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ARQUEOLOGIA DE COLOMBIA UN TEXTO
INTRODUCTORIO
Gerardo Reichel-Dolmatoff. Fundación Segunda Expedición Botánica
- Departamento Administrativo de la Presidencia de la República.
Litografía Arco. Bogotá, 1986
Uno de los más difíciles problemas de la arqueología y de las
ciencias sociales en general, es el de lograr traspasar el estrecho
límite de los especialistas y atrapar la atención del público
común, sin que ese esfuerzo signifique sacrificar la profundidad
del tema o herir la vanidad exclusivista de los cerrados círculos
especializados. La superación de este problema es la primera
preocupación del autor. Un lenguaje agradable, una escritura pulcra
y la evasión de pesados detalles invitan a la lectura, descubriendo
un mundo palpitante, en el que reclaman vida grupos humanos
presentes detrás de sus objetos. Al mismo tiempo, las precisas y
claras definiciones de cada período, el establecimiento de
relaciones y nexos de grados diversos que articulan resultados
provenientes de distintos sitios para construir un esquema general
coherente, la publicación de 186 figuras y 44 láminas no publicadas
antes y la síntesis de resultados de investigaciones inéditas
entregadas en varias partes del texto, constituyen un material de
invaluable valor para los investigadores.
El subtítulo del libro tiene un sentido doblemente explicativo;
en primer lugar, las 208 páginas de texto son una introducción a la
extensa bibliografía contenida en las 198 notas que aparecen al
final de los capítulos, notas que, a la vez, expresan comentarios
aclaratorios y complementarios, o en los que Reichel-Dolmatoff
simplemente desea manifestar su pensamiento sobre un punto
particular; en segundo lugar, recalca el carácter de libro de texto
que el autor quiso darle, convencido de la necesidad de un material
de esa naturaleza para la enseñanza de la historia de Colombia en
todos los niveles de escolaridad. En suma, el libro fue preparado
para estudiantes y neófitos, pero posee información y
planteamientos de inmenso valor para los profesionales, algunos de
los cuales serán comentados más adelante.
El libro está basado en la mayor parte en las propias
investigaciones de campo del autor y su esposa, complementadas y
ampliadas por trabajos de otros arqueólogos, especialmente en los
últimos años, gracias al estímulo de la Fundación de
Investigaciones del Banco de la República. Reconocer que este
volumen es el más reciente esfuerzo de sistematización de
Reichel-Dolmatoff, después de alrededor de cuarenta años de
trabajo, implica referirse a mucho más que los trabajos de campo.
Haciendo excepción de una excelente síntesis de Warwick Bray
(1984), cuyo propósito y temática son mucho más limitados y de la
gigantesca obra de Luis Duque Gómez (1967), que presenta un
exhaustivo inventario de las investigaciones publicadas hasta
entonces y recurre a crónicas y documentos de archivo para
complementar las discusiones abordadas, pero que no constituye en
sí misma una visión interpretativa de la historia prehispánica de
Colombia, todos los intentos de globalización, sistematización e
interpretación de los procesos complejos que constituyeron la
diversificación cultural prehispánica colombiana han sido hechos
por Reichel-Dolmatoff insistentemente desde hace más de treinta y
cinco años. Un primer esfuerzo totalizador se encuentra en varios
cuadernos de la serie "Programa de Historia de
América" publicada en México, en 1952, por el Instituto
Panamericano de Geografía e Historia, con motivo del centenario del
nacimiento de Martí. En 1954, 1958, 1959 y 1961 publicó artículos
en los que ensayó la construcción de un esquema de periodización
para el norte de Colombia y el diseño de un modelo de colonización
de las tierras templadas y frías de los Andes, que fueron los
cimientos de sus obras más grandes y guía para la continuación de
los trabajos de campo. La publicación, en 1965, del volumen de
Colombia, en la serie editada por Glyn Daniel, constituyó una
primera visión totalizadora dentro de una perspectiva geográfica e
histórica mucho más amplia, que llenó un vacío grande no sólo en la
historia de Colombia, sino en la literatura necesaria para la
comprensión de los procesos de formación de las grandes culturas
americanas. El texto inglés, recibido con alborozo por los círculos
académicos de Europa y Norteamérica (puede verse: Lathrap, Donald.
"Colombian Prehistory Comes of Age", en Science
Vol. 152, No. 3724. Mayo 13, 1966. Pp. 923-925), no tuvo ninguna
difusión en Colombia. En 1978 entregó un artículo que ofrecía una
interpretación distinta a la de 1965, en el Tomo I del
|Manual
de Historia de Colombia, en el cual aprovechaba las nuevas
investigaciones y hacía manifiesta su propia evolución intelectual,
superando sus anteriores interpretaciones. En 1981, preparó el
capítulo sobre cronología absoluta de Colombia para un volumen
sobre cronología del Nuevo Mundo que planeó Academic Press, que aún
no ha visto la luz. En ese capítulo Reichel-Dolmatoff recoge todas
las fechas absolutas conocidas hasta entonces -muchas de ellas
inéditas todavía- y desarrolla un marco interpretativo que
significa un nuevo examen de sus propios modelos y el afinamiento y
precisión de sus conceptos. Así, este libro de 1984 debe verse como
un producto reposado y decantado de un largo proceso de ensayo,
experimentación, duda y rechazo, nueva construcción y pulimento de
un mismo conjunto de problemas, proceso que le permite al autor
"componer" el texto de acuerdo con las
necesidades, poniendo un mayor acento allí, ligando dos tonos más
abajo, variando el ritmo, disminuyendo el volumen, decidiendo dónde
es adecuado completar un compás con un silencio. No hay que esperar
otros veinte años para que haya necesidad de un replanteamiento de
muchos aspectos, pues ya hoy el libro podría modificarse en parte
con los recientes resultados de investigaciones, pero difícilmente
puede construirse un modelo explicativo totalizador y coherente
como el que ofrece ReichelDolmatoff en estas páginas.
