producción agrícola
durante esos siglos. Sinembargo, los cronistas siguieron alabando
la fertilidad de los suelos y la diversidad de los productos
cultivados en la provincia.
Una repercusión muy significativa, a largo plazo, de la
subyugación y el exterminio parcial de los indígenas, fue el cambio
de cultivo básico, que probablemente ocurrió hacia la segunda mitad
del siglo XVII. El maíz, que había sido el cultivo básico de los
indígenas y se había convertido en el alimento principal de los
conquistadores, fue reemplazado por el plátano. Este cambio puede
explicarse por dos factores principales: a) el confinamiento de la
población indígena en tierras más altas y menos fértiles, donde la
calidad del maíz cosechado era de inferior calidad; b) la reducción
de la población indígena, de manera que la oferta de fuerza de
trabajo disminuyó, haciendo imposible mantener siembras extensas de
maíz. El plátano era un buen sustituto porque requería un menor
cuidado, era menos exigente en cuanto a la fertilidad del suelo y
se reproducía espontáneamente por vía vegetativa.
Más adelante una revisión de las prácticas agrícolas de los
indígenas y colonos que habitan la Sierra Nevada de Santa Marta,
nos da una imagen que contrasta, agudamente, con la de la
agricultura aborigen prehispánica, particularmente en lo referente
a los efectos ambientales.
Durante el presente siglo, los colonos blancos han estado
despojando a los indígenas de sus antiguas tierras. Como resultado
de ello, los Indígenas se han visto forzados a cultivar tierras
cada vez más alejadas de sus poblados, áreas frecuentemente
reducidas y de suelos pobres
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. Adicionalmente, y dado que las
tierras agrícolas a su disposición se han vuelto cada vez más
escasas, han comenzado a utilizar métodos de explotación intensiva
que han contribuido a la pérdida de fertilidad y al empobrecimiento
del suelo. Aunque aún practicaban el cultivo individual y mixto por
rotación, la restricción sobre las tierras agrícolas para el
cultivo los lleva a dejar períodos de descanso muy cortos,
insuficientes para que la vegetación boscosa se restablezca.
Una vez agotados los suelos de sus parcelas, los indígenas se
van y proceden a desmontar nuevas áreas de bosques. El
aterrazamiento de las laderas para el cultivo prácticamente no es
utilizado, factor este que contribuye a un mayor empobrecimiento
del suelo. Dado que la ganadería se practica cada vez más,
principalmente en las áreas en descanso, se ha convertido en una
causa adicional de erosión en la Sierra.
Los métodos de cultivo utilizados por los actuales colonos de la
Sierra son muy parecidos a los de los indígenas con quienes
coexisten. Cultivan las parcelas en forma continua durante varios
años consecutivos, hasta que el suelo se agota. No aterrazan las
laderas. Desmontan las superficies requeridas para la siembra, sin
ningún tipo de control, removiendo todos los árboles y vegetación
preexistente, dejando así los suelos sin protección adecuada contra
las lluvias. También desmontan áreas mayores que las requeridas
para el cultivo e impiden la regeneración del bosque, mediante el
mantenimiento de potreros.
Durante las dos últimas décadas, el bosque ha venido
desapareciendo muy rápidamente en la Sierra Nevada y hoy en día es
posible ver cómo la erosión avanza progresivamente, en la medida en
que el área de potreros aumenta. Durante los años sesenta, con el
auge de la marihuana, mucha gente migró a la Sierra y algunos
colonos llegaron a áreas remotas donde nadie se había asentado
antes; desmontaron enormes áreas de bosque con el propósito de
cultivar cannabis y, como resultado de este proceso, se
intensificaron la deforestación y la erosión del suelo.
Por otro lado, el análisis palinológico de las muestras que se
tomaron en los sitios de la vertiente norte de la Sierra Nevada de
Santa Marta (ver mapa), han suministrado evidencia de cambios en la
vegetación inducidos por la población indígena que habitaba el
área. También proporcionan información para poner a prueba la
hipótesis, ya respaldada por los datos etnohistóricos de que las
prácticas agrícolas de los indígenas de la sierra no produjeron
degradación ambiental.
El análisis de los diagramas de polen demostró la existencia de
tres zonas temporales muy interrelacionadas: una zona anterior a la
ocupación de los sitios, otra zona indicativa de influencia humana
y una tercera zona en la que hay evidencia de regeneración del
bosque después del abandono de los sitios.
Las conclusiones más relevantes que se obtuvieron de dichos
perfiles de polen fueron: la primera, que aunque la ocupación
humana de los sitios produjo un cambio permanente en la composición
del bosque, su influencia no impidió la regeneración total del
mismo; la segunda, que la recuperación del bosque fue relativamente
rápida. Ambas conclusiones apoyan claramente la principal hipótesis
de este trabajo, es decir, que las prácticas agrícolas de los
aborígenes prehispánicos no degradaron el medio ambiente sino que,
por el contrario, mantuvieron la fertilidad del suelo y evitaron la
erosión.
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Reseña basada en la investigación de la autora publicada por
FIAN (Banco de la República, Colombia): "Agricultura
aborigen y cambios de vegetación en la Sierra Nevada de Santa
Marta", 1985.
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En las décadas de los sesenta, durante el auge de la marihuana,
esta situación empeoró porque los blancos querían más tierras de
los indígenas para cultivar Cannabis.
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