El capítulo introductorio constituye un documento muy importante
para la historia de la arqueología colombiana, en el que el autor
no se limita a un inventario de títulos y hechos, sino que logra
dar una explicación al origen de actuales vicios y virtudes de la
disciplina en el país, como la elaboración de una regionalización
cultural horizontal que no puede desprenderse fácilmente aún de la
terminología de muchos colegas profesionales jóvenes y viejos.
Sinembargo, la mayor importancia se encuentra en el planteamiento
central de la visión de Reichel-Dolmatoff, cuando revive la
hipótesis de Spinden (1917) que ya habia planteado en obras
anteriores como
|Colombia (1965) y
|Monsú (1985)-
para partir del hecho que "había pues una antigua base en
común y eso no sólo en la secuencia de grandes etapas generales de
complejidad similar, sino también en muchos detalles de rasgos
tecnológicos y estilísticos" (pág. 15). Este planteamiento
podría implicar la aceptación de un rápido poblamiento de América
por parte de grupos con una base cultural relativamente homogénea
que sólo tardíamente se diversificaron, ampliaron su equipo
tecnológico y constituyeron comunidades con una organización social
y política mucho más compleja. Esta interpretación pareciera
presentar a las sociedades de cazadores recolectores como si
hubiesen permanecido inmunes al cambio, estáticas, hasta bien
entrado el Holoceno, cuando la coincidencia de dos factores: el
aumento de población y el cambio climático generalizado, generaron
vertiginosos procesos de transformación.
El párrafo siguiente anuncia la obra y las ideas del autor:
"Pero luego en Colombia se produjo una solución de
continuidad. Tal vez no de súbito; no en un momento crítico; sino
más bien como una lenta tendencia, una dispersión, un debilitarse
de una consistencia interna. En alguna época, tal vez hace unos
2.000 años, las culturas prehistóricas de Colombia dejaron de tomar
parte en la dinámica de los principales centros de desarrollo de
América Nuclear, y comenzaron a rezagarse en su avance, después de
haber sido un gran foco cultural temprano que irradiaba a otras
áreas y que luego se estancó" (Pp. 15-16). La idea es
clara. A partir de una base cultural común, las especiales
condiciones de Colombia -multiplicidad de ambientes en territorios
muy cercanos permitieron que aquí se configurara un foco irradiador
de cultura que nutrió las áreas límite perdiendo su propio impulso.
Para afianzar el planteamiento, el autor empieza por preguntar cuál
podría ser el motivo natural que explicara que en Mesoamérica y en
los Andes Centrales se lograran desarrollos que en Colombia no se
vislumbraron. La respuesta induce necesariamente al planteamiento:
"Partiendo de comparaciones estilísticas tentativas, la
arqueología americana avanzó hacia las bases más firmes de
secuencias y complejos comparables, fijados en el tiempo por
escalas cronológicas, y en el espacio, por la observación de la
difusión. Así se demostró que las culturas prehistóricas del Area
Intermedia habían sido parte esencial de estas fases de desarrollo
de Mesoamérica y los Andes Centrales..." (pág. 15). Este
es el eje sobre el que girará la explicación o, como lo dice el
mismo autor, es la trama que pretende dilucidar a través del
libro.
Es predecible que el capítulo fundamental del texto sea el IV,
que refiere la Etapa Formativa, si se juzga por los párrafos
anteriores y se entiende el interés de Reichel-Dolmatoff por
profundizar en el conocimiento de todos los aspectos de las fases
iniciales de esta etapa, en las cuales se forjan las condiciones
que permitirán la preponderancia de las sociedades innovadoras del
Caribe de Colombia sobre sus vecinos del norte y sur. Esta etapa ha
sido dividida para su más fácil manejo en un período temprano, uno
medio y uno tardío. Así como en 1951, dividió la cerámica policroma
en dos grandes horizontes, el autor considera metodológicamente
útil establecer dos horizontes incisos que se corresponderían en
líneas generales con el formativo temprano y medio y que, a la vez,
estarían relacionados con las Fases de Valdivia y Machalilla, del
Ecuador. Es especialmente importante la propuesta de la existencia
de una
|Tradición Zambrano, compuesta por el Segundo
Horizonte Inciso, que al extenderse hacia el sur constituiría la
Fase Machalilla ecuatoriana; durante su expansión, al alcanzar sus
rasgos las vertientes andinas y las tierras altas, justificarían la
inclusión de las cerámicas incisas de los altiplanos de la
Cordillera Oriental, tales como el Período Herrera Cundiboyacense,
dentro de esta tradición u horizonte.
La definición del Formativo (pág. 81) abre el paso a los
siguientes capítulos: "...es una etapa dinámica de gran
experimentación en las estrategias de adaptación ambiental, de
recursos alimenticios y de avances tecnológicos. Parece que haya
sido la etapa que marcó los comienzos de una sociedad organizada
por rangos, por la especialización artesanal y por la consolidación
de un modo de vida aldeana. Definitivamente, fue una etapa en que
se establecieron las bases para más complejos desarrollos, para
formas sociales y económicas más elaboradas".
Naturalmente, al considerar que la dirección de la difusión
cultural en los primeros períodos del Formativo fue desde el Caribe
colombiano hacia Mesoamérica y Ecuador, también se acepta que
posteriormente muchos elementos desarrollados en esas dos áreas
fueron reintroducidos en sentido inverso. Uno de los más
importantes hechos de este reflujo sería la introducción del maíz
en una fecha tardía cuando, al parecer, la agricultura en el Caribe
ya estaba bien desarrollada, aunque el autor no descarta la
posibilidad de su cultivo un poco antes en alguna otra zona
colombiana.
El cultivo del maíz y la adaptación ecológica que significa,
permitió la colonización de las vertientes desarrollando una pauta
de asentamiento caracterizada por la tendencia a la
descentralización y a un relativo aislamiento; este poblamiento de
las montañas trajo como consecuencia la regionalización y el
aislamiento cultural, que Reichel-Dolmatoff define como etapa de
desarrolos regionales, altamente diferenciadas en las costas, las
vertientes y las tierras altas. Esta situación favoreció el hecho
que varias aldeas "bajo el control permanente de un jefe
supremo" constituyeran una unidad política autónoma, el
Cacicazgo, algunas veces tratado como Señorío. Estos cacicazgos
lograron eficientes sistemas económicos que permitieron acumulación
de excedentes y el establecimiento de un sistema de rango y formas
de cooperación que facilitaron la realización de grandes obras
públicas; un importante factor de desarrollo intelectual en esta
época es la existencia de los chamanes. Las regiones en las que se
establecieron cacicazgos, según el autor, fueron el Macizo
Colombiano de San Agustín y Tierradentro, el Quindío y la
Cordillera Central, el valle del Cauca y parte del Magdalena, los
valles de los ríos Calima, Sinú y San Jorge (pág. 133). Finalmente,
cerca del siglo XVI los Muiscas y Taironas lograron superar la
etapa de los cacicazgos alcanzando un nivel más complejo que el
autor llama etapa de Estados Incipientes. No obstante, al referirse
a ello dice: "Sería tal vez impropio hablar aquí de una
etapa de estados incipientes y menos aún de reinos o de
civilizaciones; más bien se trata de ocasionales federaciones de
aldeas, en las cuales un crecido número de aldeas de la misma etnia
se reunían bajo el control de un individuo, un gran cacique que,
ocasionalmente, incorporaba en su persona las funciones de jefe
militar, administrador político y sacerdote" (pág. 169).
Una vez más, Reichel-Dolmatoff sugiere un área cultural coherente
constituida por Costa Rica, Panamá y la Costa Caribe Colombiana
que, desde Momil, a través del Segundo Horizonte Pintado, llevó a
la Cultura Tairona, Coclé y las culturas costarricenses
emparentadas, cambiando su antigua hipótesis que los taironas
tuvieron un origen costarricense. El planteamiento de estas
"esferas de interacción" entre el noroeste de
Suramérica, Mesoamérica y las Antillas cobra cada vez más fuerza y
adeptos, a medida que los hallazgos en tan amplia área refuerzan
las hipótesis.
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GERARDO I. ARDILA CALDERON
Profesor Universidad Nacional de Colombia
ARQUEOLOGIA DE COLOMBIA UN TEXTO
INTRODUCTORIO
Gerardo Reichel Dolmatoff.
Este texto introductorio, editado por la fundación Segunda
Expedición Botánica, es una visión particular de la investigación
arqueológica en Colombia, que muestra la evolución prehistórica
"a un círculo amplio de personas no especialistas, pero sí
interesadas seriamente en el tema prehistórico".
Su autor, Gerardo Reichel Dolmatoff, es una de las personas más
autorizadas en el campo de la investigación etnológica y
arqueológica en nuestro país. Desde la década de 1940, en compañía
de su esposa la antropóloga Alicia Dusan, ha realizado un conjunto
de investigaciones, punto de referencia de las nuevas generaciones
de antropólogos.
En 1965 publicó el libro "Colombia", en la
serie "Ancient Peoples and Places", de los
editores Thames & Hudson; luego en el año 1978, en el
novedoso "Manual de historia de Colombia",
escribió el primer capítulo del volumen I, "Colombia
indígena-período prehispánico", del Instituto Colombiano
de Cultura.
Para las personas que hemos tenido la oportunidad de hacer un
seguimiento analítico de los dos textos anteriores y del
recientemente publicado, es muy interesante captar las
apreciaciones conceptuales de su autor en un lapso de veinte
años.
El actual texto introductorio está estrechamente vinculado tanto
al del año de 1965 como al de 1978, siendo difícil identificar, a
primera vista, los cambios del autor: "He modificado mi
terminología y adoptado un esquema de etapas evolutivas, que me
parece más de acuerdo con el estado actual de los
conocimientos". (En el Prefacio).
Es cierto que hay cambios en la interpretación de los hallazgos
arqueológicos, pero también se aprecia que el autor mantiene un
esquema evolutivo que ya se insinuaba en su libro
"Colombia" y que en el manual de COLCULTURA
adquiere una mayor profundidad conceptual. En términos generales,
el esquema evolutivo está constituido por las siguientes etapas:
"Paleoindia-Arcaica Formativa Desarrollos
Regionales-Cacicazgos y Federación de aldeas o de los Estados
Incipientes". Algo novedoso en la presente obra es la
inclusión de una nueva etapa, la de "Los desarrollos
regionales", tanto en las costas como en el interior del
país.
La introducción del libro es un texto de calidad que expresa de
manera clara el mundo conceptual del autor. Allí inscribe la
evolución de las sociedades aborígenes colombianas en el contexto
americano prehistórico. Toma una posición historiográfica
evolucionista que va "desde las simples bandas de
cazadores hasta las grandes civilizaciones que se derrumbaron ante
la expansión europea del siglo XVI". (Pág. 13) Esto lo
lleva a retomar las definiciones de "América
nuclear" (Mesoamérica-Andes centrales) y de "Area
intermedia", donde queda incluida Colombia. De esta última
región vuelve a enfatizar su calidad de estar ubicada en la entrada
de Suramérica, aspecto que considera muy importante en tanto que
por su localización participa en los cambios de las dos grandes
áreas nucleares, ya sea "por migraciones y relaciones
comerciales, o sea por la difusión de ideas y de
procedimientos". (Pág. 14).
Otro tópico del autor es el relacionado con las características
de los paisajes naturales colombianos, que de manera especial había
enfatizado en el texto del manual de historia de Colcultura, como
uno de los aspectos determinantes del cambio histórico con el
surgimiento de la agricultura del maíz, y que ahora, plantea para
hacerse una serie de preguntas tendientes a dar respuesta, al por
qué en nuestro territorio no se dio el surgimiento de las
civilizaciones de la "América Nuclear".
El tercer fundamento conceptual está asociado a la difusión
cultural americana, observable a través de las comparaciones
temporales y espaciales de secuencias y complejos arqueológicos. De
esta manera se aprecia como "las culturas prehistóricas
del Área Intermedia habían sido parte esencial de estas fases de
desarrollo de Mesoamérica y los Andes Centrales; y como, en
"Colombia se produjo una solución de continuidad. Tal vez
no de súbito; no en un momento crítico, sino más bien como una
lenta tendencia, una dispersión, un debilitarse de una consistencia
interna". (Pág. 15).
Todos los planteamientos van a ser manejados por el autor a lo
largo de los capítulos de su obra, sustentando con ellos la
explicación a los cambios en las diferentes etapas evolutivas
colombianas.
Por último en su Introducción, el autor hace una breve reseña
histográfica de la investigación arqueológica en Colombia, desde
los primeros exploradores del siglo XVIII y los escritores sobre
las culturas indígenas, de la segunda mitad del siglo XIX, hasta
los científicos modernos del siglo XX, incluyendo los pioneros
extranjeros como un Preuss para San Agustín y un Mason para la
Sierra Nevada de Santa Marta, y también los trabajos posteriores
tanto de investigadores colombianos como extranjeros, llegando
hasta los momentos actuales.
De esta reseña es importante destacar que no se trata de una
simple cronología de trabajos realizados, sino que en ella Reichel
Dolmatoff hace una caracterización crítica sobre las posiciones
metodológicas que representan sus autores, y que refleja su
posición conceptual, que por cierto enfatiza y valora positivamente
la formulación de un esquema cronológico regional, por intermedio
de trabajos estratigráficos.
Este último punto es una constante en el libro; pienso que
cuando Reichel Dolmatoff menciona cuáles investigadores se ubican
en una posición o en la otra, no es muy preciso, porque si algo
caracteriza a un alto porcentaje de los investigadores pioneros
colombianos, egresados del Instituto Etnológico Nacional, desde la
década de los años cuarenta, y a extranjeros que visitaron nuestro
país en ese entonces, es la toma de posiciones teóricas y
metodológicas que afrontan el problema cronológico y que no se
pueden esquematizar diciendo, los que excavan tumbas y los que
hacen estratigrafía y se preocupan por un esquema cronológico. Es
un desacierto, cuando el argumento se trata de demostrar comparando
la posición de éstos con los aportes de investigadores que
trabajaron en Colombia durante los años sesenta, y que:
"Todos estos arqueólogos, en su mayoría extranjeros,
estaban aplicando métodos estratigráficos a acumulaciones de
basuras y lograron establecer cortas secuencias de cerámica u
objetos líticos". (Pág. 21).
Creo que el proceso de la investigación arqueológica colombiana
sí marca unas tendencias teóricas y metodológicas, que se pueden
caracterizar con el fin de establecer algunas etapas, aunque esto
es difícil si se tiene en cuenta que se trata de una historia muy
reciente y por lo tanto aún vigente. Además el hacer cortes
estratigráficos en basureros o excavar tumbas, no es lo que
determina los cambios conceptuales, porque tanto la primera
alternativa metodológica como la segunda pueden estar en una misma
posición teórica, que en nuestro caso se puede llamar evolucionismo
y difusionismo.
Por otro lado, cuando Reichel Dolmatoff, llega a la década de
los setenta, hace una alusión específica a trabajos de
investigadores extranjeros (con referencias bibliográficas), y por
deducción, según se desprende del texto, los demás proyectos de
investigación realizados en regiones arqueológicas colombianas
durante esta década y la siguiente, no merecen una caracterización
específica, sino global, con críticas como: "No obstante
estos comienzos de investigaciones regionales, en su mayoría las
publicaciones de excavaciones recientes no parecen seguir un plan
de prioridades, ni tienden a formar parte de una visión
continental; lo monumental y espectacular (la arquitectura tairona,
el arte agustiniano, la orfebrería, etc.) siguen prevaleciendo
sobre problemas tales como la Etapa Paleo-india, la identificación
de la Etapa Arcaica, los orígenes de la vida sedentaria, la
transición del Cacicazgo al Estado Incipiente". (Pág.
21).
Es saludable y respetable esta actitud crítica, pero también es
necesario especificar que es el punto de vista del autor del
trabajo en referencia, que no corresponde al conjunto de valiosos
trabajos de investigación que se han realizado en los últimos
quince años, donde además de aportes estratigráficos y de
secuencias cronológicas sus autores están pretendiendo aplicar
nuevos enfoques teóricos y metodológicas de la arqueología, ya sea
en la problemática de los cazadores y recolectores o en las
sociedades de los cacicazgos, haciendo excavaciones estratigráficas
más precisas y aplicando estudios interdisciplinarios modernos,
afines con análisis agrológicos y palinológicos, entre otros, y con
la ayuda de modelos etnohistóricos o ecológicos. Esto, fácilmente
se puede apreciar en las publicaciones más recientes.
El capítulo II está dedicado a presentar las características
ecológicas de Colombia, destacando su gran variedad de ambientes
físicos, en asocio a la posición geográfica destacada de nuestro
país en el continente americano, que ya había anunciado en la
introducción del libro. Es una presentación de las regiones
naturales, que el autor articula, pensando en la lucha entre
recursos adaptativos del hombre y el medio ambiente natural. Llama
la atención de este capítulo el énfasis dado a las rutas naturales
por donde se dieron posibles migraciones.
El capítulo 111 está dedicado a la "Etapa
Paleo-india", que corresponde a las sociedades de
cazadores y recolectores. Retoma la problemática de las puntas de
proyectil, cuya escasez se debe a un fenómeno de
"especialización y adaptación diferencial", entre
los grupos de cazadores.
Reichel Dolmatoff hace una reseña de la historia de las
investigaciones sobre el "Paleoindio" en
Colombia, mencionando varias de las principales excavaciones
realizadas, como El Abra, Tequendama, Tibitó, Nemocón, El Guabio,
Costa Caribe y Pacífico. De todas ellas toma como punto de
referencia los hallazgos de El Abra, los que destaca, a diferencia
de los hallazgos en los otros sitios, los cuales menciona sin
exponer las secuencias de ocupación con todos sus contenidos
culturales, de manera detallada, como en el caso de Tequendama,
quedando una impresión general muy vaga de la profundidad que estos
trabajos han logrado en los últimos años; sin querer decir con esto
que la etapa de los cazadores esté aclarada para todo el territorio
colombiano, pero sí para la región del altiplano cundinamarqués,
siendo precisamente un buen ejemplo de la investigación
arqueológica que se viene haciendo en las dos últimas décadas, con
enfoques metodológicos más actualizados.
A continuación y en el mismo capítulo, el autor habla de la
"Etapa Arcaica", que sigue después de la
"Etapa Paleo-india", y que en América se ha
caracterizado porque los grupos humanos hacen más énfasis en la
recolección, convirtiéndose en una transición a la etapa de las
sociedades agrícolas. Como lo escribe Reichel Dolmatoff, esta es
una etapa que "duró miles de años pero sigue siendo poco
estudiada en Colombia". (Pág. 48).
El autor en este capítulo utiliza unas nominaciones
tradicionales en la arqueología americana, como
"Paleo-india y Arcaica", a diferencia de otras
etapas posteriores en donde usa un nivel conceptual que hace
alusión a las formas de organización social (Cacicazgos y Estados
Incipientes). Los términos "Arcaico y
Paleo-indio" han generado discusiones cuando se han
querido generalizar como períodos, para toda América, porque no
tienen una correspondencia en las diferentes regiones, como en el
caso colombiano, donde aún no se puede establecer un período de
"pre-puntas de proyectil" y otro posterior o
"paleo-indio". "Arcaico" es un
término muy vago e impreciso, y como etapa, en algunas
oportunidades se lo asocia al comienzo de las llamadas sociedades
"formativas o agrícolas", y en otras hace alusión
a las transformaciones de las sociedades de cazadores y
recolectores, en su período final, tratándose como una transición,
como lo dice Reichel Dolmatoff, pero que de ninguna manera explica
"el origen de la agricultura".
El capítulo IV está dedicado a la "Etapa
Formativa", que como ya se dijo en el párrafo anterior, se
remonta a la "Etapa Arcaica". Reichel Dolmatoff
enfatiza la "Etapa Formativa" para la costa
caribe colombiana, donde hallazgos arqueológicos, de los cuales él
es autor en la mayoría de las veces, lo llevan a pensar que se
puede remontar hasta 7000 a. C., llegando hasta el primer milenio
antes de Cristo. Es un inmenso período, que corresponde a
sociedades de cazadores menores, pescadores, recolectores, que en
muchas ocasiones son agricultores sedentarios.
Este capítulo es una buena síntesis de los resultados obtenidos
por el autor en sus excavaciones de yacimientos de la Costa Caribe.
Tiene una interesante disertación sobre las implicaciones tanto del
cultivo de la yuca como del maíz, con una posición difusionista
establecida por intermedio de la cerámica.
Algo novedoso es la importancia que Reichel- Dolmatoff le da a
la cerámica de Zambrano, que considera una tradición alfarera que
incluye varios sitios de la Costa Caribe, el valle del Magdalena
desde su parte baja hasta el curso alto, llegando hasta la fase
Machalilla del Ecuador: "De nuestra parte estamos
inclinados a pensar que Machalilla es de origen colombiano y que
tiene sus raíces en la llanura del Caribe". (Pág. 80).
Además, considera que la cerámica de La Herrera hallada en la
sabana de Bogotá queda incluida en esta misma tradición.
Al final propone que en la Etapa Formativa hay dos horizontes
cerámicos incisos; el primero, el más antiguo está asociado a
sitios como Monsú, Puerto Hormiga, Canapote y Barlovento, y el
segundo, el más tardío, corresponde a Momil y a la gran cantidad de
yacimientos que incluye en la tradición Zambrano.
No hay duda que en este capítulo el autor toma una clara
posición difusionista a través de los rasgos formales y decorativos
de la cerámica. Es una lástima que sitios formativos como Zipacón,
donde hay un buen trabajo sobre aspectos relacionados con la
alimentación (productos vegetales y animales), apenas se mencione
en una cita bibliográfica.
Como contenido de esta etapa, Reichel Dolmatoff presenta varios
planteamientos que había expuesto en publicaciones anteriores, que
explican el surgimiento de los desarrollos regionales:
"Parece haber sido el cultivo del maíz lo que permitió a
una creciente población expandirse rápidamente sobre las vertientes
de las cordilleras colombianas, zonas que hasta entonces
probablemente habían sido poco pobladas". (Pág. 87). Este
fenómeno permitió el surgimiento de "culturas locales que,
aunque a veces ocupaban valles vecinos, se diferenciaban mucho en
su ámbito y contenido. Aparentemente aquí no había cotradiciones ni
estilos y horizontes comparables a los de los Andes centrales, sino
más bien una marcada diversidad debida al aislamiento geográfico y
cultural, así como a las diferentes maneras como las gentes
confrontaban sus medio ambientes locales". (Pág. 88).
En esta obra, como se ve en las citas anteriores, Reichel
Dolmatoff sigue considerando el cultivo del maíz y la gran
diversidad de nichos ecológicos andinos, como las causas
principales que explican la formación de culturas locales, a
diferencia de las culturas formativas de las llanuras y litoral del
Caribe, donde supuestamente "había habido siempre un común
denominador en términos de condiciones climáticas similares y de un
sistema económico generalizado que se basaba en recursos ribereños,
lacustres y marítimos" (Pág. 88).
Estos son planteamientos ecologistas, que la investigación
arqueológica todavía no ha sustentado, y que por lo tanto merecen
ser analizados desde otras perspectivas. Más aún si se tiene en
cuenta la gran diversidad de culturas que incluye en esta etapa,
con niveles de información muy desiguales, y el amplio marco
cronológico en que las inscribe, que va desde más o menos el siglo
V antes de Cristo hasta el período de la conquista española.
Es difícil aceptar lo de "una marcada diversidad debida
al aislamiento geográfico y cultural", porque, antes por
el contrario, por ejemplo, para el suroccidente colombiano se
aprecian horizontes culturales, ya sea en el período comprendido
entre el siglo V antes de Cristo y el VII de nuestra era, y entre
esta centuria y el momento de la conquista hispánica, que parecen
significar desarrollos culturales regionales inscritos en
tradiciones culturales que pueden estar asociadas a los procesos
formativos de la costa ecuatoriana y la alta amazonia de este país
y la peruana.
La separación que hace Reichel Dolmatoff. entre las regiones
arqueológicas de la "Etapa de los desarrollos
regionales" y las correspondientes a la etapa posterior de
"los cacicazgos", no es clara. La "Etapa
Formativa", según este autor, parece ser homogénea, a
diferencia de las dos anteriores, aunque no se entiende por qué la
llamada cultura Tumaco es un desarrollo regional similar al
identificado con urnas funerarias en la región del bajo Magdalena y
a las fases de Sachamate-Tinajas y Quebradaseca del sur del Valle
del Cauca, y por qué en el altiplano cundiboyacense y en San
Agustín no hay desarrollos regionales, pero sí un formativo tardío
y una "Etapa de estados incipientes" y de
"Cacicazgos", respectivamente.
Estos interrogantes nos llevan a entender que la discusión que
genera la obra de Reichel Dolmatoff está en su manejo conceptual de
la arqueología colombiana. La inclusión de culturas en las
"Etapas Formativa, de Desarrollos Regionales y
Cacicazgos" se hace básicamente con los rasgos
estilísticos de la cerámica, asociados en algunos casos a otras
evidencias materiales como las tumbas, sitios de vivienda,
esculturas y campos agrícolas. Para la "Etapa
Formativa" se toma una actitud difusionista a través de
"dos horizontes incisos", mientras que en
"Los Desarrollos Regionales y los Cacicazgos",
los complejos o estilos cerámicos se encuentran aislados (según el
autor) o circunscritos a regiones, sin haber vínculos de parentesco
cultural entre los grupos humanos que los produjeron, no existiendo
por lo tanto horizontes o tradiciones culturales. Antes por el
contrario las diferentes tradiciones culturales formativas en un
proceso histórico generaron desarrollos culturales regionales con
niveles de complejidad económica, política y social desiguales y
específicos que se interrelacionaron a lo largo de los siglos
prehispánicos, produciendo cambios históricos no homogéneos en
todas las regiones colombianas.
Por eso, en el siglo XVI los españoles encontraron marcadas
diferencias en el nivel de desarrollo social en las regiones que
fueron conquistando. Por estas mismas razones también es posible
entender que mientras en regiones como el altiplano cundiboyacense
y la Sierra Nevada de Santa Marta, las sociedades indígenas estaban
en un auge cultural, en regiones como el río San Jorge o el Alto
Magdalena se habían dado cambios históricos siglos anteriores a la
conquista que, aunque aún desconocidos, hicieron que esos procesos
sociales vinculados a obras de producción agrícola gigantescas como
en el río San Jorge o trabajos monumentales funerarios para San
Agustín, ya hubieran entrado en crisis.
En el capítulo VII se trata la "Etapa de los
cacicazgos". En un comienzo, Reichel Dolmatoff hace una
definición de los cacicazgos, retomando conceptos que había
planteado en publicaciones anteriores. Luego entra a describir las
regiones arqueológicas que considera corresponden a este nivel de
desarrollo evolutivo.
En primer lugar presenta la zona de San Agustín, en donde
lamentablemente, a diferencia de lo que se esperaba, vuelve a
exponer lo que ya había escrito en el manual de historia de
COLCULTURA (1978), desconociendo la información de trabajos de
investigación que se hicieron durante la década del setenta y los
años transcurridos de la década de los ochenta. O sea, solamente
presenta los resultados que él obtuvo en su temporada de
investigación efectuada en 1966, que fueron publicados en el año de
1975.
Por esta actitud, la imagen que se da no corresponde a la
compleja realidad prehispánica de San Agustín, lo cual lleva al
autor a escribir afirmaciones imprecisas. Entre ellas tenemos lo
relacionado con la periodización, donde sólo tiene en cuenta las
fechas de C-14 que él obtuvo en sus excavaciones, que le permite
decir que hay grandes vacíos cronológicos, que no hay una
cronología asociada a la estatuaria, y que "poco sabemos
de sus viviendas, sus cultivos, su cerámica, y aunque se han
abierto centenares de tumbas, ni los esqueletos, ni los conjuntos
de los ajuares han sido aún publicados". Si se consultan
las publicaciones más recientes de San Agustín es fácil comprender
que en esta oportunidad no fueron tenidas en cuenta por Reichel
Dolmatoff.
Luego, cuando entra a escribir sobre los Quimbayas, recuerda que
este es un nombre genérico, hablando en términos arqueológicos, y
prefiere hablar del Quindío. Reichel Dolmatoff, a diferencia de lo
que hace para los Muiscas y los Taironas, no tiene en cuenta la
rica información etnohistórica que existe sobre la provincia de los
Quimbayas y grupos vecinos, durante el siglo de la conquista
hispánica.
Para la región de Calima, el autor presenta una cronología no
actualizada. Aunque PROCALIMA es un programa de investigación que
no se ha terminado, sí ha publicado avances de los resultados
obtenidos, siendo precisamente una de sus características el haber
logrado un completo cuadro cronológico con fechas de C-14.
Al referirse a la región sur del Valle del Cauca, Reichel
Dolmatoff retoma los resultados del trabajo de James Ford,
publicado en 1944. Teniendo en cuenta que en ese entonces se
trataba de un recorrido o prospección por diferentes regiones
colombianas, la información arqueológica no es muy abundante, y
sinembargo Reichel Dolmatoff interpreta que Río Bolo, Pichindé y
Quebrada Seca corresponden a la "Etapa de los
Cacicazgos". Pensamos que este tipo de interpretaciones
son ligeras, en tanto que ni siquiera para los sitios hay una
cronología, excavaciones estratigráficas precisas, y que, para el
caso de Pichindé lo que se conoce es la excavación de varias tumbas
sencillas. Esto contradice lo que Reichel Dolmatoff en el comienzo
de su libro anotaba, cuando hacía una crítica a los arqueólogos que
antes de la década del sesenta se habían dedicado a excavar sitios
funerarios.
Frente a los trabajos arqueológicos realizados en el río San
Jorge, Reichel Dolmatoff los menciona, pero sus resultados son
presentados de manera relativa.
Sobre esta importante región se han hecho serias propuestas de
interpretación sobre los centenares de hectáreas con obras
hidráulicas para la agricultura, los caseríos a lo largo de los
caños principales, y la especializada producción regional de
alimentos y orfebrería que hacen pensar en un modelo comercial
desarrollado.
Por lo anterior, y si se conocen los resultados publicados de la
investigación arqueológica del río San Jorge, que han implicado la
aplicación de una novedosa metodología en tanto que considera una
visión regional y el estudio interdisciplinario de suelos y
palinología, no tiene sentido decir que "no se han
encontrado aún los basureros que atestiguan largos períodos de
ocupación", o que "no hay aldeas
grandes" (pág. 161).
El capítulo V I I I es el último de la obra y está dedicado a la
"Etapa de los estados incipientes", que según el
autor es el nivel de desarrollo alcanzado por los Muiscas del
altiplano cundiboyacense y los Taironas de la Sierra Nevada de
Santa Marta.
Para Reichel Dolmatoff los estados incipientes son
"ocasionales federaciones de aldeas, en las cuales un
crecido número de aldeas de una misma etnia se reunían bajo el
control de un individuo, un gran cacique que ocasionalmente
incorporaba en su persona las funciones de jefe militar,
administrador político y sacerdote" (pág. 169).
O sea, el autor mantiene la terminología usada en publicaciones
anteriores. Según parece, el término federación es tomado como
agrupación bajo una autoridad central, fenómeno político que
también se plantea como característica de los cacicazgos. Al
respecto el autor sobre éstos dice: "una unidad política
autónoma que abarca varias aldeas o comunidades bajo el control
permanente de un jefe supremo" (pág. 133) por lo tanto, no
se aprecia una diferencia estructural entre las dos etapas
evolutivas, pudiendo tratarse de cacicazgos con diferentes niveles
de desarrollo político y social, en tanto que hay una gran variedad
de cacicazgos.
Sobre los Muiscas y Taironas se ha enfatizado que son las
sociedades "más avanzadas" de los territorios
colombianos, diferenciándolos del resto de sociedades
prehispánicas. Esto es un tema que merece replantearse, si se
tienen en cuenta regiones como el río San Jorge o el occidente
colombiano, donde los estudios arqueológicos y la información
etnohistórica permiten aproximaciones a sistemas sociales y
políticos que pueden ser equivalentes a los de aquellos. A no ser
que se piense que las obras de ingeniería monumentales de los
Taironas significan un modelo social más complejo. En los
territorios colombianos se dio una gran variedad de cacicazgos;
unos enfatizaron una jerarquía religiosa, otros una jerarquía
política y algunos integraron en su sistema jerárquico tanto lo
religioso, lo político como lo militar.
En este capítulo Reichel Dolmatoff hace una caracterización
arqueológica y etnohistórica de los Muiscas y Taironas. Sobre este
último grupo hace valiosas relaciones con las tribus actuales de la
Sierra Nevada de Santa Marta, considerados como sus descendientes,
lo cual enriquece la interpretación arqueológica.
Al hablar de los Taironas replantea su actitud difusionista de
hace algunos años, cuando proponía que tenían un origen
costarricense con "un notable componente
mesoamericano", y sugiere que "Costa Rica, Panamá
y la Costa Caribe de Colombia constituían una sola área cultural
coherente, en la cual estos tres componentes formaban núcleos
fundamentales, entre los cuales existían estrechos contactos a
través de influencias mutuas" (pág. 198).
Este capítulo final es uno de los más atractivos de la obra.
Infortunadamente, como ya se señaló anteriormente, su autor
considera muy poco los trabajos recientes sobre los Muiscas y
Taironas, cuyos contenidos profundizan en el tiempo y el espacio la
historia de estas dos importantes regiones arqueológicas.
Finalmente, es bueno destacar la buena presentación del libro,
profusamente ilustrado, aspecto fundamental para esta clase de
obras, que le da a la arqueología de Colombia una imagen de
divulgación con calidad editorial.
Las anotaciones expuestas apenas tocan algunos de los puntos que
contiene esta importante obra. Su lectura es indispensable, no sólo
para un público general interesado en la arqueología de nuestro
país, sino también para estudiantes y antropólogos comprometidos
con el desarrollo de la investigación arqueológica nacional.
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HECTOR LLANOS VARGAS
Profesor Universidad Nacional de Colombia
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